El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 CAPÍTULO VEINTIsiete
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29: CAPÍTULO VEINTIsiete.
29: CAPÍTULO VEINTIsiete.
— ¿Estaremos bien?
— preguntó Ele aprovechando que Valentine y Mac caminaban adelante.
Max lo pensó.
Apenas habían dado unos cuantos pasos fuera de la casa y no asimilaba lo que había sucedido.
La escena con la que se encontraron después de la pelea no era la mejor, claramente el hombre los había atacado primero, pero aún así, lo que yacía sin vida en el suelo era un ser humano.
Pensaron por un par de minutos qué hacer con el cuerpo y tomaron la decisión de dejarlo en el sótano, y enterraron el cuchillo metros lejos de la casa.
— No sé qué decirte — le respondió viendo a su hermano.
Aunque quiso mentirle, sabía que Ele le había hecho la pregunta por lo sincero que podía ser con ella.
— Fue él quien me atacó en el bosque — Max giró instantáneamente la cabeza hacia ella.
— ¿Qué?
— se le escapó la pregunta.
— La noche en la que Lucas me consiguió en el bosque.
Fue ese hombre él que me atacó — Max le consiguió sentido a las palabras del hombre —.
En el camino, me consiguió y me arrastró al bosque.
Ahí, me lanzó un par de veces hasta que pude correr y conseguí a Lucas.
— ¿Por qué me lo dices ahora?
— Me gusta que seas sincero contigo — se tocó el bolsillo del pantalón —.
Y creo que la mejor forma de agradecértelo es devolverte el favor.
— ¿Por qué no lo dijiste antes?
— él creía en ella, pero aquellas preguntas que les hizo el sujeto, las tenía dando vueltas en la mente.
— Tampoco entendía qué había sucedido y ahora me siento más tranquila — lo volteó a mirar.
— ¿Crees que todo se acabó?
— él también la miró.
— Creo que se puede acabar — sacó de su bolsillo el número de Ibel —.
Entiendo que te preocupes más por tu hermano ahora que la niña se fue.
Han pasado más de cinco días desde entonces y no quiero que sufra mucho más.
— ¿Qué es eso?
— preguntó tomando el papel en sus manos.
— El número de Ibel — de nuevo, de un movimiento brusco puso su mirada sobre ella —.
Me lo dio el día de la cita después del juego.
Dijo que sabía algo importante y que era con la única con la que podía hablar.
Pero no lo haré si no quieres.
— Si hay algo importante que tiene que decirte — le dio el papel de vuelta —, será mejor que lo llames pronto — sorprendida se le quedó mirando por un corto momento sin que él se diera cuenta —.
No confió en él, confió en ti — agregó Max sintiendo su mirada encima.
Stevens, para él, era una de las peores personas que le había tocado conocer, pero a ese punto de las cosas ya no dejaría que nada le sucediera a su hermano ni a ella.
CAPÍtulo VeintiSIETE.
Los Viejos Tiempos.
Un día después.
— ¿No es que habías dejado el cigarrillo?
— Argelia comenzó a ponerse el sostén aún en la cama.
— ¿Ella te dijo eso?
— preguntó Ibel viendo por la ventana con la espalda en la pared.
— Para ti todo tiene que ver con Abrill — dijo ella recostándose de vuelta —.
Supongo que por eso estoy yo aquí.
— Puedes irte si te molesta — se acercó el cigarro a la boca.
Ibel había ignorado las llamadas de Abrill desde el celular de Argelia y lo haría si viniera de su celular también.
Siguió molesto y frustrado gracias a las acciones que ella había tomado anteriormente.
Tan grande era su berrinche, que le echaba la culpa a Abrill no por la muerte de Robert directamente, pero sí por estar con los chicos y no con ellos esa noche.
No le importaba de cierta forma lo que habían estado investigando esos dos meses, sino que ella siguiera con su “doble vida”.
A pesar de eso, el último recuerdo de Robert también le quitaba el sueño.
— ¿Si la extrañas tanto por qué eres capaz de cogerme a mí en su lugar?
— dramatizó Argelia con su ego lastimado.
Sabía perfectamente que era el reemplazo de su hermana, pero se negaba a que alguien más se lo dijera —.
¿Acaso te recuerdo a ella?
