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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 44

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  4. Capítulo 44 - 44 CAPÍTULO CUARENTA Y DOS
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44: CAPÍTULO CUARENTA Y DOS.

44: CAPÍTULO CUARENTA Y DOS.

— ¿No tiene idea de dónde pudo haberse ido?

— insistió el policía.

— Estaba con ellos — reprochó —.

Lo vi irse con ellos, él me dijo que estaría con ellos — siguió llorando.

Williams y el otro oficial se vieron las caras.

— Seguiremos buscando.

No se preocupe.

Atraparemos a los culpables de su desaparición — el tío de Aslan miró la foto —.

Mientras tanto, no pierda la fe.

Minutos después que Williams diera la orden para que dejaran salir al Señor Heller, él y el oficial que estaba la mayoría del tiempo detrás de él se sentaron en la que era oficina de Junior.

— Señor — escogió en su mente las palabras que escogería —.

¿En realidad culpará a esos niños?

Williams suspiró dejando los papeles originales que en algún momento recorrieron la mayoría del pueblo.

— ¿Te encariñaste?

— respondió de forma irónica.

— No — se sentó frente a él —.

Pero es arruinarles la vida.

— ¿Crees que la vida de unos cinco adolescentes equivale a todo el desastre que puede ocasionar la información del proyecto en ojo público?

— negó con la cabeza —.

Pondría al país entero en una situación de mierda, dónde personas, cómo tú y cómo yo, mueren siendo daño colateral en algún accidente.

— Pero, podríamos culpar a personas que en realidad son peligrosas — señaló hacia su izquierda —.

Beylen está a unos kilómetros de aquí, no debe ser difícil conseguir a alguien así.

Williams lo interrumpió golpeando la mesa con fuerza.

— Saben demasiado, eso los hace peligrosos.

Con que ya mataran a un sujeto nos metieron en un montón de mierda — el otro oficial entendió que ya había dicho suficiente —.

Si debo matarlos para salvar mi propio culo, lo haré.

¿No lo harías tú?

— asintió en respuesta —.

Entonces, ve y busca alguna prueba que los relacione con todo el desastre que han hecho.

No quiero que le quites un ojo de encima.

Miró la fecha en su celular.

— El idiota del alcalde autorizó para que un par de semanas se hiciera el baile, si logramos encontrar el cuerpo de Heller, podemos atraparlos ahí — miró a su compañero —.

¿Quieres que te dé unas palabras de aliento?

— rápidamente dejó el asiento y salió de la oficina.

En ese momento un policía local entró para entregarle el café a Williams.

— ¿Qué pasó con Lamber hoy?

— era Leonard quien llevaba su café en manera de castigo.

— No ha llegado — Williams lo dejó ir y se quedó con la duda de qué podría estar haciendo.

CAPÍTULO CUARENTA Y DOS.

ReD.

— Siempre llegan días difíciles, y asimilarlos es parte del proceso.

Pero todo proceso siempre tiene un final.

Queramos o no, las cosas siempre tienen un final — les dio un vistazo a todos los que los rodeaban en un semicírculo —.

Y todo lo que ha pasado ya debe terminar.

El silencio que apareció en ese momento no era por el miedo o la incomodidad.

No había más que compromiso en todos ellos.

Dos meses de incertidumbre siendo perseguidos por un ser que no conocían, uno que todos odiaban por diferentes razones, eso los unía.

La esperanza de que después de tantas cosas, después de perder tantas veces, el club de los chicos raros apostaba a ganar.

No podían perder, no otra vez.

— Matemos a esa cosa — rompió el silencio Norah terminando de limpiar sus lentes.

Con una última mirada entre ellos, se pusieron en marcha.

Intentó dejar de temblar apretando con fuerza el volante.

Se le hizo inevitable pensar cómo había llegado hasta ese punto, además, el miedo por el bosque lo estaba carcomiendo por completo también.

— Ibel — lo llamó Max a su lado.

— ¿Sí?

— no quitó la mirada del camino.

— Has sido un asco de persona por mucho tiempo — Ibel lo miró por un corto momento intentando entender por qué le decía eso —.

Pero siempre he querido verte como alguien que es más que eso.

