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El Club De Los Chicos Raros. - Capítulo 9

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9: Capítulo 7.

9: Capítulo 7.

— ¿Lo que vimos?

— interrogó ignorando el grito de Aslan.

— La mujer, Ele.

Lo que pasó, cómo se sintió, cómo de pronto no había nada y lo que me dijiste…

— ¡Max, Ele!

— se escuchó ahora a Lucas gritar.

— Disculpa, Max.

No sé de qué me hablas.

— ¿Cómo?

— susurró viéndola darse la vuelta e irse.

No pudo sacarse esa respuesta de la cabeza durante todo el día.

Y la mantenía en mente mientras se devolvía a su casa.

Todo el grupo vivía distanciado y dispersado por el pueblo, que, a pesar de no ser muy visitado, no era tan pequeño como se decía.

La “fama” nacional de Pensiwell se acabó luego de la cadena de acontecimientos terribles desde 1992 hasta 1998; a partir de allí, son salpicados por la actividad de su ciudad vecina Beylen, la cual debe ser la última opción para conseguir vivienda.

En todo el pueblo solo sirven el 40% de los faros y las calles son mayormente opacas (ya que las casas suelen darle algo de luz).

Cuando caía la noche, Pensiwell se llenaba de cierta tensión gracias a la oscuridad que cubría todas las cuadras.

«Es mejor que nadie se entere, créeme, será mejor así», recordó Max mientras seguía de camino a su casa.

No se explicaba la reacción de Ele ese día y los siguientes, parecía que de verdad para ella nada había pasado, pero para él nada de eso había desaparecido.

Delicadamente abrió la puerta de la habitación de Mac y lo consiguió sentado en su cama, recostado en el espaldar mirando la pared.

— Hey, ¿no es tarde para que estés despierto?

— no le respondió —.

¿Mac?

— No es tarde, apenas son las diez — le contestó sin voltear a verlo.

— Claro, solo que ahora mamá nos obliga a dormir temprano, pensé que dormías.

— No puedo — su voz se escuchó delgada y su labio inferior comenzó a temblar, frunció el entrecejo y su pierna parecía moverse sin control.

Las lágrimas comenzaron a salir y de nuevo le pidió perdón a su amigo entre murmullos.

— Oye, ¿puedes contarme todo lo que pasó?

— preguntó Max para ver si lograba hacer que su hermano se quitara las manos de la cara —.

Sé que no te sientes bien y que no quieres recordarlo, pero prometo creerte esta vez.

Desahógate…

Mac secó sus lágrimas y mantuvo el silencio por un largo tiempo hasta que de un momento a otro, por fin habló.

CAPÍTULO VII.

El Dilema Del Gato Perdido.

Dos meses después de la llegada de la pelirroja y tres días antes del funeral.

Biblioteca pública de Pensiwell.

— Todo listo — golpeó la mesa con ambas manos interrumpiendo la conversación anterior.

— ¿Qué?

— respondió Valeria Daimon de mala gana.

— Lo conseguí — siguió emocionado Alfonso Allison —.

No pudieron olvidarlo — reclamó al ver que ellos solo se veían las caras.

— ¿El gato?

— intentó acertar Mac.

— Exacto — se abrió espacio junto a Jack Bernal.

Era de costumbre reunirse en la biblioteca para terminar las tareas y conversar antes de que todos fueran a casa.

El pequeño grupo de niños se conocía desde comienzos de la primaria y juntos recién habían empezado el primer año de secundaria.

— ¿Si te compraron un gato?

— interrogó impresionado David Gutiérrez.

— Yo insistí, pero solo recibí más oficios que hacer — comentó de fondo Mac.

— Igual yo — opinó Valeria.

— Y yo — siguió Alfonso —, pero, de camino a casa conseguí esta preciosura — abrió su mochila y tomó en sus manos a un pequeño gatito gris de ojos verdes —.

Se me hizo bastante difícil atraparlo, incluso quise dejarlo ir, pero insistí y lo logré — sonrió.

— ¿Y regresaste para decirnos?

