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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 24

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24: CAPÍTULO VEintIdOS.

24: CAPÍTULO VEintIdOS.

El viento menudeaba las copas de los árboles solían con tanta fuerza que algunas ramas caían en las calles, los truenos asustaban a los más pequeños de casa e incluso hacían que algunos perros corrieran por su amo.

No era una cosa fuera de lo común que lloviera así en el pueblo y la mayoría de personas solían disfrutar buenas tardes cuando el clima estaba de esa manera.

Lucas ya se había acostumbrado a salir con lluvias como esas y le parecía un buen momento para fotografiar algunas zonas.

Aunque esta vez, su propósito bajo la lluvia era diferente.

Dejó caer su bicicleta sobre el césped mojado y corrió hacia la puerta.

Ya ahí, se quitó de encima el impermeable y tocó a la puerta.

— ¿Lucas?

— dijo sorprendido el tío Alan —.

¿Qué haces aquí?

— Aslan y yo nos quedamos de ver aquí — informó —.

¿Si está?

— Sacó su auto, pero dijo que vendría pronto.

Pasa, yo lo llamaré — Lucas asintió y entró.

— Gracias — dijo sonriente.

CAPÍTULO VEintIdOS.

¡Start!

— Gran día para salir sin auto — se reprochó Norah deteniéndose junto a otras personas que se encontraban atrapadas en la entrada de Delycyas por la lluvia.

Justo ese día, a ella le había parecido una buena idea despejarse yendo a dar una vuelta en bici por el centro.

Cuando comenzó la lluvia, llegó hasta Delycyas y ahora estaba atrapada ahí esperando a que su padre enviara un auto por ella.

Viendo hacia fuera, notó aquel auto naranja pasando.

Lo siguió con la mirada hasta que no pudo verlo más, no era la primera vez que lo notaba tan cerca.

Extrañamente, lo había conseguido ver en varias ocasiones donde estaban reunidos al menos la mayoría de ellos.

Perdida en ello, no notó el auto que se había frenado frente a ella hasta que el piloto llamó su atención.

— ¿Quieres una mano?

— dijo Aslan viéndola desde su asiento por la ventana del copiloto.

— Sobreviviré, gracias — le respondió sin siquiera verlo.

— Lo sé, eres muy fuerte como para pedir ayuda — siguió Aslan.

— No soy tan ilusa como crees, es diferente — reprochó.

Aslan sonrió, la había extrañado.

— Puedes irte — dijo Norah viendo a sus alrededores.

— Sí, puedo.

Pero, esta vez no quiero — contestó Aslan —.

No soy yo quien necesita tu ayuda hoy.

Es sobre Lucas.

Finalmente logró que ella se asomara por la ventana del auto.

— ¿Me dirás que él te envió en lugar de intentar simplemente hablar conmigo?

— interrogó.

— No, él no sabe nada de esto — sacó el celular de Abrill de su bolsillo —.

Creo que nadie debería.

Encendió el celular y le mostró el chat de Ibel.

— ¿Qué haces con eso?

— Norah sintió curiosidad, pero de cierta forma fue más preocupación que otra cosa — ¿Lo sabías?

— ahora fue Aslan quien necesitaba respuestas.

Norah miró a ambos lados de la carretera y dio un largo suspiro.

Cuando intentó abrir la puerta del auto, no pudo moverla.

— Lo siento — dijo Aslan empujando la puerta desde adentro —.

A la cuenta de tres jalas.

Uno, dos, tres — la fuerza de ambos logró hacer que la puerta se abriera.

Con Norah dentro del auto, Aslan buscó su bicicleta y la metió en la parte trasera del auto.

Ya saliendo, Norah aprovechó para decirle a su padre que ya no era necesario que enviara un auto por ella.

— No lo sabía — dijo terminando de leer la poca conversación que quiso ver —, pero noté algunas cosas.

¿Leíste lo demás?

— volteó a mirar Aslan.

— No hay ni un poco más que eso.

Al parecer borra las conversaciones de ese único chat — contestó él.

— ¿Fuiste tú quien se lo quitó?

— Lucas — la miró fugazmente y miró de nuevo al frente —.

Él no lo sabe, le dije que lo haría yo porque se arrepintió de hacerlo.

— ¿También tenías sospechas?

Aslan negó con la cabeza y ella volvió su mirada al celular de Abrill.

— ¿Por qué me lo dices a mí?

— Eres quien es más cercana a ella, pensé que podrías quizás saber más.

Además, me quedé sin opciones.

¿Alguna idea de lo que pueda ser?

— Un malentendido — afirmó con velocidad —.

No hemos visto todo el panorama, y haciendo este tipo de cosas no llegaremos a ningún lado — levantó el celular en una de sus manos.

— ¿En serio crees eso?

— agregó Aslan.

Norah se negaba a pensar algo más allá de lo que había dicho.

No creía que Abrill fuese capaz de algo como eso, menos a alguien como Lucas.

Pero no estaba segura del todo y casualmente era un tema que la había estado persiguiendo por bastante tiempo.

