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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 22

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22: Capítulo vEinTe.

22: Capítulo vEinTe.

Todos compartieron miradas entre ellos.

— Cuando lo levantamos inconsciente, repetía una palabra — levantó la mirada y la fijó en Ele —.

Ella es un monstruo.

Lentamente las miradas de los demás siguieron la suya y cayeron en Ele.

Ella arrugó el entrecejo y antes de que dijera algo, Will habló.

— Aún así, no sabemos con exactitud qué le pasó.

O lo que sea que lo atacó — quiso volver al tema —.

Así que es muy pronto para entender qué quería decir —La mayoría asintió.

— ¿Lo que sea que lo atacó?

— interrogó Lucas.

— No creo que un humano haga algo así — respondió Will metiendo las manos en sus bolsillos.

— Muchos mueren por asesinatos, la mayoría por culpa de otra persona — reprochó Camila.

— Lo sé, lo sé.

Pero hablaba de la mordida — el semblante en la cara de los chicos cambió.

Aslan llevó su mirada casi instantáneamente hacia Max y Ele.

Vagamente, esa palabra le había recordado la sonrisa de aquella mujer meses atrás, a pesar de que no tuviera una conexión, su cuerpo sintió un escalofrío.

— ¿Mordida?

— susurró Abrill.

– ¿No les han dicho?

— siguió Will —.

Marco tenía una mordida enorme en un brazo.

El silencio los inundó a todos, pero duró poco.

De un momento a otro, llegaron unas camionetas oscuras y una patrulla muy cerca de donde estaban reunidos.

De ahí se bajaron adultos de traje y un policía de cara conocida se les acercó.

— Todos ustedes — dijo Junior acomodándose su chaqueta —.

Vendrán conmigo.

CAPÍTULO vEinTe.

Grietas.

— Entonces, ¿me puede decir qué sucedió?

— le preguntó el tipo de traje que había bajado de una de las camionetas, detrás de él, Junior estaba recostado contra una pared en silencio.

— Le dije que no lo sé — repitió Lucas.

Esa rutina la tomó con cada uno de ellos, cada uno duró veinte minutos mientras los demás esperaban afuera.

Después de Ele, siguió Lucas.

— Pensé que todo esto había quedado claro la primera vez, no tenemos nada que ver — reprochó luego de un rato de sólo contestar que no sabía qué había sucedido.

— ¿La primera vez?

— el sujeto volteó a ver a Junior y luego vio de nuevo a Lucas.

En ese momento Lucas notó una diferencia entre la primera vez que había sucedido eso y esta.

No sólo quién lo entrevistaba, sino también la reacción del mismo.

Para él, ambos eran policías, pero con ese gesto había comenzado a dudar al respecto.

— ¿Ustedes tienen idea de quién pudo ser?

— tuvo cuidado al escoger sus palabras.

— Pensamos que usted — leyó el apellido de Lucas de una carpeta a su lado —, Thompson, nos ayudaría con eso.

¿No tenía alguna clase de enemigos o enemistades?

¿Quizás sus padres abusivos?

— La mirada de aquel sujeto fue a él después de decir lo último.

Algo más había que Lucas no sabía.

— ¿Qué quiere decir?

— preguntó Lucas, llevando su mirada de Junior al sujeto.

— Su madre y su padrastro no han aparecido — miró su reloj —, luego de una hora de lo ocurrido siguen sin mostrarse en el hospital y mucho menos en su propia casa.

Imagino que usted sabía sobre la actitud agresiva del señor Antonio, padrastro del chico.

Lucas vio las hojas en la carpeta puesta sobre la mesa.

Parecían ser archivos antiguos sobre ciertos casos de violencia doméstica llevados a la comisaría, presentados por el mismo Marco.

— ¿Eso no lo sabía?

— preguntó con ironía.

Lucas quedó en silencio recordando esas noches donde en momentos difíciles llamaba a su mejor amigo, que extrañamente muchas de esas ocasiones ya estaba despierto.

