El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 42
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42: CAPÍTULO CUARENTA.
42: CAPÍTULO CUARENTA.
Los pasillos eran extensos y las alacenas eran más altas de lo que normalmente son.
Pudieron notarlo al andar corriendo sin rumbo entre los pasillos.
— ¿Qué pasará si nos alcanza?
— preguntó Ele, ya atormentada por la pregunta.
— No queremos saberlo — respondió Lucas siendo el guía.
Aunque no sabía ni siquiera él a dónde les guiaba.
Pensar en esa situación era necesario y difícil a la vez.
Aunque ya por la mente de varios tomaba vida la idea de que no estaba de todo claro, habían faltado reglas y más detalles.
Para esos, parecía más un juego hecho a las desesperadas, una distracción tal vez.
En la cabeza de Max aún resonaba la frase de: “todo está permitido”.
Sabía que nada bueno podría salir de una declaración así, temía que tuviese razón.
Cruzaron una esquina más adelante que les guardaba una sorpresa.
Otro muñeco con camisa roja se le lanzó encima a Lucas y cayeron juntos al suelo.
Impaciente buscó apuñalarlo con un pedazo de vidrio roto.
Will, que no tuvo tiempo para pensar, lo pateó y logró quitárselo de encima.
— ¿Otro?
— dijo Kevin levantando a Lucas mientras veían el muñeco ponerse en pie.
Antes de que alguno lograse decir algo.
Desde la alacena que tenían al lado comenzó a subir otro con camisa verde, buscaba llegar hasta la cima de una manera frenética.
— Ostia — exclamó Martha, al dejar que su curiosidad la llevara a ver a la cima de la alacena, descubrió que dos más esperaban por el verde.
— Son muchos más — respondió Ele dándole de empujones a Lucas que ya estaba de pie.
Se fueron por el pasillo frente a ellos con todos los nuevos muñecos saltando de alacena en alacena por encima de ellos.
Ya a todos los demás las preguntas los habían abordado, cegados y ahogados.
Corrían en automático, su cabeza había entrado en crisis y, superados por el miedo, era presa fácil para la situación.
Sin embargo, Kevin y Max sabían que nadie más podía morir, y que para que eso se cumpliera tenían que hallar una salida.
Un libro cayó por delante de ellos, en cuestión de segundos estaban cayendo libros a su alrededor, al voltearse se dieron cuenta de que uno de esos muñecos había logrado derribar una de esas alacenas, la cual caía a toda velocidad en su dirección.
— Mierda — exclamó Will pensando que su pierna herida podía ser impedimento, pero al darse cuenta de que podía avanzar sin preocupaciones, uno de sus muchos problemas se resolvió.
Más de un libro logró darles un buen golpe a todos, pero no fue lo suficiente para detenerlos.
Hasta que finalmente la alacena tocó a otra, en efecto dominó todas, se fueron yendo abajo a unos cuantos pasos de ellos.
Marco levantó un libro del suelo para después usarlo como proyectil a la niña, que se deshizo de él con su mano antes de que se acercase.
Más de un atentado inútil había lanzado Marco.
El fenómeno, como lobo hambriento, se le lanzó encima otra vez.
Por suerte y velocidad, pudo usar el bate como escudo para que sus manos no se clavaran en su pecho.
Su espalda chocó contra una pared y antes de que la niña buscase morderlo, pisó el pie de la niña y pateó su rodilla.
Logró desequilibrarla y sacársela de encima.
Tuvo la oportunidad de atacarla, y sin ánimo de malgastar un minuto, apretó el bate, se hizo de toda su fuerza y golpeó la columna de la niña dos veces hasta que esta se volteó de golpe, usó el único ataque que se sabía, embestir.
Marco se lanzó hacia un lado.
Pudo rozarlo, pero no lo llevó con ella hacia la otra pared donde tumbó todo lo que había al darse de frente.
Él se levantó y, asustado, preparó otro golpe.
Esto la frenó de golpe, de alguna manera había entendido que podía ser superada por él.
Miró a los chicos y velozmente se fue hacia sus cuerpos.
Marco actuó, no pensó lo suficiente antes de seguirla.
Así que la niña aprovechó, se volteó en el momento menos esperado y en un giro del destino, terminó ella apretando el cuello de Marco.
