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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 15

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15: Capítulo 13.

15: Capítulo 13.

Actualidad… Norah se acercó más a Kevin y levemente subió su mirada hacia él.

Lo vio a los ojos, puso su mano derecha en su cachete y lentamente la llevó hasta la parte trasera de sus orejas.

Antes de que pudiera acercar más sus labios, Kevin de un movimiento brusco la rechazó.

— Disculpa, Norah — susurró antes de soltarla y escabullirse en la oscuridad.

Norah apretó sus manos y, decepcionada, se fue a la cocina para disimular.

Abrill notó cómo se fue y sin explicaciones soltó a Lucas para ir tras ella.

— Esa canción no fue una buena idea — dijo Aslan entrando a la cocina.

— A Abrill le gusta, le hice el favor de ponerla en la playlist — respondió Max tomando un sorbo de jugo.

Aslan tomó un vaso y notó cómo Max no quitaba la vista de la sala.

— Es solo eso, Max — parafraseo dejando el vaso de vuelta donde lo había agarrado —.

Un salto de fe — agarró a Max del brazo y se fue con él hacia la sala.

— ¿Qué haces?

— preguntó Max aterrado.

— Te empujo.

En eso, chocaron con Norah, que sin mirarlos siguió hacia la cocina.

Aslan se frenó, la miró, pero sintió cómo Abrill también le pasó, por un lado.

Así que siguió.

— ¿Cómo que me empujas?

— siguió Max.

— A veces, cuando alguien necesita saltar, sirve darle un empujón.

Llegó hasta Marco y de un empujón se lo llevó con él hacia una esquina de la habitación, dejando a Max frente a Ele.

— ¿Qué demonios pasa?

— reprochó Marco.

— Preguntó lo mismo, ¿Qué pasó con Norah?

— exigió saber.

— Estaba bailando — siguió quejándose.

— La canción iba a terminar.

Respóndeme.

— No lo sé, solo vi a Kevin subir — respiró profundo cuando escuchó la canción terminar.

Aslan dio una mirada rápida a las escaleras y decidió seguir a Kevin.

— Creo que la canción terminó — bromeó Ele dándose cuenta de cómo Lucas salía de la casa.

— Sí, tengo otras… — No — lo interrumpió —, saldré a tomar aire — le sonrió y lo dejó ahí.

— Claro — se tiró en uno de los muebles detrás de él.

— ¿Y Ele?

— preguntó Marco volviendo.

— Salió — dijo poniendo sus brazos por encima de su frente.

Marco se sentó a su lado.

— ¿Todo bien?

Max sonrió.

— ¿Alguna vez has sentido miedo?

Marco sobreentendió algo, por alguna razón sabía que esa conversación se trataba de alguien en especial.

CAPÍTULO XIII Verde, Amarillo y Rojo.

— ¿No vas a hablar sobre que eres un cobarde o sí?

— interrogó inteligentemente Marco.

— ¿Así de fastidioso es el tema?

— No tengo otra pregunta inteligente para responder, así que iré al punto — sonrió —.

Todos sufrimos de miedo, a todos nos persigue algo.

Una vez escuché que la vida es para valientes y que sí está bien tener miedo.

Al final solo somos circunstancias que nunca elegimos ser.

— ¿Beret?

— interrumpió.

— Solo lo último — ambos sonrieron —.

Max, puedes ser muchas cosas, pero un cobarde jamás.

Sé que tú crees que lo eres y que nos atrasas a todos.

Pero yo creo en ti, creo que eres el más valiente y sé que los demás piensan lo mismo.

— ¿En serio?

— Sí que sí — hizo una pausa — ¿Sabes qué?

A partir de ahora cada vez que sientas miedo, verás el color verde en el semáforo — Max frunció el entrecejo —, cada vez que sientas miedo, será tu señal para avanzar y te prometo que nadie volverá a pensar que eres un cobarde.

