El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO
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46: CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO.
46: CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO.
— ¿Estás bien?
— lo ayudó a salir de la piscina.
El piso se fue manchando de su sangre, apenas su espalda cayó sobre las cerámicas azules.
— Es mucha sangre — Ele le agarró la cara con la esperanza de que Max no fuese perdiendo la conciencia.
— Sí, eso creo — le contestó él, sintiéndose tranquilo después de tanto.
— Saldremos de esta, ¿ok?
— su miedo a que las cosas salieran peor de lo que ya estaban comenzó a crecer con la hemorragia de Max —.
Pero necesito que te quedes conmigo — miró a los demás levantarse del otro lado —.
¡Chicos!
Max sonrió y puso su mano en la nuca de Ele.
La jaló suavemente hacia él hasta que logró pegar su frente a la de ella.
— No me voy a ir a ninguna parte — sus ojos cerraron mientras se permitía sentirla cerca.
Ele, desesperada, comenzó a gritar su nombre, cosa que llamó la atención de los demás que salieron a auxiliarlos en cuanto pudieron.
Will, que con ayuda de Martha se pudo sentar al filo de la piscina, pasó su mirada de Max al monstruo que parecía derretirse en el agua.
Mientras el parásito se despegaba de su cuerpo, este tomaba una apariencia más humana.
Todo su cuerpo tomó un tamaño normal.
Su nariz también volvió junto a sus orejas.
De pronto, había desaparecido el cuerpo de un monstruo y había quedado el cadáver de un chico de unos 20 años, quizás, rodeado del parásito muerto que con sus últimos momentos de vida había intentado alcanzar las orillas de la piscina.
— Will — escuchó la voz preocupada de Valentine —.
Debemos irnos.
Él asintió y con Martha como apoyo se puso en pie.
Las luces habían cesado y todo quedó en un silencio incómodo cuando Marco quitó la música.
El pasto quedó lleno de sangre, de las armas inventadas por ellos mismos y fue el único testigo de aquella pelea.
CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO.
Un Baile Más Y Nos Vamos.
3 Semanas Después.
— Buenos días, Pensiwell, les dice hola — él miró a todos, pero esperaba una reacción diferente en sus caras —.
Entiendo que últimamente las cosas se han salido de control.
Mac se sentó al lado de su madre mientras acariciaba un pequeño gato para ver lo que el alcalde podría decir.
— Han sido días difíciles — buscó leer las notas que habían preparado para él, aunque su poca visión se lo complicaba —.
Pero debo decirles con confianza que lo peor ha pasado.
Nuestro cuerpo policial ha hecho su mejor trabajo para conseguir al cuerpo del crimen organizado que logró aterrorizar a todos.
Después de mucho aguantar, Norah quebró en llanto y apretó con fuerza la foto de Aslan a su pecho.
Y aunque Valentine quería ayudarla, sabía que no se había permitido en todo este tiempo poder despedirse de él, así que solo se limitó a verlos llorar.
Kevin no fue tan fuerte como Norah y había comenzado a llorar desde antes.
La chica del mechón azul miró por la ventana del auto y se quedó con la mirada perdida en el funeral de Aslan a lo lejos.
— Puedo decirles que cada vez más nos acercamos a un culpable, uno que pagará todo el daño que le ha hecho a todas las familias afectadas y nuestro amado pueblo — pasó de página.
Marco le tocó el hombro para llamar su atención y sonrió junto con Lucas cuando él se dio cuenta de que le había preparado un sándwich.
Se sentó a su lado, pero ambos voltearon rápido al escuchar los pasos de Gabriela desde detrás de ellos.
Ella siguió a la cocina y volvieron su atención a la TV.
— Por eso, como bienvenida a las fechas decembrinas, les prometo que podrán vivir sus festividades con toda la tranquilidad con que las han celebrado las épocas anteriores.
Por lo que invito a todos a celebrar como una familia unida para poder olvidar esta nube gris que nos cubre a todos.
Will terminó de limpiar el polvo de las alacenas y se recostó de una de las columnas para admirar por un momento su cafetería.
