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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 13

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13: Capítulo 11.

13: Capítulo 11.

29 de octubre, 10:30pm, Casa Thompson.

Ya extrañaba ver a su hermana dormir en su cama y verla de nuevo, le llenaba el cuerpo de una tranquilidad enorme.

Cómo abrazaba su almohada, movía sus pies y acomodaba su cuerpo.

Algo simple, pero con todo el tiempo con el que ella había pasado en el hospital, Lucas podría pasar la noche entera viéndola.

Aunque solo supuso eso, apenas la noche comenzó a avanzar, el sueño le ganó.

Terminó de poner la alarma de la madrugada para poder estar al pendiente de Gabriela.

Su caso quedó en revisión, pero claramente se sabía que ahí quedaría.

Aunque los dos meses que pasaron actuaron bien en ella, aún así se había mantenido sin poder caminar por sí sola.

Colocó su celular a un lado y antes de apagar la luz, escuchó cómo algo golpeaba su ventana.

De inmediato recordó su conversación con Aslan unos días atrás.

«Ella sabe algo, Lucas, lo sé», recordó.

Aslan no había podido contenerse de contarle la historia de aquella mujer de hace dos meses y la reacción de la nueva, pero le parecieron disparates.

Una vez más justo antes de apagar la luz, la ventana volvió a sonar y con miedo, se levantó a inspeccionar.

Levantó la ventana y recibió el impacto de una piedra en su nariz.

— Mierda — se quejó tapándose la nariz y viendo abajo.

— Fue idea de Max — mintió Aslan con velocidad.

— No es cierto — se defendió Max.

Lucas dio una mirada rápida alrededor de ellos, notando que todo el grupo estaba ahí.

— ¿Qué hacen en mi patio trasero?

— quiso saber.

— Una invitación — tomó la palabra Aslan —, por parte de todos.

Lucas disimuló para ver a Kevin y Abrill de pie a un lado.

— A una fiesta — sonrió.

— No vamos a fiestas — protestó.

— Lucas, sabes de qué habla — reprochó Norah.

— ¿Por qué no tocaron a la puerta?

— preguntó Lucas.

— La cabaña está más cerca del bosque — dijo Marco señalando detrás de él.

Lucas volteó atrás considerando la propuesta.

— Gabriela estará bien, amor — habló Abrill llamando su mirada afuera nuevamente —.

Será una noche divertida, así como antes.

— Abrill vino — insistió Aslan —.

Sabes lo difícil de hacerla venir a estas cosas.

— No creo que sea una buena idea, es tarde — se excusó Lucas.

— Si no vas, no será divertido — mencionó Ele asomando la cabeza por encima de la cerca.

Max la vio intentando pasar y de inmediato buscó ayudarla, juntó a Marco.

— ¿Ella vendrá?

— le preguntó Abrill a Kevin mediante susurros.

— No sabría decirte — respondió.

Lucas y los otros se quedaron viendo por un momento cómo ella pasaba la cerca hasta que Aslan habló de nuevo.

— Incluso Ele vendrá — insistió subiendo la mirada hacia Lucas.

Lucas dudó de nuevo y antes de negarse otra vez, una pequeña frase de Aslan lo convence.

— Solo será una noche antes de Halloween…

Suspiró pensando en su hermana.

— Está bien, buscaré mi linterna.

Aslan se dio los cinco con Marco y uno por uno fueron saliendo del patio.

— ¿Y si es una campaña real o solo es una que se cae en pedazos?

— preguntó Ele.

— No es una cabaña real, creo — explicó Marco —.

Pero lo menos que hace es caerse a pedazos — le sonrió.

— Diré que te entendí — le regresó la sonrisa.

Todos caminaban por el bosque que era increíblemente oscuro en ocasiones exactas y esta parecía ser una de esas.

La poca luz de la luna era tapada por las nubes y las frondosas ramas de los árboles más altos.

Tenían la punta de las orejas frías y al hablar se podía ver cierto humo salir de sus bocas.

El invierno estaba próximo y el clima ya lo estaba presentando.

— ¿Creen que fue una buena idea?

—cambió la conversación Lucas.

— En algún momento Abrill tendría que vivirlo — opinó Norah —, ya ha escapado lo suficiente.

— Norah tiene razón — comentó Max esquivando pisar una rama —.

Solo no hay que dejarlas solas.

Los tres se vieron las caras y sonrieron, para después volver la mirada al frente.

Después de caminar por otros diez minutos, llegaron a un punto del bosque que mostraba un enorme lago oscuro que reflejaba la luna que se escapaba de dentro de las nubes.

— ¿Pensiwell tiene un lago?

— preguntó Ele alumbrando hacia la orilla.