— ¿Y qué si no?

— retomó el tema Norah.

— Es nuestro amigo y sea cual sea la verdad, siento que debería saberla completa — dijo Aslan.

Otra vez Norah batallaba consigo misma, en un momento como ese, qué debería hacer.

Sin muchas ideas, miró por la ventana y reconoció el camino.

— No me estás llevando a mi casa — vio a Aslan.

— Sí, hay otra cosa de la que me gustaría hablar con ambos — le dijo después de sonreírle.

— ¿Ambos?

Los recibieron las miradas de Lucas y su tío que se habían pasado un rato jugando en la nueva consola.

— Ya entiendo por qué no contestaba — le susurró el tío de Aslan a Lucas —.

Señorita Warlen.

— ¿Cómo está?

— respondió Norah después de regalarle una sonrisa.

— Bien — miró a Aslan y volvió su mirada a ella —.

¿Y ustedes?

Ambos se miraron y luego de una mirada incómoda que duró algunos segundos, pudo responder.

— Igual.

— Síganme — les dijo Aslan a los muchachos.

Lo siguieron sin decir nada más, y su tío siguió en su juego.

La curiosidad carcomía a Lucas mientras caminaba tras ellos.

Norah no le había dicho nada y verla llegar junto con Aslan lo hizo más extraño.

La pregunta de qué hacía ahí no lo dejaba tranquilo, pero tampoco era capaz de preguntar, al final era una sorpresa agradable tenerla de vuelta.

— Sí, todo es un desastre — Aslan agarró algunas hojas en las que había escrito su investigación y también algunas páginas de periódico que había impreso —.

Pero intenten no prestarle atención — le entregó las hojas a Lucas y Norah, que confundidos observaban detalles que se les parecían curiosos, como el mapa detrás de su puerta.

Norah le daba un vistazo rápido a lo que Aslan les había dado cuando Lucas comenzó la conversación.

— Creo que debes explicar un poco qué buscas de mostrarnos.

— Pues, todo comenzó hace dos meses el día que fuimos a disculparnos con Ele — respondió Aslan viendo a Norah.

— El día en que los conseguimos actuando de manera extraña — recordó ella.

Lucas miró a los dos.

— ¿Por qué no sé de qué hablan?

— agregó Lucas.

— Porque nadie lo sabe — respondió Aslan —, al menos fuera de Ele, Max y yo.

Lo que vi ese día…

Lo que vimos ese día.

Realmente siento que tiene que ver con todo esto.

Lucas miró el mapa.

— Han pasado muchas cosas extrañas estos meses — Aslan camino hacia su puerta —.

Pero si la información que he recaudado es real, todo puede tener una conexión y puede ser algo más grande de lo que creemos.

— ¿Qué tiene que ver con lo que vieron?

— preguntó Norah.

— Will habló de una mordida en el brazo de Marco — abrió una gaveta de su escritorio y sacó el dibujo de aquella mujer, pero camino de vuelta hacia el mapa —.

Los pocos gatos que han conseguido tienen su estómago desprendido, por lo que se presume que es un animal enorme lo que les ha hecho eso — puso uno de sus dedos sobre el mapa —.

Aquí, consiguieron el cuerpo de un gato que mejor se mantuvo, y aquí — movió su dedo hasta una ubicación cercana —, está la casa del cuerpo del que hablaron las noticias la noche del hospital.

Dónde casualmente, tiempo más tarde, unas calles abajo atacaron a Gabriela, calle cercana a una de las entradas de la parte del bosque donde conseguiste a Ele.

No sé qué pasa y aunque no les pueda asegurar nada, sé que todo esto tiene un trasfondo más grande que cualquier otra cosa a la que estemos acostumbrados.

Lucas y Norah compartieron miradas.

Era poco lo que habían entendido y aunque buscaran la forma en que todo se conectará y tuviera que ver con ellos, no la veían.

Por su silencio, Aslan prefirió por fin decirles por qué tanta insistencia.

— Esa cosa — les enseñó el dibujo —, la he tenido presente desde aquella vez.

Ha sido razón de mis desvelos y siento que me estoy volviendo loco gracias a ella.

— ¿Qué viste?

— preguntó Norah.

Aslan se sentó frente a ambos y aunque tuvo dificultades para hablar de nuevo sobre todo eso, les contó cada detalle.

Se dejó ver el miedo que lo perseguía, era eso lo que lo había empujado a descubrir que era todo lo que lo estaba asechando a él y al pueblo.

— ¿Por qué Max lo negaría?

— pensó Norah detallando el dibujo, mismo que le recordó las habilidades de Aslan en ese arte.

— ¿Ele tiene que ver con todo esto?

— interrogó Lucas dejando la foto de Ele a un lado.

— Dije que me volvía loco, no que tenía razón.

Pero desde entonces sé que algo anda mal con ella.

— Y lo dejaste pasar durante dos meses — intervino Norah —.

Incluso quisiste ir con ella al baile.