El aire comenzó a escasear, las ideas iban desapareciendo con él.
El brazo de ella era más largo que el suyo, así que sus ataques no lograban darle de lleno.
En cuestión de segundos, las cosas comenzaban a tonarse oscuras.
Lucas se levantó y giró la cabeza para asegurarse de que ninguno había sido aplastado.
— ¿Chicos?
— de pronto el muñeco de verde salió por detrás de él y logró clavarle en el estómago un tenedor —.
¡Mierda!
— gritó y por impulso golpear el juguete en la cara.
Esto sí que lo dañó, pero no lo apartó mucho.
Así que estando a tan poca distancia, Lucas reaccionó de manera aún más agresiva.
En un instante estaba encima del muñeco, golpeándolo una y otra vez sin compasión.
— ¡Arriba!
— le gritó Norah detrás de él.
Él ni siquiera volteó y sin dudarlo se quitó de encima al muñeco.
El de rojo cayó encima del verde con un pedazo de espejo.
Parecía ser que los muñecos eran capaces de hacer estrategias más complejas.
De pronto, se fueron agrupando a sus espaldas, acorándolos.
— ¿Estás bien?
— Kevin no les quitó la mirada a los muñecos.
— ¿Cuántos son?
— quiso saber Valentine agarrada del brazo de Ele.
— Comienzo a creer que los que le hagan falta — respondió Lucas, quitándose el tenedor del cuerpo —.
Nos hizo trampa una vez, no le costará nada hacerlo de nuevo.
Los muñecos comenzaron a hacer sonidos raros.
— Son muñecos, podemos contra ellos — opinó Ele.
— Eso es justo lo que quiere, que el tiempo se nos acabe — reprochó Martha también viendo con horror a las criaturas.
— No nos dejarán ir, y quitárnoslos de encima, no se ve sencillo — mencionó Kevin.
En un simple conteo, Max pudo averiguar cuán grande era su fuerza.
Eran cuatro de ellos, rojo, verde, amarillo y morado.
— Oigan, ¿Dónde está Jimmy?
— en el momento en que Max terminó de decir el nombre, los demás muñecos corrieron hacia ellos de forma frenética.
Ele tomó valentía y cuando fue a patear al más cercano, ese se agarró con fuerza de su pierna.
Con su pequeña boca llena de filosos dientes comenzó a morderla tanto como pudo.
Al escuchar los gritos, Will se volteó y tomó al muñeco de su cabello de tela, lo arrancó de su pierna, lo lanzó tan lejos como fue posible y jaló a Martha para que corrieran por un pasillo despejado.
Sin dudarlo un segundo, los demás los siguieron.
No pasó mucho hasta que otro muñeco le saltó encima a Kevin.
Inmediatamente, levantó su pequeño brazo para clavarle una jeringa y cuando iba a clavársela, Kevin se dio vuelta para pasar por encima de este.
Cuando quedaron frente a frente, lo levantó para alejarlo de su cuerpo, y apareció Norah para patearlo con furia.
El rojo corrió hacia Norah, pero Kevin actuó velozmente, con un libro como proyectil impactó al muñeco tirándolo al suelo.
Eso les dio chance suficiente para acercarse a los demás.
Que lidiaban con el verde, el mismo que había mordido a Ele momentos antes.
Parecía feliz mientras se decidía a cuál de ellos iba a atacar, cuando sin previo aviso Valentine apareció con un cuadro en mano, siendo ella quien lo atacó a él.
— Corran — aprovechó para mandar a Lucas viendo que no tenían moros en la costa.
— Mierda, mierda — se quejó Will viendo cómo por cada piso por dónde intentaba correr, había una pared al final.
Al final de cuentas, parecía ser que el lugar no era tan grande.
Todos tenemos la esperanza de ver esa luz al final del túnel en los momentos difíciles.
Nos gusta creer que de pronto todo se puede resolver, irónicamente, esa necesidad desesperada de salvación aparece cuando ya no hay nada por hacer.
Sin muchas ideas por la falta de oxígeno, buscaba la manera de soltarse.
No podía permitirse dejar a todos morir, habían perdido a Aslan porque los dejaron sin opciones, pero esta vez las tenían y esa responsabilidad caía sobre sus hombros.
