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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 6

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6: Capítulo 5.

6: Capítulo 5.

Tres meses después de la llegada de la nueva.

Comisaria de Pensiwell.

— Les he dicho todo, en serio — intentó defenderse.

— No, solo da vueltas.

Vaya directo al punto, por favor — insistió, cansado de vagar por explicaciones innecesarias.

Ella miró hacia la pared recordando todo lo que habían hablado minutos antes.

— El día donde todos estuvimos involucrados en algo por primera vez fue extrañamente corto, como si hubiera sido cortado en los momentos donde algo pasó.

Lo poco que recuerdo era la información de una salida en la mañana, estuvieron juntos la mayoría desde temprano…

Tres meses antes.

Viernes, Casa Thompson; 8:15 AM.

— ¿No es mejor opción esperar a Norah?

— preguntó —.

Quizá tenga más delicadeza — agregó Lucas viendo a Kevin untar el algodón en alcohol.

— Puede ser…

pero mírate, estás sangrando y tienes pequeñas cortadas.

Te atenderé aquí — sonrió.

Acercó su mano lentamente al labio roto y sangrante de Lucas.

Un par de horas antes, Stevens y su grupo dieron con Lucas en el bosque tomando fotografías y en venganza y por simple diversión terminaron golpeándolo.

Aun así, Lucas se mantenía tranquilo; su cámara no sufrió daños.

Lucas cerró los ojos al sentir el ardor provocado por el alcohol al tocar su herida.

Al ver esto, Kevin retiró un poco el algodón.

— Continúa, se supone que eso debe ayudar — dijo Lucas manteniendo los ojos cerrados.

Trago hondo antes de seguir tratando la herida.

Se acercó un poco más y puso de nuevo el algodón en su labio.

Esta vez Lucas se mantuvo sereno y Kevin se mantenía al pendiente de lo que hacía.

Ambos estaban juntos en la sala, sentados en el sillón más grande de los tres que estaban frente al televisor.

Entre tanto, mordió ligeramente su labio frotando el algodón sobre el labio inferior de su amigo.

Se le veía nervioso, pero con una sensación de alegría que era fácil de detectar.

El timbre hizo que reaccionara de manera defensiva lanzándose hacia un lado del sillón.

Lucas abrió los ojos y se levantó tranquilo.

— Estaba a punto de dormirme — bromeó.

— Te entiendo — respondió Kevin.

— Es extraño que lleguen tan temprano — agregó Lucas yendo hacia la puerta.

Abrió la puerta.

— ¿Aslan?

— exclamó sorprendido, de todos, él sería uno de los últimos en llegar en cada ocasión —.

Llegas temprano.

— Debo decirte algo importante — respondió apresurado.

Lucas frunció el entrecejo, le dio un pequeño vistazo a Kevin que recién llegaba a la puerta y volvió su mirada a Aslan.

— ¿Ok?

Dime.

CAPÍTULO V Rojo Y Azul.

10:07 AM.

— Estás loco — repitió Lucas tomando su mochila de su cama para salir de la habitación.

— ¿Por qué?

— insistió Aslan.

— Porque es una terrible idea traerla para acá.

Solo tú puedes pensar esas cosas — regañó bajando las escaleras delante de él.

— Estamos listos — mencionó Kevin saliendo desde la cocina junto con Marco.

— Lucas, es una excelente forma de crear buenos lazos con la nueva — siguió Aslan sin bajar el último escalón.

— Aslan, Abrill y Norah vendrán, la matarán — opinó Kevin.

— No ayudas — agregó Aslan.

— Él tiene razón, no necesitamos pruebas de que ellas no se llevan bien.

Pero tú decidiste invitarla.

— Ya no se puede hacer nada — apoyó Marco.

Antes de que Lucas pudiera decir algo, el timbre sonó interrumpiendo el momento.

Aslan dio unos cuantos pasos, se estiró y abrió la puerta.

— Genial, el otro — continúo Lucas.

— ¿Hola?

— saludo Max viendo que lo recibían todos.

Solían estar todos juntos, pero ese día, en especial el único momento de reunión era a horas de la noche.

Max incluso sabía sobre el acuerdo para no ir a clases, pero solo de eso estaba enterado.

— No debiste venir — le susurra Kevin al salir.

— ¿Por qué?

