El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 7
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
7: Capítulo 5.
7: Capítulo 5.
La calle era solitaria, silenciosa y oscura.
Las patrullas lo habían dejado atrás más rápido de lo esperado.
“La calle de los malos faros” era el creativo nombre con el que ellos habían bautizado a la carretera más oscura de todo el pueblo.
Era la poca luz de la luna quien lo mantenía centrado en la carretera.
Ningún ruido era suficiente para sacarlo de su trance.
Solo pensaba en que le diría a Abrill al verla.
Pero, en medio de sus pensamientos, la rueda delantera cayó en un bache que lo hizo perder el equilibrio por un corto momento.
Al volver la vista al frente, de reojo notó una sombra apareciendo del bosque justo frente a él.
Buscó apartarse, pero no fue lo suficientemente rápido y terminó con la cara en el asfalto frío, no muy lejos de la aparición.
Entrando en pánico, recordó su celular.
Desesperado, encendió la linterna y velozmente alumbró a la sombra que había salido de dentro del bosque.
— ¿Nueva?
— preguntó arrugando el entrecejo detallando su rostro —.
¿Qué haces aquí?
Con su mano ella cubría sus ojos de la luz directa, pero se lograba ver la mayoría de su rostro.
Lucas, sin pensarlo demasiado, se levantó para ir por ella.
Al acercarse, se dio cuenta de que parecía golpeada: estaba despeinada, su ropa estaba sucia, tenía el labio inferior roto y una alarmante herida que sangraba en su frente.
— ¿Cómo llegaste…?
— ¡No!
— gritó al notar que iba hacia ella.
Por la luz no distinguía su rostro y ya se le notaba que no estaba del todo cuerda.
— Soy yo…
soy Lucas — se alumbró la cara entrecerrando sus ojos para no lastimar su vista con la luz —.
¿Me recuerdas?
Lucas Thompson — dio varios pasos hacia adelante sin dejar de alumbrar su cara.
— Lucas — no había terminado de decirlo cuando ya estaba de pie abrazándolo.
Lucas se resaltó.
Quedó en un pequeño shock, no creía que ella pudiese hacer algo como eso alguna vez.
Pero al sentir su fuerte agarre, después de unos segundos decidió corresponder el abrazo.
— Todo está bien.
Tranquila — dijo sobando su cabello, buscando en el bosque algún indicio de su aparición.
«¿Y a ti qué te pasó?», se preguntó, dejando su urgencia principal en segundo plano.
El rato que duró abrazándola lo usó para pensar cómo la llevaría de vuelta, hacerla caminar no era opción para él.
Luego que la sentó con cuidado, bajó la bicicleta hasta detrás de un árbol y la tapó con hojas lo más que pudo.
Finalmente, optó por cargarla.
Por suerte para Lucas el camino de regreso no se le hizo largo.
Sus brazos ya estaban cansados.
Se negaba a soltarla y cada vez que inhalaba aire se presionaba para avanzar.
— ¿Abrill?
— preguntó al aire, viendo a todos los chicos fuera de su casa —.
¿Marco?
— siguió.
— ¿Qué?
— murmuró la nueva subiendo la mirada.
— Nada, falta poco.
Mantente despierta — finalizó mostrándole una sonrisa divertida para aligerar el ambiente.
— ¡Lucas!
— llamó Norah al distinguirlo y junto con ella corrieron Aslan, Max y Marco al distinguir que traía en sus brazos.
— Te ayudo — ofreció Aslan ya teniendo los brazos listos para suplantarlo.
Sin decir nada, Lucas asintió y la pasó a los brazos de Aslan.
— Con cuidado — susurró Max en el fondo.
— Sus ojos están perdidos, debemos llevarla rápido a un hospital — agregó Aslan interrumpiendo el abrazo de Norah a Lucas.
— Estoy de acuerdo — apoyó Lucas meneando los brazos para despertarlos.
— Lucas…
— agregó Abrill llegando —.
Tengo algo importante que decirte.
— Será para después — respondió sin voltear a verla.
Aslan, Norah, Max y Lucas se van hacia el auto de Norah, dejando a los sobrantes parados detrás de ellos.
