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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 21

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  4. Capítulo 21 - 21 caPítulo diecinuevE
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21: caPítulo diecinuevE.

21: caPítulo diecinuevE.

Minutos antes de la llamada.

Casa Heller.

Con naturalidad buscó cerrar la puerta del auto, que se trancó antes de que siquiera la soltara.

Frustrado, Aslan la jaló hacia él y con fuerza la lanzó de regreso.

El pequeño Fiero era el auto que por su cuenta Aslan había armado durante meses, y ya por fin se movía, pero aún le faltaban muchos retoques más allá de dentro del auto.

Agregando también la baja velocidad a la que solía ir.

La bombilla titilante de fuera del garaje le llamó la atención al salir, pero poca fue la importancia que le prestó.

Se fue directo a casa y al abrir la puerta se encontró a su tío cambiando la bombilla de la sala.

— Regrese — le informó cerrando la puerta.

— Me alegra, ya me preocupaba la hora en la que llegarías — le respondió, Alan Heller, tío que se hizo cargo de él desde que su papá se fue del estado por trabajo.

— No es tarde — notó que la pantalla de su televisor estaba completamente azul.

— No, pero — soltó la bombilla y Aslan en seguida fue a encenderla —, adivina que llegó después de tanta espera — sonriendo buscó dentro de una caja en el suelo.

— ¿Una Wii?

— interrogó sonriente —.

Pensé que esas cosas estaban extintas.

— Se la compré a un coleccionista al otro lado del país.

¿Jugamos?

Sabrás que es una consola de verdad — sonrió levantando un poco la Wii al aire.

Su tío era el hermano menor de la familia de su padre, aunque ya contaba con unos 40 años de vida.

Los hermanos nacieron en Pensiwell y sufrieron de pobreza cuando eran niños.

Finalmente, al crecer, la casa quedó en manos de Aslan (padre) y su hermano Alan.

Allí fue donde ambos vivieron incluso cuando la madre de Aslan (hijo) llegó, hasta el día que lamentablemente falleció.

Fuera de los hermanos, nadie sabe lo que le sucedió.

— Me encantaría, pero haré unas cosas en mi habitación.

— Puedo esperar — asintió su tío —.

Tu cena está en el horno y te llamaré si necesito tu ayuda.

— Podrás con eso — le dijo Aslan yendo por el pasillo a su habitación.

Entró y cerró la puerta.

Detrás de él, había un mapa enorme de Pensiwell que cubría parte de la pared y la puerta.

Ahí, relucían muchos hilos de colores que parecían una telaraña por encima, unidos al papel con tachuelas y algunos pequeños clavos que marcaban sitios específicos del pueblo.

Se sentó en la silla giratoria frente a su escritorio que estaba repleto de papeles, retazos de periódico y la laptop vieja que alguna vez fue de su padre, se mantenía encendida.

Giró para ver el mapa de su puerta y minuciosamente observó las fotos y direcciones exactas de casas en las que para él había ocurrido algo por fuera de los ojos de los demás.

Ya luego, levantó la laptop con una mano y con la otra sacó el dibujo de aquella mujer, la protagonista de sus pesadillas desde ese día y la inspiración para toda su investigación.

Desde su perspectiva, hacerlo solo lo estaba haciendo paranoico, sentir que de nuevo veía cosas que nadie más veía (casi detiene su investigación varias veces por esa razón).

Su miedo constante de estar volviéndose loco lo mantuvo despierto durante varias noches seguidas después del incidente con Max y Ele.

Hasta que una noche finalmente se durmió, y en aquel sueño corría de aquella mujer por las calles del pueblo a plena luz del día; las personas lo miraban extraño mientras ciertas casas parecían derrumbarse justo detrás de ellas.

El sueño acababa con él llegando a su casa y viéndola explotar antes de poder tocar la puerta.

Fueron noches duras desde entonces.

Volteó el dibujo y lo dejó sobre la mesa, seguidamente movió algunos periódicos y de debajo sacó una foto de Ele que le había tomado desprevenida un día en Delycyas.

Brevemente recordó el día de la pelea con Abrill, los días cuando Marco sólo hablaba con ella y lo extraña que se puso frente a la biblioteca cuando él le mintió sobre saber que le había pasado en la frente.

