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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 12

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12: Capítulo 10.

12: Capítulo 10.

— La fecha más esperada por todo Pensiwell y el distrito se acerca.

Las horas se hacen segundos y las preguntas más importantes surgen.

Chicos, ¿ya tienen idea de cómo van a invitar a esa chica especial?

Y chicas, ¿ya tienen el vestido?

El Pensilween está a la vuelta de la esquina y por eso hemos bautizado esta última semana como “Siete días para el amor”.

Llegó el momento de que tomen valor de escoger ese vestido especial y pensar en cómo relucir.

Les deseo suerte, chicas.

A los chicos, máximo esfuerzo.

Con esto me despido, soy Argelia Walker, presidenta del consejo estudiantil y les deseo una buena semana — las bocinas por toda la preparatoria quedaron en silencio y la mayoría de estudiantes siguieron su camino.

CAPÍTULO X.

Siete Días Para El Amor.

Preparatoria de Pensiwell, 29 de octubre, 10:30pm.

— ¿Sabes si los chicos del baile ya se fueron?

— escuchó la voz de su compañero por la radio.

En un movimiento tomó el aparato y lo llevó a sus labios.

— No sé, Greg, supongo que sí.

Estoy cerca, dime qué quieres.

— La cámara de la cancha de básquetbol quedó en negro.

Ve y revisa.

— Entendido — regresó la radio a su cinturón.

La preparatoria era financiada por las grandes familias del pueblo, por ende, había muchas cosas de gran valor.

Una cantidad considerable de guardias la cuidaban durante el turno diurno y otra un poco más grande durante el turno nocturno, acompañados de cámaras en los pasillos, salones y áreas recreativas.

Gregorio Barras era el encargado de vigilar las cámaras y de dar algunas instrucciones al resto del personal.

También daba servicio técnico a los aparatos.

Y ahí estaba, buscando alguna respuesta porque esa cámara parecía haber sido tapada de pronto.

Se mantuvo mirándola por si en algún momento volvía la imagen o si la computadora enviaba algún error.

— Greg, estoy llegando — le avisó Peter, su compañero.

— Bien — giró su mirada a una pantalla que le mostraba a Peter —, entra y dime qué ves.

— Copiado.

Impaciente, lo vio entrar.

— Háblame, Peter — insistió.

— ¿Es normal que las luces estén encendidas?

— preguntó por el otro lado de la radio.

— ¿Encendidas?

— llevó su mirada de nuevo al monitor en negro —.

Esta cosa realmente está dañada…

— ¿Estaban decorando para Halloween?

— interfirió como si no lo estuviera escuchando.

— Sí — respondió confundido.

— Cambia a un canal abierto y llama a todos.

Esta es sangre real — mandó.

— ¿Cómo?

Preparatoria de Pensiwell, un día antes.

El frío no era rival para las prácticas duras de fútbol en el campus y mucho menos a plena dos de la tarde.

Con esas condiciones era casi imposible no sudar, así estuvieras leyendo un libro.

Aún así, en las gradas se encontraba Kevin tranquilo disimulando leer uno mientras veía la práctica a escondidas.

A veces usaba como excusa que acompañaría a Aslan en las prácticas, pero desde aquel día en el hospital las cosas se estaban poniendo distantes entre ellos.

— Oye tú — le llamó Abrill por debajo de las gradas —, ¿quieres almorzar conmigo?

— ¿Cómo sabías que estaba aquí?

— preguntó nervioso.

— Me han dicho que vienes por aquí en tus ratos libres, entonces vine — sonrió.

— ¿Te han dicho?

— ¿Vendrás conmigo o no?

Está haciendo calor.

Kevin asintió y volteó atrás para ver por última vez el campo.

— Kevin.

— Voy.

+++ Abrill le regresó la mirada y levantó levemente sus cejas, ambos voltearon juntos de nuevo hacia Sofía Courte, que lloraba dramáticamente con la cara sobre la mesa.

— No sé qué hacer, Brill — siguió en su lamento —.

Sé que hay algo ahí, sé que es difícil de ver en su posición, pero sé que siente algo.

— Sofía, solo te llama para coger — reclamó Argelia harta de la situación —.

Eso no es sentir algo.

— Me gusta que me llame cuando se siente solo — se defendió levantando el rostro.

— ¿Y entonces por qué lloras?

— preguntó Abrill sin caer aún en el punto de la conversación.

— Va dos años debajo del nuestro.

Presta atención — regañó Argelia.

