El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 32
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32: Capítulo tREinta.
32: Capítulo tREinta.
La pistola se asomó por el marco de la puerta.
Lo que fue suficiente para asustar a todos, menos a la chica que con firmeza sostenía el sartén.
Cuando iba a cruzar para encontrarse la cocina de frente, lo cegaron usando una camisa desde atrás.
De manera rápida buscó mover su arma hacia el atacante, pero el golpe del sartén en su mano fue tan fuerte e inesperado que por error dejó caer el arma, pero no sin antes intentar disparar.
La bala dio con la puerta de atrás e hizo saltar a todos.
Los que estaban bajo la cama se vieron la cara y en cuestión de segundos se arrastraron hasta salir.
Pero el pie de uno de ellos chocó con fuerza con una manilla de puerta.
La chica del sartén golpeó varias veces la cabeza de Leonard mientras forcejaba para quitarse la camisa de la cara para poder ver.
Fueron tantos golpes que sus piernas fallaron y cayó en el pasillo, inconsciente y con la cabeza rota.
— ¡¿Qué mierda hicieron?!
— gritó Kevin llegando hasta ellos.
— Nos iba a descubrir — explicó Aslan con su camisa en la mano y viendo cómo Norah salía del baño.
—¿Matarlo fue su idea?
— siguió Kevin tomando la cabeza de Leonard para ver qué tan golpeado estaba.
— Pensé que un golpe bastaría — se explicó Ele retomando el aliento —.
Lo siento.
— Claro, es fácil decirlo, no es tu hermano al que golpearon como locos.
— Que estará bien, chaval — regañó Martha estresada por la conmoción —.
Ayúdame a recostarlo en su cama, anda y deja de llorar.
Will junto con Martha y Kevin lo llevó a su habitación de donde salió Lucas con una caja en mano.
— Joder — dijo Martha al ver a Lucas salir.
— Sí, creo que la tengo.
Estaba debajo de la cama.
— Buena reacción, Ele — reconoció Aslan poniéndose la camisa de vuelta.
— Gracias a ti también, no conté con que se moviera — Valentine le quitó el sartén.
— Yo lavaré esto — se metió a la cocina —.
Buena idea esa de traer guantes — le reconoció a Max al pasarle a un lado.
Max directamente fue a abrazar a Ele, que respirando para controlar sus nervios también lo enrolló en sus brazos.
Aslan apartó la mirada cuando Norah le golpeó el brazo.
— Auch — bromeó.
— La próxima vez, al menos dime qué tramas — él la vio a los ojos y sonrió —.
¿Qué?
— ¿Te preocupaste por mí?
— ella le apartó la mirada.
— No quiero que más nadie muera, es todo — se pasó un mechón de cabello por detrás de su oreja, acomodó sus lentes y fue con Lucas.
Ahora todos miraban la caja en el centro de la sala.
Lucas tenía ambas manos en la tapa y después de que todos le asintieron, la abrió.
Intentaron ver qué había dentro, pero la cara de Lucas no les transmitió confianza.
— No hay nada — murmuró viendo a todos con cara de terror.
— ¿Qué?
— preguntó Aslan que no había logrado escucharlo.
— No hay nada aquí dentro — mostró el interior de la caja.
El aire de decepción inundó la sala.
— Mierda — dijo Max agachando la cabeza y poniéndose ambas manos en la cara.
CAPÍTULO tREinta.
La Fiesta.
El día siguiente.
— ¿Por qué estás segura de que funcionará?
— preguntó Aslan quitándole la mirada al auto naranja unas casas atrás de ellos.
— ¿No leíste el último mensaje?
— Sí, Ibel hará una súper fiesta y la invitó, ¿qué con eso?
— volteó a verla.
— ¿Estás bromeando?
— Norah también volteó a verlo, él negó con la cabeza —.
Ok.
Después de lo de anoche, me quedé frustrada por lo mucho que buscamos y no encontramos nada.
En un punto, incluso pensé que Kevin sabía que no estaban ahí los papeles.
Eso me llevó a que ellos sí sabían en dónde estaba la copia.
— Robert murió con esos papeles — intervino él.
— Eso es lo que creemos, pero ¿qué tal si no es así?
¿Y si ellos tienen alguna otra clase de copia?
— ¿Cómo podemos confirmar eso?
— Con él — señaló a Kevin que apareció en camino a la puerta principal de la casa de Walker.
El día anterior al dejar a Kevin en su casa, Norah le insistió en que le diera el celular de Abrill en cuanto pudiera.
