El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 27
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27: capítulo veinticinco.
27: capítulo veinticinco.
Luego de que Martha finalmente saliera de casa de los Walker, se pusieron en marcha según el plan improvisado de Lucas.
El viaje fue silencioso, parecía que todos internamente se cuestionaban lo que estaban a punto de hacer.
Will, intranquilo, los miró cuando los ojos de todos divisaron la casa de Marco.
A los chicos se les notaba la urgencia por llegar cuanto antes, quizás para quitarse las dudas que los ahogaban o aún los engañaba la esperanza de que podrían salir rápido del problema.
Martha, por otro lado, siguió preguntándose si estar ahí valdría la pena.
El auto se frenó de golpe y las luces de las sirenas se reflejaron en los ojos de cada uno.
— Aquí estamos — dijo Will viendo a Lucas.
CApÍtuLO VEINTIcinco.
El Gato Encerrado.
— Me lo esperaba — agregó Norah recostada de su asiento.
— No perdíamos nada con intentar — respondió Aslan en la misma posición que ella.
— ¿No le tomaste alguna foto?
— siguió Lucas hablando con Will.
— No tuve tiempo.
Camila estaba alterada y sólo jalé la puerta hacia mí.
— Cualquier cosa que haya sido, ya la policía lo tiene — comentó Martha viendo la hora en su celular.
Lucas siguió observando la actitud de los policías que entraban y salían de la casa.
— ¿Entonces qué hacen ahí?
— preguntó Lucas logrando hacer que todos se quedaran en silencio viendo hacia allá.
— ¿Esperar a los padres de Marco?
— opinó Aslan.
— Están buscando algo dentro — afirmó Lucas.
— Sólo están recogiendo evidencias — reprochó Martha —.
Eso es más que obvio.
— ¿Durante tantos días?
— la atención fue hacia Norah —.
¿Qué tanto tienen por sacar?
— Además, no parecen sacar algo — dijo Will —.
Y en las noches abandonan la casa.
Lucas y Martha lo miraron rápido.
— ¿Cómo sabéis eso?
— Pasó por aquí para ir a casa — le respondió a Martha.
En ese momento una idea que le pareció razonable a Lucas pasó por la mente de Norah y de Martha, pero fue Aslan quien la dijo en voz alta.
— Hay que venir de noche — se llevó las miradas.
— No — dijo Norah al instante —.
Nada de entrar a casas custodiadas por la policía.
— No es tan mala idea — siguió Lucas —.
Puede haber algo más que una masa oscura o simbionte.
Algo que quizás explique qué está pasando.
— Le tienes mucha fe en un presentimiento.
Meternos ahí traerá el mismo resultado de cuando intentaron entrar a la preparatoria — explicó Norah.
— Por eso vinimos, para entender mejor qué sucede — siguió Lucas —.
Sólo vendremos a ver qué podemos hacer y si tenemos la oportunidad, lo haremos.
— ¿Acabas de escuchar lo que acabo de decir?
— preguntó Norah, acercándose a Lucas —.
La policía ya cree que ocultamos algo.
Empeoraremos todo.
— Creo que tenemos que profundizar en lo que Norah acaba de decir, no quiero caer en prisión por meter la nariz en cosas que no me importan — intentó Will frenar sus impulsos.
— Es jugar con fuego, hay que estar locos — opinó Martha viendo de nuevo al frente.
— Puede que eso haga arder el pueblo.
Tenemos que intentar saber el porqué, al menos eso — respondió Lucas.
Todos se quedaron en silencio, no reflexionando en lo que él había dicho, sino más bien en el peso que les daba cargar con una verdad y no compartirla.
Saber más les podía traer problemas, pero fugazmente pensaron que era prevenir algo peor de golpe.
— Sabía que me iba a arrepentir de esto — dijo Will encendiendo el auto.
— La culpa fue tuya — le contestó Martha sonriendo.
— ¿A qué hora tendremos que estar aquí?
— interrogó Will, viendo por última vez a los policías.
Norah bufó de fondo.
