El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 8
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: Capítulo 6.
8: Capítulo 6.
2 meses después de la llegada de la nueva.
— Qué oscuro se siente todo, ¿verdad?
— ¿Cómo creíste que sería un funeral?
— le reprochó Kevin.
— De verdad dices puras tonterías — apoyó Norah.
— No es el momento para comenzar con eso — comentó Lucas no muy lejos de ellos apoyado en un árbol.
A una corta distancia se encontraba toda la familia Allison dándole la despedida a su pequeño Alfonso, que había partido con tan solo doce años de edad.
Habían encontrado su cuerpo sin vida unos tres días antes.
— Gracias — dijo Aslan sin quitar la vista del frente.
Ele ya estaba regresando hacia ellos luego de estar una hora con Max en la reunión frente al ataúd.
— ¿Nada?
— preguntó Lucas acercándose a ella.
— No es fácil para él, parece que era un buen amigo de su familia — metió las manos a sus bolsillos.
— Ese niño debe saber algo — señaló Aslan volteando a ver el auto desgastado donde permanecía inmóvil el pequeño Hirsch.
— ¿Mac?
— preguntó Kevin volteando a ver junto a los demás —.
Murió su amigo, yo tampoco me acercaría a ver su cuerpo.
— Pero, míralo, no parece estar triste…
El pequeño Mac (cómo se hacía llamar para evitar su nombre) no quitaba la mirada del pasto fuera del auto, mientras que sus ojos parecían estar perdidos en algún recuerdo.
— …
parece aterrado — terminó Norah la oración de Aslan.
— Murió estando con él y por lo que sabemos no tuvo que haber sido nada bonito — dijo Lucas detallando la expresión de Mac.
El día en que Alfonso fue encontrado, uno de los rasgos más resaltantes era la falta de una parte de su brazo izquierdo y de su rodilla para abajo de la pierna derecha.
Según los reportajes de la policía, había muerto gracias a la cantidad de sangre que perdió por las cortadas que iban de su pecho hasta su estómago.
Cuatro niños estaban con él ese día, ninguno de ellos salió herido o al menos no físicamente.
La niña, Valeria, luego de llorar por unos veinte minutos, habló sobre el ataque de un supuesto animal.
Todos contaron su propia historia, ninguna coincidió.
El joven David, de también doce años, dio una historia diferente donde no paraba de nombrar una criatura alta y sin mucha descripción.
Por ahora no había nada más que se supiera al respecto que simples chismes y rumores.
— Me toca ir con Max — cambió el tema Aslan.
— No tardes, se hace hora de irnos — le contestó Ele sacando unos auriculares blancos de su bolsillo.
— Sus deseos son órdenes, mi capitán — se burló mientras hacía un saludo militar.
— No trajimos a Marco por cosas como esas.
— Te has hecho amargada — siguió respondiendo Aslan a pesar de ya estar de espaldas hacia ellos —.
Eso es por estar mucho tiempo con Norah.
Una limitada sonrisa se marcó en sus labios viendo cómo se alejaba.
— Te vi, pelirroja — reclamó Norah logrando hacer reír a los demás.
Aslan acomodó su ropa antes de cruzar la mirada con los presentes y cuidadosamente caminó entre las sillas blancas de plástico que rodeaban el ataúd.
Como era de costumbre en ese tipo de situaciones, Max se mantenía lo más alejado que pudiera de todos.
— Lamento todo — le dijo Aslan sentándose detrás.
Max duró perdido en sus pensamientos un poco más antes de responder.
— No tuviste culpa.
— Claro…
— se sintió presionado —.
Sé que no soy el mejor para esto, pero recordarlo es lo mejor que se puede hacer, ¿no?
— Pensiwell no es un lugar perfecto y no suele ser un lugar tranquilo…
son cosas que pueden pasar en cualquier lugar.
Pero dime, ¿qué quieres?
Decepcionado de sí, respiró profundo y habló de nuevo.
— Tu hermano, lo que nos dijo…
— No tiene importancia, el miedo habló por él — Confío en nosotros — bajó la voz y se acercó más —.
Mac, el niño más lógico que conozco, se acercó llorando a contarnos sucesos…
— Irreales — interrumpió Max dándose vuelta —.
Han pasado dos meses Aslan, dos.
Por favor, olvida eso.
— Pensé que no había nada que recordar.
— Y no hay nada que recordar.
Estos indicios que me has presentado durante semanas están solo en tu mente.
— Estoy cerca de algo, pero necesito hablar con él.