— Gracias — se sentó derecho y puso su mano derecha en el hombro de Marco —.

Si ese será el color verde, ¿Cuál es el rojo?

— Muerte — lo miró —, definitivamente es muerte.

Cuando veas la muerte, frena — ríen —.

Si quieres llegar a algo con Ele, deberás moverte.

Max se congeló por un momento.

— ¿Se nota?

— balbuceó.

— Solo un ciego no lo vería — sonrió —.

Te voy a ayudar — dijo seguro.

— ¿Por qué lo harías?

— Dije que lo haría.

Además, nunca se sabe, quizás ella sea tu rojo — otra vez rieron juntos.

A pesar del mal sabor de boca, Marco supo contener la verdad y se levantó para poner más música.

Arrepentido, tomó el casete donde sabía que estaba la canción que lo aliviaría.

Lucas Thompson.

Año y medio atrás… «¿No harás nada?

Amigo te tienen como la burla», recordó mientras subía las escaleras a su cuarto, esas palabras habían marcado todo su día y junto al recuerdo de las risas de todos, lo habían hecho un día pesado.

Durante esa semana Ibel tomó como capricho a Abrill.

Buscando de besarla frente a todos, tomándola de la cintura y dándole nalgadas con el objetivo de que Lucas busque hacer algo.

Aunque ese día lo intentó, salió lastimado como todas las veces que intentaba alzar la voz.

Con rabia lanzó su mochila en su cama y se fue al baño a lavarse la cara.

«¿No vas a hacer nada?», pareció escuchar las palabras de Argelia en sus oídos mientras recogía agua con sus manos.

«¿No harás nada?

Amigo te tienen como la burla», ahora eran las palabras de Aslan.

«¿Yo tengo que hacer algo?

Reacciona Lucas» y con esas palabras de Abrill explotó.

Gritó con ira y dolor, y golpeó la pared una y otra vez.

El padre de Gabriela había muerto en el incidente de 1992, su madre llevó esa pena incluso después de conocer al padre de Lucas y tenerlo.

Debido a ciertos dolores durante el embarazo, pudo conseguir tranquilizantes que se convirtieron pronto en su droga.

Un día, Lucas se quedó solo en casa sin su madre.

La cual murió a sus ojos por una sobredosis de entre muchas drogas.

Aterrado, no hizo nada más que verla.

O al menos esa es la versión que se conoce.

Ese día Lucas en serio intentó de todo para poder ayudarla, pero aquel niño de 12 años no se le ocurrió llamar a su padre, y simplemente se quedó sin hacer nada, mientras lloraba viendo a su madre sufrir.

Ese día, conoció la frase que lo estaría persiguiendo por toda su juventud: “¿Por qué no me llamaste, Lucas?

¿Por qué no hiciste nada?”, recordó, cayendo al suelo en llanto.

Actualidad… A pesar de que su iniciativa para empezar en la fotografía no fue totalmente suya, con el tiempo le había encontrado el cariño y la pasión.

Escuchar el sonido de la cámara después que tenía el momento perfecto, se le hacía ideal.

Mientras Lucas buscaba con la mirada fotografías, se quedó por un momento contemplando la tranquilidad del lago.

Respiró y disfrutó.

— Eso que haces sí es un poco raro — escuchó detrás de él.

— La nueva — ironizó sin voltear.

— Raro — sonrió, caminando hacia él.

— ¿Si sabes qué es Lucas?

— volteó levemente para recibirla.

— ¿En serio?

— logró sacarle una sonrisa a Lucas.

— ¿A qué debo esta grata compañía?

— preguntó dándole lugar en el tronco donde estaba sentado.

— También necesitaba un respiro — se ve a sí misma —, además, sigo llena de mezcla para galletas.

— Yo no necesitaba un respiro, me gusta estar con ellos.

Ele se guardó la pregunta de por qué había salido entonces, y después de unos segundos rompe el hielo de nuevo.