Pero no quiso seguir insistiendo, de todas formas ellos lo harían y no los dejaría solos.
— Aquí no, primero en mi casa — informó Lucas —.
A las diez estaremos aquí.
Casa Griffin, 10:00 pm.
La luz del auto de Will alumbró a los pequeños charcos de la calle.
Una llovizna sorpresa minutos antes había mojado el pueblo entero y gracias a eso la brisa fría se intensificó.
No se podría decir con exactitud si había personas durmiendo en las casas cercanas, pero la calle estaba sola y oscura.
No había rastro ni siquiera de una persona, menos de policías y poco después de poner sus objetivos claros, se dispusieron a entrar.
— Típico de Marco — mencionó Norah después de ver cómo Lucas sacaba una copia de las llaves de debajo de una piedra.
— Recuerden, no enciendan las luces de la casa, no hagan ruidos fuertes y no se quiten los guantes — mandó terminando de ponerse sus propios guantes.
— No me lo tienes que recordar — le contestó Will a Lucas.
— Espero que no haya cámaras — susurró Aslan para sí mismo.
Lucas abrió la puerta y una brisa helada los golpeó a todos.
La primera impresión no fue lo que esperaban.
El charco de sangre en medio del pasillo los tomó por sorpresa y logró asustarlos un poco.
— Esto no es muy cómodo — dijo Norah dejando la sangre atrás.
— Lo hacemos por él — le recordó Aslan, ella asintió y siguieron juntos al segundo piso.
Lucas dio con el baño, que no tenía puerta, le despertó la curiosidad y se propuso a buscarla.
— No sabía que te dejaban salir en altas horas de la noche — quiso Will comenzar una conversación mientras Martha veía las fotos en el refri.
— No puedo salir — tomó una foto donde salía un Marco pequeño junto a su madre —.
La señora Walker se encierra en su habitación cuando cae la noche, Argelia se escapa de casa y Abrill, sin móvil, duerme temprano.
— Suena que ya has hecho esto bastante.
— ¿Crees que en serio lo haya dejado?
— interrogó dejando de lado lo que él había dicho —.
No se ve mala tía, quizás es una pésima madre, pero no creo que sea capaz de abandonar así a su hijo.
Will se acercó y tomó la foto.
— No sé qué decir, pero espero que todo se arregle pronto — la devolvió al refri.
Arriba, Aslan y Norah examinaban el cuarto de Marco.
Eran cuidadosos con lo que hacían, pero extrañamente no se dieron cuenta de que estaban solos hasta el momento en el que Aslan sacó una foto de todos ellos un año atrás.
— ¿Aún tienes la foto?
— interrogó alumbrando la foto para Norah.
— La perdí — le mintió tan claro que Aslan se dio cuenta con facilidad.
— Entiendo — miró la foto y se quedó con la mirada en ellos dos, aparecían tomados de la mano —.
Lamento eso.
— No es el momento — miró por debajo de la cama de Marco.
— Te lo he dicho en todo momento, quizás en una situación como esta me tomes en serio — dejó la foto donde la consiguió.
— ¿Estás bromeando?
— se levantó y lo alumbró —.
Estamos aquí para saber qué le pasó a Marco.
Olvídate de lo demás y céntrate en lo que importa.
Aslan bajó la mirada.
Ya había tenido antes esa conversación con ella, no en situaciones parecidas, pero sí de manera más profunda.
Aún así, sin importar qué dijera, Norah no lo escuchaba, no le prestaba atención o no le creía.
Y así incluso con los demás chicos, solo Marco creía en él.
— Tú eres importante — dijo en voz baja.
— No pensabas en eso cuando te acostabas con todo el pueblo, ¿verdad?
— reprochó.
— Si tan sólo me escucharas una vez…
— Estoy escuchándote — lo interrumpió, lista para hacerlo otra vez como era costumbre.
— Sé que de esa forma no te demostraba nada más allá de que soy un idiota.
Lo he sido desde entonces, pero no quiero convencerte de que hago lo que hago para buscar tener tu atención o algo parecido.
