El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 20
- Inicio
- Todas las novelas
- El Club De Los Chicos Raros.
- Capítulo 20 - 20 Capítulo 18
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
20: Capítulo 18.
20: Capítulo 18.
— ¡Max!
— siguió gritando la voz de aquella chica dando los mismos golpes de siempre a la puerta principal.
Tambaleándose, logró subir las escaleras.
Los cambios de luces tan repentinos ya habían logrado marearlo, pero como de costumbre puso su mano contra una de las paredes del pasillo y con ella se fue guiando sin darle atención del desorden a su alrededor: las luces cambiaban de rojo a blanco, el pasillo se meneaba de un lado a otro mientras que sus oídos eran bombardeados por susurros y los gritos de la chica de la puerta.
— Sigue adelante, no la escuches, nada de esto es real — susurró Max con cada paso que daba hacia su habitación —.
No pares…
Una silueta le apareció al frente y captó por completo su atención.
No solía verla en esos momentos y menos de esa forma.
Ele estaba al final del pasillo, que ahora era más largo que antes.
— ¿Ele?
— alejó su mano de la pared e intentó concentrarse en que sí realmente era ella —.
Es un sueño — recordó, devolviendo su mano hacia la pared.
Lentamente Ele comenzó a avanzar.
Con uno de sus dedos rozaba la pared contraria a la que estaba la mano de Max.
Sin pensarlo, él se frenó.
Ya anteriormente Max se había percatado de que en el techo del pasillo hacia su cuarto había muchas más luces de las que él recordaba.
Le parecía un pasillo de hospital.
Pero con curiosidad vio cómo cada lámpara por encima de él dejaba de parpadear y se mantenía de color rojo.
— Es un sueño — se dijo ya en un tono de voz más alto, cerrando los ojos para intentar calmar su miedo.
Ahí, dejó de escuchar los gritos y susurros.
— ¿Entonces por qué sigues teniendo tanto miedo?
— le dijo ella.
Asombrado abrió los ojos y la miró rápido, era su voz.
Con la misma velocidad bajó de nuevo la cabeza, tuvo miedo de intentar verla a la cara.
Los rostros que reconocía en este sueño no solía verlos luego.
No tenía certeza de eso, pero no quería intentarlo otra vez.
— Acércate, ven — habló de nuevo Ele, dando paso tras paso —, ven, ven — a Max le pareció escuchar otra voz por un pequeño momento.
Pero no sólo eso cambió en ese instante, la lámpara que estaba encima de su cabeza volvió a parpadear.
Aunque Max no pudo verlo.
— No — de nuevo susurró él.
Pero, antes de que diese un paso atrás, ella habló otra vez.
— No importa cuánto corran, ni a dónde corran — las luces se detuvieron y Max, más asustado, no pudo dejar los ojos cerrados —.
Todos llegarán a mí.
Tan rápido como dejó de escucharla, Max se dio la vuelta.
Estaba decidido a correr, ni siquiera pensó en que podía conseguirse al regresar, huiría con todo lo que podía ofrecer.
Él sabía que era un sueño, pero todas las veces que le tocaba estar ahí buscaba huir.
Antes de que diera el primer paso, una mano lo agarró por el tobillo y lo jaló tan fuerte que fácilmente lo tumbo al suelo.
Comenzó a arrastrarlo.
Desesperado buscó soltarse, pero al ver la cara de quien lo arrastraba quedó paralizado.
— ¿Marco?
—murmuró viendo a un Marco sonriente que lo arrastraba con mucha fuerza.
No eran los ojos que ya estaba acostumbrado a ver.
Su sonrisa también era diferente, sus labios eran más largos y la fuerza con que lo jalaba era anormal.
Lo arrastraba hacia ella.
— Marco, detente — pidió Max pateando con su pie libre la mano que lo apretaba con fuerza —.
¡Por favor, Marco, suéltame!
— las luces enloquecieron una vez más — ¡Marco!
De golpe se sentó sobre su cama y, transpirando, miró todo el cuarto a su alrededor.
Estaba en orden y tal cual como lo había dejado antes de dormir.
Finalmente había despertado.
