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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 CAPÍTULO VEINTICUATRO
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26: CAPÍTULO VEINTICUATRO 26: CAPÍTULO VEINTICUATRO Se tronó los dedos y se levantó del suelo.

En eso, se dio un momento para ver el Delycyas apagado en su totalidad.

Al contrario de lo que muchos creyeron en el momento en el que el centro comercial fue inaugurado, no era un lugar que iba a estar abierto durante toda la noche.

A pesar de eso, la mayoría de tiendas sí tardaban en cerrar, por ejemplo, el Froloyolo.

Ele, recogió sus cosas del suelo y mientras leía otro mensaje de su hermano siguió en camino a la salida.

Tranquila y con sus auriculares puestos veía detenidamente las tiendas cerradas.

Se detuvo frente a la pesera del restaurante chino para ver a los peces, como ya era costumbre.

Luego de que se despidió, quiso ver si la panadería seguía abierta para poder comprar un panecillo de canela que le encantaba comer por las noches.

Al llegar a la entrada se encontró con una escena bastante diferente a la que estaba acostumbrada a ver.

— ¿Valentine?

— dijo manteniendo la distancia mientras se quitaba los auriculares.

— Ele — se limpió las lágrimas tan rápido como pudo —.

¿Qué haces aquí?

— Venía por un panecillo — miró la puerta —.

Al parecer está cerrado.

— Desde hace dos horas, hoy quisieron irse temprano — mencionó viéndose.

Ele examinó su alrededor y notó que esa zona parecía estar sola desde hacía mucho.

Le pareció extraño que ella supiera eso, pero prefirió no preguntar.

— No fuiste hoy a trabajar — quiso seguir la conversación Ele para ignorar el tema de su llanto.

— Se suponía que tenía que verme con alguien aquí — se sonó la nariz —.

Aunque creo que sólo yo me acordé.

De nuevo la pelirroja se quedó sin qué decir, pero de una manera sincera quiso seguir la conversación para no lastimarla con indiferencia.

— ¿Lo sigues esperando?

— miró la hora en su celular —.

Ya casi es medianoche.

— Lo sé — de a poco comenzó a llorar otra vez —.

Soy una tonta — dijo tapándose la cara con ambas manos.

La pelirroja se quedó congelada sin idea de qué seguía ahora.

Por unos segundos sólo la vio llorar y reprocharse la mala decisión que había tomado.

Ele no era buena en relacionarse con otras personas.

Antes de llegar al pueblo, y durante los dos meses que había estado con los chicos sólo había visto llorar a Max, fue la primera y última persona que consoló que no fuese ella misma.

Esta vez no sabía si un abrazo sería suficiente, le había funcionado antes, pero Valentine se veía mucho más afligida.

— Oye — se acercó y recostó su espalda a la puerta —.

Si quieres, puedes contarme lo que pasó.

— No pasó nada — reprochó Valentine sacando la cara de sus manos —.

Ese es el problema: con él nunca pasa nada.

Valentine se recostó en la pierna de Ele.

Aunque fue algo nuevo para ella y logró incomodarla un poco, fue con eso que tuvo la confianza suficiente como para opinar según lo que sabía.

— ¿Kevin?

— preguntó viendo la pesera a lo lejos.

Sintió como Valentine asintió.

— ¿Te gusta?

— siguió Ele con miedo de decir algo que no estaba bien.

— Pensé que era obvio — respondió secándose las lágrimas otra vez.

— ¿Se lo has dicho?

— ¿Es necesario?

Estoy con él en todo momento desde hace semanas, lo llamó por las noches y le envió mensajes cada que tengo la oportunidad.

— ¿No crees que eres muy intensa?

— preguntó bajando la mirada para verla.

Valentine pegó la cabeza de la puerta y miró a Ele.

— ¿Soy intensa?

— se notó en la cara de Ele la respuesta que le iba a dar —.

Mierda.