— Eres un imbécil — le interrumpió y buscó salir, pero con velocidad Aslan tomó su mano —.
De todas las idioteces que dices, pudiste haber escogido una mejor.
— Quiero decirte la verdad, Norah.
Estoy cansado de no poder tenerte cerca, de que cada vez que quiero hablar contigo no me contestes, estoy cansado de extrañarte.
Antes de que puedas decir otra cosa, sé que soy un idiota y lo he sido por bastante — la miró a los ojos.
Aunque las luces de las linternas no eran tan fuertes, fue suficiente para que viera los ojos llorosos de Norah—.
Pero te prometo que esa vez, no fui yo quien lo hizo.
— ¿Y entonces quién, Aslan?
— mostró su dolor en esa pregunta.
— No quise — respondió con decepción, a lo que ella bufó —.
Prometo que ellos…
— Estoy cansada de tus promesas, al igual que estoy cansada de ti, de tus estúpidas excusas.
Olvídate de mí, deja tus monólogos ensayados para otra y déjame en paz — se soltó y salió de la habitación limpiándose las lágrimas.
No le gustaba indagar en ese tema, siempre que lo hacía terminaba igual.
Se había autoimpuesto no llorar más por él.
Aunque le molestaba admitirlo, en ocasiones le gustaba tenerlo cerca, escucharlo e incluso verlo.
Eso ocasionaba que la herida se abriera cada vez que escuchaba de una de sus aventuras.
— Eso no salió bien — dijo Lucas entrando a la habitación.
Aslan se quitó una de las lágrimas de la cara.
— Aquí no hay nada — respondió, saliendo de la habitación.
Lucas asintió y fue tras él.
— Oye, podemos hablar de eso si te molesta — le comentó intentando alcanzarlo.
— Ahora no — al dar un paso más se resbaló, pero no se cayó por la velocidad que tuvo para sostenerse de una de las paredes.
Lucas alumbró el suelo y en cuestión de segundos notó que era lo que había pisado Aslan.
— Llama a los chicos — mandó Aslan al ver lo que había pisado Lucas no lo pensó dos veces y corrió tan rápido como pudo.
Sin embargo, cuando se detuvo, le costó entender lo que pasaba.
Faltaban las escaleras.
Desesperado tocó la pared hasta que sintió su mano humedecerse, la alumbró y se quedó congelado a ver que estaba llena de sangre al igual que la pared.
Antes de que pudiese siquiera gritar un susurro, los paralizó a ambos.
— Oigan — Aslan se dejó llevar por el miedo y apuntó su linterna hacia donde provenía la voz —.
Vengan aquí.
Estaba abierta una compuerta pequeña en el techo de donde se asomaba lo que parecía ser una persona cubierta en sangre.
De pronto cayó contra el suelo.
Aslan se quedó paralizado viendo al cuerpo retorcerse en el suelo, mientras que Lucas intentaba desesperadamente llamarlo, pero ninguna palabra lograba salir de su boca.
La cabeza de aquella persona se elevó y se les mostró sonriente, empezó a estirarse los labios con ambas manos hasta el punto de que se rasgó toda la piel cerca de la boca.
El fenómeno se levantó y dejó ver lo impresionantemente alto que era.
Incluso con todo eso Aslan siguió mirando sin moverse.
— Otra vez no — susurró Aslan con ojos llorosos.
Un aire frío chocó con la espalda de Lucas y llevado por la curiosidad volteó.
El pasillo que conocía había desaparecido y en su lugar ahora estaba el pasillo de un hospital en ruinas, con luces parpadeantes, paredes sucias llenas de gritas y con una silueta alta al final del mismo.
No parecía pertenecer a la persona que estaba detrás, cuando notó que no hacía ningún movimiento, confirmó que era otra cosa que los observaba desde la distancia.
— Me pertenece, me pertenece — la voz de la persona que salió del techo lo hizo voltear de golpe.
— ¡Aslan!
— pudo gritar Lucas finalmente.
