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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 41

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  4. Capítulo 41 - 41 CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE
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41: CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE.

41: CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE.

Horas antes de ir a casa de la niña.

— Tengo una idea — las miradas fueron al pizarrón —.

Si la idea de Marco es correcta, eso quiere decir que hay una forma de terminar con todo esto.

— ¿Me recordáis cuál fue su idea?

— preguntó Martha.

— Él habló sobre una mente colmena — explicó Norah.

— ¿Y eso es?

— siguió.

— Tiene varios significados — Lucas fue haciendo un círculo grande en la pizarra mientras Max hablaba —, en la ciencia ficción, se asocia con seres que comparten una sola conciencia, eliminando la individualidad para lograr un propósito común — Lucas dibujó varias líneas que salían del círculo —.

Pero, en términos generales, son muchos individuos trabajando por el mismo propósito; se considera que funcionan como una sola mente.

— ¿No es lo mismo?

— opinó Valentine a la explicación de Max.

— De cierta forma — respondió Lucas —, pero no se tratan de la misma forma.

Miren aquí — todos lo siguieron —, si es una mente colmena como en el primer ejemplo de Max, si acabamos con la cabeza — dibujo una equis enorme encima del círculo —, no habrá más individuos.

— Lo que en este caso son la bestia y la niña — agregó Kevin.

— Pero no sabemos dónde está la cabeza — opinó Will.

— Él no viene por nosotros por alguna razón.

Lo dije antes, son sus ojos y cuerpo, sin ellos, es posible que no sea más que una mente macabra en algún punto de la existencia — aclaró Lucas.

— ¿Tu plan es quitarles a sus agentes?

— interrogó Ele buscando entender.

Lucas asintió.

— Ok, ¿Qué tiene diferente con el segundo caso?

— quiso saber Martha.

— En el segundo caso, no importa si acabamos con el que dirige todo, los monstruos seguirán en lo suyo — dijo Max.

Por un momento hubo silencio.

— Pero, aun así el plan de Lucas sigue siendo bueno — agregó Marco —.

El parásito está en todos, esa debe ser su conexión.

Si matamos a los monstruos, la cabeza quedaría sin recursos.

— Se mete en nuestras cabezas, puede acabar con nosotros cuando quiera — refutó la pelirroja.

— ¿Por qué no lo hace todavía?

— Ele pensó por un momento.

— ¿Diversión?

— respondió a la pregunta de Lucas.

— No, debe haber algo más.

No ha metido a muchas personas en un mismo sueño.

— Si controla a los fenómenos, entonces su poder se divide en tres — soltó Marco —.

Eso lo limita.

Todos asintieron lentamente pensando en la posibilidad de algo como esto.

Después de todo, la niña parecía ayudarlo a debilitar los cuerpos para que él hiciera lo que quisiera con las mentes de las víctimas y, en el hospital, la bestia no los atacó hasta que intentaron salir.

— Marco tiene razón — Kevin se levantó con un documento en la mano —.

Esas lágrimas rojas que vimos antes aparecen en otros casos, pero todos tienen moretones y heridas graves.

La niña estuvo en todos los atentados del tipo de las pesadillas.

— Me gusta ese nombre — mencionó Marco.

— Entonces, los demás cuerpos destrozados son por la bestia — Max también miró los papeles.

Lucas de manera brusca salió de su habitación desorientando a todos.

Norah, que se había mantenido callada pensando en si hacían lo correcto, fue la primera en salir detrás de él.

Thompson abrió de golpe el cuarto de su hermana y comenzó a menearla con fuerza.

— ¿Lucas?

— aunque Norah llegó antes que los demás, fue Kevin quien habló primero —.

¿Qué pasa?

— Despierta, Gabriela, por favor — se pensó lo peor por parte de los chicos.

— Lucas — lo llamó Norah, él con las manos en la cabeza se volteó histérico hacia ellos — ¿Qué sucede?

— Los golpes — señaló a su hermana que inmóvil yacía en la cama —.

Si la niña ataca a las víctimas de él, para que pueda entrar a sus mentes, eso explica por qué Arianna sigue en el hospital, porque Marco duró tanto en cama… — Él la tiene — entendió Max.

Saliendo con su celular en mano.

Lucas comenzó a llorar.

Se sentía un idiota al no notar antes el tiempo que tenía sin escuchar a su hermana despierta.

Entendió quién había atacado a su hermana esa noche y para qué.

— ¿Puede estar jugando?

— preguntó Will en voz baja.

— Yo no lo hice — le contestó Marco en voz alta para que Lucas pudiera escucharlo —.