— Eso no te hace una mala opción, solo que estás muy enamorada — quiso suavizar la noticia.

—Desde hace seis meses, quizás un año — volvió su cara a la pierna de Ele —.

Incluso cuando me enteré de que Norah también quería algo con él.

Seguí buscando hablar con él, lloré en más puertas de restaurantes y seguí ayudándolo en todo lo que podía.

Pero al parecer sigo sin saber cómo hacer las cosas bien.

Después de esa respuesta ambas quedaron en silencio.

Se notaba la poca experiencia con chicos de ambas.

— ¿No has pensado en olvidarlo?

Al menos por un día — siguió Ele volviendo su mirada abajo.

— Muchas veces y por muchas razones.

Por ira, por tristeza, incluso una vez quise dejarlo ir como muestra de amor.

Aún así, sigo aquí…

soy muy ingenua.

Otro mensaje de Demian llegó al celular de Ele, todo ese rato había estado esperando afuera.

Lo leyó y aunque sintió la necesidad de irse, supo de inmediato que sentiría culpa de dejarla sola.

— Tienes que irte — se sentó derecha —.

Nos vemos mañana en el trabajo.

— Claro — se separó de la puerta y dio unos pasos adelante —, no tienes que quedarte sola.

— No te entiendo.

Ele caminó de vuelta hacia ella y le estiró la mano derecha.

— ¿Quieres olvidarte de ese tonto por una noche?

— propuso Ele con una sonrisa.

— ¿Una pijamada?

— preguntó entusiasmada.

— No sé si decirle así, pero, claro.

— Has escogido a la persona correcta — se puso de pie con la ayuda de Ele.

— Eso parece — ambas sonrieron.

CAPÍTULO VEINTICUATRO.

La Pelirroja y La Del Mechón Azul.

Demian durante todo el camino se guardó las muchas preguntas que le llegaron a la mente al ver a su hermana tan entusiasmada con que alguien durmiera en su propia habitación.

Alegre las solía vigilar por el espejo retrovisor y cada sonrisa que veía en ella por causa de Valentine lo hacía sentir aliviado.

Después de tantas cosas que Ele había vivido en la ciudad, el cambio era refrescante.

Ya en casa, Ele pretendía hacer que Valentine pasara desapercibida, pero no estuvo ni cerca de lograrlo.

— ¿Hola?

— dijo el padre de Ele consiguiendo a ambas al pie de la escalera.

— Papá, ella es Valentine — respondió sin mucha idea de qué decir —.

Se quedará aquí esta noche.

— Mucho gusto — Valentine estiró rápido la mano.

El señor Taylor confundido le respondió el saludo de buena gana.

— ¿Tu madre lo sabía?

— soltó la mano de Valentine.

Era un claro problema meter a una persona salida de la nada a su habitación una noche cualquiera sin previo aviso.

Ella había sido quien tomó la iniciativa, pero no tuvo idea de cómo decir que Valentine pasaría ahí la noche.

Así que en ese momento sólo se quedó en silencio pensando en qué decir.

— Olvidé decirle — apareció Demian detrás de ellas —.

Ele me lo dijo en la mañana, lo olvidé por completo.

Se lo digo enseguida — pasó al lado de su padre.

Valentine vio a Ele y ella le regresó la mirada, la mentira para ambas era clara, pero admiraban cómo Demian había creado una historia para cubrirlas.

— Bueno, creo que sobró cena para las dos en la cocina — señaló detrás de él —.

Coman antes de dormir — ellas asintieron, él sonrió y siguió su camino.

— Creo que salió bien — dijo Ele con una sonrisa.

— Sí — miró hacia la cocina —.

Me cae bien tu hermano.

Ele velozmente frunció el entrecejo.

— No de esa forma, lo juro — sonrió con nervios.

La pelirroja sonrió y con la cabeza le hizo señas para subir.

Media hora después, Valentine comía la cena encima de la cama mientras veía a Ele secar su cabello frente al espejo.