— ¿Qué tienes de especial?

— preguntó poniendo la foto en alto frente al mapa.

Dejó la foto y se giró hacia la laptop.

Tronó sus dedos y se levantó para apagar la luz.

Así engañaba a su tío para hacerlo pensar que estaba dormido, no entraba sin que Aslan lo dijera.

Ya de vuelta en la silla, abrió el buscador y de inmediato se abrió una página de noticias, que reportaba las personas desaparecidas en un pueblo no muy lejano de Pensiwell.

Llevaba días intentando unir esos incidentes al alcalde del pueblo (creía que eso explicaría la llegada repentina de Ele), quien era el hazmerreír del lugar.

Pero claramente no consiguió nada.

Duró una cierta cantidad de minutos buscando, la cabeza le dolía por recibir la luz directa durante tanto tiempo, y prefirió descansar un poco.

Bajó la pantalla y se alejó de la mesa para estrujarse los ojos.

La luz del faro de la calle entraba a su habitación, y mientras él recuperaba fuerzas, esa luz se encendió y se apagó un par de veces.

Justo al quitarse las manos de la cara notó el último parpadeo de la luz, se levantó y se asomó por su ventana con un raro presentimiento.

Parecía estar todo tranquilo hasta que vio su propia silueta detrás del faro.

Instantáneamente volvió a tallarse los ojos, en eso su celular comenzó a sonar con fuerza.

Miró de nuevo afuera para asegurarse de que no había nada.

Rápido tomó el celular de su cama y con una sonrisa contestó la llamada de Max alejándose de la ventana.

— ¿Qué tal te va campe…?

— Marco está en el hospital — lo interrumpió, claramente su voz se escuchaba agitada —.

Está herido, está mal.

Sin responder, colgó la llamada y salió corriendo de su cuarto.

CAPÍTULO IXX.

Lo Que Sé, Que No Saben.

Dejó su bicicleta cerca de la entrada y su primera impresión fue ver caras no frecuentes, pero conocidas.

— ¿Estás bien?

— le preguntó Will al verlo acercarse.

Aslan asintió.

— Estamos aquí por él — aclaró Camila.

Vio a Martha, que cruzada de brazos estaba de frente a él.

— Soy la compañía de la señorita Walker — dijo.

— ¿Sólo ustedes?

— preguntó sin querer indagar en todo.

— Están adentro — dijo Will.

Aslan no lo pensó demasiado y entró al hospital.

Tan pronto como cruzó las puertas, vio a los muchachos y a Valentine en la sala de espera.

Acelerado fue hacia ellos y antes de preguntar por algo más.

Quiso sacarse una duda de la cabeza.

— ¿Qué hace él aquí?

— señaló a Kevin que estaba de pie junto a Valentine.

— Lo mismo que tú — Abrill se metió en medio para frenarlo —.

Y si te preocupa, Marco, no querrás que nos echen.

— Hablas como si hubieses estado alguna otra vez.

— Creo que saldré — le susurró Valentine a Kevin, yéndose.

— No es momento para ese tipo de cosas — dijo Max que compartía asiento con Ele y Lucas —.

Marco está ahí dentro y ni siquiera sabemos qué le pasó.

No sabemos si saldrá bien de todo esto siquiera.

— No tenemos idea de qué tanto pasó, no podemos precipitarnos — comentó Ele.

Aslan vio la cara de Norah, se le notaba que había estado llorando.

La cara de Lucas se veía igual y eso lo asustó un poco más.

— ¿Y quién sabe?

— preguntó, y todos quedaron en silencio un momento.

—Qué frío que hace — dijo Martha frotando sus manos.

— Ten — Will se quitó su chaqueta — Yo tengo calor — sonrió.

Y de forma agradable ella le respondió con una sonrisa.

Camila, un tanto indignada por su comportamiento, volteó hacia la puerta y vio a Valentine salir.

— Las cosas se pusieron un poco tensas allá adentro — le dijo cuando estuvo cerca —.

Preferí escapar — sonrió.

Camila de nuevo miró a la puerta, la cual se abrió de pronto.

Eran todos los chicos yendo hacia ellos.