Y aunque hemos convivido solo un día, creo que eres más que eso y puedo decir que confiamos en ti.

No tienes que temer.

— ¿Gracias?

— miró por el espejo retrovisor a Martha y a Will —.

¿Por qué dices eso?

— Te pasaste la calle hacia el cine — miró por su retrovisor —.

Estaba allí.

— Lo siento — frenó el auto —.

Daré vuelta — miró la calle para asegurarse de que podía cruzar.

Will miró a Martha y ella justo también volteó a verlo.

Era extraño estar en una situación como esa con él.

Ninguno entendía con exactitud qué le estaba pasando.

— Oye, entiendo que tengas miedo — Will comenzó a hablar queriendo darle confianza así como Max había hecho.

— No necesito un discurso — de nuevo el auto comenzó a moverse —.

Estaré bien, pero por favor, pase lo que pase.

Maten a esa cosa.

— Y tú no dejes de conducir — respondió Martha.

Finalmente, dieron vuelta, aunque la presión comenzó a aumentar a medida que se sumergían al bosque.

Una de las fases más arriesgadas era la suya y lo sabían bien, de cierta forma les era imposible sentir miedo cuando eran ellos quienes sacarían al lobo de su cueva.

20 minutos antes… — El plan es más simple de lo que creíamos — afirmó sentándose en la mesa del comedor —.

Pasamos una tarde ideándolo, pero me gustaría refrescarlo antes de salir.

Todos asintieron y se acercaron a él.

— Según creemos, la bestia, a diferencia de la niña, funciona en su totalidad como un animal.

Aunque el hombre de las pesadillas lo controle, no puede frenarlo.

Eso lo confirmaron las chicas la noche del hospital — brevemente volteó a ver a Norah y a las demás —.

Usaremos eso para traerlo aquí.

— Espero que no destruyan mi casa — dijo Ibel tomando el rifle de caza de su padre —.

Si vivo, no me gustaría tener que ver a mi padre enojado por eso.

Abrill sonrió y se acercó a él.

Ibel le regresó el gesto, antes de eso habían tenido una conversación que había sido favorable para su relación.

— Sé que las cosas no han ido de todo bien y me gustaría decirte tantas cosas — suspiró quejándose internamente del poco tiempo —.

Quiero pedirte más que disculpas, quiero arreglar todo, comenzar desde cero — Ibel se quedó impresionado —.

Si quieres, solo si tú quieres.

— Lo arreglaremos cuando vuelva — se acercó a ella lleno de ilusión, después de tanto tiempo era la primera vez que lograba verla entusiasmada con él.

Ella no dudó en abrazarlo.

— Tenemos cosas pendientes — pegó su cara en contra de su pecho —.

Por favor, vuelve.

— La casa de Ibel es la mejor opción que tenemos para que no logre separarnos — siguió Lucas con la mirada en Abrill e Ibel sentados de fondo, mientras que Stevens recargaba el rifle de su padre —.

Abrill, que ha tenido pesadillas, no las ha vivido al dormir aquí — se apretó el pantalón por debajo de la mesa.

Ella, al igual que todos, había tenido pesadillas en su casa sin falta, pero increíblemente en casa de Ibel esos sueños desaparecían.

La conclusión de los chicos fue bastante elaborada para conseguirle sentido a eso.

Según ellos, el poder del hombre de las pesadillas se expandía de él en un perímetro desconocido a la redonda.

Lo que significaba que entre más lejos estuvieras del punto de origen, más débil se hacía su control.

Gracias a los datos que tenían sobre el ataque de la niña, pudieron confirmar su hipótesis.

— Así que traeremos a la bestia y aquí mismo acabaremos con ella — tragó grueso.

— No quiero que vayas — Max dejó de ver el celular y conmovido por su sinceridad se volteó hacia ella —.

Es peligroso, y estoy segura de que hay otra forma de atraerlo.

— Ele — ella siguió buscando soluciones u otras formas de actuar —.

Ele — la agarró de los hombros, como de costumbre —.

No hay otra forma, ambos sabemos que la bestia irá por nosotros y nada más, además, no podemos darle tiempo de respuesta al que esté detrás de esto.