Algunas otras veces lo había escuchado afligido, pero Marco rápido lo convencía de que era una de sus alergias y que no había de qué preocuparse.

Llevó su mirada a Junior, que miraba el suelo perdido.

— Díganme, ¿conoce algún otro caso parecido?

— preguntó el sujeto mientras que cerraba la carpeta.

Sin concentrarse, Lucas estuvo a punto de hablar de su hermana, pero rápidamente se quedó en silencio.

— Sólo el caso de la preparatoria — contestó tomando el control en sí mismo.

— Bien, fue todo — extendió su mano hacia Lucas —.

Puedes volver a casa tranquilo, concéntrense en sus problemas, su amigo estará bien — Lucas le respondió el saludo —.

Confía en nosotros — le sonrió.

Lucas se levantó y, aún perdido en sus pensamientos, salió de la habitación.

De camino a la sala de espera donde estaban los demás vio pasar a Camila junto a Leonard hacia la misma habitación.

Antes de que ambos llegaran, Leonard la detuvo afuera y entró cerrando la puerta detrás de él.

Había visto a todos pasar desde la otra habitación donde se hacía la supervisión de las interrogaciones.

— ¿No cree que ya ha llegado muy lejos con esto?

— le habló directamente al sujeto.

—No tendré esa conversación con alguien como usted — respondió revisando su celular.

— No, y no la tendrá con nadie si sigue interrogando niños mientras más cosas pasan afuera — reprochó yendo al asiento frente a él.

— Lamber — regañó Junior —.

Salga.

Leonard se quedó esperando la respuesta del hombre de traje.

— No son niños, ya están lo suficientemente grandes para que entiendan cosas más allá — aclaró —.

Y si estoy aquí es para que nadie entienda lo que sucede más allá, ¿crees que a alguien le va a importar si toda la gente de un pueblo a mitad de la nada desaparece?

— Creí que al menos la clase alta solía ser más dramática al respecto — respondió sin darle importancia a lo que le habían dicho.

El hombre sonrió.

— ¿Acaso crees que ellos siguen aquí?

— lo miró con confianza y cierta ironía.

— Lamber, deje al oficial Williams hacer su trabajo — dijo Junior yendo a la puerta —.

Usted haga el suyo y haga que la chica entre.

Dígale a los demás que pueden irse.

Leonard dejó de ver con resentimiento al oficial y después de un largo suspiro salió.

— ¿Cómo es que siempre termino en algo como esto?

— se preguntó Will sentado al lado de Martha.

— A mí suele pasar esto seguido — agregó Martha viendo el suelo.

Will la miró y ambos sonrieron.

— Dejaré de acercarme a ti, traes mala suerte — bromeó Will.

— Diría eso de ellos — dijo viendo a los demás hablar entre ellos a lo lejos —.

La hermana de uno, ya luego el amigo de otro y ahora uno de sus mejores amigos.

Han de estar haciendo algo mal.

Brevemente Will también los miró.

— Debo irme — comentó Abrill caminando de un lado a otro.

Había estado así por un rato, ella fue una de las primeras en las que interrogaron.

— No eres la única — agregó Kevin que desde el suelo la veía pasar.

— No lo entenderías — respondió.

— ¿Por qué no?

— preguntó Norah de pronto, lo cual era lo primero que decía después de preguntar qué había pasado con Marco al encontrarse con ellos en el hospital.

Abrill miró a Kevin y ya luego volvió la mirada hacia ella.

— Sabes cómo se comporta mamá cuando duró tanto tiempo afuera — aclaró.

— Puedes llamarla, está aquí Martha e incluso puedes decirle a Leonard que hablé con ella…

— ¿Por qué dices todo eso?

— interrumpió Abrill sintiéndose amenazada.

— Marco está en un hospital y a nosotros nos interrogan, pero sigues pensando en desaparecer — reclamó, dejando ver que había algo más impulsando su molestia.