— Realmente te sienta genial ese corte de cabello — le lanzó el cumplido que tenía semanas queriéndole decir.

— Gracias — contestó viéndola por el espejo —.

No todos fueron cumplidos cuando me aparecí con el cabello así.

— ¿De qué hablas?

A los chicos se les ve que les gusta, y no hablo del club — le guiñó el ojo.

Ele blanqueó los ojos.

— Hablaba de mis padres — retomó el tema —.

Para ellos soy un alíen que raptó a su hija pequeña y la convirtió en un ser totalmente diferente — Valentine se quedó en silencio reflexionando sobre eso.

— ¿A ti te gusta?

— preguntó buscando hacer contacto visual por el espejo.

Ele pensó demasiado la respuesta para lo corta que tenía que ser.

Internamente, tuvo una discusión consigo misma donde no sabía si le gustaba porque iba con ella o si se arrepentía por la opinión de sus padres al respecto.

Así que su respuesta se quedó en el aire.

— Te queda genial, si me lo preguntas.

Lo repetiré hasta que lo aceptes tú también — sonrió.

Ele asintió —.

Además, a Max le encanta — se carcajeó.

— ¿Por qué contigo todo llega a esa conclusión?

— Ele se volteó con una sonrisa.

— Solo estaba nombrando un detalle importante — miró el plato y con el cubierto separó algunas cosas que no le gustaban de las cosas que sí —.

Hacen linda pareja.

— Él es lindo — brevemente recordó instantes con Max —.

Lo es bastante.

Valentine sonrió viendo cómo Ele se perdía un recuerdo.

— Son buenos chicos — intervino con otra intención.

Ele rápidamente captó a lo que Valentine quería llegar y su cara cambió drásticamente.

— Eso pensaba — dijo dejando el peine en una mesa cercana —.

Pero creo que no terminas de conocer a las personas.

— Están asustados, Ele, todos lo estamos — Ele vio un pedazo de papel en la mesa donde puso el peine —.

No tienes que juzgarlos por eso.

— No quiero hablar de eso — agregó dando vuelta al papel con el número de Ibel.

— Aunque, bueno, ¿Qué puedo saber yo de chicos?

— dejó el plato con pedazos de brócoli a un lado.

— Más que yo — miró a Valentine y metió el papel en su bolsillo.

— Mientes, siempre escucho al menos un chico en el trabajo decir que eres linda y en la preparatoria te robas miradas fácilmente.

Sin contar a Max, claro — de nuevo Ele blanqueó los ojos mientras que ella sonreía —.

Supongo que de donde sea que vengas, también era así.

— No — acompañó a Valentine en la cama —, a nadie le gustaba acercarse a mí — Valentine sorprendida iba a preguntarle cómo era posible, pero Ele siguió hablando —.

Desde hace unos años viví con unas pesadillas recurrentes.

Dormía tan poco que veía cosas en todas partes y muchas de esas veces sirvieron para motivos de burla.

A las demás chicas les gustaba encerrarme en el cuarto de limpieza, diciendo que no vería nada ahí.

Era estrecho, frío y oscuro.

Hubo ocasiones donde pasé horas encerrada.

Se reían a escondidas cuando los profesores iban por mí y me conseguían sentada llorando.

— ¿Fue antes de venir?

— no tuvo miedo de preguntar.

— No, tenía unos diez años.

Cuando crecí eran sólo las burlas — respondió tranquila, cosa que hizo sentir de cierta forma triste a Valentine que intentaba imaginar lo horrible que había sido —.

Y para mis padres, era sólo exageración o es que simplemente no sabía defenderme.

Valentine entendió el motivo de por qué había explotado tan rápido el día de la pelea con Abrill.

— ¿De qué trataban tus pesadillas?

— la curiosidad le ganó.

— No recuerdo — mintió —.

Pero, desde que conocí a los chicos se fueron de a poco — bajó la mirada —.

Aunque hay algunas veces en las que vuelven.