Aslan, en un golpe de adrenalina y miedo, se volteó en cuanto escuchó la voz de Lucas y se echó a correr.
Tomó del brazo a Lucas haciendo que él corriera también.
Parecía más mala idea seguir corriendo a medida que se introducían en el nuevo lugar, pero los pasos que escuchaban detrás de ellos no los dejaron ni siquiera pensar a dónde iban.
Siguieron pasando de pasillo en pasillo, dejando cada vez más atrás la casa de Marco y perdiéndose más dentro de lo que parecía ser un edificio infinito.
Pero la silueta que Lucas había visto antes no salía de su mente y cada vez que cruzaban en una esquina o pasaban una puerta, él lo buscaba con la vista, no tuvo éxito en encontrarlo hasta que en un momento apareció otra vez al final del pasillo.
— Mierda, mierda — exclamó Lucas perdiendo la concentración.
Aslan, que de a poco comenzaba a llorar, agarró de nuevo a Lucas para volver hacia atrás cuando de la nada el brazo de la persona ensangrentada lo impresionó tomándolo del cuello.
— ¡Lucas!
— alcanzó a gritar Aslan.
Al mismo tiempo en que levantó a Aslan, lanzó a Lucas con su otro brazo hacia la pared.
Apenas su cabeza tocó el concreto, abrió los ojos de golpe en el pasillo de casa de Marco frente a Norah, Will y Martha, que sujetaba a Aslan.
De golpe se puso en pie y alterado analizó su alrededor mientras que Aslan se soltaba de Martha e igual de aterrado, se corrió hacia una de las paredes.
— No te acerques a ellos, Lucas — le dijo Aslan levantándose tan lejos como pudo de ellos.
— ¿Qué les pasa?
— preguntó Norah preocupada por la forma de comportarse de ambos.
— ¿Cómo sabemos que son reales?
— interrogó Lucas entre dientes.
— Tranquilo, Lucas.
Están bien — intervino Will acercándose a él.
— ¡No!
— gritó Aslan —.
No te acerques a él — tomó un jarrón que tuvo cerca.
— ¿Qué coño les pasa?
— Martha se puso en medio de Will y de Aslan, antes que le lanzara el jarrón.
Norah se detuvo en analizar cómo Lucas veía las escaleras una y otra vez, como si estuviera buscando algo.
Recordó esa misma mirada en Aslan la vez que lo consiguió con Max y Ele.
— Aslan soy yo, Norah — se acercó a él —.
Deja esa cosa de lado y escúchame.
— No te me acerques — amenazó Aslan dando pasos atrás —.
Lucas, corre.
Todos miraron a Lucas, que parecía estar pensando en irse.
La situación no podía escalar a más, que los consiguieran ahí iba a ser un desastre, así que Norah optó por todo lo que tenía para tranquilizarlos.
— ¿Recuerdas esa carta que me enviaste?
— ella siguió caminando hacia Aslan con una de sus manos en el aire por si necesitaba defenderse —.
Te he dicho que no la leí, pero sí lo hice.
— No eres ella, cállate — insistió.
— Leí la carta y siendo sincera incluso te creí.
Pero ese día me dolió tanto que no podía caer de nuevo, me prometí odiarte — Will y Martha se vieron las caras sin tener idea de qué sucedía —.
Pero aún no cumplo mi promesa…
— ¡Cállate!
— gritó en medio de su explicación —.
Sólo me dices lo que me gustaría escuchar.
— Lo hago para que sepas distinguir que lo que sea que viste no fue real.
Soy la única que puede decirte eso, ni siquiera en tus sueños podrías imaginarme decirte esto — esa broma pesada lo hizo cuestionarse —.
Baja esa cosa y dígannos qué pasó.
Aslan la vio a los ojos.
Estaba tan confundido que sin importar lo reales que eran no quería creer en ella.
Miró a Lucas en una esquina detallando la habitación y se dio cuenta de que quizás lo peor había pasado, aun así, estar ahí dejó de ser seguro para él.
— Tenemos que irnos, del techo salió una cosa horrible — Will y Martha alumbraron el techo enseguida —.
