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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO
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36: CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO.

36: CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO.

Los faros de luz se movieron por toda la habitación dándoles de alguna forma la bienvenida.

Dudosos entraron uno detrás del otro mientras que analizaban la sala con cuidado.

No era un lugar que consigues en un hospital, ni en ninguna otra parte.

Era una sala enorme en todas sus especificaciones, de ancha, de larga y de altura, podría decirse que ahí parecía estar dentro de una gran caja.

Los chicos no se habían dado cuenta de las dimensiones del lugar hasta que las demás luces del lugar se fueron encendiendo una por una.

Había otra puerta al final de la sala frente a ellos.

Se vieron uno a uno las caras dudando bastante en atravesar la sala sin mucha más información.

Una parte del suelo frente a ellos se levantó por partes hasta llegar a la otra puerta.

Los faros que lo recibieron cambiaron su color de luz y de pronto, un zumbido fuerte los hizo reclinarse de dolor.

Así como apareció, se fue.

— ¿Qué mierda fue eso?

— preguntó Aslan metiéndose un dedo en el odio derecho.

— Fue como un zumbido — respondió Max mirando los dibujos de las paredes.

Detallando a cada uno, llevó su mirada hasta el techo.

— Los zumbidos se generan en los oídos, no el ambiente…

— Max interrumpió a Lucas señalando a lo que recién había visto en el techo.

Juntos siguieron la seña de Max.

Encima de ellos, en el techo y con una ambientación parecida a la de una guardería, había un pergamino enorme dibujado que contenía palabras con mayúsculas intercaladas.

— Bienvenidos a la tarde de juegos — leyó Kevin —, para ganar hoy, deberán llegar hasta la puerta blanca en el otro extremo de la habitación.

Pero tengan cuidado, el suelo les guarda sorpresas explosivas — las manos de Max comenzaron a sudar, mientras que los demás ponían toda la atención que podían en un momento así —.

Tendrán que llegar antes que el tiempo se acabe — escucharon fuerte el tictac de un reloj.

Aslan guiándose por el sonido miró hacia las paredes de los costados y miró cómo en las paredes había dibujado relojes escondidos entre las otras cosas que comenzaron a moverse.

Cada uno, sin importar qué estilo de reloj fuese, marcó cinco minutos.

— De lo contrario — siguió Kevin —, las demás minas en la habitación se encargarán de enterrarlos — tragó grueso y los ojos de varios se pusieron llorosos —.

Disfruten del juego y diviértanse.

Bienvenidos a…

buscaminas.

CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO.

Round 1.

Ele tomó la parte de delante de la cama y se tomó con fuerza para no resbalar con la sangre del piso.

La criatura no los persiguió, siendo lo contrario a lo que ellos creyeron.

Pero ellos no se dieron cuenta de eso hasta llegar a una habitación vacía donde decidieron frenar para respirar.

— ¿Qué era esa cosa?

— preguntó Valentine tomando aire.

— No lo sé — dijo Ele en voz baja asomándose por la puerta para asesorarse de que no había ido tras ellos.

— Fue lo que mató a Alfonso — mencionó Mac a punto de comenzar a llorar.

Valentine miró a Ele, que, preocupada, regresó la mirada a Mac.

— ¿Estás seguro?

— Norah se le acercó para que él en ese estado no levantara la voz.

— Es imposible que pueda olvidar a esa cosa — se quedó viendo un punto en la pared detrás de Norah.

En la cara de todos se vio reflejado el mismo miedo que los amigos de Mac sintieron al llegar a aquella casa abandonada del bosque.

Los celulares no servían, la bestia estaba afuera, parecía que todos los que estaban ahí habían muerto y sin idea de qué podían hacer, les fue inevitable sentirse atrapados en una jaula con un león hambriento.

— No tienes de qué preocuparte — intervino Ele —.

Todos saldremos de aquí.

Ele jaló la cama con todas sus fuerzas hacia la puerta.

— ¿Qué piensas hacer?

— preguntó Will frenando la cama.

— Buscar una forma de aquí antes de que esa cosa venga por nosotros — agarró fuerte la cama —.

No correremos con la misma suerte dos veces.

— Estuvimos tan cerca de la salida — se quejó Camila llorando lejos de ellos.