— preguntó Valeria.

— Me pareció buena idea — levantó, se encogió de hombros e inclinó un poco la cabeza hacia la izquierda.

— Bien — habló por fin el pequeño Jack a su lado —, entonces podemos hacer que nuestro plan tome acción.

— Es muy temprano todavía, ¿no?

— comentó David.

— Podemos repasar mientras esperamos a que se haga de noche — ideó Mac.

— Oigan, pero no los dejaremos morir, ¿cierto?

— quiso aclarar Alfonso mientras sobaba al gatito para que estuviera tranquilo.

— Bueno…

— Yo lo intentaré, háganlo ustedes también, ¿ok?

— interrumpió Alfonso antes de que Mac pudiera opinar.

Asintieron todos y siguieron en lo suyo a la espera de la noche.

Alfonso ya había terminado de alimentar al gato y lo había encerrado en una pequeña jaula con algunos retazos de ropa vieja que consiguió.

Ya todos tenían permiso para quedarse hasta las nueve en casa de David, el plan estaba listo y solo hacía falta repasarlo una última vez.

— Según lo que hemos averiguado, aquí han sido los lugares donde los gatos desaparecidos frecuentaban.

Como podemos ver, no son puntos muy diferentes a los que frecuentaban las personas que también parecen haberse desaparecido — explicó Mac de espalda al grupo y de frente a un mapa de Pensiwell donde con un marcador ponía puntos —.

Usando esta guía, podemos ver que “el fantasma” ataca lugares cerca de esta zona del bosque y no llega a ir hasta el centro de la ciudad…

— Espera, ¿el fantasma?

— interrumpió Jack volteando a ver Alfonso y luego volteando al frente —.

Dijimos que le diríamos sombra.

— Es muy mal nombre — dijo de repente Valeria.

— ¿No es lo mismo que Fantasma?

— opinó de fondo David —.

Ambos son malos nombres.

— ¡Oye!

— protestaron en coro Alfonso, Jack y Valeria.

— Ese no es el punto —habló de nuevo Mac —.

Pongamos toda nuestra atención en lo que haremos hoy, porque esta noche haremos el mejor descubrimiento de la historia…

— Para no quedar como tu hermano y sus amigos — opinó Jack.

— E intentaremos llegar antes que mis padres lleguen — informó David.

— Exactamente, que en la operación “no quedemos como los raros”, comience.

La jaula estaba en posición y ellos alrededor de ella guardando una distancia prudencial.

El plan era poder tomar alguna fotografía o atrapar a la cosa que estaba a cargo de todo.

Para así salir de la sombra de “perdedores” que todos los chicos le ponían.

— Sé que la negatividad no es buena en mitad de un plan, pero si la sombra puede llevarse a las personas, ¿qué nos salva que las lleve a nosotros?

— interrogó Alfonso tirado en el suelo junto a Mac.

— Las cifras — respondió viendo al frente buscando algún indicio.

— Sé que sacaste cuentas de que podría suceder o algo así, no presté mucha atención.

Solo me preocupa el margen de error que no dijiste.

— Tranquilo, nos mantendremos lejos y atentos a cualquier error.

Solo será una foto y descubrir qué pasa.

Alfonso asintió y miró de nuevo al frente.

Aquella parte del bosque era muy poco transcurrida y bastante adentrada al mismo.

Pero ninguno de ellos había llegado tan lejos para darse cuenta.

Divididos en dos grupos, esperaban atentos a cualquier acercamiento.

De un lado permanecían escondidos detrás de una roca Valeria, Jack y David; frente a ellos, detrás de una colina Alfonso y Mac.

Dejaron un rastro con sus cenas desde cierto punto hasta frente a la jaula del gato.

Por alguna razón mantenían la idea de que se encontrarían un animal.

Los minutos siguieron pasando y nada aparecía, temían que algún otro animal se hubiera comido los restos de pollo frito de su rastro.

— Se está haciendo tarde — se quejó Mac saliendo de su escondite y yendo hacia la jaula en el centro.

