El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 47
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47: Capítulo final.
47: Capítulo final.
cAPÍTULO finAL.
EL CLUB DE LOS CHICOS RAROS.
Después de unas cuantas canciones lentas, el DJ volvió para seguir con la fiesta.
Valentine se acercó a Ele mientras ambas cantaban: Cool, de Alesso.
Dejándose llevar por el ritmo junto a los demás chicos.
La canción fue avanzando, y en grupo, bailan uno cerca del otro como solían hacerlo solo en la cabaña.
La mirada de los demás no importa cuando la canción está a todo volumen.
Entre sonrisas, bailes improvisados y saltos, se sintieron de vuelta a esos días en donde la peor de las cosas que les podía pasar era tener una mala calificación.
Como niños, hacían morisquetas y se reían entre ellos.
Las luces seguían encendidas, la música no paraba y ellos no tenían ganas de irse.
Las tristezas y preocupaciones desaparecieron por un instante.
Es común decir que los momentos felices son pasajeros, aunque casi nadie toma en cuenta que son los problemas los que llegan a quitarte tu tranquilidad.
Los chicos habían luchado por su paz, y la sensación de tenerla de vuelta los inundó tanto que los demás problemas con los que habían lidiado fueron desapareciendo.
— Creo que deberías hacerlo — Abrill se resaltó al escuchar a Ibel detrás de ella —.
Quizás te rechacen de nuevo, pero en algún momento tendrán que escucharte.
O al menos él.
Abrill tomó del vaso de Ibel y luego, de armarse de valor, ambos los siguieron al salir.
— ¡Chicos!
— los frenó antes de que pudiesen todos subirse al auto de Norah —.
¿Podemos hablar?
Ele miró a uno por uno, las reacciones entre ellos no eran buenas y Norah no quiso ni voltear cuando se dio cuenta de que se trataba de ella.
— Ella tiene derecho también — agregó Max al fondo, mientras que el silencio era total en los demás.
— Todos merecemos una segunda oportunidad — apoyó Kevin —.
Yo la tuve.
— No hiciste lo que ella hizo — reprochó Norah encendiendo el auto.
— Eso no depende de nosotros — intervino Marco desde dentro del auto.
Instintivamente, las miradas se fueron a parar en Lucas, que con un nudo en la garganta veía a Ibel llegar detrás de Abrill.
— ¿Por qué crees que él podrá venir?
— la pregunta sorprendió, pero Valentine en algún punto también pensó en lo que dijo Lucas.
— Fue parte de todo, Lucas — respondió ella —.
Ayudo a salvarnos la vida.
— Nos arruinó parte de la misma — el rencor lo iba cegando de a poco.
— No estoy con ella — intervino Max —.
Pero lo que hizo no puede ser en vano.
— Lo hizo para salvar su pellejo — mencionó Ele.
— No necesito ir con ustedes, quiero que me den la oportunidad de pedirles perdón.
A todos — Camila se sintió parte, aunque en realidad no lo era —, me he dado cuenta de que mis excusas solo arruinan más las cosas y estoy harta de darlas.
Me comporté como una mierda por muchos años, y aun así decía ser su amiga con confianza.
— ¿Quieres que creamos que en dos semanas eres una persona nueva?
— la interrumpió Norah.
— No, lo que quiero es decirles que, si este es el fin de mi historia junto a ustedes, me niego a que termine de esta forma.
Lucas se veía alterado, su dolor era distinto, para todos el suyo era el más importante y ese peso le comenzaba a caer con fuerza.
— Nuestra historia acabó desde el primer día que quisiste enredarte con él — dijo Norah colocándose los lentes de nuevo.
Decepcionada, Abrill esperó las respuestas de los demás.
Pero todas las demás fueron igual de tristes para ella.
— Espero que te vaya bien — siguió Marco quitándole la mirada de encima.
— No creo que esperes algo de mí — comentó Ele terminando de entrar al auto.
Valentine hizo que Camila entrara con ella detrás de Ele.
— No debe terminar así — pidió Kevin.
— No repetiré lo que dije — reprochó Norah.
Por último, Abrill miró con esperanza a Max, para ella era el más comprensible y sensible de todos.