— ¿Tenéis un plan?

— dijo Martha poniéndose en pie, Ele negó con la cabeza —.

Es mejor pensar en uno entonces, porque no voy a morir aquí.

— Creo que nos estamos precipitando — las frenó Will —.

Hay una cosa que ha matado a gran parte del hospital sola, y sin que nosotros nos diéramos cuenta.

¿Tienen una idea de cómo enfrentarse a eso?

Norah se quedó sentada frente a Mac mientras se concentraba en recordar la historia que le había contado Lucas sobre esa noche en aquella casa abandonada.

Le parecía curioso que se tratara de un animal que actúa por instinto, pero que ambas situaciones se habían quedado viendo escapar la mayoría.

— ¿Por qué nos dejó ir?

— se levantó —.

Sólo lo escuchamos correr, pero no vino detrás de nosotros.

— Estábamos tan cerca — murmuró Valentine, dándose cuenta de a lo que se refería Norah —.

Esa cosa sólo quiso alejarnos de la puerta.

De pronto, la misma idea llegó a la mente de todos.

— No creo que esa cosa use la lógica — siguió Will.

— No actúa como un animal — intervino Mac —, aquella vez, sólo se conformó con Alfonso.

No me atacó cuando tuvo la oportunidad y apareció mucho después de que estuviéramos ahí.

— Junto a ese hombre — dijo Ele viendo a los chicos en la cama —.

No actúa sola, lo que les pasa a ellos no es casualidad.

La bestia obedece a alguien más.

— Entonces, ¿estará frente a la puerta esperándonos?

— se sumó Valentine una vez más.

— No — opinó Martha buscando algo que le sirviera de arma por todos lados —, si nos quisiera muertos lo hubiera hecho desde que llegó aquí.

Pero, no lo hizo porque quien sea que la manda, no quiso, ¿no?

— los demás asintieron.

Camila siguió dando vueltas por la habitación —.

Pero no se quedó quieta y empezó a matar como si no hubiera un mañana.

— ¿Cuál es el punto?

— intervino Camila con lágrimas aún cayendo de sus ojos.

— Que si intentamos irnos, no durará en matarnos, pero sigue queriendo matar.

Esa cosa no estará frente a la puerta, estará cerca.

— Tenemos oportunidad — agregó Valentine viendo esperanza en ese comentario.

— Entonces, hay que prepararnos — terminó de decir Ele viéndolos a todos.

No habían dicho ninguna palabra desde que Kevin había dejado de leer.

Aun así, se habían mantenido inquietos.

Aslan caminaba de un lado a otro mientras veía las paredes y el suelo.

Kevin no le quitaba la mirada al piso frente a ellos; Max y Lucas buscaban abrir la puerta por donde habían entrado y Marco estaba sentado en una esquina; tenía tanto miedo de lo que podía pasar que la idea de moverse lo aterró.

— ¿Por qué el tiempo no se mueve?

— preguntó Aslan que analizaba una forma de salir sin necesidad de jugar.

— El juego comienza con el primer movimiento — explicó Kevin.

— No escuché esa parte — miró la salida.

— No, así es el juego.

¿Estás pensando en jugar?

Aslan siguió dando vueltas y no quiso responderle, así que Kevin intentó hablar con los otros.

— Abrir la puerta no es la solución — mencionó.

— ¿Cómo lo sabes?

— interrogó Max siguiendo en su intento.

— Eso decía, la única salida es aquella puerta — volteó a mirar la otra puerta —.

Y aunque pudieran abrir esa puerta, no sabemos qué hay del otro lado.

— No podemos dejar de intentar — opinó Lucas —.

Puede que los demás estén en esta situación, si podemos salir y buscarlos.

— Nada de esto real — interrumpió Marco —.

Sé que parece todo lo contrario, pero cuando estuve dormido para ustedes, yo estaba en una persecución constante en un lugar que me provocó una sensación extraña en el estómago, justo como aquí.

—¿Dices que estamos dormidos?

— se sumó Aslan quedándose quieto de una vez por todas.

Marco asintió —.

Entonces, no hay un problema si fallamos, sólo despertaremos.

¿Cierto?

