El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - 38 CAPÍTULO TREINTA Y SEIS
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38: CAPÍTULO TREINTA Y SEIS.
38: CAPÍTULO TREINTA Y SEIS.
Se recostó de una pared y se fue arrastrando de ella por el pasillo.
Para quitarse el cabello mojado de la cara se pasaba la mano que involuntariamente ponía en su pierna cuando sentía dolor y con eso, logró mancharse todo el rostro con sangre.
La bestia estaba a pocos pasos de él, pero el ruido la mantenía inquieta.
Chocaba contra las paredes en busca de poder calmar el dolor en sus oídos.
Aun así, avanzaba.
El dolor llevó al monstruo a poner la cabeza contra el suelo, soltó un grito de dolor tan fuerte que le dolieron los oídos a Will.
Él volteó momentáneamente para saber si había pasado algo a su favor, pero el monstruo desesperado saltó encima de él.
Ambos quedaron cara a cara.
El ruido no dejó que el fenómeno acabara con su vida.
La bestia desesperada comenzó con sus uñas a rasgarse los oídos con la esperanza de quedar sorda y debajo de ella, Will intentaba que la sangre no cayera en su boca u ojos.
En medio de esto, finalmente la bestia abrió su boca y su lengua bajó hasta Will, en el momento en que iba a tocarlo, un disparo perforó el hombro del fenómeno.
De inmediato aquella cosa subió la mirada buscando defenderse, pero otra bala le impactó en la frente.
Will se cubrió la cara y la bestia, negándose a perder, se lanzó con todas sus fuerzas hacia quien la disparaba.
Ele cayó al suelo junto al arma y cuando las demás quisieron intervenir vieron que la bestia no fue directo hacia ellas, sino que ya estaba tan perdida que lanzaba arañazos a todas partes.
La pelirroja de nuevo empuñó el arma y con toda la presión que pudo tener en ese momento siguió disparando, pero al monstruo le dolió más el ruido fuerte del arma y desesperado se fue corriendo por el pasillo.
Hacia la dirección a la que Mac estaba.
Congelado sintió el golpe de la bestia chocando con él.
Pegó en contra de una pared y derribó la cama de los chicos.
Ele se levantó y velozmente fue hacia Mac.
— ¿Estás bien?
— el niño asintió y ella volteó hacia el pasillo donde vio desaparecer al fenómeno —.
Debemos salir de aquí.
Ayudó a levantar a Mac cuando, a su lado, de pronto y con un suspiro fuerte, Lucas volvió a levantarse.
— Lucas — lo llamó Norah, feliz de verlo volver.
En el momento en que ella se fue hacia él, Lucas se volteó en busca de Aslan.
— Amigo — dijo tomándolo del rostro —, despierta, por favor — las lágrimas que había derramado dormido volvieron a caer.
Norah vio la cara de los demás y, preocupada, se inclinó hacia Aslan.
Mac abrazó a Max cuando este se sentó y Ele lo siguió de inmediato.
— Por favor — Marco comenzó a llorar también al ver que no se movía.
— ¿Qué pasó?
— preguntó Norah entrando en pánico.
Ninguno quiso responder y siguieron llorando.
Martha ayudó a Will a acercarse y Valentine apareció con Camila en una silla de ruedas.
— Despertaron — Valentine logró sonreír hasta ver que de los ojos de Aslan comenzaron a caer gotas de sangre.
— ¿Qué pasó?
— Norah llegó hasta Aslan y apartó a Lucas que se quedó de lado llorando —.
Aslan despierta, ¿Qué le pasa?
— miró a los otros —, ¿por qué no despierta?
— sus ojos se llenaron de lágrimas —.
Despierta, Aslan.
— Aslan — todos miraron a Max cuando habló —, murió.
— No, no, no — Norah miró de nuevo a Aslan —.
No puedes hacerme esto.
Despierta, imbécil, aún quedan cosas por hacer, ¡despierta!
Por favor, — no pudo aguantarse más y, llorando, puso su frente contra el pecho de Aslan.
— ¿Cómo?
— preguntó Will —.
No puede estar muerto, lo protegimos bien, estuve pendiente de ustedes — Max negó con la cabeza.
— No es tu culpa.
— ¡Aslan!
