EL CONQUISTADOR - Capítulo 11
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11: 11 Alicia(1) 11: 11 Alicia(1) Luego de la prueba de armas empezó oficialmente la producción a gran escala de fusiles.
Además, André le entregó a Orobio los planos de un cañón de doce libras para que empezaran la producción inmediatamente.
Dos semanas después se entregó el primer lote de 1000 fusiles, lo que puso de muy buen humor a André.
Inmediatamente en el ejército empezó el entrenamiento con armas de fuego.
André dividió las tres divisiones del ejército en dos divisiones de fusileros y una de cañoneros.
André había hecho un pedido de 500 cañones de 12 libras; habría veinte soldados de infantería por cada cañón.
Orobio le prometió que en tres meses estarían listos los cañones.
También se agregaron dos líneas de producción exclusivas para municiones que funcionarían sin descanso.
En este momento André estaba en el campamento militar viendo las prácticas de disparo.
Estaba emocionado por probar también, pero desde la última vez que lo hizo se lastimó el hombro.
Amanda le prohibió el uso de fusiles hasta que cumpliera la mayoría de edad, que es a los dieciséis.
Con Rose siguiéndolo a todos lados, André no tuvo otra opción que resignarse.
El general Raúl estaba a su lado mientras decía: —Señor, ¿cuándo será el próximo lote de armas?
Así podremos entrenarlos con más eficiencia.
—Ya hablé con Orobio.
Cada dos semanas habrá un lote de 1000 fusiles y cien cañones para que los cañoneros practiquen cuanto antes.
Al escuchar lo de los cañones, Raúl respiró hondo, recordando cuando fueron a la prueba de los cañones.
Parecía que se caería el cielo con cada disparo.
—¿Ya decidiste cuál será la división de cañoneros?
Ante esta pregunta, Raúl dijo con una cara de disculpa: —Todavía no, mi señor.
Según los parámetros de manejo que usted nos indicó, estamos analizando cuál será la ideal.
—Bueno, no hay prisa por ahora, pero cuando llegue el primer lote de cañones debería estar decidido.
—Sí, mi lord.
—Está bien, otro día pasaré para seguir viendo la práctica.
—Vaya con cuidado, señor —Raúl hizo una pose militar mientras veía la partida de André.
—¿Cómo va el proceso de construcción de la imprenta?
Ante la pregunta de André, la asistente respondió con total naturalidad: —Hablé con Mario y consiguió un grupo de artesanos.
Los llevó con Orobio para que les ayude en la construcción de la imprenta.
—¿Cuándo estará terminada la primera imprenta?
—Se espera que en dos días esté lista.
Luego, las siguientes no tendrán problemas: en dos semanas estarán listas las cinco que solicitaste.
—Eso es bueno.
En cuanto esté lista quiero que impriman copias de los libros didácticos.
No te olvides que las clases empezarán en dos semanas.
—No te preocupes, todo estará listo a tiempo —dijo Rose.
Luego miró a André con un signo de interrogación en su rostro.
—Adelante, pregunta.
Sabes que no te ocultaré nada.
Rose lo miró y preguntó enseguida: —Con una imprenta es suficiente, ¿por qué ordenarías la construcción de cinco?
André sonrió y pasó la mano sobre su cabello.
A pesar de que tenía apenas once años, tenía casi la misma estatura, provocando un sonrojo en la cara de Rose.
—André, por favor, abstente de estos gestos en público.
La gente podría hablar.
—No me importa que hablen.
—Además, ¿por qué te ríes?
—Estoy sonriendo porque puedo ver tu progreso.
Estoy pensando en dejarte ser mi asistente permanente.
Tendré que buscar otro profesor para la escuela, a pesar de que estaban faltando.
—No me importará dar clases en la noche después del trabajo en el día.
—Te cansarás y entonces estarás distraída.
Te necesito al cien por ciento.
—Está bien, no respondiste mi pregunta.
—Está bien.
Lo cierto es que los libros son uno de los bienes más preciados en este mundo.
Ahora que viene un tiempo de grandes gastos, aquí tendremos ingresos inimaginables.
Rose puso una cara de comprensión y sonrió: —Gracias por responderme.
—Está bien, sabes que no te ocultaré nada —André sonrió y siguió caminando, mientras Rose se apresuró a alcanzarlo.
En un pequeño pueblo, cuando el sol estaba a punto de esconderse, apareció de repente un lujoso carruaje custodiado por una docena de caballeros, causando el asombro de los campesinos.
Uno de los guardias del carruaje se acercó a un anciano que estaba sentado en una gran roca fuera de una casa de madera y paja.
—Tú, dime dónde está la mejor casa de este pueblo.
—León, ten más respeto cuando pides algo —se oyó una dulce pero firme voz desde dentro del carruaje.
—Sí, mi lady —respondió el caballero.
El anciano, que pasó un poco el susto, apuntó a una pequeña colina y dijo: —Allí vive el terrateniente de este pueblo y tiene una bonita casa.
—Bien —entonces el carruaje siguió su camino.
Dentro del carruaje se escuchó una voz perezosa: —Alicia, ¿cuándo vamos a llegar?
Estoy muy cansada de este carruaje.
—Todavía faltan dos semanas, Sofía.
Ten paciencia —Alicia, que tenía un rostro angelical y un cabello lacio y rubio, respondió.
—¿Qué?
¿Solo recién vamos por la mitad?
Creo que voy a morir aquí.
Grace, cuando veas a mamá dile que la quería mucho —con el cabello liso color azul como el océano, Sofía dijo poniendo una cara perezosa e igualmente hermosa.
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