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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 capítulo tREinta y Dos
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34: capítulo tREinta y Dos.

34: capítulo tREinta y Dos.

Salía de una puerta y justo frente a esa había otra.

Le pareció que llevaba horas corriendo en círculos, no creyó que el pasillo fuese infinito, así que siguió insistiendo.

Una y otra vez, hasta que al fin salió dentro de una casa que conocía a la perfección.

Alegré miró alrededor buscando a alguna persona, pero a simple vista se podía ver que no había nadie más, al menos en ese piso.

— ¿Marco?

— no movió ni un músculo sin importar lo feliz que le había hecho escuchar la voz de alguien conocido — .

¿Eres tú?

Guardó silencio y lentamente se movió hacia la puerta que había dejado atrás.

Luego de detallar sus alrededores, sintió que en realidad algo no estaba en su lugar, pero no pudo ver de qué se trataba.

Se movió rápido y antes de que pudiera acercarse a la puerta, desde las escaleras se pudo escuchar los pasos veloces de alguien que se frenó al pie de la misma.

— Amigo, tenía tiempo sin verte — Marco no quiso voltear.

En su mente pasaron muchos escenarios diferentes, y el que más fuerza tomó era el que corría por todas esas puertas otra vez, con aquella Ele detrás.

Aunque esta voz no era la de la pelirroja, sino de alguien mucho más cercano.

— ¿Todo bien?

— No te acerques — le respondió rápido, ya estaba decidido que correría y no le quitó la mirada al picaporte.

— ¿Ocurre algo malo?

Soy yo, Lucas.

Marco negó con la cabeza sabiendo que la última vez que había visto a una persona conocida en esa situación no había terminado bien.

Después de todo, él había quedado en el laberinto de las puertas gracias a ese incidente.

— Lo hiciste una vez, no lo harás de nuevo — les temblaban las manos y no sabía si iba a poder alcanzar la puerta, pero lo iba a intentar de todas formas.

— Oye — buscó bajar el último escalón —, ¿de qué hablas?

— ¡No te acerques!

— gritó con los nervios de punta — .

No eres él, sé quién eres y te lo dije, no me engañarás de nuevo.

De inmediato corrió hacia la puerta y como lo había imaginado apenas tocó el picaporte el falso Lucas buscó atraparlo, pero la agilidad que tuvo en abrir la puerta y salir de la habitación le dio la ventaja.

Dándole la oportunidad de sostenerla desde adentro.

Lo que se hizo pasar por Lucas empezó a golpear desde afuera con fuerza.

Marco estaba ahora en lo que parecía un hospital abandonado, las puertas que en su momento había dejado atrás ya no existían y su plan se había ido con ellas El lugar estaba hecho un desastre y la poca luz que había de pronto comenzó a parpadear.

Sin mucha idea de qué hacer, poco a poco el pánico fue invadiendo su mente mientras que de los pasillos cercanos escuchaba voces que no había escuchado jamás junto a las voces de sus amigos.

De repente, notó que ya nadie golpeaba la puerta.

No quería soltarla, pero quedarse ahí no era una opción.

Las luces se apagaron y volvieron a un color rojo.

Asustado, miró hacia las luces que se mantenían estables y no se daba cuenta aún de la cosa que estaba justo a su lado observándolo con ojos enormes.

Una vez más, el pasillo quedó a oscuras.

Ahora, sí pudo escuchar la respiración detrás de él y sin esperar que la luz volviera, comenzó a correr con todo lo que podía en ese momento.

No escuchaba ningún paso y por suerte no se conseguía con nada con lo que pudiera tropezarse, pero de pronto la luz volvió, y Marco ni siquiera tuvo tiempo de actuar.

En cuanto lo vio, aquella cosa lo tomó del cuello y lo levantó con facilidad.

Poco a poco se iba quedando sin aire.

Desesperado buscó patear al sujeto, quería con sus manos quitarle la suya de su cuello, pero la fuerza de ese era superior.

— Mírame — mandó con esa característica en su voz, disfonía.

Lentamente aquella cosa lo fue acercando a su rostro y Marco, con las ideas escasas, observó lo que pudo de aquel sujeto.