— No sabía que había un lago en el pueblo.

Debe pasársela lleno de idiotas.

— No mucho.

— ¿Por qué?

— insistió.

— Para empezar, el lago se llama el muerto.

En el tiempo de la mafia de Beylen, se deshacían de los cuerpos aquí — Ele levantó ambas cejas —.

Eso hizo que muchas leyendas tomaran vida.

Además, los idiotas tienen su parte del lago más allá — señaló con su mano izquierda.

— ¿Es en serio?

— volteó a ver a Lucas.

— Lo prometo — sonrió —.

Regla número cuatro.

— Necesito ponerme al día con eso de sus reglas — volvió la mirada al lago.

— Las chicas no hacen reglas — refutó Lucas —, reglas número tres: “chicos antes que chicas”.

— Claro — se carcajeó —, cinco chicos, cinco reglas — vio a Lucas y él asintió —.

Me repites la regla cuatro.

— “Se puede romper el mundo, pero no una promesa”.

— Estoy segura de que esa la hizo Marco — ambos ríen.

En eso ella logró ver un risco y antes de que pudiera decir algo sobre lo buena idea que sería saltar, Lucas le interrumpió los pensamientos.

— No quieres lanzarte de ahí.

Abajo — señaló hacia allá —, queda un pequeño acueducto que te arrastraría hasta abajo.

Morirías ahogada.

— Ya ha pasado, ¿cierto?

— Eso escuché — vuelven a reír.

Y ya sin ideas, finalmente Ele buscó la forma de iniciar la conversación por la que lo había seguido.

— ¿Te puedo hacer una pregunta?

— se volteó hacia él.

— ¿Además de esa?

Claro.

Ella blanqueó los ojos antes de hablar.

— ¿Es por mí que Abrill se ha separado de ustedes?

Lucas suspiró y miró de vuelta el lago.

— Es mi culpa, está molesta conmigo, es todo — bajó la mirada.

— ¿Por qué?

Hacen una linda pareja, o eso creo — no le quitó la mirada.

— Sí, nos han dicho eso.

Aun así, es difícil, ¿sabes?

— ¿Difícil?

— siguió interrogando.

— Abrill es especial, es simpática, buena persona, sin mencionar que ha vuelto loco a cualquiera, al aparecer por estar en el último año lo hace aún más fácil — sonrió levemente —.

Con un chico como yo, no encaja bien.

— Diciendo que es todo eso, ¿por qué no encajaría contigo?

¿no eres su novio ya?

— Para la mayoría soy algo que quieren ignorar y me tachan de lo más raro.

En muchas cosas tienen razón.

No soy especial o algo así, no soy musculoso o popular, para ellos simplemente soy débil.

Somos de mundos distintos, incluso si hablamos de dinero… Hay tantas cosas en donde ella resalta que yo nunca podré aparecer.

Parezco ser imperfecto.

— ¿Y eso qué?

Imperfecto o no siguen siendo novios, además, ella te protege demasiado — hizo una pausa esperando a que Lucas siguiera, pero él se queda en silencio —.

Oye, el mundo necesita de personas que no estén incluidas en un montón.

Entiendo que es estar solo — Lucas levantó la mirada —.

En la ciudad, no tenía amigos y también fui motivo de burla muchas veces.

Cuando la gente solo te salpica su veneno, comienzas a pensar que es tu culpa.

Pero, cuando llegué y conviví con ustedes entendí que los raros debemos estar juntos — sonrió.

— Espera — dijo Lucas levantándose — ¿estás diciendo que eres rara?

— sonrió.

— Arruinaste el momento — se levantó — adiós — se dio la vuelta para irse.

— Oye, chica nueva — se frenó — es bueno tenerte con nosotros.

— ¿Si sabes que es Ele?

— ¿En serio?

— ironizó.