Max y Lucas se quedaron pensando en esa posibilidad, mientras que Aslan miró a cada uno esperando una respuesta.

— Así funcionan los sueños, ¿no?

Cuando estás a punto de morir, te despiertas.

— ¿Esto es sueño porque estamos dormidos?

— opinó Kevin —.

Porque que no estemos despiertos, no quiere decir que esto no sea real.

— ¿Qué mierda dices?

— se quejó Aslan.

— Que no es un sueño, que esto es real, que podemos morir aquí.

Es sólo como si fuera una dimensión diferente impuesta por la misma persona que puso ese mensaje ahí — señaló hacia atrás —, que hizo el juego y que nos separó de los demás.

— ¿Cómo sabes eso?

— intervino Max.

— ¿No sienten que es así?

¿no sienten lo real que es todo este lugar?

— Marco bajó la mirada.

Estaban atrapados, lo sabían y aunque se habían negado por un rato, las circunstancias los obligaban a tomar acción antes de que fuera demasiado tarde.

Pero la mayoría de ellos no querían decirlo, así que fue Aslan quien tomó la iniciativa.

— Vamos a jugar — se volteó para quedar de nuevo frente a todos —.

Y antes de que puedan decir algo, escúchenme — se dio un momento para seguir —.

Debemos salir de aquí lo antes posible, no sólo por nosotros sino por los que están allá afuera.

No sabemos qué situación puedan estar viviendo y somos cargas.

Algo malo está pasando y esto nos confirma que estamos cerca.

Ahora no importa en qué nos metimos, sino cómo saldremos de esta.

Si les preocupan los demás, si en serio los otros les importan, dejen de ser unos maricas y salgamos de aquí juntos.

Lucas, Max y Kevin se acercaron a él decididos en qué actuarían.

Y aunque cada uno de ellos pensó en una persona distinta como inspiración.

Lo harían por sí mismos, por los que estaban afuera y por ellos.

El grupo original estaba solo después de mucho y era su turno de actuar.

— Marco — él levantó la mirada.

Ellos estaban frente a él —.

Sé que tienes miedo, pero si queremos que todo salga bien, debemos hacer esto juntos — Max le estiró la mano después de terminar de hablarle.

Estaba indeciso y siguió sintiendo tanto miedo como aquella vez en su casa.

Cuando despertó por un momento, realmente pensó que lo peor había quedado atrás, se sintió tranquilo.

Pero su momento de paz se había quebrado en segundos y no tenía idea de qué seguiría si lograba salir de esta.

— Te dejamos solo antes — ahora Lucas habló con él —.

No sucederá de nuevo.

Todo este tiempo que permaneciste dormido, estuvimos esperando el momento en que pudieras estar con nosotros otra vez, y no es la forma en que queríamos hacerlo, pero ya es muy tarde para cambiarlo.

— No soy el mismo de hace unos días, Lucas — lo interrumpió con muchas ganas de llorar.

— Eso es lo que este lugar te provoca.

Porque en nuestra conversación, sólo veía a mi amigo.

El más valiente de todos nosotros.

Es correr o pelear — Marco vio la mano de Max —, y no es momento de correr.

Respiró profundo y recordó las pesadillas que tenía seguido, las veces en que no pudo hacer nada por su madre, las tantas veces que la voz de la niña lo atormentó, el día que lo atacaron en su casa y cada maldito segundo que duró en la persecución de sus sueños.

Se dio cuenta de que más allá de tener miedo, estaba cansado de vivir con eso.

Tomó la mano de Max y este lo ayudó a levantarse.

Con una sonrisa todos lo abrazaron.

Kevin se acercó a una pared mientras que los demás miraban con miedo a que Aslan fuera al frente.

El suelo se dividía en cuadros similares a los del juego.

Él mismo había decidido que sería el primero en avanzar para que los demás estuvieran tranquilos.

Cerró los ojos mentalizándose en lo que haría.

Un solo paso podía hacer que él explotara con todas las demás minas, y esa precisión no la había sentido hasta ese momento.

Los demás estaban pegados a la última pared para evitar que la explosión de todas las minas matase a todos.

Por consejo de Kevin, Aslan comenzaría desde la esquina izquierda del mapa, para así ir abriendo camino.

