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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 capítulo TREINTA Y CINCO
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37: capítulo TREINTA Y CINCO.

37: capítulo TREINTA Y CINCO.

— No tengo idea — respondió Kevin analizando el número de cuadros alrededor de Aslan.

— Necesitamos algo pronto — recordó Marco viendo los relojes marcando tres minutos.

— Crees que no lo sé — reprochó respirando fuerte.

— ¡Chicos!

— intervino Aslan.

— Estamos en eso — contestó Lucas, intentando descifrar la secuencia que llevaba Kevin en la pared.

— Eso lo sé, sé que se preocupan por mí, pero no podemos quedar aquí atrapados — ellos voltearon hacia él —.

No todos.

— ¿De qué hablas?

— preguntó Max.

— Dejen de sobrepensar las opciones, confío en ustedes.

Mucho más de lo que ustedes mismos.

Díganme dónde saltar.

En realidad, él tenía razón; habían pasado veinte segundos pensando en si un salto en específico era correcto.

Se miraron las caras.

En el rostro de Lucas se veía que no estaba de acuerdo con esa idea.

— Kevin, piénsalo bien — mandó Lucas viendo sus intenciones.

— Tenemos que salir — miró a Aslan —.

¡Dos cuadros hacia la izquierda!

— Heller no dudó mucho en saltar.

— ¡Espera, Aslan!

— gritó Lucas, justo en el momento en que Aslan fue cayendo al próximo cuadro.

Su pie tocó el suelo y otros salieron volando.

Fue un buen movimiento.

Lucas volteó a mirar a Kevin, que se vio tan nervioso como él.

— Sabía que lo harían — Aslan rió un poco y respiró profundo, celebrando la victoria internamente —.

Aún nos quedan.

— Mierda — exclamó Marco con las manos en la cabeza.

CAPÍTULO TREINTA Y CINCO.

Heller, Aslan Heller.

Sin mirar atrás, corrían con todo lo que daban sus piernas, pero al momento de girar perdieron la poca ventaja que habían sacado.

Tuvieron suerte de que la cama no se fuera abajo, y de que la bestia no pudiera frenar al girar y siguiera hacia el otro pasillo.

— ¡No paren!

— Will empujó con fuerza la cama y con eso avanzó un tramo grande, pero él se quedó atrás.

La bestia volvió rápido y, en cuanto tuvo oportunidad, se lanzó hacia él.

Will dio un par de vueltas por el suelo después de que el monstruo lo arrollara.

Esa cosa se movió rápido y ágilmente, clavó unas de sus uñas en la pierna de Will.

El grito de dolor fue suficiente como para que Valentine lo escuchara ya llegando a otra esquina.

— ¡Will!

— Valentine le arrancó el extintor a Mac.

Llena de adrenalina, se regresó hacia la bestia.

La boca de la cosa se acercó a la barriga de Will, pero Valentine desde atrás golpeó los huesos puntiagudos que salían de su columna.

De un manotazo se deshizo de Valentine.

Pronto dejó a Will de lado para ir por ella.

— ¡Valentine!

— gritó Mac, pero Camila lo tomó del brazo y siguió con él.

La chica del mechón azul, adolorida, se dio vuelta para quedar boca arriba después de rebotar con la pared.

Lo primero que vio fue a la bestia caer sobre ella.

Metió al extintor entre la mordida y su cuerpo.

Los dientes afilados de la bestia perforaron el acero y el polvo seco bañó la cara de ambos.

Eso no fue del agrado del monstruo.

Se alejó de Valentine tan rápido como pudo, y aquella pared de humo le dio un pequeño chance para que lograra ponerse en pie y seguir adelante.

Aunque el dolor en su espalda no desapareció, no pensó en ningún momento en correr más lento.

Del polvo que aún había en el aire, salió la bestia disparada detrás de ella.

Sus uñas chocando contra la cerámica del piso la delataron.

Valentine dio su máxima velocidad hasta la esquina de otro pasillo, donde sintió la bestia a pasos de ella.

Se deslizó tan bajo como pudo y vio cómo el monstruo pasó por encima de ella hacia lo que quedaba del pasillo.

— ¡Corran, corran!

— les gritó a Camila y a Mac, que iban más adelante.

Mac se quedó paralizado al ver al fenómeno yendo tras ella.

— No, ahora no.

— Camila lo tomó del brazo y en ese momento de trance vio a su pequeño amigo Alfonso frente a él.

De alguna manera, su mente lo había llevado a ese sótano.

Recordó aquella boca enorme abriéndose para destrozarlo; recordaba perfectamente cómo esa criatura de piel pálida y tiesa lo había atormentado por tantas noches seguidas.

Estaba cansado de ver a las personas que querían morir por ella.

Y para cuando volvió en sí, Ele apareció a su lado.

— Hay que salir de aquí.

