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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 2

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2: Capítulo 1.

2: Capítulo 1.

— Salida, salida — repitió buscando los letreros que los habían llevado hasta ese lugar —.

Vamos, necesito salir de aquí…

No muy lejos le pareció ver un cartel más.

Cruzó el pasillo en ruinas hasta dar con el mapa que necesitaba.

Leyó cada dirección cuidadosamente mientras que con su dedo tembloroso se guiaba por los pasillos por donde según había pasado antes.

— Bien — sintió felicidad al encontrar la dirección de la próxima salida.

Antes de dar un paso más, escuchó el sonido que le había causado pesadillas durante semanas, esa respiración raposa y rápida que escuchaba donde fuese sin importar que las alarmas sonaran con fuerza.

Apretó ambos puños con fuerza y lento miró a su izquierda.

Ahí estaba aquella silueta oscura que lo había perseguido antes y estaba detrás de él una vez más.

Sonrió y en un instante salió corriendo con todas las fuerzas que le quedaban.

Estaba cansado, golpeado y asustado, pero no se frenaría de nuevo.

Tenía que terminar con todo.

Las bombillas blancas se encendían y se apagaban, pero gracias a las opacas luces rojas de los faros de emergencia que quedaban lograba guiarse por entre los pasillos.

Sabía que iba detrás, lo escuchaba y sentía la vibración de sus pasos retumbando detrás.

Un descuido podía ser el final.

Y así fue, un pequeño desliz y sus piernas fallaron terminando con la cara contra el suelo.

EL CLUB DE LOS CHICOS RAROS.

De: G.S.

El sol ya secaba el rocío de los techos de la pequeña ciudad de Pensiwell, que se sentía más fría que de costumbre.

El cielo estaba parcialmente nublado.

Las lluvias comenzaban a darle la bienvenida a las fechas frías del pueblo.

Las brisas heladas movían las hojas tiradas en los patios y calles como si jugara con ellas.

Con tal clima, estar cómodo en cama parece ser la mejor opción.

Eso pensaba Lucas intentando conciliar el sueño dando vueltas en su cama.

— ¿Quién abrió esa ventana?

— se dijo terminando de despertarse.

Se tapó la cara para poder evitar el sol en sus ojos.

En esa milésima de segundo fragmentos de la pesadilla que lo había despertado a plena madrugada invadieron su mente y rápido se quitó la sábana de la cara.

Poco después de eso su puerta se abrió de golpe dejando pasar el fuerte sonido de una alarma despertadora.

Del salto que dio al asustarse quedó sentado en su cama.

— ¡Buenas!

— dijo fuerte Marco entrando con una sonrisa —.

¡Es hora de despertar, feo durmiente!

— ¿Puedes bajarle a esa cosa?

— le reprochó Lucas suspirando fuerte.

— ¿Qué?

Es un hermoso día afuera — señaló a la ventana —.

Pensiwell, te dice hola — le sonríe guiñándole un ojo.

Lucas entendió de quién se burlaba, pero solo se limitó a fruncir el entrecejo y a tirarse sobre su espalda.

Su amistad era buena y fuerte, contaba con muchos años de crecimiento, pero de vez en cuando Marco lograba sacar de quicio a Lucas con alguna de sus bromas como despertarlo tan temprano en la mañana (a pesar de que solía hacerlo todos los días).

— ¿No puedes ir a dormir como alguien normal?

— se tapó la cara con una de sus almohadas —.

Nadie va despertando a personas con una corneta por ahí…

Iba a mitad de su elaborada respuesta cuando su colchón se inclinó.

Rodó con todo y sus sábanas al suelo frío.

— Mier-da — protestó poniendo la frente contra el piso.

Al cabo de unos segundos se terminó dando la vuelta aceptando que no podrá seguir durmiendo tranquilo.

Vio a Marco pararse frente a él con una sonrisa y esa corneta con el ruido irritante.

— A veces te odio — lo insultó en voz baja — ¡Bien, tú ganas!

— levantó ambos brazos y subió un poco la cabeza para llevar la mirada a su amigo —.

¡Apaga eso!

— Ya, por favor — respondió Marco dándole con su pie en el estómago —, deja de quejarte — apagó su pequeña corneta roja — Hay prepa, tuvimos tiempo para descansar la semana pasada…

— No hay prepa hoy — interrumpió.

— Claro que sí.

Es martes — respondió.

— Es sábado — insistió.

— No — Lucas se levanta rápido y cruzando por encima de su cama llegó a la mesa de noche donde estaba su celular —.

