"EL CÓDIGO DEL VACÍO: Cuando los Antiguos Reclamaron la Tierra" - Capítulo 146
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- Capítulo 146 - 146 Haremos su vida partícularmente miserable
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146: Haremos su vida partícularmente miserable 146: Haremos su vida partícularmente miserable Ciudadela de Amitiel, Órbita de Neptuno Con el plan para la subyugación de las facciones de Lira y la reestructuración económica de Terra delineado, la vasta y alienígena conciencia de Cthulhu se centró de nuevo en el planeta azul que ahora consideraba su nexo principal en este sistema.
<<Sin embargo, Hermano Menor Amitiel,>> la “voz” gutural y distorsionante del Primigenio resonó en la sala de mando, <<la mera división en bloques económicos y la siembra de conflictos internos en Terra y entre las razas de Lira, aunque elegante, requiere una supervisión constante y una proyección de nuestra voluntad que no delate nuestra mano demasiado pronto.
Debemos perfeccionar la fachada.>> Amitiel, siempre el estratega, asintió con fría aquiescencia.
“Vuestra sabiduría es insondable, Gran Soñador.
La sutileza es la clave para un dominio duradero.” <<Precisamente,>> continuó Cthulhu.
<<Y para ello, nuestra nueva cabeza de puente en Terra, la nación de México, debe jugar su papel con una perfección consumada.
Haremos parecer que México no está preparado para un conflicto mundial importante.
Se proyectará una imagen internacional de encantadora ineficiencia gubernamental, de una nación perpetuamente consumida por sus propios y pintorescos ‘conflictos internos’ que nosotros mismos nos aseguraremos de avivar – carteles de la droga luchando por rutas que nosotros controlaremos, divisiones políticas que nosotros sembraremos, crisis sociales que nosotros magnificaremos.
Esto la hará parecer incapaz de representar una amenaza seria en el gran tablero global, una víctima de sus propias circunstancias.>> “Una distracción perfecta,” aprobó Amitiel.
“Mientras el mundo la subestima, o la compadece.” <<Exacto,>> vibró Cthulhu.
<<Pero en las sombras, bajo nuestro directo patrocinio Luciferino y con la tecnología que les proporcionaremos o les ‘permitiremos descubrir’, la armaremos hasta los huesos.
Sus fuerzas especiales, sus agencias de inteligencia clandestinas, se convertirán en un poder formidable, pero uno cuya verdadera fuerza y lealtad permanecerán ocultas, subestimadas por todos, incluso por muchos dentro de su propio gobierno.>> “La percepción de la sociedad mundial será fácilmente moldeada,” añadió Amitiel, anticipando el pensamiento del Primigenio.
“Muchos la rechazarán por su aparente desorden endémico, por su ‘incapacidad’ para alinearse de forma clara con los grandes bloques que nosotros mismos estaremos fomentando.
Otros, sin embargo, la amarán precisamente por esa supuesta neutralidad, por su ‘resistencia cultural’ a las narrativas de las superpotencias, por su exotismo.
La haremos parecer siempre la víctima simpática, la mediadora asediada pero noble, y nunca el victimario o el nexo de poder en la sombra que realmente será para nosotros.” <<Y los otros países del sur,>> la “voz” de Cthulhu goteaba un frío desdén cósmico, <<sus vecinos en el continente americano y más allá, consumidos por sus propias debilidades e ineptitudes, la envidiarán y querrán ser como ella.
Verán su aparente ‘independencia’ y su ‘prosperidad’ selectiva y cuidadosamente orquestada por nosotros como un modelo a seguir, sembrando así más división, más resentimiento y debilitando cualquier intento de unidad regional que pudiera oponerse a nuestros designios para los bloques mayores.>> “Pero lo más importante de esta elección de México como nuestro centro de mando terrenal,” la voz de Amitiel se volvió más dura, perdiendo cualquier atisbo de la ironía anterior, “será nuestra vigilancia implacable.
Vigilaremos muy de cerca, con una precisión absoluta, cualquier rebelión, cualquier chispa de verdadera conciencia o desafío que venga desde ese nido de energías y voluntades.” Cthulhu emitió un pulso de acuerdo que hizo temblar la realidad.
<<Sí…
sobre todo porque nuestra inteligencia indica que ahí, en esa región de Yucatán, está la mayor concentración de la magia residual de Umbría, esa irritante escuela que ha demostrado ser una espina.
Allí deben de estar ahora el Anunnaki renegado Enki, y su hermano caído y debilitado, Enlil, si es que logró escapar de nuestra ira en las profundidades.
E incluso el eco menguante de Poimandres y su Heraldo del Caos, Nyx, si es que algo queda de ellos.
Son…
variables inestables…
que deben ser gestionadas con mano firme.>> “Y así será,” afirmó Amitiel.
“Ellos no sabrán que tomaremos el control total desde dentro mismo de su aparente ‘refugio’ en Cancún o Calakmul.
Los continuaremos engañando con la farsa de las múltiples amenazas cósmicas, con la ilusión de que pueden elegir a sus aliados o forjar su propio destino contra un universo hostil.
Seguirán creyendo que luchan contra Cthulhu en el Caribe, o contra mí y mis Netlin en los cielos, sin darse cuenta de que ambos somos las mandíbulas de la misma trampa que se cierra sobre ellos y su mundo.” Hubo una pausa, y luego Cthulhu proyectó un pensamiento final, uno que hizo que incluso Amitiel sintiera un escalofrío de interés cósmico.
<<Y…
la…
niña…
maga…
Aria…>> la “voz” del Primigenio se volvió una vibración que parecía helar el alma misma de las estrellas.
<<Vuestros informes Luciferinos sobre su reciente y anómala manifestación de poder son…
incompletos, pero mi propia…
percepción…
desde el Vacío Primordial…
siente su…
potencial discordante.
Los tontos en Terra, e incluso muchos de los vuestros, nunca sabrán que Aria es un alma renacida…
un eco de una voluntad primordial, una chispa de la Primera Llama que se creía extinguida, o quizás, un avatar de la Última Resistencia de Gaia…
un ser que podría, si se le permite florecer sin control, cambiarlo todo.>> Amitiel asintió lentamente, sus ojos como quásares fijos en un punto invisible.
“Sí, Gran Primigenio.
Su firma energética es…
única.
Posee un poder oculto que nadie entre sus aliados parece querer ver o comprender en su totalidad, demasiado ocupados como están con sus propias pequeñas luchas y sus anticuadas nociones de magia y poder.” Una sonrisa gélida y terrible se dibujó en el rostro perfecto de Amitiel.
“Y por eso precisamente,” concluyó, su voz mental resonando con una finalidad absoluta, “cuando su poder comience a manifestarse plenamente, cuando esa ‘alma renacida’ intente ‘subir a la superficie’ de su verdadero potencial, haremos su vida particularmente miserable.
El sufrimiento dirigido es un gran inhibidor del crecimiento espiritual no alineado con nuestro Orden.
O la quebraremos por completo, convirtiéndola en un ejemplo de la futilidad de la esperanza…
o retorceremos su luz para que sirva, sin saberlo, a nuestros propios fines.
Ella no será la heroína de nadie en el amanecer de nuestra Gran Fraternidad Universal.” En la ciudadela de Neptuno, el plan para la subyugación final de la Tierra y la neutralización de su más improbable campeona estaba trazado.
La oscuridad tenía muchos rostros, y el más terrible era a menudo el que ofrecía una sonrisa de orden y liberación.
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