— Ahí está, ¿no?

— bromeó Aslan sonriendo.

— Te odio — respondió ella volteando hacia él y viendo a la mayoría sonreír —.

¿La cabaña está bajo el agua o algo así?

— ¿Qué nunca dejas de preguntar?

— dijo Aslan apuntando con su linterna hacia la copa de un árbol alto.

Ahí Ele notó una enorme casa del árbol que usaba de base tres árboles iguales de altura.

De pronto se alumbró por completo.

Realmente parecía ser una cabaña suspendida del suelo: pequeños bombillos la alumbraban toda por fuera, dejando ver varias ventanas y una escalera que llevaba a otro piso al aire libre.

— Demonios — susurró.

De pronto vio a Max salir por una de las ventanas.

— ¿Qué tal?

— sonrió.

—Es demasiado — caminó hacia la cabaña mientras veía a los demás pasarle por un lado en la misma dirección.

— Y eso que no la has visto por dentro — agregó Lucas llevándola hacia unas escaleras que estaban hechas por maderas clavadas al tronco del árbol base —.

Bienvenida al club de los chicos raros — señaló la escalera.

CAPÍTULO XI.

La Cabaña.

Las ocurrencias del destino siempre te llevarán a lugares en los que ni en tus propias ocurrencias pudiste imaginar.

Ele estaba sentada pensando en lo mismo mientras detallaba la casa del árbol que derrochaba lujos como para ser una casa del árbol “normal”.

Veía a los chicos hablarse entre sí y cómo se movían con naturalidad y comodidad por el lugar.

Esos dos meses habían servido bastante para conocerlos y sentirse tranquila, a salvo de su vida anterior.

Dos meses encantadores, donde había puesto toda su atención para conocer a cada uno de sus nuevos amigos.

Pero son más las historias escondidas que las que se cuentan.

Y claro, cada uno de ellos tenía la suya.

Kevin Lambers.

Los últimos días había estado más alejado de Lucas que lo normal; la discusión en el hospital le hizo perder el interés de acompañarlos todo el tiempo.

Estar sentado en uno de los bancos intentando pasar desapercibido entre los chicos era una sensación que no había experimentado.

A pesar de que Abrill lo acompañaba, se sentía diferente.

Días antes de esa noche, cumplió dos años desde la semana en la que estuvo en el equipo de fútbol de la secundaria.

Dos años antes…

— ¿Lo dices en serio?

— preguntó antes de intentar reírse.

— No es de risa, idiota — regañó Ibel —.

En serio lo he visto, incluso antes de que entrara al equipo.

Los tres voltearon atrás para ver a Kevin recogiendo los balones a lo lejos.

— Juro que se quedará de último y cuando lo haga, estaremos esperando y se darán cuenta de que lo que digo es en serio.

Como en cada práctica, Kevin se quedó hablando con el entrenador pidiendo consejos para dejar de ser la carga del equipo.

Fue el último en ir a cambiarse ese día.

Se quedó en ropa interior y fue a aventar su uniforme sucio en la sesta.

Abrió la puerta y tiró todo ahí dentro, pero, antes de salir, notó el espejo del mostrador que le mostró su reflejo.

Miró de nuevo a la sesta y fue por la camisa del diez.

Como era de esperarse, era malo para el fútbol y eso hacía que los demás se burlaran de más, por eso, ser uno de los mejores se había convertido en su nuevo sueño.

Emocionado se inclinó y comenzó a hurgar la ropa sucia sin darse cuenta de que detrás suyo, Ibel iba entrando.

— ¡Les dije!

— gritó estando más cerca de él.

Por el susto inmediatamente sacó su mano del sesto y sin querer se acorraló solo adentrándose en la pequeña habitación.

— Le encanta oler los shorts después de cada entrenamiento — acusó avanzando acompañado de los demás.

— No, no es eso — intentó hablar Kevin.

— ¿Te gusta oler el semen?

— lo interrumpió Nick acercándose más a él.

Días antes Ibel había notado su costumbre de ponerse su camisa, lo que por alguna razón le molestó.

Lo llevo a inventar cosas que lo hundieran hasta el fondo.

Kevin negó con la cabeza, asustado, se pegó a la pared y por un mínimo instante vio a Robert grabando con su celular.

— Sí, le enseñaremos esto a todos — amenazó Nick —.

Le diremos que eres una marica y que te gusta meterte a espiar en los baños, cuando jugamos fuera y que te la pasas oliendo nuestros shorts sucios.

— No…

— comenzó a sentirse más afligido y sin poder encontrar alguna salida, lentamente comenzó a llorar.

— ¿No te gustaría oler más que los shorts?