No jugué en todo mi tiempo en el hospital, pero no es que sea mejor.

— Debemos hacer algo ahora — dijo Norah levantando a Lucas —.

Antes de que sea tarde.

— ¿Cómo no me di cuenta?

— se torturó Lucas.

— Lucas — lo llamó Kevin —, hay que buscar a los monstruos.

Solo así podremos salvarla.

Lucas la miró de nuevo.

Recordó las muchas veces que la veía despertar como si dormir le molestara.

— Quiero estar solo un momento — los demás entendieron y se marcharon.

Nuevamente, Lucas se inclinó hacia su hermana y, con un pesar enorme, sujetó su mano y con la frente sobre ella le pedía internamente que se despertara.

— Es su única familia, ¿cierto?

— Sí — respondió Norah a la pregunta de Martha.

— ¿Qué pasó con sus padres?

— El padre de Gabriela murió en 1992.

Nadie sabe por qué, pero eso afectó de una manera enorme a la madre de Lucas — Martha era la única que veía a Marco contar la historia —, aun así, consiguió enamorarse tiempo después del padre de Lucas y murió por una sobredosis de sus medicamentos frente a él — ella cerró los ojos lamentándose por Lucas —.

Su padre lo amaba, pero tiempo después también desapareció.

Ella y nosotros somos la única familia que le queda.

— Por eso actuaba así desde el principio — dijo Ele.

— Lucas teme que, por culpa de otro loco suelto, su familia desaparezca — aclaró Kevin —.

Culpa las muertes de 1992.

Aslan decía que él hacía eso porque en el fondo se cansó de culparse a sí mismo — miró los documentos —.

Aslan lo entendía.

— No es momento para sentirnos mal por él, debemos ayudarlo y resolver esto de una vez por todas — opinó Norah tomando documentos del suelo y entregándoselos a todos —.

Busquen indicios en la muerte en la que creemos que la niña estuvo y con el mapa que tengo en mi celular — recordó a quién le pertenecía —.

Conseguiremos esa cosa.

La mayoría comenzó a leer, pero había algo que aún mantenía a Martha intranquila con el plan.

— Si resulta ser que esa mente colmena es como el segundo caso, matar esas cosas lo liberaría.

¿No es eso peor?

Norah sintió cómo las miradas caían en ella.

Era una pregunta muy difícil de responder para ella, no porque no la entendiera, sino porque Martha tenía razón y en la hipótesis en la que basaban su salvación, se iba por el caño.

— Nos arreglaremos con eso después — le dio un documento a ella también.

Se sentó a leer, pero no dejó de pensar en lo que ella había dicho.

Podían estar cavando su propia tumba.

CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE.

Round 2.

Después de que confirmaran los casos de la niña, vieron el rastro que dejaba.

Se dieron cuenta de que si unían con una línea las ubicaciones en las que estuvo seguía una calle en específico que atravesaba el pueblo entero.

Entonces, guiándose por su último ataque y las fechas de los demás, dieron con la ubicación del primero.

Las fechas de los asesinatos eran distantes, pensaron que ella necesitaba descansar en alguna parte lejos de las personas, por eso no podía estar cerca de casa de Marco, pero eso les dejaba con un montón de posibles lugares.

— ¿Qué haremos si no está?

— quiso saber Max antes de que siquiera se acercaran.

Ya no solo Lucas tenía la presión de levantar a alguien más, en esa llamada que hizo horas antes confirmó su peor miedo, Mac no despertaba.

Por alguna razón que desconocían, el sujeto de las pesadillas parecía ir por los únicos sobrevivientes en sus ataques anteriores.

— En teoría no debería estar aquí — Norah dio el primer paso hacia la casa —.

Pero que aquí haya sido su primer encuentro con algo fuera de lugar, y que algunas casas más allá haya sido su primer ataque, nos da una posibilidad de que este lugar tenga algo que ver.

Valentine se volteó y vio a Kevin quedarse un poco atrás.

— ¿Todo bien?

— Kevin guardó su celular en cuanto la sintió cerca.

— Sí, confirmaba que mi hermano no estuviera patrullando y que papá no estuviera preocupado — encendió su linterna —.

Andando.

Ella pensó en que podía mentirle, pero también pensó en que no era el momento para pensar así.

Se dio la vuelta y fue tras él.

Marco se acercó a la puerta y con curiosidad la analizó, se acordaba de verla antes, pero supuso que era gracias al camino de regreso de la prepa.

— ¿Cómo vamos a entrar?

— Kevin quiso mostrar que estaba ahí también.

— Por la puerta — Marco giró la manilla.

