El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 33
- Inicio
- Todas las novelas
- El Club De Los Chicos Raros.
- Capítulo 33 - 33 CAPÍTULO TREINTA Y UNO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
33: CAPÍTULO TREINTA Y UNO.
33: CAPÍTULO TREINTA Y UNO.
— El plan es simple — se acercó más al celular que Aslan tenía en la mano —.
Según lo que creemos, a esta hora la mayoría de ellos deben estar ambientados.
Lo suficiente para que nadie le ponga mucha atención a nuestras caras.
Ya adentro, es donde comenzará la parte más importante del plan.
Nos separaremos en parejas y nos dividiremos.
La primera pareja que vea a Ibel tendrá como misión decirle a los demás si mueve un músculo.
Ayudarse entre ustedes es lo esencial.
Yo seré el que busque los papeles — Aslan vio a Norah un poco preocupada, pero ella tenía los ojos en el camino.
— ¿Tenemos alguna idea de dónde puedan estar?
— preguntó Will a través del celular.
— Ese Ibel es un tío pretencioso, su casa es enorme — agregó Martha.
— Su padre es estricto — dijo Norah.
Aslan le acercó el celular a la boca —.
Si supiera que tiene algo como eso, él mismo lo metería dentro de una celda.
Lo que significa que lo debe tener en un lugar donde su padre no pueda conseguirlo.
— Su cuarto — susurró Ele.
— ¿Su habitación?
— preguntó Valentine —.
Mi mamá entra al mío cuando le da la gana.
— Es obvio que lo tendrá escondido, por eso cuando yo esté ahí dentro es muy importante saber dónde está.
Para tener tiempo de buscar en todas partes — la luz de la casa de Ibel se abría paso entre la oscuridad desde el final de la calle —.
Al llegar, nos mesclaremos, esperaremos saber dónde está y ahí actuamos.
No se quiten los auriculares después de comenzar por nada — Martha se puso los suyos y Valentine conectó los de ella al celular de Kevin —, si descubren a uno, no olviden avisarnos a todos.
— ¿Qué haremos si las cosas se ponen tensas?
— interrogó Kevin viendo por la ventana.
— No tengo idea — respondió Lucas.
Abrill ya se había quedado sin muchas ideas de cómo llamar la atención de Ibel.
La primera vez que se le acercó, él la ignoró.
Y así hizo a partir de ese momento, sin importarle ni un poco que ella no se le despegara.
Lo veía como hablaba con sus otras amistades y parecía tranquilo, incluso después de que ambos se enteraran de que Nick se había ido del pueblo.
A él le había afectado, Abrill lo sabía, así como sabía que era bueno para mentir.
Ibel fue por un trago en la mesa de afuera cerca de la piscina y ahí, Abrill se dio cuenta de que carta tenía que jugar.
CAPÍTULO XXXI.
Lie To Me.
A la carretera frente a la casa de Ibel se sumaron dos autos más.
Los chicos finalmente habían llegado.
Max respiró fuerte y se bajó detrás de Ele.
Todos se dieron un momento para observar el panorama y creerse todo lo que habían sido capaces de hacer hasta ese momento.
Lucas volteó a ver al grupo del otro auto unirse al suyo y juntos comenzaron a ir hacia la entrada.
Los nervios lo comían por dentro.
Max y Aslan miraron las caras de quienes los rodeaban comprobando que a nadie le importaba su presencia.
Algunos ya estaban vomitando detrás de algún auto y más de una pareja ya se iba de la fiesta mediante insultos.
Parecía que iba a ser obvio que nadie les prestara atención, pero la mayoría de las veces que los demás los veían mostraban interés en sus presencias para burlarse de ellos.
Pero, para su suerte, esta noche no les interesó mucho su llegada.
Ya adentro, se dieron una mirada corta, se desearon suerte y comenzó su misión.
Ele y Max fueron a la zona de la cocina, ahí había más gente de la que podría esperarse.
La gente que estaba allí tenía una misión clara: ligar con alguien esa noche.
Los chicos tenían sentadas a las chicas en los mesones, y si no estaban teniendo una conversación a pocos centímetros, estaban besándose sin mucha importancia de que quién los viera.
— Nos quedaremos afuera, aquí no está — dijo Ele, incomodada por la situación en que encontraron a más de uno.
