El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 3
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3: Capítulo 2.
3: Capítulo 2.
— 10:54 pm del 08 de agosto, zona este, a tres cuadras del centro comercial “Delycyas”.
Se encontró otro cuerpo desmembrado en el patio trasero de la casa perteneciente a la familia Elgo.
No hay testigos, la vivienda está vacía.
Gracias a las preguntas dirigidas por el oficial Leonard Lamber a vecinos, pudimos saber que tenían unos pocos meses de llegados al lugar.
La búsqueda hacia el bosque comenzó a minutos de darnos cuenta de que ninguno de los seis habitantes estaba.
Entre los cuales se encuentran: Carlos Elgo, de 10 años de edad; Elsa Elgo, de 12 años de edad; Britani Elgo, de 2 años de edad; Emma Elgo, adolescente con 16 años y finalmente ambos padres, Eliza de Elgo, de 35 años, y Cameron Elgo, con 40 años.
Bajó la grabadora con frustración, observando aquella linda casa desde fuera.
Había buscado cada mínimo detalle de algo, algún indicio que le diera un comienzo a la investigación, pero de nuevo se tuvo que quedar con las ganas.
«¿Qué mierda está sucediendo?» se preguntó, mientras de reojo notó a los paramédicos pasar con el cuerpo tapado con una cobija blanca manchada de ese rojo oscuro de la sangre.
Rodeado de sirenas, sentía cómo las luces rojas y azules le golpeaban los ojos.
Tuvo miedo antes de llevar la grabadora de nuevo a sus labios.
— Con los que se elevará el número de desaparecidos a un — sintió como se formaba un nudo en su garganta — veinte, este mes…
11:10 pm, Casa Griffin.
A pesar de sus diferencias, la gota fría de lluvia que corría por la ventana de su cocina era tan parecida a la lágrima que refrescaba su cachete mientras caía sobre él.
Al igual que las muchas gotas en su ventana, no fue la única lágrima que había derramado esa noche y su cachete no fue lo único que Antonio Borles, su padrastro, había golpeado y dejado con marca.
Diez golpes alcanzó a darle con su cinturón de cuero grueso.
Su madre había tapado algunos, no queriendo, claro, pero al menos pudo sacarlo de encima de Marco.
«¿Qué hice mal?» se preguntó terminando de lavar los platos.
Esas pequeñas obligaciones, su madre solía decir que a él no debían importarle; pero al final, cada vez que llegaba de trabajar tenía que hacerlas.
Compartía la idea de que si tienes mente positiva, tendrás resultados positivos; pero, sin importar que tanto se esforzará en pensar que todo cambiaría, las cosas en su hogar empeoraban.
Marina, su madre, engañó a su padre cuando Marco tenía unos pocos años de nacido.
Luego de enterarse de esto, su padre echó a ambos de su casa y nunca demostró ningún cariño por la criatura.
Tiempo más tarde, lograron conseguir alguna clase de estabilidad, que duró poco.
Podría decirse que Antonio comenzó a disfrutar golpear a Marina, ya que no tiene que estar borracho para atacarla con euforia.
Aunque eso no es impedimento para que ella deje de amar a su marido, poniéndolo incluso por encima de su hijo.
Su deber en la casa solo era sacar la basura, pero todo el tiempo esperaba que se hiciera tarde para hacerlo, así podía ver las estrellas desde su patio trasero tirado en el pasto.
Ya con la basura en su lugar y él en el suyo comenzó a indagar en la misma pregunta de siempre, «¿Quién ayudará a mamá?», cada vez que planeaba salir de todo aquello y dejar todo atrás, esa pregunta frenaba cada decisión hipotética que tomaba.
El pasto estaba húmedo por la escasa llovizna que había caído minutos antes.
Aún así, los truenos seguían sonando con fuerza y el viento alborotaba a los árboles como si una tormenta se acercara.
No había estrellas que ver, pero seguía en el suelo con sus ojos centrados en las nubes.
— Marco…
Marco — susurró una delgada voz.
Se sentó de pronto y con los ojos bien abiertos intentó divisar en los arbustos y la oscuridad.
Su cerca trasera se iba cayendo con cada año que pasaba.
Para Antonio fue mejor opción plantar un arbusto que repararla.
Eso ocasionó que tuvieran problemas con animales como ardillas, zarigüeyas, mapaches, entre otros.
— ¿Qui-én anda ahí?
— preguntó luego que escuchó que lo llamaban de nuevo, secando velozmente algunas pequeñas lágrimas.
— Soy…yo — se escuchó el crujir de las ramas del arbusto y las hojas del suelo.
Alguien se movía dentro.
Lento se fue poniendo en pie y con mucha cautela buscó retroceder.
La situación se le hacía familiar, pero no podía recordar de dónde.
— ¿Tú quién?