Sacó su celular de debajo de la almohada y aún intranquilo se acostó nuevamente.
Eran apenas las 5:00 am.
Dejó su celular a un lado, vio el techo de su habitación y se lanzó la sábana en la cara.
CAPÍTULO XVIII.
La Cita.
— ¿Walker, estás conmigo?
— preguntó la entrenadora principal Mónica Slim.
Abril puso de nuevo atención a lo que Mónica le había estado diciendo a todas.
— Sí, claro — respondió.
— En serio, porque el marcador dice algo diferente — señaló con su mano derecha a la mesa técnica no muy lejos de ella —.
Esa Gabriele ha hecho todo lo que quiere y no he visto a ninguna intentando replicar los ataques.
Las quiero despiertas, es el segundo juego y el último.
Demuestren por qué son el equipo titular de la preparatoria.
¿Están conmigo?
— Sí, señora — dijeron en coro mientras se esparcían por la cancha.
Abrill de nuevo vio a Lucas entre el público.
— ¡Walker!, enfócate — le dijo la entrenadora logrando hacer que dejara de verlo y pusiera los ojos encima de Ele que le regresaba la mirada desde el otro lado de la red.
Ele se volteó y respirando profundo vio cómo el balón de vóley se elevó por encima de ella.
— Esto me parece ridículo — se quejó Marco.
— No pensé que podían caer tan bajo — aportó Aslan —.
Un estudiante muere aquí y simplemente atrasaron la fiesta por una semana.
— Sin mencionar que las clases seguirán su horario habitual — comentó Max comiendo unas palomitas.
— Algo no anda bien — opinó Lucas sin quitarle la mirada al juego —.
Desde hace dos meses todos parecen haber olvidado la supuesta larga lista de asesinatos en el pueblo.
Y ahora que están comenzando a ser más evidentes, parece no importarle a nadie.
Finalmente, Abrill logró marcar un punto y las gradas estallaron en gritos y porras.
— Sigamos así — dijo Abrill mientras le daba los cinco a Camila que estaba a su lado.
Los muchachos aplaudieron tranquilos.
— ¿Seremos los únicos en notarlo?
— preguntó Marco.
— Es imposible — respondió Aslan —.
No falta mucho para que comiencen a salir cosas a la luz.
Los gatos dejaron de desaparecer en algún momento, espero que así sea para todo.
— Me gustaría que fuera así de fácil — siguió Marco, viendo a Kevin en las gradas del frente concentrado en el juego con Valentine a su lado.
Ya habían pasado dos días después de la conversación en la heladería, por lo que habían pasado dos días que no hablaban ni interactuaban con Kevin y Norah.
A pesar de que Max intentó buscarlos, no recibió respuesta.
Abrill, por otro lado, visitó a Lucas, pero ninguno sabe qué sucedió ese día.
Aslan volteó a ver a Max que parecía más tranquilo con el tema, se le hizo más interesante que extraño su nueva actitud.
De nuevo las gradas comenzaron a aplaudir, esta vez a favor del equipo de Ele.
— ¿Abrill te dijo algo más?
— preguntó Aslan después que hubiera más silencio.
— Nada que sea bueno hablarlo en público — respondió con la vista fija en el juego.
— Quizás estamos siendo algo paranoicos — agregó Marco —.
Disfrutemos del partido.
— Pensé que te querías salir de todo ese tema — le dijo Max de forma callada para que sólo él escuchara.
— Lo mismo pensé de ti.
Max guardó silencio.
La familia de Jack había sido más culta con el funeral de su hijo y con eso abandonó el pueblo.
Eso le había parecido curioso en ese momento, cuántas familias habían podido irse de manera silenciosa y cuántas han pasado por eso.
— ¿Estás listo para esta noche?
— habló otra vez Marco sólo con Max.
Brevemente Max recordó su sueño y se preocupó por no entender de qué hablaba.
— ¿Ah?
— Tu cita — aclaró Marco sin creer que algo así se le haya olvidado —.
¿De qué más te puedo estar hablando?
— Oh, cierto.
Es que aún se siente bastante irreal — respondió aliviado y mostrándole una sonrisa —.
