El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 CAPÍTULO VEINTISÉIS
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28: CAPÍTULO VEINTISÉIS.
28: CAPÍTULO VEINTISÉIS.
CAPÍTULO VEINTISÉIS.
He.
Es admirable la concentración que algunas personas logran conseguir.
Sin importar qué tanto caos tengan alrededor, pueden mantener su objetivo claro y no lo pierden de vista en ningún momento.
En tiempos como estos, esa cualidad brilla más de lo que uno creería.
Ni la conversación de los demás ni sonidos de su alrededor pudieron hacer que Mac dejara de observar todos los detalles que podía de los árboles, de las pequeñas colinas escasas del bosque y de los montones de hojas que se hacían por el otoño.
Orientarse era lo que más necesitaba en un momento como ese, mejor dicho, en una oportunidad como esta.
Durante todos esos días, tanto su madre como su psicólogo no creían en su historia y al fin, podía sentirse escuchado.
— ¿Era el auto de Will?
— preguntó Valentine enterándose apenas.
— Sí — afirmó Max de nuevo, frunció el entrecejo y miró otra vez a Mac —.
De eso estábamos hablando.
— Lo siento — dijo en voz baja.
— ¿Qué podrían estar haciendo?
— siguió la conversación Ele, teniendo la mirada sobre Mac también.
— No tengo idea — respondió Max de brazos cruzados —.
Siendo sincero, ni siquiera sé si en realidad era Lucas quien iba con ellos.
— A mí me pareció ver a Aslan — agregó Ele —.
Es raro verlo juntos de nuevo.
— Nos hubieran saludado de ser así — los miró a ellos —.
¿No?
Ninguno de los dos quiso contestar.
Verlos juntos a ellos otra vez podría tener un significado importante, quizás también iban detrás de algo con un trasfondo igual de oscuro.
— Iré con él — dijo Max yéndose.
— ¿Dije algo malo?
— quiso saber Valentine.
Ele la vio, sonrió y se fue detrás de Max.
Valentine se quedó analizando lo que acaba de suceder y luego de confirmarse a sí misma de que no había entendido nada, siguió a Ele.
— ¿Ves algo?
— Mac volteó rápido.
— Es diferente de noche — explicó, mientras que siguió viendo todo.
— Es normal que se te haya olvidado, a mí me pasó.
— No puedo olvidar esa noche, Max — se volteó hacia él —.
Y si hubieses estado, tampoco lo harías — se dio la vuelta y caminó hacia una dirección que escogió al azar.
— ¿Es por qué se fue?
— aprovechó por fin para hablar del tema que lo había estado fastidiando a ambos.
Mac se frenó en seco.
El chico no creía que Valeria se hubiera ido del pueblo sin al menos contárselo.
Era la única además de él que había estado en esa terrible noche, cosa que pensó que uniría a todos, pero al parecer los había separado.
— No estás solo — siguió Max dando algunos pasos para alcanzarlo —, si eso es lo que piensas.
— Nos abandonó — esas palabras tomaron por sorpresa a las chicas, que lo creían feliz por su amiga —.
Me abandonó y ni siquiera fue capaz de despedirse.
— Sus padres tenían miedo, ella lo tenía.
Quizás no entienda tu situación, pero creo que la decisión es la mejor — puso su mano en un hombro de Mac luego de alcanzarlo —.
Ninguno se merecía lo que les pasó — Mac con rabia le quitó la mano y luego de que levantó la mirada, se fue en dirección a uno de los árboles que reconoció.
Ele también puso su mano encima del hombro de Max y con la misma, ligeramente lo empujó para que siguieran adelante.
La familia de Valeria había hecho preparativos para irse desde el momento en que el primero de ellos apareció sin vida, pero fue la misma niña que les imploró quedarse un poco más para estar cerca de sus amigos, ya luego de Jack, la decisión se hizo definitiva.
