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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 40

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  4. Capítulo 40 - 40 CAPÍTULO TREINTA Y OCHO
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40: CAPÍTULO TREINTA Y OCHO.

40: CAPÍTULO TREINTA Y OCHO.

Se bajaron todos de los autos y juntos fueron caminando hacia la casa Thompson.

Hay un punto en la historia de todos en que sufrimos de alguna forma.

Para muchos, ese es el comienzo de una nueva fase de la vida.

Los inicios no pueden tener restos de la etapa que terminó.

Cuando nos aferramos a esos restos, el dolor se compacta y nace un sentimiento totalmente diferente.

En este caso, aunque el aire melancólico seguía rondando, sus caras mostraban el rencor que los consumía con cada mal recuerdo que los perseguía.

Tomarían los pedazos de corazón roto para clavárselos al causante de todo esto.

Por primera vez en mucho tiempo, los raros no huirían de su pelea.

CAPÍTULO TREINTA Y OCHO.

El Desaparecido.

— ¿Cómo se supone que haremos esto?

— preguntó Max leyendo uno de los documentos —.

Si realmente nos ve todo el tiempo, sabrá que hacemos todo el tiempo.

— No, no lo hace — respondió Lucas destapando el marcador que tenía en la mano —.

No todo el tiempo.

Los momentos que vio Marco, es porque él también estaba, eso nos dice que sea cual sea el lugar en donde está — Ele y Valentine entraron a la habitación de Lucas y se sentaron junto a Norah —.

Necesita a esas cosas.

— Pero eso quiere decir que el hombre que nos atacó — Valentine vio a Max y a Ele —, ¿no estaba siendo controlado por ese hombre?

— Quizás nos quiere hacer creer que no ve todo para que creamos que podemos pelear — opinó Max.

— ¿Y qué tal si son como una mente colmena?

— intervino Marco llevándose la mirada de todos en la habitación —.

¿No han visto Venom?

Kevin sonrió mientras Marco juzgaba a todos con la mirada.

— Marco, tiene un punto — agregó Kevin —.

Eso explicaría por qué en los momentos que vio, estaba la niña o la bestia — Marco señaló a Kevin aprobando a lo que dijo.

— Esperen, ¿Cuándo entraron a casa de Marco, se consiguieron con la niña?

— preguntó Ele.

Kevin y Marco miraron a Norah, que al preguntarse lo mismo, volteó hacia Lucas como los demás.

— No — Lucas se volteó hacia la pizarra —.

Pero sí, esa masa marrón.

— La misma que cubría al hombre — Ele asintió después de escuchar a Valentine.

— Tengo algo — cuándo iba a comenzar a usar el marcador, Will llegó apresurado con Martha —.

¿Sucede algo?

— Ibel quiere hablar con ustedes — informó Will recostándose del marco de la puerta —.

Le insistimos en que se fuera, pero no quiere irse.

Kevin bajó la mirada pensando en postularse para saber qué quería.

— Tomen asiento, que él espere todo el día si es lo que quiere — el timbre de la casa sonó.

Era extraño cuando ese timbre funcionaba, parecía que el timbre lo hacía adrede o cuando simplemente quería.

Ninguno quiso darle mucha atención hasta que sonó por tercera vez.

— Despertará a Gabriela — reprochó Lucas saliendo de la habitación.

Sin dudarlo mucho, los demás también fueron con él.

Bajaron la escalera uno detrás del otro y con curiosidad de lo que podría decir Ibel vieron a Lucas abrir la puerta.

— Lamento interrumpir su reunión — dijo el oficial Williams llevando su mirada detrás de Lucas —.

Parece que tiene muchos invitados.

Lucas controló los impulsos de cerrar la puerta de golpe y alterado miró detrás del hombre.

Otros policías esposaban a Ibel que intentaba soltarse y a Abrill, que lloraba desde dentro de la patrulla.

— Aunque — detalló las caras —, falta unos de ustedes.

Norah apretó el puño después de que el policía habló, una muestra de luto por parte de algunos de ellos sería el fin.

— Todos vendrán conmigo — sacó su arma de su cintura.

— Necesita una orden — se defendió Kevin por impulso.

Williams sonrió, ya se los había llevado antes y sabía que podía hacerlo, así ellos se resistieran o no.

Comisaría de Pensiwell.

— Las cosas han cambiado, ¿no cree?

— Williams se cruzó de brazos —.