— Perdón — murmuró Abrill.

Kevin abrió la boca para decir algo, pero se detuvo al sentir una mano caer fuertemente sobre su hombro.

— ¿Qué tal marica?

— le susurró Ibel al oído.

— Déjalo — lo defendió rápido Abrill rodeando a Kevin con su brazo derecho.

— Qué delicada — criticó su hermana con ese tono de voz que la caracterizaba.

— Ok, ok — respondió Ibel levantando ambas manos con una sonrisa burlona —.

Entiendo.

Kevin pudo respirar de nuevo, pero mantuvo la mirada baja con miedo de verlo a los ojos.

— Otro más que se aburre del grupito de raros — habló de nuevo Ibel.

— Ninguno de los dos lo hizo — murmuró Kevin dándole una leve mirada a Abrill que mantenía la mirada en Ibel.

— Si ninguno se aburrió, ¿qué hacen aquí?

— comentó Argelia que fue la única en prestarle atención.

— No meternos en la vida de los demás — retó Abrill como raramente solía hacerlo al molestarse con Argelia.

— ¿De qué hablas, estúpida?

— preguntó ofendida.

— Olviden el tema — intervino Sofía secándose las lágrimas.

— No, porque ella…

— Ya cállate — se quejó Ibel.

Kevin volteó a ver a Argelia en cuanto escuchó a Stevens.

Sorprendido, la vio levantarse e irse indignada.

— Te acostumbras luego de un rato — comentó Sofía sacando un pequeño estuche de maquillaje —.

Brill, ¿vendrás mañana para la decoración del baile?

Era normal ver cambios tan drásticos en Sofía.

Kevin, que no la conocía, se impresionó al ver lo rápido que dejó ir el tema anterior.

— Si Argelia no pone a mamá en mi contra — sonrió —.

Claro.

— Puedes traerte a tu bichito también — agregó Ibel.

Abrill lo miró con desprecio y antes de que pudiera decir algo, Kevin al fin pudo dirigirse a Ibel.

— Al menos mejoras el apodo — sonrió con miedo a desagradar.

Sofía e Ibel sonrieron.

— ¿Vieron?

Todo raro puede adaptarse al lado bueno de la vida — continúo Stevens.

Todos compartieron una sonrisa.

«¿Mi nueva actualidad?

No estaría tan mal», se dijo Kevin imaginando escenas según lo nombrado.

Tenía miedo de estar cerca de ese grupo social, pero al menos sería una meta cumplida y quizás también dejaría de ser al fin un integrante más del club de los raros.

Un sueño para él.

— Solo será eso, entrar y salir — afirmó Aslan.

— Pero, primero necesitamos que tú vayas y hagas tu parte — le contestó Lucas.

— ¿Solo yo presiento que todo saldrá mal?

— preguntó Marco.

— No — respondió Max.

— Sin ser pesimistas — pidió Aslan.

A diferencia de los planes que con un solo error todo podía salir mal, este plan, desde el comienzo, parecía tener más de un error.

Los cuatro observaban pacientes a la puerta del director esperando el momento para iniciar su plan, mientras usaban las puertas de sus casilleros para cubrir sus rostros y disimular.

— ¿Quién entrará?

— preguntó Aslan.

— Yo lo haré — se ofreció Marco.

— No sabrás buscar los archivos — comentó Max.

— ¿Por quién me tomas?

— retomó Marco.

— ¿Entonces lo harás tú, Max?

— interrogó Lucas.

— ¿Yo por qué?

— se opuso.

— Por abrir tu bocotá — se burló Marco soltando una carcajada.

—¿De qué tanto hablan?

— dijo Ele apareciendo detrás de ellos.

En conjunto se resaltaron todos pegando un pequeño salto.

Uno tras otro voltearon controlando sus nervios.

— ¿Los asusté?

— preguntó sonriente.

— No — se defendió Marco.

— Claro — se quitó ambos auriculares —.

¿Qué se supone que hacen aquí si las clases están por comenzar?

— Estamos en algo importante — respondió Aslan.

— Y tardaremos en ir a clases — habló por fin Max.

El particular sonido de la puerta blanca del director abriéndose lo pudieron escuchar fácilmente.

Aslan sin titubear salió detrás de la puerta de su casillero y con la mirada en el director se fue en su dirección.

Ele en silencio lo siguió y ambos con disimulo saludaron al director.

Aslan notó a Ele y con sus ojos le hizo señas para que voltease.