— Estoy de acuerdo — respondió Max igual de apenado que ella —.
Aquí no está — le habló al micrófono de su auricular.
— Aún lo busco en la sala — dijo Valentine caminando entre la gente.
La sala era la pista de baile.
Un DJ no profesional tenía todo su espacio en el centro del lugar, alrededor de él un montón de personas bailaban al ritmo de la música.
Ahí, Valentine buscaba a Ibel y Kevin, a Abrill.
— No está aquí, pero seguiré buscando — informó Valentine.
— Will y yo estamos en la piscina, aquí no está — Martha bebió del vaso de ponche que se había servido para ella y para Will —.
¿Y qué tal si se fue de la fiesta a alguna otra parte?
— No lo creo — respondió Norah que junto a Aslan caminaban por las afueras de la casa cerca de la cochera —, es su casa, lo que tenga que hacer lo hará aquí.
Que no lo veamos todavía no significa que no esté.
— Es fácil que se pierda entre tanta gente.
Mantengan los ojos abiertos — aportó Lucas.
— ¿Qué haremos ahora?
— quiso saber Max ya un poco aturdido por el ruido.
— Esperar, disfruten de la fiesta — ironizó.
— ¿Dónde estás tú?
— interrogó Norah.
— En el baño — respondió Lucas, todos arrugaron el entrecejo al escucharlo —.
Los nervios me jugaron sucio.
— No te preocupes — respondió Valentine tomando a Kevin de la mano, para intentar hacerlo bailar.
— En cuanto salga, iré hacia las escaleras para el segundo piso.
Martha le había explicado cómo llegar a la habitación de Ibel (estuvo una vez con un chico ahí), y para no perder tiempo, Lucas estaría cerca de la misma apenas la señal fuese dada.
A Max y a Ele, les tocó quedarse ahí de pie charlando sobre la familia de ambos; en el jardín cerca de la cochera, Norah y Aslan optaron por comer algo mientras esperaban; Valentine finalmente logró hacer que Kevin descubriera que era el ritmo para bailar; Will, se sentó lejos de la piscina a terminarse la bebida mientras Martha le contaba todas sus experiencias en las fiestas; y Lucas hizo lo que había dicho, sentarse ahí, a escuchar lo que podía de las conversaciones de los demás.
— A mis tías maternas les encantaba hacer sopa en los días más calurosos de todo el año — escuchó a Max decirle a Ele mediante risas.
Silenciaba a los demás para escuchar mejor a uno.
— Amo la pasta de papá — dijo Norah con la boca llena —.
Aunque debo admitir que la de tu tío no está nada mal.
Cuando iba a seguir con Martha, se dio cuenta de lo tonto que se veía haciendo eso.
Extrañó a Abrill, no porque en ese momento exacto estaba solo, sino porque se aferraba a lo que vivieron los primeros años de relación.
Iban juntos a cualquier parte, duraban horas en el cine y pasaban la noche entera hablando por llamada.
Era perfecto, o al menos para él.
Con el tiempo, ambos necesitaron su espacio, pero Abrill sabía perfectamente cómo el grupo de Stevens hacía sentir a Lucas, así que una vez lo llamó para que saliera de su salón y lo llevó debajo de las gradas donde le dio su primer beso y con palabras de aliento, lo hizo sentir mejor.
Él era medianamente cariñoso por el miedo que le daba que ella se cansara.
Así que había momentos en que no la buscaba en todo el día en la prepa, pero la esperaba en la salida para acompañarla a su casa en bici.
Estuvo también el día que su padre las dejó con su madre.
Abrill lloró por una semana entera, misma en la que él aprendió a llegar a su ventana para pasar la noche junto con ella.
Fue la única forma en la que ella pudo estar tranquila.
Lágrimas le llenaron los ojos al recordar esos tiempos y al contar las veces en que ella fue sus primeras veces.
— Se te nota que disfrutas mucho esto — contestó Will dejando su vaso vacío.
— Todos necesitamos un respiro de vez en cuando, ¿a ti no te gusta?
— Voy a confesarte algo — ella dio un sorbo de su vaso —.
Yo conocí a los chicos porque organizamos nuestras propias batallas de rol en el bosque cerca de una cabaña que ellos tienen.
