El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 17
- Inicio
- Todas las novelas
- El Club De Los Chicos Raros.
- Capítulo 17 - 17 Capítulo 15
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Capítulo 15.
17: Capítulo 15.
Preparatoria de Pensiwell.
Minutos antes de la llamada.
— ¿Entrar?
¿Están locos?
— protestó Max.
— Dijimos que no podían venir a estorbar — reclamó Aslan.
— Max, por favor, aquí no, tengamos esta conversación…
— ¿Dentro de la preparatoria?
— interrumpió a Lucas.
— En el bosque — aclaró —.
Si nos topan aquí, podrían detenernos.
— Lo mismo si estamos allá adentro — señaló la preparatoria.
— Max — insistió Lucas.
Miró a la policía en la puerta, pensó en los hombres de traje y finalmente aceptó.
Intento hablar apenas se alejaron lo suficiente y hacer que ellos le respondieran, hasta que por fin le hablaron de regreso, claro, ya en la parte de atrás de la preparatoria.
— ¿Qué hacemos aquí, Lucas?
— insistió Max.
— Por aquí nos enseñaste a salir — respondió ayudando a Aslan que subiera la pequeña pared.
— A salir — corrigió.
— Todas las salidas son una entrada según el punto de vista — quiso aligerar el ambiente.
— No es buena idea entrar y él — señala a Aslan con su mano izquierda —, montado ahí empeora la situación.
— Veremos desde afuera de la cancha, por las ventanas y saldremos — dijo Lucas tapando su mochila con hojas.
— Tus planes son pésimos — reprochó.
— ¿Y entonces para qué viniste?
— intervino Aslan sentado en la pared.
— Apoyarlos, les recuerdo que nadie está de acuerdo con ustedes.
— Claro, tú lo estás — le siguió Aslan.
— Max — lo llamó antes de que pudiera hablar —, Aslan ha estado investigando algunas cosas que nos ayudarán a entender mejor qué está pasando.
— Ya en serio, dime.
¿Por qué eso tiene que ver con nosotros?
Lucas se quedó perdido viéndolo a los ojos mientras buscaba una respuesta, una que lograra convencerlo de que no era más que un miedo compulsivo de no poder controlar lo que vendría.
— No pienso quedarme sin hacer nada — murmuró.
— No podemos hacer nada, Lucas, nunca pudimos en casos ligeros.
Con esto, ¿Qué haremos?
— Max volteó a ver a Aslan —.
Ninguno podrá hacer algo.
— ¿Contra qué?
— le preguntó Aslan.
— ¿Perdón?
— respondió Max confundido con lo que había preguntado.
— ¡Alto!
— gritó un policía apuntándolos apareciendo detrás junto a dos más.
Asustados, los tres se quedaron sin opciones más que levantar las manos.
— Están arrestados — dijo acercándose a ellos sin bajar el arma.
Tiraron a Aslan de la pared y por separado esposaron a cada uno.
— No estamos haciendo nada malo — intentó excusarse Aslan mientras los llevaban por el bosque.
— Cállate — le dijo el oficial que lo llevaba.
— ¿Y cómo voy a defenderme?
— siguió de terco Aslan.
— No tienes defensa, niño.
Aslan por fin se calló.
Cruzaron a los tres por medio de la pequeña multitud que estaba frente a la preparatoria.
Todos los presentes notaron cómo los llevaban frente a Junior, que parecía alterado por la decisión de los policías.
— ¿Están locos?
— reclamó Junior mediante susurros —.
¿Cómo se atreven a esposarlos y hacer un desfile con ellos frente a todos?
Los policías pensaron en lo que habían hecho.
— Ellos tres a esa patrulla de allá y ustedes recibirán su castigo luego.
— ¿A la comisaría, señor?
— preguntó uno de ellos.
— No, al puto delycyas — ironizó Junior más alterado aún, pero sin levantar la voz —.
Idiota, ¿a qué otro lugar?
Por una mirada rápida se dieron cuenta de que el alcalde se acercaba.
— Llévalos ahora — se fue hacia el alcalde.
Y estaban los tres metidos en la patrulla mientras veían cómo se hacía una reunión de adultos fuera de la preparatoria.
— ¿Creen que el alcalde piense mal de nosotros?
— preguntó Aslan viendo por la ventana.
— Sería lo que nos faltará — agregó Max desde la otra ventana.
