El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 19
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19: Capítulo 17.
19: Capítulo 17.
Dos meses antes de la muerte de Robert, noche del maratón.
Casa Warlen, 2: 14 AM.
— Necesitamos vernos, en serio — insistió ella aguantando las ganas de llorar.
— Walker, debes tranquilizarte — repitió —.
Cuéntame de nuevo qué viste.
— Ya lo hice dos veces, Ibel — regañó ella susurrando su nombre al celular.
— ¿Y por qué no llamaste a la policía?
— No me creerían, Ibel, por favor, tómalo en serio.
— Me cuesta, Abrill, es que no tiene sentido.
— Lo sé, lo sé — dejó caer varias lágrimas —.
Pero necesito verte, en serio.
Reposó su cabeza levemente contra el granito de la isla de la cocina.
CAPÍTULO XVII.
Todos Tenemos Secretos.
Al día siguiente, Delycyas.
— Pensé que traerías gafas oscuras y una gorra que tapara tu cabello — ironizó Nick sacándole una sonrisa a Robert.
— Nos ven juntos todos los días en la preparatoria — respondió Abrill sentándose frente a él.
—En la preparatoria — resaltó.
Abrill miró detrás de ella, pero no notó algo fuera de lo común.
“El Delycyas restaurante”, un lugar donde los que podían hacerlo iban a mostrar sus riquezas y lujos.
El restaurante se pasaba increíblemente lleno.
Ese día en especial no había un poco más de cinco personas.
— Tú, solo — susurró Abrill a Ibel acercándose a él.
— Le dijimos lo mismo — habló de nuevo Nick —, pero él insistió — tomó del vaso que tenía al frente.
Abrill rápido volteó hacia Ibel.
— ¿Puedes explicarle a ellos?
— preguntó Ibel mirándola a los ojos.
Robert y Nick pasaban su mirada de Abrill a Ibel.
— Por favor — insistió Ibel, poniendo su mano por encima de la de Abrill.
Aún poco convencida, volteó y comenzó a explicarles cada detalle de lo que había vivido.
Habló del auto detenido en la carretera, incluso nombró cuando su celular se le cayó en el puesto del copiloto, tomó unas cuantas pausas describiendo el cuerpo sin vida que estaba dentro de dicho auto y algunas lágrimas salieron solas cuando hizo silencio antes de hablar de la persecución que tuvo.
Detenidamente observó la cara de ambos luego de terminar, claramente se notaba su escepticismo con su historia.
— Fue una pésima idea — se quejó Abrill levantándose de su silla.
Ibel con agilidad le agarró la mano.
— No tienes por qué irte — dijo Ibel sosteniendo su mano con fuerza.
— ¿Es una broma?
— jaló su mano hacia ella, pero no pudo soltarse —, ni siquiera tú me crees.
— Ni el grupo de imbéciles con que te la pasas creería algo como eso — intervino Nick —.
Porque si esto en realidad es tan importante, de seguro ya ellos lo saben también, ¿no?
— No tiene caso de hablar de eso — se quejó Ibel.
— ¿Por qué a nosotros y no a la policía?
— preguntó Robert sumándose a la conversación.
Abrill nuevamente jaló su brazo.
— No tiene caso intentar explicárselos — de nuevo forcejeó con Ibel, pero esta vez decidió soltarla.
— Brill, mírame — dijo mientras ella acomodaba la silla —.
Debes entender que no es tan fácil de digerir.
Somos unos idiotas, que realmente te quieren ayudar, pero para creerte necesitamos que nos ayudes.
Abrill les dio otro vistazo.
— ¿Quieren creerme?
— Explícate — siguió Ibel sentándose de nuevo.
— Creo yo que ya explicó lo suficiente — agregó Nick.
— ¿Lo suficiente para qué?
— le preguntó Robert volteando a verlo.
— Lo suficiente como para que sea una jodida broma — Ibel con frustración se tapó la cara con ambas manos por un segundo.
— ¿Por qué?
—replicó Ibel.
Nick sonrió con ironía mientras veía las caras de Abrill e Ibel.
— Hay tantas respuestas a esa pregunta que parece estúpida.
Ella está queriéndonos convencer de que después de todo eso simplemente se fue hasta casa de Thompson y luego fingió que nada había sucedido.
Robert miró a Ibel, que a su vez, miró a Abrill.
— Explícanos — dijo Ibel cruzándose de brazos mientras se reclinó en la silla.
— Tuve miedo y sólo corrí, más de lo que lo había hecho en la vida.
Tanto que cuando sentí que mi respiración menguaba, seguí — respondió mientras que sus ojos se perdían en el suelo.