Ayer fue lunes, ¿Cómo podría ser hoy sábado?

— bufa sentándose en la cama.

Marco tenía razón y esto no era una buena noticia para Lucas.

«El equipo de fútbol» recordó con amargura su compromiso.

Unos días antes el director, junto con el entrenador, le había pedido que le tomara algunas fotos a la última reunión del equipo.

— Debemos correr — apresurado corrió a su baño.

— ¿Ah?

Tenemos algo de tiempo para llegar, no…

— ¿Recuerdas que una parte del equipo de fútbol se va a la universidad?

— interrumpió de nuevo Lucas.

Marco duró un poco recordando mientras caminaba al escritorio que estaba pegado a la pared del baño.

— Sí, supongo — finalmente contestó, mientras jugaba con un pequeño paquete de hojillas vacías.

— Debía estar ahí en veinte minutos.

— Oh — lamentó Marco dándose cuenta de la razón de tanta prisa —.

Bajaré para conseguir algo de comer.

— Luego de eso saldremos corriendo a la preparatoria — siguió Lucas desde el baño.

— ¿Correr?

¿Y las bicis?

— preguntó de pie.

— No literal — hizo una pausa —.

Ve, ya.

Finalmente Marco se resigna.

Pero no baja si antes de encender de nuevo la corneta.

Sonríe y cierra la puerta.

— Está bien, Marco, está bien — se quejó Lucas enjabonando su cabello.

Alrededor de diez minutos después, Lucas bajó poniéndose la manga derecha del suéter que se había puesto el día anterior; intentando ordenar su desordenado cabello que se pegaba a su frente por lo mojado que estaba y queriendo cerrar su mochila en donde había metido cuadernos sin control; pero no lograba ninguna.

Su cámara guindaba de su cuello moviéndose de un lado a otro.

La fotografía había llegado a él gracias al sueño frustrado de su hermana.

Por complacerla, vio todas las clases que pudo para lograr hacerlo bien.

Cruzó al pie de la escalera para ir hacia la cocina.

— Bien, creo que tendremos que esperar hasta el almuerzo para comer algo, quizás Norah nos preste algo de dinero y así compremos algo — caminó hasta la cocina —, puedo llevar algo de pan frío — husmeó la nevera —.

No estará mal.

Debemos irnos, según lo que he calculado, si podemos llegar a tiempo aún.

Si corremos, llegaremos — guardó una bolsa de pan de sándwich en la mochila.

En lugar de una respuesta, obtuvo el delicado sonido de un pan crujiente al ser mordido.

Marco estaba del otro lado del muro (que separa la cocina del comedor) sentado tranquilo, comiendo a gusto y concentrado en la pequeña tv de los noventa que estaba en una esquina del comedor.

— ¿Marco?

— lo notó tranquilo — Oye, ¿Marco?

— insistió, pero el distraído Marco lo mandó a callar — Pero…

¿Por qué comes un sándwich?

— no respondió —.

¿Me hiciste uno al menos?

De nuevo, ni una palabra del desinteresado Marco.

Se inclinó un poco para intentar ver por qué tanta concentración en aquella pantalla.

“Robo al banco central, termina en masacre”.

La impactante noticia ha ocurrido en la ciudad vecina, que a pesar de lo inusual que parecía, se quedaba pequeña frente a otras cosas ocurridas en esa misma ciudad.

— Demonios — susurró antes de tomar una manzana y lanzársela.

— Oye — reclamó Marco al sentir el golpe en su espalda.

— Vamos tarde, muy tarde, y solo haces…

¿Qué haces?

Se volteó en la silla.

— Termino mi trabajo de química y veo algo de tele —le contestó muy tranquilo.

«¿Otra de sus bromas?» pensó Lucas mientras quedaba en blanco para responderle.

Prefirió ignorarlo.

En silencio pasó por encima del muro que los separaba.

— Bien, haz lo que quieras, yo tengo que irme — le pasó por un lado y apagó la vieja tele.

— ¡Ey!, me perderé las imágenes de cómo quedó el banco.

— Recoge tus cosas, olvidé despertar a Gabriela — se lamentó sabiendo que perdería más tiempo —.

Cuando baje, necesito que estés listo para irnos.

Y quiero mi sándwich.

Acomodó la mochila en su espalda y de vuelta en el segundo piso cruzó todo el pasillo hasta la habitación de su hermana.