Aliviado, sobó su pierna y antes de que se pusiera en acción otra vez, la campana de la entrada lo interrumpió.
Martha sonrió alegre de verlo con ese semblante una vez más y después de un largo abrazo, se pusieron ambos en marcha.
— Haremos una fiesta para demostrarle a este mal tiempo que sin importar las muchas atrocidades que se nos presenten, seguiremos con buena cara — entre los periodistas presentes comenzaron a surgir susurros que compartían preocupados.
El alcalde miró a Williams y este asintió para que siguiera hablando.
Argelia puso con fuerza el plato de comida de Abrill frente a ella.
Con eso logró sacarle la vista del chat de Ibel y ponerle atención de nuevo al televisor.
Por otro lado, Ibel lavaba las heridas de su cara con cuidado frente al espejo de su baño.
Después de ponerse una venda nueva, miró de nuevo el celular esperando que Nick contestara su mensaje.
— La fecha será establecida pronto — la bulla se iba haciendo cada vez más fuerte —.
Seguiremos de pie juntos, frente a este acontecimiento que está a punto de llegar a su fin.
Junior rápido mandó a sus policías a sacar al alcalde rápido de ahí, mientras que todos se quejaban de su brillante solución.
La mayoría buscaba respuestas y declaraciones sobre alguna cifra de asesinatos real, pero ningún periodista sabía algo más allá de esa noche en el hospital.
Exceptuando, claro, a los que desde su auto naranja veían tranquilos a la distancia.
— Aún no creo que sean parientes — Ele sonrió poniendo la mirada sobre él.
— Es complicado — Max le sonrió de regreso —.
No entiendo cómo puede hacer eso en un momento como este.
— Es una fachada — se acomodó en la cama —.
No es la primera vez que hace como si no pasara nada.
Una sorpresa de verdad es que hayan cancelado tantas veces esa fiesta.
¿Qué intentan ocultar?
Ele acercó la silla a la cama y lo tomó de la mano.
— No hay por qué apresurarse, tendremos tiempo para pensar en todo— apretaron su agarre.
— En eso tienes razón.
La cifra de muertes se había frenado por completo desde el momento en que la bestia cayó.
Como era de esperarse, todo acabó con esa pelea, y por fin entre los chicos habían descubierto el causante de la masacre, pero no la razón de sus ataques.
El celular de Ele comenzó a sonar con una llamada de su hermano.
Pero prefirió silenciarlo.
— ¿Cuántas veces has hecho eso?
— preguntó Max viéndola guardar el celular de nuevo.
— Con él es la primera vez.
Con mis padres, ya van cinco veces.
— Se preocupan por ti — Ele bufó.
— Lo hacen porque perdí el trabajo, solo quieren reclamarme eso — se acercó para sobar el cabello de Max —.
Pero eso no es importante ahora, ya pronto saldrás de aquí y podremos tener una vida, todos.
Él sonrió con una profunda alegría después de escuchar eso.
Las pesadillas se habían desaparecido y pudo dormir como no lo hacía desde hacía mucho.
Así había sucedido con todos los demás.
Se había llenado de ese alivio desde el día que vio a Mac entrar a visitarlo.
La tranquilidad que te inunda después de una prueba siempre supera el tamaño de la preocupación o el miedo que sentiste en ese momento.
Porque los problemas por muy grandes que parezcan son un muro inmóvil frente a ti, que solo crece si tú lo haces más grande.
Intentar superarlos nunca será tarea fácil, pero si crees que serás superado por él, ¿no es mejor caer luchando?
Preparatoria de Pensiwell, unos pocos días después.
— No tienes que agradecerme por eso — le recordó Norah después de que Max dejara de abrazarla.
— Si no fuese por ustedes, no sé qué hubiese sido de mí — comentó.
— No tienes que pensar en eso — agregó Ele a su lado.
— ¿Abrazarás a Ibel también?
— bromeó Marco.
Después del incidente en la piscina, Ibel llevó a Max a aquel hospital privado donde estuvo la chica Arianna, donde pudieron atenderlo con la velocidad necesaria.