— interrogó asustado mientras lo seguía con la mirada, pero no recibió respuesta.

— Hola — habló Aslan seguido de Kevin, haciendo que voltee de pronto.

— Aslan — dijo en voz baja sin mirarlo al salir —.

Oye, Lucas…

¿Qué demonios te pasó?

— se dio cuenta de cómo tenía la cara.

— No es nada, solo Stevens y su combo — respondió metiendo las llaves en la cerradura.

— Le dije que teníamos que hacer algo — aportó Marco también saliendo de la casa.

— ¿Hacer algo?

No hemos podido “hacer algo” nunca — siguió Lucas dándose vuelta —.

Y así seguiremos.

Lucas bajó las pequeñas escaleras de su porche para tomar su bicicleta que estaba tirada no muy lejos de ahí.

— ¿No debería preocuparnos a todos los demás?

— retomó Max yendo hacia ellos.

— Preocúpate solo — mencionó Aslan, montado en su bicicleta.

Max intentó decir algo, pero fue interrumpido por Lucas.

— Lo único preocupante ahora es que ustedes dos invitaron a la nueva enemiga de Abrill a mi casa.

Max rápido le da una mirada a Aslan.

Parecía molesto, pero también mantuvo la mirada sobre él.

«¿Qué tanto le habrá dicho?», se preguntó Max volviendo su mirada a Lucas.

— Iremos más tarde a la preparatoria para cancelarle — continúo Lucas —.

Todos.

— No creo que logres hacer eso — reprochó Aslan.

— Ya verás.

Max no hace más que observar cómo todos están montados en sus bicicletas para ir a algún lugar, claramente, sin él.

— ¿A dónde irán?

— le ganó la curiosidad.

— De compras — respondió rápido Marco.

— ¿Y por qué yo no lo sabía?

— Se me olvidó decirte — sonrió antes de irse pedaleando.

— ¡Qué buen amigo!

— le grita yendo hacia su bici.

6:40 pm.

Detallaba con cuidado su silueta en el espejo, deducía si su ropa lucía bien.

— Te ves bien — instantáneamente ella volteó y encontró a Demian recostado del marco de la puerta, que ahora estaba abierta.

— ¿No sabes tocar?

— respondió volteando al espejo.

— Soy tu hermano mayor, creo que no hace falta — sonrió —.

Verte con ese suéter blanco y ese lindo overol de jeans me recuerda que no eres alguna chica gótica.

— ¿Eso tiene algo malo?

— lo cuestionó sin poder contener una sonrisa.

— Los góticos están de moda.

Con que todo el mundo quiera serlo, me basta.

— En eso quizás tienes razón — rieron juntos.

— ¿Estás segura de ir?

Verlos juntos, el martes me dio mala espina.

— ¿Ahora sientes vibras y esas cosas?

— No te dejaron ir — dijo terminando el juego.

— ¿Y tú me detendrás?

— se fue hacia su ventana abriéndola de par en par.

— Ele…

— ella volteó a verlo ya arriba del marco de su ventana.

— He podido dormir y socializar.

¿No querías eso?

— se lanzó desde su ventana.

«Demonios», pensó Demian corriendo hacia la ventana.

Gabriele sabía que caería sobre el techo de la cochera, que estaba justo debajo de su ventana.

Caminaba con cuidado, pero tranquila.

— ¡¿Por qué son tan importantes?!

— gritó viendo a su hermana acercándose al final.

— ¡Adiós, Demian!

— le gritó de regreso.

Finalmente, bajó por la vieja ventana de la cochera por donde había aprendido a bajar y subir en poco tiempo.

Ya en el suelo se acomodó, se colocó los auriculares y se fue caminando.

— “Sí, mamá, quiero un hermano” — recitó Demian viendo a su hermana irse — Un hermano — cerró la ventana.

7:10 PM.

— Contesta, Abrill — pidió con su celular en la oreja, caminando en círculos —.

Siempre tiene su celular con ella, ¿Por qué no contesta?

— Puede estar ocupada — comentó Max.

— No lo creo, viene tarde de todas formas — respondió Lucas, marcando de nuevo.

— Lucas, déjala, esperemos que llegue — aconsejó Aslan.

— Claro, esperemos que llegue y consiga a la nueva sentada aquí en mi casa junto a todos.

¡Qué gran plan, Aslan!