Levemente ella vio por encima de su hombro y con su pulgar le dio la aprobación.

En milésima de segundo antes de que la puerta llegara a cerrarse, Aslan dejó caer un taco de manera y con su pie lo empujó a la puerta, logrando trabarla antes de que se cerrara.

Lucas permaneció pendiente por las rendijas de la puerta del casillero y cuando el director cruzó hacia otro pasillo, no dudó en cerrarla y comenzar su parte.

— A sus puestos — le avisó a los otros.

Marco fue detrás del director y Lucas fue en dirección contraria para asegurarse de que nadie los encontrara.

Max, sin más opciones, siguió adelante aterrado.

Ele también había quedado en medio del pasillo un poco perdida por lo que acaba de pasar.

Notó a Max entrar a la sala del director y lo siguió.

— ¿Me puedes explicar qué hacemos?

— le preguntó cerrando la puerta detrás de ella.

— ¿No lo sabes?

— preguntó con su mirada en la pantalla del computador — ¿Por qué ayudaste a Aslan entonces?

— Impulso, después de ver tantas de sus ocurrencias nace ese sexto sentido — dijo acercándose.

Max no le respondió, parecía muy concentrado en lo que hacía.

Ele, intentando matar el tiempo, le dio un vistazo a toda la habitación.

Detalló cada estatuilla y foto enmarcada en la pared, hasta que dio con una cámara en una esquina.

— ¿Las cámaras no siempre las están cuidando?

— Está de descanso — respondió rápido —.

Marco no pudo pasar historia por solo un punto y aunque él lo niegue, sabemos que no le va bien en su casa si llega con una nota así.

Intentamos hablar con el profesor, pero se negó.

Así que comenzamos a estudiar cómo ponerle ese punto.

— ¿Qué morís no vio las notas?

— No, lo sabemos porque aún hay profesores que no entregan notas.

— ¿El profesor no se dará cuenta?

— siguió cuestionando el plan.

— Marco está a punto de irse y las vacaciones están por llegar, nadie le pondrá atención.

— Sí que tenían todo planeado — opinó Ele sin recibir una respuesta de Max, ambos quedaron en un largo e incómodo silencio —.

Quería hablarte de lo que me nombraste en el cine hace unos días.

Max congeló su mirada en el monitor esperando a que ella dijera algo más.

No lo hizo, así quedó obligado a hablar.

— Desarrolla — quiso sonar calmado.

— No es tan sencillo — suspiró —, y necesito que ninguno de los chicos lo sepa.

Finalmente Max se alejó del computador sin haber terminado.

— ¿Por qué no?

No contestó, pero su mirada se mantuvo fija en él.

— Ele, dime — ella pareció pelear consigo misma, pero se mantuvo sin decir alguna palabra —.

Por favor.

— Eso nos meterá en problemas…

La puerta detrás se abrió de golpe interrumpiendo el momento.

Al voltear se encontraron al Director sosteniendo a Lucas del brazo.

Salón de detención, 5 minutos después.

— ¿No disimulaste?

— reprochó Lucas.

— Todo lo que pude — se defendió Marco —, pero de repente lo perdí de vista.

— ¿Qué te llamó tanto la atención?

— preguntó Max en un asiento detrás sacando la cara de entre sus brazos sobre la mesa.

— Eso te pregunto yo — intervino Lucas.

— Yo lo distraje, es mi culpa, no es para tanto — comentó Ele del asiento al lado de Lucas recostada del espaldar.

— ¿Cómo?

— se le escapó a Marco.

Ele volteó a verlo, pero rápido Marco bajó la mirada.

— Y no logramos nada tampoco — se quejó Lucas dándose vuelta al frente.

— Claro que sí — dijo Max —.

Cambie la nota, lo que el director encontró en su pantalla fue el resultado del examen de física que viene.

— Eres un genio — lo felicitó Marco.

— Bueno — Lucas se dio la vuelta de nuevo —, valió la pena — estiró el brazo hasta donde Max y se dieron los cinco.

— Bien, tengo una pregunta — comentó Ele — ¿Y Aslan?

La puerta del salón se abrió y entraron los que normalmente estaban ahí.

Buscaron asientos tranquilos como lo hacían diariamente.

Los chicos los detallaron con prudencia mientras ellos se esparcían por el salón.

En eso una chica de lentes, alta y con una camisa roja, se quedó de pie frente a Ele.

— Es mi puesto — dijo con desagrado.

— ¿Y?

— preguntó Ele, acomodándose.

Sin quitarle la mirada.