Usó como excusa que lo había conseguido, pero por la distancia y por las tantas cosas que habían sucedido había olvidado entregárselo.
Y como había planeado Norah, él aceptó.
— Vino a entregar el celular — agregó Aslan viéndolo entrar a la casa.
— No creo que ninguno de los dos sea una víctima.
— ¿Dices que ellos e Ibel tienen un tipo de relación?
— Estoy casi segura de eso.
Esos papeles eran tan importantes para él como lo eran para Abrill, dime, ¿cómo Ibel conseguiría amenazar a Abrill?
— Ella lo hizo por cuenta propia — Aslan echó su cabeza hacia atrás y pensando se quedó viendo el techo —.
Lo que significa que ellos también están investigando como nosotros.
Norah asintió poco contenta.
— Necesitan esos papeles si es así.
Por lo que me lleva a pensar que no desperdiciarían una oportunidad como la que tuvieron con Robert.
— Pero, estaban con nosotros esa noche — volteó para verla —.
Ellos no sabían que había muerto hasta la mañana siguiente.
No pudieron conseguir copias esa noche.
— Si son un grupo, ellos dos no son los únicos.
Ibel y Nick quizás tuvieron la oportunidad de hablar con él.
— De ahí lo que me dijiste de las otras copias.
— Exacto.
Nick salió del pueblo hace unos días, vi el camión de la mudanza por la ventana de mi auto.
— Eso sólo nos deja a Ibel.
¿Has pensado en algo cierto?
— Debemos ir a esa fiesta y buscar las copias — buscó su celular en su bolso.
— Son solo suposiciones, no querrán ir sólo por eso.
— Ayer no obtuvimos nada, esto es darnos esperanza — lo miró a los ojos con el celular en la mano.
— No lo sé, teníamos una buena fuente — encendió el auto —.
Además, ¿qué le dirás a Lucas para convencerlo?
— Que Ibel quería esa información para algo, no pudo desecharla.
Anoche nos pudimos meter en más problemas, ¿qué puede hacernos Ibel?
Tú lo destrozarías en uno contra uno.
— ¿Lo dices en serio?
— sonrió.
— No empieces con eso — se puso el celular en la oreja —.
Iremos al froloyolo.
Aslan avanzó y aunque tenía cierta duda de lo que podía pasar, la confianza de Norah lo contagió fácilmente.
— ¿Y qué tal si nos conseguimos en esa fiesta?
Estábamos aquí para confirmar que ella se enteraría de lo de ayer, pero ¿y si piensa también que Ibel tiene algo?
Norah, sin respuestas, se quedó mirando la casa de su amiga.
El Delycyas, heladería froloyolo.
Valentine siguió con la mirada en el celular.
Le había escrito cientos de mensajes a Camila durante todo el día, ninguno había sido contestado o visto, y seguía ignorando sus llamadas.
El nuevo gerente preguntó por ella también a todas horas.
Su repentina desaparición la había comenzado a torturar bastante, más con lo que estaba sucediendo últimamente.
De pronto la campana sonó, dejó el celular y cuando miró a la puerta, Aslan, Max, Norah y Lucas iban entrando.
— Chicos — sonrió —, es un placer tenerlos por aquí.
¿Y Kevin?
Norah miró a Aslan y él respondió.
— Fue al primero que le avisamos, pero está ocupado — ella les creyó y tomó el menú.
— ¿Van a pedir algo?
— le entregó el menú a Norah.
— Tenemos que hablar todos — le respondió ella.
— ¿Ustedes aquí?
— dijo Ele apareciendo detrás de ellos.
— Max ya te echaba de menos — bromeó Aslan.
— ¿Sí?
— preguntó Ele viendo a Max con cierta picardía en la mirada.
Max los miró a todos.
— Em…
cla-ro — se rascó la nuca.
— También yo — contestó Ele.
— A lo que venimos — interrumpió Lucas pasando por medio de ellos.
— Tomen asiento — mandó Valentine con una sonrisa.
Los asientos del mostrador estaban libres y cada uno fue tomando el suyo.
Aslan arrastró a Max que no se dejaba de ver con Ele.
— ¿Qué?
— preguntó la pelirroja cuando notó la forma en que la veía Valentine.
— Nada — sonrió yendo a donde estaban los muchachos —.
Deberán pedir algo si quieren que Ele se quede con nosotros.