— ¿De qué mierda hablas?
— dejó salir el humo poco a poco.
— Que cada que te digo algo, sigues con el temita de Abrill para todo.
¿No querías olvidarla?
— ¿Crees que estás aquí para que me olvide de ella?
— Ibel se carcajeó con ironía.
Ella no dijo más, simplemente se aguantó las ganas de llorar y se quedó viendo el techo.
A diferencia de su hermana, Argelia tenía claro que el chico le gustaba.
De pronto, el celular de Ibel comenzó a sonar.
— ¿Ahora qué?
— se levantó y fue a contestar —.
¿Con quién habló?
— Gabriele — la voz de la pelirroja lo tomó por sorpresa —.
¿Estás libre hoy?
— ¿Me vas a invitar un café?
— sonrió.
— Es chistoso, por un momento pensé que no eras un idiota todo el tiempo.
— No hay por qué alterarse…
— Te llamo por lo del otro día, y si hoy te sientes muy chistoso, te cuelgo y no pierdo mi tiempo — Ibel permaneció con la sonrisa.
La falta de sueño, fumar cigarros con más que nicotina y el licor por varios días seguidos estaban poco a poco quitándole la cordura.
— Está bien, no te enojes — miró la hora en su celular —.
Nos vemos en el restaurante de Delycyas en una hora.
— No, en froloyolo, tienes veinte minutos.
— Ok, pero ponte algo bonito — Ele le colgó a mitad de la frase —.
¿Dejaste de pensar en idioteces?
— ¿Qué quieres, Ibel?
— le contestó con rabia Argelia.
— Llama a todas tus amigas y avísales que haré una fiesta enorme, como los viejos tiempos — volvió el cigarro a sus labios —.
Pasado mañana, que inviten a quien quieran.
— ¿Por qué todo eso de repente?
— preguntó sentándose en la cama.
— Estoy harto de todo lo que ha pasado — miró su celular —, creo que es momento de empezar de cero.
Voy a salir, puedes irte cuando quieras.
Fue a su closet por alguna camiseta.
Se decidía entre las muchas que tenía cuando notó una caja blanca en la esquina.
Su mente fugazmente le recordó esa última conversación con Robert.
Miró hacia una de sus gavetas y le pareció escuchar a Robert negándose a pasarle fotos de los papeles.
Otro golpe de nostalgia le dio con fuerza.
— Fuiste un idiota — susurró.
Esa noche en la que murió Robert, él le escribió a Ibel preguntando por Abrill que se tardaba en llegar y los demás chicos de la decoración se habían ido.
Sólo quedó él en la cancha esperando por ella.
Ibel le insistió que le pasara fotos de los papeles y que se fuera cuanto antes, pero el testarudo de Robert se negó diciendo que: aunque lo borrara todo, quedaría en la nube.
Tiempo más tarde las imágenes llegaron, Ibel pensó que se había hartado de esperar, entonces rápido las imprimió y las borró de su celular.
Cuando intentó llamarlo, su padre le dijo que estaba muerto.
Ibel es el único que sabe que Abrill estuvo con los chicos esa noche y que, por eso, abandonó a Robert.
En alguna parte de Pensiwell.
— ¿Están seguros de que era aquí?
— dijo Norah viéndolos unos pasos detrás de ambos.
— Eso investigué — respondió Aslan tocando el timbre por quinta vez.
— Pues, no parece que haya alguien — agregó Lucas viendo a su alrededor frustrado.
— Martha quizá puede saber algo más — comentó Norah —.
Al final fue ella la que nos dijo dónde encontrarla.
— Pensó que estaba loca la noche en la que la llamó asustada — Aslan lo volteó a ver y salió del pórtico —, y siendo sincero, no me sorprende que no sepa dónde está su supuesta amiga.
— Volveremos entonces a la cafetería — Norah vio a Lucas como se le quedó viendo al auto de un vecino estacionado frente a su casa —.
¿Lucas?
— ¿Qué tal si le preguntamos a los vecinos?
— opinó Lucas bajando del pórtico también.
— ¿Con qué excusa?
— Aslan lo vio pasar por frente suyo sin que él le respondiese la pregunta —.
Es mejor seguirlo — Norah lo acompañó.
Lucas planeó que decir mientras que en voz baja detrás de él, Aslan, intentó frenarlo.