— Idiota — sonrió.
— En serio no creo que vayan a ser un baile — mencionó Kevin mostrando un afiche con la invitación a la fiesta.
— Ha sido un tema de qué hablar en redes — lo tomó Norah.
— Bueno, las cosas acabaron — opinó Marco.
— Para nosotros, no para los demás — respondió Max.
Marco asintió recordando ese detalle.
— Ni siquiera ha sido del todo para nosotros.
La policía nos sigue viendo como sospechosos — todos asintieron al escuchar a Ele.
— Y Leonard tiene todo este tiempo desaparecido — dijo preocupado Kevin tomando el afiche de nuevo.
— Tranquilo, debe estar en una de esas misiones de campo.
Le encantan esas cosas — Lucas puso la mano en su hombro luego de intentar subirle el ánimo.
— Hablando de cosa sin resolver — Norah se quedó viendo hacia el pasillo detrás de ellos y con curiosidad le siguieron la mirada.
— Camila — susurró Marco yendo hacia ella.
— Qué entusiasmo — agregó Norah.
Camila se quedó atónita con el abrazo de Marco.
Miró a Valentine que con una sonrisa siguió hacia los chicos.
— Hola, Marco.
— Te extrañé — con esa declaración logró que se le escapara una sonrisa.
— ¿Por qué?
— él dejó de abrazarla y la miró a los ojos.
— ¿Bromeas?
Aún no te agradecía lo mucho que hiciste por mí.
Un poco decepcionada de sí misma, miró al grupo de chicos que se entretenía hablando con Valentine.
— Tengo que decirte algo — él esperó el tiempo en que ella organizaba sus palabras —.
Yo solo me escondía de lo que pasaba afuera, porque sentí miedo y dije una tontería por un impulso estúpido.
— Oye — la interrumpió —.
No importa qué hiciste para llegar hasta ahí, te agradezco porque a pesar de que pudiste esconderte de todo en otro lugar, quisiste hacerlo conmigo — Camila no sabía que necesitaba esas palabras hasta que las escuchó, y llevada de otro impulso, lo abrazó con todas sus fuerzas.
— Gracias, no te has dado cuenta de todo lo que has hecho por mí todo este tiempo, con tus bromas y tonterías, me has hecho más alegre — Marco confundido la abrazó también.
En realidad, no tenía idea de que había hecho tanto, pero se sintió bien al darse cuenta.
— Nunca hemos ido a uno — Max respondió a las incesantes súplicas de Valentine.
— Es el momento para ir al primero — insistió —.
Merecemos celebrar esto; es una victoria importante para todos.
— Nadie irá.
— Entonces, eso lo hace mejor, Lucas — Kevin sonrió —.
¿Tú me apoyas?
Ele sonrió al ver la mirada de Kevin perdida.
— No estoy en contra.
Además, siento que nos obligarán a venir.
— Es cierto, es una orden del alcalde — agregó Valentine.
Entre ellos compartieron miradas mientras se decidían en qué decir.
Algunos sabían que tendrían que escaparse de sus casas y otros se preguntaban si de verdad habría más personas.
— ¿Tenemos que ir de gala?
— preguntó Norah, alegrando por completo a Valentine.
Esa misma noche.
Noche del baile.
Los autos llegaban uno detrás de otro, impresionantemente había muchas personas.
— Al parecer, estas tres semanas, les han dado confianza — le dijo un oficial a Williams.
— Nunca aprenden, por eso escogieron estos pueblos — ambos veían detenidamente a todos los chicos caminar hacia el salón.
— ¿Por qué eran unos idiotas?
— Necesitaban que las presas lo fueran, la mayoría de ellos siempre han tenido más dinero en la cabeza que en el cerebro.
Si los controlas a ellos, controlas a los que están por debajo.
— ¿Alguno de ellos ha sabido de esto alguna vez?
Williams se quedó mirando a los chicos entrar.
— Ahí están — su compañero volteó hacia donde miraba —.
