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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - 39 CAPÍTULO TREINTA Y SIETE
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39: CAPÍTULO TREINTA Y SIETE.

39: CAPÍTULO TREINTA Y SIETE.

— ¿Cómo podremos creerle?

— reprochó Norah.

— Esto lo dice — Kevin lanzó el documento en la mesa.

— No necesitamos más pruebas — siguió Martha —.

En serio, entiendo el dolor y lo incómodo que puede ser para vosotros.

Pero ella puede darnos una solución, ¿no era eso lo que queríamos?

Vio a cada uno, pero ninguno quiso decir algo al respecto.

Su idea era razonable y buena en cierto sentido, aunque fuese ir de la mano con Ibel y Abrill, aportaba a su misión original.

— Es por él — rompió el silencio Marco —.

Es repetitivo, pero lo voy a repetir las veces que haga falta.

— Yo mantendré mi posición, esto acabará con todos — insistió Norah —.

No vamos a perder a nadie más.

Ele lo dijo — la pelirroja dejó de ver el suelo para mirar a Norah —, era lo que necesitábamos para frenar.

Otra vez, el silencio llenó la habitación.

— Es muy tarde para eso — intervino Max levantándose del suelo —.

Desde hace meses hemos estado viviendo esto y ninguno quiso ver más allá, ¿saben qué pasó?

— se giró para ver a todos —.

Nos atacó de mucho más cerca.

Asesinó a los amigos de Mac y a Robert; intentó hacer lo mismo con Ele, Marco y Gabriela — Ele apartó la mirada y Marco miró al suelo —.

Sé que Aslan quería que esto terminara sin importar el precio.

— Hay otras alternativas, no podemos tomar a la ligera nuestras vidas — se limpió las lágrimas de la cara.

— No queremos que más nadie muera — se agregó Marco —.

Pero él vendrá por todos sin importar qué hagamos.

No podemos morir con los brazos cruzados.

— Iremos a ese hospital por ella, sobrevivió de alguna forma y algo vio.

Sin importar que haya sido — Martha vio levantarse a Kevin y a Lucas —.

Iremos.

Cuando cerraba los ojos, lo recordaba.

No el momento en que lo vio sin vida, sino cada momento en el que lo vio sonreír y en esos momentos en donde simplemente lo miraba al hablar.

El miedo de que perdería a los demás creció en ella cuando se dio cuenta de que perderlo a él fue más grande de lo que esperaba.

Por un año pidió que él desapareciera de su vida, pero ahora sin Aslan notó el tiempo que perdió.

— Norah — se le acercó Lucas —.

Entiendo que tengas miedo, yo también lo tengo — miró a los demás detrás —.

Todos.

Igualmente, lo queríamos y perderlo será una herida que tendremos de por vida.

— Aún no es tarde, confía en mí — pidió.

— Aslan confiaba en nosotros, no podemos defraudarlo — se acordó de cuánto le rogó —.

No otra vez.

Ele, poco convencida, se dejó ayudar por Max para levantarse y ambos fueron por Valentine.

Ya todos de pie se quedaron viendo a Norah, qué aterrada sentía que podría ser la última vez en que veía a todos juntos.

— Tengo miedo — miró a Lucas.

— Eso te da dos opciones — le colocó sus lentes —.

¿Cuál vas a escoger?

CAPÍTULO TREINTA Y SIETE.

Pelear.

Se quedó viendo el auto naranja hasta llegar al frente del hospital.

Estuvo pensando durante todo el camino las veces que lo había visto y en dónde.

Fue Max quien le avisó que habían llegado.

— ¿Estás bien?

— Ele quitó la mirada de la ventana y negó con la cabeza —.

Tranquila — quiso subirle el ánimo, pero se dio cuenta de que estaba en la misma situación que ella.

Le dio su vaso de agua y sin decir más se sentó a su lado.

— ¿Cómo está Mac?

— No quería estar en casa y mi mamá no quería dejarme salir, de pronto suceden tantas cosas.