Sentía que quizás él podía reconfortarla.
— Somos jóvenes aún — la miró con la misma tristeza que sintió al ver a Lucas esa noche —.
A tu historia le falta mucho que correr, a la de todos.
Pero, lamentablemente, es momento de decir adiós — puso su mano sobre el hombro de Lucas —, al menos de nuestra parte.
Ibel se sintió mal por Abrill, así que buscó apoyarla acercándose a ella.
Lucas los miró juntos y recordó los primeros días de su relación.
En un instante, su mente cayó en un mar de momentos que estaba seguro de que nunca se irían, pero también miró los últimos meses en donde era más difícil tenerla cerca que olvidarla.
— ¿Estarás mejor?
¿Verdad?
— la forma en que lo dijo les dolió a todos.
En su voz se dejaron ver las muchas ganas de solo llorar —.
¿Es lo que quieres?
— Lucas… — No — la interrumpió —.
¿Es lo que quieres?
— Stevens la vio, y ella, con un dolor enorme al ver la mirada de los demás encima de él, asintió.
Unas pocas lagrimitas salieron de los ojos de Lucas mientras que con su mano estirada se acercaba a ella.
— Entonces, espero que seas feliz, más de lo que fuiste conmigo — incluso Ibel se sintió mal con esas palabras —.
Gracias por ser parte de los mejores años de mi vida.
Inevitablemente, cada uno de ellos se lamentó por Lucas.
Él la miró con cariño por última vez y se dio la vuelta.
Antes de cerrar la puerta del auto de Lucas, les dijo algo más.
— Ibel, eres un maldito idiota — Ibel delicadamente asintió —.
Pero también perdiste un amigo.
Pueden venir con nosotros — los que estaban dentro del auto compartieron miradas —.
Nos despediremos de Aslan por nuestra cuenta, y si quieren despedirse de Robert, están invitados — se subió después de que Max y Kevin se pasaran a la parte de atrás —.
Luchamos la misma batalla.
Fue un cambio repentino para Abrill.
Esta vez fue Ibel el que tomó la decisión.
Después de dejar claro cómo llegarían, ambos autos salieron del lugar.
Williams salió poco después detrás de ellos.
— ¿Me haces de recordarme qué hacemos aquí?
— Will sonrió tomando asiento frente a ella —.
Tío, en un par de horas sale el sol.
— La fiesta trajo más clientes de los que creí — él le dio una taza de té hecha por él mismo —.
El lado bueno es que al fin podré pagarte lo que te mereces.
Al tener el dinero en las manos y poco después de contarlo, Martha se quedó con la mirada perdida en los mismos.
— ¿Qué tal si nos vamos de aquí?
— Will arrugó el ceño con rapidez —.
¿Has ido alguna vez a Alois?
Dicen que es precioso.
— Sabes que me encantaría, pero no puedo levantar la cafetería y llevarla hasta allá.
— ¿Y si juntos ahorramos lo suficiente?
— Will sonrió —.
Imagínatelo, cafetería, la gran Martha, la mejor de la ciudad entera.
Después de reír juntos, Will siguió con el tema.
— ¿Por qué tendría ese nombre?
— Porque suena chulo — soltó el dinero en la mesa para expresarse mejor con las manos —.
¿Me dirás que no te gusta?
— El nombre debe tener algo que provenga de mí, algo mío.
— ¿Quién dijo que no lo tenía?
— a pesar de que quiso preguntar, entendió lo que había querido decirle y con una sonrisa pícara ambos se quedaron viendo a los ojos.
Hasta que el celular de Martha vibró con fuerza —.
Es Arianna — explicó —, me sentí culpable por lo que le sucedió.
— ¿Fueron pareja?
— no pudo guardarse por más tiempo la pregunta, pero por la forma en que lo hizo logró tomar a Martha por sorpresa —.
Disculpa, es que los chicos me lo comentaron y… — Tranquilo — lo frenó —.
Fue una noche de tragos larga, es el único detalle que te daré.
Solo no sabía que para ella fue más que eso, ¿Quién se enamora en una noche?
— Will bajó la mirada —.
¿Lo has hecho?
— Fue hace mucho — ambos sonrieron.