Nick bufó.
— Así facilitas eso de creerte.
— ¿Puedes dejar de ser un imbécil por un momento?
— replicó Ibel volteando para verlo.
— Ibel, es difícil simplemente creerle — le contestó Robert —.
Es imposible que simplemente a esa hora de la noche haya conseguido un cuerpo destrozado a mitad de la calle.
— ¿Alguna vez has visto un asesino actuar?
— siguió Ibel —.
Los videos en los que pierdes todo el día no cuentan.
— Son sitios confiables — recalcó Robert.
— Lo está diciendo por alguna razón, ¿Qué ganaría con mentirnos?
— la defendió Ibel, haciendo caso omiso de lo que había dicho Robert.
— Un momento, ¿literalmente corriste a casa de Thompson?
— recordó Nick, a esa pregunta Abrill simplemente no respondió —.
¿No ibas en auto?
Ibel suspiró y viéndola, le respondió a su duda.
— Hay algo que aún falta por contar.
— ¿Qué?
— interrogó Nick.
El auto frenó lentamente al llegar al lugar; el viento movía la copa de los árboles y el sol brillaba en lo alto.
Casi al mismo tiempo todos voltearon para ver el bosque que rodeaba la calle.
Mientras Ibel apagaba el auto, Nick y Robert abrieron las puertas para salir.
— No te vayas a desmayar —ironizó Nick.
Ibel simplemente sacó la llave y volteó para ver a Abrill que permanecía con su mano en la manilla de la puerta.
— Estaremos bien — posó su mano en su rodilla y ella finalmente le regaló una sonrisa.
Ibel no había terminado de cerrar la puerta cuando Robert ya se había dado cuenta de que según el entorno no iba con la historia de Abrill.
— ¿Por qué estás viendo el asfalto?
— cuestionó Nick dando unos cuantos pasos hacia él.
— Ella dijo que la sangre bañaba la calle y que pasaba por debajo del auto — se levantó aún observando todo a su alrededor —.
Según ella, este también es el lugar y pues, no hay nada.
— ¿Creíste en eso?
— insistió en su pregunta.
Robert le respondió levantando sus hombros y llevó su mirada hacia Ibel y Abrill que iban en camino.
Asimismo, Nick se dio la vuelta para comenzar a hablar otra vez.
— No hay nada — les dijo —, ni sangre, ni vidrios, ni siquiera algo sobre tu auto o sobre tu fantasma — se metió las manos en los bolsillos —.
¿Cuál será la excusa ahora?
El corazón de Abrill empezó a latir muy rápido.
Miró hacia el bosque de ambos lados e incluso se movió buscando algún indicio sobre lo que le había sucedido la noche anterior, pero no había nada.
Nick tenía razón, parecía que todo aquello que pasó había de alguna forma desaparecido.
Estresada y asustada, comenzó a negar con la cabeza y a susurrar alguna cosa.
Los recuerdos de esa noche le bañaron la mente.
Donde tenía que estar el auto, le pareció verlo.
Vio la sangre caer de la puerta.
Escuchó su auto arrancar con fuerza detrás de ella y ahí se dio cuenta de algo importante.
— ¿Y ahora nos dirás la verdad o seguirás con la estupidez?
— le preguntó Nick a Ibel.
— ¿No sabes callarte nunca?
— respondió yendo hacia él de manera poco amistosa.
— Chicos — se metió Robert en medio de ambos —, ¿ahora?
Por favor.
— Dime, Nick, ¿por qué mentiría?
— se aferró de nuevo Ibel en esa pregunta, que a pesar de usarla de argumento para poder defender la posición de Abrill, él también se preguntaba lo mismo.
— Eso es una buena pregunta.
¿Quieres responderla, Abrill?
— cuestionó en voz alta.
Fue eso lo que hizo que Abrill finalmente pudiese volver al momento en el que estaban.
— Choque con unos árboles más adelante — se volteó hacia ellos —.
Cuando entré al bosque, choqué con uno o dos.
Podemos conseguir vidrio allá.
Nick se carcajeó con ironía después de escucharla y se cruzó de brazos esperando que alguno de los otros le dijera algo.
— Si me acompañan, verán que es verdad, verán que digo la verdad — miró a cada uno de ellos con desesperación.
Ibel, que la miraba con atención, se dio cuenta de las miles de cosas que le estaban pasando por la mente.
La conocía, incluso más que su familia, eso hizo que desde un momento un cariño sin control creciera por ella.
Quería ayudarla a pesar de todo, creía en ella.
Peo, por su mente pasó la sensación de que habían llegado tarde para ver algo, o que quizás realmente no hubo nada nunca.