— ¿En serio?
— sonrió.
— Sí.
No es que no pueda disfrutar de momentos como este, pero prefiero las cosas más tranquilas — la miró de vuelta.
— Digno para ser parte del club de los raros.
— Quizá — soltó una carcajada —, aunque, si alguna vez no te apetece ir a alguna de tus alocadas fiestas de fin de semana y quieres, no sé, ser rara por una noche.
No dudes en llamarme.
Martha sonrió, nunca había pensado en que recibiría una propuesta así, estaba acostumbrada a otro tipo de cosas y de cierta forma, de personas.
Miró a su alrededor y notó que a pesar de que últimamente habían estado haciendo cosas peligrosas, estar con ellos se le hacía algo simple y tranquilo, no sabía que le podría gustar hasta el momento en que lo pensó.
— Lo tendré en cuenta — vio como dos personas abrían la puerta trasera de la casa para ir al bosque —.
Levántate — mandó poniéndose en pie —, hay más gente en el bosque.
— ¿Qué?
— se levantó tan rápido como pudo.
— Con esa puerta de ahí, se sale al bosque y ahí, hay más gente — se acercó el micrófono a los labios —, ¿me escucháis?
— Sí — Max fue el primero en responder.
— Aquí estoy — se agregó Norah.
— Un poco — dijo Valentine transpirando.
— Creo saber dónde está Ibel — se fue hacia la puerta mientras de la mano llevaba a Will con ella.
— ¿Dónde?
— preguntó Lucas dándose cuenta de que aún tenía silenciados a los demás.
— Hay una parte de la fiesta en el bosque — abrió la puerta —.
Joder, hay montón de gente.
No me esperaba tantas personas, tío.
— Búscalo ahí — Lucas se levantó de donde estaba —.
Ha pasado un rato ya, debe estar ahí.
Los demás, cambien de lugares, Max y Ele salgan a la piscina.
— Está bien — Max se volteó y le explicó la situación a Ele.
— Aslan y Norah, acérquense a la escalera en la que estoy.
— ¿Vas a entrar?
— preguntó Norah sintiendo el mismo miedo que tuvo al comienzo.
— Esperaré por Martha — respondió con un pie en el primer escalón.
— Lo estoy buscando — todos se mantuvieron a la expectativa.
Por un momento habían olvidado que hacían ahí —.
Aquí está su choche, tienen incluso música diferente aquí afuera.
— Sí que le gusta lucirse — agregó Will.
— Hay alguien dentro — dijo Martha frenándose para asegurarse de que eran Stevens.
— Es él — afirmó Lucas sin siquiera pensarlo por un momento y comenzó a subir las escaleras corriendo.
— Oye, Lucas, no debes apresurarte — Norah también se apuró en entrar —, si está en el segundo piso te conseguirá.
¿Lucas?
— Nos silenció a todos, pero aún no sale de la llamada — explicó Max pasando a través de las personas —.
Podremos escucharlo.
— Mierda — Norah llegó a las escaleras y cuando buscó de subir, Aslan la frenó de golpe —.
Alguien debe ir con él.
— Lo entiendo, pero no serás tú — ella asintió y Aslan subió en su lugar.
Will y Martha, empujados por la situación, se acercaron lo más rápido que les permitió la cantidad de gente.
Hasta que finalmente se dieron cuenta de a quién estaba dentro.
— No es él — susurró Martha sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo —.
Saquen a Lucas de ahí, no es él — mandó agarrando a Will de nuevo del brazo y yendo a toda velocidad de regreso a la casa.
Norah inmediatamente colgó la llamada que tenía con los demás y llamó directo a Aslan.
El segundo piso, a pesar de contar con tanto espacio, no tenía nada fuera de lo común.
Había un pasillo enorme con unas cuantas puertas que revisar.
Aslan no vio a nadie a simple vista.
Así que se dispuso a correr hasta el cruce que estaba al final del pasillo.
Lo prohibido atrae a muchos.
Ese dulce placer inalcanzable que nos llena la mente de expectativa y que reanima al corazón con una adrenalina que nos hace querer ahogarnos en esa sensación.
Sentimos tanto encanto por esa fruta en la cima del árbol, que no pensamos en que tan fuerte podemos caer.