—Lo jaló y siguió con ellos derecho.

Cuando Valentine cruzó, Martha y Norah obstaculizaron el camino con otra cama que habían conseguido.

La bestia cayó en la trampa y, llevándose la cama con ella, cayó unos metros adelante.

Ele regresó unos pasos, y aunque Valentine intentó frenarla.

La pelirroja quiso aprovechar ese pequeño momento para lastimar a la cosa, pero la mano del monstruo fue directo a su cuello cuando logró tomar equilibrio.

Los reflejos de Ele no habían sido tan buenos como ella pensó que serían.

Todos se quedaron paralizados viendo la nueva conducta de la fiera.

Se levantó sobre sus pies y en su cara se dibujó una sonrisa enorme.

El aire de Ele era escaso y dejó caer lo que traía en las manos.

— Creo en ti, Mac.

Sé que nos sacarás de aquí — recordó el niño mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas.

Miró la lata del suelo y corrió por ella.

Las chicas lo vieron moverse, pero la bestia no lo notó hasta que él ya estaba debajo de ella con el encendedor y la lata.

Prendió el encendedor y una ráfaga de fuego cayó sobre el cuerpo del monstruo.

Pero lo que ocurrió fue diferente a lo que todos creían que pasaría.

La bestia movió su cabeza hacia él y dejó caer a Ele.

El movimiento que hizo con una de sus manos advirtió a Camila, que de inmediato fue a por el niño.

Logró quitar a Mac; lamentablemente, no fue tan rápida como para alejarse lo suficiente para impedir que la mano se clavara en su espalda.

— ¿Camila?

— susurró Valentine viéndola caer en el suelo.

La bestia de nuevo se encorvó y lamió con delicadeza su mano.

Miró a todos; ellos sabían que estaban a su merced, el fuego había sido inútil y sabían que no todos iban a salir de ahí.

Estaban acabados y sin un plan.

El miedo los iba invadiendo cuando de pronto la alarma de incendios se encendió.

La alarma hizo gritar a la bestia de dolor y con sus manos buscó tapar los hoyos que tenía en ambos lados de la cabeza; parecía que sus oídos estaban sufriendo.

Cuando el agua de los rociadores comenzó a caer sobre ella, sufrió de verdad.

Cada que una gota caía sobre ella, parecía evaporarse contra el parásito que tenía por todo el cuerpo, lo que parecía desencadenar un dolor que le era insufrible.

Mientras ella sufría, Valentine corrió hacia Camila.

La jaló, pero fue cuando Mac se acercó que pudieron alejarla; Martha y Norah aparecieron por detrás de la cama de los chicos y notaron cómo Ele se había quedado atrapada entre la pared y el monstruo.

Ella lo veía; en sus ojos se miraba más que miedo; estaba atenta a cada movimiento de aquella cosa como si analizara su dolor.

Del pasillo de donde escapaba Valentine, apareció Will con el hacha de bomberos del hospital.

— Te olvidaste de mí, maldito animal.

— aprovechó que la bestia estaba revolcando sus sangrantes oídos en el suelo para atacarla.

El hacha se clavó tanto que no pudo sacarla tan fácil como creyó que iba a ser.

El fenómeno golpeó a Will de nuevo y él cayó junto a la cama que habían usado para tumbarla.

— Mierda, Ele.

— Norah, en un golpe de valentía, fue hasta ella y la tomó del brazo —.

¡Will, a la salida!

Él asintió y se levantó como pudo.

Tomaron caminos distintos, pareció que tendrían ventaja, pero la bestia no se rendiría tan fácil.

— ¿Lo tienes?

— preguntó Lucas viendo a Aslan dudar.

— Eso creo — tomó vuelo y saltó con todas sus fuerzas de nuevo —.

No puede ser — dijo Aslan viendo el número que se marcaba bajo sus pies —.

Siete.

— ¿Un siete?

— preguntó Marco viendo a Kevin —.

¿Ese número es real?

¿Es válido?

Lucas negó con la cabeza y miró de nuevo a Aslan.

— Regresa aquí, abriremos la puerta — miró el reloj, quedaban dos minutos —.

Creo que nos da tiempo.

— No, Lucas.

No hay tiempo para regresar — volteó Aslan a verlo —.

Debo seguir.

— No hay dónde seguir — reprochó Max —.

Estás rodeado, no puedes saltar más de dos cuadros a tu alrededor y hay siete minas cerca de ti.

Aslan se tomó el tiempo de contar los cuadros que tenía cerca.

— Hay más de siete cuadros aquí — respondió.

— No entiendes, no funciona así, las minas pueden estar donde sea.

No están al lado del cuadro, solo están cerca.

— ¿Que yo vuelva hasta allá es su plan?

Moriremos todos de ser así — insistió.

