El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 23
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23: CAPÍTULO VeinTiUno.
23: CAPÍTULO VeinTiUno.
Dos meses antes de la muerte de Robert.
La calle del ataque a Abrill.
— También dudé que vendría — respondió Robert esquivando una rama que sobresalía del suelo —.
Me sorprendió cuando salió de Delycyas, no creí que quisiera venir siquiera.
— Debería estar yo en el auto — agregó Ibel viendo el bosque a su alrededor.
— Deberías ir dejando ese miedo atrás, vives rodeado de bosque.
— ¿Crees que no lo he pensado?
— preguntó dándole un vistazo a Robert que sonreía a un lado —.
No entiendo cómo hay personas que aman estos lugares.
— No todos les tenemos miedo a los árboles — bromeó.
— Eres un imbécil — golpeó su brazo.
— ¿Pueden concentrarse?
— regañó Abrill frenando frente a ellos —.
Si en serio quieren ayudar, busquen la bala o restos del vidrio de la puerta.
Ambos voltearon a verse.
— No es tan fácil cuando olvidaste con exactitud dónde chocaste — respondió Ibel algo irritado por lo incómodo que estaba con el ambiente —, o con qué árbol exacto.
— También conseguir una bala dentro de tantas hojas — Robert señaló el suelo —, no es sencillo.
Abrill suspiró y frustrada se siguió insistiendo en conseguir el lugar por donde corrió después de todo.
Para ella había alguna respuesta en encontrar el rastro de lo que sea que había visto esa noche, sumándole a eso la confianza de Ibel y su grupo.
— Aún falta esa parte de allá — giró su mirada de nuevo hacia la profundidad del bosque —.
No se distraigan.
Pero ninguno de los dos se movió.
— Ya no tienes que mentir más — dijo Ibel —.
Ya por favor dime qué demonios te sucede.
Abrill se detuvo y, sin darse vuelta, bajó la mirada.
— Sé lo que vi, sé que algo me atacó anoche y que casi muero por eso — reprochó de vuelta.
— Dile eso al estúpido grupo de tontos con quien compartes tardes, porque son los únicos que podrían creer algo así.
Robert llevó su mirada de uno a otro hasta ese momento.
Sabía que algo no andaba bien con Abrill, pero reconocía lo extraño que era simplemente querer creer en eso.
— Yo iré hacia allá — comentó antes de irse por detrás de un árbol.
— ¿Qué ganas con esto, Walker?
— siguió Ibel.
— Probar que no estoy loca — respondió Abrill con pequeñas lágrimas deslizándose por su mejilla —.
Llevó cuatro días sin querer dormir — Ibel levemente arrugó su entrecejo —, todas las noches en las que me duermo, sueño con que escapo de esa cosa en un hospital sin salida — ahora sí, en su voz comenzó a escucharse lo afligida que estaba.
— ¿Qué tiene que ver con todo esto?
— interrogó Ibel.
Abrill finalmente se giró.
— Anoche, ese miedo se hizo real, finalmente estaba siendo perseguida y como en esos sueños, sentía que no podría escapar.
Sé que sueno como loca, pero también sé que esto tiene algo que ver y no puedo dejarlo pasar, me creas o no.
Levemente una brisa fría comenzó a mover las ramas altas de los árboles y todos los bellos de Ibel se erizaron.
El viento trajo consigo un olor putrefacto que incluso Nick olió desde el auto.
— ¿Hueles eso?
— preguntó Abrill e instantáneamente se tapó la nariz.
— Sí — se pasó la mano por la nariz e hizo una mueca de asco.
El sonido de las hojas quebrándose detrás de ellos los hizo voltear de golpe.
— ¿Los asusté?
— preguntó Robert después de llegar corriendo hasta donde ellos estaban.
— Déjate de estupideces, ¿alguna idea de dónde haya venido ese olor?
— preguntó Abrill quitándose la mano de la nariz.
— Pues el viento vino desde allá.
¿Crees que tenga algo que ver?
— Eso veremos — dijo Abrill yendo hacia donde Robert había señalado.
Abrill se quitó las pocas lágrimas que había derramado y sin darse vuelta fue avanzando.
Robert miró a Ibel, él se mantuvo pensando en lo que Abrill dijo y cómo lo había hecho, pocas veces la había visto tan afligida.
— Andando — le mandó a Robert.
