El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 16
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16: Capítulo 14.
16: Capítulo 14.
— ¡Conseguimos canción de la semana!
— gritó Marco levantando ambos brazos.
— Ya te habías tardado mucho — le respondió Lucas sonriente.
Unas noches después de que Ele sufriera el accidente en el bosque, los chicos lograron hacer que ella los acompañara en una noche de juegos en la calle de Lucas.
Jugaron hasta altas horas de la noche un intento de fútbol, mientras escuchaban música.
Ahí, por ocurrencias de la propia pelirroja nació la costumbre de que en cada semana alguna canción que a todos les cause cierta emoción sería bautizada como la canción más escuchada, o mejor dicho, la canción de la semana.
— Cada vez que puedes tomas la misma canción — aportó Ele.
— Y sigue siendo una de las mejores — afirmó Marco.
Abrill se fue hasta Lucas y con un abrazo lo apartó de Ele llevándolo hacia el lago.
Los demás individualmente se dan cuenta de lo que intentó hacer y antes de que se den la espalda escuchan cómo uno de ellos cae al lago.
— Te amo — dijo Abrill riendo, mientras veía cómo Lucas se quitaba el cabello mojado de la cara —.
Pero ya era mi turno hacerlo antes que tú.
Los chicos sonrieron.
— ¿Ah sí?
— Lucas se levantó y se movió rápido hacia ella.
La abrazó con fuerza, la levantó y se lanzó con ella al agua.
Marco no tardó mucho en levantar a Ele y lanzarla no muy lejos de donde estaban Lucas y Abrill.
— Idiota — insultó Ele saliendo de debajo del agua.
— Te hacía falta un baño…
— Max se abalanzó contra él y ni lo dejó terminar la frase antes de que ambos cayeran al agua.
Lucas le lanzó agua a la cara de Marco y así lo siguieron todos, mientras Norah buscaba escaparse.
Pero antes de que se diera vuelta, Aslan la alzó.
— ¡No, no!
— se quejó Norah intentando zafarse.
— El agua está tan fría como tú, no te preocupes — bromeó Aslan agarrándola con fuerza.
— Amo de la comedia — ironizó dándose por vencida.
— ¡Ahí voy!
— informó Aslan corriendo hacia el lago.
— ¡Te odió, Aslan!
— dijo Norah cayendo al lago.
Ambos se sumergieron y salpicaron a los demás que estaban listos para que salieran para chapotear todo el agua que pudieran hacia ellos.
En cuanto asomaron la cabeza, todos comenzaron a lanzar tanta agua como pudieran.
— ¡Faltó yo!
— informó Kevin quitándose la camisa antes de saltar al medio de todos.
Norah llegó hasta la orilla y puso sus lentes empapados debajo de un tronco.
Cuando volvió, se unió a la batalla que tenían para salpicarse agua unos a otros, jugaron al duelo con las chicas en los hombros e hicieron carreras de natación por el lago.
Pasando un par de horas de juegos en el agua.
— ¡Marco!
— ¡Aquí estoy!
—gritó de regreso.
— Imbécil — le dijo Kevin caminando hacia donde escuchó su voz.
— Me llamaste — le respondió nadando lejos de él.
— No te voy a explicar las reglas del Marco Polo — informó Kevin que apresuró el paso a escuchar cómo Marco nadaba lejos.
Ele vio a Norah, Abrill y Lucas salirse del agua, y le pareció hora también de irse a buscar que se pondría de ropa.
— Oye — la llamó Max al verla levantarse —, quería preguntarte algo — tragó hondo cuando ella volteó a verlo.
— Dime — insistió al esperar que él continuara.
— Pues, he querido decirte esto hace un par de semanas y llevo posponiendo esto demasiado — respiró profundo y se levantó para quedar frente a ella.
— Cállense, tontos — susurró Aslan a lo lejos, intentando frenar a Kevin y Marco que forcejeaban entre ellos —.
Max lo está haciendo.