— Ay — exclamó Valentine al ver que su plan no había funcionado.

Poco a poco, hicieron un círculo entre todos.

— Marco está ahí dentro — comenzó diciendo Lucas —.

Y estamos aquí porque nos preocupamos por él.

Pero nosotros no sabemos qué tan mal está y tampoco sabemos qué le pasó con exactitud.

Los doctores sólo nos piden paciencia, pero no entienden lo difícil que es con todo lo que nos ha estado pasando — se quitó unas lágrimas de la cara —.

En cambio, tú — miró a Camila —.

Fuiste quien llamó a Kevin y quien llegó con Will antes que todos.

Así que necesitamos que nos digas lo que sepas.

Por favor, dinos, ¿Qué le pasó a Marco?

Todas las miradas cayeron sobre ella apenas Lucas dejó de hablar.

Minutos antes de la llamada a todos.

Casa Griffin.

— Parece que no hay nadie en casa — le dijo Aslan viendo hacia la casa de Marco.

— Quizás ya se mudaron, duramos años en llegar — bromeó Marco saliendo del auto.

— Te hubieses venido en tu bicicleta — le reclamó de vuelta.

— Aunque esté con una llanta desinflada, fácilmente sería más veloz que tu auto — le respondió después de ir por su bici en la parte de atrás —.

Le patearía el trasero de estar bien.

— Te escuchas confiado, Griffin.

Mucho como para lo poco que sabes manejar — le sonrió.

Marco le regresó la sonrisa.

— Espero que llegues hoy a tu casa — siguió Marco.

— Imbécil —insultó Aslan avanzando poco a poco —.

Hasta mañana.

— Hasta mañana — Marco se quedó mirando el auto hasta que se alejó.

Se dio vuelta para entrar a su casa que estaba a oscuras en su totalidad.

Suspiró y llevó con él su bicicleta hasta la puerta.

Normalmente su padrastro y su madre salían, pero no tardaban mucho en regresar, debido a que a su padrastro le gustaba estar todo el tiempo que pudiera en casa.

Además, le desagradaba dejar salir sola a su madre.

— ¿Mamá?

— preguntó al aire, dando un paso hacia dentro de su casa.

La oscuridad aterra a todos desde hace mucho tiempo.

La inquietante sensación de no saber qué te espera hace sentir inquieto incluso a aquellos que no le temen.

Una repentina presión en el pecho de Marco lo hizo dudar de seguir caminando a pesar de que el encendedor estuviera a sólo dos pasos.

— ¿António?

— preguntó dando los últimos dos pasos para encender la luz —.

Ya llegué…

Antes de que pudiese encender la luz, escuchó a alguien que le habló desde la penumbra.

— Marco — lo llamaron —.

Ven.

Su piel se erizó e incluso dejó su mano quieta en el aire.

Sin mover un solo músculo sentía su corazón golpeando su pecho.

— ¿Ele?

—Tartamudeo, buscando ver algo.

La indiscutible risa de una pequeña fue lo que obtuvo como respuesta.

Sus orejas se calentaron y su respiración empezó a salirse de su control, no le importaba que otra cosa pudiese pasar, simplemente no quería ni hacer un solo movimiento para darse vuelta y correr.

— Ven aquí — escuchó, pero esta vez otro sonido acompañó a la voz de la pelirroja.

Sonó como arrastró algo sobre la madera del suelo por un momento corto —.

Ven, Marco — insistió.

Tenía tanto miedo que sintió como sus piernas comenzaron a temblar solas sin control.

«¿Qué hago?» se repitió eso tantas veces que su voz interior parecía gritárselo y en cuestión de segundos sus ojos se humedecieron.

Esa sensación era diferente a algún miedo que hubiera sentido antes.

— Tu madre está asustada — continúo con una voz dulce —.

Ayúdanos…

— No — de pronto Marco la interrumpió —.

Eres, esa…

esa maldita cosa, ¿verdad?

— logró decir —.

¿Mi mamá?, ¿asustada?

— se alcanzaba a escuchar su respiración a unos pasos —.

De tantas cosas estúpidas que pudiste decir — apretó la mano en la que tenía la bicicleta —.

Escogiste la peor.