En medio de tanto miedo, Marco recordó lo que tenía en su cintura.
Cómo pudo apretó el mango de la pistola de agua y con la conciencia que le quedaba le apuntó a la niña.
El agua golpeó su pecho y los gritos de dolor no duraron en salir de ella.
Lo soltó y en cuanto tocó el suelo retomó aire, sabía que tenía que levantarse rápido, pero había durado tanto luchando por respirar, que su cuerpo aún no le respondía al cien.
La niña con ira lo agarró de la ropa y lo lanzó hacia la puerta de la biblioteca, donde Marco rebotó de la pared al suelo.
Se levantó agarrándose de la pared mientras tocía y recuperaba fuerza.
— Demonios — se quejó intentando tomar más distancia de ella, pero no pasó mucho hasta que de nuevo estaba detrás de él.
Lo levantó por su camisa y con desprecio lo lanzó hacia el pasillo.
Marco con el bate aún en la mano se fue levantando como pudo, cuando de nuevo ella apareció para tirarlo contra una pared y la otra.
Ella no quería a los chicos, quería acabar con él.
En un intento por luchar se dio la vuelta velozmente hacia ella y cuando intentó usar el bate, la niña lo golpeó el pecho con su mano y lo lanzó lejos de nuevo.
Esta vez antes de que siquiera él pudiera moverse, ella le cayó encima.
Él la miró a la cara y luego vio que, con sus extremidades, ella inmovilizaba las suyas.
Miró hacia la puerta con la esperanza de que alguien entraría por ahí, pero luego de aceptar su destino miró a la niña que con una sonrisa se acercaba a su cara.
— Marco — susurró ella abriendo la boca.
— Lo siento, chicos — se dijo cerrando los ojos.
Por su mejilla comenzó a caer la primera lágrima cuando la puerta principal se abrió.
— ¡Marco!
— gritó Abrill quitando a Ibel del medio.
La niña miró hacia ellos y volvió su cara hacia Marco, abrió la boca y fue por su cuello.
Pero la bala de Abrill a su cráneo fue más rápida.
El monstruo enojado le rugió a Abrill, y con eso se ganó otro balazo.
Se pegó contra la pared y de ahí sacó impulso para saltar encima de Walker.
Ibel la empujó hacia un lado y la niña pegó en contra de la puerta principal.
Abrill, sin pensarlo demasiado, abrió fuego en contra de ella.
Eso enfureció al fenómeno, que esta vez sí calculó bien el salto y logró caer encima de él.
Quería sacar a Abrill rápido de todo, pero antes de que pudiese morderle el brazo con que se protegía, notó que Ibel se acercaba con el bate de Marco.
Con su antebrazo frenó el ataque, pero le quitó la atención a Abrill, lo que ocasionó que la chica le colocara una bala en el pecho.
El impacto fue suficiente para quitársela de encima.
Ibel lanzó a pegarle con el bate mientras que Abrill se levantaba.
Usó sus brazos de nuevo para defenderse de Stevens.
Cuando iba a darle un arañazo, otra bala llegó a su cuerpo.
Se quejó, pero usó la pared para trepar hasta el techo y desde ahí se quedó viendo por un momento a ambos chicos que a pesar del miedo que tenían no parecían que iban a detenerse.
— ¿Cómo se mata esa cosa?
— preguntó Ibel acercándose a Abrill.
— Creo que él lo sabe — la niña miró hacia Marco, que aparecía nuevamente con su pistola de agua.
— Debe ser una mala broma — reaccionó Ibel al ver el arma de Marco.
Las piernas de Valentine fueron interceptadas por otro muñeco y al mismo tiempo, el cabello de Norah se lo jaló otro que había salido de pronto desde una de las repisas.
Valentine en el suelo pudo quitarse de encima al muñeco mediante gritos, y mientras que Ele la levantaba, Will y los chicos inmovilizaban al muñeco de amarillo.
— ¿Cómo podemos matarlo?
— la alacena detrás de ellos comenzó a caer en su dirección.
Lucas y Max soltaron al muñeco y sostuvieron con fuerza la alacena para que no se viniera abajo.
Pero, de entre los libros de esa alacena, salieron los muñecos faltantes, que fueron a por ellos.