— No, no estás cerca de algo y no te quiero cerca de mi hermano — declaró con un tono de voz alto y al subir su mirada notó a Lucas cerca de ellos —.
Olvida eso de una vez.
— Si hay algo que escondes de ella — se levantó —, lo voy a saber.
Te conozco y a tus miedos, pero desde que estamos con ella veo algo más en ti…
— Es hora de irnos — comentó de pronto Max sonriéndole a Lucas —.
Hablaré con mamá y nos vamos — sonrió.
Lucas, confundido, le sonrió de vuelta y disimuladamente vio a Aslan hasta que este se dio cuenta y optó por hacerle una mueca divertida.
CAPÍTULO VI.
The Cinema.
Centro comercial “Delycyas”, heladería “Froloyolo”; una hora después.
— ¿Sabes o no?
— insistió en su pregunta.
— Obviamente sé cuál es su sabor de helado favorito — sonrió —.
Lo que no entiendo es por qué quieres saber.
— Curiosidad — se puso su mechón azul por detrás de la oreja dándole atención al cono de helado que preparaba.
— Ajá.
Es la peor mentira que he escuchado en años y vaya que he escuchado mentiras malas.
— Marco, lo digo en serio — fue hacia el mostrador, tomó una servilleta y con delicadeza entregó el segundo helado en manos del chico frente a ella.
— Créeme, yo también, Valentine — sonrió —.
¿Por qué no me preguntaste sobre Lucas o Aslan?
Incluso de mí.
— Gracias por tu compra — dijeron ambos antes de que el chico terminara de darle un billete e irse.
— Porque hoy quise preguntar por Kevin — respondió más nerviosa, Valentine Smith.
Una de las pocas nombradas amistades de Norah, Valentine Smith de 19 años de edad.
Ya graduada vagaba de un trabajo a otro hasta que por fin había logrado quedarse con el puesto gracias a Marco (quien era gerente allí).
A pesar de compartir el apellido de una de las familias más adineradas del pueblo, solo era una pequeña casualidad.
— Le gusta — saltó de repente Camila Wood, llegando por fuera del mostrador con una bandeja debajo de uno de sus brazos.
— ¡¿Te gusta Kevin?!
— gritó de pronto Marco con Valentine intentando callarlo.
— No me gusta — chilló dándole una mirada fija a la pelinegra que sonreía a su lado.
— Le encanta — siguió Camila.
— Uuuh — burló Marco —.
Podemos hacer un plan de acción y ponerle un nombre que sea romántico.
— Y dejarle cartas en su casillero — siguió el juego Camila.
— Oigan, oigan ¡no!
Les prohíbo hablar o nombrar algo sobre eso…
— Entonces es verdad — insistió Camila.
— Tú tampoco puedes alardear — se defendió Valentine.
— Más secretos — agregó Marco.
— Ni lo pienses — amenazó Coraline.
La pequeña campana resonó interrumpiendo la conversación.
Se voltearon sincronizados y a quien primero notaron fue a Ele, que parece resaltar con su cabello rojizo.
Estaba acompañada de los demás, que buscaban a Marco con la mirada.
— A trabajar — comentó Marco fijando la vista en Ele.
— Claro — susurró Camila con molestia al verlo irse —.
Aparece y nos olvida — se quejó dejando de mala gana la bandeja.
Luego de eso, Camila Wood (también apodada como “la bruja” por su obvio apego al color negro al momento de vestirse) se fue en dirección de Aslan y Ele, que habían sido los únicos en escoger una mesa.
— ¿Nos olvida?
— preguntó para sí misma Valentine con una pequeña sonrisa en sus labios recogiendo la bandeja.
— Es una sorpresa verte así — mencionó Max poniendo ambos codos en la repisa.
— Soy una persona con múltiples talentos — sonrió —.
Sé que este es uno de los mejores lugares para comer un helado, pero la sorpresa es recibirlos.
— Ganamos — informó Lucas después de darle una corta mirada a los demás.
— ¿Ah?
— Griffin, en el torneo del café de dos pisos arriba — aclaró Max.
— ¡Sí!
— recordó Marco —.
¡¿Qué?!
¿Cómo?
¿Cuándo?
Norah, sí participaste, te dije que te gustaría, sé que eso de los juegos en computadora no es lo tuyo, pero es bastante movido y obvio, tiene que ver con el estilo de juego que escojas…
— Marco — llamó Max intentando cortar el discurso.
— No siempre se sabe a la primera, pero con suficiente atención…
— ¡Marco!
— interrumpió Lucas —.
No fue Norah.
— ¿Entonces quién?