— Como tú digas.
Después de caminar por un rato finalmente Abrill notó que el olor se había hecho más fuerte.
Asqueada, se frenó instintivamente y se tapó la nariz antes de seguir adelante.
— Huele a mierda — se quejó Robert detrás de Ibel.
— No creo que la mierda huela así de mal — respondió apretando más fuerte la parte inferior de su camisa a su nariz.
Abrill comenzó a mirar alrededor buscando indicios del lugar de donde provenía el olor.
Hasta que finalmente vio un enjambre de moscas entre los árboles.
Sin dudar, caminó hacia allá, mientras que los chicos a regañadientes iban detrás de ella.
Al acercarse se dieron cuenta de la impresionante cantidad de moscas que volaban cerca, indicio de que lo que fuera que estaba ahí tenía tiempo en ese estado.
Algunos cuervos salieron volando apenas ellos llegaron.
— Es…
una persona — dijo Robert yéndose en el momento en que sus ojos lograron reconocer la cara de la víctima.
Walker se quedó perpleja viendo el cuerpo del sujeto; era ese mismo cuerpo que había visto antes.
Lo que ella vivió sí sucedió, no era un mal recuerdo o una simple pesadilla.
Aquella bestia que la persiguió en sus sueños ahora estaba ahí para por fin atraparla.
Se quedó congelada analizando el cuerpo, mientras que Ibel la jalaba del brazo con fuerza intentando sacarla del trance.
Finalmente, la cargó y logró sacarla de sus pensamientos.
— Necesitamos pruebas — dijo de pronto Abrill intentando bajarse.
— Tenemos que irnos, Walker — regañó Ibel apretándola con fuerza y yendo lo más rápido que podía detrás de Robert.
— No lo entiendes, necesitamos observar mejor el cuerpo, podemos conseguir algo — Ibel no le prestó atención y siguió —.
¡Ibel!
Suéltame ya — Abrill se quedó con la mirada en aquellos árboles que tapaban el cuerpo —.
Por favor, déjame ir.
Ibel, escandalizado, no quiso prestarle atención a lo que ella decía y prefirió dar todo lo que podía para salir del bosque tan rápido como pudiera.
No perdía de vista a Robert, que iba delante, corriendo aún más rápido.
La carretera finalmente se hizo visible y de cierta forma eso tranquilizó a Robert, pero el momento de alivio duró muy poco.
Al subir a la carretera, vio cómo dos policías interrogaban a Nick afuera del auto de Ibel y se quedó quieto de pronto.
Nick brevemente volteó hacia él, al reconocerlo, fijó su mirada en Robert.
Los policías rápido giraron la cabeza basándose en los ojos de Nick.
Dieron con un Robert alterado y cansado con una mirada perdida sobre ellos.
— ¿Lo conoces?
— preguntó uno de los oficiales a Nick.
Él asintió y con cierta preocupación volteó de nuevo hacia Robert.
— ¿Estás bien?
— interrogó el otro policía en camino a Robert y brevemente bajó una de sus manos a su arma.
Los ojos de Robert iban del policía a Nick, que con el entrecejo fruncido buscaba leer su cara.
— ¿Han ingerido alguna sustancia?
— siguió el policía que caminaba hacia él.
A pasos de que el policía llegara a Robert, apareció Ibel con Abrill forcejeando en sus brazos.
En segundos, imaginó lo que sucedía.
De golpe sacó su arma y apuntó a Ibel.
— Baja la chica — mandó apuntando el arma de Ibel a Robert.
— Oiga, no es lo que cree — dijo Ibel soltando a Abrill tan rápido como pudo.
— ¿Está bien, señorita?
— preguntó el oficial sin quitarle la mirada a los muchachos.
— Somos conocidos, sus amigos, no le estábamos haciendo nada malo.
Abrill, diles…
— ¡Cállate!
— lo interrumpió el policía —.
Manos a la cabeza, ambos.
Ahora.
Robert miró a Ibel y él miró a Abrill esperando que ella dijera algo para defenderlos.
Ella se consiguió con un nuevo dilema.
Decirle al oficial que los conocía era permitirle a Ibel decirle lo del cuerpo del bosque.
En cambio, si decía no conocerlos, los metería en tantos problemas que podían escalar a cosas mucho peores.