Si esto es la realidad, me quiero ir de aquí.
— Nos iremos — Norah también observó el techo y notó una rendija en la parte que estaba por encima de ella —.
Will, ¿crees poder alcanzar esta parte?
Will se paró al lado de Norah y analizó si podría.
— Necesito algo — miró alrededor para ver con qué podía alcanzar.
Rápido tomó una silla cercana —.
Bueno, es mejor que se alejen.
Ellas hicieron lo que él dijo y con su mano empujaron esa parte del techo hacia arriba.
Se escuchó un «click», y la puertilla se abrió, de dentro salieron unas escaleras tan rápido que Will casi se cayó al intentar esquivarlas.
— Vámonos, por favor — insistió Aslan alterándose de nuevo.
— Aslan, por favor, confía en mí — lo tomó de la mano — es por Marco — le recordó Norah dándose vuelta hacia la escalera —.
No lo olvides — dijo para ambos.
Lucas permanecía en shock en una esquina, buscando la sangre que había pisado.
Con las miradas Norah, Will y Martha se decidieron quién iba a subir.
— Mierda — se quejó Will, al darse cuenta que tendría que inspeccionar él.
— Lucas — lo llamó Norah —.
Es mejor que te pongas de pie — mandó por precaución.
— Vaya momento para que se vuelvan unos gilipollas — susurró Martha con la mirada en Will que subía intranquilo la escalera.
Suspiró fuerte cuando ya estaba a punto de ver que había arriba.
Tambaleó un poco cuando por sorpresa vio una mujer semidesnuda acostada en un colchón frente a él.
Ese parásito extraño tapaba la mayor parte de su cuerpo y cuando la luz dio con sus ojos, con dificultad intentó taparla con su mano.
Estaba en un estado tan deplorable que daba la ilusión de que podía morir en cualquier momento.
— Will, ¿qué hay?
— interrogó Norah apretando con miedo la mano de Aslan.
— Es la madre de Marco — en cuanto dijo eso un escalofrío enorme inundó a todos.
Lucas miró hacia la puertilla, mientras que Norah y Aslan se dieron una fugaz mirada.
Algo verdaderamente malo había estado pasando; la policía tenía días entrando y saliendo de la casa, manteniendo en secreto no solo la presencia de la madre de Marco, sino también su estado.
— ¿Qué?
— soltó Martha realmente confundida por las tantas cosas que habían pasado de golpe en ese momento.
— ¿Señora Griffin, se encuentra bien?
— preguntó Will, para saber con exactitud en qué estado estaba.
La madre de Marco comenzó a murmurar algo, la distancia entre ellos no era tanta, pero era tan débil su tono de voz que no se le podía entender qué decía.
— No la escucho — comentó Will a los demás —.
Voy a entrar.
— Es una pésima idea — reprochó Martha —.
No entres ahí por nada del mundo, mira cómo han quedado estos dos.
— Podría ser peligroso — agregó Norah.
— Es necesario hablar con ella — dijo Lucas viendo a Norah —.
Yo lo haré — se fue hacia las escaleras, pero Martha y Norah lograron frenarlo.
— En este momento ninguno debe hacerlo — insistió Norah.
— Fue a lo que vinimos — dijo Lucas intentando caminar.
— Ni siquiera sabemos qué les pasó a ti y a Aslan, no podemos hacer las cosas por corazonadas — Norah otra vez lo frenó.
— No importa ahora.
Marco necesitó ayuda y no estuvimos ahí, déjame poder ayudarlo ahora.
— Marco importa tanto como nosotros.
Si comenzamos a ser imprudentes, quedaremos en un hospital todos.
Lucas, por favor, apártate.
— Sueño con él todos los días — Lucas finalmente comenzaba a mostrar que tanto le había hecho ese momento con Aslan.
— ¿Con Marco?
— dijo Martha intentando atacar cabos.
— No — esa respuesta las tomó por sorpresa, y un mal presentimiento inundó a Norah.
— ¿Con quién entonces?