Luego de cerrar la cafetería, caminaron juntos hasta el auto que el padre de Will le había prestado hasta que el suyo saliera del mecánico.
Martha recibió otro mensaje y ese la distrajo por completo.
Mientras tanto, Will se mantenía pendiente del camino, tanto que le pareció escuchar las ruedas chocar contra el asfalto.
El sonido del teclado de Martha lo hizo sentir incómodo.
De manera improvista, su corazón se aceleró y comenzó a faltarle el aire.
Sus ojos se quedaron tiesos sobre el semáforo a metros de distancia.
— ¿Will?
— escuchó de fondo —.
¡Will!
— su mirada rápida fue hacia ella —.
¿Por qué has frenado?
Observó su alrededor y se dio cuenta de que efectivamente se había detenido.
— Lo siento — el auto de nuevo comenzó a moverse y al cruzar la esquina próxima Martha se dio cuenta de que había sido lo que veía.
La luz roja de aquel semáforo dañado siguió fallando.
— Iremos a casa de Lucas — él giró a verla por un segundo —.
Está haciendo algo por Aslan en el bosque, ¿sabes dónde queda su cabaña?
— Will negó con la cabeza —.
Les diré que envíen a uno de ellos.
Algunos permanecían sentados a la orilla del lago viendo la pequeña valsa que le habían hecho.
Ahí, había cartas para ambos chicos, en ellas estaban escritas diferentes cosas que les hubiera gustado decirles antes de que se marcharan.
La idea era dejarla ir con el río y así comenzar a cerrar ese ciclo para dejarlos descansar en paz.
— Tengo muchas cosas que decirte — Norah lo miró —.
A él le hubiese encantado decírtelas.
Con los ojos llorosos, ella volteó de nuevo al lago y recostó su cabeza sobre el hombro de Lucas.
— Me gustaría verlo de nuevo.
Decirle que lo perdono y que fui una tonta por no hacerlo antes — dejó sus lentes a un lado —.
Pude hacer que cambiaran tantas cosas.
— No es el momento, Norah — comenzó a sobar su cabello —.
Por mucho que nos duela, hacemos esto para dejarlo ir, con todas las cosas que hizo y para dejar de pensar en las que pudo haber hecho.
— Siempre le gustó la Navidad — dijo Max llegando con Ele —.
Le hubiese gustado que la pasáramos bien.
Kevin luego se sentó con ellos.
— Él nunca dejará de estar en nuestros más bonitos recuerdos — dijo sin quitarle la mirada a la pequeña valsa.
— Estaba loco — agregó Ele —.
Era una de sus mejores cualidades.
En silencio contemplaron el agua, recordando la vez en que como grupo se bañaron y jugaron juntos en ese mismo lugar.
Un bonito recuerdo que no fue nostálgico para ninguno.
— Marco — Max se volteó de golpe después de escuchar un susurro.
— ¿Todo bien?
— le preguntó Camila que caminaba con Valentine hacia ellos.
Con la mirada de todos encima, Max se puso en pie buscando algo de manera desesperada.
Abrill e Ibel se acercaron también al ver que no respondía a ninguna de las preguntas de los demás.
— ¿Dónde está Marco?
— preguntó él moviendo sus ojos hacia todos.
— Fue por Martha y Will a casa de Lucas — explicó Valentine.
— ¿Solo?
— la preocupación de Max logró contagiar —.
¿Hace cuánto?
Camila miró a Valentine, inundada también por el miedo de Max.
— Veinte minutos — de inmediato, Max salió corriendo hacia el bosque.
Ibel miró a Lucas que ya estaba de pie y juntos salieron detrás de Max.
— Gabriela — una voz la despertó, una que se le hizo conocida.
— ¿Lucas?
— preguntó encendiendo su lámpara de noche.
Los recuerdos de cuando estaba dormida eran borrosos, a diferencia de Marco, ella no se acordaba de nada.
Sin hospital a donde llevarla, Marco y Lucas decidieron mantenerla bajo observación.
Esa voz era lo primero que parecía recordar.
— ¿Lucas?
¿Estás ahí?
— Gabriela se sentó sobre su cama y agarró sus lentes antes de levantarse.
