El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 18
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18: Capítulo 16.
18: Capítulo 16.
— ¿No te cansas de meterte en problemas?
— le respondió Max volteando levemente hacia él.
— Aún no nos hemos metido en problemas — le agregó Lucas sin mirarlo.
CAPÍTULO XVI.
Divide Y Vencerás.
En ese preciso momento se escuchó la puerta de la entrada abrirse.
Los tres miraron en esa dirección.
— ¿Norah?
— preguntaron en coro.
— Espero que a esto lo llamen tocar fondo — ironizó observando que todos estuvieran bien.
Detrás de ella entraron con la misma prisa Marco y Ele.
— ¿Ele?
— intervino Max levantándose.
— ¿Estás bien?
— preguntó de vuelta yendo hasta donde estaba él — ¿Estabas llorando?
Max asintió con lentitud.
— ¿Te hicieron algo?
— susurró.
— Jack murió — le susurró de vuelta.
La madrugada en la cabaña, 5:30am.
Incomoda por dormir rodeada de tantas personas, Ele seguía dando vueltas en su colchoneta sin poder reconciliar el sueño.
Sí había logrado dormir, pero le pareció ver las luces encenderse y estaba inquieta.
Se levantó con cuidado por un vaso de agua y notó que Max no estaba en donde se había quedado dormido.
Había pasado como una hora después de que Aslan y Marco terminaran su juego, no creía que él ya estuviera despierto porque sí.
De vuelta con su misión, pasó con cuidado por encima de todos y cuando cruzó a la cocina, sintió el viento frío que se colaba por la puertilla del segundo piso abierta.
Curiosa vio hacia arriba y salió a inspeccionar.
Al salir dio con quien esperaba.
— ¿Max?
— terminó de salir.
El clima cambió de un calor reconfortante a un frío nocturno.
Cruzó los brazos y siguió hacia él.
— ¿Te desperté?
— preguntó volteando.
— Quería agua — llegó hasta a su lado —.
¿Qué haces aquí?
— Me desperté por agua — miró al frente.
— ¿Y subiste hasta aquí?
— bromeó intentando dar con su mirada.
En cambio, Max siguió con la mirada seria y distante.
— ¿Qué pasó en realidad?
— No duermo bien, es todo — buscó levantarse, pero Ele en un movimiento rápido lo tomó de un brazo.
— Llevo dos meses junto con ustedes, ya sé cuándo todos mienten — buscó mirarlo a los ojos de nuevo.
Max se sentó, a pesar de que iba en contra de su voluntad.
— Ele — el viento sopló logrando hacer que Ele buscara pegarse más a Max.
— Hace frío — agregó.
— Claro, bajaré a buscar algo…
— No — interrumpió —.
¿Qué me decías?
— Te lo diré cuando vuelva — insistió Max.
Ele agarró su brazo y lo pasó por detrás de su nuca.
Se acercó más hasta que quedó cómoda junto a él.
Max, impresionado por todo lo que había pasado, se mantuvo inmóvil buscando no incomodar.
— Continúa — retomó Ele viendo al frente.
— Claro — aclaró la garganta y miró de vuelta al frente —.
Tuve una pesadilla, una recurrente donde estoy en casa y hay una reunión de extraños, no reconozco a nadie al comienzo, pero…— guardó silencio.
— Todos hemos tenido alguna primera vez para todo — respiró profundo —, esta puede ser la primera vez que confíes en mí.
Volteó a verlo y consiguió que él también buscara verla a los ojos.
«A veces solo necesitó ver a alguien a los ojos y saber que puedo confiar en esa persona», recordó Max antes de seguir su relato.
— Cuando logró reconocer a alguien, siempre es uno de los amigos de Mac que…
— hizo otra pausa.
Ele no necesitó que terminara la frase.
Se separó un poco y aún con la mirada en sus ojos le preguntó otra cosa.
— ¿A quién viste esta vez?
— interrogó.
— A Jack…
Comisaría de Pensiwell, actualidad…
Ele soltó los barrotes.
Asustada, dio unos pasos lejos de Max, pero no le quitó la mirada de encima.
