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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 CAPÍTULO CUARENTA Y UNO
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43: CAPÍTULO CUARENTA Y UNO.

43: CAPÍTULO CUARENTA Y UNO.

Abrill ayudó a Ibel a alejarse de la niña y aprovechó para revisar que estuviera bien.

Marco, por otra parte, se quedó sentado frente al cadáver mientras retomaba el control sobre su respiración; estaba exhausto, pero le hizo bien sentir que parte del problema se había solucionado.

— ¿Marco?

— se escuchó la voz de Lucas acercándose.

Marco recordó a los demás y antes de que pudiese ponerse en pie, los otros se frenaron poco antes de llegar a la niña.

Impactados vieron a Marco y al cadáver, luego fue que notaron la presencia de Abrill.

Norah fue la primera en pasar por encima del cadáver hasta su amigo.

— Me alegra que estés bien — lo abrazó mientras que por su mejilla caían lágrimas de alegría.

— Me alegra que ustedes estén bien — sus ojos se cristalizaron al verlos a todos de pie y a salvo.

Max, Will y Lucas tampoco pudieron ignorar sus sentimientos y cruzaron a abrazarlo.

Más tarde se le unieron lo demás, incluso Martha, que fue jalada por Will.

— Nos salvaste — le agradeció Valentine, poco después de que todos se separaran.

— Y ellos a mí — dijo quitándose una lágrima del ojo mientras giraba la cabeza hacia Ibel y Abrill.

La atención duró poco sobre ellos.

El cuerpo de la niña comenzó a rebotar y de inmediato todos se arrinconaron hacia la entrada principal.

— ¿Sigue con vida?

— Ele se agarró con fuerza del brazo de Max.

El parásito comenzó a separarse de su cuerpo con cada salto.

Salía de su boca, por las cuencas de sus ojos e incluso se despegaba de sus dedos.

— Su cuerpo — notó Lucas —.

Está cambiando.

Sus brazos volvieron a un tamaño común en una niña, en poco tiempo sus piernas quebradas tomaron de a poco la forma que deberían tener, su torso y boca también redujeron su tamaño, incluso le creció algo de cabello a medida que el parásito se desprendía de su cuerpo.

— Es… normal — agregó Kevin.

Su cabeza seguía estando partida, pero las facciones habían vuelto a su rostro.

Pasó de ser un fenómeno muerto al cadáver de una niña con un poco más de quince años.

— ¿Qué es esa cosa?

— Marco se le quedó viendo a lo que quedaba en el suelo del parásito que se arrastraba como animal herido hacia la puerta principal.

— Algo me dice que el culpable de todo esto — respondió Max soltándose con delicadeza del agarre de Ele —.

No podemos dejarlo ir — cerró la puerta y aquella bola de masa se quedó intentando escalar la puerta.

Sus movimientos a medida que pasaba el tiempo eran más lentos, pero ninguno quería dejarle a la suerte su muerte.

Así que entre todos le dispararon simultáneamente al parásito con sus pistolas de agua.

Aquella cosa hizo un movimiento similar a los caracoles cuando le echas sal.

Se comprimió, después soltó un sonido viscoso y dejó de moverse.

— Vámonos de aquí por favor — todos le hicieron caso a Abrill.

Marco se le quedó viendo al cuerpo de la niña hasta que finalmente Will terminó de cerrar la puerta.

El miedo a lo que podía ocurrir después de esto le dejó un mal sabor de boca; siguió pensando en la posibilidad de que estuvieran soltando algo peor de lo que pensaban.

Pero Valentine lo agarró del brazo y lo llevó con ella.

Al día siguiente.

— Esto no se ve mejor — dijo Leonard a unos de sus compañeros mientras que miraban desde lejos a los muchos periodistas rodeando a Junior.

— Si te sigues metiendo en cosas en las que no te llaman, te botarán de una vez por todas — respondió el otro con la mirada fija.

La casa en la que quedó el cadáver abandonado por los chicos se llenó rápido de animales carroñeros en gran medida.

Fueron animales como los cuervos quienes le avisaron a la policía del accidente, poco después llegó la ola de periodistas que los habían estado siguiendo de cerca.

Junior, había exonerado a Leonard de la investigación como castigo.

Lo leve que fue el castigo no le dio mucha gracia a Williams, aun así, para él era mejor alejarlo de todo eso de una forma u otra.

— No sé si eso sería peor — apartó la mirada de la casa y se volteó para abrir la puerta del auto cuando notó algo que le pareció curioso —.

¿Sabes si la gente del alcalde tiene algo que ver con ese auto?

Su compañero se guió por su mirada para ver el auto.

— No tengo idea.

— Lo he visto antes, en muchos lugares interesantes — comentó.