Al ponerse en pie debajo de su cama, muchas manos tomaron sus piernas y la lanzaron al suelo.
En el momento en que su cabeza hizo contacto con el piso, la puerta trasera se abrió.
Marco tranquilamente dejó las llaves de la casa sobre una de las mesas y fue a asomarse por la ventana con la esperanza de que Martha y Will estuvieran ahí.
Al ver que no estaban, se decidió ir por agua a la nevera cuando en la escalera de pronto apareció Gabriela con una sonrisa incómoda y extraña.
— ¿Gaby, estás bien?
— había sangre en su frente que le recorría la cara —.
¿Qué te pasó?
Quiso acercarse, pero era esa sonrisa que relucía en su rostro inmóvil, le daba una mala espina.
La conocía y aunque se negara a pensar en eso, su mente le pedía a gritos escapar.
En cuanto se movió un paso, Gabriela bajó un escalón más con los ojos en él.
— No estoy bien — aunque la boca de ella se moviera, no era su voz la que salió de ella.
Marco pasó por encima de los muebles para cruzar la sala lo más rápido posible, pero en cuanto dio con la cocina, de detrás de la nevera apareció aquella figura que solo se le había presentado a él, pero que todos conocían como “el tipo de las pesadillas”.
— Por más que lo intente, ustedes siempre logran hacerme enojar — dejó salir una carcajada.
Su altura era diferente a la de siempre y parecía hacerse más alto a medida que se acercaba a él.
Tanto que su espalda chocó con el techo de la casa.
— Aunque tú me has sorprendido — Marco corrió hacia la puerta principal y la abrió a patadas —.
Te aferras tanto a ellos, a la esperanza de que todo vuelva a ser como antes.
Su risa burlona le dio escalofríos mientras corría por los pasillos del hospital viejo al que lo había llevado salir de casa de Lucas.
— Pero no puedes escapar de su destino, chiquitín.
Ninguno lo hará y ninguno lo ha hecho.
Marco no pensaba a dónde corría, simplemente buscaba alejarse de la voz lo más que pudiera, pero esa silueta aparecía detrás de él sin importar a dónde fuera.
— Se me hace divertido jugar contigo.
Eres quien más espera de ellos, nunca dejaste de pensar que te podrían salvar.
Max resbaló con una hoja que lo hizo caer.
En cuanto tocó el suelo, se levantó y con el impulso que tomó siguió adelante sin darse cuenta de que todos lo seguían a su propio ritmo.
— Todas las veces que confiaste, ellos te dejaron atrás — siguió metiéndose por todos los pasillos que conseguía —.
Siempre solo, el último de los chicos raros.
Will de pronto comenzó a manejar más rápido.
— ¿Sucede algo?
— preguntó Martha.
— Espero que no — cruzaron a la calle de Lucas y lo primero que les llamó la atención fueron las luces de la casa tan enloquecidas como las veces anteriores.
Él frenó el auto de golpe y ambos se quedaron congelados viendo la casa.
— Crees que será diferente — de nuevo se carcajeó —.
Pensabas que de pronto un día tu madre finalmente te prestaría atención, que se alejaría de ese hombre que tanto los maltrataba.
Pero nunca lo hizo — Marco volteó atrás, ya la silueta no estaba y la voz se le hacía más lejana —, prefirió ese dolor constante antes de tomarte en cuenta.
Armado de valor, Will arrancó de golpe hacia la casa, ignorando las palabras de Martha que le pedía que se devolvieran.
— Están en peligro — la interrumpió después de que frenara el auto —.
No podemos dejarlos.
Ella, con los ojos llorosos, miró la casa y quedó en silencio.
— Max, creyó en Ele a pesar de verte en esa cama durante días — Marco, sin darse cuenta, se encerró en un pasillo sin salida —.
No lo dudo ni un momento, ¿sabes por qué?
Ibel finalmente alcanzó a Max para preguntarle qué le sucedía.
Fueron los reflejos de las luces de la casa los que le respondieron a esa pregunta.
Al ver el estado de la casa, el miedo lo detuvo en seco.
— Oye — buscó de frenar a Max, pero la voz no le salió.