— dio un pequeño vistazo detrás de él — ¿Cómo te llamas?
Un bate de madera que Aslan le había regalado cuando era niño yacía debajo de las escaleras.
Con ese bate solía luchar con los animales invasores y ahora era su mejor arma.
— ¿Nombre?
— susurró tan bajo que parecía que se preguntaba a sí mismo.
Sentía miedo, tanto como no lo había logrado sentir antes.
Cada movimiento de su cuerpo era vital para escapar o pelear, pero extrañamente todos sus sentidos se inclinaban por la segunda opción.
Claro, estaba que no iba a pelear, ninguna persona en su sano juicio lo intentaría o al menos eso pensó al considerar ir por aquel bate.
Volteó fugazmente de nuevo, mientras el dilema tomaba seriedad.
Pero el arbusto hizo un sonido brusco, como si algo lo hubiera atravesado.
Volteó al frente tan rápido como lo había hecho antes y por ese pequeño instante dejó de pensar y se quedó tan quieto como pudo.
Había una silueta encorvada frente a él.
Solo eso pudo distinguir, aún estaba tan lejos de la casa que la opaca luz que salía de las ventanas de la cocina no alcanzaba a mostrar más.
— Marina — le respondió después de tanto.
Sus piernas comenzaron a fallarle, sus manos se volvieron temblorosas y su corazón se hizo más rápido al escuchar la voz de su madre responder.
No era posible, no era su madre, aunque estaba seguro de que esa fue su voz.
Reunió valor y protestó.
— No…
ese no es tu nombre.
Aquella cosa parecía temblar y claro se vio que con desagrado azotó su cabeza con sus manos.
Aterrado, intentó voltear para gritarle a su madre, pero gracias a las hojas secas en el patio escuchó a esa cosa dar un paso.
— NO — mandó en voz alta y de pronto.
— Déja-te, Dé-jate…
déjate — le dijo con una voz ansiosa —.
Nos…
matará, los acabará…
tranquilo — siguió intentando avanzar.
Mientras le buscaba sentido a lo que había murmurado, Marco se sintió mareado y levemente sus ojos buscaron cerrarse y se tambaleó como si estuviera a punto de caerse de sueño.
Apretó los ojos con fuerza para conseguir concentrarse, y justo escuchó los pasos de la silueta que corrió hacia él.
Giró sin intentar reconocer que era aquella “persona” que se había mantenido escondida detrás de los arbustos.
No estaba tan lejos como sintió al correr hacia ese bate que parecía ser su esperanza.
Sus piernas con fuerza dieron cada paso, estaba decidido a no frenarse.
Aquella cosa estaba detrás de él y no tampoco parecía querer frenarse.
Su presencia era intensa y su respiración cercana, también corría decidida, también quería llegar a su objetivo.
Marco corrió tan rápido como sus piernas pudieron; su corazón palpitaba fuerte y con un grito de exasperación se lanzó sobre sus rodillas y se desplazó hasta el bate.
Volteó con el bate en mano, pero notó que su patio no era tan grande como para correr tanto y también que no había nada.
— ¿Qué diablos te pasa?
— le preguntó Antonio después de abrir con fuerza la puerta trasera y causarle un susto enorme.
Marco solo lo vio aterrado a él y al patio que tenía detrás.
Pero seguía sin haber nada.
«¿Dónde está?» pensó calmando su respiración.
Después de quejarse, su padrastro volvió adentro y aunque algo en Marco no lo dejaba estar tranquilo, pasadas las horas, en su cama, pudo respirar tranquilo y dormir.
CAPÍTULO II La Chica Nueva.
09 de agosto, 12:40pm; Preparatoria de Pensiwell.
Frustrado, pegó su frente contra la mesa.
— ¿Todo bien?
— preguntó Abrill poniendo su mano en la nuca de Marco.
— No dormí bien — respondió sin levantar la cabeza.
A pesar de ser un grupo de amigos que se conocían desde muy pequeños, dentro del grupo había en algunos más conexión que con otros.
Siendo Marco y Abrill parte de esto.
Aunque no eran tan unidos, le gustaba conseguirse en el comedor para almorzar.
— Además, pasé la noche haciendo un trabajo para química que no era para hoy — levantó la cabeza y se sentó derecho.
— Bueno…
— Dah — interrumpió Kevin llegando por la parte de atrás junto con Max —, no siempre tiene que haber alguna brujería.
— Pero, ¿y si la hay?
— siguió Max acompañando a Kevin a tomar asiento.
— No la hay.
— Lo dices con mucha seguridad.
Era costumbre esta clase de interrupción, pero aún así Marco y Abrill compartieron miradas confundidos.
— ¿Me explican?
— comentó Marco dándose cuenta de que Kevin traía un cartel de “se busca”.
Kevin se da vuelta hacia él.