— Estaremos bien — opinó Lucas en medio de ambos —.
Mientras Aslan no siga discutiendo con policías.
— No lo pensé bien, lo sé — quitó la mirada de la ventana.
— ¿No ves películas?
“Todo lo que digas será usado en tu contra”.
Lo dicen en cada película donde hay policías — se quejó Max.
— Lamento no ser perfecto.
— Discutir no nos llevará a ningún lado, ya no — intervino Lucas —.
Tenemos que cooperar para decir lo mismo, así no nos metemos en problemas.
— ¿Meternos en problemas?
¿Si ves dónde estamos?
— siguió Max.
— Sabes de qué habló — protestó Lucas cayendo en la discusión.
Mientras Aslan escuchaba ahora a ambos discutir, llevó su mirada a afuera.
Uno de esos hombres de traje los veía desde su auto y no les quitaba la mirada.
«Es mejor si nadie lo sabe», repasó esas palabras en su mente analizando quiénes hablaban con Junior.
— Oigan, ¿creen que esos tipos de traje los haya traído el alcalde?
— interrumpió la discusión entre ellos.
— ¿Puedes dejar eso?
— opinó Max.
Lucas se intrigó por lo que Aslan había deducido y miró también.
— ¿Por qué lo dices?
— preguntó Lucas.
— Es mejor si nadie lo sabe — recitó.
Max iba a llevar la contraria hasta que escuchó esas palabras.
Levantó la cabeza y miró hacia afuera con ellos.
Mientras ellos pensaban cada uno en alguna respuesta, alguien conocido salió desde dentro de la preparatoria.
— Ibel — dijo Lucas trayendo a los demás en sí.
Ibel parecía molesto y de alguna forma afligido por lo que había sucedido.
Discutía con su padre hasta que otro rostro conocido salió detrás de él.
— Abrill — murmuró Aslan viendo cómo ella llegó hasta Stevens y lo abrazó con fuerza.
Max volteó para ver a Lucas que se quedó frío viendo hacia afuera.
— ¿Qué hace?
— se le escapó esa pregunta.
Aslan puso la mirada en Lucas buscando qué podía responderle.
Antes de que dijese algo, la música de la radio se adelantó y llamó la atención de los tres.
Pensando en cómo se había encendido sola, se percataron de que no se escuchaba más que estática que subía de volumen cada segundo.
Dentro de poco el volumen llegó a estar tan alto que les comenzó a doler los oídos.
Entre tanta bulla se podían escuchar algunas palabras distorsionadas que se repetían una y otra vez.
Desapareció cuando el volumen llegó al punto de que el dolor los obligaba a taparse los oídos.
Con miedo a que siguiera así se quejaban del dolor pensando en que podía estallar su cabeza en cualquier momento.
En el punto más alto del dolor, de la nada, el ruido fue reemplazado por el sonido de la ventana siendo tocada.
Los tres vieron hacia la misma para ver que era Leonard llamando su atención desde afuera.
Max volteó hacia la radio que sí se había encendido, pero con Hotel California sonando en bajo volumen.
— ¿Están bien?
— preguntó asomándose por la ventana del conductor.
— ¿No escuchaste nada?
— interrogó Max asimilando el dolor de cabeza que le había causado.
Leonard detalló a los tres.
— ¿Están fumando?
— interrogó abriendo la puerta.
— La radio se encendió de repente y el volumen iba subiendo solo — explicó Lucas.
Lamber se fijó detrás de él y volvió a verlos a ellos.
— Díganme que Kevin está fuera de esto.
CAPÍTULO XV.
Solo Cinco Días.
— Sí, soy yo — respondió Lucas con la cabeza puesta contra la pared.
— ¿Estás bien?
¿todos están bien?
— siguió preguntando Norah preocupada.
— Lo estamos, solo no te alteres con lo que te voy a decir — contestó Lucas.
— ¿De dónde me llamas?
— Estoy en la comisaría…
nos detuvieron — murmuró incómodo.
Norah volteó a ver a Kevin y con alivio logró respirar.
— Vamos para allá — colgó —.
Tenemos que correr.
— ¿Qué pasó?
— Arrestaron a los chicos — dio vuelta para comenzar a andar.
Kevin logró detenerla.
— ¿Y qué piensas hacer?
Ellos se buscaron eso.