— gritó Norah tomando su rostro una vez más —.
Por favor, despierta, por favor.
Martha abrazó a Will, que siguió reprochando que no podía haber muerto, que él había estado ahí.
Ele se alejó de Max y se sentó de golpe contra el piso, se vio superada por la situación y no pudo aguantar más las ganas de romper en llanto.
Lucas siguió agarrado del brazo de Aslan mientras Norah insistía en que despertara.
Valentine, siendo tan sentimental como siempre, fue por Kevin y juntos siguieron llorando.
Camila de la sangre que había perdido los miraba perdida, mientras que todo se oscurecía para ella.
— Debemos irnos — interrumpió Marco limpiándose las lágrimas y poniéndose en pie —.
No es seguro estar aquí.
Nadie más que Martha se movió.
— Chicos, hay que irnos — dijo, agarró el hombro de Norah.
— No voy a dejarlo aquí, él va a despertar — le respondió de mala gana Norah.
— No, no lo hará y quedarnos aquí sin idea de qué más pueda pasar es morir también — Kevin se levantó junto con Valentine —.
Le prometimos que terminaríamos con esto, exponernos, aquí no hará diferencia — terminó de decir Marco.
— ¡él va a despertar!
— gritó —.
No puede dejarnos, no puede dejarme, no otra vez.
Marco miró a Lucas y este lo miró de vuelta.
— No quiero abandonarlo — dijo con la mirada baja —.
Él no lo hubiera hecho — Marco iba a refutar cuando él volvió a hablar —.
Pero le prometimos cuidar de los demás y eso haremos.
Lucas se levantó y agarró a Norah.
—Suéltame, Lucas — él la logró mover del lado de Aslan —.
Tiene que despertar, tiene que hacerlo.
Kevin ayudó a Lucas a sacarla de ahí, yendo detrás de ellos Marco con Camila.
— ¿Qué clase de amigo son si lo quieren abandonar?
— Will intentó levantarse para ir con Aslan.
— Oye — Martha lo frenó y Will vio cómo incluso Max y Mac iban de salida —.
Él es un tío fuerte, me contaste alguna vez que siempre resolvía sus problemas solo.
Es hora que nosotros resolvamos esto por él.
— Él aún no muere — dijo buscando evadir la realidad.
Martha asintió lentamente.
Finalmente, ella logró levantarlo y fue sacándolo poco a poco.
— Hay que irnos — dijo Valentine a Ele.
— Lo siento tanto — susurró ella viendo el cuerpo de Aslan.
— Nada de esto es tu culpa, Ele — la ayudó a levantarse.
Ele, destrozada, lo miró por última vez antes de salir por las puertas del hospital.
Antes de irse, forzó una sonrisa para despedirse de él, como solían hacerlo.
CAPÍTULO TREINTA Y SEIS.
Por Ti.
A la mañana siguiente la policía cerró todo acceso al hospital.
Los rumores rápidos se esparcieron por todo el pueblo, eso ocasionó que en cuestión de segundos después de la llegada de la policía, el lugar se llenara de periodistas de ciudades cercanas, incluso había personas del periódico del pueblo.
Ese periódico llevaba muchos años siendo inútil.
— Qué maldito desastre — se quejó un hombre de traje —.
¿Cómo piensa solucionarlo?
El oficial Williams miró cómo camilla tras camilla salía del lugar.
Un hospital enteró, había muerto y ellos tenían una idea de qué cosa había sido.
La habían estado buscando por años y justo en el momento en que creyeron estar fuera de foco, sucedía algo como eso.
— Es cuestión de tiempo para que la prensa quiera saberlo todo — siguió el tipo de traje.
— No quiero a la policía local en esto — miró que debajo de una cama que tenía al frente había una foto —.
Que los forenses no pasen por alto nada.
Quiero que cada gota de sangre que encuentren tenga dueño — fue por la foto.
Williams sacó con cuidado la foto de un pequeño Aslan con su tío, debajo de la cama.
— Así será — se le quedó viendo con curiosidad a lo que hacía —.
¿Qué hará con la prensa?
— Darles lo que quieren — giró la fotografía y logró conseguir el nombre de quienes estaban en la misma —.
Un culpable.
