El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Capítulo 3.
4: Capítulo 3.
— Lucas nos notó — señaló Marco —.
¿Creen que esto cause algún problema con la nueva?
— Desde que comenzó el recorrido estamos detrás de ellos.
No es ciega — reprochó Kevin sentado en el pasto detrás de ellos.
—¿Importa?
— preguntó Aslan —.
Mírenla, yo la perseguiría hasta el fin del mundo — rio junto con Marco.
Norah dejó ver una clara cara de incomodidad y asco por su comentario.
— Trae más problemas para nosotros, idiota — agregó Norah acercándose levemente sus lentes más a los ojos.
Por el dolor de su nariz y por lo incómodo que se sentía tenerla como estaba le impidió a Lucas terminar el recorrido el día anterior, así que pautó con la nueva para verse el día siguiente y continuar.
Le enseñaba el estadio de fútbol e igual al primer día de recorrido tenía todos los chicos espiando.
Gracias a Abril, quien fue la de la idea, en ese momento observaban detrás de las gradas.
Norah y Abrill eran atractivas físicamente y aunque no solían resaltar, difícilmente tendrían algo que envidiarle a otra chica.
En la preparatoria otras chicas también solían ser nombradas por su apariencia y buen porte.
Pero para Marco y Aslan había algo diferente en la recién llegada pelirroja.
Aspectos como: su cabello cobrizo que ondulaba hasta su busto, manteniendo una peculiar armonía entre tenerlo desordenado y tenerlo peinado; sus ojos que eran dueños de un color azul que lograba congelarlos solo con verlos, acompañados con sus cejas rojizas y pobladas; sus labios eran gruesos y rosados, que hacían un lindo contraste con su piel blanca.
En simples palabras, era un físico que era agradable de observar para ellos y una razón para acompañar a Abrill.
Los demás solo estaban de compañía como era de costumbre.
— ¿A nadie le importa lo que pasó ayer?
— preguntó preocupado Max, caminando en círculos.
— Tranquilo, ya pasó — intentó relajarlo Abrill, sin dejar de vigilar a su novio.
—No puedo estar tranquilo.
Nos encontrarán y nos golpearán a cada uno por separado.
No puedo defenderme, con ellos nunca he podido, ¿Qué tal sí…?
— Oye, oye — interrumpió Aslan dándose vuelta hacia él —.
Estás perdiendo la cabeza y dices tonterías.
Todos estaremos juntos.
—Eso no funciona, solo nos golpearán a todos — respondió quedándose quieto.
— Ayer funcionó.
Ya ha pasado un día y estamos todos bien — dijo Aslan volteándose nuevamente.
Max guardó silencio y fue a hacerle compañía a Kevin.
Sabía que el único en poder defenderse era Aslan y junto con los demás sabía claramente que no podrían ni siquiera ser más rápido que ellos.
Ibel Stevens había sido la piedra en el zapato de todos, incluso antes de llegar a estudiar en la preparatoria.
El dinero convierte en monstruo a cualquiera que no sepa cómo no perderse en los laberintos que trae consigo.
La empatía y cualquier rasgo de buena persona desaparecieron del trato de Ibel hacia ellos.
Era un misterio porque los había humillado cada vez que podía, pero se había hecho parte de su día a día.
— Se mueven, andando — exclamó Abrill.
Sin mucha resistencia, todos le hicieron caso.
Lentamente, iban moviéndose, cuando Max pareció recordar algo importante.
— Oigan — comenzó Max — ¿A qué hora debíamos estar en clase?
— A las nueve con veinte — respondió Norah.
— Nosotros — dijo Abrill incluyendo a Marco y Aslan —, a quince minutos para las diez.
Kevin lleva la mirada al pequeño reloj negro de su muñeca.
— ¡Diablos!
— gritó —.
Vamos supertarde todos — dejando todo el grupo atrás, comenzó a caminar más rápido.
— ¿Qué?
— reaccionó Norah —.
¿Qué hora es?
— Son las diez y cuarenta…
— respondió Max saliendo de debajo de las gradas.
— ¡Tenemos examen!
— se quejó Abrill corriendo detrás de Kevin.
Seguida de Aslan y Marco, que gracias a ella se enteraban del examen.
Norah no pensó mucho antes de correr tras de ellos también.
— El experimento era para hoy — recordó Max quedándose sin más opciones que correr también.
— ¡Corre, Norah!
— se burló Marco pasando a su lado — ¡Corre!
— ¡Cállate!
— mandó Norah.
Odiaba correr y mucho más con su mochila llena de libros.
Corrían con una velocidad diferente a la que lo habían hecho antes y el campo era lo suficientemente grande como para cansar a varios al cruzarlo, pero llegar tarde fue suficiente para lograr hacer que lograran atravesar todos sin problema.