— Tú me trajiste aquí para que olvidara por una noche a Kevin, pero servirá para que ambas olvidemos.

No tienes que arrastrarte con esas críticas sin importar quién te las diga.

Las personas menos perfectas son esas que les gustaría hacer de los demás algo peor que ellos — le guiñó el ojo —.

Esa frase la hice hace unos días en el trabajo — ambas sonrieron.

— Está un poco confusa.

— Lo sé — la agarró de las manos —.

Oye, no solo la sangre hace la familia — la levantó —, te lo digo que yo que tengo cuatro hermanos.

Ele la vio ir hacia su radio.

— ¿Qué haces?

— preguntó Ele.

— Pensé que te gustaba la música — sonrió en cuanto logró descifrar en dónde se encendía —.

Entiendo que no te guste el alcohol, pero si vamos a olvidar cosas feas, necesitamos música.

En cuestión de segundos la habitación entera se llenó del ritmo de Bad Romance.

— Oye, yo también amo Lady Gaga — de nuevo agarró sus manos.

— No soy de bailar — se excusó Ele para no tener que intentarlo.

— No bailas esas canciones, se trata de sentirlas.

Poco a poco Valentine la guió hasta que por fin logró que Ele dejara la pena de lado y cantara con ella.

Hasta un punto que una sostuvo el peine como micrófono y la otra usó un envase de shampoo como guitarra.

A lo largo de toda la canción se movieron por toda la habitación, lanzando pasos improvisados y de pronto ya tenían toda una vestimenta sacada de los disfraces de Ele para Halloween cuando niña.

Con risas por las caras graciosas que se hacían entre ellas, cantaron tan fuerte como pudieron.

La noche continuó así hasta que les dio hambre y a escondidas hicieron para comer en la cocina.

Cada sonido fuerte que hacían involuntariamente les causaba risa, como dos niñas pequeñas robando galletas de la alacena.

De vuelta en la habitación comieron mientras compartían sus gustos culinarios y experiencias en restaurantes o en lugares de comida rápida.

En cuestión de segundos ya estaban de pie, bailando sin sentido.

— Amo esa canción — dijo Valentine deteniendo a Ele.

La canción era una de las cosas que ambas compartían, la letra no las unía, pero la sensación que les producía era mágica para ambas.

En ocasiones, para algunos la magia de una canción yace en el ritmo de la misma.

En cómo las tonadas te hacen sentir un sentimiento único e indescriptible.

Simplemente te desconecta del mundo, para que por un par de minutos puedas sentir uno diferente.

Circles de Post Malone las hizo cantar con el corazón y por primera vez, ambas vivían dicha experiencia con otra persona.

Por esos minutos, como podían verse frente a la otra, no importó.

Cantaron no tan alto para despertar a todos en la casa, pero de alguna forma tan alto que cuando la canción terminó se sintieron exhaustas.

— Él es el tonto — afirmó Ele sentándose a su lado después de apagar la radio —.

Que durante tanto tiempo hayas sido sólo tú demuestra que él es el problema.

Sé que ya lo has pensado, pero yo te lo afirmo.

Pierdes el tiempo yendo tras Kevin, no merece estar con alguien como tú si no puede darse cuenta de algo como lo que has llegado a sentir por él.

Valentine sonrió.

— A partir de ahora, si sabrá de ti, será porque él te buscó.

Jamás al revés.

— Lo he intentado antes, Ele…

— Antes no me tenías a mí — la miró —.

Puedo lanzar tu celular lejos si es necesario — le logró sacar otra sonrisa.

— Eres una gran persona.

No importa que digan el club o que diga Camila, yo creo en ti.

Sé que no eres un monstruo — la tomó de la mano.

Ele vio su mano y por primera vez en mucho tiempo, vio lo que podía significar una amiga.

Y aunque pudo esconder la emoción que eso le traía, Valentine sabía que era así.

— Es hora de dormir — dijo Ele.