Se han mantenido tranquilos todo este tiempo, y ahora van a fiestas.
— Llevan justo el tiempo en que el experimento doce desapareció — sumó el otro.
— Es solo cuestión de tiempo — dijo Williams apretando su arma.
El compañero de Williams seguía teniendo empatía por ellos, pero sabía que esa oferta de matar dos aves de un tiro era lo que necesitaban.
Quitarse a los periodistas de encima para así poder continuar con la investigación era su objetivo ahora.
El celular brillaba y sonaba por quinta vez, pero Abrill, entretenida en su balcón, no lo había escuchado ninguna de las veces anteriores.
Sacó su mirada del libro que tenía en las manos cuando una pequeña piedra golpeó su cabeza.
— ¿El libro del cactus de nuevo?
— preguntó Ibel.
Estaba confundida, pero alegre de verlo de nuevo.
— Ya he leído el mundo gris muchas veces — sonrió levantándose de su silla —.
¿Qué haces aquí?
— Llamando tu atención — Abrill frunció el entrecejo —.
Dijiste que querías pedirme más que disculpas.
Quiero escucharlo.
Su corazón se aceleró al escucharlo y respiró profundo para contener la felicidad.
— ¿Has venido hasta aquí para pedir que me disculpe?
— He venido a recordarte que tienes que hacerlo — ambos sonrieron, y Abrill aceptó que tenía que hacerlo ahí —.
Pero antes de comenzar con eso, ve a vestirte.
Inclinó la cabeza confundida.
— No hay fiesta sin mí — abrió los brazos.
— ¿Esa es tu forma de invitarme al baile?
— Deberías sentirte afortunada — ella negó con la cabeza mientras que su sonrisa lo hacía sentir mejor a él.
— Entra, dame veinte minutos — se fue tan rápido como pudo hacia su habitación.
Un recuerdo cálido llegó a Ele al pasar por debajo de los pequeños bombillos amarillos que adornaban la entrada al lugar.
Llevada por la alfombra roja fue entrando de a poco al salón, pero antes se volteó y para despedirse de su hermano le sonrió.
— ¿Por qué le encanta meterme en problemas?
— se preguntó Demian poniendo la mirada en la vía.
Lo primero que le llamó la atención al llegar era el candelabro negro que pendía del techo que servía de iluminación junto a unas pequeñas bombillas que colgaban por todo el lugar a diferentes alturas.
Se sorprendió al ver tanta gente en el sitio; era más de la que se esperaba todo aquel que estuviera ahí.
Por instinto fue a parar frente a la mesa de bocadillos que estaba al costado izquierdo del salón.
Con la mirada observó a todos los que bailaban y los otros que se tomaban fotos cerca de los decorativos.
No quería comer algo, pero creyó que desde ahí vería a alguno de los chicos.
Miró al DJ que parecía alegre sobre la tarima, y ya un poco preocupada sacó su celular para contactar a los chicos.
— Estás hermosa — se escuchó detrás de ella el grito por parte de Valentine —.
Qué bien te quedan los vestidos — Ele sonriente se volteó mientras que ella le analizaba su vestimenta —.
Y ese color — finalmente se saludaron con un abrazo.
— Me gusta el blanco — detalló el vestido de su amiga —.
Te queda genial el rojo.
— Lo sé — sonrió —.
¿Has visto a los demás?
La pelirroja iba a contestar cuando detrás de Valentine, un chico le robó la mirada una vez más.
Valentine, sin mucha idea de lo que acaba de pasar, se volteó para entender y cuando miró cuál había sido el primero de los chicos en entrar, solo pudo sonreír.
— Ahí están — terminó de decir Valentine por ella.
Max iba vestido con un traje no muy fuera de lo común, pero no era que llevaba puesto lo que había llamado su atención.
Era que esa segunda cita de la que habían hablado semanas atrás se cumplía ese día y recordó la primera vez que lo vio, lo primero que dijo y eso sumado a lo que ahora significaba hicieron sonreír a ambos como unos tontos enamorados al cruzar miradas.
Detrás de él, todo el club.