— arrugó el entrecejo sin notar la clara expresión en los rostros de los demás — No…¿Ele?
— todos asintieron con la cabeza.
— La chica tiene talento — agregó Kevin mientras Marco le daba otro vistazo.
— Sí — suspiró, prestándole toda su atención a cada facción y sonrisa que lograba divisar de la pelirroja — Hay que celebrar, y yo invito.
Rápido que sabores querrán.
Lejos del mostrador, Camila a regañadientes había abordado a Aslan y Ele que tomaban sillas de las demás mesas.
— ¿Pedirán algo?
— preguntó saltando el diálogo de bienvenida que debía decirle a cada cliente según el reglamento.
— En eso están — le respondió Aslan moviendo la última silla que había tomado —.
Tranquila.
— Claro.
— Gracias — agregó Ele antes que Camila diera otro paso atrás para irse.
Como respuesta recibió una mirada pesada.
Sin nada más, se dio vuelta y se fue.
— No le caigo bien — se sentó.
— Puede sentirse intimidada — supuso Aslan sin quitarle la vista a la pelirroja.
— No empieces — regañó blanqueando los ojos.
— ¿Qué?
Es entendible.
Es simpática, pero, tú…
— movió ambas manos arriba y abajo señalándola completa.
— ¿Cómo es que consigues tantas chicas como dicen?
— soltó una pequeña carcajada —.
Eres pésimo en esto.
— Me pones nervioso — concluyó consiguiendo el contacto visual.
— Ni a buen intento llegó — aclaró ella dándole palmaditas en la mano de Aslan que tenía sobre la mesa.
— Vamos, debes ir conmigo, tienes muy buenas razones.
Soy atractivo y no tengo miedo a decir que mi piel es oscura, hay racistas ricos en este pueblo también — específico al ver las cejas de Ele levantarse —.
Soy alto, atlético y sí, tengo buenos gustos en la música.
No tengo el cabello como Lucas y Max que es lacio y largo porque aquí entre nos, eso es moda pasada.
Ojos cafés como los míos no se consiguen…
— Los de Max — intervino la pelirroja cruzando los brazos y conteniendo una sonrisa.
— ¿Qué?
¿Max?
— Ele se encogió de hombros dando a entender que para ella eran una opción.
Aslan se quedó sin qué continuar mientras analizaba la situación.
En ese momento llegaron los demás con las manos ocupadas.
La insistencia de Heller era gracias al evento de la preparatoria que se hacía próximo.
El baile de Halloween era el mejor evento donde Pensiwell era anfitrión y lo vendían más como evento que como un baile para los estudiantes de dicha preparatoria.
Era una gran fiesta donde las ciudades vecinas eran gratamente bienvenidas.
Y por supuesto, como en todo típico baile, la tradición es “llevar una pareja”, por lo que Aslan estaba apuntando alto.
— Bien, aprovechando que aún no nace un tema del que hablar — comenzó diciendo Marco de pie frente al grupo —.
Quiero darle un aplauso a nuestra querida y recién integrada, Ele, quien hizo posible la entrada de nuestro nombre en aquella pizarra de ganadores.
Aplaudieron como pudieron debido a los helados que tenían en las manos.
— Y en temas más serios — robó la palabra Aslan —, creo que viene siendo momento de mostrarle a nuestro nuevo ingreso, ese lugar.
— ¿Ese lugar?
— preguntó Lucas.
— ¿La cabaña?
— preguntó también Norah comiendo su helado.
— ¿Cabaña?
— interrogó Ele.
— No, no, no.
Hablo del cine — aclaró Aslan.
— No quiero volver al cine de aquí — pidió Ele.
— Pensé que te gustaba tu corte — ironizó Lucas.
— Ese chicle Aslan pudo haberlo quitado de otra manera.
— Cortarte ese mechón sonaba como una muy buena idea — se defendió Aslan.
— Nunca se vio así — crítico Norah.
— El punto es que sería genial que ella lo conociera.
El otro, no ese.
¿A favor?
— siguió Aslan.
Se compartieron miradas.
La manera de negarse era diciéndolo, en cambio, si te mantenías en silencio, la respuesta era positiva.
Así era como ellos lo utilizaban.
Las hojas ya se habían tornado naranjas y bañaban el suelo dando paso a nuevos retoños.
Todo el suelo del bosque se cubría por ese tono naranja que hacía sentir vivo el espíritu del Halloween cercano.
Las ramas crujían al moverse fuerte con el viento frío, recordando que la estación vendría después.