Will mantenía al amarillo con Kevin, y cuando el rojo fue en su dirección, Martha y Norah tuvieron que hacerle frente.
Al otro lado, Valentine y Ele se tuvieron que ver con el morado y el verde.
Lucas y Max dieron todo de sí para hacer que la alacena se fuera hacia el otro lado.
En cuanto dejaron de sentir el peso, se unieron en la pelea.
— Ahórcalo — mandó Kevin queriendo ir en ayuda de los otros que detrás de ellos pateaban, tiraban y golpeaban los muñecos.
— ¿Crees que no lo estoy intentando?
— respondió Will.
Afuera, la niña no reconocía cómo Marco le había hecho daño, pero supo que tenía que hacer algo antes de que sucediera de nuevo.
Se lanzó sobre Abrill, y luego de derribarla fue por Marco, él le disparó agua y con eso logró detenerla antes del salto.
Ibel la golpeó fuerte y ella cambió de objetivo.
En cuanto cayó sobre Ibel, Abrill le pegó otro disparo.
La niña volteó y Marco de nuevo le lanzó agua encima, pero esta vez aguantó el dolor y pudo ir hacia él logrando tirarlo al suelo.
Ibel se levantó y antes de que ella siquiera pudiese asimilar que estaba encima de Marco, le lanzó varios golpes de manera consecutiva.
La mayoría ella pudo detenerlos con sus brazos, pero Abrill por séptima vez logró dar con una bala.
Un golpe frenético por parte del monstruo que ninguno esperó lanzó a Ibel contra la puerta principal.
Llevada por la rabia, el hambre y la confusión, dejó a Marco y fue por Ibel.
Las balas de Abrill la detenían, pero Marco sabía que esto no iba a frenarla.
Agarró su pistola de agua y sin pensarlo mucho se le puso en medio y apretó el gatillo tantas veces como pudo.
Aprovechó ese instante para agacharse por el bate.
Ya armado, vio que realmente podía ganar.
Llevado por la adrenalina, comenzó a avanzar, con cada chorro de agua, acertaba otro golpe del bate.
— Mierda — exclamó Abrill al darse cuenta de que ya no tenía balas, entrando en pánico miró a Ibel y volteó par a ver a Marco que acorralar a la niña hacia los pasillos —.
Tú puedes.
Golpe tras golpe iban desorientando a la niña.
Realmente estaba haciéndose débil y Marco lo sabía.
Finalmente, después de tanto tiempo escapando de esa maldita pesadilla, estaba frente a él, y le estaba haciendo frente.
Podía acabar con ella, no iba a dudar en hacerlo, sin importar qué tantos golpes tendría que darle.
La niña buscó mover sus brazos, pero Marco, que ya se había quedado sin agua, le lanzó la pistola de agua y siguió dando golpes.
— Esto es por mi mamá — la niña intentó hacer algo, pero un golpe tan fuerte en la espalda logró hacerla caer —, por Aslan — pisó una de sus piernas y con el bate le pegó en la otra.
La mano del fenómeno logró frenar el bate, pero no importó.
Marco se estiró, la tomó por el cuello, la apretó con fuerza y con sus propios puños siguió rompiéndole la cabeza.
— ¿Qué pasa ahora?
— preguntó Will viendo las luces enloquecer.
El muñeco que tenía en las manos se derritió junto a los demás.
— Es esa masa — agregó Kevin alejándose con Will.
— Lucas — llamó Norah, acercándose junto a los demás, viendo cómo todo el lugar comenzaba a tambalearse.
— No tengo idea de qué pasa.
La niña con sus últimas fuerzas quiso agarrar a Marco, pero Abrill apareció para sujetarla de un brazo e Ibel le atrapó el otro.
Cazador y presa se habían enfrentado una vez más, pero ahora era confuso saber quién era quién.
Ibel le pasó el bate a Marco.
Él lo tomó, lo alzó y con un grito de furia le terminó de abrir la cabeza al monstruo.
El golpe que le quitó la vida a la niña.
Mientras que Marco se levantaba de encima del fenómeno que de a poco cerraba los ojos, los chicos abrieron los suyos dentro de la biblioteca.
CAPÍTULO CUARENTA.
¿Cazador o Presa?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com