— Norah, me encanta tu vestido — exclamó Valentine cuando todos llegaron a juntarse —.
Ustedes chicos, muy elegantes — Ele se acercó y la atención se puso sobre lo que era la pareja más esperada por todos.
— Esta vez recordé que es mejor sin corbata — dijo Max viendo a Ele, ella sonrió.
— A mí me hubiesen dicho eso — agregó Marco mostrando su corbata.
— Lo importante es que estamos todos aquí — Norah acomodó sus lentes con la mirada baja —.
Es lo que hay que celebrar — todos asintieron.
La emoción por ser parte de un grupo llevó a Valentine a que por fin lograra hacer tantas cosas que algún momento quiso hacer: los hizo tomarse fotos en cualquier situación, empujó a todos a la pista de baile y logró que las tragedias que aún fastidiaban a algunos se fueran por un momento.
Al final, la mejor parte de un problema es cuando se termina.
— Creo que debo hacerlo — dijo de pronto Kevin interrumpiendo a Marco mientras comía galletas.
— ¿Hacer qué?
— respondió con la boca llena.
— Hablar con Valentine — siguió con la mirada en ella.
Marco miró hacia ella y luego lo vio de vuelta a él.
— ¿Tienes algo con Valentine?
— Kevin indignado miró a Marco.
— Desde hace años, ¿Qué preguntas?
— ¿Son algo desde hace años?
— Kevin entendió lo que quería decir —.
Exacto, no hay nada y por tu parte nunca lo hubo.
Si alguien debe dar un paso, eres tú.
Kevin guardó silencio por un pequeño momento.
Pensando también desde cuándo Marco era tan sabio.
— Hay cosas que quieres y otras que necesitas — por un momento recordó la conversación con Aslan la noche de la cabaña —.
Necesito ser feliz, los necesito a ustedes, la necesito a ella.
— ¿Apenas te das cuenta?
— Kevin le golpeó el brazo —.
Ve y díselo a ella.
Nunca es tarde para comenzar una buena historia.
Él asintió y fue en dirección a ella mientras que mentalizaba lo que tenía que decir.
Marco, por otro lado, se quedó tomando unas cuantas galletas.
— ¿Mandarina?
— apareció Camila a su lado.
— Viniste — Marco dejó las galletas y se saludaron con un beso en el cachete.
— Es imposible zafarse de Valentine — sonrieron.
— Te llevaré con los chicos — ella lo agarró del brazo en cuanto él iba a irse.
— No, creo que necesitaré un poco de tiempo.
¿Sí?
— él asintió y se regresó a su lugar —.
Aunque sí quiero hacer algo hoy.
Marco siguió masticando sus galletas esperando a que ella terminara de hablar.
— ¿Kevin?
— lo frenó Abrill —.
¿Qué haces aquí?
— Kevin instintivamente miró hacia el grupo —.
Están aquí.
— No creo que sea bueno intervenir ahora — aconsejó queriendo caminar.
— Debo hacerlo en algún momento.
— No ahora — finalmente él se fue dejándola pensando en qué como hubiera cambiado las cosas si hubiese tomado el camino correcto.
De pronto las luces se bajaron y la mirada de ellos fue directa a las luces.
El aire comenzó a agotarse para varios, mientras que el corazón de los demás se aceleró en segundos.
— Llegó el momento favorito todos — informó el DJ por el micrófono —.
Aprieten a su pareja — los chicos fueron tranquilizando poco a poco —.
Para esos que vinieron solos, es su oportunidad para que cuando se vayan de aquí sean acompañados — sonrió mientras que colocaba una canción propia.
— Deberían avisar — se carcajeó con Camila después de respirar profundo —.
¿Qué es que querías decirme?
Hay cosas que están destinadas a pasar desde el momento en que todos nacemos.
O al menos, eso le gusta creer a mucha gente.
— ¿Si recuerdas cómo bailar?
— bromeó Ibel llevándose a Abrill a la pista.
Dicen que no hay forma de esquivar para lo que nacemos, nadie escapa del destino.