Mac y los chicos se enteraron ese día, después de ir por Ele quisieron encontrarse con ella, pero se consiguieron una casa vacía.
Mac vio con tristeza el tronco doblado del árbol que apenas salía de la tierra.
La nostalgia le trajo ese recuerdo en donde Jack y David peleaban por sentarse, cuando repasaban el plan para Alfonso por quinta vez aquella noche.
Otra vez, observó todo y dio con la colina en donde había parecido aquel hombre.
— Fue aquí — dijo al sentirlos llegar.
— Pensé que veríamos una casa — dijo Ele, volteando inmediatamente hacia Mac.
Los ojos azules de la pelirroja lograron hacer que Mac tartamudeara mientras le explicaba lo que había pasado.
Valentine miró a Max y ambos sonrieron escuchando cómo Mac se enredaba al contar la historia.
— Luego…
corrimos hacia esa — señaló una roca igual de lejana que la colina en donde Mac se escondió con Alfonso —, roca — terminó su explicación dándole una sonrisa de boca cerrada a Ele.
— En conclusión, no sabes dónde está la casa — reprochó Ele sin quitarle la mirada.
— Con lo que nos dio es suficiente, seguiremos la misma dirección — intervino Max salvando a Mac de volver a hablar.
Mac asintió y Max luego de darle una sonrisa a Ele siguió con su hermano hacia la roca.
— Los Hirsch son lo tuyo, ¿no?
— bromeó Valentine pasando frente a Ele.
— Cállate — sonrió yendo detrás de ellos.
Siguieron las palabras de Max al margen.
La caminata ya había sido extensa y luego de una breve parada para que Max repartiera algunos sándwiches, Valentine puso algo de música y siguieron adelante.
Después de unos cuantos pasos, Ele notó la casa de la que habló Mac mostrarse de dentro de los árboles.
— Mejor dejamos la música para después — comentó Valentine pausando la canción.
El corazón del pequeño Hirsch comenzó a latir como loco mientras que los recuerdos de esa noche llegaban en desorden a su mente.
Los gritos, las pisadas de aquel hombre y las palabras de Alfonso lo atormentaron en el segundo que quitó la mirada de la casa.
Sabía que entrenar ahí era hacer que sus pesadillas tomaran vida, él había querido volver, quería solucionar el problema, pero en ese momento no quería moverse de donde estaba.
— Oye — lo sacó Max de sus pensamientos —.
Estaré contigo en todo momento — sus palabras lo hicieron tomar valor, y todos entraron.
El aspecto que tenía era muy diferente al que Mac recordaba.
Claramente una de las cosas que más influía en su nuevo punto de vista era que esta vez era de día, y no huía de un loco del bosque.
Un aire triste recorría las paredes desgastadas del lugar.
Mac recordaba el lugar tanto como su propia casa, y se dio cuenta de un detalle que era interesante en ese momento, pero antes de que pudiera compartirlo con los demás, Valentine comenzó a hablar desde el pórtico.
— No es buena idea entrar sin que nadie sepa que estamos aquí — informó con un arrepentimiento que la carcomía.
— Nuestros celulares están activos y no parece que alguien viva aquí — explicó Max dándose vuelta hacia ella.
— Te aseguro que no debe parecer un hogar acogedor para que viva un asesino aquí — refutó.
— Entendemos eso, pero este lugar fue limpiado por la policía hace semanas.
Buscaron en esta y muchas otras casas algún indicio por días, y no hubo nada — le dijo Ele acercándose a ella —.
No hay de qué temer.
— ¿Qué tal que aparece lo que casi mata a Marco o lo que mató al niño?
— le cuestionó a la pelirroja en voz baja —.
Te apoyo, pero…
no me gustaría morir.
— Sigan — mandó Ele a los chicos girándose en su dirección —, yo hablaré con ella.
Pueden llamarme si necesitan algo — los hermanos asintieron.