— Yo puedo darte el mío — intervino Max levantándose junto con su mochila.

— Quiero este — volvió su mirada a la obstinada pelirroja.

— ¿De este tienes mejor vista del pizarrón y perfecta luz de sol?

— ironizó.

La chica dio un paso más con intenciones claras de querer golpearla, pero Lucas fue más rápido en frenarla.

— No tienes por qué llegar a eso — la chica vio la mano de Lucas en su busto y de vuelta lo vio a él —.

Perdón — bajó la mano —.

Ella puede sentarse en otra parte.

Vio a Ele que se mantenía de brazos cruzados y parecía cómoda.

— Chicos — escucharon desde la puerta un susurro de Aslan entrecerrada que le hacía señas con su mano.

— Arreglaremos esto, vale — Lucas tomó el brazo de Ele y logró levantarla —.

Danos un momento.

Pasó a Ele como pudo frente a la chica y luego de hacerla cruzar, la arrastró a la puerta.

— No sobreviviremos si sigues así — reclamó.

— Ella comenzó — se defendió.

— Oigan, tengo un plan — dijo Aslan apenas llegaron todos.

— ¿Tú por qué no estás aquí con nosotros?

— interrogó Ele.

— Porque me di cuenta de que soy el único que puede sacarlos de aquí hoy.

— ¿Cómo?

— preguntó Max.

— Deben escaparse — los cuatro compartieron miradas, confundidos con la propuesta —.

Están aquí por causas justas y por esas mismas deben salir de aquí.

— No sirves para eso — comentó Ele.

— Por favor, luego de hacerlo no irán a la cárcel.

Además, hay una oportunidad, el profesor que viene todos los días hoy no pudo venir y Morís asignó uno nuevo.

— ¿Y eso qué?

— siguió la pelirroja.

— Que no sabe qué caras conseguirá.

— Claramente necesita saberlo, no tenía sentido si no — respondió Lucas.

— Pero no sabe qué hicieron, jamás ninguno lo sabe — habló un chico de rulos detrás de ellos —.

Y Morís no suele saber si estuvieron o no.

— Si nos vamos, lo reportará al final — aclaró Max ignorando que el extraño había escuchado la conversación.

— ¿Y prefieren quedarse aquí?

— levantó ambas manos al aire.

Debatieron ellos cuatro con las miradas otra vez, cuando del fondo habló otro.

— No pueden irse, en todas partes hay cámaras y guardias de seguridad — opinó sin quitar la mirada de su celular.

— Pero todas esas cámaras son monitoreadas en un mismo lugar y por una sola persona— pensó en voz alta Lucas.

— Si conseguimos la forma de que no nos vean, sé por dónde podemos irnos sin guardias — aportó Max.

— ¿Eso es un sí?

— preguntó Aslan.

—Esta vez tú realmente serás el salvador — le respondió Lucas.

— No se queda ningún soldado atrás, regla número cinco — sonrió.

— Ah, era eso lo que significaba — comentó Ele.

El plan era simple, no podían irse sin que el director se diera cuenta, pero no iba a frenarlos.

Todo quedaba en manos de Aslan, que iría directo a la habitación donde estaban las cámaras para sacar al guardia de seguridad, encerrarse dentro para llamar la atención y liberar el camino de guardias.

Dentro de ese cuarto había un altavoz que era igual al que tenía el director en su oficina para informar a todos en el edificio y justo eso era la pieza fundamental del plan.

— ¿Por qué no ir directamente por las cámaras?

— preguntó Ele caminando en círculos.

— Estarías en este salón por lo que te queda de vida — habló la chica alta sentada en su puesto.

— Aslan no debe encerrarse — trató de tranquilizarla Lucas —.

Le insistí en que no lo hiciera.

Ele siguió negando con la cabeza mientras se mantenía inquieta.

— ¿Por qué el profesor dura tanto?

— quiso saber Max preguntándole a Marco.

— Es ley entre profesores llegar a última hora, no les gusta estar aquí — respondió la chica.

Ambos asintieron luego de su respuesta y se acomodaron en su asiento.

Al otro lado de la predatoria, Aslan esperaba el momento en el que el guardia saliera.

Pero no iba a hacerlo por casualidad.

Así que agregó otra parte al plan.

Mientras buscaba ideas, vio al conserje limpiando los baños y un balde de agua sucia fuera de la puerta.

En seguida lo robó y sin pensarlo más se fue hacia la puerta.