— ¡Marco!
— gritó Max acercándose al patio trasero —.
¡Marco!
— siguió.
Griffin, sin mucha alternativa, se escondió detrás de un almacén caído.
— Chicos, por favor — susurró mediante lágrimas.
— No le importas — siguió diciendo su captor —.
A ninguno de ellos le has importado.
Un sonido fuerte y sorpresivo lo resaltó de golpe.
Aunque lo escuchó cerca, no quiso asomarse a inspeccionar.
Con la segunda patada de Will, la puerta se vio afectada, pero no lo suficiente como para que se abriera.
Martha lo veía desde la acera mientras cada parte de ella temblaba aterrorizada.
Mientras su mente le taladraba los recuerdos en su mente, desvió la mirada queriendo controlar los nervios.
Sus ojos se quedaron pegados a una piedra cercana.
— Pero, confías en ellos otra vez — la voz de nuevo estaba cerca y con su mano tapó su boca intentando que no escuchara su respiración —.
Y otra vez, ignorando lo que importa.
Martha partió la ventana de la sala y fue la primera en ver la escena.
— ¡Marco!
— gritó Max entrando por la puerta trasera.
Will finalmente abrió la puerta y dio con un Marco que se revolcaba de manera descontrolada en el suelo.
Mirarlo así fue un golpe fuerte para él.
Todo se había resuelto, todo estaba bien y ahora veía a su amigo con los ojos rojos, menearse así en el suelo con Max gritándole para hacerlo volver en sí.
— ¡Will!
— le gritó Martha de pronto, pero para cuando escuchó los pasos detrás de él era muy tarde para evitar el golpe.
— Siempre olvidan — Abrill buscó hacer volver a Ibel mientras los demás llegaban a la casa —, que soy su maldición.
No importa cuánto corran, cuánto luchen, yo siempre gano.
No son más que simples marionetas — la mano de aquel fenómeno tomó el cuello de Marco y lo sacó de su escondite para luego pegarlo contra el piso.
Max, aterrorizado, vio cómo de repente Marco se despegaba del suelo y chocaba de vuelta.
Lucas, Kevin y las chicas más rápidas llegaron a entrar a la casa justo en ese momento, pero fue Norah quien se dio cuenta de un detalle que la hizo llorar de inmediato.
— ¿Aslan?
— todos miraron afuera después de escucharla.
Para ver lo que en algún momento fue el cuerpo de Aslan ahorcar a Will en el porche.
Por la mano del tipo de las pesadillas comenzó a bajar el parásito velozmente con dirección a la cara de Marco.
Él con todas sus fuerzas buscó soltarse, pero todo fue en vano y aquella cosa logró tocarlo.
Kevin fue por Will en cuanto pudo y logró teclear al cadáver.
Juntos cayeron en el pasto frente a la casa, donde aquel Aslan siguió buscando formas de lastimarlos.
— ¿Estáis bien?
— le preguntó Martha a Will.
Él terminó de toser y en cuanto pudo ponerse en pie, fue a ayudar a Kevin.
Ele llegó hasta donde Marco e intentó despertarlo también, pero cuando Max y Lucas se acercaron, Marco se despegó del suelo y pegó contra una pared.
Ahora, los tres buscaban bajarlo a como diera.
— No te resistas, te dolerá más — aconsejó el sujeto a Marco mientras que el parásito comenzaba a entrar por su nariz y boca.
La sonrisa del sujeto era de satisfacción al ver cómo se ahogaba.
Marco, que poco a poco perdía la razón, comenzó a ver todos los momentos que tuvo con los chicos después de despertar.
Lloró al darse cuenta de que una vez más, los perdía a todos.
— ¿Qué mierda?
— se preguntó Abrill viendo un montón de cuervos pasar por encima de ellos en dirección a la casa.
Esas aves se metieron a la casa y comenzaron a impactar contra lo que se les atravesara dentro, varios de esos dieron con los chicos que estaban dentro y fuera de la casa.
— No lo suelten — mandó Lucas con los ojos cerrados, sintiendo cómo los cuervos pegaban contra su cuerpo.
