El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 CAPÍTULO VEINTitrés
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25: CAPÍTULO VEINTitrés.
25: CAPÍTULO VEINTitrés.
Dos meses antes de la muerte de Robert.
Habían pasado unos cuantos días desde que consiguieron el cuerpo sin vida en el bosque.
Ibel, Abrill, Nick y Robert siguieron yendo a aquel lugar buscando un indicio más.
Pero con lo único que dieron fue que el cuerpo ya no estaba.
Se encontraron con el primer callejón sin salida donde duraron estancados un mes.
Hasta que por fin decidieron irse del bosque al pueblo en general.
Fue entonces cuando dieron con los primeros indicios.
Durante la investigación se toparon con muchas casas vacías o en venta.
Al parecer, la parte con más oportunidad del pueblo se estaba yendo.
No era un gran descubrimiento, pero se les hizo curioso.
Uno de los últimos gatos muertos fue encontrado en una de esas dichas casas y ese patrón se repitió en múltiples ocasiones.
Llegaron a la conclusión de que la misma cosa que asesinaba a los gatos había sido la que atacó a Abrill.
Ya con eso fueron directamente con las personas dueñas de los animales y con los vecinos de las casas solitarias.
En una tarde de esas, Ibel esperaba pacientemente en el auto a Abrill, que hablaba con uno de los dueños en luto por su mascota.
Se hizo costumbre que él se quedara en el auto en la otra acera, para así mantenerse bajo perfil y no correr el riesgo de que en una de esas tantas entrevistas dieran con alguno de los chicos.
Concentrado en la música que sonaba en la radio, miró por el retrovisor y se quedó viendo la camioneta que estaba estacionada a unos metros detrás de él.
Velozmente Ibel agarró del asiento del copiloto una libreta y anotó el número de placa.
En esa libreta había varios números de matrícula de camionetas iguales a los que había visto cerca de ellos mientras buscaban información.
Por sí solo, había estado preguntándose si era una simple casualidad o si realmente los habían estado vigilando.
Terminó de anotar el número, la hora y el nombre de la calle.
E instantáneamente, llamó a Abrill a su celular.
— Hay que irnos.
— Creo que estoy dando con algo importante, ¿puedes esperar?
— respondió ella en voz baja.
— Otra de esas camionetas aquí atrás.
— No es el momento para eso — miró disimuladamente hacia la carretera.
— Andando — Ibel colgó y encendió el auto.
Ella se volteó y lo miró con enojo.
Luego de despedirse de la señora con la que había hablado por apenas diez minutos, cruzó la calle tan rápido como pudo y se montó en el auto.
— Tienes que comenzar a controlar tus nervios — dijo Abrill viendo la casa alejarse por el retrovisor.
— No eres la indicada para hablar sobre eso — dejó de ver la camioneta de detrás y miró al frente —.
Llama a los demás, creo que ya es momento de que le diga a todos.
— Tengo algo que compartir también.
— ¿Conseguiste algo?
— Puede ser algo enorme — ambos suspiraron.
Su punto de reunión fue la casa de Ibel.
Era la única casa que prácticamente estaba sola en todo momento.
Por trabajo, el Señor Stevens aparecía cada cierto tiempo en momentos específicos, por lo que la mayoría de las veces era sólo Ibel y las señoras de servicio.
A paso veloz cruzaron la enorme entrada de la casa y así mismo se dirigieron a la habitación de él.
— Laura — llamó Ibel a la señora de servicio que solía ser la más recurrente —, ¿podrías llevarnos algo de beber a mi habitación?
— ella asintió y justo cuando quiso decir algo, él habló de nuevo —.
Y en cuanto lleguen Robert y Nick, déjalos pasar, por favor.
— Eso le iba a decir, joven.
Ellos están esperándolo en su habitación.
Ibel quedó sin más que decir por lo sorprendido que estaba de la velocidad en que habían llegado.
— Entonces, lleva la suficiente bebida — subió por las escaleras hacia el segundo piso y entró a su habitación.
Su cuarto superaba en tamaño a cualquier cuarto común por mucho.
Por lo que se les hizo ideal pasar el rato ahí desde niños, sólo que ahora la zona donde hablaban por horas estaba ambientada para la ocasión.
— Podrían avisar para la próxima — dijo yendo a sentarse al lado de Nick.
— Abrill parecía estar muriendo por la prisa que pidió por mensaje — respondió, sin quitar la vista de la pizarra que tenían al frente, misma que Abrill ya estaba llenando de papeles.
— Robert, ¿imprimiste las fotos que te envié?
— siguió Ibel, volteando a donde estaba Robert.
— Creo que ya sé por qué me enviaste a hacerlo — fue por su mochila y sacó las imágenes de ahí —.
Son policías a quienes espías.
— Es al revés — se levantó y agarró las fotos —.
Si esto coincide con los números que tengo anotados, estaremos en problemas — se fue por su libreta.
— Atentos aquí — mandó Abrill todavía de espaldas hacia ellos —.
Ya luego de hablar con muchas señoras de gatos y vecinos de desaparecidos tengo un sospechoso.
— Pensé que perseguíamos a un fantasma — comentó Nick.