Ellos pidieron algunos helados y mientras Ele los ponía en los conos de galleta, Norah comenzó a explicar su plan.
— Definitivamente no — comenzó diciendo Lucas dejando de comer su helado.
— Estoy con Lucas esta vez — apoyó Max —.
Meternos en un problema con un niño malcriado es lo peor que podemos hacer.
— Ayer pudimos morir — Ele le entregó su helado a Norah —, es mucho menos lo que puede pasar ahora si nos consigue en una fiesta haciendo cualquier cosa.
— Ele tiene razón — intervino Valentine tomando el dinero —, no perdemos nada buscando.
— ¿Y si no hay nada?
Son suposiciones muy rebuscadas — siguió Lucas.
— Lucas tiene un punto.
Fue capaz de hacer que Abrill pidiera esos papeles a Kevin por una razón.
Con que uno de ellos le haya puesto las manos encima, baja el porcentaje de probabilidad de que tenga algo.
— Anoche había más probabilidades y regresamos con las manos vacías — terminó Ele.
— Estamos hablando de Ibel, no sabemos de qué es capaz si nos consigue ahí — eso último puso más a Max del lado de Lucas.
— Lucas, te he recordado frases de tu padre cada vez que siento que decaes — expuso Aslan viéndolo a los ojos —.
Pero recuerdo que una vez le dijiste a Marco que el miedo nos daba sólo dos opciones, si huir o luchar — todos vieron a Aslan —.
Estoy seguro de que esa noche él luchó con todo.
Sé que Gabriela también dio lo mejor de sí para salir en la situación en la que estuvo hace meses, así como Ele lo hizo.
Pero ya es tu turno de escoger.
Las miradas de todos se desplazaron a él.
Había una razón más para que él siguiera negándose.
Tenía más miedo de que Abrill estuviera involucrada que el miedo que le tenía a Stevens.
Sintió la presión de sus miradas y la vergüenza de aceptar eso frente a todos le jugó en contra.
— No iré — se levantó de golpe —.
Les deseo suerte.
— ¿Es una broma?
— se exaltó Norah deteniéndolo de un brazo —.
¿Dónde quedaron esas palabras de anoche?
¿Acaso no teníamos que hacerlo por los que no pudieron?
— Háganlo por mí — se soltó —.
Yo no puedo.
En silencio lo dejaron salir.
— Max, ve por él — mandó Ele.
— No — interrumpió Norah, frenó a Max antes de levantarse —.
Le he fallado muchas veces, ustedes hablen con Martha y Will, yo iré por él.
También se quedaron callados y la vieron irse.
La mente de Lucas lo iba torturando mientras caminaba.
Siguió pensando en las muchas probabilidades de conseguir algo que no le gustaría.
Ese abrazo en las puertas de la preparatoria lo recordó otra vez.
Lo había estado haciendo hasta caer al punto de frustrarse de solo pensar en ello.
Estaba cansado, asustado y ansioso.
Una junta de emociones que se le había hecho habitual desde ese día.
— Oye, tú — lo llamó Norah ya estando detrás de él —.
¿Quieres hablar?
Lucas respiró profundo y con eso que ella dijo recordó lo que ella dijo cuando lo conoció.
— Aún no estoy llorando — hizo referencia a cómo lo encontró en las gradas del campo de fútbol la primera vez.
— No tienes por qué hacerlo — lo tomó del hombro —.
Sé que te asusta.
— No tienes ni idea.
— Pues, tienes razones para creer que conseguirás algo sobre ella ahí — Lucas giró la cabeza, sorprendido —.
Soy tu mejor amiga, imbécil.
No lo olvides.
— Tengo mucho miedo — su voz se escuchó quebrarse.
— Es normal tenerlo y sé que quieres escucharme decirte que no tienes nada que temer — él se dio la vuelta y en sus ojos se veían las ganas que tenía de llorar —.
Pero ni siquiera la reconozco ahora.
Por eso necesitamos estar juntos lo más que podamos, ¿no quieres descubrir lo que le sucede?
¿encontrar a nuestra Abrill?
— No, yo quiero que ella sólo vuelva — abrazó a Norah.
Con dolor dejó de resistirse y empezó a llorar.
— No sabremos si lo hará si no la vamos a buscar — le correspondió el abrazo —.
Te prometo que todo va a estar bien, pero creo en que los cambios se producen, no sólo suceden.
— Ya no confío en ella, ni siquiera me habla — dijo entre lágrimas —.
Conseguir lo que sea que la ha hecho así me llena de terror.