— No puede esperar — insistió Abrill.
— Espere por ti y no llegaste — reclamó Lucas dándose vuelta —.
Ahora tú y él —señaló a Marco — pueden esperar.
— Gabriela, está en el hospital — Marco rompió el silencio en el que había permanecido desde que apareció.
— ¿Qué?
— preguntó Lucas sintiendo un escalofrío por todo el cuerpo.
Segundo Hospital De Pensiwell, “El primero para todos”.
Dos horas después.
— Lucas no mejorará pronto — habló de repente Max, esperando su turno para poder servirse agua del pequeño filtro.
— Me sorprendería que lo hiciera — respondió Aslan.
A diferencia de Max, Aslan buscaba agua para sí mismo.
Mientras el agua se servía, volteó a ver al destrozado Lucas en una silla lejana, acompañado de Abrill de un lado, Norah del otro, y a Kevin y a Marco sentados en el suelo frente a él.
Lucas se cubría la cara con ambas manos.
No había dicho ninguna palabra desde hacía minutos.
— Pero, me gustaría — agregó Aslan viendo de nuevo su vaso de papel.
— A todos — siguió Max.
Aslan terminó y le dio paso.
— ¿Cómo está la nueva?
— tomó un sorbo.
— Estable, o al menos eso fue lo último que supe.
No he podido verla desde que la enfermera se la llevó.
— Es linda tu preocupación por ella.
Pero bastante ingenua.
— ¿Por qué?
— terminó de llenar el vaso.
— Dime, ¿qué crees que haya pasado hoy con ella?
¿O me dirás que tampoco viste cómo Lucas la llevó?
— Aslan, no quiero hablar de eso.
— ¿Por qué no?
— botó el vaso vacío en la papelera en que se encontraba a un lado —.
Parece que barrieron el bosque con ella, no sabemos de dónde demonios la sacó Lucas.
Justo, unos días después de lo que vimos.
— No pasó nada hace unos días.
— Para Norah y los demás cuando llegaron — ironizó —.
Lo que le pasó hoy tiene algo que ver con eso.
— Escucha, la hermana de Lucas está en una de esas habitaciones sin que despierte y Gabriele está en otra mientras le colocan puntos y ¿tú quieres hablar de una teoría estúpida de ilusiones?
No quiero que te sientas insultado.
Es un momento delicado como para querer preocupar a los demás con idioteces.
Aslan se quedó sin palabras.
Max se fue sin siquiera verlo y después de dar algunos pasos llegó con los demás.
— Te traje agua, Lucas — comentó Max —.
Creí que te haría bien.
La hermana de Lucas la encontraron en unas cuantas calles de su casa, dentro del bosque.
Estaba inconsciente y gravemente golpeada, con certeza ningún doctor sabía qué le había sucedido.
Pero, según sus estudios, podría despertar en cualquier momento.
— Claro — respondió justo antes que Max se arrepintiera —.
Gracias.
Agarró el vaso con su mano temblorosa, dejando ver sus ojos rojos.
— Todo es una mierda, ¿no lo creen?
— opinó de pronto antes de dar el primer sorbo.
— ¿Por qué…?
— antes de que Kevin terminará su pregunta, Marco lo detuvo.
En ocasiones y con ciertas personas, la mejor forma de prestar ayuda es dejar de cuestionar su situación.
No debes pensar en qué hubieras hecho tú al haber vivido lo mismo, sino qué harás tú para ser de verdadera ayuda.
Si se hablará de cómo ayudar a Lucas en una situación difícil, la mejor respuesta siempre sería el silencio.
Aunque claramente no a todos se les hacía tan fácil entender.
— Los doctores no saben qué le pasó.
Algo en su cabeza simplemente dejó de funcionar — tomó un sorbo de agua e hizo una pausa —.
Las cosas en la casa no están tan bien.
La comida escasea y no es tan fácil salir a comprar porque todo parece valer más…
No tenía que ir a trabajar, fui quien la impulsó a eso…
ella pudo haber muerto por mí.
— Lucas, no — lo contradijo Abrill —.