— ¿Tomaste en cuenta mi teoría de la transformación?
— agregó Robert tomando el puesto de Ibel.
— Estaría loca si es así — lo molestó Ibel leyendo su libreta desde el otro lado de la habitación.
— No, no la tome en serio — se giró para hablar con ellos —.
Y sí, perseguimos un monstruo.
Pero al parecer, esa persona lo ha estado persiguiendo también — de nuevo vio la pizarra —, porque su presencia ha sido vista en cada caso en donde estamos seguros de que ha estado esa cosa.
— ¿Tienes la grabación de las personas hablando de él?
— participó Nick de nuevo.
— De cada una.
Las descripciones son las mismas, hombre con calvicie, misma ropa y algunos han dicho que incluso han alcanzado a ver sangre en sus manos.
— No sé por qué mi teoría es descartada todavía — se quejó Robert de fondo.
— Cállate — mandó Ibel mientras regresaba —.
¿Buscaremos a alguien con esas especificaciones por todo el pueblo?
— No, la persona con la que hablé hoy me dijo que conocía su caso, la policía lo arrestó hace tiempo.
Ella se quedó en silencio, y ellos se cansaron de esperar que siguiera su explicación.
— ¿Por qué?
— la curiosidad carcomió a Robert.
— Al parecer, el señor Elgo desapareció con su familia y mató a su hija — respondió en voz baja —.
Hay un caso abierto y una orden de atraparlo bajo cualquier circunstancia.
— Genial — comentó Nick con ironía.
— Si pudiéramos tan sólo poder ver las consecuencias en que fue encontrada la niña y las mismas en que fue encontrado el cuerpo de hace unos meses, quizás pudiéramos identificar algún patrón y encontrar que tiene que ver con nuestro fantasma — dejó de hablar y los miró esperando opiniones.
— Si él es el culpable de todo, ya la policía lo sabría, ¿no?
— quiso saber Ibel mirando a los otros.
— ¿Entonces hay algo que no han visto o que no los deja atraparlo después de dos meses?
— agregó Robert.
— Abrill tiene razón, si tuviésemos esa información, estoy seguro de que viéramos lo que esconden — la miró —, sería prueba suficiente para hablar.
Las miradas de todos cayeron sobre ella.
— Tengo a alguien que puede conseguir la información — sacó su celular de su bolsillo y justo en ese momento, cayó una llamada de Norah a su celular —.
Hola, ¿Cómo estás?
La noticia que Norah le dio le dejó un sabor desagradable de boca.
Confundida por no saber cómo sentirse, buscó sentarse.
Uno de los amigos de Mac, el hermano de Max, lo habían conseguido muerto.
Los demás se quedaron en silencio intentando leer su expresión.
— Consiguieron a un niño muerto — su mirada parecía perdida en el suelo, un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando Norah lo nombró, ahora una incomodidad extraña la perturbaba.
No dejaba de pensar en que quizás pudo haberse evitado —.
Debemos actuar rápido.
— ¿Quién conseguirá la información?
— preguntó Robert.
— Kevin.
CAPÍTULO VEINTITRES.
Es Tu Culpa, No Mía.
Actualidad, Casa Walker.
Camila se reprochaba a sí misma lo grande que era la casa mientras que detallaba cada milímetro de la misma.
Era una linda sala, con muebles que parecían cómodos y recién comprados, por lo que no quiso sentarse a pesar de que Kevin la había invitado a tomar asiento como él.
— ¿Tardará mucho?
— preguntó.
— Debe estar vistiéndose.
Llegará en cualquier momento.
En el momento en que Abrill entró a la sala, Martha llegó por la puerta principal.
— ¿Vas a algún lugar?
— le preguntó después de que notó lo apresurada que parecía.
— Sí, saldré un momento.
Llegaré para mi turno, no tiene que preocuparse — respondió Martha.
— ¿Viniste sola?
— interrogó.
Martha pensó su respuesta por un momento.
No sabía qué tan bueno sería involucrar a Abrill en el asunto en que se había metido minutos antes.
— No, Will me espera en el coche — sonrió y siguió.
Un pequeño impulso empujaba a Abrill a ver quién estaba en el auto de afuera, pero prefirió hablar directamente con Camila.
Kevin se levantó para saludarla, pero ella lo detuvo.
— Es un tema delicado, vayamos a la piscina — Kevin miró a Camila y ella los siguió.
Ya ahí, la conversación comenzó con Abrill preguntándole lo mismo que Lucas preguntó frente a la comisaría.
Camila dudó en responderle, ya había contado esa historia más de una vez, para ellos mismos.
— ¿En serio?
— preguntó con cierta molestia, la poca paciencia que tenía ya la había perdido.
— ¿Por qué no sería en serio?
— siguió Abrill.
— Para las veces que repetí la historia creo que ya deberías saberla de memoria.
— Sí, sé que esa noche Lucas te preguntó muchas cosas y que las contestaste a todas.
Pero esa noche estaba Ele con ellos.
Kevin rápidamente intervino.
— ¿Qué tiene que ver ella?
— miró a ambas.
— Me gustaría saber lo mismo — agregó Abrill viendo a Camila.
