El Cielo También Tiene Ruinas - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Nueve años antes
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7: “Nueve años antes” 7: “Nueve años antes” Nueve años antes: El paisaje le resulta familiar, pero borroso en los bordes de su memoria.
Es un lugar que debería recordar con claridad, pero su mente solo le entrega fragmentos, como un espejo roto.
Ángel está sentado en la cima de una colina en medio del bosque.
La brisa es suave, el aire huele a hojas húmedas, y en la distancia se escucha el murmullo de los arboles balanceándose.
Es un sitio especial, uno al que su familia solía venir a jugar, a correr sin preocupaciones, y rodar colina abajo entre risas.
Pero ahora, en el recuerdo, todo se siente más quieto, más distante.
De pronto, una figura se acerca desde lejos.
Luego otra.
Y otra.
Son tres siluetas recortadas contra la luz del sol, avanzando lentamente por el sendero que conduce hasta él.
Samantha.
Ángel la reconoce de inmediato, su cabello ondeando con el viento, su paso ligero y despreocupado.
A su lado, dos figuras más grandes la acompañan: sus padres.
El recuerdo aún no está del todo claro, pero algo dentro de Ángel sabe que lo que está a punto de revivir es importante.
Samantha a lo lejos, levanta una mano y la agita con energía.
Su voz resuena en el aire, cálida y alegre.
—¡Ángel!
— Su sonrisa es luminosa, como siempre lo fue.
Ángel la observa en silencio, sintiendo esa familiaridad reconfortante, pero también una extraña distancia, como si estuviera viendo una escena a través de un vidrio empañado.
Detrás de ella, sus padres caminan a un ritmo más pausado.
No sonríen.
Sus rostros están marcados por una expresión difícil de ignorar: una mirada juzgona, como si estuvieran evaluando algo en Ángel, analizando cada detalle con un aire de desaprobación silenciosa.
El no recuerda exactamente por qué, pero esa sensación de ser examinado, de ser visto como algo fuera de lugar, le resulta inquietamente familiar.
Ángel entrecierra los ojos y se fija más en sus rostros.
No es solo juicio lo que reflejan… hay algo más profundo, más afilado en sus miradas.
¿Envidia?
¿Por qué?
Sus alas.
Quizás sea eso.
Quizás siempre fue eso.
A unos metros de distancia, los padres de Samantha bajan la voz y comienzan a hablar con ella.
Susurros disfrazados de preocupación, pero teñidos de algo más.
Ángel no puede escuchar con claridad lo que dicen, pero sabe que hablan de él.
Lo siente en la forma en que lanzan miradas fugaces en su dirección, en la manera en que su tono se vuelve más serio.
Ángel sigue en lo alto de la colina, sin moverse, observándolos en silencio.
Aun es solo un crío, pero la posición en la que está crea un efecto inesperado.
El sol golpea su espalda con fuerza, proyectando una sombra sobre su rostro y oscureciendo sus rasgos ante ellos.
Desde su perspectiva, su figura parece más imponente, más intimidante.
No es intencional, pero el contraste entre la luz dorada en sus alas, y la sombra en su cara le da una presencia casi sobrehumana.
Hermosa.
Majestuosa.
Pero también inquietante.
Y en ese instante, aunque no quiera, aunque no lo haya planeado… Ángel parece superior a ellos.
El sueño se disipa lentamente, como una niebla que se desvanece con la luz del día.
Ángel parpadea varias veces, despertando de su sopor, el recuerdo de Samantha aún persiste en su mente, pero poco a poco se convierte en una sombra que se aleja.
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