El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 CAPÍTULO CUARENTA Y TRES
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45: CAPÍTULO CUARENTA Y TRES.
45: CAPÍTULO CUARENTA Y TRES.
De forma irónica, en la mayoría de las historias buscamos que el problema de la misma se desarrolle lentamente para profundizar más en el dilema.
Pero cuando se trata de nuestra propia historia, deseamos que esa etapa de prueba desaparezca lo más rápido posible.
Aun así, en ambas ocasiones no nos damos cuenta de que sin importar el desarrollo de los acontecimientos, todo desaparece de un momento a otro.
— No tengo un buen presentimiento sobre esto — dijo Ele buscando desesperadamente una señal en el bosque.
Valentine, que sentía el mismo miedo que ella, se quedó sin palabras que decirle y prefirió poner su mano sobre su hombro.
Sin mucho remedio o mucha idea de cómo hacer que la radio se callara, Max intentó tapar las bocinas con las diferentes cosas que encontraba dentro del auto.
Para ellos el volumen aumentaba según avanzaban y Max pensó que era probable que eso les ocasionara problemas.
En un bosque promedio hay alrededor de 50 árboles por hectárea.
Conducir un auto a toda velocidad mientras un ser que parece que salió de otro mundo te persigue hace que sea más difícil esquivar tantos obstáculos.
La tarea de Ibel se complicó cada vez más por la insistencia de la bestia que los embestía en cada oportunidad que tenía.
Contrario a lo que se podría creer, la bestia no quería acabar con ellos directamente, parecía que simplemente quería detenerlos y con los constantes derrapes que les ocasionaba quizás podría conseguirlo pronto.
Dio un golpe más y la parte de la maleta del auto chocó con fuerza contra un árbol.
Pero Ibel enseguida arrancó.
Esquivó otro tronco y la bestia nuevamente apareció para estremecerlos a todos.
— A este paso nos va a voltear — comentó Will girándose hacia los demás.
— Es tan rápido como el coche, no podemos hacer nada más — respondió Martha con el rifle en mano.
— Intenta atacarla en lugar de hablar — regañó Ibel que hacía todo lo posible para no entrar en pánico.
— ¡Will!
— gritó Martha de pronto viendo al fenómeno aparecer en uno de los costados.
Llevada por la conmoción, apuntó el arma y aunque Will intentó detenerla con un grito, ella apretó el gatillo antes.
La bala no pudo darle a la bestia, pero el sonido de la bala impactó en los oídos de todos.
El volante se movió de manera brusca por el resaltado Ibel, pero se acordó de lo importante que era tener el control del auto y para cuando miró de nuevo al frente, tenían un tronco tan cerca que su única opción fue frenar.
El parachoques quedó a metros del árbol.
— Max — escuchó su nombre en boca de Ibel, pero el arma los había dejado parcialmente sordos con el zumbido que los atormentaba —.
Max, el auto no enciende — siguió Ibel de fondo, buscando apoyo en ellos.
Ninguno le contestó y con el dolor en los oídos siguió girando la llave con la esperanza de que el auto arrancara antes de que la bestia apareciese de nuevo.
Lo que él no sabía era que ella ya estaba ahí.
El techo del auto se hundió y fue traspasado por las garras de la bestia.
— Mierda — dijo insistiendo en la llave —, vamos, vamos.
Max subió, la miraba aterrado, viendo que el techo estaba cada vez más cerca de ellos.
Y de pronto por la ventana, la bestia metió uno de sus brazos y pasó sus garras por el pecho de Max.
Al mismo tiempo en el que Max se quejó por el dolor, el auto se encendió.
Martha apareció desde atrás con algunos globos de agua sobrantes y los explotó en dicho brazo del monstruo, con eso y la fuerza de Max apartaron el brazo de la bestia antes de que le rasgara todo el pecho.
— ¡Arranca!
— gritó Will.
— En eso estoy — respondió con el mismo tono Ibel retrocediendo en desesperación.
Max seguía deteniendo el brazo con Martha de apoyo, mientras que Ibel movía el auto de forma brusca para zafarse del monstruo.