— No va a estar abierta — la puerta se abrió y Marco de inmediato volteó para sonreírle —.

Claro, está abierta.

— Ella está aquí — dijo Ele llegando hasta la puerta.

— No son las mejores palabras para comenzar — ella se quedó junto a Marco frente a la puerta.

— Mantente atento — le aconsejó a Marco y entró.

— Sigue siendo una obstinada — susurró mientras los demás iban pasando.

Él fue el último en entrar.

Le echó una mirada a la calle solitaria y cerró la puerta después de suspirar con nervios.

La casa era más grande de lo que se creía.

La sala de estar te daba la bienvenida y se paraba en dos pasillos: uno a la izquierda, para ir a una biblioteca ambientada para pasar la tarde con juegos que cubría la mitad izquierda de toda la casa, a la mitad de la misma estaba un baño y al final de la habitación en la pared derecha estaban las escaleras para subir a los cuartos.

El pasillo de la derecha te llevaba directo a la cocina y al comedor.

El lugar era oscuro, estaba vacío y en las paredes se vio el deterioro por el que estuvo pasando.

— ¿Nos dividiremos?

— preguntó Max cuando notó cómo Lucas alumbraba ambos pasillos.

— Al diablo con eso — intervino Will —, no tenemos prisa, podemos ir juntos todos por el mismo pasillo.

— Tiene razón — dijo Lucas decidiéndose en ir al pasillo izquierdo —.

Sería una idiotez.

Max y Valentine suspiraron con alivio.

Al entrar a la biblioteca, les tomó por sorpresa ver que a diferencia de la primera sala no estaba vacía.

Había un escritorio frente a ellos rodeado por alacenas llenas de libros.

Se adentraron y con sus linternas todos alumbraron hacia la otra parte de la habitación y notaron lo amplia que era.

Sin darse cuenta, se fueron esparciendo por todo el lugar curiosos por las cosas que había, desde cuadros llenos de polvo en las paredes, hasta la mesa de futbolito que aún tenía su pelota.

Will y Marco se quedaron viendo el futbolito.

Marco movió una barra y golpeó el balón con un muñeco, Will rápidamente buscó frenar el balón con el arquero, pero la barra estaba atacada y en lugar de impedir el gol hizo un ruido fuerte.

Asustados, los demás voltearon en su dirección y alumbraron a ambos.

— Lo siento — se disculpó, mientras que Marco sonreía.

— No creo que la policía no diera con este sitio antes que nosotros — opinó Martha mientras desempolvaba un libro.

— Si lo hicieron, ¿no significaría que han dejado que ella esté libre por el pueblo?

— preguntó Valentine.

Marco notó que detrás de la alacena había una radio.

Recordó que su tío tenía una igual, así que comenzó a buscar la forma de sacarla.

— La policía no lo ve como un solo caso, lo ve como muchas muertes de un mismo asesino — explicó Lucas.

Levemente, Marco, movió la alacena con mucho cuidado para no tumbar todo al suelo.

— Son policías en algún punto tuvieron que pensar en esto — Ele volteó hacia ellos para participar en la discusión.

— Es obvio que ellos quieren algo de todo esto, y siendo sincero, no creo que detenerla sea una prioridad — al finalizar las palabras de Max, Marco logró tomar la radio para mostrársela a todos.

— Chicos — escucharon el llamado de Marco y voltearon todos a donde debió estar Marco, para su sorpresa no había nadie.

La luz de sus linternas ya no llegaba hasta el final de la habitación, y las alacenas eran mucho más altas.

— ¿Marco?

— llamó Max yendo en esa dirección rápidamente.

— Esta no es la casa — vociferó Will alumbrando a todos los rincones del nuevo lugar —.

¿Dónde estamos?

Kevin bajó la mirada y recordó un momento similar, miró a Lucas y él lo miró de la misma forma.

— Agrúpense — mandó Lucas.

— ¿Qué sucede?

— quiso saber Norah siguiendo la orden.

Max entendió qué sucedía y siguió la orden.

— Chicos, Marco se quedó solo — dijo después de voltearse hacia ellos.

— ¿Solo dónde, Max?

— interrogó Ele.

Una luz blanca los bañó desde arriba.

En cuanto subieron la mirada, notaron una pantalla con letras conocidas para algunos de ellos.

— Bienvenidos a la tarde juegos — leyó Kevin.

En cuanto los chicos cayeron al suelo, la radio que Marco sostenía se encendió.

Del susto la tiró al suelo y de inmediato fue hacia el que más cerca tenía.

Intento despertarlos a uno por uno, pero no estuvo ni cerca.