Paso de ser un lindo pueblo, a un lugar donde murió todo un hospital de más de cien personas en una noche.

Lucas levemente detalló la habitación y notó que esta vez solo estaban ellos.

Detrás de aquel espejo, estaba todo el equipo de investigación por parte de Williams y el único representante de la policía local, Junior, que ya estaba más asustado con todo el asunto.

Las órdenes del alcalde a la policía habían sido claras, dejar que el nuevo cuerpo de oficiales se encargara de todo, pero para no levantar sospechas se mantuvo cerca en todo momento sin prestar atención.

— Pero tu amigo sobrevivió y fue a pasar un rato a tu casa como si nada hubiera pasado.

¿Por qué?

— ¿Qué pasó en el hospital?

— Williams con una mirada cansada respiró profundo y se giró para sacar de su maletín los expedientes de los cuerpos del hospital.

Tiró los papeles sobre la mesa, detenidamente le explicó sin muchas ganas lo que habían conseguido.

Era frustrante para él, tuvo que hacer eso con todos ellos.

Se había confiado en que por separarlos y sorprenderlos no tendrían una excusa preparada.

Pero habló de más en el camino subestimando la astucia de los chicos.

Decirles que quería hablar con ellos le dio la oportunidad a Kevin de decir frente a todos que no sabía nada.

Los hizo ver como sospechosos en ese momento, pero en esa habitación se dio cuenta de que ellos ya lo eran y por esa razón estaban ahí.

Un detalle que se le escapó.

— Marco llegó solo a casa, me asusté y olvidé llamar a la policía — terminó de explicar Lucas —.

Entiendo que hice mal.

Pero Williams tenía aún una forma de exponerlos fácilmente sin necesidad de recurrir a sus métodos de confianza.

— Cuándo llegaste a casa de Thompson, ¿Quiénes estaban ahí?

— Abrill tragó y aunque no tenía mucha cabeza para pensar en una buena respuesta en ese momento, pudo responder.

— Llegué con Ibel, ya estaban todos ahí — Williams pasó su mirada a los papeles.

Solamente requería que a ellos se les escapara un detalle y sabía exactamente con quién tendría que ir.

— ¿Cómo saliste de ese hospital?

—Fue directo con Marco, con eso logró aterrarlo un poco.

— Me dieron de alta — miró su yeso —.

No estuve ahí cuando sucedió.

— Y decidiste ir directamente a casa de tu amigo, en lugar de ir a casa.

Marco dejó de mover la pierna y se concentró en lo que diría.

— Ahí fue donde me atacaron, ¿por qué volvería?

—Contrario a lo que pensó, parecía que Marco no sería presa fácil.

— Quizás fui insensible, tienes razón.

Pero, ¿Qué hay de tus padres?

La pérdida de su madre dolía demasiado todavía.

Así que duró algunos segundos preparándose para lo que iba a decir.

Williams no le quitó la mirada de encima, disfrutaba verlo pelearse consigo mismo.

— ¿Algo que quieras decir?

— insistió.

— Es normal que desaparezcan — se quitó una lágrima del ojo —.

No pensé en que les importaría.

El policía sonrió.

— Sabes, pensé que las muchas demandas que habías traído en contra de tu padre — notó cómo esa palabra desagradó a Marco —, por violencia doméstica era porque te preocupaba tu madre.

Ya veo que simplemente no te agrada.

Sintió las ganas de golpear la mesa y gritarle lo poco hombre que había sido su padrastro.

Era eso justo lo que quería Williams.

— Respirar es importante — recordó las palabras de Abrill tratando los problemas de ira de Aslan —.

Pero lo que verdaderamente tienes que aprender es cuándo tienes que hacerlo.

Marco apretó sus dientes y aunque no contuvo algunas lágrimas, no dijo nada.

— Bien, entonces, ¿Cómo saliste del hospital?

— preguntó Williams buscando algo en su maletín.

Desconcertado, Marco se quedó pensando por un breve tiempo.

La información que conocía intentó salir de golpe y tartamudeó antes de responder.

— Me dieron de alta — logró decir sabiendo que pudo haber arruinado su mentira.

— Entonces, ¿no lo viste al salir?

— puso la foto de Aslan con un golpe en la mesa.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Miró la foto y luego lo miró a él, acaso las cámaras del hospital habían revelado todo.

Sin mucho que decir, se quedó viendo la foto ensangrentada.

— ¿Qué le sucedió?