Como los piratas de los cuentos que le perdían el miedo al mar por la oportunidad de besar una sirena.
La crueldad de ese placer es tan retorcida como el mismo, que actúa como serpiente astuta esperando el momento exacto para atacarte y al final de todo ese placer, te encuentras con un monstruo en lo más profundo del océano.
Ella besaba sus labios con lentitud, con extrema suavidad, dejando ver lo mucho que había estado esperando ese momento.
Él fue besando cuidadosamente cada parte del cuerpo mientras bajaba a su entrepierna.
Sus manos apretaron con fuerza las sábanas al sentir su lengua fría bajando por su vientre.
Lo hacía tan lento que ella le comenzó a pedir que no la hiciera esperar más.
La boca del chico llegó a su entrepierna y mediante gemidos cortos le hizo saber lo mucho que le gustaba.
Curvó su espalda y con una mano en su cabello, recordó lo bien que se sentía estar de nuevo ahí, teniendo el control sobre él.
De pronto, la volteó y la puerta se abrió.
— ¿Abrill?
— se le hizo tan difícil llamarla que sintió como si fuese vomitado su nombre.
El estómago se le calentó y sintió náuseas— .
¿Qué haces?
— lentamente la primera lágrima iba recorriendo su rostro.
El corazón de todos en la llamada se quebró al escuchar las palabras de Lucas que, en una noche, perdió lo único que creía que podía rescatar.
— ¿Lucas?
— Ibel miró a Abrill cubrirse e hizo lo mismo —.
No…
no — miró la cara de Ibel que estaba anonadado —.
Yo, yo…
— ¡Lucas!
— gritó Aslan al verlo.
— Lo siento mucho — ella rompió en llanto mientras Aslan llegaba hasta allá.
— Es mejor que te vayas, Thompson — aconsejó Ibel sintiendo un agujero en el pecho.
Lucas bajó la mirada.
— Debí ser mejor — Aslan se frenó detrás de él analizando la situación —.
Busqué de serlo, pero entiendo que no haya sido suficiente — terminó de decir entre lágrimas.
— Lucas — lo llamó ella, al verlo salir corriendo.
— ¿Qué mierda hiciste?
— preguntó Aslan.
Ella no le respondió y con lágrimas en los ojos, Aslan, se le fue encima a Ibel.
Norah iba subiendo cuando Lucas chocó contra ella.
Buscó hablarle, frenarlo, pero su intento fue en vano.
Y aunque quiso seguirlo, sabía que Aslan también estaba arriba, así que al ver a Max y Ele ir por Lucas, fue por él.
Kevin vio cómo Valentine también se iba con Ele, y vio la oportunidad para subir e ir por Abrill.
Había cometido un error enorme, él lo sabía, pero no fue consciente de esto hasta que vio a Lucas bajar por las escaleras.
Dañó a una de las personas que lo había hecho parte de su familia, traicionó a su amigo.
Abrill en ropa interior buscaba quitarle a Aslan de encima a Ibel mientras que él lo golpeaba sin control, con gritos pedía ayuda, pero la música de abajo estaba tan alta que nadie la iba a escuchar.
Cuando Norah llegó, la miró a los ojos y con ira la quitó de encima de Aslan con un empujón.
Abrill se quedó de un lado, cayendo en cuenta de las muchas personas que había sacrificado.
— Aslan, debes parar — mandó Norah llorando mientras que con todas sus fuerzas agarraba su brazo —.
Debemos ir por Lucas, por favor, para ya.
Las lágrimas de Aslan caían en la cara ensangrentada de Ibel.
— Él lo lastimó, él…
— expuso intentando soltarse de Norah.
Ella miró a Abrill que, llorando, veía la cara de Ibel y la suya.
— No, claro que no fue él — lo empezó a jalar para sacarlo del cuarto.
Aslan entendió y lleno de frustración comenzó a gritarle a Abrill mientras Norah lo llevaba por el pasillo.
Kevin miró a Norah, que ignoró su presencia.
En su mente, los recuerdos con Abrill se repetían, una y otra vez.
Estaba devastada, la persona que amó como a su hermana por unos años, que defendió en muchas ocasiones, por la que se metió en problemas con su padre, a la chica que admiraba tanto, ya no existía.
Ibel se volteó como pudo y su sangre comenzó a manchar el piso.