Entiendo por lo que debe estar pasando.

— ¿No ha pensado en irse?

— Max la miró confundido —.

Mis padres lo dijeron hoy, pero fue Demian quien me dijo.

Parece que mi tío ha estado ignorando todas sus llamadas y está entrando en pánico.

En un día, es increíble cómo pueden cambiar tantas cosas.

Max no quiso decir más y juntos vieron llegar a Valentine con un café.

Se quedaron los tres en silencio esperando a los demás.

— Era de esperarse que estuviera aquí, ¿cierto?

— Will, sorprendido, vio a Martha sentarse a su lado ofreciéndole un café —.

¿Cuánta pasta hay que tener como para hospedarse aquí?

Juntos vieron a las personas que llenaban el comedor del exclusivo “Hospital West”, llamado así por el primer y precoz nombre del pueblo.

Era el único hospital privado del pueblo, donde si querías atenderte necesitabas tener mucho más dinero del que normalmente sería.

El control del alcalde sobre las leyes del pueblo se había ido en picada por las propias reglas de los adinerados, que cada vez insistían en distinguirse de las demás personas.

— Ricos y sus caprichos — respondió viendo el vendaje de su pierna.

— ¿Todo bien con eso?

— ella también vio la pierna de Will.

— Sí, valió la pena no irme tan lejos de papá — ambos sonrieron de labios cerrados —.

Eso que hiciste en la casa estuvo muy bien.

— No dije nada.

Se les dan bien los discursos a los chavales — Will nuevamente sonrió.

— Insisto — él la miró —.

Me alegro de que estés aquí.

Aunque esto ponga en peligro nuestras vidas, no sería lo mismo sin ti.

— A pesar de que no conocía a Aslan tan bien como vosotros, no me gusta quedarme de manos atadas.

A ti te conozco y realmente te aprecio — Will sintió su corazón latir rápido —.

No voy a… Dejarte solo — se sintió un poco nervioso cuando ella terminó de hablar.

Por mucho tiempo pensó que él era quien había malentendido su relación de trabajo.

Pero, finalmente, se confirmaba que su amistad era más que solo trabajo.

— Acabaremos con esto — montó su mano encima de la de ella.

Ella asintió.

Unas habitaciones arriba, una enfermera guiaba dudosa a Ibel y los demás hasta la habitación de la chica de la que según ellos eran muy buenos amigos.

La enfermera les abrió la puerta después de avisarle a la chica recién despierta de que sus amigos habían llegado.

La cara de ella no los ayudó mucho con su mentira, pero se mantuvo en silencio hasta que la enfermera terminó de irse.

— ¿Ustedes quiénes son?

— preguntó la chica con el botón de emergencias en la mano.

Se vieron entre sí sin saber quién debía comenzar.

— Somos amigos de Martha — dijo Marco sin querer tardar más tiempo.

La chica miró la puerta con cierta ilusión y miedo.

— ¿Ella está aquí?

— como se escuchó su voz al preguntar eso los alertó a todos.

— Está abajo — le aclaró Abrill.

Y ella se vio decepcionada.

— ¿Por qué vinieron?

— Por respuestas, sabemos sobre lo que te atacó — intervino Lucas y la misma cara que puso ella la habían visto seguido, cómo el miedo le bañaba la cara se les hacía costumbre.

— ¿Cómo saben de eso?

— estaba convencida de apretar el botón.

— Martha nos dijo — agregó Norah —.

Podemos ayudarte — separó su dedo del botón.

— Llegan tarde para eso — fijó su mirada en la ventana —.

Todos.

Ibel miró a todos esperando a que otro finalmente fuera al grano.

— Entendemos eso, a él le sucedió lo mismo — ella miró a Marco —, y a un amigo nuestro — Abrill se pasó el pañuelo de Ibel por los ojos —, murió por eso.

No queremos que suceda, de nuevo, a nadie.

La información que puedas darnos será de mucha ayuda.