— Todos nuestros planes están hechos a base de hipótesis, no podemos confiar en eso a ojos cerrados.

— Es lo mejor que tenemos — le sonrió intentando tranquilizarla —.

Es por mi hermano, y para estar mucho más tranquilo, necesito que tú me apoyes — ella comenzó a negar con la cabeza —.

¿Dónde dejaste a la pelirroja obstinada que no le importaba nadie?

Él la abrazó y ella lo apretó con fuerza.

—¿Recuerdas la vez en que te dije que siempre había querido conocer a alguien que con tan solo verla sepa que todo va a estar bien?

— Ele asintió con su cara sobre el hombro de Max —.

Te has convertido en esa persona, Ele, llegaste y sin aviso te encargaste de hacerte una de las personas más importantes que tengo.

— ¿Por qué me dices eso?

— levantó su cara para verlo.

— Siento que tengo que hacerlo de otra forma, pero, al volver — respiró profundo para dejar salir las palabras sin equivocarse —.

¿Te gustaría tener una segunda cita?

Ella sonrió y le dio un beso corto en la mejilla.

Lo miró a los ojos y se le hizo inevitable pensar en la primera vez que lo vio, ese chico tímido en tan poco tiempo había cambiado tanto que, de cierta forma, se sintió orgullosa de ser parte de su crecimiento.

Llevada por la emoción con ambas manos, lo tomó de la cara.

— Ahora no — se negó Max a lo que él creía que venía —.

Cuando terminé — ambos sonrieron.

— Entonces tendrás que buscarme tú a mí, campeón — respondió Ele.

Max salió de sus recuerdos al momento en que Ele comenzó a hablar.

— Recordé haber visto ese reloj del juego en alguna parte — explicó la pelirroja —.

Luego recordé dónde.

— Ese reloj lo puse ahí hace años, ¿Cómo él sabría eso?

— agregó Norah.

— No tengo idea, pero sé que es probable que él esté listo para recibirnos.

Así que, si alguno prefiere quedarse, iré yo en su lugar sin dudarlo.

Ele miró a Max aun con esperanzas de que no quisiera ir, pero ninguno de los que se habían postulado la primera vez dijo algo.

Lucas asintió y continuó hablando.

Ellos se habían ofrecido uno por uno desde que la idea simplemente se nombró, después de que determinaron que eso iba a ser parte del plan, los cuatro siguieron firmes con su propuesta.

Su parte del plan, a pesar de que era solo la inicial, cargaba con un peso bastante grande.

Tenían que llevar a la bestia hasta los demás.

Estaba de más decirles cuáles eran los riesgos que tomaban al separarse del grupo e ir solos contra la bestia, pero teniendo todo esto en cuenta se armaron con mochilas llenas de globos de agua listos para cualquier situación hostil.

Estaban asustados, pero cierta emoción llenó la mente de todos mientras tomaban sus lugares.

Así como en su momento llegó el miedo por lo que estaba sucediendo, ahora la emoción por terminar con todo, los empujaba a tomar acción por lo que esperaban fuera la última vez.

La madre de Max veía entre lágrimas a Mac dormir, mientras que su hija menor preguntaba que le sucedía; al otro lado del pueblo, Demian, seguía en Delycyas cubriendo que su hermana saldría tarde esa noche deseando que no se estuviera metiendo en un problema más grande de lo que podía controlar; el padre de Kevin que poco se preocupaba por él, sentía un presentimiento extraño invadiéndolo desde la mañana, ya que ninguno de sus dos hijos habían aparecido hasta el momento; la madre Abrill estaba tranquila en su habitación durmiendo con su nueva pareja mientras que Argelia seguía buscando formas de llamar a Ibel; el padre de Ibel iba a una reunión de su trabajo en Alois cuando recibió un mensaje de su hijo agradeciéndole por toda las cosas que había hecho por él; Norah al igual que Ibel con un mal sabor de boca le dio las buenas noches a su padre deseando que no fuera la última vez.

— Siempre fuiste un buen muchacho — dijo el tío de Aslan sentado frente a la TV en la pantalla de inicio de la consola.

20 minutos después, actualidad… Max y los demás llegaron hasta el cine viejo y abandonado del bosque que los esperaba con una sorpresa que les heló la sangre.