La luz del sol daba un bonito contraste entre las ramas por las que lograba escabullirse.
El bosque de Pensiwell podía ser un lindo lugar para ir a despejar la mente y pasar una linda tarde.
Lucas no había dejado pasar la oportunidad y tenía su cámara al pendiente de cualquier momento indicado, mientras disfrutaba del sonido de las hojas que crujían bajo sus pies.
— ¿No tuviste que haberte quedado?
— Nah, confío en Val y Camila — respondió Marco —.
Además, es un momento único.
— Eso lo veremos cuando lleguemos — metió ambas manos dentro de sus bolsillos.
Aún mantenían en secreto cualquier detalle de a dónde iban.
Habían terminado de comer sus helados y luego de ir por la cámara de Lucas comenzaron a caminar por el bosque.
— Llegaremos pronto, o algo así recuerdo — sonrió pasándose la mano por el cabello.
— Confío en ustedes.
— Eso es un cambio drástico, luego de la linda manera en que nos conocimos.
— Marco, en serio lamento todo eso.
No fue…
— No, no es necesario.
Ya hemos pasado momentos divertidos juntos, incluso te hicimos un nuevo corte de cabello hace unas semanas…
No hay mejor manera de disculparse.
— La travesía de mi cabello — ambos sueltan cortas carcajadas —.
¿Crees que podría trabajar contigo?
— Vaya…
— exaltó sorprendido.
— Sé que como gerente debes pensarlo y hacerme una clase de entrevista, pero desde que mi cabello me llega hasta aquí — tocó la parte baja de su cuello —.
Mamá ha enloquecido un poco y me gustaría conseguir trabajo.
Si puedes, claro.
— Lo pensaré.
Solo creí que la sobrina del alcalde que llegó a la mitad del año escolar podría haber escogido otro lugar donde trabajar.
— Ni hablemos de eso — sonrió —.
¿Lo pensarás?
— Claro, Taylor.
— Gracias, Griffin — golpeó levemente su brazo con su codo y le regaló una sonrisa.
Después de la muerte del abuelo Griffin, la unión que tenían ambas familias se convirtió en una serie de malos entendidos, que al final acabó con su relación.
Después de años de amistad, lo único que mantenía relación entre ambos apellidos era rencores.
— Opciones — dijo de repente Aslan señalando a ambos con entusiasmo.
— Bien.
Uno, déjala en paz, y dos, búscate otra opción — ironizó Lucas regresándole su misma seña.
Aslan se carcajeó sarcásticamente junto con ellos por un rato.
Tenía más días ideando un plan que proponiéndole a Ele la salida y todas esas veces las respuestas de Max y Lucas eran las mismas.
— Esto es en serio — reclamó Aslan.
— Lo que te hemos estado diciendo todo este tiempo también — comentó Max.
— Está ahí atrás, ve e intenta convencerla — aconsejó Lucas.
Los tres voltearon disimuladamente.
Ella parecía tranquila hablando con Marco unos pasos atrás de ellos.
— No funciona llegar de frente — siguió Aslan, mientras llevaban su vista al frente de nuevo.
— Quién diría que te veríamos así — soltó Max un comentario más.
— Ya te dijo que no, déjalo así.
Puedes ir a conquistar a otra chica.
— Norah sigue disponible — terminó Max con la idea de Lucas.
— Andan súper graciosos últimamente — le da un pequeño vistazo a Norah que iba adelante junto a Kevin —.
Además, a Lucas se le hace súper fácil decirlo, tú tienes a Abrill.
— No creo que sea una forma de decirlo — mencionó Lucas.
— Por cierto — opinó Max —, ¿dónde ha estado Abrill últimamente?
Lucas hizo un silencio momentáneo.
— No lo sé, últimamente ha desaparecido un par de veces — respondió recordando aquella noche de viernes hace dos meses.
Después de unos cuantos pasos más, dieron con una pequeña colina que daba entrada a un pequeño pasillo rodeado de vegetación con una puerta al final del mismo.
«¿Una puerta?» fue lo primero que llegó a la mente de Ele al llegar frente a ella.
La habían dejado ir de primera para que se llevara mejor la sorpresa.
Detrás de esa puerta se consiguió con una bodega que se notaba que tenía mucho tiempo sin electricidad.
Por el techo se colaba la luz del sol por unos pequeños hoyos, pero al intentar ver más adentro no logró ver nada más por la oscuridad.
— Ten — le dijo Lucas ofreciéndole una linterna —.
Estaremos detrás de ti.
Ele encendió la linterna y luego de tragar hondo dio los primeros pasos.