Pero ninguna maniobra parecía ser suficiente y el peso de la bestia seguía echando abajo al techo.
— ¡Dispárenle!
— mandó Ibel apretando el acelerador a fondo.
Will lo pensó por un momento, ni siquiera se había recuperado por completo del disparo de Martha.
— ¡Will!
— gritó de nuevo.
Él, llevado por la presión, apuntó hacia el techo y apretó el gatillo, pero no disparó.
— ¡No dispara!
— la bestia finalmente levantó parte del techo.
— ¡Recarga y dispara!
— respondió Ibel volviendo su mirada al camino.
— ¡Hazlo!
— presionó Max viendo que estaba entre la espada y la pared.
Will sin idea de cómo usar un arma se quedó viendo el rifle, de pronto, Martha se lo arrancó de las manos y según había visto antes en chicos con los que había salido, preparó el arma y sin mucha puntería puso el ojo en la bestia.
El brazo del monstruo fue a parar al cuello de Max y antes de que pudiese levantarlo más allá de lo que quería, una bala le atravesó el brazo.
Max cayó de nuevo en el asiento mientras la bestia se caía del auto gracias a uno de los giros de Ibel.
Al fenómeno lo dañó más el sonido que la misma bala.
Se mareó como nunca antes lo había hecho y por un momento muy corto se vio a sí misma en otro lugar, por unos pocos segundos, la bestia tuvo conciencia propia.
— Falta poco, aguanten — comentó Stevens.
Max revisó la herida que tenía y se sintió aliviado al darse cuenta de que no era tan grave como creyó.
Miró atrás buscando a la bestia y se aseguró de que todos estuviesen bien.
Pero, para cuando miró a Ibel, notó a la bestia yendo hacia ellos, y aunque ya estaba tan cerca que era imposible esquivarla, de manera espontánea Ibel giró el volante.
El giro sumado a la fuerza sin precedentes de la bestia fue una dupla mortal, y con eso finalmente el auto se volcó.
Dio una vuelta y se estampó contra un árbol.
Adolorido, Ibel intentó entender qué estaba pasando mientras su mirada despertaba encima de Max, que se había salido por la ventana que había roto la bestia.
Sintió gotas de sangre caer de sus manos y después de detallar sus brazos notó las heridas que le habían hecho los vidrios que volaron por todas partes en el giro.
— Mi pierna — se quejó Martha haciendo entrar en razón a Will que de inmediato fue a ayudarla.
— ¿Te clavaste algo?
— Ibel miró la radio que por fin se había quedado callada y miró de nuevo el cuerpo de Max afuera.
— Fue solo un golpe — Will analizó la cara de Martha —.
Pero… duele.
— Me alegro — dijo limpiando la tierra de su rostro —.
Hay que movernos.
Martha apenas se dio cuenta, inspeccionó la herida de Will en su cabeza.
— ¿Te encuentras bien?
— preguntó viendo su mano manchada en sangre.
— Es solo un golpe — finalmente Ibel soltó el cinturón y cayó al suelo donde se quedó un par de segundos rebobinando todo.
— Estás sangrando, tío — reprochó ella —.
Además, tienes la herida en la pierna.
Will la agarró de la mano y la miró directo a los ojos.
— No tenemos tiempo que perder — puso su otra mano en la cara de Martha —.
Salgamos de aquí, estoy bien.
Ella, sin muchas ganas de hacerle caso, asintió y, juntos, buscaron salir del auto.
Max reaccionó de golpe y apenas despertó sintió los golpes por su cuerpo.
Se puso sobre su espalda y con lágrimas en los ojos se agarró el brazo izquierdo donde sentía más dolor.
Ese brazo no estaba en su lugar.
— Mierda — se quejó intentando moverse, logró sentarse cuando llegó Martha buscando de levantarlo.
No tardó en darse cuenta de que algo no andaba bien con su brazo.
— Debes moverte — mandó buscando ponerlo en pie.