Dos meses después de la muerte de Robert, Actualidad; heladería Froloyolo.
— Bien, ya es hora de que hablemos claramente sobre todo — dijo acomodándose los lentes.
— Dijiste que debíamos estar todos y Abrill aún no llega — ironizó Lucas cruzado de brazos.
Norah respiró profundo antes de responder, pero Kevin logró robarle su momento de hablar.
— Ninguno debe estar amarrado a este grupo — con su respuesta, la mayoría se imaginó qué rumbo tomaría la conversación.
— Abrill simplemente no ha podido venir, Lucas, no hay que hacer tanto revuelo…
— Claro, pero para esperarlo — señaló a Kevin —, tuvimos que venir hasta acá — resaltó Lucas después de haber interrumpido a Norah.
— Estaban en una celda — intervino Ele de manera no brusca.
— Y aún así todos ustedes estaban ahí.
Díganme, ¿alguien aquí cree que Abrill se haya enterado?
— nadie quiso responder la pregunta de Lucas.
— Ese es el problema con todo esto — habló de nuevo Kevin —.
Para ustedes — señaló a Lucas y a Aslan —, el mundo gira a su alrededor.
Para ustedes ninguno tiene una vida, además de la suya.
¿Cuánto te pudo haber tapado la sombra de los demás como para que cuando alguno te dio atención te sintieras el centro de su vida?
— ¿De qué mierda hablas?
— intervino Aslan apenas Kevin dejó de hablar.
Marco hizo una mueca de confusión y Ele movió levemente su cabeza hacia un lado.
— ¿De nuestras vidas?
— preguntó Max dejando atrás el silencio que había querido tener.
A pesar del mal recibimiento que tuvo por parte de la mayoría, Kevin quiso mantener su punto.
— ¿En algún momento no se han cansado de ser los “raros”, los exiliados, los apartados?
Porque yo sí.
Me cansé de ser la última opción de todos por estar con ustedes.
Quiero salir a fiestas y quizás tomar algunos tragos…
— ¿Y por qué simplemente no lo haces y ya?
— preguntó Marco realmente confundido con todo.
— Porque por ser “uno de nosotros” nadie me toma en serio, nadie nos toma en serio — siguió.
— No te pedimos que estuvieras con nosotros — comentó Lucas.
—Lucas — buscó interferir Norah, pero Lucas siguió hablando.
— Pero sí fuimos nosotros en ese día en los vestidores del equipo de fútbol.
Fuimos nosotros quienes estudiaron contigo dos noches seguidas temas que no entendías antes de los exámenes finales.
Fuimos nosotros los que te ayudábamos a cargar a tu papá cuando se quedaba dormido borracho en alguna esquina.
¿Por qué cada vez que estuvimos cuando tuviste un problema no dijiste lo mismo?
Dices que te hemos arrastrado, pero eres tú quien cada vez que puedes nos has escogido a nosotros.
Si tuviera que arrastrar a alguien conmigo, tú serías la última opción.
Los ojos de Kevin se cristalizaron y lentamente se levantó de la silla.
— ¿A Abrill también le dirás eso cuando venga a decirte lo mismo que yo?
— dijo con un nudo en la garganta.
— Abrill me importa — respondió Lucas viéndolo a los ojos.
Kevin sonrió levemente.
— ¿Tú le importas?
Lucas se levantó de una manera bastante brusca y buscó golpear a Kevin, que rápidamente fue movido por Norah para alejarlo de él.
Asimismo, Aslan y Marco detuvieron a Lucas.
— Váyanse — mandó Marco después que Lucas hubiese sido arrinconado por Aslan —.
Váyanse y llévenselos de aquí — Aslan se quedó viéndolo por un momento —.
No puedo permitir que hagan este tipo de cosas aquí, largo.
En silencio las personas alrededor vieron cómo el alboroto se calmó.
Kevin fue arrastrado a la salida por Norah y Aslan se llevó a Lucas agarrado de un hombro.
Camila, Valentine y los comensales los siguieron con la mirada y cuando ya habían salido de la tienda, devolvieron sus miradas hacia Marco.
— Disculpen por el inconveniente, no sucederá de nuevo.
Sigan disfrutando del postre — volteó para ver a Ele, pero ella estaba concentrada en Max, que perdido veía el mantel de la mesa —.
Ele, a trabajar — murmuró luego que todos siguieran con lo suyo.
Ele posó su mano sobre el hombro de Max y con eso lo sacó del trance en que estaba.
Él volteó a verla, pero antes de que pudiese decirse algo, Marco la llamó de nuevo.
Finalmente ella le hizo caso y dejó solo a Max en la mesa.
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