Un pasillo cubierto unía la preparatoria con el campo y justo en el momento en que iban a correr por ahí, Abrill se dio cuenta de que Lucas y la pelirroja iban de regreso por los salones más adelante.
Se frenó de inmediato.
— ¿Qué pasó?
— le preguntó Aslan frenando frente a ella.
— No puedo dejar que ella me vea así.
— Ay, por favor.
Debemos correr, vamos tarde.
— No puede verme así — Aslan dio un vistazo al carrito vacío donde echaban la ropa sucia de los jugadores, no muy lejos de ellos.
— Si insistes — la cargó en su hombro y rápido la tiró ahí dentro.
— ¡Aslan!
— reclamó, pero sin ponerle atención, Aslan comenzó a empujar el carrito.
Parecía ir con un carrito de compras con Abrill dentro.
Los demás aparecieron detrás de ellos.
— ¡Quítate, Lucas!
— gritó Marco, para hacer camino.
Lucas se fue a un lado del pasillo y la pelirroja al otro por reflejo.
— ¿Qué están haciendo?
— preguntó Lucas al aire.
Todos siguieron dejándolos detrás y perdiéndose de sus vistas en una curva más adelante.
La chica le dio un vistazo como si buscara alguna explicación de su parte.
— Así que ustedes son de los raros de quienes escuché — dijo ella retomando su camino.
— No es para tanto — se defendió Lucas yendo tras ella.
— Según el físico de los chicos que te hicieron eso en la nariz, yo apuesto que sí.
Lucas se quedó en silencio.
CAPÍTULO III.
Bienvenida A Pensiwell.
Dos semanas después.
— He visto todas las señales, las miradas, la tensión — informó, acercándose más a él en el puesto de la mesa que compartían.
— ¿De quién se supone que hablas?
— respondió.
— ¡La pelirroja!
— reprochó —.
Presta atención, Max.
— Espérate — lo separó un poco con la mano —.
¿Estás intentando decir que tú, Marco, enamoraste a la pelirroja?
— Exacto — respondió sonriente, acercándose de nuevo.
Lo alejó otra vez.
— ¿Cómo puedes creer eso?
— Escuché un rumor gracias a Eliezer, y le pregunté según lo que he notado a Aslan y me dijo que estaba en lo correcto — se acercó.
— Llevas dos semanas detrás de ella, a veces literalmente la persigues, Marco — lo alejó —.
Además, ¿estás consciente de que el mismo que te dijo el supuesto rumor fue quien le partió la nariz a Lucas hace unos días?
— No lo digas tan alto — se acercó —.
Te pueden escuchar.
Yo no la persigo y sí, Eliezer no es de fiar, pero algunas chicas lo susurraron en algunas clases.
— ¿Quién nos va a escuchar?
— lo alejó —, no creo que nadie quiera escuchar de lo que hablamos, estamos en la mesa más alejada de todas — señaló alrededor.
Era normal que Marco hiciera drama con algunas cosas y que arrastrara a Max al comedor para decirle.
Aunque esta vez para Max, ya había perdido la cabeza.
— ¿Ahora también estás escuchando conversaciones ajenas?
Te recuerdo que Ibel y los otros no han venido a pagar cuentas, porque los profesores no nos dejan de vigilar — continúo Max —, y porque Leonard nos escolta en la salida.
— ¿Por qué contigo todo tiene que llegar a esa conversación?
Ese no es el punto.
— La acosas, un día de estos te golpeará — se cambió de puesto ignorando lo que había dicho Marco.
— Oye, si Aslan lo dice, es por algo — se levantó para seguirlo.
— No — lo interrumpió —.
Quédate de ese lado — Marco blanqueó los ojos antes de sentarse de nuevo —.
Aparte, no creo que sea una buena idea seguir los consejos de Aslan.
Sabemos cómo le fue con la única relación real que ha tenido.
— De todas formas, es el único que tiene “experiencia” con las chicas.
— Eso no es que me guste escucharlo.
— Viene hacia acá — dijo de pronto mientras intentaba mostrarse tranquilo.
Max volteó rápido para ver quién se acercaba, aunque en el fondo se podía imaginar de quién hablaba.
«Ahí viene la pelirroja Maximiliano, actúa cool» se aconsejó tragando hondo viendo a la nueva caminar en su dirección — Cuando la veo llegar, la imagino con Real Gone de fondo — mencionó Marco sacando a Max de sus pensamientos.
— ¿Ok?
— susurró Max frunciendo el entrecejo.
Volteó de nuevo hacia el sonriente Marco y trató de peinar su cabello con su mano.
— La primera impresión es lo que importa — susurró cerrando los ojos —.