— Lo sé — se giró para hablar con él —.
Pero para mí ya aprendieron la lección.
— ¿No recuerdas todo lo que nos dijeron hace qué, una hora?
— protestó.
— Es normal decir cosas así cuando estás molesto — siguió.
— ¿Y qué cada vez que a Lucas le dé la gana de tratarnos como basura saltaras a salvarlo?
No puedes defenderlo por todo.
— Haré lo mismo por cualquiera, cada uno de ustedes me importa y sin importar que se les ocurra, seguiré haciendo lo que pueda por todos — reclamó Norah soltándose de su agarre.
— No puedes salvarlos de todo — insistió.
— Al menos puedo intentarlo — le respondió corriendo hacia el ascensor.
— Chocolate para ti y fresa para ella — repitió entregando los helados a ambas chicas frente a ella —.
Gracias por su compra.
— Debo admitir que no pensé que te iría tan bien atendiendo a las personas — le dijo Valentine con una sonrisa.
— Diría algo sarcástico, pero yo tampoco me lo imaginé — le respondió Ele sonriendo —.
Me has ayudado mucho, gracias.
— No debes agradecer — respondió sorprendida —, es lo de menos.
— Pues Marco no es bueno para enseñar nada y Camila parece odiarme.
Valentine miró a Camila entregar unos batidos en unas mesas lejos de ellas.
— No te odia.
Es obstinada.
— Bueno, tú conoces a tu amiga — le sonrió.
— No es mi amiga — aclaró —.
Me cae bien, tampoco soy de esas — sonrió —, solo que no considero a conocidos como mis amigos así de rápido, no sé si me entiendes.
— Entiendo, bastante — la vio de nuevo y ambas se sonrieron.
Hasta que Camila llegó y golpeó el mostrador a propósito con la bandeja.
— Valentine, ¿podemos hablar?
— preguntó notándose su clara cara de enojo.
— Vienen clientes — apuntó hacia la puerta.
— Yo puedo, ve tranquila — intervino Ele.
— ¿Ves?
Ella puede — dijo entre dientes.
Valentine finalmente aceptó y se dejó llevar por Camila hasta un muro cerca de la puerta.
— ¿Por qué hablas con la enemiga?
— ¿De qué hablas?
— respondió confundida.
— No me digas que no sabes de qué hablo — esperó que ella pensara —.
De Gabriele, Valentine.
— Ah.
¿Qué hay que hablar con ella?
Camila blanqueó los ojos indignada por su pregunta.
— Siento que simplemente la críticas porque ella sí tiene la atención de Marco — dijo molesta con su expresión.
— ¿Qué?
— Sí, si de verdad lo quieres, háblale y dejá de solo quejarte de ella — mandó decidida.
— Y si tú tanto la atesoras a ella, ¿por qué no te haces su mejor amiga?
— ironizó en manera de defenderse.
— Quizás lo haga — protestó.
La puerta se abrió con fuerza asustando a ambas, que voltearon nerviosas.
— ¿Y Marco?
— preguntó Norah tomando aire.
— ¿Norah?
— interrogó Valentine al reconocerla.
+++ — ¿Qué te dijo Norah?
— preguntó Aslan al sentir cuando Lucas se sentó a su lado.
— Creo que vendrá — respondió con la mirada perdida en el suelo —.
¿Cómo está tu cabeza?
— Sigue doliendo — dijo manteniendo la cara pegada a la pared de al lado sin abrir los ojos.
El dolor se hizo más grave después de un rato, cada sonido leve les hacía sentir más dolor.
Ellos dos esperaban a que Max lo dejaran de entrevistar.
Uno por uno habían pasado por esa entrevista y ya les habían dicho que si no pagaban la multa pasarían la noche en una celda.
En eso por fin ven llegar a Max con lágrimas en las mejillas.
Leonard lo sentó al lado de ellos y se fue a buscar algo a la oficina de Junior antes de llevarlos a la celda.
— ¿Te hicieron algo?
— murmuró Lucas acercándose a Max.
Él negó con la cabeza.
— ¿Por qué lloras?
— esa pregunta hizo que Aslan abriera los ojos y buscará ver a Max.
— Jack…
— contestó en un tono de voz muy bajo manteniendo la mirada en el suelo.
— ¿Qué pasó, Max?
— interrogó Lucas.
— Jack murió, Lucas…
— lo miró —.