— Espera, me duele mucho el brazo, es insoportable el dolor — explicó, mientras que, con ayuda de Will, Ibel logró salir del auto.
— Que sí, que te entiendo, pero ves eso de allá — señaló unas luces a lo lejos —.
Es donde debemos estar y si nos quedamos aquí, esa maldita cosa vendrá por nosotros.
Ibel pisó el suelo con fuerza un par de veces para despertar su pierna y fue por el rifle que estaba aún dentro del auto.
— Vamos, Max — insistió Will viéndolo negarse a levantarse —.
Debemos irnos, ahora.
— Déjenme — pidió —, estoy cansado de todo esto.
Ibel se acercó y le pegó el rifle a Will en el pecho.
— ¿Crees que este es el momento para que lloriquees?
— se agachó frente a Max—.
Creí que este era tu momento, que no eras el cobarde, que todo el mundo pensó que eras — Ibel le agarró el brazo con cuidado.
Max volteó para mirar su brazo, cuando de un movimiento Ibel le colocó el brazo de golpe.
Del dolor volvió al piso.
— Andando — lo jaló y lo puso en pie.
— Maldita sea — respondió Max.
— Necesitaba distraerte — le explicó cuando aquel grito desgarrador típico del fenómeno que los habían estado enfrentando, los trajo a la realidad.
No fue necesario que alguien lo dijera para que todos salieran corriendo lo más rápido que podían.
Aquel grito seguía sonando sin cesar, pero no sabían si los perseguía directamente o si solo estaba cerca, aun así, ninguno quiso pensar demasiado y no necesitaba ganas para correr.
Hasta que la bestia se mostró de nuevo.
— Viene detrás de nosotros — informó Ibel después de voltear y ver al fenómeno saltar a las ramas de los árboles.
Las ramas se quebraron y de la copa de los árboles cayó el monstruo que siguió gritando, mientras que con sus garras se desagarraba el parásito que tenía en la cabeza.
Los pasos de los chicos de nuevo le llamaron la atención y aunque parecía pelear consigo misma, los persiguió.
Ellos sabían que no era posible que simplemente corriendo pudieran superar a la bestia que los había estado persiguiendo de cerca cuando estaban en un auto.
Pero no perdieron las esperanzas a pesar de escuchar los pasos cerca.
Siguieron corriendo con tanta potencia que parecía que sus piernas se podrían enredar consigo mismas.
Ibel se volteó valientemente y sin titubear disparó al monstruo.
Una vez más, uno de ellos fallaba, pero el ruido resonó en la cabeza de la bestia e hizo que la misma se detuviera para atacar sus oídos.
Había algo más que no quería escuchar.
Los sonidos fuertes le hacían daño a su aguda audición, pero el ruido del arma no era lo que la tenía intranquila.
Stevens se volteó de nuevo y con su sobresaliente velocidad igualó a los chicos.
Las luces de su casa aún no los alcanzaban ni siquiera, pero con cada paso desesperado reducían la distancia.
La adrenalina no era la única razón por la que aún seguían en pie; tenían vidas a las que se aferraban con cada esfuerzo en moverse.
La relación con todos esos monstruos había dejado de ser presa a cazador desde el primer juego.
Cuando sus desdichas dejaron de ser casualidades, el rencor fue creciendo y esa lucha era personal ahora.
No era momento de rendirse y mientras pudieran luchar, lo harían.
Lamentablemente, la bestia tampoco lo haría.
Su pelea consigo misma se terminó de pronto y tuvo la oportunidad de correr detrás de ellos.
Llevada por el olor de la sangre, siguió el rastro hasta Will.
Para un monstruo que no veía desde hacía mucho tiempo, ver a su objetivo la llenó de hambre, de necesidad, finalmente no era controlada por un externo.
Era un animal.
Sus garras se aferraban a la tierra y levantaban las hojas por donde pasara.
Se acercó y se acercó tanto que ya podía saborear a su presa.
Pero su vista se nubló de pronto con una luz repentina.
Otra vez ese sonido de un disparo invadió el bosque.