Ya de pie, otra vez Max consiguió ver esos ojos azules que lo hacían tartamudear y le daban tanto miedo por lo preciosos que les parecían.
Ele fijó su mirada a los ojos de Max como hacía de costumbre cuando lograba dar con su mirada.
Después de tanto pensar en cómo decirlo, finalmente abrió los puños y habló.
— Quiero invitarte a salir…
a una cita.
Ele levantó ambas cejas impresionada y sintió su pecho calentarse.
— ¿Con todos?
— lo fastidió Ele, logrando que él no se diera cuenta de que era broma.
— Si tú quieres…
— susurró decepcionado.
Ele sonrió por su inocencia.
— Con que tú estés ahí es suficiente — se acercó a él —.
Te habías tardado mucho, tonto — le susurró al oído.
Sentir sus labios rozando con su oreja hizo que su estómago se estremeciera.
Antes de darse vuelta, Ele lo miró directo a los ojos otra vez y le regaló una cálida sonrisa.
— Aquí — habló de pronto Max —, el viernes, a las seis.
— Ok — respondió ella dando la vuelta y yéndose.
Max, sintiéndose el chico más feliz de la faz de la tierra, volteó a ver cómo sus tres amigos sonreían como tontos al ver toda la escena.
Sonrió y fue con ellos.
— Dijo que sí — se sentó con ellos —.
Incluso me dijo que había tardado mucho — sonrió.
— Eres todo un seductor — le dijo Kevin.
— Eres grande — le siguió Marco.
— Semental — terminó Aslan —, todo pitudo.
Max cambió su cara a una más seria, mientras Marco y Aslan reían a carcajadas.
— ¿Ahora cómo se supone que la trate?
— preguntó intentando desviar el tema.
— ¿Cómo que cómo tratarla?
— reprochó Kevin —.
Le pediste una cita, no matrimonio.
— Kevin tiene razón, solo debes seguir haciendo lo que sea que has hecho — apoyo Aslan —.
Porque siendo sincero, me impresionó cómo actuó la pelirroja.
Kevin y Max asintieron.
— Ya son como las dos de la mañana — intervino Marco —.
Aslan, debemos arreglar las cosas de una vez.
— ¿Qué cosas?
— preguntó.
El sonido del tablero de madera puesto en la mesa con fuerza llamó la atención de las chicas, que vieron cómo Aslan y Marco posicionaban cada ficha en su lugar.
— ¿Ajedrez a esta hora?
— preguntó Abrill a Norah.
— La pregunta me sorprende — respondió tomando de su té.
El ajedrez no era de mucha costumbre entre ellos, pero cada vez que jugaban Marco y Aslan, lo hacían hasta que alguno pudiera derrotar al otro.
Las partidas tenían un ganador, pero el perdedor siempre pedía revancha y terminaba ganando haciendo que el marcador siguiera en empate.
Pero estas partidas serían al mejor de tres, donde ambos habían quedado de acuerdo en que quién ganará sería el triunfador de todos los duelos anteriores y los futuros.
— ¿Lucas no usas más que suéteres?
— interrogó Ele sentándose a su lado en el sillón que habían puesto frente a la mesa.
— Me gustan mucho.
— Pero no te he visto sin uno — sonrió.
— ¿Te gustaría?
— preguntó Lucas con una sonrisa, acomodándose en su puesto.
Ele se quedó callada y volvió su mirada al frente, hasta que sintió a Max sentarse a su otro lado.
Ambos se sonrieron.
— Max, la música — mandó Marco sentado ya.
— Claro — se levantó rápido.
— Te mostraré porque me llaman el master of puppets — amenazó Marco tronando sus dedos.
— ¿Por qué el titiritero?
Son fichas — crítico.
— Porque las controlo.
Te hace falta imaginación y al parecer no eres bueno para los nombres.
No me llamaré el fichero — reprochó.
— Así serás conocido por esos que te llaman el titiritero después de la paliza que te daré.