De golpe encendió la luz del pasillo y lanzó la bicicleta con todas sus fuerzas hacia delante.

Se dio vuelta y se consiguió con la cara de aquella cosa justo frente a él, que de inmediato se le abalanzó encima.

Buscó quitársela y correr, pero aquella cosa quería morder su cuello.

Marco, tan rápido como pudo, metió su brazo izquierdo y fue ahí donde recibió la mordida.

Aquella “niña” sin ojos mordía impacientemente el brazo de Marco con tanta fuerza que podría quitarle toda la piel de la zona.

Uno de los brazos de aquella cosa raquítica apretaba el brazo que mordía y con el otro sujetaba con fuerza el otro brazo de Marco.

Aterrado, veía aquella criatura como desgarraba su brazo desesperada.

Con fuerza pateó una de las piernas de la cosa.

Sonó como si la pierna que pateó se hubiese quebrado y con eso desequilibró a la “niña”.

Justo en el momento en que ella se iba de lado, él sacó su brazo atrapado y fue directo a las cuencas vacías con su mano libre.

Aprovechando la situación, cambió de lugar y quedó encima de la cosa que mordía más fuerte.

El dolor casi lo frena, pero el instinto hizo que arremetiera a golpes a la cabeza de su atacante.

Con ira dio un golpe detrás de otro, hasta que por fin pudo romperle el cráneo y liberar su brazo.

Con sólo ganas de huir corrió por encima de su bicicleta hacia dentro de su casa, en cuanto dio unos pasos, escuchó cómo la puerta principal se cerraba de golpe.

Volteó y alcanzó a ver cómo aquella cosa, en lugar de levantarse, se alzó con sus brazos y piernas, se mantuvo dándole la espalda al piso y así comenzó a gatear hacia Marco mientras mantenía lo que parecía ser una sonrisa.

La pierna que Marco golpeó si estaba rota, pero todo su cuerpo estaba lleno de una extraña masa marrón, misma que parecía unir la pierna Él siguió corriendo hacia adentro sin saber por dónde huir; esa cosa estaba cada vez más cerca.

Era impresionantemente más rápida de lo que cualquiera pudiese imaginar.

De un salto se metió al baño y azotó la puerta con su brazo sano.

La cosa comenzó a gritar y golpear la puerta desde afuera, con tanta fuerza que Marco, que la sostenía desde adentro, rebotaba en la puerta después de cada golpe.

— ¡¿Qué haces aquí?!

— gritó Marco en pánico viendo las luces enloquecer dentro del baño —.

¡¿Por qué haces esto?!, ¡¿por qué a mí?!

— pareció decirle eso al techo.

Esa cosa que golpeaba con desesperación afuera estaba desnuda, pero no se notaba ninguna característica normal de un cuerpo desnudo en ella.

En su piel pálida relucían varios moretones y cicatrices; su columna y costillas se le notaban a simple vista; ambas piernas eran parecidas a las de un perro o un gato.

Aún así, Marco no lo vio.

Él había visto a Ele en todo momento, por eso atacó sus ojos, porque él vio esos ojos azules que tanto le habían gustado, pero no era más que un vil engaño que no logró descifrar.

— Sal, sal, sal — mandaba aquella voz que ya no sonaba a la que él conocía.

Se lanzaba con todo su cuerpo hacia la puerta, logrando romperla poco a poco.

Las luces se apagaban y se encendían con más velocidad.

En uno de esos momentos, finalmente la puerta cayó sobre Marco con tanta fuerza que azotó su cabeza contra el suelo.

— No puedo más — pensó —.

Para, por favor — veía como todo parecía ir en cámara lenta y sentía su sangre caliente cayendo por su frente —.

Tengo miedo…

Sus ojos se fueron cerrando y un montón de recuerdos recorrió su mente.

Pero hubo uno en especial que vio a la perfección.

« — ¿Miedo?

— siguió diciendo Lucas sonriendo —.

Amigo, Marco Griffin, es el chico más valiente que conozco.

— ¿En serio le dijiste eso?

— le preguntó Marco emocionado.

— Es verdad.

Marco sonrió y siguió viendo el lago, pero rápido hizo otra pregunta.

— ¿Y si en algún momento llegó a sentir miedo?

— ¿Tú, de qué?