Era una linda casa.
Los recibió con un tapate al pie de la puerta principal con el apellido Young impreso en él.
Se preparó y tocó al timbre.
— Ve con él — le dijo Norah a Aslan que lo veía impaciente.
No pasó mucho desde que Lucas tocó al timbre cuando una señora que parecía más joven de lo que en realidad era, abrió la puerta.
— Buenas tardes — comenzó diciendo Lucas con más nervios que nunca —.
Me llamó Lucas Thompson — se quedó pensando un momento en por qué le había dicho su apellido.
— Un gusto — le regaló una sonrisa —, soy Cloe Young — miró rápidamente detrás de él —, ¿en qué puedo servirte?
— Mis amigos y yo queríamos saber si sabe algo sobre — olvidó el nombre de la chica.
— Arianna — terminó la frase Aslan llegando a tiempo.
— ¿Arianna?
— dijo viendo a Aslan desconfiando un poco de las intenciones de los chicos —.
Ah, la hija del vecino — sonrió y se pasó su delgada mano por su nuca —.
Chicos, sinceramente soy “nueva” en el vecindario.
Lo que sé es que no ha habido nadie desde hace varios días en esa casa.
Sólo vi a sus padres el mismo día en que volví a la casa de mi madre.
A partir de ahí ellos desaparecieron.
Lucas se quedó en silencio pensando en qué pudo haberle sucedido a la chica y sin mucha idea de qué iba a decir ahora.
— Mucho gusto — sonriente Aslan subió las escaleras —.
Me llamo Aslan, ¿no ha escuchado algún rumor?
Cualquier cosa nos ayudaría.
No tiene idea de cuánto.
— Disculpa la pregunta, Aslan — los miró a ambos —.
Pero, ¿para qué necesitan esa respuesta con tanta urgencia?
— miró por encima del hombro de Aslan para ver a Norah con el ceño fruncido —.
No sé si pueda darle esa información a cualquiera, no conozco sus intenciones.
Ambos se miraron casi al mismo tiempo sin saber qué decir.
Ninguno era bueno para mentir bajo presión, entonces uno de ellos actuó según sus instintos.
— Somos familiares — soltó Lucas viendo la cara de la señora de nuevo —.
Vinimos a visitarlos, también somos nuevos aquí — tragó profundo —.
Pero no hay nadie.
La señora Cloe les dio un vistazo más a ambos.
— Tuvieron que haber empezado por allí.
Un momento — se giró y llamó a alguien desde adentro de la casa —.
Jacob, amor, ¿en qué hospital se encuentra la hija del vecino?
— ¿Nos mintió?
— susurró Aslan viendo a Lucas.
En ese momento junto a la señora aparece un hombre pelirrojo más alto que ella, pero no más que Aslan.
—¿Quiénes son ellos?
— preguntó con el entrecejo fruncido.
— Los dos son familiares de los vecinos, están preocupados, ¿sabes el nombre?
— En el Energy — ese hospital era el segundo del pueblo, siendo poco recurrido por los grandes costos del mismo.
Aquel señor los detalló a uno por uno.
Notó sus miradas nerviosas y no se fío mucho.
— Gracias — respondió Lucas —, disculpen las molestias.
Los dos se despiden con una sonrisa y al ir bajando los pocos escalones del pórtico, unos niños aparecieron corriendo en la puerta, donde fueron frenados rápido por su madre.
— Mantengan a los niños dentro de casa — aconsejó Lucas cuando se dio la vuelta al escucharlos —.
Están pasando cosas raras.
— Tranquilo, Lucas.
Conocemos lo raro que se puede poner este pueblo a veces, no hay nada de qué preocuparse — les regaló una sonrisa de boca cerrada y miró a su esposo, que sonrió con ella.
Incluso Norah se quedó pensando en lo que había dicho buscando entenderla.
Aslan y Lucas, algo confundidos, asienten.
Ya luego volvieron al auto de Norah y se marcharon.
Cloe cerró la puerta y les pidió a los niños que jueguen en el patio trasero.
— Algo se traían entre manos — mencionó Jacob sentándose en el sillón.
Ella se sentó entusiasmada con él.