Es curioso cómo los malos momentos suelen perseguirnos por tanto tiempo en la vida.

Sin importar lo que sea que hagas para cubrirlos, consiguen la forma de volver.

Era difícil para ella decir todo eso de pronto, y volver a hablar de eso después de dejar las pesadillas le aterraba.

Así que lo pensó por un largo rato, y cuando ellos estaban por despedirse, comenzó a hablar.

— Yo estaba sola en casa — bajó su mirada a sus manos —, estaba llamando a… Martha — miró disimuladamente hacia ellos para ver sus expresiones, pero no hubo nada fuera de lugar —.

Pero seguía sin contestarme.

Ella y yo tuvimos algo.

Kevin miró a Lucas y así mismo hizo Norah con Marco e Ibel con Abrill.

Eso sí fue algo que no esperaban y aunque algunos sintieron curiosidad, dejaron que ella siguiera.

— Bueno, creo que solo yo creí eso.

Debo admitir que no me había pasado algo así nunca, incluso ahora me sorprende lo cegada que estaba — a Norah se le hizo familiar —.

Bajé a la cocina y se me hizo curioso ver todas las luces de la casa apagadas, cuando logré encender las más cercanas, ahí estaba esa cosa.

— ¿Qué cosa?

— interrumpió Abrill.

— Podría decir que era como una niña, con algún demonio dentro — Norah agarró la mano de Abrill para frenarla antes de que siguiera preguntando —.

No vi eso hasta mucho después, a quien vi cuando encendí la luz — se fue sintiendo afligida y nerviosa —, fue a Martha.

El golpe de información fue tal que sin disimular los chicos miraron a Marco, exceptuando a Ibel que se dio cuenta tarde de que estaban viéndolo.

— ¿Cómo?

— preguntó Marco.

— Esa niña era Martha al comienzo — afirmó.

La memoria de Marco navegó por esa noche y la revivió tantas veces que sintió esa presión en el pecho de nuevo.

— Continúa — Kevin se levantó y junto con Marco salió de la habitación.

Ella quiso preguntar por él, pero se imaginó que había recordado su situación.

Se había agarrado su brazo vendado con fuerza mientras salía.

— Intente hablar con ella cuando las luces enloquecieron.

Ella se me aventó encima e intentó morderme muchas veces.

No solo su actitud no era propia de ella, sino que también sus ojos no eran los mismos.

— ¿Cómo cambió de forma?

— dijo Ibel.

— La quité de encima, corrí a la cocina, tomé un cuchillo y en cuanto se me acercó logré cortarle la boca y así con cada parte de ella cada vez que se me acercaba — puso una de sus manos sobre su pierna derecha —.

Aun así, logró morderme y cuando incrusté el cuchillo en su nuca, se retorció en el suelo tan fuerte que rompió los cajones de la cocina.

Se levantó y ya no era Martha.

Parecía un monstruo salido de una película.

— ¿Cómo era?

— preguntó Lucas.

— Su piel colgaba en partes de su cuerpo, sus extremidades estaban repletas de una sustancia rara y que se movía en ella, sus dedos eran alargados con uñas descuidadas llenas de sangre — una lágrima cayó por su mejilla —.

Y olía horrible, pero en su rostro, a pesar de que no tenía ojos, había una pizca de humanidad.

Parecía el rostro de una niña, una horrenda.

— Por eso la apodó así — susurró Lucas —.

¿Cómo hiciste que se fuera?

— Después de dejar de ser Martha, se tapaba el rostro como si sintiera vergüenza y huyó por el patio con el cuchillo en su cuerpo.

Después de eso intenté llamar a mi familia, a la policía y a Martha — de nuevo los miró —.

¿De qué les servirá esto?

— Más de lo que crees — Lucas se levantó —.

Gracias por compartir esto con nosotros, no tendrás más problemas.

Lo prometo.

Él y los demás salieron de la habitación con algo claro, esas cosas no podían ser independientes o no eran del todo salvajes, porque solían huir al ser enfrentadas y de cierta forma, vencidas.