La bestia cayó y dio un par de vueltas antes de levantarse de nuevo.
— Nos volvemos a ver, maldita — dijo Abrill con su arma en mano.
El animal recordó la cara de aquella chica de cabello oscuro, había sido ella quien la había marcado noches anteriores.
— Max — Ele se bajó del auto y tan rápido como pudo, llegó a él.
— ¡Todos al auto!
— gritó Norah.
Martha y Will no duraron en hacer caso.
— ¿Qué hacen aquí?
— preguntó Max ya en el auto junto con Ele.
— Ella nos dio razones por las que buscarlos — explicó Norah viendo cómo era Ibel quien llevaba a Abrill que por nada del mundo le quitaba la mirada a la bestia —.
¿Por qué no la ataca directamente?
Todos miraron por la ventana, la bestia parecía temerle al arma de Abrill.
Esta vez el parásito había cubierto el área en donde Abrill disparó, contrario a lo que sucedió la primera vez, pero no era eso lo que la mantuvo al margen.
Mientras que el parásito curaba su herida, dejó caer algo de su sangre, y eso la confundió respecto a su objetivo.
Se mantenía quieta, esperando a oler solo la sangre de ellos.
— Walker, ¿Qué esperas?
— le cuestionó Ibel ya en el auto.
— No podemos irnos sin esa cosa, se debe morir hoy — finalmente las heridas sanaron y la bestia volvió a moverse.
— Abrill, sube ahora — dijeron Norah e Ibel en coro.
Ella se volteó y en cuanto puso un pie en la camioneta, Norah arrancó.
El auto era mucho más rápido que el de Will y eso se dejó ver en el momento en que la carrera se retomó.
Ágilmente, esquivó todos los árboles.
Esta vez la bestia los perseguía con mucho más odio.
— ¿Los ves?
— Valentine asintió quitándose los binoculares de la cara —.
Bien.
Marco te toca — se giró hacia él —.
Recuerda, debe ser ruidosa.
— Lo sé — sacó su celular de su pantalón.
Lucas se volvió a Kevin y Valentine.
— Es momento de la fase dos, a sus lugares — ellos se vieron la cara y siguieron con lo que le había dicho él —.
Vamos, chicos.
El auto mantuvo buena distancia y gracias a los disparos de Abrill, logró que la bestia no pudiese ni acercarse.
La casa se hizo más próxima y las puertas que daban al bosque se abrieron en par, el telón se abría una vez más para mostrar la última actuación.
CAPÍTULO CUARENTA Y TRES.
El Último Acto.
Las ruedas a gran velocidad dejaron marca en el barro del bosque; el viento frío golpeaba la cara de la bestia enfurecida sedienta de sangre y tumbaba las hojas secas de los árboles.
El motor del auto era lo único que se escuchaba dentro del mismo, pero el corazón de todos se movía con velocidad y la respiración de algunos estaba a su límite.
En una noche se resumía la batalla que habían estado librando en dos meses, aún había algunos que no entendían qué había pasado, pero tenían claro que les tocaba hacer ahora.
El problema los sobrepasó, era mucho más grande que el pequeño pueblo y había acabado con tantas personas en tan poco tiempo que era aterrador pensar que eran solo ellos contra esa maldición que los había perseguido sin sentido.
El pueblo dormía, y los pocos aún despiertos confundieron el sonido lejano de las balas con simples fuegos artificiales.
Las calles estaban solas, el miedo los había controlado a todos y ese mismo miedo les respiraba en la nuca a los chicos que se bajaron corriendo después que Norah frenase el auto.
— No se olviden del plan — recordó Abrill disparando sus últimas balas a la bestia que, aunque recibió varias, no se detuvo en lo absoluto.
Ella corrió hacia la casa y desapareció para la bestia al entrar.
El fenómeno usó el auto de Norah para el impulso y así entró a casa Ibel.
Desesperada, buscó el rastro de sangre ignorando las puertas que se cerraban detrás de ella.
— ¡Marco!
— la bestia giró a ver a Lucas después de escucharlo gritar —.