— Y si tú sigues adelante, puedes morir — las palabras de Lucas hicieron que el corazón de todos comenzara a latir más rápido de lo normal, incluso hizo que las manos de Kevin comenzasen a sudar —.

Vuelve, por favor.

Aslan miró el camino que había recorrido, miró el reloj, los miró a ellos y de nuevo miró los cuadros a sus pies.

— No puedo — respondió.

Will se movió impresionantemente rápido para la herida en su pierna.

Podía ser la adrenalina o el miedo que el silencio repentino causaba en él.

Se frenó un momento para intentar escuchar algo más que la alarma.

No logró nada, así que siguió.

El agua que caía del techo lavaba la sangre de su pierna y la esparcía por el piso.

Miró atrás para confirmar que no había dejado un rastro de sangre y, cuando miró de nuevo al frente, otro guardia de seguridad apareció frente a él.

— Mierda — exclamó después del susto que se llevó.

— ¿Qué haces aquí?

— preguntó el guardia bajando su arma y tomando a Will del brazo —.

Tienes que irte.

— Mis amigos siguen aquí, no puedo irme sin ellos — se soltó con fuerza.

— Si tus amigos estaban aquí, lo único seguro es que estén muertos.

— Will frunció el ceño.

— ¿Cómo lo sabe?

— se alejó un poco.

— ¿Estás viendo este lugar?

— eso le pareció razonable a Will y, mientras pensaba en eso, vio cómo de la cabeza del hombre caía un pedazo de carne.

Ambos se quedaron quietos después de eso y, cuando Will buscó ver detrás de su nuca, el hombre apuntó el arma hacia su cara.

— Debo admitir — sonrió —.

Que ha sido divertido verte de nuevo — cuando estaba por jalar el gatillo, el guardia se fue de boca hacia Will.

Él se quitó del miedo y el disparo salió hacia la esquina baja de una pared.

Mientras el hombre comenzaba a agonizar, Will intentó irse sin salir herido de nuevo.

Pero un sonido brusco detrás de él le daba la bienvenida a la bestia.

— Mierda — dijo viendo al fenómeno caminar a rastras.

El agua y el ruido de verdad le habían hecho daño.

La parte que el parásito cubría de su cara estaba caída y dejaba ver una cicatriz por encima del ojo.

Aún sufría, pero había dejado de gritar y, yendo tan rápido como podía, fue detrás de Will.

Las luces comenzaron a fallar, cosa que le complicó más las cosas a Will.

— Claro que puedes — intervino Marco —.

Te ayudo si es necesario — se acercó al cuadrado inicial.

— ¡No!

— gritó Aslan sacándole un pequeño salto a todos —.

¿Por qué no lo entienden?

— Tú no lo entiendes — se quejó Lucas —.

No canjeamos vidas, ni siquiera nos hacemos cargo de las nuestras.

— Es mi vida, Lucas — Lucas comenzó a negar con la cabeza, se negaba a sí mismo pensar en que algo malo sucedería.

Marco intentó pisar el primer cuadro, pero Max logró alcanzarlo antes de que se alejara de la línea de inicio.

— Iré por él — explicó viéndolo a los ojos.

Max se sintió mal por lo que tenía que decirle y más cuando vio los ojos llorosos de Marco.

— Si vas así, puede que te equivoques y hagas que todo explote.

No puedes ir.

— De todas formas, tenía que cruzar de alguna forma — Marco intentó soltarse, pero Max lo sostuvo —.

¡Mierda!

— Kevin, dime el siguiente cuadro — pidió Aslan.

Kevin no quiso decirle nada y solo negó con la cabeza.

— No hay siguiente cuadro, lo resolveremos, debemos volver — intervino Lucas.

Aslan sonrió y, quitándose una lágrima de la cara, se dio vuelta.

— ¿Qué está haciendo?

— la mirada de Marco se fijó en Lucas después de esa pregunta.

— ¡Aslan!

— le gritó Lucas.

— Saben, desde que los conocí siempre me han parecido los chicos más únicos del mundo, eran superiores — Max comenzó a verlos a todos desesperado —.

No les temían a lo que los demás les reprochaban todo el tiempo y, después de cada golpiza, me gustaba ver cómo podían sonreír.

— No digas tonterías y vuelve — lo interrumpió Kevin.

— Decía, yo quiero ser como ellos.

Yo era un niño muy asustadizo, ¿lo recuerdan?

Se me daba ser bueno en educación física — apretó los puños —.

Pero aprendí a ser valiente gracias a ustedes.

Aprendí que a los amigos no se les juzga — sonrió con tristeza —.

No fui el mejor amigo al final.

— Conseguiremos una forma, por favor, vuelve — en la voz de Lucas se escuchó lo afligido que estaba.

— Perdónenme si los lastimé, tenía miedo.

Olvidé por un momento lo que aprendí de ustedes.