Abrió con cuidado la puerta y con la misma delicadeza cruzó el cuarto para abrir las ventanas.

— Gaby, es hora de despertar — volvió a la puerta —, debes ir a casa de los Smith, te deseo suerte este lunes.

— Pensé que era martes — sonrió al corregirlo —.

¿Quién hubiera pensado que terminarían así mis años de estudiar medicina?

— Nadie — dijo viendo a su hermana estrujándose los ojos —.

Mamá y papá no lo creerían — sonríe levemente —.

Voy súper tarde, cuídate.

Antes de que cierre la puerta, ella habló una vez más.

— Papá me daría charlas motivadoras — se sentó en el filo de la cama —, y mamá solo buscaría alguna manera de sacarme de allí — Lucas se frenó para terminar de escuchar—.

La extraño.

— Yo también — miró las fotos de sus salidas, vacaciones y reuniones, enmarcadas guindando en las paredes del pasillo —, a ambos.

Lástima que este sucio pueblito nos lo quitó.

— No es un pueblo, Lucas — se estira —.

Pensiwell es más una pequeña ciudad.

— Lo dices como si importara.

Se los llevo a…

Voy tarde, cuídate — respondió serio.

— Antes amabas este pueblo — volteó a verlo —, así como lo llamas — notó que no le causa gracia —.

Lucas, no debes atarte a cadenas que no son tuyas…

debes dejarlo ir.

Un silencio momentáneo pone fin a la conversación y sin voltear, Lucas se despidió de su hermana.

— Cuídate — cerró la puerta.

Desde las escaleras se podía ver su sala: donde se encontraba Marco cómodo en el sofá viendo el noticiero en el televisor plasma, recién comprado.

— Marco — dijo agitado por andar corriendo de un lado a otro —, andando.

Sin responder, se levantó, tomó sus cosas y salió junto con él.

— Me gusta la nueva tele — comentó tomando su bici, Lucas le respondió asintiendo.

El llanto de la vecina que iba con unas hojas de papel en las manos los alarmó.

Acompañada de su hijo pegaba a los postes carteles de se busca de su mascota.

Ambos se quedaron viendo la escena por unos segundos.

— Otro — susurró Marco.

— Vamos — respondió Lucas levantando la bici y montándose en ella.

Un peculiar asunto estaba oscureciendo a Pensiwell desde hacía unos dos meses.

Al parecer, cada cierta cantidad de días un gato desaparecía sin retorno.

Ya luego de unas horas aparecían sus cuerpos desmembrados y envueltos en sangre.

A pesar de contar con una pequeña sociedad animal, los acontecimientos estaban impactando a la comunidad que se mantenía abierta a rumores tan descabellados como el ocultismo o sectas.

La pequeña “manchas” fue la primera en perderse en esta zona.

Lucas tenía la fortuna de vivir a unas pocas calles de la preparatoria y contaba con un atajo por el bosque que lo llevaba justo a la entrada sin mucho esfuerzo.

Este aventón se encontraba al final de su calle.

— Las cosas en Denwer tienen nerviosos a todos — habló Marco notando unas patrullas cruzando la esquina no muy lejos de ellos —.

Incluso a Alois y Oddysey’s que están a kilómetros de aquí.

Lucas cruzó miradas con uno de los policías.

Enorme cansancio y de alguna manera un sentimiento de molestia eran lo que resaltaban en sus ojos caídos.

— ¿Y Beylen?

— respondió fijando su vista al frente.

— ¿Nerviosos ellos?

¿Qué nos dice que, lo que sea que pasa, no es gracias a ellos?

Entre tanto, llegaron al bosque.

Uno de los lugares más activos de aquella vieja ciudad, que mantenía su ambiente fresco y saludable.

Los árboles viejos rechinaban con el viento mientras sus hojas cubrían cada espacio en el suelo.

Estar dentro de él te desconectaba por completo de la pequeña ciudad olvidada que lo rodeaba.

Su vegetación no era única y mucho menos especial, pero aún así era el mejor lugar del pueblo para pasar una tarde en total soledad.

Sin importar las historias y fábulas inventadas por los ancianos, era uno de los lugares más transcurridos por algunos jóvenes del pueblo.

Era tan grande que había espacio para cada estudiante de la preparatoria y aún así habría mucho más por recorrer.

— Bueno, nos vemos entre clases — se despidió Lucas asegurando su bicicleta en el estacionamiento frente a la preparatoria.

— Claro — se quitó rápido la mochila —.