Max miró a Mac en señal de que dictara el camino que tomarían y rápido entendió, sin titubear, se fueron camino al sótano.
Las maderas del suelo cercano a la puerta del sótano rechinaron al ser pisadas por ellos.
Juntos se quedaron viendo las escaleras por un momento.
— Es por ellos — mencionó Max sin mucha idea de qué decir.
Mac lo vio y después de que Max le mostrara una sonrisa, comenzaron a bajar los escalones viejos del sótano que por el sonido que emitían al ser pisados daban la sensación de que en cualquier momento se iba a derrumbar.
Fue un alivio para ambos ver lo iluminado que estaba el cuarto.
Aquel hoyo enorme al final del mismo permanecía ahí.
Podría decirse incluso que había crecido.
Con la respiración acelerada, ambos empezaron a inspeccionar el lugar.
Lentamente fueron avanzando, hasta que dieron con un charco de sangre seca en el suelo.
Miraron la sangre por un momento.
Mac podía decir que estaba completamente seguro de quién era, pero en lugar de sentir tristeza o algo parecido, se enfureció.
Max no quiso detenerlo y se quedó viendo el suelo.
— Lo siento, Marco —susurró, luego de darse cuenta de que a eso pudo reducirse su amigo.
A un terrible recuerdo en un lugar abandonado.
Era extraño no ver tantas cosas como se acostumbra en un sótano.
Estaba casi vacío y aunque no le dio mucha importancia, fue suficiente para despertar su curiosidad.
Así que miró por última vez el lugar y fue a buscar a su hermano.
— Lo siento — insistió Valentine.
— Te arrastré hasta aquí, yo lo siento — tomó una pequeña piedra del suelo y la lanzó al asfalto agrietado de la calle vieja que tenían frente.
— No creí que algo así me iba a pasar, solo siento que todo esto puede convertirse en una locura que podemos lamentar luego — Max pasó por la puerta principal y vio a ambas hablar sentadas en la acera.
Notó que Mac no estaba en la sala y siguió buscando —.
Una bola de nieve que seguirá creciendo y creciendo.
Una que ninguno quiere frenar.
Un escalofrío le recorrió la nuca al ir subiendo por las escaleras, así que sin pensarlo más llamó a Mac en voz alta.
— No quieren pensar en qué pasará si nos aplasta, no piensan en el daño que nos puede hacer si se hace tan grande que no podamos controlarla.
Las viejas bombillas del pasillo en el segundo piso brillaron momentáneamente cuando Max pasó por debajo de ellas, pero la luz fue tan tenue que no pudo notarlo.
— ¿Qué va a pasar, Ele?
Cuando eso suceda, ¿Qué vamos a hacer?
— Valentine la miró.
La pelirroja se quedó con la mirada en el suelo.
— Creo que todos nos preguntamos lo mismo alguna vez — Max llegó a una de las puertas del segundo piso y cuando fue a abrirla sintió su mano mojarse —.
Y estoy segura de que Kevin, Norah e incluso Max tuvieron la razón al advertir sobre todo esto.
Max se miró la mano y con asco se la acercó a la nariz para identificar qué cosa era.
Parecía agua, pero el olor rancio que tenía lo hizo pensar en la posibilidad de que fuera sudor.
— Pero después de tanto pensarlo — tomó otra piedra —.
Me di cuenta de que lo que les pasó a los amigos de Mac, a Robert, a Marco y a la hermana de Lucas, significa una cosa.
Un mal presentimiento lo invadió después de tocar el picaporte.
Se apresuró a abrir la puerta.
— Que esa bola de nieve ya cambió de dirección y viene hacia nosotros — Ele vio a Valentine y en seguida el grito de Mac desde adentro alertó a ambas.
Se levantaron tan pronto como pudieron y ahora sin mucho prejuicio las dos entraron corriendo a la casa.
Un sonido fuerte vino desde las escaleras, algo rodó desde el segundo piso hasta la planta baja y cuando ellas estaban cerca se dejó ver.