— Si hay algo que tenemos que conseguir, será lo mejor, aunque nos duela — se mantuvo pensando en las muchas señales en las que ella había visto.
Norah aún tenía confianza en su amiga —.
Sé que todo tendrá una solución y que cada pregunta que tengas tiene una respuesta, pero debemos ir por ellas.
— ¿Crees que vaya a estar ahí?
—No — mintió.
Casa Walker, una hora después del inicio de la fiesta.
Abrill recogió su celular, se miró por última vez en el espejo y bajó con velocidad a su auto.
— ¿A dónde vas?
— le preguntó su madre tomando café.
— Con Argelia a casa de Ibel — siguió hacia la cochera.
Ahí estaba Argelia con Martha, que la estaba terminando de maquillar.
— ¿Por qué estás vestida así?
— preguntó Argelia deteniendo a Martha.
— Iré a la fiesta también.
— ¿Qué harás allá?
— Tengo que hablar con Ibel de algo importante — se montó en su auto mientras que el portón se levantaba solo.
— No, tú no irás a ninguna parte — se acercó a la puerta y no la dejó cerrarla.
— ¿Por qué tú lo dices?
— bufó y encendió el auto —.
Quítate.
— ¿Acaso no te cansas de ser la arrastrada de Ibel?
¿No tienes una relación de salvar con el estúpido de novio que escogiste?
A pesar de todo, Lucas seguía siendo un tema delicado para ella.
Se levantó y se puso frente a ella.
— ¿Tú sabes lo que es una relación o sólo has escuchado las historias de las putas de tus amigas?
— ¿Y tú sabes?
— la enfrentó —.
Porque por lo que sé, llevas dos años siendo la novia más usada que conozco.
— No te confundas, tú eres a la que coge porque no puede estar conmigo — Martha se quedó impactada detrás.
En cuanto Argelia volteó para ver si había escuchado eso, ella bajó la mirada.
Indignada, la pequeña Walker le arrancó sus cosas a Martha y entró en dirección a su cuarto.
Martha vio a Abrill, esta le sonrió y se fue en su auto.
Iba saliendo de su casa cuando Martha consiguió que Norah le contestara.
— ¿Sí?
— contestó Norah en voz baja.
— Ya está en camino — respondió viendo el auto irse.
— Alístate, nos vemos allá — Martha pensó decirle lo demás, pero algo en ella le daba un presentimiento de que no iba a ser necesario.
Casa Hirsch, tres horas después de que la fiesta comenzara.
— Entonces, es Gabriela o Gabriel, ¿no?
— siguió buscándole conversación la madre de Max.
— Ele está bien — le sonrió.
La señora Hirsch estuvo encantada de al fin conocerla y ya le había agradado más de lo que se imaginaba.
— Aslan viene en camino con Kevin y Valentine, debemos estar listos — dijo Norah apareciendo desde la puerta principal —.
¿A Max le falta mucho?
— Ha tardado — respondió Ele.
— Es su primera fiesta, debe estar emocionado — dijo la señora Hirsch.
— Iré a ver qué tal le va — comentó Lucas yendo en camino a las escaleras.
— No, deja que vaya Ele — todos se quedaron sorprendidos —.
Si alguien lo puede hacer bajar rápido es ella — le guiñó el ojo.
Ele muy confundida y nerviosa, pasó por frente de los chicos y fue por Max.
— Pase — dijo Max viéndose en el espejo por décima vez, había hecho muchas poses para ver qué tal se veía de todos los ángulos.
— ¿Todo bien?
— la voz de Ele lo hizo voltearse de golpe y después de verla no pudo controlar sus emociones.
Quedó con la boca abierta, literalmente.
— Ah…
Sí — sonrió —.
Te…
Te ves preciosa — Ele sintió sus mejillas calentarse y disimuló su sonrisa.
— A mis padres les gusta que luzca “ideal”, para todas las ocasiones.
Me alegra que te guste.
— ¿Cómo no me gustaría?
— la ropa que llevaba la hacía ver muy refinada y perfecta para la ocasión.
A pesar de que las fiestas de Ibel terminaran en desastre.
Para él, el estilo formal/casual le daba el toque a cada una de ellas.
Por esa razón el grupo había optado por usar ese estilo para mezclarse.
Los chicos llevarían traje y las chicas usarían vestido.
Aunque a Norah y Valentine les lucía, Ele prefirió llevar algo diferente para sentirse más cómoda.