Antes de tocar vio a dónde podía correr y decidido alzó el balde y cuando iba a tocar la puerta, ella sola se abrió.

El guardia lo miró confundido.

— Ayudo al conserje — sonrió bajando el balde disimuladamente.

Finalmente el guardia cerró la puerta y justo cuando introdujo la llave para cerrar, Aslan volvió a hablar.

— Debo limpiar dentro.

— No está permitido que ustedes entren, ahórrate el trabajo — se dio vuelta y se fue.

— Mierda — se quejó Aslan sin tener alguna otra idea.

En el salón de detención todos estaban que se comían las uñas entre ellos.

— Creo que su amigo se fue — dijo el chico que se había metido en la primera conversación.

— No lo haría — se levantó Lucas para ver por la ventanilla de la puerta.

— Quizás solo se complicó más — también lo defendió Max.

— Sí — Lucas se dio vuelta hacia ellos —, ahora debemos mantenernos más alerta, la señal para irnos pudo haber cambiado.

La señal era la música que Aslan pondría para llamar a los adultos al cuarto.

Que él cerraría desde dentro para matar tiempo.

Ya con la música puesta ellos tenían que tomar acción en su parte y salir corriendo.

— ¿Y cómo sería?

— opinó el chico de nuevo.

Antes de que Lucas pudiera pensar en algo, las lámparas se apagaron y a juzgar por el silencio toda la institución quedó a oscuras.

Ele vio a Lucas bruscamente y todos se quedaron congelados por un momento.

— Algo así — dijo Lucas abriendo la puerta y saliendo tan rápido como lo empujaba su valentía.

Marco agarró la mochila de Ele y se la lanzó, tomó la de Lucas y junto con todos salió del salón.

Efectivamente se había cortado la electricidad de todo el edificio y por lo drástico de todo, podrían tener menos tiempo.

— Bien, Max — dijo Lucas poniéndose su mochila —, te toca.

Max sintió las miradas de todos encima.

Con miedo, respiró y tragó profundo.

— Tenemos que ir al campus — respondió antes de voltear e irse corriendo.

Todos lo siguieron y con prisa empezaron a cruzar pasillo tras pasillo.

— No podemos encontrarnos con ningún profesor — habló agitada la chica.

En eso frente de ellos salió un profesor de uno de los salones.

Se frenaron de golpe.

Compartieron miradas con él y Max, sin pensarlo, corrió hacia otro pasillo.

— ¡Oigan!

— escucharon gritar al profesor que dejaron atrás.

Sin saber muy bien a dónde iban, corrían por todos los pasillos, confiaban gratamente en Max, que buscaba idearse otro camino con cada paso que daba.

De la nada, en un cruce se chocaron con Aslan.

— ¡Hacia el otro lado!

— mandó eufórico.

Ele, que sí avanzó un poco más por no poder frenar, vio que detrás de él iban cinco guardias que lo perseguían.

— Mierda, ¡corran!

— informó dándose vuelta empujando a los demás.

Asustados, no pensaron mucho antes de correr para atrás de nuevo.

— Espero que tengas un mejor plan que escapar por toda la preparatoria — reclamó Lucas.

— ¿Qué?

— cruzaron con urgencia en otra esquina —.

Aún mi plan no comienza — sonrió Aslan.

Por reflejó todos parecían ir detrás de Aslan, iba de primero y los guiaba a la oficina del director.

Las luces volvieron y llenaron los pasillos de vida nuevamente.

— Ahora es que todo empieza — Aslan abrió la puerta de la oficina del director y entró dejando a todos afuera.

— ¡Sigan!

— insistió Ele detrás.

— No tenías que gritar — reclamó la chica alta.

— Tienen que seguirnos a nosotros — respondió Ele justo en el cruce.

— Hay otras formas — habló Max dándole un manotazo a uno de los casilleros a su lado.

Y así siguió con todos, los demás no entendían qué hacía, pero siguieron con lo mismo para apoyarlo.

En un momento dado ambos bandos tomaron caminos separados sin dejar de golpear las puertas y los casilleros.

La preparatoria tenía tantos pasillos que era fácil para ellos ir por todos lados armando alboroto y seguir escapando.

— Bien — habló consigo mismo en voz alta —, ya que las luces volvieron, las cámaras durarán un rato en volver — siguió Aslan tomando el micrófono —.

Pongamos acompañamiento musical.

Marco siempre llevaba consigo la misma corneta desde un año atrás y esta vez, sería sacrificada por el plan de Aslan.