No te estreses por todo, sonríe más y — la abre sacando el sándwich de Lucas —, no olvides comer.

Lucas asiente con una sonrisa tomando el sándwich.

— Algo me dice que será un día difícil.

Pero lo intentaré…

+++  — Está siendo uno de los peores — exclamó con sarcasmo sentado en uno de los pasillos con la espalda en su casillero.

Lamentaba enormemente no haber cargado su cámara un día antes.

Logró tomar las fotografías, pero una hora después de lo pautado y gracias a eso, llegó tarde a cada clase que tuvo que haber visto en el turno de la mañana.

Se le hacía costumbre irse a sentar de esa forma al sentirse derrotado.

No le importaba que lo miraran como un cuerpo sin vida a la mitad del pasillo.

Esa preparatoria hace unos cuantos años no era pública, por lo que al ser aprobada la entrada de cualquier estudiante sin importar su clase social, fue la calumnia para la clase alta de este lugar.

Este rechazo se notaba fácil entre ellos, llegando a niveles altos como el bullying.

Stay de Justin Bieber junto a The Kid Laroi suena con fuerza en sus oídos.

Cerró los ojos…ya desconectado de su entorno, sus labios comienzan a moverse solos y moviendo su cabeza lentamente en círculos siguió el ritmo.

Hasta que la fuerte patada en su pie lo sacó de su momento.

— Thompson, ¿puedes mendigar fuera de aquí?

Sé que sueles dar lástima, pero aquí no está permitido — ríe junto con otros dos que lo acompañaban —.

Los perros callejeros traen enfermedades — terminó de insultar, Ibel Stevens, que está de pie frente a él.

Lucas recoge su pie acomodándose.

Sin decir nada, sube la vista y con una sonrisa sarcástica le responde para cerrar de nuevo sus ojos.

— ¿No te vas a mover?

— agregó Nick Arlt insultado.

Intenta acercarse, pero es su amigo Robert quien lo detuvo al notar que la profesora de castellano estaba en su celular al final del pasillo.

— No hagas una de tus burradas hoy — regañó Robert Peterson, echándolo hacia atrás.

Lucas, sin poner mucha atención al asunto, siguió sentado escuchando su lista de reproducción, mientras que el trío de tarados buscaba disimular lo más posible.

Hasta que por desgracia, ya no había moros en la costa.

— ¿Qué hacemos contigo?

— se inclinó Ibel frente a Lucas.

Por casualidad abrió los ojos e instantáneamente lo levantaron de un solo jalón entre dos y empezaron a compartir ideas de dónde llevarlo para sacarlo de la vista de todos.

Lucas con miedo forcejeaba con toda la fuerza que tenía, pero el agarre y la fuerza de Ibel y Robert lo hicieron absurdo.

Justo al llegar a uno de los baños más distanciados de los salones.

Apareció en uno de los tantos pasillos el director Moris, que con mirar solo un momento hizo un análisis rápido de la situación.

— Bien, ¿Qué sucede?

— preguntó acostumbrado a conseguirlos a mitad de sus planes.

— Nada — habló rápido Robert después de darse una mirada con los demás —.

Estaba mareado y lo trajimos al baño — señaló el baño dejando libre a Lucas poco a poco.

Los demás asienten.

— Thompson, ¿es cierto eso?

— el director claramente sabía la verdad, nada era nuevo en esa escena.

Pero aún así cada vez prefería preguntar.

La paliza se podía decir que era segura, pero a Lucas se le hizo obvia la respuesta en ese momento, así no pensó mucho en qué pasaría.

— Sí…

es cierto — murmuró —.

No he comido bien hoy.

La mirada del director los analizó una última vez.

— Entre, Thompson — le hizo seña con la cabeza para que se moviera —.

Haga lo que tenga que hacer.

Asintió, Ibel lo soltó del brazo y levantó las manos con ironía, sonrió y se fue lento con su grupo por el pasillo.

Intentó no llorar por la ira, era nuevo eso, pero le desagradaba no poder evitarlo.

Se arregló la ropa antes de llegar al lavamanos, donde se quitó bruscamente los audífonos.

Cerró los ojos e intentó calmarse mientras llenaba sus manos de agua para lavarse la cara.

Los años pasaban y esto parecía ser un deporte para aquel trío de idiotas que lo habían molestado, golpeado y que se había burlado de él y su grupo cada vez que encontraban oportunidad.

Cegado por el rencor, dio un paso hacia atrás y con fuerza abrió la puerta del baño que le quedó al frente.