Abrill se guardó el celular en un bolsillo pequeño de su chaqueta.

— ¿Es mi culpa que haya sucedido todo esto?

— preguntó señalándose.

— Tampoco es la nuestra y hemos estado cargando con esto juntos — hizo un silencio por un momento —.

O al menos eso hicimos.

Marco estuvo solo cuando más nos necesitaba.

Ninguno sabe qué le pasó y ahora, ninguno sabrá cómo ayudarlo — lentamente comenzó a llorar.

Kevin se levantó y la sacó del lugar.

Por otro lado, Abrill se quedó pensando en todo lo que ella había dicho y, de cierto modo, sintió culpa.

Quizá, nuevamente había llegado tarde.

— Ella necesita su amiga — le dijo Aslan que como Max y Ele habían escuchado —.

Norah no tiene a nadie más que nosotros, y ahora sin nosotros no tiene a más nadie que a ti.

Sí, recuerdas eso, ¿verdad?

Lucas llegó en silencio y es muy poco probable que haya escuchado algo de la discusión.

Su mirada perdida en el suelo lo llevaba y lo traía de diferentes recuerdos donde pudo ver un extraño comportamiento en Marco.

Su mente, de manera continua le reprochaba cómo había estado meses o tal vez años enteros, junto a un Marco diferente, uno que no conocía.

Las miradas de los demás fueron a Lucas, pero la voz de Leonard que llegaba detrás de él se llevó la atención.

— Pueden irse — buscó a Kevin con la mirada hasta que consiguió verlo afuera con Norah —.

Tengan cuidado — notó también que había un auto naranja estacionado afuera.

Que no estaba allí cuando ellos llegaron — y no se separen hasta que cada quien llega a casa.

Asintieron y casualmente salieron en el orden en que fueron entrevistados.

Abrill, se fue directo a su auto con Martha que se despidió de Will con la mano; Kevin acompañó a Norah después de juzgar a Aslan con la mirada, mismo que los vio irse; Ele se quedó viendo cómo Lucas intentaba hablar con Abrill por la ventana de su auto y junto con Will voltearon a buscar a Max, que había regresado a dentro.

— ¿No te irás?

— le preguntó a Valentine que tranquila aún estaba sentada.

— Camila aún no sale, no quiero dejarla sola — le sonrió cordialmente —.

¿Kevin se fue, cierto?

Max miró afuera y notó que incluso el auto de Abrill ya había desaparecido de la vista.

Volvió su mirada a ella y asintió.

— Claro…— susurró ella.

— Podemos esperar por ti — ofreció sonriéndole.

Ahora ella volteó afuera y vio a Ele hablar con Aslan, mientras que Will y Lucas escuchaban.

Cabe destacar que era su primera vez conviviendo con este lado del grupo.

Dudosa, porque claramente estaba acostumbrada a la compañía de Kevin, Norah y Abrill, acepto.

— Esperaremos afuera — dijo Max yéndose.

— Bien — sonrió.

Apenas dio unos pasos afuera, ya tenía a los demás frente a él.

— ¿Pasó algo?

— preguntó Ele.

— Valentine espera a Camila y pensé que podemos esperarlas — vio a los demás —.

Es tarde y con todo esto es mejor estar juntos, ¿no?

— ¿Crees que Camila vendrá conmigo?

Al final, ¿no soy yo el monstruo?

— giró para ver a todos.

— No dijo tu nombre — quiso aclarar Max.

— No hizo falta — respondió viéndose molesta.

— Estuviste conmigo en ese momento, yo lo sé, Aslan lo sabe e incluso Marco lo sabía.

Nadie cree que eres un monstruo, ¿cierto?

— integró a los demás en la discusión.

Pero quienes tenían que afirmarlo se quedaron callados.

Ele decepcionada sonrió.

— No necesito que ninguno de ustedes lo crea…

— ¿Entonces por qué te tomas a pecho que te digan monstruo — interrumpió Aslan —.