— Fue lo que dijo Marco — su voz sonaba más inquieta, parecía que no quería negar a lo que se refirió, pero ahora dudaba en hacerlo de nuevo —.
Yo no vi nada…
— Sé que viste algo, rompiste la puerta, ¿no?
Él saltó sobre ti, si algo lo perseguía, tuviste que verlo — insistió Abrill.
— Entiendo que quieran defenderla…
— Lo menos que quiero es eso — Camila se quedó callada no sólo por la interrupción, sino también por la afirmación de Abrill —.
¿Ella fue lo que viste?
Otra vez, la duda invadió a Camila.
— No lo sé — la presión le jugaba en su contra, no sabía si de verdad Abrill pensaba igual que ella o que sólo era una manera de ponerla en contra de la espada y la pared.
— Ya no me interesa que sepas, tienes que quedarte con esa declaración.
Sin importar que hayas visto — mandó Abrill —, y sin importar quién te pregunte.
— Abrill — intentó intervenir Kevin.
— ¿Está bien?
— preguntó Walker con los ojos fijos en Camila.
— ¿Por qué?
— quiso saber Camila, queriendo conseguir alguna respuesta.
— Porque tú lo dijiste, ¿por qué no dijiste la verdad antes si no era esa?
— ¿Qué estás intentando hacer?
— Kevin buscó entrar a la conversación otra vez.
Camila se quedó sin respuesta.
Realmente la sorprendió la manera en que le habló Abrill, pero seguía preguntándose si esa había sido la única razón por la que la había llamado.
Seguía analizando eso cuando Valentine comenzó a llamar a su celular.
— ¿Hola?
— Oye, llegó el nuevo gerente, ¿Dónde estás?
— dijo Valentine del otro lado del celular —.
Ele y yo llegamos hace poco, pensé que estarías aquí.
— Voy para allá — Camila colgó y de inmediato se levantó —.
Tengo que irme.
Kevin se levantó y la acompañó a la salida dejando a Abrill sola.
Pero volvió rápido para confrontarla.
— ¿Qué demonios fue eso?
— preguntó apenas llegó —.
Convencer a todos que Ele es una asesina, es una estupidez.
— Necesito que estén ocupados en otras cosas y que no intenten buscar nada — respondió ella poniéndose en pie.
— ¿Y crees que con eso lo lograrás?
— bufó —.
Aslan y Lucas son las personas más testarudas que conozco, no se quedarán con lo primero que encuentren.
Lo que harás es que se involucren más — insistió Kevin.
— Si hago que pierdan el tiempo peleándose con eso, me dará tiempo para conseguir los papeles de nuevo.
Sé que si los consigo, toda esta locura puede conseguir fin.
— Mentirles no mejorará nada.
— Nadie puede saber nada de esto, ¿lo olvidaste?
Kevin sabía algunas cosas de la relación de Ibel y Abrill incluso más de lo que le hubiera gustado saber.
Después de que tuviera que robarle los documentos que Abrill le pidió a Leonard, tuvo respuestas a muchas de las veces que ella desapareció.
Luego de la muerte de Robert las copias habían desaparecido y Leonard se encargó de sacarlas de la casa de su padre.
— Tu secretito podría hundirlos a todos — Abrill se pasó la mano por el cabello.
— ¿Crees que no lo sé?
Eso me atormenta desde el día maldito día que comenzó todo esto, pero es mejor que nadie sepa absolutamente nada.
— ¿Estás segura de que es por eso y no porque le eres infiel a Lucas desde hace dos años?
— el silencio gobernó el lugar —.
¿Quieres acabar con esto?
Habla con la policía.
— No puedo — su voz se escuchó diferente, se puede decir que el estrés ya la estaba empujando a su límite.
— ¿Por qué no, Abrill?
¿Quieres que todos terminemos como Robert?
— Fue la policía quien lo mató — Kevin se quedó con las palabras con las que iba a seguir en la boca —.
Esos papeles que le entregaste, tenía que recogerlos yo.
La preparatoria fue la mejor opción que tuvimos para no levantar sospechas; nos habían estado persiguiendo.
Pero Aslan y Norah me llamaron, incluso Marco lo hizo.
No pude negarme a ir con ustedes y Robert, se quedó ahí solo esperándome.
De alguna forma ellos lo consiguieron y…
lo asesinaron.
— ¿Cómo lo sabes?
— lo inundó el presentimiento de que todo lo que creía de su hermano podía ser mentira.
— Esos hombres de las camionetas oscuras nos enseñaron su cuerpo.
Sé que lo hicieron para asustarnos, para obligarnos a abandonar lo que hacíamos o acabaríamos igual.
No quiero para eso para nadie.
Kevin buscó sentarse mientras muchas preguntas lo perseguían en ese momento.
Lo lastimó también pensar en que su hermano podía no ser ese hombre perfecto que en algún momento creyó que era.
Lo asustó saber hasta qué punto habían llegado.
Tanto que se negó a incluirse y por el simple hecho de querer encajar se había metido en más problemas que antes.
Se dio cuenta en ese momento de que para ninguno de ellos había marcha atrás.
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