— Lucas tiene razón — agregó Kevin —.

No fue lo mejor que pudiste hacer.

— Lo sé, lo sé, pero es que solo se me salió de momento — se defendió Aslan —.

De todas formas, no creo que sea un gran plan cancelarle a Abrill para que su “enemiga” venga.

— Él también tiene un punto — apoyó Kevin —.

Quizá sea bueno que solo esperes que lleguen y…

disfrutar la función — sonrío.

Aslan había tenido razón en que Lucas no podría decirle eso a la nueva.

No fue por cobardía, simplemente, ese día ella tampoco había ido a clase.

Lucas se rindió y se sentó junto a Max.

Todos estaban frente al nuevo televisor, el maratón no había comenzado y esperaban los reportes de las noticias nacionales que venían justo antes.

Aún no había noticia de Abrill, Marco (que se había ido a almorzar y no había regresado) y Gabriele.

Norah había avisado con antelación su retardo, pero no faltaba mucho para que apareciera.

La ausencia de Marco también tenía un tanto preocupado a Lucas, era extraño que llegara tarde a cualquier maratón de sus favoritos.

«¿Por qué Aslan actúa tan normal?», siguió indagando Max, la actitud de Aslan lo ponía alerta aunque no sabía por qué.

Para agregar, Aslan se había echado la culpa de haberla invitado y Kevin tampoco parecía haber dicho algo al respecto del pasado martes a Lucas.

Lucas se levantó y fue rumbo a la cocina para ver el horario de su hermana.

Ella tampoco había aparecido y también estaba retrasada.

No vería el maratón, pero no solía llegar tarde a casa cuando al fin podía descansar.

El timbre sonó.

Lucas desde la cocina inclinó un poco la cabeza y vio a Max ir hacia la puerta.

Él por instinto también fue camino a la puerta.

Al abrirla, Max recibió a Norah.

— Norah — sonrió Lucas aliviado—.

Qué bien que llegaste.

— Supongo — dijo extrañada —.

¿Y Abrill?

— le ganó en la pregunta.

— Eso iba a preguntar — respondió ya con ella en frente.

— Pensé que ya estaría aquí, me dijo que había tenido una discusión con su madre y vendría a pie.

— ¿Por la pelea?

— No creo, el castigo fue quitarle su auto — informó.

En eso, el quejido de Aslan los interrumpió.

— Odio la publicidad — reprochó en voz alta desde el sillón.

Aunque llamó su atención, lo pasan por alto.

— ¿Sabes algo de Marco?

— ahora preguntó Max.

— No, ¿aún no llega?

— inclinó su cabeza a un lado.

— Tampoco — respondió Lucas bajando la mirada pensando en posibles lugares donde estarían.

— Es cuestión de tiempo para que aparezcan — intervino Kevin —.

Hay que estar tranquilos — les sonrió.

— Sí — Lucas miró a Norah de nuevo — Lo siento, te traeré agua.

— Te acompaño — le contestó Norah.

De forma natural, Kevin decide acompañarlos.

Aslan, al darse cuenta, decide ir tras ellos también, pero se va por el lado del comedor.

— ¿Haremos una reunión?

— ironizó Lucas viendo a Aslan llegar.

— Si tú quieres — contestó Aslan poniendo sus brazos en el muro separador.

El silencio se tornó incómodo mientras Lucas servía el agua en un vaso.

Aslan solía aparecer cuando Norah tenía oportunidad de quedarse sola con Kevin, pero solo Lucas parecía notarlo.

Aunque a Lucas le parecía gracioso, a Norah le comenzaba a molestar, así como todo lo que venía de Aslan.

— Chicos — llamó Max desde la sala —.

Vengan rápido — pidió con voz temblorosa.

La primera imagen que podía verse al regresar a la sala era la de Max paralizado frente al televisor.

«La oscuridad regresa al tranquilo pueblo.

Un asesinato en Pensiwell» leyó Norah para sí misma del pequeño avance informativo en la TV de 52 pulgadas.

— ¿Cómo?

— susurró Norah.

Lucas iba en la salida de la cocina cuando un sonido que sonaba lejano resonó desde afuera.

La única luz que recibía la sala provenía del brillo del televisor, exceptuando la luz de la cocina; la casa estaba en total oscuridad.