Si no lo hiciste, no necesitas preocuparte, ¿verdad?

Ele se quedó impactada con la respuesta de Aslan.

Parecía volver a dos meses atrás, en esa discusión frente a la biblioteca.

Igual que esa vez, sintió miedo, uno que ninguno pudo percibir.

— Púdranse — le dijo con dolor a Aslan, mientras los quitaba del medio.

— ¡Ele!

— la llamó Max.

Pero ella lo ignoró y cuando él intentó ir tras ella, Aslan lo sujetó del brazo.

— Suéltame — mandó Max.

— ¿Viste a Marco?

— preguntó viéndolo.

— Ninguno lo hizo — forcejeó, pero no pudo soltarse.

— Camila lo hizo.

Él le habló a ella y quizás ella nos dice una verdad que de nuevo no quieres aceptar.

¿También dirás que no la escuchaste y que nada está pasando?

— interrogó apretándolo con fuerza.

— Ele estuvo conmigo, ¿Cómo lo sé?

— lo miró a los ojos —.

Porque yo estuve ahí cuando dije que lo estaría.

Max jaló fuerte y logró zafarse.

Tan rápido como pudo corrió tras Ele que no estaba tan lejos.

Lucas vio a Aslan, entendió lo mucho que pudo haber sentido con esas palabras.

El sonido de la puerta intervino en el momento.

— Ya podemos irnos — dijo entre dientes Valentine.

Casa Walker.

— Mierda — dijo Abrill revisando su asiento del auto, una y otra vez, buscó de diferentes maneras y viéndolo de diferentes ángulos.

— Pensé que lo tenía en su chaqueta — comentó Martha viendo lo preocupada que parecía.

— ¿Qué crees?

Lo mismo pensé — respondió en voz alta y de forma irónica.

Se dio cuenta de que no tenía su celular segundos después de que llegó a casa.

Lentamente buscó en su bolsillo y al no encontrarlo entró en pánico.

Desde entonces repasó los momentos en que pudo haberlo dejado caer.

— Esté tranquila — siguió Martha a pesar del trato que recibió —.

Alguno de sus amigos lo habrá cogido.

— Mi problema no es haberlo perdido.

Si responden al último mensaje que mandé — pasó una de sus manos por su cabello —.

Ese será el problema.

Martha levemente asintió, pensando en que ojalá alguno de ellos lo consiguiera.

Hospital de Pensiwell.

Lucas vacilaba con un celular en sus manos, dudoso, se preguntaba si encenderlo.

Hasta que de pronto, otra llamada hizo que sonara con fuerza.

Asustado, le bajó tanto volumen como pudo y lo puso a un lado sin querer contestar.

La puerta de la habitación se abrió y entró Aslan.

— Nada — dijo viendo a Marco dormido en su cama —.

Más preguntas tenía el doctor para mí que las que yo tenía para él — miró a Lucas, que a su vez también volteó hacia Marco.

— ¿Incluso de la mordida?

— preguntó dejando de lado su anterior inquietud.

— Busca una respuesta, o al menos eso me dijo — terminó por sentarse a su lado —.

Últimamente nadie sabe nada.

— Quizás, todos sepan algo que nos quieran decir — vio el celular que le notificaba que la llamada había terminado y lo tomó de vuelta en sus manos.

Aslan notó con velocidad a quién le pertenecía.

— ¿Qué haces con eso?

— interrogó alarmado.

— No lo sé — su voz se escuchó delgada —.

Pensé saber algo, estar seguro de algunas cosas — suspiró intentando frenar sus ganas de llorar —.

Pero me di cuenta de que realmente no tengo nada de lo que estaba seguro de que tenía.

— Oye — posó su mano sobre el hombro de Lucas —, todo va a estar bien.

Sabremos qué hacer.

— No, ya nada lo está — la primera lágrima salió —.

Gabriela camina y habla con dificultad.