Aunque mi mamá no estaba muy convencida de dejarme salir de noche, logré convencerla…
Otra vez los aplausos fuertes y la bulla por el juego llenaron el lugar.
— ¡Vamos, uno más!
—gritó la mujer que había entrenado al equipo de Ele, anterior entrenadora de la preparatoria de un pueblo no muy lejano.
En eso la entrenadora Mónica dio otro tiempo para poder hablar con las muchachas de nuevo.
Algo que no estaba permitido, pero nadie le diría lo contrario.
— ¿Por qué dijo eso?
— ahora preguntó Lucas a Aslan.
— Otro punto y ganan — le respondió.
— Genial — dijo Lucas dando unos pequeños aplausos.
— ¿A quién le vas tú, Lucas?
— comentó Marco viéndolo.
Lucas pareció pensarlo mientras los tres lo veían esperando la respuesta.
— ¿A quién vas tú?
— le regresó la pregunta.
Aslan y Max voltearon a verlo.
También lo pensó.
— Yo voy a Ele — mencionó Max sin mucho que pensar.
Sus miradas ahora fueron a él.
— ¿Qué?
Soy sincero — se defendió.
Los demás sonrieron.
— Yo voy a Abrill entonces — dijo Aslan.
— ¿Sólo para llevarme la contraria?
— quiso saber Max.
— Las competencias no son nada si no se compite — respondió.
— Yo también iré por Abrill, tiene chance de remontar — opinó Lucas, poniéndose en pie.
Max también se levantó.
— Yo estoy con Max — se levantó Marco —.
Apuesto veinte dólares a que será el equipo de Ele quien gane.
Aslan se levantó y le dio la mano.
— Que sean cuarenta — sonriendo ambos se apretaron la mano y volvieron su mirada a la cancha.
— ¡Vamos, Ele!
— gritó Marco.
Él notó de la forma en que lo miró Abrill y con una sonrisa vio hacia otra parte.
— No tuve que gritar eso — dijo, sacándoles una carcajada a los chicos.
No hubo forma de que pensaran que quizás era eso lo que hacían las demás personas con lo que sucedía en el pueblo, simplemente no querer preocuparse más.
Pero eso sería un globo que se llenaría y en algún momento estallaría.
El juego ya estaba por reanudarse y de nuevo las miradas de Ele y Abrill se consiguieron.
Abrill estiró sus brazos, Ele se aseguró de que el moño de su cabello estuviera bien apretado y el balón volvió al aire.
— ¡Vamos!
— gritó una de las entrenadoras.
En las gradas aplaudían y silbaban consiguiendo ponerle más tensión al juego.
Se jugaba el último punto para un equipo que estaba concentrado en no dejar colar ningún empate, del otro lado de la red, se jugaba un título que se había mantenido por años, uno que incluso el equipo actual había defendido.
De un lado a otro iban las miradas de todos, puestas en el balón que con velocidad caía en las manos de las chicas.
Dos toques y un remate, y ya estaba en el lado contrario donde se esforzaban para poder controlar el balón y contraatacar.
Entre más el balón duraba en el aire, la tensión se hacía más palpable.
Hasta que por fin el balón cayó del lado de Ele.
Dándole un punto a Abrill y a su equipo.
— ¿Es eso lo que tienes, nueva?
— le habló Abrill.
Ele sonrió y se preparó para el próximo saque.
Ahora ambos equipos debían marcar dos puntos para poder ganar, sólo con dos puntos arriba se puede ganar.
Entre tantos pases, salió un remate por parte de Ele que Camila no pudo frenar.
Abrill la miró de nuevo, Ele le guiñó el ojo y de nuevo el balón salió al aire.
En las gradas Marco le hacía bailes a Aslan No pasó mucho hasta que un remate de Abrill cayera en manos de una compañera de Ele.
El rebote cayera en la pelirroja que ágilmente le colocó el balón en el aire a otra de su equipo, esa misma chica no le dio con todo al balón, sino que más bien lo tocó con suavidad para que no tocará las manos de la defensa enemiga que caían con ella y no le diera chance a Abrill de frenarlo.
Así fue el equipo de la pelirroja se vio campeón.