— Eso es seguro — sonrió fijando su mirada en la fotografía que reposaba sobre la chimenea, en ella se podía visualizar a sus dos amigos de la infancia, Kara y Liam, que sonreían junto a una muy joven Cloe —.
Esos chicos me hicieron recordar viejos tiempos.
— A mí también — dijo con nostalgia —.
Ese Lucas, por alguna razón, me recordó a ti.
¿Será así obstinado todo el tiempo?
— Oye — le pellizco las cotillas y ambos terminaron riendo juntos.
En el auto, el silencio los acompañaba de vuelta a la cafetería.
Ninguno sabía qué podía seguir ahora o qué tendrían que hacer ahora.
Por el momento había más preguntas que respuestas, la madre de Marco podía ser la respuesta a las demás desapariciones, pero eso decía que más ataques como los de Marco tuvieron que haber sucedido.
Por esa razón estaban ahí, Martha les contó que días antes mientras estaba en una fiesta una de sus amigas la había llamado gritando porque había una supuesta bestia en su casa, porque estaba ebria, no le tomó importancia y siguió con su noche, pero ahora estaba en un hospital.
La pregunta con la que se encontraban ahora era, quién era esa supuesta bestia y que si realmente existía, qué tenía que ver con todo lo demás, y también, qué tenía que ver Ele.
Parecía que las cosas se simplificaban al encontrar algo sobre dicha bestia.
— ¿Alguna idea de lo que podemos hacer ahora?
— les preguntó Norah viendo el camino.
— No tenemos nada — respondió Lucas viendo por la ventana.
— Espera, claro que tenemos algo — Aslan buscó su celular —.
Es algo enorme y no lo había recordado antes.
— ¿A quién llamas?
— A la madre de Max — le contestó a Norah —.
¿Recuerdan la historia de Mac?
— No — respondieron ambos en coro.
— ¿Nunca se las conté?
— tardó unos segundos escuchando el celular repicar, hasta que finalmente la señora Hirsch contestó.
Delycyas, froloyolo.
La campana del lugar sonó una vez más.
Las miradas de Ele y Max fueron a la puerta casi en automático como lo habían hecho cada minuto después de la llamada de Ele a Ibel.
En ninguna de esas veces habían dado con quién esperaban, pero esta vez fue diferente.
Valentine miró a Ele que atendía una mesa y ella miró a Max que estaba sentado en una mesa al fondo, Ibel había llegado.
— Toma asiento allá — mandó Ele pasando frente a él —.
Iré en seguida.
Ibel miró a la mesa de la que ella habló y al ver a Max sonrió.
— En serio pensé que vendrías sola — respondió con claro enojo en su voz.
— ¿Tienes algún problema con eso?
— ¿Por qué les encanta arrastrar a los raritos detrás de ustedes?
— No le vuelves a decir así — se le acercó de manera amenazante —.
¿Crees que él vino porque yo se lo pedí?
Él está aquí porque me dijo que te llamara.
Ibel lo miró de nuevo.
Ciertamente había algo diferente en la mirada de Max, la mayoría de las veces que lo veía él intentaba no hacer contacto visual por miedo a que Stevens le hiciera algo.
Pero esta vez su mirada no se la quitaba de encima.
— Espera allá — dijo Ele yendo hacia el mostrador —.
Dile al jefe que tomaré mis veinte minutos ahora — Valentine asintió.
— Aquí me tienes, Hirsch — Ibel se sentó frente a él —.
¿Querías algo de mí?
Max respiró profundo antes de hablar.
No quería estar solo con él, seguía teniendo miedo de todo lo que ocurría alrededor, pero luego de sentir la mano de Ele en su hombro, respondió.
— Según sé — Ele se sentó a su lado —.
Eres tú quien está buscando ayuda.
Ibel notó el cambio que la pelirroja hacía en él y por un momento, sintió celos de eso.
— ¿Crees que alguien como yo buscaría ayuda en ti?
— preguntó Ibel levantando la mano para llamar a Valentine y que lo atendiera.
— Dímelo tú — Ele frenó su pierna inquieta con su mano, él la miró y después de verla, volvió su mirada a Ibel —.
Este papel no llegó por correo — puso sobre la mesa el papel que Ibel le había dado a Ele.
— ¿Te gusta meterte en las cosas de tu noviecita?
— ¿Te gusta meterte en lo que no te importa?