— Vamos, Heller — susurró —.

Puedes con esto.

— Tú puedes — también susurró Lucas pegado a la puerta.

Finalmente dio el paso y muchas de las placas del piso cayeron alrededor.

— Bien — dijo Kevin corriendo al frente.

— El tiempo ya está moviendo — dijo Aslan sin moverse —.

Comenzamos.

— ¿Cómo se gana en el buscaminas?

— preguntó Marco acercándose a Kevin.

— El buscaminas es bastante simple de hecho — explicó Kevin mirando detenidamente el suelo.

Aslan caminó hasta quedarse de pie encima de un uno color azul.

— Para ganar debes conseguir todos los espacios libres de minas, pero en este momento eso no aplica, sólo debemos llegar hasta el final — siguió Kevin analizando cuál sería el siguiente movimiento de Aslan —.

Esos números de ahí dicen el número de minas que tienen cerca, con eso y mucha paciencia puedes ir consiguiendo los espacios sin minas.

— Aslan, tienes que saltar al cuadro que está detrás del uno que pisas — mandó Lucas.

El juego tiene tres dificultades, esas dificultades aumenta o disminuye la cantidad de minas, lo que a su vez aumenta el tamaño del mapa.

Este era muy grande, posiblemente era la dificultad más alta.

Aslan se preparó y luego de tomar impulso saltó con fuerza hacia el otro cuadrado.

Al pisarlo, este no hizo que otros cuadros desaparecieran.

— No puede ser — se quejó Kevin —.

Puede que esté rodeado.

— Mierda — dijo Lucas —.

¿Crees que puedas volver?

— El cuadro no es tan grande, Lucas — respondió dando vueltas, buscando cuál podía ser su próximo movimiento, pero se dio cuenta de que en esa posición era muy diferente pensar.

Miró un reloj y dejó su confianza en los chicos.

— Los unos son uno de los mejores números, guiémonos por ellos — aportó Max.

— Si es así, debería saltar un cuadro a la izquierda — opinó Kevin —.

Ya pasó por encima de una posible mina antes, lo que quiere decir que toda línea de uno — miró que las paredes tenían pequeñas cerámicas cuadradas, y comenzó a usarlas como mapa —.

También son minas.

Los números son por las minas cercanas, ese cuatro nos avisa que junto a él hay cuatro.

— Saltar una lo sacaría de problemas — terminó Lucas —.

Salta una a tu izquierda.

— ¿Seguros?

Puedo explotar — Aslan se fue preparando para saltar.

— Lo sabemos — Aslan de nuevo respiró profundo y con el impulso que pudo tomar dio todo en ese salto.

Aunque se tambaleó al caer, consiguió el equilibrio.

Debajo de sus pies, se pintó un tres.

— Ok, que salte uno hacia el frente — mandó Kevin.

— No lo hemos pensado lo suficiente — opinó Marco.

— Crean en mí — dijo seguro, con la mirada en la pared.

Lucas miró a los demás y de nuevo se acercó a la orilla.

— Uno al frente.

— No los escuché discutir eso — reprochó Aslan.

— Kevin ha jugado esto desde hace años, confiamos en él.

— Claro — movió los brazos y con fuerza saltó de nuevo.

— Ahora, se pintó un dos.

— No me gusta esto, sólo cae en números, no estamos abriendo espacios — dijo Max.

— Y ahí debe haber unas cien minas — agregó Kevin.

— Chicos, el tiempo corre — les recordó Aslan.

El siguiente movimiento era crucial ya que él estaba encerrado; la probabilidad de que estuviera rodeado de minas era muy alta para tomarla a la ligera.

— Qué salte un cuadro a la derecha — expuso Marco —.

Es un dos, no podemos tomar el riesgo de que estén seguidas y que las pise en otro salto.

— No tenemos indicios de minas cerca, estaría saltando en un punto ciego — de pronto se escuchó el sonido de Aslan cayendo en otro espacio.

Todos voltearon a verlo.

— Lo que decía Marco tenía sentido — se excusó.

— Pudiste explotar — reprochó Lucas —.

No puedes tomar esas decisiones así.