Marco ahora está ahí herido y quién sabe hace cuánto lo está — Aslan miró de nuevo a Marco sin entender qué quiso decir —.

No hay grupo…

Y ya no sé en qué confiar.

No sé si quiera si soy de fiar, mucho menos sabré qué hacer.

— ¿Lo dices por las veces que desapareció?

— preguntó, sin saber bien cómo ayudar.

— Y por ese estúpido día en la preparatoria — siguieron cayendo lágrimas —, que a pesar de lo mucho que lo intento, no saco de mi cabeza.

Ese día cuando hablamos, en serio quise preguntarle de una vez por todas y busqué decirle lo difícil que era sin ella.

Aslan quitó la mano del hombro de Lucas y se dispuso a escuchar.

— Pero, comenzó a besarme y dijo que no arruinara el momento — Aslan captó que buscaba decir —.

Entonces tampoco quise arruinar eso.

Sabes, fue mi primera vez, no sé ni cómo demonios se hace todo eso y creo que ella lo notó.

— Amigo, no tienes por qué sentirte mal por algo como eso — buscó intervenir, al fin sabía un poco de cómo aconsejarlo, pero Lucas siguió hablando.

— No quería eso.

Gabriela no es la misma desde hace dos meses y cada día es más difícil de digerir.

Sufre de pesadillas todo el tiempo y suele gritar algunas noches — se limpió la cara —.

Yo tengo mis propias pesadillas, quería compartirlas con ella, pero al parecer ella buscaba algo diferente.

Para desaparecer luego.

Otra llamada se mostró en la pantalla.

Era Argelia, o quizás Abrill buscando su propio celular.

De nuevo, lo dejó sonar.

— Creí que controlaba tantas cosas y sólo veo que desde hace mucho perdí el control — le puso el celular sobre una pierna de Aslan —.

¿Puedes regresarlo y decir que lo conseguiste en el suelo?

Ya no quiero hacer lo que sea que pensaba hacer.

Aslan lo levantó y antes de aceptar, rectificó lo que creía que estaba correcto.

— Quiero ayudarte y si eso implica hacerlo de esta manera, lo haré.

No tienes que hacerlo tú — se levantó —.

Dicen que los hombres siempre cometemos errores, y pues, creo que es momento de que cometamos juntos este error.

— No es necesario…

— Lo es, si te sacará de esa duda que te impide dormir — lo vio a los ojos —.

Amigo, confía en mí.

Después de un largo suspiro y de limpiarse las lágrimas, aceptó.

— ¿Qué veo?

— preguntó listo para encenderlo.

— No tengo idea, te lo dejo a ti.

— Bien, ¿su clave?

— 27 de febrero, en números, claro — dijo viendo el suelo, mientras imaginaba tantos escenarios posibles como pudiera.

— Su fecha de cumpleaños — susurró escribiendo —.

Aunque, antes de todo esto me gustaría hablar importante contigo.

Lucas levantó la mirada.

Ya presentía que había algo más que hablar desde la discusión de Aslan con Max en la comisaría.

De pronto el celular de Abrill vibró y Aslan levemente encendió la pantalla para ver de qué trataba.

Al desbloquearlo, el mensaje del que tanto Abrill temía que fuese respondido, al final lo fue.

El nombre era claro, Abrill quería hablar con Ibel y él había respondido: «¿Hablar?».

El corazón de Aslan se aceleró un poco y por un momento pequeño dejó ver la preocupación en su rostro.

Abrill hablaba con ellos en la preparatoria, no se dejaría llevar por esto.

Entró al chat y se dio cuenta de los muchos mensajes recientes de Abrill diciéndole que lo extrañaba, que necesitaba verlo y que también extrañaba esas noches juntos.

La mente de Aslan quedó en blanco.

Más allá de la impotencia sintió miedo, ahora Lucas tendría que saberlo, pero él ya no quería decirle.

— ¿Qué pasó?

— preguntó Lucas impaciente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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