— finalmente Ele le respondió —.
Querías alertarnos, aquí estamos.
¿De qué vas a hablar?
Miró que no tenía más que decir.
Mucho menos algo para justificar sus acciones.
Pero decir una mentira estúpida lo veía como algo que lo rebajaría a hacer un tonto frente a un raro.
Así que optó por una verdad a medias y separada de lo que originalmente iba a decir.
— Sé lo que pasó a Griffin — se recostó del espaldar —.
Entiendo que no quieren que eso le pase a alguno de ustedes — respiraron profundo ambos —, por lo que les recomiendo que se alejen de Abrill.
— ¿Por qué?
— interrogó la pelirroja.
— Ella tiene que ver con la muerte de Robert — ambos se quedaron impactados con la noticia, tanto que ninguno quiso preguntar en ese momento —.
Esa noche tenía que entregarle una información importante, pero no apareció — Max recordó rápido dónde estaba esa noche —.
Desde entonces, no quiso hablar conmigo o con ninguno de nosotros.
— ¿Crees que es cómplice?
— siguió Ele con sus preguntas.
— No sólo eso, digo que es más de lo que creemos.
Esa información la consiguió con Kevin, no sé qué le hizo, pero le logró sacar información peligrosa.
— ¿Cómo qué información peligrosa?
— siguió Ele entrando en una etapa de nervios intensa.
— Son mis asuntos, no tienen que meterse en eso.
— Tu amigo murió por esos papeles, esa información es muy importante.
No se toma a la ligera.
— Eso me lo puedes dejar a mí — la interrumpió —.
Aléjense de Abrill si no quieren terminar como su amigo o como el mío — se levantó.
— ¿Por qué de pronto quieres ser un héroe?
— preguntó Max después de tanto analizar lo que decía.
— Sé lo mal que se siente que te mientan.
Robert creyó en ella, yo creí en ella — ambos le pusieron énfasis en esa frase, la manera en que lo dijo no era muy común —, y acabo con él, no quiero que más nadie viva eso.
Sé que creen que soy un monstruo, quizás no crean en mí, pero mi abuelo decía que tenía que tenerle más miedo a esos lobos que se disfrazaban de ovejas.
Ibel los dejó a ambos callados en la mesa.
No sólo los tomó por sorpresa todo lo que había dicho, sino que seguían sin conseguirle sentido.
Podía estar mintiendo, pero ¿qué ganaría con eso?
Ese tipo de pensamientos llenaron a Max por un momento, el mismo tiempo que le tomó a Stevens irse.
— No puede ser verdad — comentó Max sin dejar de ver la mesa —.
No puede que algo así nos lo diga, sólo porque sí.
— Su amigo murió gracias a ella, Max.
¿No harías algo así?
— reprochó Ele viéndolo.
— No de la nada — la miró —.
No lo sé, ¿por qué no se lo dijo a la policía?
¿Confía más en nosotros?
No le encuentro sentido.
— Estoy segura de que evitó cosas, pero no podemos tomarlo como una mentira.
Max asintió.
— Omitió cosas porque yo estaba aquí — acertó sin saber Max.
— Debías estar aquí, y si él omitió cosas es porque está en algo tan grande como nosotros.
Por eso nos lo dijo y no a la policía — teorizó Ele —.
Pero necesitamos saber más.
Max analizó la historia de Ibel rápidamente en su mente otra vez.
— Nombró a alguien que puede que sepa todo.
— Kevin — terminó Ele.
Max asintió, pero se vio como con tristeza bajó la mirada.
Entonces, ella con su mano lo tomó de la barbilla y lo hizo verla —.
Yo también tengo miedo de lo que está pasando y mucho más de lo que pasó ayer, estamos afectados aún, pero si perdemos la cabeza ahora, no podremos estar preparados para lo que sea que venga.
No te pido que pases la página, sé que no es fácil, pero hay que ser fuertes.
— ¿Por qué me dices eso?
— Tengo un mal presentimiento de todo esto.
Max cerró los ojos y sintió cómo Ele pegó su frente con la suya.
— ¿Todo estará bien?
— preguntó él.
Ele se quedó en silencio, estaba segura de que su respuesta no le gustaría.
A partir de ahora, ella sabía que las cosas sólo podían empeorar.
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