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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capítulo tREinta y tres
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35: Capítulo tREinta y tres.

35: Capítulo tREinta y tres.

— Te traje mandarinas, sé que te gustan — Camila sacó unas cuatro de su mochila.

— Estás siendo muy considerada, gracias — sonrió tomando una mandarina.

Ella se le quedó viendo cómo se miró ambos brazos decidiendo cómo la abriría.

Tenía un brazo enyesado hasta la mano y cuando movía los dedos solía dolerle, así que se le hizo una decisión importante.

— Yo te ayudo — ella sonrió.

— Sí, gracias también por eso — Camila tomó la mandarina —.

Aprecio todo lo que has hecho por mí, pero ¿por qué has estado todos estos días aquí?

Terminó de abrir la mandarina y la puso en la mano de Marco.

— Tuve miedo — él se le quedó viendo esperando algo más —.

No sabía en dónde podía esconderme, pero cuando estuve aquí la primera vez, me sentí segura aquí contigo.

— ¿Miedo de ella?

Ella hizo silencio.

Sabía que no había sido Ele, ella logró ver que era esa cosa en realidad, pero poner a Ele en esa posición en la que todos desconfiarán de ella le pareció buena idea para defender un puesto al lado de Marco.

Pero luego se dio cuenta de que se había salido de control y por miedo pudo haber hecho que todo tomara un mal rumbo.

— No, Marco.

Ella — Lucas entró corriendo hacia Marco.

— ¡Marco!

— aunque Marco se asustó en un principio, luego de que Lucas lo abrazara, se dio cuenta de las lágrimas que ese era su amigo —.

Te extrañé tanto.

— Estuve esperando que vinieras a lanzarme del colchón — Lucas sonrió con lágrimas en los ojos.

— Estuve a punto de hacerlo — se separaron.

— Valentine — dijo sorprendido, Camila bajó la mirada al verla entrar —.

Es un placer verte aquí.

Ella se acercó para abrazarlo también.

— Debes pararte ahí pronto, el nuevo jefe no es malo, pero tú eras mejor — sonrió.

— Claramente — se acomodó —.

Will, ¿Qué haces aquí?

— Debes enterarte de muchas cosas — también fue por su abrazo.

— Pensé que había dormido por unas horas, pero ahora —entró Martha —, incluso Martha está aquí.

— Hola — le saludo con la mano y Marco con una sonrisa de confusión total, le respondió el saludo.

— Los demás vienen en camino — agregó Lucas.

— Pensé que Abrill ya estaría aquí — Valentine bajó la mirada, Will miró a Lucas y Martha prefirió salir en ese momento.

Marco miró cómo la cara de ellos cambió.

Digo, porque Martha está aquí.

¿Pasó algo malo?

— Estaremos esperando afuera — Valentine miró a Camila fijamente —.

Todos.

Camila no sabía qué había pasado, pero sí sabía que no podía quedarse si Marco quería saberlo.

Así que acompañó a los demás.

— ¿Qué pasó, Lucas?

— Lucas se quedó en silencio un momento y luego se acercó a él.

CAPÍTULO TREINTA Y TRES.

Sean Bienvenidos.

La cara de Lucas le dijo que no era una broma, que a pesar de que sabía que era incapaz de hacer algo como eso, pensó que así era después de escuchar todo.

Lucas le había resumido qué hacían ahí, pero le contó a detalle todo momento dentro de la casa de Ibel y lo que había pasado con Abrill.

— Lo siento mucho — dijo desconcertado —.

En serio, no lo puedo creer.

Lucas se quedó callado.

Revivir esa historia realmente le había costado; terminarla sin llorar ya había sido un logro.

— Ninguno lo habría creído en alguna otra situación — subió la mirada y se pasó una de sus manos por ambos ojos.

— ¿Por qué estás aquí?

— Marco dejó su mandarina a un lado.

— ¿Qué?

— arrugó el entrecejo —.

Es obvio.

Eres mi mejor amigo, despertaste y siento que te debo una disculpa.

— ¿Por qué me pasó?

— Por tus padres, por lo difícil que debe haber sido para ti — Marco miró su brazo, en el fondo aún esperaba que su madre también entrara por esa puerta —.

No pude estar para ti, ni siquiera en el momento que más me necesitaste — señaló su brazo.

Marco sonrió, la conversación había llegado a donde él quería.

— Mamá me decía que todos estábamos destinados a volar muy alto, pero que a lo largo de nuestra vida se nos otorga un contrapeso para que aprendamos por nosotros mismos el valor que tiene vivir en las nubes — Marco se carcajeó recordando que fue Max quien le explicó la frase varias veces —.