Abrill miraba aterrorizada las noticias, deseando con fuerza que ninguno de los chicos estuviera involucrado en eso.
Aun así, llamó desesperada a Kevin, ella sabía que en ese hospital estaba Marco y con todo lo que decían que había sucedido, temía lo peor.
Enojada, lanzó el celular en contra de su cama; él nunca le contestó.
— Chicos, por favor — susurró cuando escuchó que en breve darían los nombres de las víctimas.
Habían pasado horas desde que llegó la policía y el lugar estaba repleto de familiares en duelo.
Lo que más los atormentaba a todos ahí era la expectativa que habían mantenido.
Hasta que finalmente salió Junior para declarar sobre lo sucedido.
La cara de Abrill iba cambiando a medida que él iba hablando.
Sabía que había sido la policía la que había acabado con Robert y creyó que esta vez también se quedarían callados, pero la respuesta de Junior la dejó con un mal sabor de boca.
— Hemos llegado a la conclusión de que este tipo de atrocidades no puede ser llevado a cabo por un solo sujeto.
Así que estamos detrás de lo que parece ser un grupo criminal — Abrill sintió cómo su celular comenzó a vibrar.
Automáticamente agarró el celular y contestó.
— Hay un problema — comenzó diciendo Ibel agarrándose del cabello con una mano.
— Sé que lo que pasó la última vez no estuvo bien — se levantó y fue por las llaves de su auto.
— No, no estoy hablando de eso.
Yo — pensó en cómo se lo diría —, antes de que Robert muriera, tuve una conversación con él.
Le insistí en que fotografiara los papeles y que me los enviara.
— Dime qué borraste todo eso, Ibel — se detuvo, esa noticia era una de las peores que podía recibir.
— Lo hice — ella respiró —.
Pero imprimí todas esas fotografías antes.
— ¿Qué?
¿Por qué?
— casi le gritó lo último.
— No quería que a él le pasara nada — ella bajó la mirada sintiendo el peso de la culpa —.
Entonces, quise que se fuera de ahí de inmediato.
— ¿Para qué me cuentas esto?
— lo interrumpió.
— Esa noche en la Thompson nos encontró, después que te fuiste, tu sirvienta — Abrill supo que se refería a Martha —, fue la que me ayudó a limpiarme y estoy seguro de que no entró sola.
Abrill pensó en todos los chicos que había visto al salir de la casa, buscó entre lo que sabía para averiguar que otra persona podía haber estado con ella en ese momento.
— Pero, no logré ver quién era el otro — se escuchó frustrado —.
Ellos consiguieron la caja y se la llevaron.
Walker recordó el día que habló con Camila y lo apresurada que estaba Martha ese día para irse con Will, el dueño de la cafetería favorita de los chicos.
— Ellos la tienen — murmuró bajando la escalera corriendo.
— ¿Quiénes?
— Los chicos.
Estaban ahí por esa caja, no porque pensarán que yo estaría ahí — Ibel se sentó sobre su cama sabiendo en el problema que eso lo podría meter —.
Iré por ti.
— Si ellos hablan, es el fin — contestó dándose cuenta de que podría terminar de hundirlos.
— Iré por ti — Abrill se montó en su auto y colgó.
Casa Thompson.
Norah seguía con la cabeza baja, pero finalmente había dejado de llorar.
Alrededor de ella estaban los demás viendo los papeles encima de la mesa, ninguno había querido tocarlos e incluso otros no se habían dado cuenta de que eran.
Marco entró a la casa.
— Camila ya salió del pueblo con su familia — informó encontrando puesto al lado de Valentine —.
La llevarán a un hospital en Alois — Valentine se sonó la nariz y Marco en forma de consuelo le dio unas pequeñas palmadas en la espalda —.
Estará bien, lo estaremos todos.
— No — reprochó Norah viéndolo —.
Nadie está bien, nada está bien.
Aslan murió y lo abandonamos, porque no somos más que unos egoístas.
— Él no fuese dicho eso — interrumpió Kevin viendo a Lucas llorar silenciosamente en una esquina —.
Ni siquiera lo dijo en ese momento.
No culpo a nadie, incluso me dio la razón — dio una pausa pequeña, en la que brevemente recordó lo mal que había tratado a todos esos últimos días.