— Lo que sea que haya pasado — dijo Norah notando el leve comportamiento de Ele —, lo hablaremos afuera, todos — vio a los muchachos.
Ya por fin iban en camino a Delycyas cuando Lucas, que se mantenía pendiente, logró atinar qué auto los perseguía.
— ¿Pasa algo?
— le preguntó Marco viéndolo por el espejo retrovisor dentro del auto.
— Dijeron que estaríamos en observación, no me imaginé que nos iban a perseguir — respondió buscando el auto por el retrovisor.
Norah buscó por el retrovisor de su puesto.
Aslan, Max y Ele voltearon atrás y Marco hizo lo mismo que Norah.
— ¿El naranja?
— preguntó Aslan.
— Sí — afirmaron entre todos.
— Perfecto — se quejó Aslan sentándose derecho otra vez —.
Somos los asesinos.
— No digas eso — reprochó Marco —, es un malentendido.
— Que se pudieron ahorrar — agregó Norah buscando dónde estacionar.
— Aún no, Norah, aún no puedes tocar ese tema hasta que estemos todos — ironizó Aslan, que estuvo en desacuerdo con la propuesta.
— Solo no quieres que esté Kevin — Norah frenó el auto.
— Tú quieres que esté — le discutió.
— ¿Algún problema con eso?
— replicó Norah volteando hacia él.
— No quiero escuchar eso — intervino Ele —.
¿Puedes salir, Lucas?
Lucas no dijo nada, solo abrió la puerta y salió junto con ellos.
Marco salió poco después de ver a Norah y Aslan a la cara.
— Trato de cuidar a todos y tú…no dejas de darle ideas estúpidas a Lucas — reprochó Norah sentándose derecha.
— Somos todos lo suficientemente grandes como para saber que si hacemos las cosas, es porque queremos — contestó —.
No necesitamos tu cuidado, necesitamos tu ayuda.
— ¡¿Para qué?!, ¿para que todos quedemos en una celda?
— tomó la manilla —.
Somos adolescentes, no salvamos el mundo, no resolvemos casos, no somos nada importante.
Ayudamos a cooperar y no meternos en donde no nos llaman.
— Explícale eso a Lucas, perdió a sus padres por una situación en la que no hicieron nada — se acercó hasta su puesto —, y casi pierde a su hermana por algo parecido.
— Ayúdame a explicárselo.
Querer apoyarlo está bien, pero como amigos, como verdaderos amigos.
Sabremos decir que no cuando quiera saltar de un risco sin darse cuenta.
Aslan se quedó callado y dejó caer su cabeza contra el asiento de Norah.
— ¿Me ayudarás?
— siguió.
— Esta mañana era una basura, ¿por qué no lo soy cuando Kevin no está?
— le contestó él.
Norah bufó y abrió la puerta para salir.
Antes de que pudiera siquiera alejarse de su puerta, Aslan salió y se cruzó en su camino.
— Haré lo que dices — captó la atención de Norah —.
Pero dime, ¿Qué harás cuando esto caiga encima de nosotros?
— Nada va a pasar — le protestó antes de escabullirse.
— ¿Qué harás?
— se fue detrás de ella.
Norah ignoró lo que él dijo y fijó su mirada en la entrada del centro comercial.
Frustrado, azotó la puerta.
Detrás de ellos en la vía, aquel auto naranja siguió su camino.
La campana del froloyolo sonó, y los más jóvenes vieron con desprecio a quienes entraban.
— Ya entiendo por qué Kevin no pedía nada — susurró Valentine cerca de Camila —.
No parecen estar felices.
Camila volteó a verla.
— No te pregunté — se alejó dejando a Valentine indignada por su respuesta.
Kevin vio cómo todos se sentaban alrededor de la mesa en la que él estaba.
Norah, quien fue la última en tomar asiento, fue la primera en hablar.
— Bien, ya es hora que hablemos claramente sobre todo — dijo acomodándose los lentes.
Preparatoria Pensiwell…
—¡Mierda!
— se desahogó golpeando la puerta de uno de los baños.
Abrill lo vio seguir dando vueltas y cómo golpeaba más cosas.
— No te servirá de nada destruir el baño — intervino.
— ¡Robert murió!