Entre tanta carrera escucharon como las tonadas de Blinding Lights de The Weekend, llenaron los pasillos delicadamente.

«Aslan está loco», se dijo Marco sonriendo al escuchar su canción favorita en las bocinas.

Siguieron tocando las puertas y tanto escándalo pronto llamó la atención de los demás alumnos que se asomaron a las puertas para ver cómo los guardias (que se habían dividido) iban detrás de todos ellos.

Dieron la vuelta por todos los pasillos y volvieron con Aslan, que recién salía.

— ¿A dónde van?

— preguntó.

— Ahora, a la puerta principal — respondió Lucas tomando la delantera.

Pero, antes de que pudieran llegar, notaron un par de guardias frente a ella, se frenaron y se pegaron a una de las paredes sin que ellos los vieran.

— Necesitamos una distracción — planeó Lucas.

— En este momento son escasas — ironizó Aslan sintiendo presión.

Las voces de los guardias tras ellos los hicieron saltar a la acción nuevamente, sin idea de dónde correr, solo siguieron escapándose.

Finalmente llegaron a un salón vacío cerca del campus y saltaron por la ventana.

— Esos no son…— le susurró Kevin a Norah viendo por la ventana a sus amigos junto al grupo de marginados de la prepa.

— Que mierda — se quedó hipnotizada viéndolos cruzar el campus con velocidad.

Pequeñas gotas frías comenzaron a caer sobre las ventanas como resultado de las nubes grises y espesas que se habían formado desde muy temprano ese día.

La canción decoró la salida ilesa de los chicos que, como pudieron, abordaron sus bicicletas.

— Gracias, Nerds — agradeció el primer chico en interrumpir en aquel salón de detención, alejándose junto a los demás.

Ele se subió en la parte trasera de la bici de Max e insistió en que arrancara.

Con risas todos cruzaron el bosque, recibiendo con alegría la lluvia.

En casa de Lucas dejaron todas sus mochilas debajo de su porche y tiraron las bicis al pasto, para jugar como niños bajo la lluvia.

Corrían en círculos y saltaban en los charcos para salpicarse.

Por un momento Lucas se distrajo levemente con las hojas siendo arrastradas por el agua por la calle y momentáneamente eso atrapó su mente.

— Oye, Lucas, ¿no vienes?

— lo invitó Marco a seguir corriendo por la vereda.

Extra por el pasado 14/02…

Casa Thompson, el primer mes con la nueva.

Ele terminó de reírse y con naturalidad tomó otra lata de refresco de la mesa en el centro de ellos.

— Son bien cursis, ¿lo sabían?

— abrió la lata.

— ¿Qué?

¿por qué lo dices?

— preguntó Aslan sonriendo sentándose no muy lejos de ella.

— Es que no es normal ver un grupo de amigos que se lleve tan bien, que no tenga problemas entre ellos y todo el drama que suele haber — tomó de su refresco —.

No me los quiero imaginar en San Valentín.

Todos sonrieron y Lucas, terminando de conseguir la película que verían con el proyector, quiso intervenir.

— No nos gusta San Valentín — informó.

— ¿En serio?

— interrogó ella.

— Cuando quieres a alguien, cuando en serio quieres a alguien, no es necesario tener un día especial para recordárselo.

Porque tú y esa persona saben lo mucho que se quieren.

No necesitamos un San Valentín para ser cursis, somos los mejores cada vez que podemos.

Al final no hay una amistad más bonita que aquella que no es necesario recordar en algún día.

No hay nada malo en que quieras celebrar esa fecha y que tu grupo de amigos sufra de muchos dramas.

Mientras no dejes que tu amistad sea por un día y que solo estés con alguien por el drama.

Porque al final es lindo saber que puedes llorar con tus amigos y saber que para ellos también eres esa persona por la que sin importar qué, darán todo de sí.

Todos quedaron en silencio en un pequeño momento.

— ¿Vieron?

— dijo Ele tomando otro sorbo.

— Estoy seguro de que Lucas pensó en esa respuesta durante semanas y solo espero el momento — se burló Marco haciendo a todos reír.

— Ya, ya, pondré la peli — se inclinó para iniciar la película desde su laptop.

— Por favor, no le hagan preguntas a Lucas durante la película — también bromeó Aslan haciéndose más largas las risas.

— Idiotas — insultó Lucas sonriendo y tomando su lugar.

Ele le dio un vistazo a él y luego a todos los demás, apretó su lata y se acomodó en su asiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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