— interrogó Martha.
Lucas no respondió y de inmediato Norah volteó para ver a Will, pero él ya no estaba.
— Que mierda, ¡Will!
— gritó hacia el techo.
— Sigo aquí — le contestó desde dentro.
— Sal, ahora — siguió Norah — Estoy bien, ahora puedo escucharla — detalló el cuerpo de la madre de Marco y aterrado vio cómo aquella masa parecía adsorberla.
— ¿Y qué dice?
— intervino Martha.
—A ella —respondió bajando la cabeza.
Recordó a Ele y esa discusión frente a la comisaría.
La misma incertidumbre bañó a todos.
Eran tantas cosas regadas que no tenían sentido por sí solas, que parecía ser una estupidez buscarle similitud.
Gatos desaparecidos, cadáveres, ataques y lo que parecía ser un caso paranormal en dos ocasiones.
Fuera lo que fuera que estaba sucediendo ahora, los abordaba, los perseguía.
Norah se dio cuenta de que estaba justo en medio del problema que quiso saltarse al comienzo y ni siquiera sabía cómo.
No sabían que se traía entre manos los policías y tampoco sabían qué les sucedía a los chicos, pero había algo que era obvio, no era casualidad.
— Tenemos que irnos — dijo Norah, justo en el momento en que Martha escuchó autos frenándose afuera.
— Mierda — susurró Martha corriendo hacia las escaleras para asomarse a las ventanas de la sala y confirmar que otras personas habían llegado.
Subió a la misma velocidad —.
Ha llegado la policía.
Will intentó moverse cuando la mano de la madre de Marco sujetó su brazo.
— Marco…
Marco — el miedo de Will fue desapareciendo cuando entendió que decía —.
Perdón…
— Estará bien, ambos lo estarán — se soltó y corrió hacia las escaleras.
Aslan soltó a Norah.
— Ya estoy bien — explicó cuando Norah lo miró preocupada.
Junto Will cerró la entrada y justo en ese momento escucharon cómo se abrió la puerta de abajo.
Con delicadeza entraron a la habitación de Marco.
— No podemos dejar a la madre de Marco — dijo Will en voz baja.
— Llevarla con nosotros sería el error — reprochó Norah con el mismo tono de voz —.
Quiero ayudarla también, pero en estos momentos ni siquiera sé si nosotros saldremos.
— Saldremos por ahí — Aslan caminó hacia la ventana — caminaremos por el techo con cuidado y — sacó la mitad de su cuerpo por la ventana —, saltarán en el mismo lugar donde lo haré.
Si nos ven por la ventana de la cocina, estamos muertos.
— ¿Y mi auto qué?
— de nuevo Will intervino.
— Vendrás luego por él — le contestó Norah siguiendo a Aslan.
— ¿Y si lo reconocen?
— insistió.
— Si quieres quedarte aquí, puedes hacerlo — reclamó Lucas saliendo por la ventana.
—Qué maravilla es tenerlos de vuelta — dijo saliendo después de Martha.
Dentro, el oficial Williams veía por primera vez la casa y sería su primera vez hablando con la madre de Marco.
— Cruzar los arbustos no será problema — explicó Lucas, agregando más partes al plan —.
Al saltar corran hacia ellos y luego no paren hasta llegar al lago.
— Íbamos a escapar de manera silenciosa — ironizó.
— Will, tranquilízate — mandó Martha.
— Es aquí — dijo Aslan siendo el primero en saltar.
Uno tras otro caminaron hasta la esquina doblada del techo y cayeron encima del arbusto de abajo.
Los policías no fueron capaces de escuchar el arbusto gracias a la conversación que tenían en la puerta principal de la casa.
Pero uno de ellos sintió sed y fue con confianza a la cocina por un vaso de agua.
Abrió la alacena, escogió un vaso, abrió la llave y vio por la ventana mientras se terminaba el agua del vaso.
Algo en los arbustos del fondo le llamó la atención, pero no le prestó importancia.
— Bien, llévenme con la atracción principal — mandó Williams sonriente.
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