— Nadie me llama así — amenazó de vuelta, sonrió hasta que se dio cuenta —.
Idiota.
Lucas río con Aslan.
— ¿Con cronómetro?
— preguntó Aslan de vuelta.
— Pensé que sabías jugar — rio junto con Ele —.
¡Música, maestro!
Max metió el cassette y pulsó play.
Eye of the Tiger de Survivor convirtió el momento en un enfrentamiento épico, donde Marco fue el primero en mover y hacer que el tiempo comenzara a correr.
Como montaje de película, ambos lados comenzaron a mover rápido sus fichas mientras que los espectadores se llenaban de emoción.
Abrill, Norah y Kevin estuvieron los primeros minutos, pero rápido se fueron a dormir.
Mientras los demás se mantenían atentos a cada movimiento y buena jugada que se hacía.
A pesar de que Ele casi se duerme un par de veces siguió atenta a como se veían presionados los chicos.
El tiempo se agotaba y faltaban fichas de ambos equipos; la presión de ambos se sentía en el aire hasta que por fin Aslan ganó el primer juego.
— Max, Never Gonna Give You Up, por favor — mandó Marco, acomodando sus piezas.
Esta vez fue Aslan quien movió la primera ficha mientras Marco meneaba la cabeza y se sentía inspirado en cada jugada.
De nuevo, se sintió como el tiempo se acoplaba perfecto a la canción.
Hasta que con el final de la canción Marco se coronó como el ganador del segundo encuentro.
— Otra canción — ahora habló Aslan.
— Gracias a Dios, esa ya había sonado como cinco veces — se quejó Ele.
— De hecho, juegan rápido, han durado horas en una sola partida.
— Solo sonó tres veces — aclaró Marco.
— Eso son de nueve a diez minutos — siguió Ele.
— Ella tiene razón.
Max, ¿Cuánto dura The Final Countdown?
— quiso saber Aslan con un plan en mente.
— ¿Cuatro minutos?
— respondió buscando entre los casetes.
— Dos minutos para cada uno — propuso Aslan.
Marco, sin decir nada, comenzó a configurar el reloj.
— ¿Listo, Max?
— Sí — le respondió a Marco y justo pulso el botón de play, Marco movió su primera ficha.
La música de nuevo encerró el momento, en un duelo épico en el cual uno de ellos saldría campeón.
Cada decisión parecía ser más importante que las anteriores, pero había menos tiempo para pensar y esto hacía el duelo más pesado y disfrutable para los espectadores.
Las anteriores partidas habían terminado por uno aplastando al otro, pero esta vez ninguno dejaría que esto pasara.
Con determinación movían cada pieza y con miedo recibían su turno.
Se vieron las caras y continuaron con todo lo que su cerebro dormido podía ofrecer.
Hasta que al minuto 3 con 15 segundos de la canción, Marco dijo las palabras que cambiarían el rumbo del juego por completo.
— Jaque…
mate — susurró levantándose de su silla eufórico.
Max y Ele se levantaron juntos con él y con saltos celebraron la victoria.
La partida había terminado tan rápido como comenzó y Marco por fin había logrado vencer a Aslan.
Aslan y Lucas sonreían al verlos saltar, hasta que un rato después finalmente todos se fueron a dormir.
CAPÍTULO XIV.
Cómo Hojas En Un Riachuelo.
30 de octubre, 8:30am; La cabaña.
Tomó mucho aire y se levantó en cuanto pudo.
Transpiraba mientras con detalle observaba todo alrededor.
— ¿Todo bien?
— le preguntó Aslan terminando de ponerse un zapato.
— Sí — se lamió los labios —, soñé que me ahogaba, es todo — mintió.
Max se puso de pie y notó cómo los demás se vestían, manteniendo expresiones serias.
Pero antes de preguntar por lo que sucedía, se fijó en que Abrill ya no estaba.
— ¿Y Abrill?
— preguntó buscando conversación a todos.
— En el lugar a donde vamos — respondió Lucas abriendo la puertilla de la entrada.