— La tuviste todo el tiempo — agregó Valentine —.
Nada de esto hubiese pasado de ser así.
— No — Lucas volteó a verlo, él y los otros esperaban una respuesta diferente —.
Él tenía la razón, si no fuese porque él se mantuvo seguro de lo que decía, no sabríamos nada y esa cosa — se aseguró de lo que diría —, que… lo asesinó, haría lo mismo con todos sin que nos diéramos cuenta.
— Y lo hará si no hacemos algo para frenarlo — agregó Marco.
Norah bufó.
— Míranos — intervino Ele llegando de la cocina —, no podremos contra nada de eso.
Ni siquiera sabemos qué es, seguir es suicidarnos.
Si no lo entendimos antes, lo que pasó es lo que necesitamos para frenar — las miradas de todos pasaron de ella al suelo.
Exceptuando a Kevin, que tenía algo más que decir.
El timbre interrumpió a Kevin justo en el momento en que comenzaría a hablar.
Ele, aprovechando estar de pie, fue a abrir la puerta — Hola — la saludó Abrill un poco sorprendida de quién había abierto la puerta.
Duraron más los otros en asimilar de quién era la voz que Ele en lanzarle el vaso de agua que tenía en las manos.
Se le fue encima después de alcanzar a cachetearla.
Ibel fue a separarlas tan rápido como pudo, pero una de las manos de Ele apretó con fuerza el cabello de Abrill.
Max apareció para agarrar a Ele, Ibel tenía a Abrill y Marco se encargó de zafar el cabello de Abrill.
Y aunque consiguió separarlas, la pelirroja consiguió quitarle un buen pedazo de cabello a Abrill.
— No es el momento para que aparezcas aquí — le aconsejó Marco a Abrill, que alterada organizaba su cabello —, y menos con él.
— No vinimos por problemas — intervino Ibel viendo a los demás salir de la casa, incluso Lucas se asomó.
— No importa a quién hayan venido — dijo Max a un lado de Norah con Ele —.
Váyanse de aquí.
— Norah, entiendo que lo que hice no estuvo bien — Abrill se acercó un poco a ellos —.
Puedo entender que sienten — miró a Lucas quitarse las lágrimas y aunque pensó que podían ser por ella, Ibel se imaginó que algo más pasaba —, todos… — No — Norah bajó las escaleras de forma rápida, pero Marco rápido apareció frente a ella para detenerla con su brazo sano —.
No te atrevas a decir eso.
No creo que seas capaz de entender en lo que estamos, tu cerebro no debe servir para tanto si creíste que lo que hacías estaba bien.
— Puedes insultarme si quieres — la presión en su pecho empeoró al escuchar a Norah y levemente sus ojos se cristalizaron —.
Pero por esos papeles que tienen, mataron a Robert, ahuyentaron a Nick y nos persiguen a nosotros.
No es seguro tenerlos.
— ¿Dirás que te importamos ahora?
— ahora, era solo el brazo de Marco quien las separaba.
— Síem… — la cachetada de Norah no la dejó terminar de hablar.
— No, no vengas con tus asquerosas mentiras otra vez.
Ya estamos todos cansados de ella, porque no solo le mentiste a él, nos mentiste a todos y nunca pensaste en eso.
Las veces que te necesité, las veces que Lucas lo hizo, en todas y cada una de ellas preferiste arrastrarte con él — Marco miró por encima del hombro a Ibel —.
Los preferiste a él, antes que al grupo que fue tu familia cuando la tuya te dio la espalda.
Eso sí, logró sacar las lágrimas de Abrill, que entendió, luego de mucho, lo que había hecho.
Es difícil pensar en los demás cuando solo piensas en ti.
En ocasiones, llenarte de amor propio, sin pensar, llega a ahogar a las personas a tu alrededor.
— Lleva a Norah a adentro — mandó Lucas yendo hacia Abrill.
Marco no lo pensó siquiera, confiaba en Lucas.
Norah, sin decir nada más, se fue sola a dentro y dejó a Marco y los demás en la puerta pendientes de lo que diría Lucas.
— Lucas, entiendo que — Lucas la calló.
— Sé que esos papeles no son seguros — miró a Ibel —.