— Max dice que esto — pone el cartel sobre la mesa —, tiene que ver con brujas, demonios y todo eso.
— No lo aseguré — se defendió —.
Hay una posibilidad.
— Es cierto — apoyó Abrill agarrando el cartel.
— Es una tontería — insistió Kevin.
— Estoy seguro de que es algo maligno — comentó Marco reclinándose hacia atrás —.
He leído teorías de que Alf era de los malos por eso.
— Alf era un alienígena y una serie de televisión— reprochó Kevin.
— Pudo ser un alien maligno.
Quizás aquí en el pueblo hay uno — levantó ambas cejas.
— Lo apoyo — aparece de nuevo Max tomando la conversación en broma.
Mientras que la conversación se hacía más profunda (comenzaban a discutir las razones de un alien para ser malvado), Abrill notó a Norah corriendo hacia ellos, pero prefirió esperarla y detener la conversación.
— Todos — susurró intentando recuperar el aire —, a la dirección…
Ahora — siguió Norah.
El silencio los gobierna y se miran entre ellos buscando si alguno sabe algo al respecto.
— ¿Por qué?
— rompió el silencio Abrill.
— ¡¿Pero en qué estaban pensando?!
— siguió el director con el reclamo que no parecía tener fin —.
¡No permitiré esta clase de comportamiento sin pudor en mi preparatoria!
— Oiga…
— ¡Silencio, Thompson!
No esperaba eso de ti, ¡Ni de ninguno!
Lucas se echó atrás en la silla confirmando que no podía calmar las cosas.
Voltea a ver a Aslan, que mantiene su semblante tranquilo como si no fuera la primera vez.
— Hollande — le dirigió la palabra a la chica del baño —, su padre le encantará enterarse de esto.
— No es necesario — soltó Aslan —, y Lucas no hizo nada, literalmente solo estaba de pie afuera.
—¿Cómo?
— pregunta Morís acercándose —.
¡¿No es necesario?!
— gritó de pronto asustando a los tres —.
Dígame, Heller, ¿Desde cuándo usted pone las reglas en esta institución?!
Aslan se limitó a solo sentarse firme en la silla.
— Mañana necesito al representante de cada uno en esta habitación.
Tendrán citaciones y harán ayuda humanitaria; limpiarán los baños de toda la preparatoria hasta el final del año.
Mientras, pensaré en la posibilidad de expulsión de todos por al menos una semana.
La chica comienza a llorar y salió, Aslan la siguió sin importarle la mirada fija del director.
Por otro lado, Lucas aún parecía analizar lo que sucedió.
— No traigas a tu hermana — dijo el director luego de unos segundos—.
Sé lo ocupada que llega a estar.
En su lugar, le darás un recorrido al nuevo ingreso en unos minutos — Lucas asintió y se levantó listo para irse —.
Debe aprender que por muy mal que suene preocuparse por uno mismo, en ocasiones, es lo mejor que se puede hacer.
Claramente Moris sabía que Lucas se había echado culpa a propósito y que no tenía por qué culparlo de algo.
Pero frente a la chica no podía salvarlo.
— Con todo respeto — responde colocando sus audífonos en su cuello —.
No comparto esa idea.
La amistad tiene valor, no por los malos ratos o los errores cometidos…
tiene valor, por los buenos momentos vividos — recitó la frase de su padre.
— A pesar de su cálida opinión.
No siempre le pagarán con la misma moneda.
— De eso se trata ser amigos.
Estar seguro de que así será — le regaló una sonrisa antes de salir.
Contrariamente a lo que había dicho, quería matar a Aslan en ese momento.
Lo primero que nota al salir es su querido grupo alrededor del descarado Aslan sonriente.
— Gracias — dijo de mala gana acercándose hacia Aslan.
— ¿Qué es un poco de limpieza?
— respondió abrazándolo —.
Quizá no vuelva a ocurrir — le susurró al oído.
— ¿Quizá?
— le preguntó, pero no obtuvo una respuesta.
Aslan se separó y junto con todos, se van por el pasillo.
— ¿Alguno me explica?
— pidió con urgencia Norah —.
No me enteré de una buena forma.
— ¿Enterarte?
— resaltó Lucas al fondo.
— ¿Estaban haciendo qué con Lisie en aquel baño?
— buscó explicaciones Abrill dejando la pregunta de Norah de segunda.
Lucas solo le sonrió buscando abrazarla.
— Nuestro querido Aslan estaba haciendo de las suyas y solo lo apoyé.
— Eso no suena mejor — siguió Abrill.
— No hice nada…
Lo interrumpió el empujón de Nick que apareció detrás.
Lucas cayó al suelo y Aslan arremetió contra el frenético Nick.
Le acertó un par de golpes en la mandíbula antes de que Ibel se lanzara con él al suelo.