— Buscaba maneras de ganarme su confianza, pero creo que no fue de la mejor forma — la mirada de Norah se fijó en él un rato hasta que Lucas retomó el tema.

— ¿Por qué nos contaste ahora?

— Marco se vio involucrado en esto, pudo haber terminado peor y lo único que quiero es que ninguno de nosotros pase por lo mismo.

No puedo hacer esto solo, si juntamos los indicios que tengo y encontramos una respuesta, podríamos decirle a la policía que se encargue de detener a quien sea que esté detrás de todo esto.

— ¿Creen que la policía no está enterada?

— participó otra vez Norah.

— Tiene razón, la policía debe saber algo — Lucas volvió a ver la foto —, y puede que eso involucre a ciertas personas.

Si los Taylor esconden algo y son capaces de dejarnos morir a todos, tenemos que tener cuidado de en quién confiamos.

— Lucas, es tonto culpar a Ele.

— No puede ser casualidad, Norah — reprochó —.

La noche del hospital apareció, Marco habló de ella y esa visión de Aslan también la involucra.

— ¿Entonces qué?

¿Se convierte en un hombre lobo de noche?

— Norah, a pesar de tener sus dudas, se negaba a echarle la culpa a Ele de esa forma.

Durante esos dos meses había compartido lo suficiente como para descartar que ella fuese una asesina —.

No podemos juzgarla.

Aún no.

Los chicos se quedaron callados.

Ahí Norah entendió por qué Alan había acudido a ella; ellos se dejarían llevar por la conmoción del momento y ella sería la razón en su investigación.

— Y sé de alguien que nos puede ayudar con eso — siguió.

— ¿Ayudar con qué?

— preguntó Aslan.

— A saber qué le pasó a Marco — Norah se levantó, caminó hacia la puerta, tomó fotos del mapa y salió de la habitación —.

¿No vienen o qué?

Rápido, Aslan y Lucas se pusieron de pie.

— No iremos en el auto de Aslan, ¿verdad?

— comentó Lucas detrás de ellos.

— Cállate, Lucas — mandó Aslan.

Cafetería De Will.

Will permanecía inmóvil viendo las gotas caer por la ventana preguntándose por qué no había llegado nadie aún.

En los días lluviosos era normal que las personas llegaran por un café o algún chocolate caliente, pero impresionantemente sólo estaba él en las mesas y Martha detrás del mostrador.

— Vaya día — buscó conversación Martha.

— Sí — volvió su mirada a su café —.

Puedes irte sin problemas — la miró a ella.

— ¿Y tú qué?

— Tomaré mi café — sonrió.

— Sabes, no te he visto fuera de este lugar nunca y no puedes decir que es por trabajo, yo trabajo en casa de los Walker y contigo, pero no me he perdido una buena fiesta o salida con mis amigas.

Will se quedó en silencio.

— Disculpa, sí fui atrevida…

— Buscaba una forma de responder sin que fuera deprimente — la interrumpió —.

No tengo amigos.

No es que no los quiera, es que simplemente no los consigo.

Los pocos que tuve los perdí por darle todo mi tiempo a este lugar — miró toda la cafetería.

— ¿Te gusta el dinero?

— Siempre he querido viajar, salir de aquí es lo que me impulsa todos los días.

Pero, creo que quizás tuve que darme un respiro alguna vez — tomó de su café —.

No lo sé.

— Eres un tío atractivo, tienes una buena onda y sé que lograrás hacerlo.

Se te nota que amas este lugar — ella le sonrió —.

Pero si alguna de estas noches quieres salir, no dudéis en hacerlo ahora que puedes, y tampoco dudéis en llamarme.

¿Vale?

— Vale.

La campana de la puerta sonó de pronto.

Rápido, sus miradas fueron hacia la entrada.

— Ay no — susurró Martha viendo entrar a Norah acompañada de Lucas y Aslan.

*** — Sí, algo en sus caras me decía que no venían por un café — dijo Will levantándose con su taza vacía hacia el mostrador.

— Dijiste que sabías algo — reprochó Norah siguiéndolo con la mirada.

— Le dije eso a Valentine, ¿Cómo tú lo sabes?

— se giró hacia ellos.

— Pues — todos la vieron —, ella se lo dijo a Kevin y él me lo dijo.

¿Tiene algo de malo?

— Creo que no confiaré más en esa Valentine — agregó Will.

— Es por Marco — dijo Lucas poniéndose de pie y yendo hacia él —.

Y si tienes algo que nos ayude a saber qué le pasó, ¿por qué no nos dices y ya?

Will le entregó la taza a Martha.

— Porque no me quiero involucrar, lo siento, chicos.

Es lo mejor para todos.

Norah miró a Aslan, y como si le hubiera dicho algo.

Él habló.

— Lo hiciste en el momento que te guardaste el secreto.

— Lo sé, lo sé — bufó —.

Díganme por favor, que no se van a meter en problemas.

Ellos se quedaron en silencio y esa fue la respuesta que obtuvo.

— Me voy a arrepentir de esto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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