— Parece que es oficial — dijo Max haciendo lo mismo que los demás: alumbrando el cartel de afuera del cine —.

Hemos odiado ese nombre desde el primer día en que lo escuchamos.

— Yo creo que mola — aprovechó de bromear Martha para aligerar el ambiente.

En aquel cartel del cine, con letras correctamente colocadas, decía: “El Club De Los Chicos Raros… última función agotada”.

— ¿Estamos dormidos?

— preguntó Will sin muchas explicaciones de cómo eso había sucedido.

— Lo dudo — Max miró el bosque y las demás casas abandonadas alrededor —.

Alguien hizo esto.

— ¿Quién se prestaría para esa gilipollez?

— preguntó Martha caminando detrás de ellos.

— El hombre que persiguió a Mac sabía cosas que solo el hombre de las pesadillas sabía, y tenía parte del parásito en la cabeza — se frenaron en la puerta.

— Algo es verdad, y es que nos está esperando allá dentro — Ibel se preparó con el rifle, los demás sacaron un globo de agua y lo tuvieron listo en la mano que tenían libre.

— ¿Sabes usar esa cosa?

— preguntó Will.

Ibel negó y juntos todos fueron entrando, esta vez, por la entrada principal del cine.

Había huellas humanas de sangre en la alfombra vieja, pero eso tampoco los detuvo.

Sabían que estaban saltando detalles, los nervios no los dejaban pensar y avanzaban con el instinto.

— ¿Dónde?

— preguntó Ibel volteando hacia Max que detallaba la sangre en el piso.

— Síganme — los otros asintieron.

La nostalgia lo fue afectando.

Recordó la primera vez que había ido a aquel lugar, cómo con sus bicicletas y música habían llegado hasta ahí.

Miró los pasillos y vio a los demás caminando por ellos en los momentos en que fueron a hacerlo su lugar.

Entre más caminaba hacia la sala, que habían limpiado para hacer sus reuniones, más le parecía escuchar la voz de Aslan bromeando junto con Marco, escuchó sus risas y con tristeza, recordó la primera vez que Ele había ido.

El entusiasmo que sintió, muchas veces antes de ir ahí, era reemplazado por una sensación pesada de miedo, nervios e incomodidad.

Incluso el olor era diferente, el pasillo antes de la sala ya no lo bañaba el aroma del polvo, sino que ahora salía un olor putrefacto que se hacía más fuerte a medida que se entraba.

Lo primero en ser alumbrado por las linternas fue la pantalla de proyección que estaba manchada por una sustancia roja, una que él nunca había visto.

— Algo cambió — dijo Max, acercándose sin pensar al escenario donde tuvo la primera conversación con Ele.

— Ten cuidado — aconsejó Will quedándose atrás junto con Ibel.

Gracias a Martha y a su linterna, los asientos con sus nombres hicieron sombra sobre los demás.

Pero había un detalle oscuro en una de esas hojas.

— Oigan — Max no escuchó a Martha y siguió hasta llegar al medio del escenario.

— No eran ratas — dijo alumbrando al agujero oscuro y profundo que había tomado lugar en medio del escenario.

Martha escuchó el susurro de alguien proveniente del pasillo por donde habían entrado y por reflejo apuntó su linterna hacia allá.

La bestia apareció frente a ella con una sonrisa perturbadora mientras que se bajaba de la pared por donde pensaba emboscarlos.

— ¡Martha!

— gritó Max saltando del escenario.

Mientras los demás volteaban, Martha lanzó su globo que impactó con la cosa.

Mientras el agua hacía efecto, Max corrió hacia las escaleras, y los demás corrieron detrás de él.

La bestia no duró mucho en reaccionar.

Cuando los otros escapaban por un hueco que recién habían hecho rompiendo la madera vieja de la pared, Will logró frenarla con todos los globos que tenía para lanzar.

En cuanto vio su turno de pasar, lo hizo en cuanto pudo y justo cuando su pie salió del agujero, la garra de la bestia apareció para agarrarlo.

Se echó hacia atrás con velocidad, pero aun así se quedó por un momento viendo cómo el fenómeno buscaba pasar la pared y sintiendo cómo su vieja herida comenzaba a sangrar.