Pero tú intentas cargar con más peso de lo que se te da.

— Pude haber sido mejor.

— ¿Para quién, para ella?

— Lucas asintió lentamente —.

Abrill tiene la culpa de todo esto, tú no.

Y por mucho que tengas errores, no todo es tu culpa — finalmente Lucas se permitió romper en llanto de nuevo.

— No lo entiendes.

Marco, ella siempre estuvo por encima de lo que yo era.

Ella ha sido lo mejor que me ha podido pasar.

— Lucas, mírame — Lucas así lo hizo —.

Abrill fue lo peor que te pudo haber pasado, te traicionó y te mintió, ¿Cómo podría ser eso tu culpa?

Por esa razón Marco siempre había estado tan cerca de Lucas por tanto tiempo, le gustaba pasar ratos y siendo aún más jóvenes se dio cuenta de que Lucas se cegaba fácilmente en momentos de tensión.

— Sirves para las matemáticas, es imposible que no puedas con esto — Marco sonrió y a Lucas se le escapó una sonrisa también.

Marco le dijo eso después de ver a un pequeño Lucas llorar porque otra carta de amor era rechazada muchos años atrás.

— Ojalá fuera así de fácil — se sentó en la camilla.

— Ven y abraza a tu cansado amigo — mientras que ambos reían, Lucas le dio el brazo que le pidió —.

Saldremos de esta.

— Dormiste como por cinco días — se separaron.

— Me gustaría hablar sobre eso — la puerta del dormitorio se volvió a abrir dándole paso a otro de ellos —.

Aslan — dijo Marco entusiasmado.

Aslan inmediatamente se fue hacia él y como los demás, le demostró con un abrazo la falta que le había hecho.

— Bienvenido de vuelta — Marco negó con la cabeza mientras sonreía —.

Lucas, hay alguien afuera que necesita hablar contigo — con una mirada que Lucas pudo leer bien, asintió y los dejó solos.

Apenas cerró la puerta, pudo ver de quién se trataba.

— ¿Qué hace ella aquí?

— preguntó Camila viendo a Ele llegar con Max, Norah y Mac.

— Debes tranquilizarte — aconsejó Valentine.

— No saben cómo se pondrá Marco cuando la vea aquí — Ele le dio una mala mirada en cuanto pudo escucharla.

— Por esa misma razón está aquí — intervino Norah.

— No es lo que crees que es — agregó Max.

— Yo no lo creo, él lo sabe — señaló la puerta.

— ¿Saber qué?

— interrogó Ele de brazos cruzados.

Camila caminó de manera amenazante hacia ella.

Norah puso su brazo en medio logrando frenarla.

— Lo que sea que ella lo hizo, él lo recuerda — explicó pulverizando a Ele con la mirada.

— Ella no ha hecho nada, ninguno ha podido demostrar lo contrario — Valentine jaló del brazo de Camila.

— ¿Estás de su lado?

— preguntó Camila indignada.

Ella no le respondió con palabras, pero en sus ojos se veía que no permitiría que volviera a hablarle así.

Camila los miró a todos y las miradas de ellos eran las mismas.

En realidad, después de todo, habían estado con ella en todo momento y nada fuera de lo común sucedió.

— Todos le creen — dio una vuelta analizando el comportamiento de cada uno.

— Si ella fuese la bestia, ya hubiese acabado con todos — opinó el pequeño Mac.

Camila bufó y agarró a Ele del brazo, de manera brusca la arrastró hasta dentro de la habitación.

Los ojos de Marco al verla se humedecieron, su corazón comenzó a latir como si corriera un maratón y su boca se quedó sin saliva.

— ¡Ella es la culpable de todo!

— gritó intentando soltarse del sistema de infusión.

— Debes tranquilizarte — le pidió Aslan yendo a frenarlo en cuanto vio su reacción —.

Camila, sácala de aquí.

— Marco debe saber la verdad — expuso Norah entrando con los demás —.

Ella no es una amenaza.

— Nos engaña a todos — comenzó diciendo Marco viéndola a los ojos —.

Es la culpable de todo — comenzó a llorar recordando lo difícil que había sido vivir asustado con la niña detrás y esas noches en donde sólo corrió de monstruos en su cabeza.

— Te equivocas — interrumpió Max alejando a Camila de Ele —.

Créeme, amigo, escúchame un momento.

— Tú sólo estás loco detrás de ella, lo hizo conmigo — Martha miró como Ele se veía afectada por la situación, le pareció precipitado, quizás demasiado para una persona como ella —.

Eso explicaría una obsesión que nació de pronto.