— Ahora que lo pienso, también yo — miró a Leonard —, pero recuerda, no es nuestro problema.

Leonard se quedó mirando el auto naranja indagando la posibilidad de que tuviera un papel activo en todo el caos.

Lo primero que pensó fue en alguien a quien culpar.

— Arreglas todo con esa frase — abrió la puerta y entró al auto.

— Entre más ignoras las cosas, menos problemas son tuyos — ambos sonrieron y se alejaron en la patrulla.

CAPÍTULO CUARENTA Y UNO.

Uno Más.

Lucas terminó de poner la pizarra frente al nuevo televisor, y luego de esto miró a Ibel y Abrill sentados juntos.

La sensación que sintió era diferente a lo que había pensado, en el fondo después de todo estaba feliz por ella.

Era incómodo que estuviera el chico que lo molestó durante toda su adolescencia en su sala y de alguna forma de su lado, pero no sintió rechazo.

Respiró y comenzó a hablar.

— Gabriela y Mac siguen dormidos — de nuevo miró a Ibel y compañía, ya que recientemente se habían enterado de todo lo que ellos sabían —.

Eso significa que él sigue estando tan fuerte como desde el principio, por eso debemos conseguir a la bestia y acabar con ella.

— ¿No tomaremos un descanso?

— Abrill buscó apoyo en algún otro con la mirada —.

Digo, matamos a la niña apenas ayer y ni siquiera tenemos idea de cómo salimos vivos.

— Esperar más es morir — reprochó Kevin.

— Tiene razón — dijo Ibel.

Valentine sonrió levemente al ver la cara de los chicos después de escuchar a Ibel —.

Ya con las personas que hemos perdido basta.

— No siento que estemos preparados para algo como eso — insistió —.

No pueden decirme que, de un momento a otro, se acostumbraron a esto y que ya no sienten una pizca de miedo.

— Es por el miedo que estamos haciendo esto — contestó indignado Max —.

Dure días cuidando de mi hermano deseando que cada vez que fuera a dormir despertara al día siguiente — miró a Abrill —.

Hemos vivido asustados la mayoría de nuestras vidas, y por esa razón han muerto personas cercanas a nosotros.

— No somos héroes.

No es nuestra culpa.

— ¿Quién dijo que te podías incluir?

— Ele se levantó cansada de escucharla.

Valentine se levantó para detenerla.

— Fui yo quien estuvo ahí para ayudar a Marco — se levantó de golpe también.

Ele mufó y antes de que pudiese acercarse, Max se levantó logrando frenarla.

— ¿Te esconderás detrás del único momento en que ellos te han importado para sentir que tienes participación?

— Ibel hizo que Abrill se sentara otra vez —.

Porque no te vi cuando Norah y los demás entraron a casa de Marco después del ataque de la niña.

No estuviste ahí cuando él despertó o cuando la bestia intentó acabar con nosotros o cuando fuimos por los papeles a casa de Leonard.

No has estado en los momentos en que ellos te han necesitado.

Dime, ¿te estabas revolcando con él cuando Aslan moría en brazos de Norah en el hospital?

Max y Valentine le llevaron afuera, dejando la sala en completo silencio.

Lucas, que quiso continuar, no tuvo idea de cómo hacerlo.

— Si quieres esconderte — todos miraron a Norah —.

Te entiendo, pero ya es muy tarde para huir de esto.

No podemos parar, puede ser la única oportunidad que tengamos.

Abrill se aguantó las ganas de llorar y, sin muchas ganas de acceder, asintió.

— ¿Puedes decirnos qué pasó allá adentro?

— preguntó Max.

Ele se cruzó de brazos y no quiso verlo.

— Ele, por favor.

Hacer enemigos en este momento no es lo mejor — Max asintió después de la opinión de Valentine.

— Ella en ningún momento ha llegado a ser quien dice, incluirla como si no tuviera culpa de nada es… — se notó bastante incómoda, pero de cierta forma impresionó a ambos.

— ¿Por qué te molesta tanto?

— Max se acercó —.

Sé que Abrill no es la mejor persona en este momento, pero cualquier ayuda ahora es bienvenida.

Valentine miró a Ele.

No la conocía lo suficiente, pero esa actitud repentina se le hizo sospechosa.

— Estoy muy nerviosa — abrazó a Max de golpe —.

No entender nada de lo que pasa y vivir con miedo a morir todos los días no es tan fácil.

— Sí, es la primera vez para todos — Valentine quiso darse la vuelta para dejarlos solos —.

Oye, también es tu amiga.

Ella sonrió.

Ele se separó de Max y estiró los brazos hacia ella.