Mientras el otro oficial esposaba a Nick, Abrill decidió hablar.
— Los conozco, vamos a la preparatoria juntos — dijo viendo al oficial a la cara.
—Dígame por qué duró tanto tiempo en responder — siguió el policía.
— No todos los días me apuntan con un arma, disculpe — respondió ella.
Confundido, el policía veía el rostro de los tres y les notó un semblante extraño, algo se traían entre manos.
— ¿Qué hacían en el bosque?
— soltó otra pregunta.
Ahí, Abrill se quedó sin qué decir.
Brevemente quiso voltear para mirar a los chicos y dejarles ver que no sabía qué decir, pero rápido Ibel se dio cuenta.
— Pensábamos en hacer una fiesta aquí.
Mi casa no está lejos, así que veíamos esta parte del bosque como una opción — mintió Ibel con las manos todavía detrás de la cabeza.
— ¿Por qué corría…
— Vimos un cuerpo en el bosque — lo interrumpió Robert llevado por el miedo, no del policía sino de lo que habían visto antes.
En el momento en el que habló, la mirada de todos fue a él.
Abrill buscó contradecirlo, pero se quedó en silencio esperando a que Ibel hablara, ya que se le hizo mala la idea de ir en contra de ambos en una situación como esa.
Pero fue el policía quien habló en ese momento.
— ¿De qué hablas?
— brevemente su mirada vaciló entre los tres, y unos de sus dedos comenzó levemente a temblar .
Ninguno de los chicos logró ver eso.
— Vimos un cuerpo sin vida en el bosque — continúo Robert sin que los otros dos dijeran algo al respecto —.
No tenemos nada que ver, por eso salimos corriendo.
Incluso íbamos a llamarlos a ustedes, a la comisaría…
— No — dijo de pronto el oficial, bajando el arma —.
No es necesario, debieron haber visto algún animal muerto y confundirse — Robert miró a Ibel y este le regresó la mirada.
— No, eso fue lo que vimos — insistió Robert.
— ¿Acaso no escuchaste lo que te acabo de decir?
— su tono de voz bajó —.
No se metan en esto, no le digan a nadie y vuelvan a casa.
Pensaban en tantas que su mente se nubló y por un corto momento sólo se quedaron viendo al oficial.
El policía desvió su mirada hacia la camioneta negra que se aproximaba desde atrás de los chicos.
Y con un semblante poco común aclaró la garganta viéndola frenar a su lado.
— ¿Todo bien, oficial?
— preguntó el oficial Williams sacando la cabeza por la ventana.
— Sí, señor — llevó su mirada a los chicos —, más jóvenes con exceso de velocidad.
Pueden bajar las manos — los chicos obedecieron la orden velozmente.
Williams observó que su compañero los veía junto con Nick aún esposado.
— ¿No están muy lejos del auto?
— preguntó Williams.
— Estos intentaron escapar.
Termino la infracción y los dejo ir.
El sujeto de no más de cincuenta años miró a los chicos y al otro policía por última vez, subió su ventana y siguió.
+++ Casa Stevens.
— ¿Entonces el policía les dijo eso?
— cuestionó Nick.
— Sí, Nick, no volveré a repetirlo — se quejó Ibel sentado en el sillón frente a él.
— Es difícil de digerir — llevó su mirada a Abrill que se mantenía en silencio con un vaso en una de sus manos —.
¿Ella tenía razón?
Ibel también volteó a verla.
— Sí — dijo después de suspirar por preocupación.
— ¿Y qué haremos ahora?
— preguntó al aire, intentando hacer que Abrill dijera alguna cosa.
— ¿Habrán muerto más personas?
— preguntó de pronto Robert que había estado todo el rato con unas ganas de llorar notables.
Hubo silencio.
— La policía ha estado ocultando todo esto — siguió Robert —, pero nadie parece notar que ciertas personas desaparecen, ¿no tienen familias esas personas?
— Cálmate, ni siquiera sabemos la magnitud de todo esto.
Quizás simplemente, sólo esas dos personas de las que sabemos hayan sido las víctimas — aclaró Nick, dándose palabras de alivio a sí mismo también.
— Y tampoco sabremos — intervino Ibel —, ese policía nos advirtió por alguna razón.
Vamos a escucharlo y mantenernos lejos de todo eso, ya deben estar trabajando en eso.
— ¿Y si soy la siguiente que harás?