Lucas se levantó como pudo y aprovechando que Aslan había separado un poco a Ibel de él, le lanzó una patada que lo bajó de encima de Aslan.
Ambos intentaron ir en su contra, aprovechando que Nick seguía apartado, pero Lucas sintió el agarrón de otro por su espalda.
No reconoció quién lo agarró, pero enseguida sintió el golpe que le clavó en la nariz.
Aslan se levantó a ayudarlo, pero Nick logró pegarlo contra los casilleros.
— ¡No!
— gritó Abrill, poniéndose delante del mareado Lucas —.
Alejate Eliezer, ya.
— No tienes que seguir con esto — le dice Norah a Nick empujándolo para meterse en medio de ambos —.
Por favor.
Nick, en forma de respeto a la chica mantuvo su distancia — ¡Te metiste con la chica equivocada, escoria!
— amenazó a Aslan señalándolo.
Ibel, sin prestarle atención a nada, se va como toro furioso hacia Lucas, que luchaba para mantenerse en pie.
Kevin buscó meterse en medio para frenarlo, pero lo que obtuvo fue un golpe en el estómago y como si nada fue lanzado a un lado.
— Quítate, marica — le dijo viéndolo retorcerse en el piso.
Marco intentó defenderlo lanzando un golpe sin dirección que Ibel esquivó fácil y dándole un empujón lo alejó sencillamente.
Lucas intentó pelear de nuevo, pero Abrill logró frenarlo.
— Vamos, Thompson, me gustaría verte intentarlo — lo retó Ibel acercándose.
— ¡Ya!
— siguió Abrill con sus gritos —.
Déjennos tranquilos…
Abrill Walker era la novia de Lucas, ella junto a Marco y Aslan iban un año por delante a los demás.
Por esto le hablaba con tanta seguridad a sus atacantes, eran parte del núcleo con los que acostumbraba estar.
— Por favor, chicos.
Cálmense — aconsejó.
— ¡Me das asco!
¡A ella le das asco!
¡¿La amenazas para que esté contigo?!
— siguió Nick en contra de Aslan.
El pasillo no duró nada en llenarse de chicos que se mantenían pendientes de grabar cualquier cosa.
— Que tenga tantas ganas de mí, al punto de insistir para ir a un baño.
No es culpa mía — respondió Aslan, sonriendo.
— Aslan — regañó Norah en voz baja.
En eso, Nick no pudo resistir más y buscó sacar a Norah del medio, pero Robert (que se mantenía en una esquina sin decir nada, como Max, que estaba aterrado en una esquina), lo alzó para impedir que hiciera más escándalo.
— Piensa, Arlt, piensa — reprochó Robert forcejeando por no soltarlo.
— Déjelos — agregó el director en la multitud — .
Quiero saber cuántos errores se pueden cometer en un día.
Tan intensas se pusieron las cosas que ni los espectadores se habían dado cuenta que él estaba ahí y la escena para nada era la mejor: Kevin seguía en el suelo, Ibel y Eliezer parecían tigres hambrientos rodeando a Lucas y Marco, Max aterrado en una esquina, Lucas sangraba por la nariz y las chicas cargando con todo el dilema.
Un pésimo panorama.
— Stevens, usted y su grupo, en mi oficina.
Ahora — siguió el director Morís.
Se reparten unas cuantas miradas, pero nadie hizo nada.
— ¿Acaso habló en otro idioma ?
— regañó el director.
Robert bajó a Nick e indignados se fueron ellos por el pasillo quitando todo aquel que estorbaba en su camino.
Morís sintió los días que tenía sin dormir, cansado de tanto dilema, solo tuvo como consuelo pasarse la mano por la cara.
Sabía que condenar a ese grupo de chicos malcriados era prácticamente imposible si quería seguir en su puesto.
— Se acabó la función — le informó a los demás.
Mientras la multitud se esparcía, Max ya había levantado a Kevin y lo ayudaba a secarse algunas lágrimas.
El director se acercó y le dio una mala mirada a Aslan después de que Norah lo golpeara repetidas veces.
— Arreglé lo de su nariz y venga conmigo.
Ya la chica llegó — Lucas asintió como pudo sin quitarse la mano de su nariz.
Aunque ya no eran tantos, los otros chicos seguían yéndose cada quien a lo suyo, pero todos se seguían sintiendo observados.
Al final todos se habían ido, pero quedaba alguien parado a mitad del pasillo con la mirada puesta en ellos.
Una pelirroja de ojos azules penetrantes se encontraba allí al pendiente de todo.
Unos auriculares blancos colgaban de sus oídos, mantenía ambas manos en los bolsillos de su pantalón marrón que le llegaba un poco más arriba de la cadera y en sus labios relucía un palillo de la chupeta con la que jugaba con su lengua.
— ¿Y esa qué?
— susurró Abrill.
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