Lucas lo miró de un punto de vista diferente.

Y a Aslan sólo le vino a la mente que desde el mismo día en que Marco parecía haber enloquecido, Max se había enamorado de ella.

— Tergiversas las cosas — los miró a todos buscando apoyo —.

No lo entiendes.

— Soy el único que lo hace — miró a Ele —.

Nos matará a todos, sólo por ti.

Ele no aguantó más y mediante lágrimas dejó la habitación.

Max, indignado, se fue detrás de ella.

Mac buscó a Valentine, que lo abrazó para mostrarle que todo estaba bien y que no tenía de qué preocuparse mientras que con la mirada le demostraba la molestia que le había causado la actitud de Camila.

— Marco, debes ser más específico — habló por fin Lucas —.

¿Cómo que nos matará a todos?

¿De quién hablas?

Ele era buena para eso de irse rápido de los lugares, pero Max literalmente corrió para ponerse frente a ella y frenarla.

— No nos podemos rendir ahora — Max la tomó de nuevo de los hombros, ella negaba limpiándose los ojos —.

Hablemos de la casa del bosque, de ese hombre, expliquemos todo.

— No, Max.

No nos escucharán.

— Deben hacerlo, le demostramos que no eres un peligro — Ele se quedó mirando a un punto fijo, recordaba algo o lo ocultaba —.

¿Verdad?

Aunque Martha quería saber más, recibió una llamada de su padre y le tocó salir.

No quiso irse hacia Max y Ele, así que se fue al otro lado del pasillo.

— Estoy algo ocupada, ¿podéis decírmelo rápido?

— miró a su alrededor, no había nadie.

— Marco, por favor — insistió Lucas.

— Mientras estuve dormido, tuve un sueño que continuó en el que pasaba de habitación en habitación — Valentine recibió un mensaje de Kevin y le pareció muy extraño que él le estuviera avisando que había llegado al hospital —.

En cada uno, estaba el mismo tipo, un sujeto con un aspecto horrible que solía hablar de una mujer.

— ¿Te dijo su nombre?

— preguntó Aslan.

Valentine tomó a Mac de la mano y cuando fue a abrir la puerta, las luces se apagaron y se encendieron de golpe.

— Ele, por favor, respóndeme — las luces se apagaron y cuando volvieron, Ele ya no estaba frente a él — ¿Ele?

— esa misma sensación de hace dos meses lo invadieron, no sabía dónde explicarlo, pero era la misma sensación que la vez de aquella mujer —.

¡Ele!

— gritó al aire.

— ¿Max?

— escuchó desde detrás de él.

— ¿Kevin?

— preguntó después de que se giró tan rápido como le dieron sus reflejos.

— ¿A dónde se fue todo el mundo?

— fue caminando hacia él mientras buscaba con la mirada a más personas en las demás habitaciones.

— ¡No te acerques!

— Kevin se frenó de golpe.

— ¿Por qué?

¿Sucede algo?

— miró detrás de él.

¿Cómo sabría si era él en realidad?

Nunca escuchó a ninguno de los otros decirle que él iría, y ahora, había aparecido justo en el momento en que todos habían desaparecido.

Se le hizo obvio identificar quién era.

— No sé quién eres o qué quieres, pero no soy tan idiota — respondió Max dando pasos lentos hacia atrás.

— ¿De qué hablas?

— estaba alterado, se escuchaba, se veía en él y eso lo hizo dudar nuevamente —.

Max, soy yo, Kevin — se señaló a sí mismo.

Max negó rápidamente, no caería en ningún truco.

Recordó los gritos de ayuda de una chica en sus sueños, aquella que le imploraba abrir la puerta de su casa, pero en cada sueño él sabía que afuera nadie quería ayuda, sólo quería entrar.

Dejar que se acercara al que cada vez se convencía más de que no era Kevin, podía ser el equivalente a eso.

Justo cuando iba a darse la vuelta para correr atrás, la puerta de la habitación de Marco se abrió.

— ¿Max?

— él volteó con lentitud, era la voz de Lucas.

— ¿Lucas?

¿Eres tú?

—Fue hacia él.

— No te acerques — apareció Aslan desde atrás —.

Lucas, cierra la puerta.

— No, esperen, chicos, soy yo — Max se acercó, pero recordó que, así como aquel Kevin podía ser falso, ellos también.

Así que sólo dio un paso hacia ellos y se frenó.

— Oigan, chicos, no entiendo, ¿Dónde están Norah, Ele y los demás?

— todos vieron de nuevo a Kevin.

— ¿Qué hace él aquí?

— preguntó Lucas.