Notó que su altura era por encima de cualquier persona y aunque pensó al comienzo que se trataba de un fenómeno con poca grasa, se dio cuenta de que una delgada capa de piel se pegaba a su visible esqueleto.

Como en un cuerpo en descomposición, su piel se veía arrugada y le faltaba en lugares.

Por encima de los músculos y tendones, se movía esa masa marrón que se expandía por todo su cuerpo.

Parecía un cuerpo muerto y olía como uno.

— Sin importar cuántas veces hagamos esto — Marco siguió intentando zafarse — , ustedes siguen metiéndose en mi camino, siguen protegiéndola.

Fuiste una agradable sorpresa.

Su cráneo estaba cubierto por aquella masa, la cual se fue moviendo como la raíz de un árbol y jalaron la piel de abajo para dejar ver el área de la boca.

La piel se abrió tanto que incluso se pudo ver el lugar donde alguna vez hubo una nariz.

— Esa pelinegra es quien me cuesta sacarla del camino, pero tú — abrió la boca de donde lentamente salió más del parásito que lo cubría —.

Serás una buena herramienta — se escuchó por todas partes.

Las luces enloquecieron.

Marco esperó hasta estar un poco más cerca para agarrar del parásito que salía de su boca y lo jaló con las fuerzas que le quedaban.

Efectivamente logró acercarse más la cara del fenómeno y en cuanto la tuvo al frente, lo golpeó con fuerza.

Apenas cayó en el suelo, corrió en dirección contraria al sujeto.

— Siempre me ha gustado verlos correr — su risa comenzó a resonar por todas partes.

Nada del mundo frenaría a Marco, ni siquiera que no supiera en dónde estaba.

Corrió por todos los pasillos que vio mientras se daba cuenta de que el lugar donde estaba parecía ser infinito.

Las cosas de pronto comenzaron a salir volando de un lugar a otro.

Las puertas de las paredes por donde él pasaba corriendo salían disparadas como si todo estuviera explotando y así fue pasando incluso con las paredes.

Un solo impacto con una de esas cosas y era su final.

— ¡Marco!

— escuchó de pronto la voz de los chicos.

— Corre, corre — susurró el sujeto.

Las luces comenzaron a brillar tanto que fueron cegándolo.

En cuanto dio un paso más algo golpeó su pierna y los desplomó .

Se levantó tan fuerte que despertó a Camila.

— ¿Marco?

— se levantó del sillón y fue hacia él.

Él no decía nada, miró el cuarto con desesperación y con esfuerzo buscó tranquilizar su respiración.

— Estás bien — quiso tomar su mano, pero Marco la esquivó — .

Ya pasó, Will y yo, te trajimos aquí.

Vio por la ventana y no vio más que oscuridad.

El brazo con el que frenó la mordida de la niña comenzó a dolerle por el movimiento brusco que hizo, eso logró hacerlo pensar que quizás todo lo que veía sí era verdad.

— Iré por una enfermera — Marco siguió buscando indicios del sujeto.

— No — la interrumpió —.

Los chicos deben estar lejos de ella.

Debes llamarlos a ellos — pidió.

— Ellos están bien, no te preocupes por eso ahora.

— ¡Hazlo!

— Camila se resaltó por el grito.

No entendió su comportamiento, pero aún así fue por su celular.

— ¿De quién hablas?

— preguntó marcándole a Valentine — ¿Quién es ella?

Marco la miró directo a los ojos.

— Ele.

CAPÍTULO TREINTA Y DOS.

Ella.

Casa Thompson.

— ¿Quién le dirá?

— preguntó Max dejando de ver a Mac que se mantenía inverso en la televisión vieja del comedor.

— No creo que sea momento de decirle — respondió Norah.

— Creo que eso lo haría sentir mejor — agregó Valentine, quitándose el mechón azul de la cara.

Todos guardaron silencio.

La noche anterior había sido muy silenciosa después de que Lucas corriera al bosque, nadie quiso hacer ningún comentario y aunque pasaron la noche en su casa, Lucas se encerró en su habitación evitando el contacto con todos.

— No nos querrá escuchar — opinó Aslan con la mirada en el suelo.