— Will — lo regañó Martha levantándolo.

Corrieron por los pasillos escuchando los quejidos de la bestia alejándose.

A Max no le agradaba la idea de dejarla tan atrás, así que cuando vio que lograron llegar a la puerta sin ella, se frenó y comenzó a gritarle.

— ¿Qué mierda haces?

— preguntó Ibel con un pie afuera del cine.

— Dame un segundo — Max no le quitaba la mirada a lo profundo del cine deseando que el sujeto de las pesadillas no lograra frenar a la bestia — Entren al auto — mandó Ibel a los demás —.

Enciéndanlo.

— ¿No lo había dejado encendido?

— interrogó Martha yendo con Will al auto.

El sonido de la bestia seguía opacándose.

No podían perderla y Max sabía que tenía que perseguirlos sin importar qué.

Volteó con una cara de poca felicidad, y antes de que pudiera dar un paso al frente, Ibel se dio cuenta de quién corría hacia él.

— ¡Abajo!

— gritó apuntando cómo podía el arma.

Max en cuestión de segundos se lanzó al suelo.

Por fortuna, el disparo fue bueno y dio una brecha de tiempo para que Max se levantara y cubriera su escape con el globo de agua que aún tenía en la mano.

Juntos corrieron a toda velocidad al auto, mientras que la bestia salía sin control, destruyendo todo a su paso.

Gracias a su caos, los chicos pudieron llevar ventaja mientras esta se levantaba de debajo de los escombros.

— Mierda — se quejó Ibel por su hombro al entrar al auto.

— Arranca, arranca — gritaron en coro los demás viendo a la bestia poniéndose en pie.

Ibel le metió toda la velocidad que tenía el auto de Will, tanta, que los pegó a todos de sus asientos.

La bestia, dando todo de sí, se mantuvo cerca de ellos desde el momento en que partieron.

— Mierda, mierda — siguió quejándose Ibel mientras intentaba recordar el camino.

Will tomó el rifle y Martha se giró para ver qué tan cerca estaba la bestia.

— Creo que los demás deberían saber de esto — aconsejó mirando fugazmente hacia Max.

— Claro — Max sacó su celular y en un giro brusco el celular se le cayó a sus pies —.

Demonios.

— Se acerca, se acerca — aviso Will viendo cómo el fenómeno daba todo para alcanzarlos.

Max, después de mucho sufrir para tomar su celular de nuevo, logró marcarle a Ele y en el momento que acercó el celular a la oreja el golpe de la bestia cayendo sobre el auto lo estremeció.

Ibel cruzó el volante y el auto giró con fuerza, la suficiente para quitarle la bestia de encima.

— Arranca — gritó Will mientras Martha confiaba en toda la puntería que tenía para lanzarle sus globos con agua.

Ibel en seguida volvió al camino y la bestia se vio menos afectada por los globos.

— Debemos llegar más rápido de lo que creíamos — comentó Martha viendo la agresividad de la bestia al saltar a los troncos de los árboles para tomar alcance.

—¿Max?

— apenas la voz de Ele atravesó el celular, la radio de pronto se encendió.

—¿Qué mierda?

— preguntó Ibel esquivando los árboles cómo podía —.

¡Will!

Este golpeó la radio con ayuda de Max, pero lo único que lograban era hacer más difícil que Ele entendiera algo.

— Aquí viene de nuevo — informó Martha sujetándose del asiento.

La bestia impactó contra la parte trasera del auto.

El auto derrapó hacia un lado, pero Ibel logró estabilizarlo rápido, aunque esto le causara un poco más de dolor en el hombro.

De pronto las canciones en la radio comenzaron a variar sin control.

— ¿Alguien puede apagar esa mierda?

— dijo irritado Ibel justo en el momento en que el auto saltó por pasar por encima de una raíz que salía del suelo.

— ¿Max?

— siguió Ele de fondo.

— Eso intento — respondió Max intentando dañar la radio, pero aun así la radio seguía aturdiéndolos.

— ¿No podía ser una canción?

— se dijo Will mientras que aterrorizado veía hacia atrás junto con Martha.

Así comenzó, el último juego para el club de raros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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