— ¡Largarte!
— gritó Ibel al sentir a Abrill yendo hacia él —.
No quiero que te me acerques.
— Por favor — pidió ella —, déjame ayudarte.
— ¡Que te largues!
— Kevin llegó.
No entendía cómo le había pasado eso a Ibel, pero con velocidad tomó el vestido de Abrill y la levantó de suelo.
— Debemos irnos — le susurró, pegándole el vestido al cuerpo —.
Vístete ahora.
— Debo ayudarlo — dijo, llega sin dejar de llorar.
— ¿Acaso no entiendes?
Arruinaste todo y si quieres quedarte con lo que te queda de dignidad, te vestirás ahora e irás conmigo.
Ella volteó a verlo y antes de que siquiera pudiera decirle algo.
Kevin comenzó a jalarla del brazo.
Y fue ahí, en el momento que se ponía el vestido en camino hacia las escaleras, en donde recordó a Lucas y toda su relación con él, sus tardes juntos, las comidas que compartieron y deseo volver a ese entonces.
— ¿Estáis bien?
— escuchó Ibel en el suelo —.
Voy a ayudarte, ¿vale?
Martha lo cargó como pudo y con la ayuda de Ibel, logró llevarlo hasta el baño.
— Bien, Will — se dijo a sí mismo recorriendo el mismo pasillo por donde había pasado todos —.
Te toca.
Max ya estaba cansado, pero en ningún momento pensó en frenarse.
Debía alcanzarlo, era el único que podía hacerlo en ese momento.
Lucas entró al bosque y sin ver a dónde iba, quiso seguir corriendo, pero Max se lanzó hacia él y juntos cayeron en el suelo.
En cuanto Lucas buscó levantarse, Max lo frenó y lo pegó a un árbol.
— Suéltame — le pidió.
— No lo haré, ¿recuerdas la tercera regla?
Te acompañaría hasta el fin del mundo, no te dejaré atrás.
No te dejaré caer en esto, por favor, habla conmigo.
Yo te voy a escuchar.
— Creo que escuchaste lo suficiente — comenzó a golpearse la cabeza contra el árbol —.
¿Qué hice mal?
Dime, por favor, Max, ¿Qué fue lo que hice mal?
— Nada, amigo.
No hiciste nada mal — bajó la cabeza intentando no llorar.
— ¿Y entonces por qué me está pasando esto a mí?
— recostó su cabeza del tronco.
— No lo sé — Max se había quedado sin palabras, no sabía cómo ayudarlo y aunque se esforzara por hacerlo, nada le venía a la cabeza.
— Ella era la mejor y yo no fui tan bueno.
Me equivoqué tantas veces, si tan sólo, me hubiese esforzado más…
si fuese sido mejor — Max quiso contradecirlo, pero él siguió hablando —.
Por favor, Max, dime que nada de esto sucedió, dime que nada es real.
— Lo siento, amigo, lo siento.
— Max, por favor — dijo mientras que las lágrimas bañaban sus cachetes.
Ele y Valentine iban en busca de ellos, se habían quedado atrás porque no pudieron igualar la velocidad por culpa del calzado.
Ele llamó al celular de Max mientras que a paso lento lo buscaba con la mirada.
Ele quiso ir con Norah cuando Max le dijo que había pasado, pero al ver a Max correr de esa forma detrás de Lucas, la hizo sentir que tenía que estar para ellos.
Al final del día, la amiga de todos les había mentido y sintió que podía afectarlos.
Esa amistad inocente que tenían entre ellos le parecía tierna, pero en un momento como ese supuso que los destrozaría.
— Ele — escuchó la voz de Max.
— ¿Estás bien?
¿están bien?
— corrigió —.
¿Dónde están?
— Lucas sigue afligido, pero no ha pasado nada más — Valentine recibió una llamada.
— Iremos por ustedes, ¿Dónde están?
— Valentine la llamó, pero la ignoró.
— En el bosque, encenderé la linterna para que nos vean — dijo Max sin quitarle la mirada a Lucas —.
No entiendo por qué le hizo eso.
— Oye, todo tiene una solución — Valentine insistió —.
¿Qué?
— le respondió Ele a Valentine de golpe.
— Marco despertó — la cara de Ele se llenó de terror.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com