Derrotada, Abrill se quedó en suelo, mientras el equipo rival festejaba con su entrenadora.
Entre tanta celebración, Ele volteó a ver hacia el público y vio cómo Max le regresaba la mirada.
Alegre él le aplaudía y con eso logró sacarle una sonrisa.
Ella le hizo una pequeña reverencia y luego se fue de nuevo con su equipo.
— ¿Me darán hoy los cuarenta o cuándo?
— preguntó Marco a Aslan y Lucas que se veían frustrados.
Ya luego de un rato, Ele, salió de los vestidores y ya iba camino a afuera de la preparatoria cuando Ibel la frenó del hombro.
Tranquila volteó pensando en que sería alguno de los muchachos hasta que se dio vuelta por completo.
— Espera, espera — le pidió Ibel sujetándola del brazo.
— No me toques — amenazó agarrando con fuerza el brazo de Ibel para jalar de él y soltarse —.
¿Vas a golpearme a mí también?
— ¿Tanta mierda hablan de mí?
— ¿Cuánta de esa tienes en la cabeza si piensas que hacerte la víctima te ayudará de algo?
— se soltó.
— Vengo a hablar…
— Lo hubieras dicho antes — le interrumpió mientras que con una sonrisa falsa se dio la vuelta para irse.
— Si pudieras escucharme un segundo — Ibel caminó rápido para intentar alcanzarla, pero sólo se acercó antes de hablar otra vez —.
Se trata de Abrill.
Ele inconscientemente se detuvo.
— Eres la única que no confía en ella, ¿no?
— se acercó y Ele se dio vuelta.
— ¿Crees que confío en ti?
— Sólo tú me escucharías — le mostró un papel con un número celular —.
Y supongo que al menos uno de ellos te importa.
Ele miró el papel y de nuevo lo miró a él.
+++ — Campeona, ¿no?
— le dijo Demian cuando ella ya estaba cerca del auto — te diré así desde ahora.
Ele blanqueó los ojos y con velocidad entró al auto.
— Me gustaría llegar rápido a casa hoy — respondió Ele.
—¿Estás enferma o qué?
— bromeó tocándole la frente.
— Muy chistoso — sonrió quitándole la mano —.
Tengo un compromiso.
Demian, intrigado y con una sonrisa, encendió el auto.
— ¿Algo que me quieras contar?
Horas después.
— ¿Luces?
— preguntó leyendo de la lista.
— Listas — le respondió Aslan observando todas las luces.
— ¿Música?
— siguió Marco de pie al lado de Aslan.
— Lista — miró la radio en una mesa no muy lejos de ellos.
— ¿Condones?
— esta vez Marco volteó a ver a Aslan, que sonriente movía sus cejas para arriba y para abajo.
— Chicos, no — regañó Max llegando desde la cabaña con un par de sillas.
— Pero tenemos incluso una canción — dijo Marco tomando su celular y poniendo Careless Whisper de George Michael en la radio.
Apenas se escuchó el ritmo, Marco vio a Max mientras sonreía.
— ¿Si sabes qué dice la canción?
— le preguntó Aslan quitándole el celular.
Max negó con la cabeza y con una pequeña sonrisa terminó de poner las sillas en su lugar, entusiasmado, miró a su alrededor.
A pesar de ser bastante simple, el lago le daba un toque único a sus arreglos.
De pronto su celular vibró y con eso Ele anunciaba su llegada.
— Oigan, llegó —tartamudeó Max.
Los chicos, en cambio, siguieron peleando por el celular.
— ¡Chicos!
— llamó en voz alta —.
Ele, ya llegó.
Ambos se vieron a la cara y rápido recogieron sus cosas.
— Confiamos en ti — comenzó diciendo Aslan —.
Confía tú en ti, ¿bien?
Recuerda que quiso venir, no la obligaste o algo así, ¿verdad?
— Aslan — reprochó Max.
Aslan sonrió y lo tomó de los hombros.
— Tú puedes — esas palabras resonaron en su cabeza, pero no le prestó atención —.
Puedes llamarnos, no lo arruines y acaba con ella, tigre — sonrió junto con Max antes de darle un abrazo.