— finalmente Abrill soltó algunas palabras.
Nick y Robert llevaron su mirada a Ibel, que se quedó en silencio por un momento.
Recordó en ese breve lapso de tiempo que el ataque fue hacia ella.
— Buscaremos la forma de protegerte — dijo lo primero que pensó.
Abrill dejó el vaso en una mesa cercana.
— ¿Qué hay de ellos?
— miró a Robert y Nick.
— Conseguiremos una forma de protegernos todos — insistió Ibel —.
Aunque nuestra única opinión sea irnos de aquí, es mejor que intentar meternos en asuntos peligrosos, Abrill.
— Ibel tiene razón — apoyó Robert —, creo que la policía no puede controlar lo que sea que te atacó, no podremos nosotros.
— Sí, si pudiéramos presentar pruebas suficientes a un cuerpo policial por encima del nuestro — comentó Nick.
— No meterías a tu papá en esto — señaló Robert.
— ¿Te gustaría morir?
— le preguntó de vuelta, logrando dejar a Robert sin nada que decir.
— ¿En serio lo harías?
— Abrill vio una enorme oportunidad en ese comentario.
Ella tenía poco tiempo viviendo con esa incomodidad, pero ya estaba cansada de tener miedo incluso de bajar a su cocina a tomar agua.
No le era necesario que el problema fuese lo suficientemente grande como para querer deshacerse de él.
— Necesitaríamos pruebas de que algo verdaderamente malo está haciendo destrozos en el pueblo y que la policía sabe todo eso.
Seguramente papá le pondría atención, nunca le ha caído bien este lugar — explicó Nick.
Una vez más el silencio llenó la habitación.
Un peso enorme parecía caer en los hombros de todos, un peso que ellos mismos se habían impuesto, un peso que podría caer con tanta fuerza que los aplastaría.
— Saben que podemos tener muchas consecuencias si nos metemos en esto, ¿verdad?
— preguntó Ibel viéndolos a todos.
— Nos mantendremos a raya, y si algo huele mal dejaremos todo enseguida — le respondió Abrill —.
Nadie más puede saber de esto y no podemos atraer a otras personas a este enrollo.
Seremos sólo nosotros — Robert e Ibel dudaron por un momento, pero al final terminaron aceptando —.
Bien, entonces empecemos.
CAPÍTULO VeinTiunO.
Sólo Nosotros.
Actualidad, un día después del ataque de Marco.
Casa Hirsch.
Lo seguía atormentando la conversación que habían tenido todos el día anterior.
Max era quien la mayoría de las veces prefería quedarse callado para que los problemas no se hicieran más grandes.
Pero esta vez algo fue diferente y aunque quizás la respuesta podía ser obvia, él seguía pensando en que había cambiado.
Alguien comenzó a bajar las escaleras.
Eso fue lo que le recordó a quien esperaban él y su madre sentados en la sala de estar.
Ambos se levantaron y juntos caminaron hacia las escaleras para recibir al vecino, el Sr.
Ramos, quien era psicólogo en Alois (ciudad relativamente cercana a Pensiwell).
Él había estado tratando a Mac durante esos días, para que el chico pudiera dormir y contar qué le había sucedido a Alfonso.
Pero no había tenido ningún avance con ninguna de las cosas.
— ¿Dijo algo esta vez?
— preguntó la Sra.
Hirsch como de costumbre después de cada sesión.
— Lamento que no — llegó al pie de la escalera —.
Lo sucedido hace unos días logró sólo alterarlo más.
Por ahora recomiendo dejarlo descansar, me ha contado que últimamente ha dejado de tener pesadillas.
— Aún así no duerme — contestó la madre —, ya han pasado varias noches en las que lo escuchó llorar.
Max bajó la mirada y recordó algunas noches donde él también lo había conseguido así.
Muy en el fondo, en esas ocasiones se sentía calmado de aunque sea verlo llorar y encontrarlo vivo.
Ya habían pasado tres días después de la muerte de Jack, y Max ya estaba aterrado pensando en qué pasaría al cumplirse de nuevo el quinto día.
Exceptuando los días de prepa y la noche de la cita, él en todo momento buscaba estar cerca de su hermano con el miedo constante de que en algún momento algo malo le pudiera pasar.
Su madre le había estado dando a Mac algunas pastillas que no le permitían soñar, por eso las pesadillas no habían vuelto.