Por eso me gusta estar con ustedes, Max; han sido lo mejor que me ha pasado en la vida.

Max comenzó a llorar mientras que con fuerza aguantó a Marco, que estaba buscando soltarse para ir por Aslan.

— Kevin, solo quisiste salvarnos de todo.

Lamento haberte metido en esto — Kevin siguió negando —.

Pero ahora necesito que nos salves a todos de nuevo.

— ¿Qué quieres decir, Aslan?

— preguntó Lucas quitándose de manera brusca las lágrimas de la cara.

— Llévalos a todos a la puerta — Kevin volteó a ver a Max y luego miró a la puerta —.

Por favor, hazme caso solo una vez.

— Hay…

— No, tú sabes bien que esto está hecho para eso, sabes que no hay forma de ganar aquí — Kevin rompió en llanto —.

Max, ayúdalo, ayúdalos a todos.

Prométanme que acabarán con todo esto.

Kevin miró a Lucas, pero él no le quitaba la mirada a Aslan.

— Escúchame, Aslan.

Debemos volver todos, tienes muchas cosas que decirle a Norah, piensa en tu tío — se pasó la mano por la cara —.

Tienes una vida por delante, maldita sea.

Así deja de hacerte el héroe y vuelve aquí.

— Todo va a estar bien — volteó y todos lograron verlo llorar.

Con una sonrisa les guiñó el ojo.

Kevin, a pesar de que iba en contra de su voluntad, sabía que a él nadie lo iba a detener ya.

Agarró a Lucas, y aunque incluso él llegó a golpearlo, lo arrastró hasta la puerta.

Marco comenzó a llorar sin quitarle los ojos de encima a su amigo.

Lucas gritaba su nombre mientras que entre Max y Kevin lo aguantaban.

Aslan recordó una vez que entre todos lanzaron a Lucas al río, sonrió y miró de nuevo al frente.

— Tío, creo que no llegaré temprano hoy — se dijo.

Aslan apretó los ojos y se dio un momento para recordar cada facción de Norah, cada sonrisa y, sobre todo, recordó una y otra vez cada día en el que estuvieron juntos.

Sonrió cuando en sus recuerdos apareció el día en que Ele había golpeado a Marco, también cuando le cortaron el cabello.

Fue quien más disfrutó esos días en los que Abrill comenzó a salir con Lucas.

— Gracias, chicos — dio un paso adelante.

— ¡Aslan!

— escuchó a Lucas y brevemente su mente le llevó todos los recuerdos del primer día en que estuvieron juntos como grupo.

Su pie presionó la baldosa y, después de que esta se hundiera hasta el límite, estalló junto a todas las demás minas del mapa.

Hasta que, por fin, solo quedó humo.

Kevin, aturdido, volteó atrás y, recordando lo que le había dicho Aslan, jaló a Lucas.

— El juego terminó, debemos salir, antes que el tiempo se acabe — Lucas seguía llorando sin control —.

Max, levántate.

Andando, chicos — pidió mientras que lágrimas caían por sus cachetes —.

Vamos.

Marco fue quien levantó a Max.

Mientras que caminaban lentamente hacia el campo de minas, Kevin se dio cuenta de que, contrario a lo que creía, no todo había explotado; habían jugado un juego que iban a perder desde el principio.

Nunca iban a ganar todos; cayeron en la trampa.

De la nada, el tiempo en los relojes bajó a toda velocidad.

— Nos quiere encerrar a todos — dijo Kevin dándose cuenta a mitad de camino —.

Corran, corran.

Lucas, a unos pasos de la mina que acabó con Aslan, se detuvo.

— Maldita sea, Lucas.

Dejarás que él muera en vano, en serio así le agradecerás.

Lucas miró a su alrededor, notó cómo todos los dibujos en la pared hacían alusiones al juego y a ellos mismos.

La corneta de Marco, el uniforme de cuando Kevin era un niño, los lentes de Norah, el mechón de Ele amarrado al mechón azul de Valentine, su cámara y el cinema eran una de las cosas que notó a simple vista.

Las paredes comenzaron a quebrar mientras que Kevin lo jalaba.

Se sintió derrotado.

— Apuesto que no eres más rápido que yo — recordó las palabras de Aslan cada vez que le daba por hacer una carrera con él.

Reaccionó de pronto y junto con Kevin corrió a la salida.

Por un momento, Lucas juraría que los vio a todos ellos detrás de un pequeño Aslan.

Él llevaba la delantera desde que lo conocieron.

El tiempo se acabó.

Las paredes se fueron cayendo detrás de ellos y el polvo fue llenando el aire.

Con fuerza daban cada paso, con esfuerzo se mentalizaban a correr más rápido, a salir de ahí.

Cuando el techo se fue abajo, el último de ellos salió.

Finalmente, cuatro de ellos abrieron los ojos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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