Ele miró la hora en su celular y al subir la mirada vio a Max acercarse de dentro de los árboles.
Extrañamente ambos tenían suéteres parecidos, parecían haber sido tejidos con lana.
Pero lo que le llamó la atención a la pelirroja era el saco de vestir negro que traía puesto.
— Hola…
— ¿Traes un blazer?
— preguntó sin darle chance a Max de terminar su saludo.
— ¿Un qué?
— se miró a sí mismo —.
De donde vengo, le dicen saco.
— ¿No es eso una clase de bolsa plástica?
— De vestir, saco de vestir — la vio sonreír y supo que le tomaba el pelo —.
¿Es mucho?
—fueron los chicos quienes me convencieron — dijo buscando quitarse el saco.
— No, te sienta bien — ambos sonrieron —.
Creo que tuve que venir más preparada — agarró una parte de suéter.
— Te ves perfecta, además yo también tengo uno — sonrió —.
Incluso combinan — mostró que su suéter era blanco y señaló el de Ele, que era completamente negro.
Ele después de escucharlo le sonrió viéndolo a los ojos.
Cosa que hizo que Max retomara el tema.
— De seguro te preguntarás por qué hay un cartel que dice bienvenida — señaló al cartel que con luces navideñas brillaba clavado a un árbol —, y por qué hay un camino de luces — ahora se movió para mostrar cómo también luces navideñas simulaban ser el extremo derecho e izquierdo de un camino —.
Pero es mejor a donde te lleva — le estiró la mano.
Ele vio su mano y luego lo miró de nuevo a la cara.
Max, preocupado por la expresión de Ele, simplemente movió su mano para señalar el camino.
— Te sigo — le dijo.
Ella, sin decir nada más, le hizo caso y comenzó a caminar por delante de él.
— Genial — dijo Aslan que observaba desde un árbol a lo lejos junto con Marco —.
Ya podemos dejarlo en sus manos, andando.
Marco a pesar de que asintió, cuando Aslan se movió él se quedó viendo cómo Max se iba con Ele.
— Oye, ¿todo bien?
— preguntó Aslan a unos pasos de distancia.
Marco duró unos segundos en responder.
— Sí — asintió dándose vuelta hacia él.
Ya muy cerca de la cabaña no era sólo el camino el que estaba lleno de luces, sino también algunas ramas de los árboles cercanos al mismo.
Ele, pudo ver cuando ya había llegado, un arco blanco de acero con luces y flores que le daban la bienvenida.
Desde ahí se veía una mesa redonda con un mantel blanco, sobre ella había un par de vasos y platos, un jarrón con un ramo de margaritas y lo que parecía ser un par de velas apagadas.
A unos pasos de la mesa, había una más larga con un montón de cápsulas transparentes dejando ver que había servido en los platos que cubrían.
Fue guiada por Max, que rápidamente la llevó a su asiento y le preparó la silla para que se sentara.
Ella, aún impresionada con todo, miró hacia el lago y recordó la noche en la que él le había propuesto esa cita, a lo que ella se imaginaba muy diferente.
Todo estaba tan bien planeado, que parecía que antes de preguntarle ya había pensado en cómo lo haría.
— ¿Agua o alguna bebida en especial?
— preguntó Max de pie frente a ella.
— ¿Qué más tienes?
— interrogó sin poder evitar dejar salir una sonrisa, Max, sí que tenía todo cubierto.
— Algún vino creo — Ele levemente levantó ambas cejas, por la sorpresa que se llevó al escuchar la primera propuesta —, refresco o gaseosa, como sea que quieras decirle — le sonrió —, y limonada, incluso creo que hay café.
— ¿De dónde sacaste todo esto?
— interrogó Ele acomodándose en su silla —.
No me mal entiendes, es admirable todo el esfuerzo que le pusiste a todo.
— Eres una chica admirable, Ele.
No mereces menos que eso.
Una vez más, sus ojos se consiguieron con los de ella (una costumbre que ya les parecía gustar).
Con esa mirada hicieron silencio y sólo se podía escuchar una música suave de fondo.