— ¡Mierda!

— exclamó apartando la vista tan rápido como pudo.

La chica semidesnuda se bajó del chico con quien estaba e instintivamente intentó tapar sus zonas íntimas.

— Disculpen — tartamudeó alejándose rápidamente.

— ¿Lucas?

— escuchó una voz conocida desde dentro del cubículo.

— ¡¿Aslan?!

— casi gritó regresando hacia el baño.

— No mires — regañó poniéndose frente a la chica.

Tantas cosas pasaban por la mente de Lucas en ese momento.

La chica se había volteado para que no le logrará ver la cara y dejo sus glúteos a la vista, mientras, su amigo no se terminaba de decidir si terminar de subir su pantalón o taparla a ella.

— ¡Lucas!

— reprochó Aslan al ver que Lucas solo se quedó observando todo.

— Lo lamento — se alejó de nuevo.

— ¿Qué haces aquí?

— preguntó Aslan saliendo detrás de él.

— ¡¿Cómo que hago aquí?!

— le discutió alterado —.

¡¿Qué estás haciendo, tú, aquí?!

El semidesnudo Aslan le hizo seña que baje la voz llevando su dedo índice a sus labios  — ¿Qué no es obvio?

— bromeó descaradamente.

Antes de que Lucas volviera a subir la voz, Aslan buscó taparle la boca con una de sus manos.

— No me toques — lo esquivó desafinando un poco —.

Moris está afuera, esta es la peor idea que se te ha ocurrido, Aslan, no…

— ¡¿Cómo?!

— Lucas tuvo el mismo reflejo para taparle la boca y Aslan en un movimiento rápido le quitó la mano —.

¿Por qué lo trajiste?

Lucas arrugó el entrecejo echando un poco la cabeza hacia atrás.

— ¿Yo lo traje?

— se señaló a sí mismo.

— ¿Heller?

— llamó la voz femenina de la chica desde dentro del baño —.

Ya quiero irme, ¿terminas o qué?

El silencio se adueña del momento por un segundo.

Lo que ayuda a Lucas a recordar un punto importante.

— ¡¿Ella?!

— Aslan de nuevo se dejó llevar por el reflejo e intentó taparle la boca, pero Lucas se movió rápido para no dejarse —.

¿Lisie?

¿En serio?

Nick estuvo allá afuera hace un segundo.

Traer a su novia a los baños para coger con ella…

— Ya voy, cariño — le interrumpió Aslan haciendo como si él nunca hubiera hablado —.

Necesito que me cubras, ¿bien?

Ve afuera y me dirás si Moris sigue allí.

— No haré eso, es una estupidez.

— Quinta regla, ¿Qué dice?

— Si Moris no está afuera, seguro Ibel y sus idiotas me estarán esperando.

Y será peor para ambos.

— Solo es una pequeña muestra de valentía…

— ¿Lucas?

— resonó la voz del director por cada rincón del lugar — ¿Estás bien?

Se miraron ambos inmediatamente viéndose el terror en la cara de cada uno.

Lucas comenzó a empujar a Aslan dentro del baño en un acto llevado por el miedo y justo en el momento en que cerraron la puerta, el director se asomó.

Aslan se montó a la chica encima para que se sentara y subiera los pies sobre él.

— No, no, no, no — susurró ella transpirando.

— ¿Seguro estás bien?

— notó el grifo aún abierto y la cara de espanto de Lucas.

Él se limitó a asentir rápidamente una y otra vez.

— Mi padre me va a matar si se entera — siguió la chica limpiando pequeñas lágrimas que caían de sus ojos sin control.

Aslan acariciaba su cabello buscando la forma de calmarla, pero sin hacer el mínimo ruido.

— Los chicos están afuera para ver si mejoraste — se acercó un poco el director —.

Stevens — la chica levantó la cabeza como si la estuvieran llamando —, Peterson y Nick vinieron…

— ¡¿Nick está aquí?!

— se le escapó el grito a la chica.

A pesar de que Aslan, acompañado de ella, tapó su boca, el grito fue inconfundible.

Lucas abrió sus ojos como nunca antes.

Congelado vio al director asomarse por debajo de la puerta.

Morís solo vio los dos pies de Aslan y, claro, el brasear negro a un lado de las camisas de ambos en el suelo.

Tocó lentamente la puerta sin quitar la vista de Lucas.

«Y va a seguir empeorando», se dijo Lucas apretando la mandíbula.

CAPÍTULO I   Los Encontrados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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