— fue lo único en que pensó, y las lágrimas por la foto confundieron al oficial.

— Él y yo esperábamos que ustedes nos dijeran — se levantó y agarró la foto.

— ¿Quién es él?

— preguntó Marco viéndolo ir a la puerta.

— Alguien que quiere hacerles una pregunta a todos — lo invitó a salir de la habitación.

Se imaginó lo peor en camino a la puerta principal, pero nunca pasó por su mente ver al tío de Aslan en esa posición.

— ¿Dónde está?

— preguntó a todos el tío de Aslan.

Ninguno respondió.

En cambio, se mantuvieron serenos lo que más pudieron, hasta que el señor no aguantó más y comenzó a gritarles.

No quiso dejar hablar a ninguno.

— Dijo que estaría con ustedes, ¿Qué hicieron con él?

— insistió el señor Heller que con un enorme dolor recibió la foto por parte del policía.

Finalmente, comenzó a llorar por la frustración.

— ¡Respóndanme!

— mandó, mientras que Williams en privado daba la orden para dejar acercar a los periodistas.

— No sabemos nada… — ¡Mientes!

— interrumpió a Lucas que había reunido todas sus fuerzas para poder hablar —.

Aslan se fue con ustedes — le enseñó la foto —.

Pero ahora solo está esto y un hospital lleno de su sangre.

Norah no pudo contenerse más y comenzó a llorar, al mismo tiempo, las paredes de cristal de la comisaría se llenaron de cámaras.

— Sáquenlos de aquí — mandó Junior apuntando con su dedo a los periodistas curiosos.

Junior entendió por la mirada de Williams, esa es la forma en que les sacaría alguna información importante para él y sintió lástima por ellos.

Los policías de manera formal corrían a la prensa cuando un auto de policía aparcó al lado de un carro naranja al otro lado de la acera.

Kevin con cierta ilusión miró entrar a Leonard al lugar.

El hermano mayor de los Lamber se fue de manera agresiva hacia Williams, pero Junior lo frenó antes de que hiciera una locura.

— No es nadie para traerlos aquí sin ninguna razón — le discutió mientras que por su lado, al tío de Aslan lo llevaban con forcejos a una sala diferente —.

Ellos no harían algo como eso.

— Lo veo muy seguro — se acercó Williams —, ¿tiene pruebas para mostrar eso?

Junior no se quitó del medio.

— Pensé que eso de tener pruebas no era lo tuyo — sus miradas se fijaron encima del otro.

— No debo explicarte cómo tienes que hacer tu trabajo — negó con la cabeza.

La mano de Leonard se movió de manera salvaje a su cintura.

La respiración de todos se detuvo por segundo y la mano de todos los oficiales fue a sus armas.

Junior lo apartó con un golpe en el pecho y sacó su arma para apuntarlo.

Cada momento estaba siendo tomado en cámara por las personas afuera.

— Tranquilo — pidió Junior a Leonard que terminó por meter su mano en el bolsillo de su pantalón.

— Lo estoy — sacó su celular y con su huella desbloqueó la pantalla.

Mostró una foto de Kevin frente a la puerta de casa de Lucas, donde él mismo le decía que estaba esperando que le abrieran la puerta.

Esa foto fue enviada mucho antes de que sucediera la masacre del hospital, pero por golpe del destino la foto llegó después gracias a la mala cobertura en la nueva casa de Leonard.

El mayor de los Lamber sabía que algo grande se traía entre manos Williams y su gente, desde que robó los documentos donde aparecían muchos más casos que los que conocía la policía local.

Casos diferentes y con patrones extraños.

El “caso para principiantes”, como lo presentó Williams, parecía irse de sus propias manos y según las suposiciones de Leonard estaba buscando a alguien para hundirlo con todo y caso.

Ahora, según él, lo había conseguido en su hermano y sus amigos.

— Eso no prueba nada más allá de la inocencia de tu propio hermano — aclaró Williams.

— Dime, ¿alguno te ha dicho que estuvo al menos cerca de ese hospital?

— insistió —.

No tiene pruebas que refute esta.

— El testimonio de Heller dice algo diferente — respondió seguro.

— ¿Darás un veredicto por un testimonio de un familiar?

— levantó ambas cejas —.

No tengo que decirte cómo debe ser tu trabajo.

Las palabras de Williams no habían comenzado a salir de su garganta cuando dos autos se frenaron de golpe afuera.

— ¿Papá?

— se le escapó a Ibel.