— ¿Eso como un saco de vestir o algo así?
— Eso aparenta, es más corto que los normales y va con este estilo de tops o corset, como lo llames.
Tú dime, ¿de dónde salió ese blazer?
— Es horrible, ¿cierto?
— Ella asintió y, buscando ver qué más podía usar, miró hacia el closet de Max.
— ¿Qué hay de ese chaleco de ahí?
— fue hacia el closet mientras que Max se quitaba el saco que alguna vez su tío le regaló.
— No, no me quedará bien.
— Quizás si te quitas esa corbata — él se vio al espejo y le hizo caso.
Se dio vuelta y aunque no dudaba que mejoraría, se sorprendió al darse cuenta de lo bien que se veía con la camisa arremangada hasta los codos.
— ¿Mejor?
— ella salió de sus pensamientos.
— Con esto estoy segura de que sí.
Finalmente se puso el chaleco y mientras él se veía en el espejo, Ele lo veía a él.
— ¿Crees que deba peinarme?
— Estás bien así — se le acercó y se quitó el collar de plata que ella tenía —.
Aunque con esto, te ves mucho mejor.
Después de colocarle el collar, ambos quedaron tan cerca que se quedaron hipnotizados por los ojos del otro.
Ele se le acercó un poco mientras levemente jalaba el collar hacia ella.
— Oigan, tortolos — apareció Aslan desde atrás —.
Debemos irnos.
Ele lo soltó y en cuanto pudo salió de la habitación.
— ¿Por qué siempre debes llegar en esos momentos?
— le reprochó Max al tenerlo cerca.
— Es un don — le contestó con una sonrisa —.
Oye, pensé que usarías una corbata.
Afuera, Kevin entró en pánico al verlos salir de esa manera, sabía que habían planeado ir a la fiesta y también sospechaba que Walker iría.
Que él le contara lo que había pasado con los chicos hizo que la confianza que Abrill le tenía desapareciera.
Él ya no sabría ninguno de sus próximos pasos.
Ya sabía suficiente como para arriesgarse a decirle más, o eso pensaba ella.
— Oye, mi celular murió, ¿me prestas el tuyo?
— le dijo Valentine desde dentro del auto.
Le pareció extraño, pero por primera vez una chica lograba ponerlo tan nervioso.
— Claro — le entregó el celular —.
¿Oigan, a dónde se supone que vamos?
— A la fiesta de Ibel — le respondió Lucas subiendo al lado de Valentine.
— ¿Qué mierda?
— se acercó a él —.
¿Por qué no lo sabía?
— Salió de improviso, pero ya sabes — le sonrió.
— Además, te ves bien — agregó Aslan rodeando el auto para montarse en el asiento del copiloto —.
Ideal para la ocasión.
No llevaba más que una camisa casual de botones, que eran típicas en Kevin, y unos jeans negros.
— ¿Por qué están tan tranquilos?
No sabemos ni siquiera qué sucederá si vamos, o qué haremos allá.
— Oye, ya hay un plan.
Si quieres seguirlo, puedes montarte, si no, puedes irte sin problemas.
Kevin se quedó callado, analizando en qué situación se podía meter si lo veían allá.
Y si ellos se metían en problemas, ¿de qué lado estaría?
— Vamos, Kevin, confía en nosotros — dijo Valentine, siguiendo el plan de Norah que le explicó Aslan en camino hacia la casa de Kevin.
Eso no lo haría cambiar de opinión sólo porque sí, pero de cierta forma lo ayudó a buscar una alternativa.
— Iré al baño — se excusó para tener un chance lejos de ellos —.
Valentine, ¿terminaste con el celular?
— Disculpa, mamá — se quitó el celular de la oreja —.
¿Cómo?
Kevin negó con la cabeza dándole a entender que no había dicho nada importante.
Había perdido la oportunidad de avisarle a Abrill y justo cuando diría que no iba a ir, Max lo empujó dentro del auto.
— ¿Iré en la cajuela de nuevo?
— preguntó confundido por tanta información de golpe.
— No, Ele y yo iremos con Martha y Will, acaban de llegar — Kevin miró atrás y notó las luces del auto de Will.
La mayoría de ellos sabían que Kevin podría estropear el plan de Norah, que les había explicado a detalle horas antes de que Lucas estuviera con ellos para irse a la fiesta.
La única forma en que atraparan las intenciones de Abrill era encerrando a Kevin y ya lo habían hecho.
— Andando — dijo Norah encendiendo el auto.
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