— ¿Y a dónde vamos?
— siguió Max en el mismo lugar.
— A la preparatoria, te explicamos en el camino — le explicó Lucas siendo el primero en bajar.
— Pero es domingo — reprochó Max.
— Robert murió, Max — intervino Norah — encontraron su cuerpo en la preparatoria.
La noticia golpeó a Max con fuerza y lo dejó más asustado que impresionado.
Levemente bufó en voz baja.
— ¿Es una broma?
— insistió, queriendo que en realidad no hablaran literalmente.
— ¿Por qué lo sería?
— quiso saber Norah.
— Basta de charla — interrumpió Aslan pasando al lado de Max —.
Puedes irte con Ele y Marco.
— En serio necesito ir a trabajar — replicó Marco.
— ¿Entonces qué siguen haciendo aquí los dos?
— protestó Aslan.
Ahí, Max, se dio cuenta de que había pasado algo más mientras él seguía durmiendo.
— Ya lo dijiste — contestó Ele saliendo de la cocina —.
Esperamos a Max — se le acercó de manera amenazante.
— No tiene sentido ir — se quejó Kevin de fondo.
— No tienen que ir si no quieren hacerlo — siguió Aslan ignorando a la pelirroja frente a él —.
Es mejor que se queden si piensan molestar.
— No son la policía — dijo Kevin de vuelta.
— ¿Y qué mierda viene eso al caso?
— respondió Aslan.
— Qué tú y Lucas solo quieren ir a enfrascarse en un problema que no es suyo, pensando en llevarnos a todos con ustedes.
— Yo no te estoy pidiendo que vayas con nosotros, a ti no — aclaró Lucas apareciendo por la puertilla nuevamente.
— Lucas — susurró Norah.
— ¿Acaso eres parte de nosotros?
— continúo, sin darle caso a lo que decía Norah.
La pregunta seguía en el aire y Lucas ya estaba dentro acercándose a Kevin, cuando las luces de navideñas que permanecían encendidas levemente parpadearon.
Pero Max fue el único en darse cuenta.
— Abrill está bien, ya es de día, la policía estará allá.
Lucas, por favor, solo dejen que vuelva ella sola y ya — le pidió Norah.
— ¿Y por qué fue?
¿Para qué fue?
— susurró Lucas —.
Dinos…
— Son sus amigos — interrumpió Norah.
— Nosotros lo éramos — la miró a ella y a Kevin —.
¿Somos los suyos?
Las luces de toda la cabaña fueron disminuyendo su brillo hasta el punto de ser notorio.
Pero esta vez Ele también se dio cuenta.
De inmediato miró a Max y él a ella, los demás parecían no notarlo.
— Iré con ustedes — intervino Max —.
Me preparé rápido.
— Yo me voy — mencionó Marco cruzando a través de Norah, Aslan y Lucas —.
Andando, Ele — mandó bajando.
Ele con angustia miró de nuevo los focos, pero la luz parecía estar bien de vuelta.
Se levantó e intentó conseguir la mirada de Max, pero él ya estaba buscando sus zapatos.
«Entre más personas atraigas a este agujero, será peor para ti», recordó antes de bajar detrás de Marco.
— Iré con ellos — informó Kevin tomando su mochila de mala gana.
— Y yo contigo — le dijo Norah.
Lucas y Aslan se quedaron callados viendo cómo todos le pasaban por un lado antes de irse.
Aslan agarró a Norah del brazo antes de que se fuera, pero ella rápidamente logró zafarse.
— No sé en qué momento te convertiste en la basura que eres — le susurró.
Finalmente, solo quedaron ellos tres en la cabaña.
— Estoy listo — comentó de pronto Max.
Lucas lo miró y asintió, se dio la vuelta y abrió otra vez la puertilla.
— Andando — mandó.
Preparatoria de Pensiwell.
— ¿Han dicho algo?
— preguntó Junior, el alguacil del pueblo.