Un hombre con un cuchillo forcejeaba con Max al pie de las escaleras.
El hombre era el mismo de aquella otra vez.
Mac se quedó en shock al verlo intentar acabar con la vida de su hermano.
Aquel hombre estaba en la primera habitación donde Max buscó, en cuanto le saltó encima.
Mac salió de la habitación donde se había ido para llorar sin que nadie lo viera.
El hombre era bastante fuerte, al menos para Max, que por la adrenalina apenas sentía el dolor de los golpes al caer por las escaleras.
Valentine se quedó paralizada al ver la sangre que bañaba el cuchillo y el abdomen de Max; no creía lo que estaba pasando al frente de sus ojos.
Tantas cosas pasaban por su mente que por esos segundos se quedó quieta pensando en eso.
De pronto, Ele la quitó de su camino y con una de las puertas de un cajón viejo de la cocina, comenzó a golpear al hombre, sin control.
La sangre de la cabeza del sujeto comenzó a caer en la cara de Max, que se quedaba sin fuerza, y con preocupación veía el cuchillo acercarse a su cara.
Los ojos del extraño transmitían una sensación inquietante, sus retinas eran rojizas y se notaban venas oscuras delgadas conectadas a la pupila.
Su mirada frenética iba del cuchillo a Max y parecía estar extasiado con lo que sucedía, tanto que su sonrisa macabra se mantenía en su rostro a pesar de que Ele le estuviera rompiendo la cabeza.
Ele estaba entrando en pánico, sus ideas se agotaban y la madera parecía que se desvanecería en sus manos.
Mac lloraba en la parte de arriba llamando a Max, atacado por sus recuerdos, no quería atreverse a asomarse y ver a su hermano desmembrado en las escaleras.
Valentine corrió hacia la sala; las luces comenzaron a brillar de nuevo y Max, sin muchas fuerzas, buscaba apartar el cuchillo de su cara, pero ni siquiera lograba moverlo.
Las salidas parecían pocas y no aparecían para ninguno.
Valentine apartó a Ele como pudo y con velocidad pasó su suéter por el cuello del hombre que se empeñaba en Max y jaló tan fuerte que logró levantar la cabeza del sujeto.
— ¡Ele!
— no terminó de decir su nombre cuando ella le partió lo que le quedaba de la puerta en la cara al tipo.
Finalmente lograron quitárselo de encima a Max, que apenas se levantó cuando el hombre tomó su arma nuevamente y se fue encima de Valentine, que estaba aún en el suelo después de jalar de él.
El sujeto daba un paso hacia ella cuando Max pateó una de sus piernas logrando que hincara la rodilla, lo tomó de la cabeza con una de sus manos y la azotó contra la pared tantas veces que el cuchillo cayó al piso.
Ele tomó el arma y Max lo dejó al sentir que no ponía resistencia.
La sangre bañó la pared y la misma chorreó hasta el suelo.
Los tres respiraban con dificultad viendo el sujeto tener espasmos sobre los últimos escalones.
— ¡Mac, ven aquí ya!
— gritó Max viendo que los movimientos del sujeto comenzaban a ser más bruscos.
— ¡No!
— respondió sin parar de llorar.
Ahora sí las pocas bombillas de toda la casa brillaron con fuerza, cosa que tomó por sorpresa a todos y como acompañamiento el hombre comenzó a moverse tan fuerte que parecía que su cuerpo había empezado a rebotar en el suelo.
— Debemos irnos — dijo Valentine jalando a Ele unos pasos atrás del sujeto.
— ¡Mac!
— gritó Max asustado por lo que sea que vendría ahora.
El hombre usó sus brazos para despegar la cara del suelo, pero dejó sus rodillas contra el suelo.
Se quedó así por un momento sin hacer nada, de pronto vomitó sangre y terminó de manchar toda su ropa.