— volteó a verlo.

— No sé…

¿la muerte?

— Lucas levantó ambas cejas, a pesar de estar acostumbrado a tales ejemplos extremistas.

— Gabriela me dijo una vez que el miedo suele dar dos opciones — Marco lo miró —.

Huir o pelear — le puso la mano en el hombro —.

Tú no eres de los que huyen».

Marco, finalmente, volvió a abrir ambos ojos.

— Es un pésimo plan — le dijo Camila a Valentine deteniéndose.

— ¿En realidad quieres acercarte a él?

— preguntó desde el otro lado del celular.

Camila, a pesar de estar mostrando un rechazo continuo hacia Valentine durante varios días, finalmente se dio cuenta de que era la única persona con la que hablaba, además de su familia.

Así que nuevamente la había llamado para hablar de un tema que parecía no dejarla tranquila.

—Dañaré nuestra relación como empleado y jefe — le respondió.

— He escuchado que es el sueño erótico de muchos hombres — dejó salir una carcajada corta.

— No sirves para esto — tomó una pausa —.

No sirvo para esto tampoco, voy a regresar a mi casa.

— ¿Lo dejarás ir, estando tan cerca?

— insistió Valentine.

Camila pensó en esa frase y aún pensándolo quiso aunque sea ver la casa de Marco, quizás se lo encontraba en el porche haciendo cualquier cosa.

Pero lo que vio le despertó la curiosidad.

Cada bombilla de la casa se encendía y se apagaba.

— ¿Tienes el número de Kevin?

— preguntó yendo hacia la casa de Marco.

— Obvio — suspiró —.

No quiero alegrarme, pero me he podido acercar más a él y por alguna razón Norah ya no parece un impedimento, sabes que — Camila se acercó tanto a la casa que el ruido de dentro lo escuchó Valentine —.

¿Camila?

— Llámalo ahora, algo le está pasando a Marco — le colgó —.

¡Marco!

— gritó golpeando la puerta.

Camila no entendió por qué los vecinos no habían visto o escuchado algo, pero cuando volteó a ver.

Notó que las casas más cercanas parecían vacías.

Marco vivía en una zona donde solían establecerse personas con dinero, y por eso las casas solían tener bastante espacio y ser distanciadas.

Adentró, Marco con ambos brazos mantenía la puerta sobre él, para no tener que enfrentarse de nuevo con la cosa.

Se veía atrapado en una situación sin salida.

Nada parecía mejorar y esa pelirroja seguía intentando sacarse la puerta del medio de ambos.

Después de tanto aguantar, Marco, con toda la fuerza que le quedaba en ambos brazos, levantó la puerta hacia un lado y con un grito de adrenalina sumado al dolor que sentía en la herida, lanzó a la cosa con la puerta a la izquierda.

Se levantó en cuanto movió la puerta y salió corriendo del baño, aquella cosa rápidamente se sacó la puerta de encima y comenzó a perseguirlo.

— ¡Marco!

— siguió Camila desde afuera mientras que con todas sus fuerzas golpeaba la puerta.

Todo ese escándalo logró llamar la atención de Will, que pasaba en su auto.

Las luces seguían fuera de control, pero nada lo iba a frenar ahora.

Dejó de sentir el cansancio, dejó de sentir miedo y sólo corrió hacia la puerta principal con toda la fuerza que le quedaba.

Esa cosa estaba ahí, pero tenía que lograrlo.

Paso tras paso Marco se aferraba a salir de ahí con vida, a ver de nuevo a todos.

A pesar de que no entendiera cómo o por qué todo eso le sucedía.

Se aferró a la esperanza de seguir con vida.

Sintió la mano de aquella cosa rozar su camisa cuando tropezó levemente con su bicicleta, pero no fue suficiente para hacerlo caer.

Camila lanzó una patada tan fuerte que logró romper la cerradura y en ese mismo instante, Marco saltó hacia ella y cayó con ella en su patio delantero.

— Mierda — dijo Will corriendo hacia ellos.

Marco levemente se movió y miró atrás, las luces estaban apagadas y no vio a nadie.

Miró la cara de Camila que parecía decirle algo; esto le bastó para caer sobre el pasto inconsciente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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