¡Ahora!
Marco sonrió y le dio inicio a la canción que había pensado para iniciar, misma canción que comenzó a sonar por todas las bocinas que habían pegado a las paredes de la piscina.
Según el plan, el volumen de la canción iba a ser manipulado para hacerle mayor daño a la bestia.
Pero apenas sonó la primera tonada, el monstruo se vio afectado.
— Pensé que sería algo ruidoso — comentó Kevin acercándose a Lucas.
— Con un volumen así cualquier cosa lo es — Lucas se puso un auricular para reducir un poco el volumen de afuera —.
Además — los demás fueron apareciendo de diferentes direcciones con armas y escudos improvisados —, ama esa canción.
Blinding Lights, o mejor conocida por los chicos como la canción de la semana, golpeó con fuerza los oídos de la bestia que sufría lentamente.
— Acabemos con esto — dijo Ele dando el primer paso hacia el monstruo.
Las luces comenzaron a parpadear de golpe, algunas bombillas se apagaron por completo y las que volvían a encender brillaban con fuerza.
— Él está aquí — agregó Valentine pegándose a Kevin.
— Tiene miedo — pensó Norah.
Un nuevo objetivo llegó al cazador, la sangre de Max se coló a su nariz y se abalanzó en su dirección.
Will apareció con un escudo de lata y defendió a Max del golpe, aunque cayó lejos de él.
Fue la sangre de Will su detonante para ir detrás del mismo; en ese pequeño descuido, el hacha de Max cayó sobre ella.
La bestia lo tiró lejos de ella y antes de que lograra moverse, Ele le lanzó un balde de agua fría encima desde una distancia segura.
Mientras la bestia sufría, Ibel llegó desde su espalda y con la lanza que había hecho con un cuchillo la apuñaló desde un punto ciego.
La bestia se volteó enfurecida, buscó atacarlo, pero ahora Martha lo cubrió con un escudo a él.
Ambos cayeron al suelo, y cuando la bestia se iba a mover hacia ellos, el bate de Marco golpeó sus costillas.
El fenómeno alcanzó a sostener el bate y abrió su enorme mandíbula harta de tener que lidiar con eso.
El hacha de Max alcanzó su pierna, pero de un manotazo se lo sacó de encima.
El animal se volteó y de un zarpazo quiso acabar con Marco, pero él soltó el bate y se tiró atrás, logrando esquivar el mortal ataque.
El monstruo siguió adelante, y a pocos pasos del chico, aparecieron Lucas y Kevin con escudos ambos, por un corto momento la detuvieron.
En ese pequeño instante junto a ella, la bestia clavó sus uñas en la pierna de Kevin, jaló de ahí y lo puso frente a ella.
Kevin la vio abrir la boca y las luces se apagaron, cuando volvieron, tenía la boca del animal justo al frente.
La nuca de la bestia fue traspasada por el cuchillo de Ibel y el golpe de Valentine con un tubo logró salvar a Kevin.
Un grito atroz que fue eclipsado por el volumen de la música.
Esa cosa sufría y aún no se enfrentaba a la peor parte del plan.
— Podemos hacerle daño — le dijo Ele a Abrill —.
Es nuestro turno.
Marco se levantó y corrió a por el bate, mientras que la bestia desesperada lanzaba arañazos a todo el que buscara acercarse, incluso cortó el escudo de Martha y la alejó unos metros.
La sangre de aquella cosa se deslizaba por su cuerpo mientras que los chicos buscaban defenderse de ella como podían.
El plan se fue de la mente de todos, ya no pensaban en formaciones o en algo más allá de sobrevivir.
Aquella cosa se movía entre ellos sin rumbo exacto, pero cada vez que lograba así fuese derrumbar a uno, los otros atacaban con todo hacia ella.
La música y la sangre la hacían perder la razón, lo que la hacía más peligrosa.
Mientras que a los chicos, las luces y el miedo los hacían chocar incluso entre ellos mismos.
El aliento de la bestia era lo único que le quedaba y guiándose con él llegó hasta frente a Max.