— Por lo que sé, ninguno, señor — respondió Leonard Lamber.
Ambos permanecían fuera de la preparatoria esperando a que el otro cuerpo policial enviado por el alcalde terminara de interrogar a los amigos cercanos de Robert.
— Señor, con todo respeto.
Ellos no deberían estar aquí — continúo Leonard después de darle una mirada corta a algunos detectives no muy lejos de ellos.
— ¿Yo le pregunté?
— respondió Junior de manera brusca —.
Lamber, sabes por qué el alcalde los trajo.
— Soy fiel creyente de que podemos resolver esto solo nosotros, la policía de Pensiwell.
No estas personas son de primera vez que vienen.
— No había escuchado algo tan estúpido en mi vida — volteó y los miró a ellos por un momento corto —.
¿Resolverlo nosotros?
Han sido más de cincuenta personas en dos meses.
Los Elgo, desaparecidos, montones de cuerpos destrozados, dos niños muertos.
¿Piensas que tú podrás resolverlo?
— pegó su dedo índice al pecho de Leonard.
— Lo siento, señor — bajó la mirada —.
Espero que estas personas nos puedan ayudar con todo.
Junior asintió y de nuevo volteó a verlos como charlaban en su auto.
— Yo también.
Antes de que pudieran siquiera ver la preparatoria, se podían escuchar bastantes voces y movimiento de personas.
La entrada de la preparatoria estaba rodeada de policías, acompañados de una ambulancia con dos paramédicos.
— Alguien murió de verdad — susurró Max.
— Y quizás más han corrido con la misma suerte — siguió Lucas.
Se habían acercado desde el bosque, por donde solían llegar desde casa de Lucas, y se habían quedado tirados en el piso entre la maleza para camuflarse.
— ¿Quiénes son esos?
— preguntó Aslan señalando como podía a los tipos de traje a un lado de todo —.
¿Policías?
— No, Leonard y los demás tienen el uniforme — aclaró Lucas —.
Detectives quizá.
Una camioneta negra llegó acompañada de dos patrullas más y estacionó cerca de ellos.
Los tres bajaron la cabeza y sin moverse ni un poco vieron al alcalde bajarse.
— Debe ser grande — dijo Max señalando a un lado —, el tío de Ele está aquí.
— Y los Stevens — agregó Aslan notando al padre de Ibel saliendo de la preparatoria.
— Si está todo este alboroto y la ambulancia sigue aquí, significa que el cuerpo está allá dentro aún — informó Lucas arrimándose hacia atrás con Aslan.
— ¿Chicos?
— les preguntó Max siguiéndolos —.
¿Qué planean hacer?
— logró agarrar a Lucas del brazo.
Lucas se frenó, miró a Aslan y respiró profundo antes de voltear a verlo de nuevo.
— Entrar.
Centro comercial “Delycyas”.
Los cuatro habían ido en silencio todo el camino.
Ni siquiera Marco quiso hablar o hacer alguna clase de broma, habían permanecido en lo suyo hasta la entrada del froloyolo.
Ahí, estaban Valentine y Camila sentadas afuera como de costumbre.
— Holis — saludó Valentine levantándose hacia Norah.
— Hola — ambas se saludaron con un beso en el cachete —.
La tardanza de Marco fue mi culpa, disculpen.
— No importa, ya está aquí — respondió Valentine volteando a ver a Marco, que abría las puertas en silencio.
Valentine volvió su mirada al frente y con muchos nervios se decidió a saludar a Kevin.
Que respondió con una sonrisa de boca cerrada.
Aún así, entusiasmada, se le acercó y le dio un medio abrazo muy incómodo para el momento.
Valentine apenada se alejó rápidamente de él.
Ele notó su extraña actitud y se le quedó viendo, logrando ver cómo ella apretaba sus puños e inflaba sus cachetes para evitar la vergüenza.
Sus miradas se encontraron y la chica del mechón azul le regaló una sonrisa de boca cerrada y la pelirroja arrugó el entrecejo regresando la misma sonrisa.