Realmente estaba afectada, todos lo estaban, pero verla así le tocó el corazón a Valentine, que no pensó ni dos segundos en ir a abrazarla.

— Tranquila, pelirroja, saldremos de esta — Ele no pudo contener la carcajada después de que le dijera eso —.

Si quieres golpear a alguien que sea el culpable de todo esto — sonrieron todos.

Al separarse, Max le agarró la barbilla y esta vez, Valentine no dudó en irse.

— No estás sola en esto, y si necesitas que todo esto se detenga por unos días — ella le agarró la mano para frenarlo.

— Solo no te alejes de mí — sus ojos se encontraron como de costumbre —.

En ningún momento, por favor.

— Jamás — se acercó hasta que su frente chocó con la de ella.

La conversación entre todos se retomó cuando ellos tres volvieron adentro.

Se hizo tenso cuando entre ellas se vieron de nuevo, pero Will rompió el hielo rápido.

— Si no hay tiempo que perder, empecemos de una vez — Lucas asintió y tomó el marcador de siempre.

— Después de lo que pasó anoche podemos creer con más seguridad que hacerle daño a uno es hacerles daño a todos — comenzó diciendo mientras meneaba el marcador —.

Por lo que nos deja como único objetivo — se volteó y escribió lo que decía en la pizarra —, a la bestia.

¿Ideas?

Las manos de varios se alzaron.

Momentos más tarde en alguna parte del pueblo un auto cruzaba las oscuras calles en los límites de Pensiwell.

Su conductor, que iba sumergido en la canción que sonaba en la radio, ignoraba por completo que otro auto lo perseguía de cerca.

Como cualquier persona hizo su recorrido a su casa sin preocuparse demasiado.

El auto se frenó y la mujer bajó de su auto aún tarareando una canción.

Cuando abrió la puerta trasera para sacar sus compras, se dio cuenta de las luces del auto que iba detrás del suyo y disimuladamente miró hacia atrás.

Recordó ver ese auto en diferentes puntos del pueblo justo detrás del suyo.

El corazón se le aceleró, sabía que no podía llamar a la persona que estaba dentro de casa, así que, pareciendo lo más tranquila posible, sacó la cabeza del auto y cerró la puerta con velocidad.

El otro auto estacionó detrás, y antes de que ella pudiera llegar a la puerta, el sujeto que la perseguía le habló.

— Oiga, puedo hacerle unas preguntas — pensó en seguir hasta que como cualquier policía ese le dio la orden que se detuviera —.

Soy parte de la policía local de Pensiwell — sacó su placa.

— Claro — respondió entre dientes —.

¿En qué puedo ayudarle?

— Este es su auto — le preguntó.

Ella miró el auto y asintió con velocidad.

Su actitud nerviosa encendió las alarmas en el policía.

Pero en la situación en la que se encontraba pedir refuerzos no le beneficiaba.

Así que luego de pensar una buena excusa, siguió hablándole.

— Hemos tenido reportes de vecinos sobre una conducta inusual en ustedes — sorprendida, ella se vio en aprietos.

Él decía la verdad —.

Sobre usted y quién creo que es su esposo.

— ¿Qué clase de actitudes?

— sus manos comenzaron a temblar.

— Los han visto fotografiar dentro de varias casas sin el consentimiento de sus huéspedes — de nuevo, dijo la verdad.

Ella miró a su alrededor y con terror veía cómo el policía no quitaba la mano de su arma.

Estaba entre la espada y la pared, los habían descubierto.

— ¿Está su esposo?

— ella se resaltó al escucharlo hablar de nuevo —.

Me gustaría hablar con él.

Dudó, sería una oportunidad tremenda para salir del enrollo, pero sería otra para meterse en uno peor.

— ¿Puedo?

— los nervios le jugaron en contra y sin pensarlo demasiado aceptó.

Juntos caminaron hasta la puerta.

El policía no se veía confiado en su sonrisa falsa, así que tuvo su distancia.

— ¿Quiere esperarlo adentro?

— preguntó desde dentro de la casa mientras su mano temblorosa agarraba la estatuilla de bronce que estaba en una repisa detrás de la puerta.

— No, prefiero esperarlo aquí — sonrió de manera gentil.

— Él tuvo accidente, no puede caminar — tartamudeó.

— ¿Cómo?

— el policía dio un paso más y después de eso recibió de lleno el golpe de la mujer.

Él cayó desmayado y de inmediato ella tiró las compras para moverlo a él.

Por último, confirmó que el auto del policía fue personal y no una patrulla.

Ahí se dio cuenta de que podía dejarlo por esa noche.

Así, el auto verde oscuro del policía conocido como Leonard Lamber pasó toda la noche detrás del auto naranja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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