— No es Kevin y el no es Max, cierra la maldita puerta — insistió Aslan logrando hacer que Lucas intentara cerrar la puerta.

— ¡No!, chicos, no me dejen solo con él — Max se cansó de pensar, claramente eran ellos.

Lucas frenó la puerta.

— ¿Dónde está Ele de ser así?

— preguntó.

— Las luces se apagaron y no la vi más — Aslan miró a Lucas, lo mismo pasó con los demás que estaban dentro.

— Marco, ayúdanos — pidió Lucas volteando a ver a Marco, que estaba sentado en el suelo llorando de pánico con ambas manos en la cabeza —.

Mierda — miró de nuevo a Max.

Estaba pensándolo bien, a Marco le había desaparecido el yeso y la bata, estaba vestido igual que la noche en que lo atacaron, incluso, estaba completamente sano.

— Por favor, chicos, tengo miedo — siguió Kevin de fondo —.

Puedo decirles cualquier cosa, puedo hacer cualquier cosa, pero por favor, díganme qué pasa.

Las luces parpadearon de nuevo, pero esta vez un rugido que pareció más un grito de una mujer rebotó por todos lados.

El sonido había venido de detrás de Kevin, que no pensó dos segundos en correr hacia ellos.

— ¡Lucas, la puerta!

— Lucas miró a Max.

— ¡Max!

— le gritó Ele por segunda vez —.

Despierta, por favor — le golpeó con suavidad el rostro.

— Ele — llamó Martha llegando corriendo hasta ella —.

¿Estáis bien?

— Se arrodilló al lado de ella.

— Max se desplomó, no sé qué le pasó — Martha le abrió los ojos y aterradas ambas se resaltaron al verle toda la retina de un color rojo tan intenso como la sangre seca.

— Iré por un doctor — tartamudeó Martha intentando levantarse.

Ese momento, un grito desgarrador de dolor se escuchó por todo el hospital.

— Joder — dijo Martha entrando en pánico buscando a alguna otra persona en todo el pasillo —.

¿Ese es Kevin?

— Ele siguió su mirada y vio a Kevin tirado en el suelo a lo lejos.

— Ve por él, arrástralo hasta aquí — se levantó y de los brazos comenzó a llevarse a Max —.

Iré por los demás.

Dejó a Max lo más cerca que pudo de la puerta y al entrar se consiguió con todos entrando en pánico.

Aslan y Lucas estaban en el suelo, se habían desmayado junto con Marco.

— ¿Qué sucedió?

— preguntó Ele al aire.

— Las luces se apagaron y de pronto, todos cayeron — respondió Will desistiendo de despertar a Aslan.

— Debemos irnos — mandó ella.

— ¿Por qué?

— preguntó Norah desde el suelo al lado de Lucas.

— Martha y yo escuchamos a alguien gritar afuera de una forma horrible, estamos en peligro — las luces fallaron de nuevo, pero esta vez se quedaron parpadeando.

— ¿Dónde está Max?

— le preguntó Mac yendo hacia ella.

— Está afuera, ellos estarán bien — se agachó un poco para poder verlos los ojos.

— ¿Cómo lo sabes?

— siguió el pequeño.

— Son los chicos más inteligentes que conozco — miró a los demás —.

Nosotros también corremos peligro, tenemos que salir de aquí, ahora.

Kevin golpeó la puerta con fuerza, realmente sentía miedo y los sonidos de afuera empeoraron.

Lucas no dejaba de verlo, no dejaba de buscar una forma de demostrar que él era real.

Mientras tanto, Max calmaba a Marco y Aslan respiraba para no perder la cabeza.

— Marco, mírame — Marco seguía balbuceando cosas mientras que sin frenos caían lágrimas.

— Es tu culpa, tú la dejaste entrar — reprochó Marco agarrándolo fuerte del cuello de la camisa.

— ¡Ella no tiene nada que ver!

— los demás voltearon a verlos —.

Ella sólo nos ha estado protegiendo — Aslan se fue acercando —.

Por eso me hizo mentir la primera vez, me dijo que, si dejaba que entrara a mi cabeza, no iba a ver vuelta atrás.

— ¿Lo has sabido todo este tiempo?

— se metió Aslan.

— No sé nada, no le entendí en ese momento y aún no sé por qué me lo dijo — Lucas miró de nuevo a Kevin que se había detenido —.

Pero desde entonces he tenido pesadillas donde veo a muchas personas dentro de mi casa, incluso a los amigos Mac antes de que murieran.

— Y había una puerta, que no podías abrir — Aslan y Max voltearon hacia Lucas al mismo tiempo.