— le protestó de vuelta —, ¡y somos sospechosos!
Lo haré si hace falta — se dio la vuelta y esta vez se jaló del cabello antes de patear otra puerta.
— ¡Ya!
— gritó Ibel subiendo la mirada —.
Patear puertas como un estúpido no va a revivirlo.
Dejá de colmar mi paciencia.
— Oh, perdóneme su majestad no sabía que era su primera vez en la que se llenaba las manos de mierda — refutó Nick dándose vuelta.
— Nicky — susurró Sofía limpiando sus lágrimas.
— ¿Qué intentas decir?
— se levantó Ibel.
— ¿No sabes?
— miró a Abrill —.
Estoy seguro de que ella tampoco lo sabe, nos lanzó al infierno y corrió cuando lo vio necesario.
— Nick, no es el momento para decir estupideces — siguió Sofía.
— No, ¿no sabes que no es casualidad que Abrill no estuviera con nosotros ayer?
— miró de nuevo a Abrill —.
Su secretito mató a Robert.
En cuestión de segundos Ibel se abalanzó en contra de él y lo pegó a la pared del final del baño agarrado de la camisa.
— ¿Qué tan lejos eres capaz de llegar por salvar tu pellejo?
— preguntó Ibel sosteniendo con fuerza la camisa.
— Soy capaz de decir lo que Robert no quiso.
Fue una mala idea creerle, fue una maldita mala idea seguirla, tú y Abrill nos llevaron a esto…
— Ibel, déjalo — pidió Sofía intentando separarlos —.
Abrill, ayúdame — regañó, viendo cómo Abrill se mantenía en shock.
— Haz lo que tengas que hacer — siguió Nick —, ¿seré carnada también?
Ibel apretó la camisa con más fuerza y sintió la tentación de golpearlo, pero escuchó a Sofía y lo soltó de golpe.
— Sácalo de aquí — mandó Ibel apartándose de Nick —.
Que hable estupideces en otra parte.
Sofía buscó agarrarlo, pero Nick con la mano la empujó lejos de él y salió del baño.
— Iré a cuidar de que no diga algo estúpido — agregó Sofía saliendo tras él.
Ibel abrió el grifo de uno de los lavamanos, juntó sus manos y comenzó a echarse agua en la cara.
— Tengo que decirle a los chicos — susurró Abrill.
Ibel la ignoró y siguió con lo suyo.
— Podrían ser los siguientes si no les digo nada — explicó.
— ¿Por qué no le dices a la policía de una vez?
— cerró el grifo, y se recostó de una de las paredes cerca.
— Ibel — protestó —.
Si siguen sin saber lo que pasa, podría ser peligroso para ellos, depende de mí decirle…
— ¿Por qué piensas que ellos siguen?
¿por qué no sales y le gritas al pueblo entero para que todos se vayan en cuanto puedan?
— preguntó.
— ¿Qué mierda dices?
— cayeron algunas lágrimas por sus mejillas.
— Tu club de inadaptados no es lo más importante que hay, muchas otras personas corren peligro y tú solo piensas en lo que te beneficia — respondió.
— Stevens, ¿puedes dejar esa idiotez de lado y pensar?
— señaló su cabeza con uno de sus dedos —.
La policía piensa que tuvimos algo que ver con Robert, ¿y quieres que les diga que un monstruo de mi armario es el culpable?
Ni siquiera tú creíste en mí…
— Ese fue mi error, creer que de verdad estabas confiando en mí.
Qué de verdad estuve en la lista de personas que te importaban.
Cuando en realidad solo necesitabas alguien que muriera en lugar de Lucas — se separó de la pared —.
Vendrías anoche, tenías que estar aquí junto con Robert, ¿Dónde estuviste?
El silencio se adueñó del lugar.
— ¡Dime!
— le gritó, pero Abrill se mantuvo en silencio y comenzó a llorar —.
Ya me cansé de salvarte.
Púdrete y llévate al hoyo a tu amado grupo.
Con un nudo en la garganta la dejó sola en el baño y finalmente estaba decidido a hablar.
Diría la verdad que conocía, una verdad que solo ellos parecían haber descubierto.
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