Levemente, Aslan abrió la puertilla para ver si podía subir antes de hacerlo.

— No te escondas — pareció limpiar sus lágrimas.

— Si no quieres que suba, no lo haré — aclaró antes de terminar de abrir la puertilla siquiera.

La cabaña había sido prácticamente solo inversión de Norah, a pesar de que los chicos fueron los que dieron con la pequeña y decaída casa del árbol que era antes.

Entre tantos detalles, uno de los más simples y especiales fue ponerle segundo piso.

Te dejaba una vista libre del cielo nocturno y aunque carecía de dónde sentarse, ninguno tuvo problema en que no se le hiciera algo más.

— Yo no sé lo que quiero — respondió con la mirada perdida en lo que podía ver de la orilla del lago.

Nervioso, Aslan decidió subir y de poco ir a sentarse a su lado.

Kevin tenía ambas rodillas pegadas a su pecho y con sus brazos abrazaban sus piernas con fuerza.

— Todos siempre queremos algo — comentó Aslan.

— No lo entenderías.

— Pruébame — lo miró de reojo —.

No siempre tengo idea de cómo ayudar, pero las cosas tienen solución.

— Eres pésimo en esto, Aslan — buscó levantarse.

— Y por eso quiero ser yo quien hablé contigo — lo frenó —.

Conozco a Norah… — ¡Esto no se trata de Norah!

— levantó la voz logrando zafarse y poder ponerse en pie —.

Ni de ninguna chica.

Antes de que llegara a la puertilla Aslan volvió a abrir la boca.

— De un chico — dijo con miedo a equivocarse.

Con eso logró frenar a Kevin, que con lágrimas en los ojos se volteó.

— No lo sé — susurró.

— Max suele decir que el paso más importante para aprender sobre algo es no saber nada — parafraseo acercándose a él —.

Y mi tío, que es ingeniero, dice que el mejor de los trabajos es el de un equipo.

Kevin mantuvo el silencio.

— Es por aquella vez con Ibel, ¿te hicieron…?

— No, no dirás que lo que siento es por un puto trauma — regañó.

— Ayúdame entonces, no puedo decir lo que necesitas, sin saber qué necesitas — jugó con las palabras para aligerar su petición.

— Alejarme unos días de ustedes me llevó a una etapa confusa, que hizo aún más confuso lo que busco.

Me di cuenta de que siempre me sentiré bien buscando aprobación, pero esto que siento desde hace un tiempo… No creo que sea aprobado.

Y aunque no esté seguro en nada — cayó una lágrima por su mejilla —.

Dudar, ya me aleja de la aprobación que busco.

— ¿Morirías por ti mismo o por alguien más?

A pesar de lo confuso de la pregunta, buscó responder.

— Moriría por las personas que quiero — limpió su lágrima.

— Que te importe solo la opinión de esas personas que también morirían por ti.

Porque los que realmente te quieren, lo haremos sin importar qué — dio un paso hacia él —.

¿Para qué buscar la aprobación de alguien a quien no le importas?

— ¿Y si no estoy bien?

— Te queda mucho tiempo para averiguarlo, ¿crees que alguien sabe que está bien o que está mal?

— soltó una pequeña carcajada —.

Lo que sé es que sin importar en qué creas, la respuesta siempre llega.

La pantalla del celular de Kevin se encendió mostrando la notificación de un mensaje de Valentine.

— No necesitas lo que los demás crean, necesitas encontrar lo que te hará feliz a ti.

Finalmente Kevin lo abrazó.

— ¿Está bien tener miedo entonces?

— preguntó con una voz delgada.

— No lo sé, pero no podemos deshacernos de él.

Por un pequeño instante, se mantuvieron en silencio.

— ¿Entonces no te gusta Lucas?

— quiso saber Aslan.

— ¿Qué?

No — se separó —.

Solo me gusta apoyarlo, suele necesitar ayuda.

Lo veo como un hermano.