— ¿Tú también has soñado con eso?

— Lucas los miró y de golpe abrió la puerta para salir.

— Espera, Lucas — dijo Aslan buscando frenarlo.

Lucas tomó de la camisa del distraído Kevin y lo pegó a la pared.

— Dime la regla que hiciste — mandó.

— Lucas, ¿Qué les pasa?

— preguntó Kevin viendo a Aslan salir.

— ¡Dímela!

— gritó.

Aslan miró hacia el mismo lado del pasillo que se había robado la atención de Kevin anteriormente.

— Ningún soldado se queda atrás — respondió cayendo en llanto —.

¿Qué pasa, chicos?

Lucas no dudó en que era él y finalmente lo abrazó de golpe.

— Yo tampoco sé qué sucede — se soltaron —.

No te alejes de nosotros.

Unas pequeñas luces rojas en el pie de las paredes del pasillo comenzaron a brillar una por una, hasta el final del mismo en la dirección en la que Aslan veía.

— ¿Qué carajos?

— exclamó Lucas viendo cómo esas luces llegaban a una única puerta a la mitad del pasillo —.

Max, trae a Marco.

Norah había tenido la idea de montarlos a todos en la cama de Marco y así podían moverlos por todo el hospital.

Habían intentado llamar a la policía, pero los celulares no encendían las pantallas y sin opciones escogieron seguir a Ele.

Caminaban todos juntos por los pasillos poniendo una atención especial a los sonidos.

— ¿Dónde están las demás personas?

— preguntó en voz baja Valentine mientras que apretaba la mano de Mac.

— No tengo idea — respondió Norah observando cada habitación por la que pasaban.

Dieron vuelta en un pasillo, cuando de pronto, se consiguieron con la peor escena que habían podido ver en su vida.

Una cantidad aproximada de diez personas descuartizadas por todo el pasillo que estaba pintado de rojo con su sangre.

Aterrados observaron cómo había brazos sin cuerpo, rostros sin ojos y cómo los sesos de muchos tenían rastro incluso en las paredes.

Will no pudo resistir y se fue en vómito, mientras que Valentine se negaba a ver el pasillo y no le tapó los ojos a Mac, que del horror que sintió comenzó a llorar.

— ¿Qué hacemos?

— preguntó Martha entrando en un estado de nervios que le hizo temblar las piernas.

— Adentrarnos en el hospital sería quedar como ellos — respondió Norah comenzando a empujar la cama —.

Debemos seguir.

— Tiene razón — opinó Will retomando el aliento —.

Sólo no miren — se limpió la boca.

Antes de que Ele siguiera jalando la cama, quiso aguantar las ganas de vomitar que le dieron al seguir viendo los cuerpos.

En ese pequeño momento en que giró la mirada hacia atrás, al final del pasillo logró mirar el reflejo de una persona.

Impresionada, se giró por completo y logró ver que se trataba de un guardia de seguridad que cojeaba en dirección a ellos.

— Miren, chicos — voltearon al mismo tiempo.

— ¡Oiga!

— gritó Martha dejándose controlar por los nervios.

Todos la callaron tan rápido como pudieron y ella se tapó la boca con temblorosa.

— ¡Huyan!

— respondió el señor a gritos —.

¡Corran!

— intentaron enseñarle que tenía que guardar silencio, pero de una habitación frente a él, una figura humanoide enorme le saltó encima.

Aquella bestia comenzó a devorar al hombre.

Para evitar gritar, Valentine se tapó la boca y sin poder controlarse de sus ojos comenzaron a salir lágrimas a chorros.

Norah y Will comenzaron a mover la cama tan rápido como podían; Martha tomó del brazo a Valentine y con su otra mano agarró a Mac; Ele se quedó inmóvil viendo al fenómeno matar al guardia con sus gritos llegando a cada rincón del lugar.

Las luces que parpadeaban de manera leve se volvieron locas otra vez.

— Ele, muévete — le susurró Martha —.

¡Ele!

La bestia paró de comer y con lentitud volteó su mirada hacia ella.

Su boca era descomunal y sus cuencas no eran más que hoyos, pero innegablemente, aquella bestia podía saber en dónde estaba cada uno.

— ¡Ele!

— el gritó de Martha la hizo despabilar y se volteó de golpe para correr con ellos.

— Esto no me huele bien — opinó Lucas antes de que Aslan abriera la puerta blanca frente a ellos.

— Tenemos que hacerlo — le dijo Max que estaba detrás de él.

Aslan le dio vuelta a la picaporte y de dentro de la habitación salió un resplandor tan fuerte que los hizo taparse los ojos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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