Alfonso estaba a punto de levantarse cuando le pareció escuchar unas hojas crujir no muy lejos de él.

Volteó nervioso, pero aunque no vio nada, el miedo fue suficiente razón para correr colina abajo para estar acompañado.

— Mac, oye, escuché algo desde allá — señaló, pero Mac se mantuvo ocupado recogiendo la jaula y buscando si una parte del rastro se mantenía.

— Quizás necesitemos un gato más grande, no recuerdo que un gatito hubiera desaparecido — dijo Mac haciéndole señas a los chicos que se habían descubierto —.

¿Qué les pasa?

— se quejó viendo cómo se mantenían quietos a lo lejos.

— Mac…

— le tocó Alfonso del hombro logrando hacer que por fin voltease.

La linterna del celular de Alfonso alumbró a un hombre encima de la colina con sus manos en puños llenos de sangre.

Su mirada parecía perdida, como si la persona que controlaba sus ojos no fuera la misma que se encontraba de pie.

— Corre…

— mandó Mac poniendo la jaula bajo su brazo izquierdo.

Ambos, sin tener idea de a dónde correr, fueron en dirección contraria lo más rápido que pudieron.

Pasos pesados se escuchaban detrás de ellos, aquel hombre buscaba alcanzarlos.

Sin voltear en ningún momento se encontraron con los demás que corrían con tantas fuerzas como ellos.

Las hojas hacían resbalar sus pies y sus piernas en muchos momentos se tambalearon, pero ninguno cayó.

Cruzando el bosque sin dirección, sentían cómo aquel hombre se acercaba.

Sus gargantas estaban secas y su respiración incontrolable.

Estaba a tan pocos metros de todos.

Desesperados cruzaron un arbusto que los llevó a rodar por una pequeña colina que había detrás.

La jaula cayó de los brazos de Mac, se abrió y mientras ellos se levantaban y revisaban si estaban bien, el pequeño animal corrió en dirección diferente.

Alfonso fue el único en girar a ver dónde se había ido, pero tan rápido como volteó, volvió su mirada al frente.

Ya no corrían sobre las hojas y tierra del bosque, era asfalto, que se había deteriorado con el tiempo.

Sin prestarle atención, siguieron en la persecución, sin dar con el detalle de que los pasos de ese hombre ya habían cesado.

Correr de tal forma estaba pasando factura y sus piernas empezaron a ser más pesadas.

De pronto, pudieron ver una casa entre la maleza.

Estaba decaída, abandonada y obviamente sin alguna muestra de que alguna bombilla funcional.

Mac no pensó las veces necesarias para frenarse e ir hacia ella.

Asustados todos, ni se miraron las caras antes de seguirlo.

La puerta estaba tan trabada que no valía la pena perder tiempo intentando abrirla.

Así que entraron por una de las ventanas, que sorprendentemente, aún funcionaba.

Corrieron lo más lejos que pudieron de la puerta hasta llegar a lo que parecía la cocina y se sentaron pegados a los cajones, para intentar descansar y esconderse.

Valeria era sensible con la mayoría de cosas a su alrededor, duró un mes de luto por un personaje de un libro y ahora, había tenido la experiencia más aterradora que nunca pensó que podría vivir.

Las lágrimas eran inevitables para ella.

Buscando contenerse, cerró los ojos, cerró sus manos en puños y recostó su cabeza contra la cocina vieja que tenía detrás.

— Mac…¿qué pasó?

— preguntó Jack viendo fijo a Mac aguantando las ganas de llorar.

— No lo sé — susurró con la mirada en el suelo.

— Esto no era parte del plan, ¿verdad?

— Mac negó con la cabeza manteniendo la cabeza baja —.

¿Y entonces por qué pasó todo eso?

¿por qué…

— ¡¿Tú crees que lo sé?!

— interrumpió elevando la voz y llevando su mirada a él —.

¡Dime, ¿por qué crees que yo lo sabría?!

— ¡Porque tú nos mentiste en esto!

— se levantó de golpe Jack yendo de forma amenazante hacia Mac.