— Will, amigo, vamos — su mente buscó de manera desesperada una solución y lo primero que le pasó por la mente fue echarle agua en la cara.

No funcionó —.

Mierda.

— Marco — dejó de respirar por un momento al escuchar la voz, era de nuevo esa voz, era ella —, acompañame, Marco.

Con los ojos llorosos miró el cuerpo de los chicos tirados en el suelo.

Se sintió atrapado, sin salida y sin ninguna ayuda.

Su corazón se descontroló al recordar esa noche.

El recuerdo de ella se hizo vivo.

— Chicos — sollozó —, despierten, por favor.

— Ven, Marco — siguió la niña —.

He vuelto por ti, cariño — escuchó la voz de su madre.

Los recuerdos con su madre le quemaron el alma.

Sabía que de cierta forma esa cosa tenía algo que ver, gracias a esa niña su madre había muerto.

Ahora, estaba la vida de sus amigos en peligro, lo último que tenía.

Era su vida o ellos, él lo sabía y la niña también.

Miró a Will y, en plena crisis de pánico, apretó con fuerza el mango del bate que llevaba en la espalda.

Sintió esa frustración de siempre estar atrapado, de siempre ser la presa y por una fracción de segundo sintió asco de sí mismo.

— Marco — junto al llamado se escucharon pisadas en el piso de arriba —.

You miss me?

Marco miró la cara de todos otra vez, se sintió solo, pero sabía que no lo estaba.

Debía hacer algo, llorar y darse por muerto no era en lo que estaba pensando.

— No sé inglés, maldita — soltó el bate y tomó el cuerpo de Will, lo arrastro hacia los otros y así hizo con los que más lejos estaban hasta amontonarlos.

— Marco — los pasos se frenaron y las luces de las linternas comenzaron a fallar, excepto la suya.

Él sacó el bate y guardó en su cintura la pistola de agua.

Alumbró hacia la puerta de las escaleras e irónicamente vio ojos brillar por la luz.

La radio comenzó a cambiar de músicas al azar, hasta que finalmente dejó sonar una.

Un pop setentero rebotó por toda la habitación.

De una esquina, la niña buscando por fin acabar con la presa que se le escapó y así cumplirle a su orgullo de cazador, en la otra, el sobreviviente harto de temerle a su depredador, listo para darle pelea.

— Gimme, gimme — Marco para tranquilizarse un poco tarareó la canción, mientras que lentamente se alejaba de los chicos.

En un instante la niña corrió hacia él.

Tiró al piso con todo lo que chocó.

Marco apretó el bate y al sentirla cerca lanzó al aire un grito de euforia.

— Para ganar esta vez — continuó Kevin —, tendrán que hallar la salida de la biblioteca y llegar a ella mientras sea su turno de esconderse.

Mientras les toque buscar, no pueden hacer más que eso.

Su contrincante será “Jimmy” — una luz en el fondo alumbró a un pequeño muñeco de trapo que les daba la espalda —.

Recuerden, el tiempo es su mayor enemigo — un reloj enorme de aguja sonó de fondo —, y doce campanadas es el límite que les da.

Disfruten del juego y diviértanse, todo es permitido.

Sean bienvenidos a… las escondidas.

Más faros se encendieron con una luz tenue y constante.

Todos pasaron su mirada de la pantalla al reloj en lo alto de una pared hasta al muñeco de trapo.

— Mierda — dijo Max tan asustado cómo la vez anterior.

— ¿Qué se supone que hagamos?

— Martha se escuchó histérica en su pregunta.

— Seguir lo que dice — Lucas se pasó una mano por los ojos y se volteó hacia ellos —.

Sé que es muy difícil de creer y de entender, pero Marco está ahí afuera solo y no puede estar así por mucho tiempo.

La vez pasada no nos fue bien — miró a Kevin agachado llorando en una esquina —.

Pero tenemos una segunda oportunidad y perder el tiempo no es opción.

— Es un muñeco de tela — señaló Will —, sí, es grande, quizás nos llega a la cintura, pero no deja de ser un muñeco normal — Lucas asintió y un timbre los aturdió.

— Estaba contando — mencionó Max.

Se agruparon para ver qué hacía el muñeco, cuando de pronto se levantó y comenzaron a sonar sus articulaciones.

La risa de un niño salió de todas partes y el reloj comenzó a correr.

— Listos o no, ahí voy — se escuchó decir al pequeño Jimmy que de golpe volteó hacia ellos.

Horrorizados por el rostro humano que tenía cosido a la cara, se dieron cuenta de que tenían que irse de inmediato.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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