— Oh, me asusté por un momento — Kevin sonrió limpiando sus lágrimas.

— No le digas a los demás — pidió Kevin agarrando su celular.

— Kevin, somos tu familia y nosotros siempre querremos estar contigo, a pesar de que tú no quieras hacerlo — Kevin quedó en shock por un momento.

«¿Se enteró de mi conversación con Abrill y su grupo?», pensó, viendo cómo Aslan se daba la vuelta y abría la puertilla.

Un sonido familiar llegó a los oídos de todos, de nuevo, Blinding Lights de The Weekend sonaba con fuerza gracias a Marco, colocándose en un puesto importante para la canción de la semana.

Ele y Lucas se percataron de Abrill, Norah, Max y Marco que iban bajando con buenos ánimos.

Aunque Lucas percibió algo diferente al ver a su pareja acercarse.

«Espere por ti y no llegaste», recordó.

Abrill Walker.

Dos meses antes, viernes, día de maratón.

Sus labios se enfriaban y su boca ya estaba seca.

Sus gemidos eran repetitivos y constantes mientras que con sus uñas rasguñaba con fuerza la espalda de Ibel.

Él se movió más rápido y constante, para que al fin, ella pudiera quedar saciada.

Ibel se tiró a un lado y mientras Abrill sonreía de placer, se levantó y tomó uno de los cigarros que tenía en su mesa de noche.

— Extrañaba esto — dijo Abrill mientras se enrollaba entre las sábanas.

— Yo también, linda — encendió el cigarro —.

Y lo podríamos hacer todos los días.

— De eso no quiero volver a hablar — se levantó con cierta molestia de la cama.

— Si te molesta tanto — soltó una bocanada de humo —.

¿Por qué sigues con él?

— Es complicado, no lo entenderías — comenzó a vestirse.

— Mierda Walker contigo todo lo es — se quejó sentándose en el puf que tenía al lado de la ventana.

— ¿Quieres que salga a gritarlo afuera?

— Yo lo haría — la señala con el cigarro —.

Pero insistes en seguir detrás de ese grupo de raritos.

— No me vengas a decir que te enamoraste y toda esa charla… — Que llevo diciendo tantos años como llevo está pendejada contigo — la interrumpió.

— Y yo te he repetido todos esos años porque no — reclamó ya vestida.

— Si tanto quisieras a ese Lucas, no le estuvieras haciendo esto — volteó a la ventana.

La relación suya con la de Lucas ya tenía cinco años.

En cambio, la suya con Ibel tenía tres.

A Ibel le tomó seis meses darse cuenta de que ella le mentía, Lucas, por otro lado, a pesar de sentir cierta sospecha en ocasiones, no había llegado a tal conclusión.

En el silencio que había hecho Abrill, su celular se llevó toda la atención con una llamada entrante.

— Ya voy en camino, Marco — intentó disimular al contestar.

— ¿No estás allá todavía?

— preguntó mientras se podía escuchar como corría.

— ¿Pasó algo?

— tomó su mochila y las llaves de su auto de la mesa de noche de Ibel.

— Gabriela — respiró —, está en el hospital — Abrill sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo —, y Lucas no me contesta, estoy corriendo a su casa.

— ¿Cómo sabes que ella está allá?

— se fue hacia la puerta de la habitación y antes de abrirla, con la mano en el picaporte volteó a ver a Ibel.

Él intentaba descifrar qué pasaba.

— Voy para allá — colgó.

— Vete — mandó Ibel dándose cuenta de que ella se regresaba hacia él.

— Estamos grandes como para esta tontería — dijo Abrill volteándose a abrir la puerta.

— La única tontería que cometí fue hacerte caso — de nuevo acercó el cigarro a sus labios y sin verla irse, sintió cuando la puerta se cerró.

Bajó corriendo hasta la puerta principal y con cuidado abrió para que nadie más la escuchara irse, y con la misma velocidad se fue hacia su auto.