— Debe hacerlo — Ele se levantó y de inmediato se llevó la atención — .

Entiendo que todos compartan el dolor de sentirse traicionados, que les duela verlo así y lo demás.

Pero no podemos dejarlo así más tiempo.

— Estoy contigo — comentó Valentine — .

Lucas siempre ha sido alguien razonable, y aunque no lo superará en una noche, siento que no podemos frenar todo lo demás por algo como esto.

— Él no puede tomárselo a la ligera — reprochó Aslan —.

Necesita tiempo.

— No lo tendrá si se queda ahí arriba — Ele se fue hacia las escaleras y cuando dejó de ser visible, alguien tocó la puerta.

Era la primera vez que llegaba tan lejos en casa de Lucas y aunque no sabía exactamente cuál era su habitación, fue fácil para ella suponerlo.

Se asomó hacia la habitación, pero no había nadie, ya se le había hecho extraño que estuviera la puerta abierta.

— ¿Lucas?

— llamó.

Era tanto el silencio que logró escucharlo llorar en el cuarto de su hermana.

La puerta estaba abierta, aunque no en su totalidad.

Sin importarle mucho qué podría decirle él, entró.

Gabriela estaba dormida en su cama y Lucas estaba sentado al lado de la puerta limpiando sus lágrimas.

— Sabría que serías tú la que vendría — le dijo Lucas viéndola sentarse a su lado.

— No era la única que quería.

— Aún así, fuiste tú.

¿Por qué?

— Fui a la única que no afectó — lo miró —.

Creo que todos vivieron una pérdida.

Lucas asintió con lentitud.

— Quizás pensé demasiado en mí esta vez.

— Creo que no lo has hecho lo suficiente — por la ventana entró una brisa fría que movió los papeles que Gabriela tenía en las paredes.

— No — siguió Lucas llevando su mirada a su hermana —, la última vez que lo hice no terminó muy bien.

— ¿Dónde está Lucas?

— preguntó Will sentándose con Martha en un solo sillón.

— Arriba, no sale de su habitación desde anoche — explicó Norah.

— ¿Han hablado con él?

— siguió Martha.

Norah negó con la cabeza.

— Ele lo está haciendo ahora — mencionó Max.

— Bien, porque es necesario que se concentre lo antes posible — Martha se levantó y le pidió su mochila a Will.

— No es tan sencillo como crees — refutó Aslan.

— A todos nos han sido infiel, que no es para morirse, tío.

— Llevaban años juntos — siguió Aslan.

— Mis padres se separaron después de tenerme y luego de veinte años de estar juntos.

¿Qué se le puede hacer?

Así de cruel es el amor, ustedes se lo veían venir — los chicos desviaron la mirada, mientras Valentine observaba la cara de cada uno —, ¿creen que Lucas no?

— Por eso estoy aquí — Ele se recostó de la pared —.

Para recordarte qué fue lo que nos ha empujado a todo esto.

Lucas siguió con la mirada en Gabriela, pero sus manos dejaban ver su angustia.

— ¿Te has enamorado?

— se tronó un dedo.

— Supongo que en algún momento lo haré — ella miró como Lucas no dejaba las manos quietas.

— Quizás sea un débil, pero se me hace tan difícil — recordó la noche anterior y sus ojos se humedecieron.

— ¿Débil?

— ella puso una de sus manos sobre las de él —.

Eres muchas cosas, Lucas.

Eres el chico más valiente y fuerte que he conocido — la miró sorprendido —.

Has cargado con todo lo que ha sucedido y aún así, has estado listo para ayudar a los demás.

El día que me recataste, fue el mismo día en que atacaron a tu hermana y aun así durante toda esa noche, estuviste para acompañarme en casa de Norah.

— Te llamé monstruo — la interrumpió.

— Y lo seguirás haciendo las veces que sientas que lo soy — él arqueó una ceja sin entender a qué se refería —.

Porque eres un terco sin remedio que hará lo que sea posible para ayudar a las personas que quiere.

Entiendo que eso que te hizo haya sido suficiente para desmoronarte, pero en la situación en la que estamos nos necesitamos a todos.

— No soy lo que piensas que soy.