El parásito comenzó a cruzar la barrera, y mientras más entraba a la boca de Marco en el sueño, más comenzaba a salir por su boca en la realidad.
Abrill finalmente llegó con una rama que había conseguido afuera.
La usó para defenderse de las aves que volaban sin control a su alrededor.
Un vecino que se despertó por la bulla llamó a la policía.
La insistencia de Williams, que fingió ser un policía regular, para que no saliera de su casa fue tanta que logró hacer que se escondiera con su familia en su sótano.
Era el último vecino que quedaba en la zona.
Kevin, Martha y Will recibieron la menor cantidad de golpes que pudieron.
Juntos pudieron hacer que el falso Aslan se distrajera con ellos, pero no duró mucho.
El cadáver corrió hacia dentro de la casa en cuanto pudo.
— Es hora que comience el juego — fueron las últimas palabras que escuchó Marco, a partir de ahí sus ojos no vieron más, sus oídos quedaron sordos y no pudo sentir nada más —.
Con la transformación viene la muerte — recitó el sujeto al aire.
El cadáver alejó a los demás de Marco.
— ¡Aslan!
— le gritó Norah en suelo intentando cubrirse de los cuervos —.
¡Sé que estás ahí!
Lucas buscó soltarse del agarre al igual que Ele y Max, mientras que Abrill sola intentaba bajar a Marco.
Los otros no pudieron ni siquiera entrar por culpa de las aves.
— ¡Por favor!
— poco a poco, el cuerpo de Marco se fue cubriendo del parásito y con eso, se escuchó cómo sus huesos empezaron a quebrarse —.
¡Estoy asustada!, ¡ya para por favor!
— ¿Marco?
— susurró Abrill viendo que incluso el tamaño de su amigo aumentó.
Will, en cuanto tuvo una oportunidad de librarse de los cuervos, corrió hacia Abrill y se lanzó hacia ella para separarla de la cosa en la que se estaba convirtiendo Marco.
El cadáver de Aslan cayó al piso y las luces se apagaron de pronto.
Con el sonido del cuerpo de Marco cayendo al suelo, las aves que habían quedado vivas se alejaron volando y solo quedaron las que agonizaban en el suelo.
— ¿Marco?
— preguntó Lucas a la oscuridad, pero el sonido que obtuvo como respuesta aterró a todos.
Algo pesado pisó en alguna dirección unas cuantas veces.
Lo único que les daba una idea de dónde estaba el dueño de las pisadas fue escuchar su respiración ronca.
Las luces parpadearon en un intento en que tuvo la electricidad en volver y dejó ver a la bestia dueña de esa respiración.
Era un monstruo de color marrón que se sostenía de sus cuatro patas con uñas que perforaban la madera del suelo, tenía dos extremidades que se doblaban como cola de alacrán, huesos puntiagudos salían de su columna y tenía muchos dientes sin orden en lo que parecía ser su boca.
Estaba hecho totalmente del parásito.
Pero había algo en especial en el monstruo, tenía los ojos de su amigo.
— No — exclamó con tristeza Lucas levantándose hacia el monstruo que los observaba cautelosamente.
— Espera, Lucas — intentó frenarlo Will que se levantaba de encima de Abrill.
Pero el dolor cegó a Lucas y fue hacia lo que para él era aún su amigo.
En el momento en que esa cosa movió las colas hacia Lucas, Will se levantó y lo empujó; fue él quien recibió el golpe.
— ¡No!
— gritó Martha corriendo hacia él.
Paralizados, todos vieron cómo la sangre de Will corría por su estómago.
La nueva bestia lo jaló hacia ella y corrió con él en su espalda.
Salió por la puerta trasera en dirección al bosque.
Max miraba a Ele y ella, llorando, lo abrazó.
— Todo es mi culpa, perdón — Max intentó verla —.
Tuve que decirles antes… Perdón.
Norah, arrastrándose, llegó hasta el cuerpo de Aslan.
Lucas, anonado, se movió en automático, de la nada se puso en pie y por impulso salió detrás de la bestia.
Al otro lado del pueblo, los hombres de Williams recibían la orden de visitar la casa Thompson para ir por todo el grupo de los declarados culpables de la masacre de Pensiwell.
CoNTiuARA…
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