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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 48

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48: Epílogo.

48: Epílogo.

Las hojas secas crujían bajo sus pies.

Su guía eran los gritos de su amigo, el sonido de la bestia pisando y el rastro de sangre que se colaba con la tierra.

El pueblo dormía tranquilo a pesar del estruendo y los ataques.

Ningún vecindario cercano escuchó algo.

Ese vecino era el único en saber algo, y junto con su familia esperaban impacientemente la llegada de la policía.

El bosque se le hacía más oscuro a cada paso, pero siguió corriendo sin saber ni siquiera a dónde iba y sin pensar en que podría conseguirse.

El aire frío del cercano invierno le lastimaba los pulmones con cada bocanada de aire que tomaba.

<<No voy a perder a nadie más.

A nadie más…>> pensó, sintiendo cómo la esperanza se le escapaba.

No iba cerca del monstruo, pero se mantuvo a buena distancia para no perderlo.

Se pedía más de sí mismo, pero no tenía nada más que dar.

Sintió sus piernas quedarse sin fuerzas, sabía que en cualquier momento caería de cara contra el suelo.

En eso, la poca luz de la luna que se asomaba entre las ramas desapareció.

La silueta de un edificio abandonado le sirvió para detenerse.

Sabía que estaban ahí dentro, escuchó la voz de Will, pero no tenía forma de ver ahí dentro.

Mientras pensaba en eso, lo llamó una voz conocida.

— ¡Lucas!

— escuchó a Kevin.

Cuando volteó, se dio cuenta de que él sí tenía una linterna.

No le tocó de otra que esperarlos.

— Está ahí — señaló al edificio.

— ¿Seguro?

— Kevin alumbró la entrada del lugar y se pudo ver el rastro de sangre.

— Estamos perdiendo, chaval — reprochó Martha corriendo hacia la entrada.

Abrill también había corrido detrás de ellos, y al verlos entrar siguió hasta llegar a ellos.

Era un lugar enorme, fácil de ser cazado por cualquier criatura, pero eso les importó poco.

Siguieron detrás del rastro sin saber exactamente cuánto habían recorrido.

Aquella cosa se abrió camino dentro de aquellos pasillos, como si los conociera.

Una de las puertas por la que pasó estaba atravesada por lo que se imaginaron fue la bestia anterior.

Siguieron adelante hasta que dieron con una escalera vieja y deteriorada al final de un pasillo oscuro, al bajar, dieron con otro pasadizo que contaba con varias puertas de lado y lado.

Parecían ser puertas blindadas que habían sido destrozadas mucho tiempo atrás.

Pero el rastro los llevó hasta una especie de laboratorio enorme.

Ignoraron todo y fueron a parar con una puerta roja con un nombre encima.

— Denwer — susurró Lucas después de que Abrill le ayudara a ver.

— ¿Esta puerta lleva hasta allá?

— preguntó Kevin dándole un vistazo más a lo que habían dejado atrás.

Juntos se acercaron, jalaron de la puerta y quedaron frente al túnel de cemento que era tan profundo que la luz de la linterna no era suficiente para ver el final.

— Hay que entrar — dijo Martha, buscando dar el primer paso.

— No.

No estamos listos para enfrentar a — se quedó sin palabras para nombrarlo —.

No podemos, no sabemos qué hay del otro lado.

— ¿Entonces esperaremos que esa cosa mate a Will porque sí?

— reclamó Martha acercándose a Abrill.

— Si no nos mató a todos allá arriba, es porque tiene algo más que hacer con todos y si no acabo con Will es por la misma razón — agregó Abrill.

— Porque ese maldito de mierda, nos quiere torturar, se quiere divertir con su comida — señaló el túnel —, y por eso ha ido allá, para probarnos, para jugar con nosotros.

— Y tu plan es seguirlo — ironizó.

— ¡No quiero que él muera!

— no pudo más y terminó sentada llorando.

Kevin miró a Lucas que no quitaba la vista del túnel.

— Lucas, alguien allá arriba ya debe haber llamado a la policía.

Si nos atrapan, nos van a matar — explicó Abrill —.

Debemos ir por los demás.

— No pienso rendirme — la miró.

— ¿Crees que yo sí?

No dejaré que esa cosa me quite a más personas, ya se llevó a las suficientes — a Kevin le alivió su respuesta —.

Pero esos hombres acabarán con todos si no hacemos algo para evitarlo.

Por favor, debemos salir.

Lucas otra vez miró atrás e instintivamente comenzó a armar un plan.

El plan, que cambiaría por completo la vida de todos, había comenzado algo más allá de su comprensión, lo sentía.

Supo entender que el tipo de las pesadillas había planeado todo desde un comienzo, y él necesitaba un plan tan bueno como el de ese sujeto.

Una nueva historia comenzaría para el club de los chicos raros.

En algún lugar de Pensiwell.

En algún momento después del baile.

— Debemos ir por ellos — insistió.

— Eso arruinaría toda nuestra investigación al respecto.

Nos dejaría a la merced de ellos — le explicó.

— ¿No era su misión dejar al desnudo los secretos de la asociación?

Son importantes para mí, y ya los he ayudado lo suficiente para que se queden de brazos cruzados.

La mujer miró a su compañero, que lentamente asintió desde su silla.

— Yo estoy con el oficial Leonard — ella blanqueó los ojos —.

Es el momento de que tomemos acciones, Mía.

Ella miró a ambos.

— No iremos en nuestro auto.

— Ese auto naranja es horrible — dijo Leonard yendo por sus cosas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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