Así que no pierdas el tiempo en lo que pudiste ser.
— Tengo que decirte algo — la frenó antes de que se apartara con los otros chicos.
— Salgamos de la pista de baile primero — respondió viendo cómo más parejas se sumaban al baile.
— De hecho, es el mejor lugar para hacerlo — Valentine arrugó el entrecejo mientras que la curiosidad la mataba —.
¿Bailarías conmigo?
— ella sonrió emocionada viendo la mano de Kevin y sin decir una palabra la tomó.
No vale la pena pensar en circunstancias que no existieron, que no existen o que no existirán.
Al final, tomaste el camino que deberías tomar.
— Marco — su corazón se fue acelerando de poco —.
¿Bailas?
— cambió la pregunta al último.
— ¿Yo?
— su cara no le transmitía nada a ella y eso hizo que entrara en pánico —.
Prometo que no te pisaré — respondió mientras que, con una mezcla de nervios y emoción, se fue con ella a la pista.
Y aunque la vida en muchas ocasiones no nos da muchas buenas noticias, es ella la que nos enseña algo muy importante: el destino es nuestra historia, pero somos nosotros los autores.
— Una vez me enseñaron la importancia de escoger bien — Ele lo miró confundida por lo que dijo de pronto —.
Porque si escoges mal un sendero, no podrás salir de él.
Ella, curiosa, le prestó atención.
— Desde la primera vez que te vi, escogí confiar en ti y me gusta creer que desde entonces nuestro destino se hizo uno solo — Max tomó la mano de Ele y aunque ella se vio nerviosa, no se frenó.
Ambos entraron a la pista de baile.
Max, se repetía continuamente que debía actuar con confianza, así que la acercó tanto como en su primer baile juntos.
— No me importan los muchos caminos que pude escoger ese día — entre tanto los ojos azules de la pelirroja se consiguieron con los nerviosos ojos marrones de Max —, escogería sin dudar en el que estés tú.
Con los ojos cerrados se fueron acercando hasta que sintieron sus labios rozarse.
Se dejaron llevar por el momento y olvidaron el mundo.
Delicadamente, sus labios chocaban, mientras se acercaron para llegar al punto de sentir el palpitar del otro.
La sincronía entre ambos era la indicada, el cariño se había convertido en amor y ese beso lo decía.
Ese salón y los ojos de todos fueron testigos del primer “te quiero” entre ambos.
El beso terminó y Max con una sonrisa esperaba ansioso saber si a Ele le había parecido tan maravilloso como a él.
— Disculpa, pero — la mano de ella llegó hasta su nuca —, llevo esperado mucho esto.
Con la fuerza suficiente lo jaló hacia ella de nuevo y le dio paso a otro beso lleno de pasión bajo las luces tenues.
Cada sonrisa, cada abrazo, cada agarrón de mano los había llenado de confianza, habían hablado con sus miradas desde la primera vez y ahora, ese beso daba principio a una nueva historia por venir.
Lucas sonreía desde una silla lejana.
Finalmente, los había visto a todos en esa situación y se le hizo inevitable pensar en que a Aslan también le hubiese gustado.
— Gracias — susurró recordando las sonrisas, las bromas, los abrazos y los juegos que había vivido junto a él, junto a sus amigos.
Luego de ver a Abrill e Ibel bailando, comenzó a llorar sin poder resistirse.
— Oye tú — al escuchar la voz de Norah, buscó limpiarse la cara y volteó —.
¿Bailamos?
Él sonrió, recordó que no era el único a quien Aslan le hacía falta.
— No me lo perdonaría si no — la tomó de la mano.
Mientras la llevaba a la pista, su mente perdida en tantos recuerdos le enseñó a Aslan llevándola.
Para Norah, era él quien la llevaba de la mano con una enorme sonrisa y fue él quien la detuvo para comenzar a bailar.
Perdida en los momentos junto con él, lamentó su muerte una vez más, abrazó a su recuerdo con mucha fuerza como si no lo fuera a soltar.
— Gracias, Lucas — dijo llorando sobre el pecho de su mejor amigo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com