Pero no se los daré.
Abrill bajó la mirada sabiendo que no se podría ir de allí sin ellos.
— La policía no es de fiar — agregó Ibel acercándose, Marco se acercó a Lucas al instante.
— Ustedes tampoco — respondió aguantando con todas sus fuerzas las ganas de llorar —.
No se preocupen por nosotros y aléjense todo lo que puedan — giró la cabeza para ver a Abrill —.
No los necesitamos.
Ambos chicos se dieron la vuelta para volver a la casa, pero Abrill, decidida a sacarlos de ese problema, insistió.
— ¿Dónde está Aslan?
— los chicos se frenaron —.
Sé que me escuchará.
—No — agregó Kevin con dolor que se notó en su voz —.
Aslan — miró a los demás antes de hablar —.
Él murió.
Abrill, desconcertada, buscó en la cara de todos algo que le dijera realmente dónde estaba.
— No es un tema con que se juegue en este momento — regañó Ibel.
— ¿Crees que jugaríamos con eso?
— reprochó Will.
— Lucas, ¿Dónde está?
— preguntó Abrill entrando en pánico.
— No pudimos hacer nada por él — las lágrimas finalmente cayeron.
— Heller — susurró Ibel, entendió por qué las caras de todos lucían así y muy en el fondo, también se lamentó por ellos.
El impacto fue fuerte, tanto que después de cubrirse la boca con las manos, cayó de rodillas y lloró de forma desgarradora en el pasto.
Lucas se vio tentado a abrazarla, pero Ibel llegó antes.
— Entremos — le susurró Marco al oído, sintiendo también el peso de apoyarla.
Abrill quería frenarlos, pero su primer mejor amigo se había ido creyendo lo peor de ella.
Sin saber que al final de todo, él verdaderamente siempre la quiso.
El dolor que sintió al darse cuenta de la honestidad de los chicos arrimó por completo todo lo demás, no vería más a su compañero de clase, ya no habría nadie al que contarle de chicas toda la noche y ese peso que tenía Aslan en su vida, lo sentía caer con fuerza sobre ella.
Martha los miró a todos irse a dentro y miró cómo Abrill seguía forcejeando con Ibel para no irse.
Él de todas maneras consiguió meter a Abrill al auto.
— No tiene caso — la frenó Will antes de que Martha diera un paso.
— Oye, sé que es la peor tía que hemos podido conocer, lo sé.
Pero piénsalo por un segundo, ellos saben algo que nosotros no.
No han venido aquí por hacerse los héroes.
Will lo pensó bien y la soltó.
Ella no duró mucho antes de llegar a ellos.
— ¿Por qué creéis que pueden ayudarnos?
— le preguntó a Ibel.
— Ella no quiere que les pase nada malo — la miró lamentarse adentró del auto —.
Cometió errores, todos los hemos tenido.
Y aunque suene como una estupidez ahora, se preocupa por ellos.
— No fue eso lo que pregunté — él se quedó callado pensando en qué podía decirle —.
Y no me mientas.
Él sonrió, supo darse cuenta de sus intenciones.
— Teníamos un plan, uno que nos ayudaría a librarnos de ese hombre y ser los héroes.
Pero necesitábamos esos papeles, y sabes lo que pasó después.
Ella se preocupó por ellos, yo solo no quería que abrieran la boca.
A mí ya no me hacen falta, sé lo suficiente.
— Supongo que no querrás decirme — él asintió —.
Pero veo que vosotros no sabéis nada de la bestia.
El semblante de Ibel cambió por completo.
Recordó la bestia de la que tanto habló Abrill, después de todo, era por esa razón por la que habían empezado con la investigación que acabó con su amigo.
— ¿De qué bestia hablas?
— Dime tú de qué hablas, yo logro hacer que ella tenga tiempo para disculparse y juntos resolvemos lo que sea que esté pasando.
Una vez más, pensó en Robert y recordó lo entusiasmado que estuvo los meses de investigación.
También miró a Abrill, que a pesar de que detestaba aceptarlo, aún la quería y no dudaba de eso.
— ¿Recuerdas a tu amiguita?
— ¿Arianna?
— Sé dónde está — la respiración de Martha cambió, pero no por miedo exactamente.
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