Salió en la velocidad más alta en la que había manejado, mientras le pasaban tantas cosas por la mente, pensó en llamar de nuevo a Marco.

Pero cayó en un bache lo suficientemente grande para hacer que su mano en el volante se moviera, moviendo al auto entero ocasionando que su celular cayera en la parte de abajo del puesto del copiloto.

La calle estaba solitaria como era de costumbre en el día y en la noche, así que no se llevó más que un susto.

— Mierda — dijo mientras veía su celular de reojo.

Notó unas luces lejos de ella, así que intentó una sola vez tomar su celular, pero no pudo.

Olvidando su celular en donde estaba, se dio cuenta de que el auto de aquellas luces estaba detenido y era ella quien se acercaba.

Curiosa, bajó un poco la velocidad e intentó ver más allá de lo que esas luces dejaban ver.

No vio nada, pero la puerta derecha estaba abierta.

Así que finalmente después de tanto debatir consigo misma se frenó más adelante.

Miró su celular, lo pensó un poco más y, decidida, sacó un arma de debajo de su asiento y salió a inspeccionar.

El señor Walker, amante de muchas mujeres, se le conocía por no solo ser uno de los involucrados en la explosión del 98, sino también como el sobreprotector de sus dos hijas.

Además de cederle parte de su fortuna, también estuvo siempre al pendiente de ellas y las enseñó a defenderse para cualquier situación.

— ¿Hola?

— dijo Abrill en voz baja más cerca del auto.

Nadie respondió, eso no la frenó y ya más cerca notó algo que no había visto desde su carro.

Sangre, que iba desde el asiento del conductor hasta por debajo del auto.

En shock se quedó analizando lo que pasaba por unos pocos segundos hasta que un hombre sin ojos ni brazos cayó hacia el frente desde los asientos traseros.

Abrill soltó un grito que lastimó su garganta.

Algo cruzó por encima del auto y saltó hacia ella.

De puro reflejo y suerte, pudo esquivarlo.

Se levantó del suelo y sin mirar atrás corrió hacia su auto.

Siendo perseguida por su atacante.

Como si fuera un perro, se escuchaba la respiración detrás.

El sonido de uñas que desgarraban el piso se hacía más fuerte, pero no hay ningún estimulante más grande que el miedo, así que con todas sus fuerzas siguió hacia su auto.

Apenas pudo saltar dentro de él y con aquella presencia a poco de ella sintió el impulso de disparar.

Le dio a las puertas y ventanas intentando acertar alguno.

Viendo que no se escuchó nada más luego de eso, se sentó derecha y arrancó sin darle importancia a la puerta que había dejado abierta.

Buscó por el espejo retrovisor de dentro del auto, pero solo vio aquel auto abandonado en la autopista y antes de que pensara en cerrar la puerta, todo el auto se estremeció.

Ese golpe en la parte de atrás de su auto consiguió hacer que Abrill perdiera el control y tomara camino hacia el bosque.

Esquivó tantos árboles como pudo.

Uno de esos cerró la puerta de golpe, ocasionando que sus reflejos jugaran en su contra y por un movimiento brusco cruzó el volante, derrapó y terminó impactando contra un árbol.

Estaba aturdida, gracias a que el golpe no había sido tan fuerte como para que quedara inconsciente.

Con lentitud buscó su arma y su celular.

Había perdido el sentido de lo que hacía o de qué escapaba, pero su subconsciente le seguía advirtiendo que saliera de allí.

De manera torpe se pasó al puesto del copiloto, abrió la puerta y sacando su pierna aquella cosa cayó sobre el techo del auto, haciendo que Abrill tropezara y que parte de su cuerpo cayera sobre las hojas húmedas del suelo.

Se volteó como pudo y con ira apuntó su arma hacia arriba, logrando ver por fin aquel “fantasma”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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