Otro amigo de mi hermano murió hoy.
Lucas se enderezó sintiendo un extraño cosquilleo en el pecho.
— ¿Cómo?
— quiso saber Aslan dándose cuenta de lo que había dicho.
— ¡Bueno, chicos!
— elevó la voz Leonard al llegar, molestando aún más el dolor de cabeza.
Dejó una caja bajo una mesa e hizo que se levantaran.
Max fue el único que no quiso levantarse por sí solo y fue el mismo Leonard quien lo levantó a la fuerza.
— Sé fuerte — le susurró a Max mientras lo escoltaba a las celdas.
Cruzando toda la comisaría, la puerta al lado del baño le daba la entrada a las tres celdas que había en todo el pueblo.
No eran tan pequeñas, pero la mayor parte del tiempo permanecían vacías o con algún borracho conseguido en los recorridos nocturnos.
Esta vez, estaban vacías.
— Bien, les vendrá a abrir si es que alguien paga la multa — informó Leonard cerrando la reja —.
Mañana cuando salgan, serán interrogados otra vez y estarán bajo observación toda esta semana…
— Sabes que no tenemos nada que ver — replicó Lucas sentado en el piso.
— …
todo eso por estar en una escena del crimen — terminó —.
Cuídense.
Se fue y Aslan habló de nuevo.
— Pasaron solo cinco días — explicó —.
Y murió David, otra vez, solo cinco días después murió Jack.
— ¿Qué estás diciendo?
— protestó Max.
— Si dejas de ir en mi contra por unos minutos y lo piensas.
— David no murió cinco días después, Aslan, déjalo — habló Lucas.
— No, no.
Estamos contando el día del funeral como el tercero, pero ya habían pasado tres días antes de eso y murió al siguiente…
— ¡No han pasado cinco días desde que él murió!
— lo interrumpió Max limpiando las lágrimas de sus ojos —.
No todo es parte de una conspiración.
— ¿Y qué tal si David ya llevaba un día muerto antes de que sus padres se dieran cuenta?
— insistió Aslan.
— ¿Qué mierdas dices?
Lo vieron…— se calló recordando que lo habían encontrado durmiendo en la sala de su casa.
— No, no lo vieron, ¿cierto?
Y tenía esas extrañas lágrimas.
La pregunta es: ¿Cómo consiguieron a Jack?
— No tienen conexión — siguió firme Max en su opinión.
— ¿Y cómo llamarías a eso?
— protestó Lucas.
— Las tragedias pasan todo el tiempo — se sentó en el piso.
— Dejan de ser tragedias cuando el grupo de niños que vio alguna cosa empieza a morir en días designados — explicó Lucas.
— Más personas están muriendo, Lucas — respondió Max.
— Quizás ellas también vieron a su propio fantasma — intervino Aslan —, y quizás todas ellas han muerto de la misma manera.
— No podemos decir que algo así es verdad — opinó Lucas.
— Caso noventa y uno, noventa y dos — murmuró Max.
Aslan y Lucas se vieron las caras sin entender qué había dicho.
— Eso decía la caja que Leonard puso bajo la mesa allá afuera, eso decía en los papeles que sobresalían de abajo del puesto del copiloto en la patrulla — volteó a verlos —, y supongo que de eso hablaba Leonard en el mensaje que leí sin querer del celular de Kevin mientras dormíamos.
Aslan y Lucas se volvieron a ver las caras confundidos.
— Explica lo del mensaje de nuevo — pidió Aslan.
— Hoy, ya cuando estábamos durmiendo, me desperté en la madrugada y fui a la cocina por agua.
En la cocina estaba el celular de Kevin que se encendió con un mensaje de Leonard.
Decía que tuviera cuidado, habían abierto un caso que, por lo que rumoreaban, podía ser igual que el del 92.
— ¿El del 92?
— preguntó Lucas sintiendo su corazón golpear fuerte su pecho.
— Sin esa información no podemos deducir nada — quiso aligerarlo Aslan.
— Esa información no salvará a Mac, si lo que decimos es cierto — comenzó a transpirar.
— No sabremos hasta que veamos qué hay dentro de esa caja — explicó Lucas.
— ¿Y qué pretendes hacer con eso?
¿Cómo la conseguirás?
— preguntó Max alterado.
— Vamos a robarla — contestó Lucas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com