El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 1
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: Prólogo.
1: Prólogo.
— A decir verdad, aún no sabemos qué pasó…
— Impresionante lo que se desató en este pueblo del sur — se llevó la mano a la frente —.
¿Cómo se llama, Marisa?
— la señaló con su otra mano.
La cámara pasó a mostrarla a ella.
— Sí, mi querido Ángelo, la ola de asesinatos de Pensiwell…
(“Hablemos”, noticias y chismes, canal 104).
— …
nos cayó como un balde de agua fría.
— “Debemos mantenernos unidos”.
Eso ha sido lo único que se ha dicho, en público, por parte del alcalde y de todas las demás autoridades…
(“Noticias canal 8”).
— No importó nuestro esfuerzo, nuestros intentos…
— ¿Se tiene a los verdaderos culpables?
Es una de las preguntas que están haciendo eco por todo el país…
(Noticiero: “Al día”, canal 2).
— …lamentamos todo.
No queríamos todo eso…
que, todo eso…
— Se ha convertido en tendencia.
Miles de personas se reúnen para ayudar a los familiares de los difuntos, de lo que han llamado: la era de la locura…
(“Con Dany”, canal de Youtube).
— Cálmese, señorita — intervino el oficial antes que caiga en llanto de nuevo.
— Sabemos que esconder todo no estuvo bien — continuó ella controlando su respiración —.
Pero, si no hacen nada…
si lo dejan pasar y nos dejan aquí…
él acabará con nosotros y no sabemos con quién más.
Le gustó, se divierte; deben detenerlo.
Ambos oficiales terminaron viéndose la cara.
Volviendo la mirada hacia ella, el oficial Williams colocó ambos codos en la mesa.
— ¿Quién?
— preguntó.
Pensiwell, agosto 08; 08:35 pm.
El pueblo dormía, o al menos gran parte de él.
Los pocos despiertos veían programas de televisión familiares; algunas jóvenes parejas iban de paseo agarrados de las manos; otros por ahí jugaban la última partida de baloncesto desde hace media hora.
Esto sucedía en la mitad dorada del pequeño pueblo.
La parte baja, o pobre (como le llaman los niños malcriados como burla), sí descansa en su totalidad, pero el silencio era interrumpido por un sonido peculiar.
Una guitarra eléctrica aprovechaba las calles vacías para hacer eco por todas las casas.
Con buen acompañamiento de batería, “You Shook Me All Night Long” de AC/DC borraba el silencio, y funcionaba para esconder el suave sonido de las bicicletas al andar.
Lejos de su zona habitual, Lucas Thompson y sus amigos corrían en sus bicicletas como de costumbre.
Jugueteaban manejando en zigzag, mientras se le hacía inevitable tatarear la canción.
— Por aquí será más rápido — aconsejó Aslan Heller señalando una esquina próxima.
— No tenemos frenos para la bajada Deli — comentó Max Hirsh, alcanzándolos con unos pocos pedaleos.
— Deli — se burló entre susurros Marco Griffin, no muy detrás de los primeros tres.
Aquella bajada mencionada era posiblemente la bajada más pronunciada de todo el pueblo, conectándose de forma peligrosa con una curva al final de la misma.
Por eso, y por lo usada que era esa avenida, hacía un pésimo plan lanzarse sin tener una idea de cómo frenar.
Sin pensarlo demasiado y con un golpe de valentía, Kevin Lamber cruzó justo en el momento indicado antes de ser arrollado por los demás.
Lucas y Aslan se dieron una mirada corta, sorprendidos por la forma de decidir de su amigo, para seguir detrás de él.
Max tragó hondo mientras se dejaba llevar por la adrenalina del momento.
Apretó fuerte el manubrio, cerró los ojos y por un fugaz momento se concentró en la guitarra que retumbaba con fuerza en la radio que llevaba en la parte de atrás de su bici.
Con los ojos ya abiertos, observo enormes sonrisas en los rostros de sus compañeros, logrando hacer que, a pesar del miedo, se le escapara una.
La definición de libertad nunca ha sido exacta, pero esa sensación tan entusiasta y desenfrenada que impregnaba el momento los llenaba de la impresión de ser invencibles.
Esto no cambió al ver luces de autos aproximándose.
Uno detrás del otro pasaron al lado de la familia Taylor (o parte de ella), que llegaban al que sería su nuevo hogar.