Él se quedó paralizado al verla tan cerca, era un salto que no sabía si podía esquivar.
La bestia había parecido como un destello, y con la misma velocidad tenía que esquivarla, algo imposible para él.
— ¡Max!
— gritó Norah desde el suelo lejos de él.
Él cerró sus ojos en ese último momento cuando sintió la tecleada de Marco que lo quitó del medio.
— Maldita sea — se quejó Marco quitándose de encima de Max.
Max alterado vio a la bestia con sangre en las garras y se levantó para ver a Marco.
— ¿Estás bien?
— Me rasguñó — tomó el brazo de Max y se puso en pie, mientras que todos veían al monstruo lamerse con gusto la mano —.
Ese cuchillo puede ser la señal de nuestra victoria.
Debemos atacarla ahí y seguir con el plan.
Max asintió.
La bestia nuevamente volvió a moverse tan rápido como antes.
Norah, aterrada, buscó moverse cuando el monstruo corrió hacia ella.
Pero en el instante en que Lucas buscaba ponerse en medio, los esparcidores se encendieron y el volumen se hizo más intenso.
— ¡Lucas!
— gritó Abrill apareciendo con Ele, que traía el rifle de Ibel y Abrill con su propia arma recargada.
Ambas empezaron a dispararle al monstruo que había quedado encima de Lucas.
El volumen aturdía tanto a la bestia que ni siquiera podía escuchar los disparos que la azotaban una y otra vez.
— Con todo — Ele y Abrill dejaron de disparar cuando todos los demás se le fueron encima a la bestia.
Eran tantos golpes seguidos en diferentes direcciones que le era difícil saber dónde atacar.
Sus golpes se hicieron lentos; los escudos ya podían frenarlos mejor.
Como piñata en una fiesta, la bestia se veía superada por las armas de todos.
Pero, no se rendía, incluso después que el hacha de Max le arrancara un dedo, azotó a Ele con fuerza después que ella se acercara, y se deshizo de los escudos saltando por todas partes.
— Max — lo llamó Lucas tomando el escudo roto de Martha.
Max lo siguió de cerca y juntos corrieron hacia la bestia.
Norah, Martha y Valentine fueron sus objetivos en cuanto la bestia pudo oler sangre de nuevo.
Will apareció de nuevo con su escudo y con Martha se pusieron frente a la bestia, que antes de llegar recibió otro balazo por parte de Abrill.
Norah y Valentine se armaron, junto a Ibel, Kevin, Marco y Ele, que aparecieron detrás de ellas.
Su atacante no podía verlos, ni oírlos y eso fue lo que usaron para poder llegar desde su espalda.
Lucas soltó el escudo y puso sus manos en el suelo para que Max lo usara para impulsarse.
Dio la carrera que definiría el salto y con todas las energías que le quedaban pisó su hombro, y sintió que había llegado tan alto como nunca.
Cuando dio con la bestia, se sujetó al cuchillo con la fuerza máxima que tenía.
Cuando el cuchillo comenzó a cortar por el peso de Max, la bestia se levantó en sus dos pies para tomar a Max con sus garras.
Pero Abrill no dudó en dispararle al pecho.
Eso provocó que la bestia buscase cubrirse y en ese instante de decisión, los chicos todos juntos la empujaron a la piscina que estaba a pasos detrás.
Una de las garras perforó a Max por debajo de una costilla, pero el dolor no lo hizo soltarse.
En cambio, él se sujetó al cuello de la bestia con sus brazos jalándola hacia atrás.
— ¡Con fuerza!
— gritó Ele.
Abrill los cubría de los brazos del monstruo mientras que ellos seguían empujando.
Hasta que al darse cuenta de que no tenía balas, corrió hacia el monstruo y le dio el empujón que hacía falta.
El sufrimiento de la bestia se vio en sus movimientos exagerados y desesperados por alejarse del agua.
Los chicos en cuanto pudieron nadaron lejos de la cosa que agonizaba.
Se rasgó la cabeza y dio sus últimos gritos al aire.
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