No pudiste haber tenido idea de que ella pasaría por algo así.
Es estúpido solo…
pensarlo.
Una pequeña sonrisa decoró los labios de Lucas con las últimas palabras de su pareja y una clara incomodidad se notó en la cara de todos.
— Vivo de las estupideces que digo.
— Lloriquear no la levantará — reclamó Aslan —.
Hacerte la víctima, no quitará que fuiste el idiota que no pudo hacer nada.
— ¡Aslan!
— regañó Norah, levantándose para llevarlo lejos, pero él supo escabullirse y tomar su puesto junto a Lucas.
— Y todos también somos unos idiotas que nunca harán nada, dar lástima no nos sacará de la miseria en la que estamos.
¿Han visto la cara de Lucas?
— ¿Qué tiene que ver todo eso?
— preguntó Norah.
— Estoy harto de nunca poder hacer nada, de quedarme con los brazos cruzados…
— ¿Qué estás queriendo decir?
— interrumpió Lucas cansado de escucharlo.
— Gabriele — de pronto habló Max viendo a la pelirroja yendo hacia ellos.
Llamó las miradas de todos, pero en ese pequeño instante Aslan susurró lo último de su discurso a Lucas.
— En algún momento debemos cansarnos de correr de la vida…
— Eres una chica fuerte — agregó Max al momento en que ella se acercó.
— No moriré por un pequeño golpe en la cabeza — contestó mostrándole una pequeña sonrisa.
— Me alegra verte caminar sola — mencionó Lucas pasando su mano por la cara y terminando de tomarse el agua.
Todos hicieron un semicírculo frente a ella.
— No hay nada que un poco de dulce no pueda hacer — habló Gabriele mostrando la paleta roja que le había dado la enfermera después de haber sido atendida —.
Lamento lo de tu hermana.
— Por eso no te preocupes — respondió Lucas con un tono de voz bajo —.
Preocúpate por lo que te pasó.
Podemos hablarle a la policía y…
— No, mis padres no pueden enterarse de eso — interrumpió —.
Estaré bien, no fue nada.
— ¿Qué le dirás?
— interrogó Norah —.
Tienes vendada la frente.
— Que me caí de la bici o algo así…
de todas formas no es profunda la herida.
Pero sí, debo ir a casa.
— No es seguro que salgas — soltó Marco —.
Ya es muy tarde, además.
— Puedes ir con nosotros — siguió Norah —.
Pediré a Rafa que venga a buscarnos.
— ¿Por qué siempre vas a todo en bici?
— preguntó Aslan intentando aligerar el ambiente y yéndose detrás de ella.
— Ahora no — reprochó Norah.
— ¿Iras con nosotros a casa de Norah?
— retomó Max —.
Puede darte algo de ropa.
— Sé que no quieres ir.
También sé que no hemos tenido una buena primera impresión.
Pero, de todos los malos y repetitivos grupos de este lugar…
ellos son los mejores — dijo Abrill cruzada de brazos detrás de Lucas.
Abrumada por la propuesta y por cómo había sido su noche, prefirió tomar la opción más segura.
A pesar de haber golpeado parte de ellos días antes, esta vez, tuvo una sensación diferente.
— Bienvenida a Pensiwell, Gabriele…
— Ele — corrigió a Lucas —, me gusta más así.
Casa Warlen esa noche, 2:14 AM.
— Necesitamos vernos, en serio — insistió ella aguantando las ganas de llorar.
— Walker, debes tranquilizarte — repitió —.
Cuéntame de nuevo qué viste.
— Ya lo hice dos veces, Ibel — regañó ella susurrando su nombre al celular.
— ¿Y por qué no llamaste a la policía?
— No me creerían, Ibel, por favor, tómalo en serio.
— Me cuesta, Abrill.
No tiene sentido.
— Lo sé, lo sé — más lágrimas fueron cayendo —.
Necesito verte, por favor.
Reposó su cabeza levemente contra el granito de la isla de la cocina.
— ¿Ibel?
— se preguntó en voz baja Norah desde fuera de la cocina — ¿Verlo?
CAPÍTULO V.
Rojo Y Azul (Parte Dos).
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com