David se levantó rápido y logró frenarlos antes de que comenzaran a pelearse.

— Cállense, par de idiotas — intentó sonar calmado, pero sentía tantas cosas en ese momento que solo podía verse lo aterrado que estaba —.

Ese hombre los escuchará y nos matará — la primera lágrima corrió por su mejilla —.

Y no podré regresar a tiempo a ver a papá y tampoco a mamá, no es momento para pelear…

— Moriremos de todos modos — mencionó Jack sentándose de nuevo.

— No quiero morir…

— susurró Valeria rompiendo en llanto.

— Mamá dice que: “las cosas pasan si piensas que van a pasar”.

Así que, pensemos que saldremos de aquí — tomó Alfonso una de las manos de Valeria al terminar de hablar —.

Creo en ti, Mac, sé que nos sacarás de aquí — le regaló una sonrisa.

La casa era más grande de lo que sé está acostumbrado, solo en el piso de abajo se podría vivir con gran comodidad.

Un enorme pasillo te llevaba desde la sala principal hasta la cocina, cinco habitaciones y un baño.

La escalera al segundo piso estaba al lado de la puerta para salir al patio, al final del pasillo, sin contar el sótano.

Esta información era importante para saber cómo actuar si aquel hombre llegaba a ese lugar, ya que los celulares ya no eran opción por la falta de cobertura.

Recorrieron con cuidado los lugares nombrados buscando la mejor vía de escape.

Mac se quedó viendo por la ventana por dónde entraron como vigía; Valeria y Jack cruzaron el pasillo y subieron las escaleras para revisar el segundo piso; David y Alfonso bajaron al sótano.

Quedarse ahí por mucho tiempo era una mala idea, pero salir a perderse más al bosque les pareció peor.

— Creo que si salgo por la ventana y me monto en el techo podría intentar ver Delycyas — explicó Jack, viendo la ventana de la que hablaba abierta.

— ¿Y si el hombre de afuera te ve?

— Puede que no, está oscuro — dijo arrepentido de su plan.

Aún así, reunió todo el valor que tenía, salió por la ventana y con mucho cuidado comenzó a caminar por el techo podrido del lado derecho de la casa.

Si seguía así, podría montarse más alto, en el techo del segundo piso, para intentar ver alguna luz a lo lejos.

Uso la pared para no resbalar por el moho de la madera, hasta que por fin llego al final de ese pedazo.

Con la ayuda de una ventana pudo acercarse al borde del techo superior y sin pesar que se podría venir abajo, se agarró de los canales viejos para poder subir.

Ya arriba, fue gateando poco a poco hasta el punto más alto del techo.

Abajo, Alfonso bajaba al viejo sótano con David que lo sujetaba del hombro detrás de él.

— No hay salida aquí abajo — comentó David frenando a Alfonso antes de bajar el último escalón.

— Debemos buscar, así dijo Mac — repitió bajando el último escalón y adentrándose en la oscuridad del lugar.

El sótano era su última opción de escape.

La usarían en caso de ser descubiertos dentro de la casa antes de que Jack pudiera ver algún rumbo.

Ya que la puerta principal no servía la única vía de escape razonable, además de las ventanas, era la puerta del patio, pero si eran acorralados por ahí, la salida del sótano era rentable.

El sótano era tan espacioso como la casa de arriba y parecía que era un buen lugar para almacenar cosas.

Ambos siguen buscando con las linternas de los celulares y ligeramente se separan.

Siendo David quien se adelanta, mientras Alfonso examinaba algunas manchas en el enorme calentador que se había topado.

Una respiración repentina les congela la sangre y les pone los pelos de punta.

Se escuchaba como si una persona con problemas en la garganta respirara con la boca abierta, justo detrás de ellos.

— Alfonso…

— llamó David sin moverse mientras alumbraba un enorme hoyo por donde fácilmente podría caber una persona.

— Puede ser una rata o un mapache — respondió Alfonso tan preocupado como él —.

Subamos.

David planeaba correr, apenas logrará girarse.