— Vámonos — le susurró Kevin a Norah al notar que Marco ya había entrado con Ele y Camila.
— Va — aceptó —.
Val, ¿le avisas a Marco por mí?
Por fa.
— ¿Se van?
— Sí, dile que nos veremos más tarde — le sonrió y antes de darse la vuelta, Valentine volvió a hablar.
— ¿Y a dónde van?
— interrogó.
Norah la vio un poco confundida, pero asimiló la situación al recordar quién tenía a un lado.
— Por ahí — le sonrió de nuevo y agarró a Kevin del brazo yéndose con él.
— ¿Vas a entrar o seguirás pareciendo una acosadora ahí afuera?
— le preguntó Camila desde la puerta.
— Voy…
— dijo en un tono bajo, viendo cómo se alejaban.
— Necesitamos despejarnos la mente — dijo Norah entrando al ascensor con Kevin —, y sé dónde hacerlo.
El salón de juegos con las maquinitas le pareció el lugar perfecto para estar por el resto de la tarde y así fue.
Comieron pizza, tomaron batidos de todos los sabores y anduvieron de un juego a otro.
— ¡Sí!
— exclamó Norah alejándose de los controles emocionada —.
Supera ese puntaje — sonrió.
— El Don King Kong está sobrevalorado y es realmente fácil — respondió Kevin dándose cuenta de que para él se le hacía imposible superarla.
— ¿Probamos Pacman?
— sugirió.
— Ya te gané en ese también — alardeó.
— Entonces iremos por cómics — sonrieron ambos.
— Ok — su celular vibró e intranquila lo sacó rápido de su bolsillo.
Pero era solo una notificación de falta de espacio.
— ¿Tu papá?
— No, pensé que era Lucas — lo guardó de vuelta —.
Solo era una notificación de la galería.
— ¿Estás preocupada solo por Lucas?
— ¿Qué intentas decir?
Kevin respiró profundo.
— Fueron ellos quienes decidieron ir — metió ambas manos en los bolsillos.
— Yo les dije, por eso me preocupo por todos.
En eso un niño interrumpió la conversación.
— ¿Estás jugando?
— preguntó.
— Disculpa, ya no — Norah se levantó y se fue hacia la salida.
— Oye, no tienes por qué molestarte — le dijo Kevin logrando alcanzarla.
— No me gusta que las personas no me digan las cosas directamente — se volteó hacia él.
— ¿Me dirás que ese beso iba a ser real?
— preguntó Kevin acercándose más a ella.
Norah sintió una presión en el pecho y aunque quiso escapar.
Se vio acorralada por el momento.
— ¿O fue por Aslan?
— siguió preguntando Kevin.
— ¿Me dirás que no tienes nada con Valentine?
— replicó.
— Para nada, no tengo nada con ella.
— Y ese beso no fue por Aslan — aclaró sin dar chance a que él dijera algo más.
— Norah, yo no te gusto.
Te conozco…
— ¿Y qué tal si sí me gustas?
— sintió sus ojos humedecerse y la boca reseca.
— Te diría que es mentira — se cruzó de brazos —.
Abrill te lo diría.
— ¿Por qué habría de confiar en Abrill?
— se le escapó.
— ¿Qué?
Al darse cuenta de lo que había dicho, se sintió más pequeña de lo común.
Aquella noche cuando la escuchó hablar con Ibel en la madrugada, no era la única vez en la que Norah lograba captar algo entre ellos.
Sí, eran amigos, sus compañeros y extrañamente ella solía estar con ellos.
Pero Norah había escuchado varias conversaciones donde parecían ser más que compañeros, pero aún eran solo sospechas, que no había compartido con nadie.
Antes de que Norah pudiera hablar, su celular comenzó a vibrar con una llamada.
Sacó su celular y dudó en atender cuando notó que era un desconocido.
— ¿Hola?
— contestó indecisa.
— Norah…
necesito tu ayuda.
— ¿Lucas?
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