— Mira — le señaló Demian Taylor con su dedo índice a la ventana —, ciclistas entusiastas.
¿Te gusta andar en bici aún?
— No tanto — contestó su hermana menor viendo por el retrovisor —.
Y no creo volver a eso.
— ¿Quién sabe?
Hay cosas que nunca cambian — volvió su vista al frente.
Entre sonrisas y miradas fugaces entre ellos, veían llegar el final de su pequeña hazaña.
Si eres nuevo en aquel pueblo, solo podrías ver una enorme carretera que te daba la despedida del lugar y un retorno.
Pero, para chicos que no habían visto más que esas calles, se les hacía fácil ver veredas que nadie más conocía.
Cruzaron a toda velocidad hacia una de esas calles llena de vegetación, olvidada para muchos.
Manejar por el bosque no es tarea fácil, por lo que a pocos metros de su llegada lanzaron sus bicis junto a un árbol.
— No te desmayes, Max — se burló Aslan lanzándole una pequeña ramita.
Max se limitó a responder con una sonrisa que mostraba claro sarcasmo.
— Max quiere saber si ya vamos a llegar — comentó Kevin acercándose rápido a Lucas, que iba guiando adelante.
— ¿Yo?
— se quejó Max, mientras Aslan solo ríe delante de él.
— Ya falta poco.
Usen su espíritu de aventura — respondió Lucas volteando para alumbrar las caras de todos.
— Él único espíritu que hay es el que nos persigue desde hace rato — siguió Aslan, robándole una carcajada a Marco.
— Dejen tranquilo a Max — siguió el juego Lucas volteando de nuevo al frente.
— No es normal caminar por un callejón olvidado, desolado, a la mitad del bosque, de noche — se defendió Max —.
No es mi culpa que sea el único con sentido común…
Una pequeña piedra le dio un ligero golpe en el cachete.
«Mierda» se dijo tocando levemente dónde la piedra lo impactó.
Se frenó de golpe sin bajar su mano.
— Chicos — casi susurró —, alguien me lanzó una piedra a la cara — dijo en el mismo tono de voz.
— Amigo, no hay nadie alrededor — explicó Marco tomándolo por los hombros, siendo él, el único en escucharlo — ¿Cierto?
— preguntó en voz alta a los demás.
— Alguien me lanzó una piedra — levantó la voz Max alterado.
Lucas miró fijo a Aslan.
Quién se libró de toda culpa levantando ambos hombros.
— Max, disculpa las bromas — agregó Lucas dándose vuelta hacia él.
— Lucas, sé que…
— el ruido que hicieron las hojas al ser pisadas lo interrumpió.
Como reflejo, cuatro de ellos alumbraron rápido en la dirección del sonido.
Todo permaneció callado, hasta que Norah Warlen no pudo contener más la carcajada.
— ¿Los asusté?
— preguntó con una sonrisa en el rostro saliendo tras un árbol —.
Disculpa, Max — vuelve a reír acercándose a él con los brazos abiertos —.
Pero llegaban tarde y estaba aquí sola.
Logran respirar y dejar la tensión de un lado.
— Muy graciosa — reprochó Kevin y ella, sin dejar de sonreír, le guiñó el ojo como respuesta.
— ¿Y Abrill?
— preguntó Lucas.
— Su hermana la delató, no pudo venir — contestó Norah abrazando a Max.
Lucas, decepcionado, bajó la mirada por un pequeño momento, pero ya que estaba acostumbrado a la misma respuesta y prefirió dejar eso de lado.
— Bien — los alumbró —.
Aquella puerta de allá — quitó la luz de sus caras y alumbró una puerta llena de musgo y tierra no muy lejos de ellos —, es nuestro destino final.
— Pésima elección de palabras — bromeó Aslan.
— Lo que hay dentro los dejará boquiabiertos — guardó silencio un momento para hacer drama — ¿Qué dices, Max?
¿Entramos?
Todas las miradas cayeron sobre el mencionado.
— Ja, Ja — blanqueó los ojos —.
Ya, quiero irme de aquí — respondió.
“Deberíamos temerle un poco más a la idea de que los sueños se hagan realidad.
La barrera entre ellos y la realidad.
Ha de estar ahí por algo.” Dijo alguna vez alguien sin voz.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com