— Lucas, ves eso de ahí — Aslan señaló las paredes que entre tantas cosas que habían sido dibujadas, como banderas, globos y caritas felices, los relojes eran lo más llamativo —.

Han pasado cuarenta segundos y sólo he avanzado cinco veces.

Recuerden que todos debemos llegar a esa puerta.

Así que todo el tiempo que nos tomemos en contar es tiempo que se restan en cruzar.

Lucas se agarró el cabello y caminó hacia Kevin de nuevo.

Le aterraba ver que Aslan tenía razón.

— Espero que los demás la estén pasando mejor — murmuró Aslan.

Un rastro delgado de sangre se extendía por los pasillos del hospital.

Las ruedas de la cama que estaban bañadas en sangre eran las responsables.

En compañía de ella estaban Valentine, Mac, Will y Camila, teniendo como misión encontrar la alarma contra incendios y encenderla.

Al otro extremo del edificio, Martha, Ele y Norah iban en camino hacia el sótano.

— En serio odio este lugar — dijo Martha buscando alcohol dentro de un estante —.

¿A qué gilipollas se le ocurre poner la alarma de incendios lejos del extintor?

— Mientras no hagan ningún ruido, estarán bien — Norah tomó un cuchillo —.

¿Lo conseguiste, Ele?

— Sí — del encendedor que tenía salió una llama azul firme.

— ¿Qué clase de encendedor es ese?

— preguntó Martha.

— El que necesitamos — Ele se lo guardó en un bolsillo.

Ellas estaban en la cocina a donde iban los enfermeros en sus ratos libres.

Los días en que Lucas había estado con Gabriela allí se enteró del lugar y como dato curioso se los contó a los demás.

Martha, frustrada por no conseguir el alcohol donde buscaba, buscó en otro estante más abajo.

— Oigan, creo que esto podría sernos de más ayuda — les mostró una lata de pintura en aerosol.

— Será perfecto — respondió Norah caminando hacia ella —.

Vamos por los otros.

Delicadamente jalaron la cama por encima de vidrio roto que había por ese pasillo.

Sin quitarle la vista a ningún flanco en ningún momento, el grupo de Will se acercaba lentamente a una de las alertas de incendios más cercanas a la salida.

Hacer el menor de los ruidos podría causarle enormes problemas, atraer a la bestia con un extintor como arma no era una situación favorable.

Las luces tardaban más en parpadear, pero el constante cambio era suficiente como para temerle a cada esquina y cada habitación.

Will se encargaba de ir adelante para asomarse en todos los cruces para asesorarse de que no habría ninguna sorpresa.

Pero al mirar en una zona consiguió ver la silueta enorme de la bestia y de inmediato frenó a los demás.

— Piensa, Will, piensa — de nuevo miró y confirmó que el monstruo estaba ahí ocupado con el cuerpo de alguien más.

— ¿Qué pasó?

— Valentine preguntó en voz baja.

— Está ahí — miró hacia lo que quedaba de pasillo y miró la alarma allí —.

Mierda.

— Sabemos dónde está — dijo Valentine luego de guiarse con su mirada —.

Iremos a esa habitación, esperaremos que ellas vengan y actuaremos.

Él asintió y ella con Camila fueron a abrir la puerta antes de mover la cama.

Will se quedó viendo cómo aquella cosa comía sin control, cómo con su lengua se saboreaba la cara del cadáver y cómo sus dedos flacos y alargados tomaba los brazos.

Le dieron el primer empujón a la puerta, pero parecía estar trabada.

Respiraron profundo y lo hicieron de nuevo, con lo que no contaban era que el otro lado del cuarto había un enorme estante trabando la puerta.

La fuerza que le pusieron fue suficiente para tirarlo contra el piso.

El sonido resonó por todo el pasillo.

Valentine se tapó la boca sabiendo lo que había hecho y cuando volteó a ver a Will, él ya iba hacia la cama.

— ¡Corran!

— gritó empujando la cama de regreso.

Ellas corrieron hacia él y con todas sus fuerzas comenzaron a empujar.

Las uñas de la bestia se escucharon rasguñar desde el otro pasillo, Valentine volteó y justo en ese momento, logró ver al monstruo chocar contra una pared y sin frenarse, comenzó a ir hacia ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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