Tú puedes.
— ¿Qué?
— interrogó Marco en voz baja.
— Nada — contestó resaltado.
— Este es mi momento — agregó Marco levantándose.
«Por favor no.
No lo arruines», pensó viendo a su amigo pasando a su lado.
Max era uno de los tres del grupo que no le habían dirigido la palabra a la nueva.
Aunque quería levantarse e iniciar una conversación, prefirió quedarse en su puesto y ver qué tal le iba a Marco.
Aquella pelirroja se le veía claro que era amargada la mayoría del tiempo, pero parecía tener un mal genio diferente esta vez.
La casual llegada del grupo de Ibel al comedor entre risas alarmó a Max.
«Todos…
están mirándolo», pensó Max, levantándose para ir detrás de Marco a detenerlo.
— Idiota — lo insultó ella dándole un rodillazo en la entrepierna.
— No puede ser — se dijo Max quedándose paralizado.
«Querían que esto pasara», llegó Max a la conclusión al ver cómo el comedor estalló en risas.
No hay que entender por qué las risas de los demás, en el mundo de dónde ellos, la desgracia de cualquiera por debajo es comedia.
Max finalmente se movió y se acercó a Marco, que se retorcía de dolor.
— Tranquilo…
— intentó calmarlo —.
Respira.
Sin agregar nada más, ella decidió irse del lugar.
Ibel sonrió feliz desde una esquina y consiguió poder ver a los ojos a la pelirroja.
Mantienen contacto visual por un fugaz momento donde Ibel se imagina aquella mirada en otras situaciones.
— ¡¿Quién demonios crees que eres?!
— protestó de repente Abrill por encima de las risas de los demás.
Se levantó de donde estaba y con furia se fue al encuentro de la pelirroja.
Lanzó su mochila cerca del grupo con el que estaba y comenzó a amarrar su cabello.
«No, no, no», pensó Max al notar las intenciones de Abrill.
Todo quedó en silencio, pero la nueva hizo como si no la hubiese escuchado.
— ¡Hablaba contigo, idiota!
— gritó de nuevo, ahora sí, teniendo su atención.
— ¿Cómo me dijiste?
— preguntó dándose vuelta hacia ella y quitándose la mochila de la espalda.
A unos cinco pasos de la nueva, Max logró alcanzar a Abrill antes de que esta le saltase encima.
— No es necesario llegar a esto — aconsejó sujetando a Abrill y alejándola de la pelirroja —.
Piensa, Abrill.
— No puedo pensar — respondió intentando escabullirse —.
Acaba de golpear a Marco.
Ella cree que puede venir y pisotear a quien quiere — siguió forcejeando — ¡Le voy a demostrar quién es realidad!
Todos corearon una burla en coro, buscando que la pelirroja respondiera con algún otro insulto.
En lugar de eso, buscó acercarse de manera amenazante.
— Por favor — pidió Max poniendo su mano frente a ella en forma de frenarla —, Tranquila — volteó de nuevo —.
Todos te miran, relájate.
Ya tenemos suficientes problemas con la dirección, que dirá tu madre, piénsalo — buscó convencer a Abrill.
Por fortuna, lo único a lo que parece temerle Abrill es a su obstinada madre.
«Mi mamá», recordó Abrill, bajando un poco la intensidad.
Dio un paso hacia atrás y aprovechó para arreglar su ropa.
En eso, su mirada se cruzó de nuevo con la de la pelirroja que blanqueó los ojos.
Como todos, Abrill también tiene defectos y cuando se encuentra molesta, es cuando deja ver la mayoría.
— ¡Eres una zorra!
— gritó antes de que la nueva se diese la vuelta.
— ¿Qué?
— se le escapó al nervioso Max, dando una mirada hacia atrás —.
Espera, espera, espera — insistió Max en un intento de frenar a la pelirroja que claramente no le haría caso.
Ambas, sin importar que Max estuviese en el medio, buscaron abalanzarse hacia la otra.
Antes de que la nueva lanzara su primer golpe, apareció Aslan detrás de ella, logrando tomarla por la cintura y levantarla para llevársela a la dirección contraria.
En medio de la disculpa de Aslan por tocarla, recibió un codazo en uno de sus ojos.
Intentó de la pelirroja por soltarse.
— ¡Oye!
— reprochó Norah siendo la siguiente en llegar, pero Kevin logró frenarla.
El berrinche de Norah hizo que Max se distrajera unos segundos y Abrill aprovechó ese mínimo momento para colarse y buscar la ventaja contra la distraída pelirroja que recién tocaba el suelo.
Logró agarrarle un mechón antes que Max la sujetara otra vez e intentará con todas sus fuerzas separarla.