— ¿Pretendes dejar libre a potenciales sospechosos?

— regañó Junior tomándolo de la camisa.

— Lo hemos hecho con culpables — le respondió Leonard al mismo tono de voz.

— ¿Estás en problemas?

— le preguntó Abrill.

— Nos salvamos, de hecho.

El padre de Ibel movió a sus guardias de seguridad para que todas las cámaras dejaran de grabar en ese instante.

Y aunque todos sabían que iba a sacar de ahí a quien quisiera, Williams había conseguido montarles un peso a los chicos que, si llegaba a caer en algún momento, los destrozaría.

De vuelta en la casa Thompson, los chicos se encontraron con un panorama anormal, que era algo que unos pocos pudieron verse venir.

— ¿Unirte a nosotros?

— Ele mufó —.

¿Lo dices en serio?

Ibel asintió.

— Los saqué de ese problema, es lo menos que podrían hacer.

— No estamos fuera de ese problema — respondió Max —.

Caminamos ahora por una cuerda floja.

— Después de todo lo que hiciste, ¿crees que puedes venir a exigirnos eso?

— se sumó Norah.

— Los entiendo, pero… — ¿Entendernos?

— interrumpió Lucas —.

Eres un desgraciado que solo ha estado para arruinarnos el día por muchos malditos años.

— Preferimos pudrirnos en la cárcel — agregó Marco.

Martha, Will y Valentine estaban dentro de la casa escuchando la conversación en silencio.

Aunque en ciertas ocasiones miraban cómo Kevin se mantenía callado junto a ellos también, como si intentara esconderse del dilema.

— Si eso es lo que quieren, puedo conseguirlo — sacó su celular.

— Ibel, ya déjalo — pidió Abrill —.

No tiene por qué llegar a eso.

Ibel los miró.

Pensó en algún momento que eso los asustaría, pero, en cambio, ellos se quedaron esperando que llamara.

— Oigan, sé qué he hecho y conozco poco o nada de ustedes.

Pero, sé algo, y es que todos nosotros estamos sumergidos en esta mierda quieran o no.

La policía está atrás de ambos y el culpable de todo esto nos ha quitado amigos.

Las palabras resonaban en la cabeza de los de adentro, de alguna forma tenía un punto para ellos.

Pero para los chicos que habían vivido muchas más cosas de las que se pueden recordar, sus palabras eran nada.

— Eres libre de ir en su búsqueda — contestó Lucas —, déjanos en paz.

Buscó cerrar la puerta, pero Ibel la detuvo con su mano.

— No lo hemos enfrentado, sé que ustedes sí.

¿Ganarle no es la prioridad?

— Si no te has dado cuenta, lo único que hemos hecho es perder — miró a Abrill antes de cerrar la puerta por completo.

— Mierda — se quejó Ibel.

— Vámonos a casa — aconsejó Abrill —.

No tiene caso.

— No podemos hacerlo sin ellos — se dio la vuelta y fue a su auto.

Abrill, confundida por sus palabras, miró por última vez la casa de Lucas.

Aunque sintió un impulso por tocar, prefirió irse de una vez por todas.

Esa noche, en alguna parte de Pensiwell.

— ¿Tenemos un plan?

— interrogó Martha después de ver la casa y mirar la pistola de agua.

Will miró el juguete y ambos se vieron a los ojos.

— Eso creo — se bajaron del auto.

Detrás de ellos, llegaron Norah y los demás.

— Esto no me da buena espina — comentó Valentine tan nerviosa que sus manos temblaban.

Max miró la calle y recordó que fue ahí la primera vez que llegó a tener contacto visual con la que para ese entonces era una inalcanzable pelirroja.

Ele veía aquel cuervo picar la ventana como de costumbre y por fin encontraba una razón para que los cuervos se comportaran así.

Entendió también por qué aquella vez esa mujer apareció de pronto frente a ellos.

Miró a Max, lo notó nervioso, así que optó por tomarle la mano.

Él la miró y ella asintió.

— Aquí todo empezó — dijo Lucas viendo a la casa.

Norah encendió su linterna —.

Ya es hora de que todo termine.

Ahí dentro puede estar esa niña esperando por nosotros — Marco se apretó con cuidado las vendas que cubrían el lugar donde estuvo el yeso —.

Eso significa que él también sabe que estamos aquí, no se separen, no se despeguen del plan y recuerden que ahí dentro no podemos confiar en lo que veamos.

Apagaron los autos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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