Pero, en ocasiones, estas mismas le daban insomnio.
Mientras que su madre despedía al Sr.
Ramos, Max seguía pensando en la conversación que había tenido la noche anterior con Ele.
La noche anterior.
Max tuvo que trotar un poco para poder alcanzarla, Ele estaba dispuesta a no frenarse.
En un momento como ese ni siquiera sabía cómo sentirse.
No es fácil cuando te echan la culpa por algo en lo que no participaste y más aún cuando incluso usan palabras como “monstruo”.
Molesta, simplemente quiso ignorar a Max y seguir adelante.
Pero él se detuvo frente a ella y la agarró de los brazos para frenarla.
— ¿Quieres escucharme al menos?
— preguntó Max.
— No quiero hablar con nadie ahora, Max.
No tiene caso — respondió Ele.
— No eres un monstruo y sé que no tienes nada que ver con todo esto — intentó consolarla y lograr hacer que lo escuchara.
Ella se quedó callada y Max continuó —.
Sabes lo locos que se ponen cuando sienten miedo, lo fáciles que son para confundir.
No los tomes en serio, no saben lo que dicen.
— De qué me sirve conocerlos, si seguiré siendo una extraña para todos — refutó —.
Ahora sé que cada vez que tengan la oportunidad me culparán sin pensarlo…
— No tienes la culpa.
Tú y yo podremos demostrarlo — la interrumpió Max buscando convencerla y hacerla sentir mejor.
— No necesito demostrarles nada.
No serían los primeros en llamarme así — vio a Max a los ojos —.
¿Puedes dejarme ir?
— No sola.
No sé a qué te refieres, pero sé que no eres una amenaza para nadie y se lo voy a demostrar a los que hagan falta, sin importar que, creo en ti.
Ele bufó.
— ¿Y si fuese yo quien le está haciendo todo eso a tu hermano?
— preguntó ella.
Max pensó por un momento la respuesta.
— Puedo asegurar que no harías algo como eso — dijo, negándose a pensar qué haría en una situación como esa.
— ¿Por qué confías tanto en mí?
— Son tus ojos los que me han obligado a creer en ti en cualquier momento.
Mentí por ti sin conocerte, porque al verte a los ojos encontré seguridad en un momento como ese.
Ahora que sé quién eres, ya sólo me basta con verte para saber que tomé la decisión correcta y qué le mentiría al mundo por ti.
Los ojos de Ele brevemente se cristalizaron, mientras que con tantas dudas sentía su respiración acelerarse.
— Confiaré en ti sin importar las circunstancias, porque en tus ojos encuentro algo que nunca había experimentado.
Llámame cursi, pero sé que no mientes y si es necesario ir en contra del mundo sólo nosotros, así será.
— No nos creerán.
— Lo harán, si encontramos al verdadero monstruo — la soltó de los brazos.
En seguida Ele lo abrazó con fuerza.
Max se quedó sorprendido por su reacción, pero sin pensarlo mucho la envolvió en sus brazos.
Había un pasado que ninguno conocía sobre ella, uno que no la dejaba tranquila y que vivió sola.
Sin embargo, ahora eso también había cambiado.
— ¿En serio crees que haya sido una criatura?
— le preguntó Ele con su mentón en el hombro de Max.
— No, pero sé de alguien que sí — le contestó.
Actualidad, Casa Hirsch.
Max abrió lentamente la puerta de Mac y lo consiguió sentado sobre su cama.
— ¿Por qué me está pasando todo esto, Max?
— preguntó su hermano menor al darse cuenta de quién era.
— Hay cosas que no podemos controlar — le contestó sentándose al filo de la cama —.
Pero de las que sí podemos encontrar una salida.
Mac lo miró intrigado y con cierta emoción.
Esa frase la solía decir Max al encontrarle solución a un problema.
— ¿Qué quieres decir?
— sus ojos se llenaron de lágrimas velozmente.
— Le tuve miedo a todo esto apenas comenzó, pero me he dado cuenta de que no soy el hermano que has necesitado.
Conseguiremos la solución y te sacaremos de esto, te lo prometo — se acercó a Mac para chocar el puño.
— ¿Te sacaremos?
¿Tú y quién más?
— le respondió el saludo.
— Te caerá bien — sonrió.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com