El silencio de ahora decía más que cualquier conversación que hayan tenido antes.
Una sensación difícil de explicar y complicada de entender, una de esas tantas cosas que simplemente pasan con la persona correcta.
— ¿Ustedes beben vino?
— finalmente Ele habló de nuevo.
— No, es un refresco de uva que Aslan olvidó refrigerar — ella nuevamente sonrió —.
Mejor traigo los batidos de frutas para comenzar a cenar.
— Me parece bien.
Finalmente, Max le mostró la cena, era un tipo de espagueti con unas cuantas cosas más.
Plato que después de comer, él confesó haber preparado.
Las risas y las miradas fueron naciendo con el tiempo, cada vez se sentían más cómodos el uno con el otro, ella le contaba anécdotas que no pensaba contar a nadie y a él le parecía perfecto el simple hecho de sólo poder escucharla.
Un momento que repetiría sin dudar alguna.
Los postres pasaron uno tras otro y con cada uno, lograba sorprender más a Ele que seguía con la curiosidad de dónde había salido todo eso.
— Las familias son complicadas a veces — dijo Max después de escuchar la historia de Ele en unas vacaciones con su hermano.
— Él es especial — respondió viendo las flores por un momento —.
Debes conocerlo algún día.
— Me encantaría — sonrió.
Ele en un pequeño descuido volteó a ver la luna que yacía brillante en el cielo, parecía la sonrisa del gato en Alicia y el país de las maravillas.
Brevemente vio la otra mesa y notó que ya todo se había acabado.
— ¿Ahora qué?
— preguntó sin mucho pensarlo.
— Me alegra que preguntes — Max se levantó —.
Hay muchas maneras de escribir esta noche, pero escogí una que casualmente va contigo.
Sé que es un cliché, pero — sacó un disco de vinilo de detrás de la radio y de debajo de la otra mesa buscó el tocadiscos —, no podría estar tranquilo si pierdo la oportunidad otra vez— colocó el disco y lo hizo girar.
Caminó hacia ella y estiró su mano en dirección a ella mientras decía: «¿bailas conmigo?
>>.
Callada y con sus ojos azules sobre los de Max se levantó tomando su mano.
— ¿Cómo describes la noche?
— la mató la curiosidad después de escucharlo decir eso.
— La canción te lo dirá — la alejó poco a poco de la mesa.
Con la mano que tenía libre bajó el brazo del tocadiscos y la música empezó a escucharse.
Mientras Ele escuchaba las primeras tonadas para reconocer cuál era la canción, Max sacó de su bolsillo un encendedor y encendió las velas.
De su otro bolsillo sacó un pequeño control con el que bajó el brillo de las demás luces.
Perfect de Ed Sheeran dominó el ambiente.
Nervioso, la tomó por la cintura y la acercó hacia él.
Lentamente se movían al ritmo de la música y mirándose fijamente dejaron el momento en manos de lo que sentían.
Delicadamente ambos movieron sus cabezas más cerca de la del otro y llegaron a lo más cerca que pudieron.
Sus miradas bajaron a los labios del otro y con delicadeza se acercaron más.
La mirada de ambos vacilaba entre sus ojos y sus bocas, hasta que estuvieron lo suficientemente cerca para que sus labios rozaran.
De pronto una llamada interrumpió el momento y ambos por reflexión se alejaron entre sí.
Era para Max.
— Disculpa.
No voy a contestar — dijo sacando su celular para colgar y silenciarlo.
— No, hazlo, no hay problema — Ele iba diciendo eso cuando Max ya había visto quién lo estaba llamando.
— Kevin — susurró, mientras que en automático contestó —.
¿Hola?
— la pelirroja detalló la expresión de Max hasta que logró notar que algo no estaba bien —.
¿Qué a Marco qué?
— preguntó con una voz temblorosa.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES GSilva Hola, paso por aquí para informarte que El CLub De Los Chicos Raros está en edición para que puedas tener la mejor experiencia.
No olvides que si notas un error en este o los demás capítulos, puedes hacérmelo saber con un comentario.
Gracias por leer y no olvides que si te está gustando puedes hacérmelo saber con tus reacciones.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com