Luego, volteó su cara hacia Ele y le habló.
— ¿No me extrañas?
— parecía sufrir de una disfonía tan fuerte que apenas pudo entenderse que quiso decir y aunque su voz luchó para salir, esas tres palabras que dijo sonaron como si cada una le fuese dicho una voz diferente —.
¿Ya te olvidaste de mí?
— Max y Valentine voltearon a verla —.
Rompes mi corazón…
Gabriele — Ele saltó hacia él y le clavó el cuchillo en uno de los ojos, pero como si nada el hombre se levantó y con un manotazo la tiró al otro lado de la habitación.
Miró a Valentine y de golpe se volteó para sujetar a Max del cuello.
Lo apretó con tanta fuerza que ya en cuestión de segundos se estaba quedando sin aire.
Lo pegó contra la pared y sonriendo, quiso hablarle también — ¿Por ella…
abrirás la puerta?
— Max supo a qué se refería, pero en un momento como ese la cabeza no le dio ni para siquiera sorprenderse.
El cuchillo fue llenándose de la ya vista masa marrón que como simbionte de película se regaba por la cara del agresor.
En eso, Valentine de nuevo apareció por detrás del sujeto y tirando del cuchillo logró cortarle parte de la cara.
El extraño se volteó y para cuando terminaba de voltearse, recibió otro ataque a su otro ojo.
Un grito de lo que parecía dolor llenó el lugar.
Antes de que ella intentara sacar el cuchillo de vuelta, él agarró su brazo y lo apretó con ira.
Valentine comenzó a quejarse tan alto que Max, que aún se mantenía consiente, pensó que se lo había roto.
Un puñal traspasó su espalda, y aunque no pudo ver quién era, reconoció su voz.
— ¡Muérete, maldita cosa!
— gritó Mac mientras apuñalaba al hombre por todos lados.
Eso obligó al sujeto a soltar a Max.
Buscó agarrar al niño, pero gracias a su falta de visión tomó su camisa, la cual sujetó con fuerza, y con eso lo lanzó lejos.
No pasó mucho de que soltó al niño, cuando sintió a Ele montándose en su espalda.
Como pudo, la pelirroja empujó el cuchillo hacia dentro de su cráneo.
Max se levantó del suelo tomando aire, y aunque no tenía idea de lo que pasaba a su alrededor, en cuanto sintió las piernas se aventó contra el hombre.
Ahora estaba en aprietos el atacante, no veía nada y todos los que podían buscaban asesinarlo.
Sin opciones, soltó a Valentine y buscó quitarse a Ele de encima con esa mano.
Pero Max lo frenó sujetando su brazo.
Mac apareció de nuevo con el pedazo de vidrio que había logrado arrancar de una ventana, y se lo clavó al hombre en la garganta.
Dejó de sostener el brazo que detenía el cuchillo de la pelirroja para intentar bajarla, pero en el momento en que lo hizo se condenó a sí mismo.
El cuchillo entró sin problemas en su cabeza, eso logró hacer que se quedara quieto por un momento.
Con un grito de euforia Valentine empujó al hombre desde atrás y cayó con Ele aún sobre su espalda.
La caída hizo que el arma llegara más profundo terminando el trabajo.
Finalmente había muerto.
Max abrazó a Mac que no soltaba el pedazo de vidrio.
— ¿Tu brazo está bien?
— le preguntó Ele a Valentine después de que ella la ayudara a levantarse.
— Me duele horrible — respondió tomando aire.
— Me…
— Valentine la interrumpió poniendo la cabeza sobre su hombro de manera brusca, y ahí comenzó a llorar.
Ele terminó por abrazarla también.
Al final, sabía que había sido un susto terrible y acompañado de eso, habían asesinado a un hombre Ella miró a Max, que le regresó la misma mirada de angustia.
Afuera, las primeras gotas frías caían sobre el viejo vecindario, dándole la bienvenida a otra llovizna.
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