Más adelante, se consiguió otra puerta, al cruzarla alumbró esa nueva habitación y se dio cuenta de en qué lugar estaba.
— Un cine — susurró sonriente.
A pesar de que se notaba cuál era la entrada por lo pequeño que era, realmente era oscuro ahí dentro.
La alfombra del suelo se veía desgastada y sucia por hojas, tierra y posible excremento animal.
Aún así, mantenía el bonito diseño de palomitas y cintas de metraje.
Avanzó un poco más para detallar las máquinas oxidadas de palomitas y los dulces olvidados en los estantes.
Miró al techo y notó el nombre del cine en letras oxidadas de hierro que en algún momento fueron doradas.
— “El cinema” — habló Marco pasando por un lado.
— Lo encontré días antes de que llegaras — informó Lucas siguiendo a Marco —.
Está cool, ¿no?
— Está genial.
No huele tan bien, pero es lo de menos — respondió Ele antes de soltar una pequeña sonrisa.
— Y no has visto la única sala que sigue en pie — Norah la tomó de la mano y corrió junto con ella a dicha sala.
Mientras era jalada por el brazo, intentaba detallar todo lo que podía de los pósteres de películas antiguas que impresionantemente se mantenían a pesar de estar olvidados.
Norah la soltó y alumbró unas pequeñas escaleras frente a ella y con la mano le hizo señal para que siguiera detrás de ella.
Ele cuidadosa subió mientras alumbraba y admiró cada mínimo rincón del oscuro lugar.
— Las luces no se encendieron como era de esperarse, pero logré conseguir esto — jaló del encendedor de una pequeña planta eléctrica escondida en la oscuridad.
De un solo jalón encendió un motor que le dio vida a tres enormes faros que estaban poco más abajo que el techo.
Todos los asientos de color vinotinto se vieron con más detalle, dejando ver los nombres de ellos escritos en hojas de papel pegadas a algunos asientos con cinta.
— Cada uno de nosotros tiene su propio asiento.
Venimos aquí por simple hobby — sonrió —.
Nos gusta revisar las cajas y el simple hecho de poder escapar del pueblo.
— Y tranquila, las sillas están limpias — interrumpió Kevin entrando acompañado de los demás —.
Fue un día de arduo trabajo.
Todo se quedó en silencio mientras dejaban que ella siguiera detallando su alrededor.
— Ya que últimamente tomaste la decisión de estar con nosotros, en este mismo lugar decidimos que quizás quieras poner tu nombre en una de esas sillas — explicó Max.
— Solo si esa es tu decisión — agregó Lucas.
— Bueno…
— miró a todos —.
Necesitaré una hoja y un marcador.
— Norah, Kevin, conmigo — los llamó Aslan antes de salir.
Lucas y Marco por alguna razón salieron junto con ellos.
La emoción de un nuevo “miembro” parecía ser una enorme noticia.
— Son como niños cuando se emocionan — habló de nuevo Max subiendo a la plataforma junto a la pantalla de proyección.
— ¿Y tú no?
— preguntó siguiéndolo.
— Soy súper maduro — bromeó, con lo que logró sacarle una sonrisa.
— La actitud de Norah es bastante sorprendente.
— Abrill nunca ha venido, supongo que se le hace emocionante una chica que esté dispuesta a compartir de la manera que solo lo hacía ella.
— ¿Siempre tienes una respuesta elaborada para todo o solo improvisas?
— preguntó de modo burlón.
— Te sorprenderías si te digo la verdad — ríen juntos hasta que un movimiento brusco se siente debajo de la plataforma.
Ambos ven abajo y ríen de nuevo por sus expresiones de miedo.
— ¿Qué pudo ser?
— preguntó ella sin mover ni un músculo.
— ¿Ratas?
— sonrió.
— Mejor bajemos.
No quiero molestar a una rata capaz de hacer eso.
Se movieron rápido y saltaron abajo.
— ¿Qué hace un cine en medio del bosque?
— Hay muchas cosas que no sabes de este lugar.
— Sí, es mejor no decirle a nadie.
Esas palabras retumbaron en su mente con fuerza junto al recuerdo de una mujer horrible y un horrible momento que había intentado borrar por las palabras de la misma chica frente a él.
— Oye, he querido preguntarte algo desde la primera vez que hablamos…
— ¿La primera vez?
— preguntó confundida.
— Sobre ese día, cuando Aslan y yo te invitamos a…
— ¡Oigan!
— se escuchó el grito de Aslan que parecía venir de la pared frente a ellos —.
¡Deben ver esto!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com