Lucas notó que Max y las chicas no estaban en donde se habían quedado.

Miró afuera buscándolos con la mirada y los consiguió a todos afuera alrededor de Marco.

— ¿Ahora qué?

— preguntó Norah yendo tras él.

Abrill frenó a Ibel antes de que saliera con ellos.

— ¿Por qué nos trajiste hasta aquí?

— Ibel frunció el entrecejo.

— Pensé que querías que te perdonaran.

— Quiero sacarlos de esto — Ibel bufó —.

Aslan está muerto, Ibel, ¿Qué les puede pasar a ellos?

— Robert también murió y no te importó, ¿o sí?

No te vi yendo tras Nick antes de que se fuera y mucho menos te preocupaste antes de meternos a nosotros en esto — de nuevo Abrill miró abajo derrotada —.

Míralos — señaló afuera —, ellos saben muchas más cosas que nosotros en dos meses, son ellos los que nos pueden proteger de algo peor.

Hablan de bestias y fenómenos como si fuera tema de todos los días.

— ¿Lo haces por mí?

— lo miró a los ojos.

— Lo hago porque no pude hacer nada por él, porque se lo debo — se pasó con enojo una mano por ambos ojos —.

No todo se trata de ti.

Abrill se quedó de espaldas a la puerta y dejándose llevar por tantas emociones juntas, se aguantó con todas sus fuerzas las ganas de tirarse a llorar.

— ¿Qué pasó?

— Valentine no quiso decirle nada y con la cabeza le hizo para que fuera directamente hasta Marco.

Lucas miró a Ele y ella asintió dándole a entender que era preferible ir hasta él.

— ¿Marco, está todo bien?

— Norah se acercó a él preocupada.

— No sé por qué no lo recordé antes, no entiendo por qué no — respondió llorando —.

Él mató a mi mamá, me lo mostró.

Desconcertada, miró a los demás que se notaban tan nostálgicos como antes.

— ¿Cómo recordaste eso?

— agregó Lucas.

— Esa noche, cuando Ele — Max lo miró —, cuando esa niña me atacó — corrigió —.

Desde esa noche vagué por muchas habitaciones de un hospital abandonado.

— Lo sabemos — intervino Lucas.

— Pensé que todo lo que me mostraba era mentira, pero recuerdo una habitación oscura y cuando encendí las luces estaba Martha en medio — Max, Will, Valentine y Ele voltearon a verla —.

Y de pronto, corrió hacia mí.

Me persiguió por todas partes, hasta que me alcanzó.

Pero ya no era ella.

— La niña — se dijo así mismo Ibel que recién llegaba.

— Cuando quiso morderme, tomé un pedazo de vidrio y se lo clavé en la cara.

De pronto, parecía que otra cosa le clavaba cosas en el cuerpo.

— Estuviste ahí — razonó Lucas —.

Incluso en el momento en que vimos a tu madre.

Marco asintió.

— Vi cómo una puerta salía del techo y una escalera caía hasta mis pies, cuando subí.

Una linterna alumbró su cuerpo — Will recordó lo que le dijo la madre de Marco —.

Ella me agradecía por algo, lo sé.

— Esa cosa siempre nos ha visto — agregó Norah —.

Sabe todo lo que hacemos.

La cabeza de todos se llenó de paranoia al entender por qué se habían sentido vigilados todo el tiempo, incluso al dormir.

Sintieron escalofríos al recordar las noches en que tenían que ver detrás de ellos después de tomar agua o cuando salían del baño.

— Él nos conoce — agregó Marco en medio de su llanto.

— ¿Sabe de nuestro plan?

— preguntó Kevin.

— Si es así, estamos muertos — mencionó Valentine.

Abrill llegó hasta ellos y confundida miró a todos.

Las miradas de la mayoría estaban sobre Lucas.

— Entonces que esté preparado.

Iremos por sus bestias y él es el siguiente — afirmó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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