Debido a eso, las delgadas cortinas fueron traspasadas por las luces rojas y azules llenando la sala entera.

«¿Policías?», se preguntó Lucas, detallando el reflejo de las luces por toda la habitación.

— Oigan, algo pasa afuera — susurró Kevin antes que la voz del reportero en la TV interrumpiera.

— Una triste noticia mancha al pueblo del sur del país, Pensiwell.

Dando a conocer un cuerpo más a la larga lista de asesinatos.

Este pasado martes…

«Martes», se le erizó la piel a Max al solo recordar la fecha.

Aunque sintió el impulso de voltear hacia Aslan, supo soportarlo, en cambio, Aslan le clavó la vista en cuanto escuchó el día.

— ¿Larga lista?

— preguntó al aire Norah.

— Abrill — murmuró Lucas caminando rápido a la puerta.

Un extraño escalofrío le invadió el cuerpo, uno que raramente se le hacía conocido.

El picaporte parecía más frío de lo normal y por una milésima de segundo su mano se negó a girarlo, pero aquella pelinegra desaparecida lo hizo volver en sí.

Las tantas luces se reflejaban en sus ojos mientras bajaba hasta la acera.

Como en un desfile, las patrullas iban una tras otra, a una velocidad que no era común.

— ¿Por qué tantas patrullas?

— quiso saber Max saliendo en compañía de todos los demás.

— Es mejor regresar dentro — aconsejó Norah apareciendo detrás de Lucas.

— Es por esa calle por donde Abrill viene desde que la conocí — les informó a los chicos detrás volteando hacia ellos.

— No hay por qué sacar conclusiones — contestó Norah acercándose lento —.

Puedes ir a muchos lugares por esa calle.

Entremos, yo la llamaré.

Negó con la cabeza alejándose de ella mientras buscaba con la mirada su bicicleta.

Kevin levemente notó lo que quería hacer y para frenarlo corrió hacia él.

Eso seguido de un movimiento brusco y rápido por parte de Lucas hacia la bicicleta de Norah.

Primero llegó Lucas que Kevin, pero este no era lo suficientemente rápido para montarse antes que Kevin llegase a él.

— Escúchala — demandó tomando el manubrio —.

Piensa.

De nuevo, por un pequeño instante lo consideró.

Pero nada frena tan fácilmente a Lucas cuando algo se le mete a la cabeza.

— Me perdonarás por esto, Kevin — respondió.

Lucas soltó momentáneamente el manubrio y con ambos brazos lo empujó con fuerza.

— ¡Lucas!

— se le escapó el grito a Norah que se fue corriendo hacia él.

Kevin se movió rápido para poder levantarse, pero esta vez no fue suficiente.

Lucas pedaleó con todo y logró irse intentando seguir la bulla de las patrullas.

— Mierda — buscó otra bicicleta —.

Yo iré por él.

— No, no — intervino Aslan que se había mantenido cerca —.

¿Estás loco?

Te quedarás aquí, Kevin.

Todos, esperaremos aquí.

Aslan también había pensado en correr tras Lucas, pero tener el pensamiento positivo de que nada pasaría no le era suficiente para ignorar el miedo que le causaba adentrarse en la oscuridad de las calles en esa situación.

— ¡¿Y Lucas qué?!

— reclamó Kevin.

— Lucas estará bien — se acercó — y tendrá un lugar donde volver si nos quedamos aquí.

De nada nos servirá creernos la liga de la justicia y arriesgarnos todos — llegó a estar tan cerca que logró tomar el asiento.

— No puedo — insistió Kevin antes de intentar irse.

Aslan jaló el asiento hacia atrás y con el otro brazo lo cargó.

— No irás a ninguna parte — demandó llevándolo lejos de la bici.

Comenzaron a forcejear hasta el punto de caer al suelo.

Norah dio un pequeño paso hacia ellos, pero decidió mejor ir por su celular.

Buscó en sus bolsillos y no tardó mucho en recordar que lo había dejado en la cocina.

«Todo puede empeorar, todo lo hará», recordó Max paralizado en la puerta.

Sintió el aire de Norah al pasar corriendo junto a él y siguió así cuando por fin Aslan pudo someter a Kevin.

En ese momento de vacío, donde su mente pensaba en todo y en nada, recordó a alguien que todos habían olvidado.

— La nueva…

— susurró levemente para sí mismo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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