— siguió y entre más hablaba, más encerrado se sentía Kevin.

— ¡Ayuda!

— gritó Kevin de pronto, pero Nick se movió rápido y logró taparle la boca.

— ¿Te gusta gritar?

— preguntó Ibel acercándose —.

Desnúdalo.

Robert, avísanos si alguien viene.

Ya para ese entonces Robert había dejado de grabar y le hizo caso a Ibel.

Kevin llevado por el miedo sólo le quedó forcejear, pero entre ambos se le hizo fácil controlarlo.

Ese día, Kevin fue encontrado desnudo, llorando y golpeado gravemente en partes sensibles del cuerpo.

Desde ese entonces siguió pensando en que quizás si no hubiera sido tan malo en el juego y más como ellos, nada hubiera pasado.

Actualidad.

— ¿Con quién hablas?

— le preguntó Abrill dándole un vaso con chocolate caliente.

— Valentine — respondió Kevin dejando el celular a un lado —, la amiga de Norah que trabaja con Marco.

Le dije que si quería podía venir con nosotros, pero dijo que solo estorbaría.

— Me sorprende, según sé, es bastante intensa — tomó de su chocolate —.

Argelia dice que es rara y critica mucho ese mechón azul que tiene.

— Me escribe desde hace unos días — su celular vibró de nuevo —.

Pero no me cae mal.

— Cada quien — sonrió.

— Bien, ustedes tienen — confirmó Aslan mientras pasaba con una taza en cada mano.

Siguió su camino y llegó hasta donde se estaban la mayoría de ellos.

— Ten, Norah, solo tú y yo faltamos — se sentó al lado Marco.

— Bueno, iré con ellos un momento — comentó Norah poniéndose en pie.

— Debemos hacer que ellos vengan, no separarnos — aconsejó Aslan.

— No tengo por qué escucharte — reprochó.

— Chicos…

— alcanzó Lucas a frenar a Aslan antes de que hablara.

Norah se dio la vuelta y se fue.

— Creo que Norah no está de humor — opinó Ele.

— Nunca cuando se trata de mí — agregó Aslan, mientras se recostaba del espaldar del mueble.

Aslan Heller y Norah Warlen.

Un año atrás…

— ¿Nerviosa?

— preguntó Abrill sentándose en la cama de Norah —.

Es impresionante verte así.

— No lo estoy — siguió viéndose en el espejo —.

Es solo un poco de inseguridad.

Nada más eso.

— Nervios — insistió Abrill.

— Horribles — se volteó —.

Todo esto es nuevo para mí, o sea, he tenido propuestas, pero no he hecho esto jamás…

— La vida de una inalcanzable — interrumpió sonriendo.

— No es chistoso, Abrill.

— Es lo que dije, verte así es impresionante — se levantó y se acercó —.

Oye, Aslan es un gran chico.

Ambas sabemos que aceptará de inmediato.

Para ellas era un plan sin falla, durante dos meses habían calculado ese momento donde al fin, Norah le pediría a Aslan ser su novio.

— ¿Tú crees?

— Lo sé, mira ese lindo cabello ondulado, esos lindos ojos marrones — tomó sus cachetes —, esos cachetes — sonrió —, y esa linda sonrisa ¿quieres que continúe?

— En realidad, sí.

— Bien, prepárate para una narración digna de un libro — tomó aire —.

Esas cejas perfectamente pobladas, acompañadas de esos carnosos y ligeramente rosados labios — Norah blanqueó los ojos sonriendo.

— Te creo, no quiero escuchar lo que venía después — se volteó al espejo.

— Tú te lo pierdes, seguía la información para mayores de edad — sonrió mientras Norah negaba con la cabeza —.

¿Sabes qué es más importante de todo?

— la abrazó por la espalda —.

Que además de todo ese perfecto físico.

Tienes un alma de oro, sentimientos preciosos y un gran valor.

No cualquiera va y hace esa propuesta.

Las demás esperarían por él, pero tú, mi amiga, eres como las piedras preciosas, hermosa y muy valiosa, pero muy difícil de encontrar.

Ten en cuenta que él no te merece y que eres una gran oportunidad para él, nunca lo contrario, ¿bien?

Le dio un pequeño beso en el cachete.

— Vaya, leer libros realmente te hace cursi — sonrió.

— Realmente sabes arruinar los momentos.

Dime si entendiste — le desordenó todo el cabello.

— Oye — se tapó la cara y Abrill se separó — arruinaste mi look — dijo volteando — ahora iré por el tuyo — corrió hacia ella.

— Norah, no — mandó Abrill intentando frenarla.

Forcejearon y ambas cayeron en la cama.

Rieron por un rato hasta que se hizo hora de empezar el plan.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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