— Ok — ambas se levantaron del suelo y se tiraron a la cama —.

Oye, ¿por qué es Ele?

— preguntó cuando ambas ya estaban listas para dormir.

— Mi abuela paterna se llamaba Gabriel y mi madre es Gabriela — le explicó Ele con los ojos cerrados —.

No se decidieron y me pusieron Gabriele, como punto medio.

Pero igual me podían llamar por cualquiera de los dos.

No me gustaba tener que responder a dos nombres, así me quedé con “Ele”.

— Lo que te hace original.

— ¿Ok?

— se carcajeó —.

Ya duerme.

— ¿Y por qué tu abuela se llamaba Gabriel?

— siguió Valentine.

— Valentine, dormir — respondió.

— Ok, ok.

Buenas noches.

Cuatro horas después el tono de llamada de la pelirroja las despertó a ambas.

Sonó por unos minutos mientras Ele buscaba qué sonaba y por qué.

— Tu celular — le informó Valentine que se tapaba los oídos con una almohada.

— Lo sé, lo sé — respondió después de poder entender que era su tono de llamada — ¿Hola?

— ¿Ele?

— la voz que salió desde el otro lado logró despertarla en un segundo, mismo en el que vio la hora —.

¿Te desperté?

— Ya voy saliendo — colgó y se levantó tan rápido que se enredó con las cobijas y cayó en el suelo dejando salir un pequeño sonido de dolor.

— ¿Ele?

— preguntó Valentine que se levantó al escucharla caer.

— Debemos vestirnos, ya — mandó levantándose.

— ¿Por qué?

— se rascó la cabeza mientras le veía yendo de un lado a otro.

— Tenía que salir con Max hoy, hace media hora.

Valentine se lanzó de nuevo a la cama, y de nuevo el celular de Ele comenzó a sonar.

— Ele — llamó, pero obtuvo como respuesta el sonido de la ducha.

Así que contestó ella —.

¿Hola?

— ¿Valentine?

— interrogó Max sin creer mucho quién le había contestado —.

¿Están en Delycyas?

— No, estamos en casa de Ele — le respondió saliendo de la cama.

— ¿Ok?

¿Ele está cerca?

— Está tomando un baño — en camino hacia sus cosas vio un pedazo de papel arrugado en el suelo y sin mucho pensar lo tomó —.

Ya vamos para allá — le colgó dejando a Max a mitad de frase.

En ese momento Ele salió rápido del baño.

— Wow — exclamó Valentine viéndola salir en paño —.

¿Ya terminaste?

— ¿Quién era?

— preguntó tomando el celular.

— Max — se fue al baño —.

Por cierto, estaba esto en tu piso — le entregó el papel que tenía el número de Ibel.

Ele la vio y notó que ella no sabía de quién era.

Actuó tranquila y metió el papel dentro de uno de los bolsillos del pantalón que usaría.

Valentine bajó arrastrada por Ele que prefirió decirle a su madre que desayunaría en el trabajo a frenarse y comer.

Abrió la puerta y, para su sorpresa, estaba Max con su hermano.

— Hola — ambas se quedaron paralizadas —.

Parece que tuvieron una buena noche.

—Disculpa por hacerte esperar — dijo Ele acercándose a Max.

— No hay problema, somos pacientes — ellas miraron a Mac que les dio un saludo con la mano que Valentine respondió mientras que Ele sólo le sonrió —.

¿Vendrá con nosotros?

— preguntó Max viendo a Ele cerrar la puerta principal.

— ¿Vendrás cierto?

— agregó Ele llegando al lado de Valentine de nuevo —.

Hay que darte todo el contexto.

Mac miró a Max y él le regresó la mirada, estaban algo confundidos.

Pero prefirieron quedarse callados.

— Entonces, andando — mandó Max.

— Un minuto — los frenó Valentine —.

¿Ir a dónde?

Los otros tres se vieron las caras.

— Al bosque — dijeron al unísono.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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