Ella sostenía fuerte ese mechón, con eso arrastró a la nueva hacia ella.
En un ataque de euforia, la nueva se dio vuelta y arremetió contra Max (que se había puesto en medio de nuevo), pudo acertarle más de un golpe a Abrill y, claro, a Max.
Aslan la agarró de nuevo por la cintura, pero ella se sostenía ahora de uno de los mechones negros de Abrill.
— DALE, DALE, DALE — gritaban en coro los demás riendo y grabando.
Abrill optó por intentar jalar más cabello y al conseguirlo con fuerza tiró de él.
Lanzándola a las dos al suelo.
Se buscó montar encima de la nueva, pero ella rápido se levantó y empujó a Abrill contra una de las mesas llenas de gente.
Con velocidad la pelirroja se fue encima de ella y buscó darle más golpes.
Aslan de nuevo buscó frenarla y eso le dio chance a Abrill para que tomara una de las bandejas y se la pegara por la cabeza a la nueva.
Antes de que le diera otro golpe, Max se interpuso, pero parecía que la pelea apenas comenzaba.
Entre golpes, patadas y gritos, el tiempo pasó dando chance a que el director y algunos otros profesores llegaran para frenarlas o al menos intentarlo.
10 minutos después.
— ¿Alguien quiere decir algo?
— preguntó el director inclinándose en su silla de cuero — ¿Nada?
El director vio a la pelirroja que estaba en el lado izquierdo frente al escritorio: tenía su labio ligeramente roto y algunos moretones en la cara, en el cuello y los brazos.
Ella le dio un vistazo a Abrill: estaba en el lado derecho, con su cabello desordenado, un ojo entrecerrado, algunos moretones repartidos en su cuello y cachetes.
Abrill se percató de la mirada, pero prefirió ignorarla.
En su lugar, miró por encima de su hombro para ver si Aslan tendría algo que decir.
Él mantenía la mirada baja con hielo en el ojo donde la nueva le había dado el codazo.
— ¿Ni siquiera usted, Hirsch?
— le preguntó a Max.
Max subió la mirada dejando ver lo golpeado que salió de todo aquel conflicto, pero simplemente negó con la cabeza.
— Bien.
Ya hice una llamada para que la representante de cada una de ustedes — señaló con el lapicero a Gabriele y Abrill — venga en cuanto puedan.
Además de eso, ayudarán a sus amigos Heller y Thompson en la limpieza.
Con la diferencia de que ustedes van a limpiar el lugar de su desastre.
— ¿La cafetería?
— preguntó indignada Abrill.
— Exactamente, señorita, la cafetería.
Espero y lo disfruten esta próxima semana.
Los chicos, por otro lado, al parecer solo buscaron ayudar, así que se libraron esta vez — ninguno se atrevió a responderle —.
Esperemos y no haya ninguna próxima, pueden salir.
Las chicas se dieron la última mirada antes de que la nueva tomara de mala gana su mochila y se convirtiera en la primera en salir.
Afuera pacientes esperaban a Norah, Kevin y Marco, que se dieron cuenta de que la reunión había acabado al ver a la nueva salir molesta.
— Ella — susurró Norah dando un paso en dirección hacia la pelirroja.
— ¿A dónde vas?
— preguntó Kevin.
— A preguntarle cómo está.
Claro.
Un solo paso dio antes de que Kevin la jalara de nuevo hacia él.
La fuerza hizo que ella frenara contra su pecho, quedando muy cerca uno del otro.
Compartieron miradas confundidas e incómodos.
Siendo interrumpidos por la inesperada llegada de Lucas.
Se separaron rápido, tanto que no se notó ninguna situación fuera de lo común.
En ese mismo instante, los demás salieron de la oficina del director.
Lucas abrazó con suavidad a la angustiada Abrill.
— ¿Sabes lo que pasó?
— preguntó Aslan acercándose.
— El video está por todas partes — respondió —.
Marco — llamó a su concentrado amigo sin dejar de abrazar a Abrill —.
¿Qué pasó?
— Nada — contestó sin dejar de ver a la pelirroja.
— Te golpeó — le recordó Kevin.
Pero la atención de Marco se encontraba en aquella pelirroja.
«Me golpeó», pensó mientras sonreía levemente.
— ¿Marco?
— insistió Norah siendo interrumpida por un grito que llenó el pasillo.
— ¡¿Ele?!
— gritó un chico pelirrojo que pasó corriendo junto a ellos hacia la pelirroja.
— ¿Ele?
— corearon ellos.
— Su nombre es Gabriele, y Ele parece ser su apodo — aclaró Lucas —.
Taylor es Gabriele Taylor — todas las miradas se fueron hacia Marco.
— Qué casualidad — susurró Marco.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com