Marco estuvo sufriendo en silencio por mucho tiempo y yo lo supe hace unos días, se supone que soy su mejor amigo.

Créeme, me encantaría ser la mitad de lo que dices.

— Eres más que eso, pero no te darás cuenta de eso sentado aquí, mientras que afuera el mundo se nos cae encima — se levantó y lo jaló de un brazo —.

Sé de alguien que te lo hará entender.

— Y si Lucas no se mueve, nosotros no podemos detenernos por él — lanzó los papeles en la pequeña mesa frente al televisor.

El semblante cambió por completo.

Las caras de varios de ellos mostraron más miedo que sorpresa; eran esos los papeles causantes de la muerte de Robert y quizás de muchas personas más.

Era una cantidad increíble de expedientes, donde detallaban los casos de muertos y desaparecidos de todo el pueblo gracias a la reciente ola de desgracias.

— ¿Cómo lo consiguieron?

— interrogó Max, sin ni siquiera querer ver los papeles.

— Después que todos bajaron, Kevin pensó en que Abrill no se iría de ahí, y tuvo razón — explicó Will —.

Así que fue por ella, para que Ibel se quedara solo y así, Martha lo sacaría de su habitación de cualquier forma.

— Por suerte estaba tirado sobre la alfombra, fue más fácil que confiase en mí — agregó Martha retomando su asiento.

— Entonces, me quedó la tarea de conseguirlos.

— ¿Kevin nos ayudó?

— preguntó Valentine.

— Quizás no antes — Will miró a los demás —, pero ayer lo hizo.

Valentine recordó el momento en que bailaba con él, lo feliz que parecía estar y se le hizo imposible que no pensara que gracias a eso Kevin cambiaría de opinión.

De las escaleras se escucharon los pasos apurados de Lucas.

Todos se levantaron para recibirlo y con un entusiasmo enorme Lucas llegó hasta la puerta.

— Debemos irnos ahora — se miraron entre todos —.

Marco despertó.

— Lo sabemos — Norah se acercó hasta él.

Lucas no entendió qué pensaba hacer.

Norah llegó hasta él y lo abrazó.

— Oye, debemos ir por Marco — quiso Lucas evitar sentirse mal frente a todos de nuevo.

— Él lo entenderá — le dijo apretándolo con fuerza.

Lentamente todos también fueron hacia él.

— ¿Qué sucede?

— siguió intentando evitar el tema.

Finalmente, todos los chicos lo abrazaron y quedó rodeado por todos.

Martha miró a Will y con la mirada lo hizo entender que también él tenía que abrazarlo.

Mac los miró a todos y aunque su primera reacción fue una sonrisa, recordó a su grupo y se quedó atrapado en sus recuerdos.

Lucas cerró los ojos y sin poner más resistencia puso su cabeza sobre la de Norah.

— Quiero pasar por casa antes de ir al hospital — mencionó Aslan cuando todos iban al auto de Norah.

— Está bien, Lucas, puedes ir directamente con Will y Martha — Lucas asintió.

— Yo iré con ellos — expuso Valentine yendo al auto de Will —.

Camila lleva días yendo sola al hospital, me gustaría saber por qué desapareció de pronto.

Norah asintió.

— Bien, nos vemos allá — dijo acomodando sus lentes.

Casa Heller.

El tío de Aslan lo vio entrar corriendo y con curiosidad se asomó a la puerta.

Norah y Max lo saludaron, él les regresó el saludo con una sonrisa y, viendo la fotografía que tenía en la mano, volvió adentro.

— ¿Irán a alguna parte hoy?

— Aslan terminó de tomar agua y cerró la puerta del refri.

— Iremos al hospital — respondió —.

Marco despertó.

— Me alegro mucho — le enseñó la foto.

— La conseguiste — la agarró.

Era una foto de ambos una noche de videojuegos cuando Aslan era un niño.

Era una foto que habían atesorado ambos por mucho tiempo —.

Cuando vuelva, podemos jugar.

— ¿En serio?

— Aslan intentó regresarle la foto —.

Quédatela, si dices la verdad, podrás dármela cuando regreses hoy a las ocho.

Aslan sonrió y guardó la foto en su bolsillo.

— Lo prometo — salió de la casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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