En cuanto giró que alumbró a su amigo con los ojos llorosos, vio cómo de un lado una silueta grande y oscura se abalanzó sobre Alfonso, tan fuerte que se lo llevó junto al calentador contra un lado del sótano.

Haciendo que soltará un grito enorme al aire.

—¡Sí!

— celebró Jack notando las luces de Pensiwell a lo lejos.

En eso, aquel golpe y grito de la parte de abajo lo hizo girar de reflejo de forma brusca.

Sus pies resbalaron y cayó por el techo rondando sin control.

Ya llegando al final, su último movimiento fue tomarse de aquella canal que no aguantó mucho antes de caer con él al segundo techo.

Cayó sobre su brazo izquierdo y antes de que se fuera hacia el suelo, Valeria salió por la ventana que usó de apoyo para subir y lo tomó de su camisa.

David actuó de una forma contraria a lo que hubiera hecho en cualquier circunstancia.

Preocupado por Alfonso, buscó acercarse, pero su amigo salió de la oscuridad con su frente bañada en sangre y lo jaló con él.

Corrieron juntos a las escaleras.

El atropello de Alfonso contra el calentador lo había hecho lento, su cabeza le dolía y su cuerpo se sentía más pesado de lo común, aun así, lo que sea que lo hubiera atrapado había quedado bajo el calentador.

David pasó a Alfonso y justo antes de subir tropezó, no fue un freno para él, pero dejó su celular olvidado.

Subió esos escalones casi saltando y ya en la puerta chocó contra Mac, que apareció de pronto.

— ¿Y Alfonso?

— preguntó tomándolo de los hombros.

— Viene atrás — respondió soltándose del agarre de Mac y siguió su camino.

— Pero…

— Mac volteó abajo, y con su linterna logró ver el cuerpo de Alfonso contra la pared de las escaleras con esa cosa que lo había atacado antes, mordiendo su brazo.

Sus ojos se encontraron con los de su amigo.

El pequeño Alfonso permanecía callado mientras se escuchaba cómo aquella cosa mordía y quebraba su hueso, haciendo un festín con su brazo.

Solo veía a Mac mientras su rostro se llenaba de lágrimas.

«Creo en ti, Mac, sé que nos sacarás de aquí», recordó, viendo los que serían los últimos segundos de vida de su compañero.

Lo último que vio del amigo de las sonrisas fue su expresión de dolor y sus ojos llenos de terror.

En ese momento, fue en el que Alfonso se dio cuenta que no tendría que preocuparse por hacer sentir bien a sus amigos o ser un mejor hijo al ayudar a su madre en los oficios, no habría más tardes en la biblioteca luego de la secundaria y con su corazón queriendo explotar por tanto miedo, vio a Mac los ojos y le sonrió.

Valeria agarró el brazo de Mac sacándolo del trance que tenía, llevándolo con ella y Jack a la puerta trasera.

Dos meses después de la llegada de la nueva, la noche después del funeral.

Casa Hirsch.

— A partir de ahí sabes qué pasó — siguió contando Mac —.

Corrimos hacia donde Jack recordaba las luces y Aslan nos consiguió junto con ustedes.

Porque habían pasado horas, no minutos como pensaba.

— No me habías contado todo eso…

— Lo hice Max — le reclamó —, pero más me creyó Aslan.

— Oye…

— No, tú no me creíste.

El día en que vi morir a Alfonso por mi culpa, no quisiste creerme — limpió las lágrimas de sus ojos con molestia.

— Todo acabo, no tienes que preocuparte — intentó remendar Max.

— Ahora las cosas solo pueden empeorar…

— Ya — lo frenó —.

Las circunstancias los llevaron a ese momento, no podrías haberlo sabido.

La mayoría de las cosas por algo…

Si vas a llorar, llora.

Pero no te frenes porque la vida es cruel contigo, así es ella…

— No entiendes, Max, algo malo pasa, más allá de lo que siempre pasa.

— No tienes que pensar en eso o por qué decirlo — cerró la puerta —.

Yo lo sé…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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