EL CONQUISTADOR - Capítulo 162
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- Capítulo 162 - 162 161 El casco de aprendizaje y la actualización del alto horno
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162: 161 El casco de aprendizaje y la actualización del alto horno 162: 161 El casco de aprendizaje y la actualización del alto horno —Mm, André, necesito decirte algo —luego de un pequeño e incómodo silencio, Rose fue la primera en hablar.
—Hable entonces —André asintió hacia Rose.
—Creo que tienes un malentendido sobre el casco de aprendizaje —Rose habló con un tono de voz un poco bajo, pero todos en la sala la escucharon.
Asintieron, sabiendo y estando de acuerdo con lo que diría a continuación.
—¿Eh?
¿Cuál es el malentendido?
—al notar la atmósfera en la sala, André supo que en serio podría haber entendido algo mal sobre el casco de aprendizaje.
—El casco de aprendizaje simplemente nos pone información en nuestra mente.
Es nuestra cuestión entender dicha información —luego de hablar, Rose bajó la cabeza un poco avergonzada.
Los demás en la sala asintieron claramente hacia André.
Los ojos de André se entrecerraron levemente.
Entonces le dio un pequeño shock al darse cuenta de que había pasado por alto algo muy importante; sería más preciso decir que lo había dado por sentado.
En realidad trataba el casco de aprendizaje como una panacea, aunque en apariencia lo parecía.
Pero este último solo se encargaba de imprimir información en la mente de las personas, no de que la comprendieran.
Todo estaría bien mientras fuera información sencilla de asimilar, pero con aspectos más técnicos y avanzados dependía de la genialidad de cada persona cuánto tiempo le tome digerirlo.
Es como si una persona pudiera reconocer una palabra, mas no su significado.
Entonces, aunque proporcionaba una gran ventaja para capacitar talentos, no era tan increíble como había imaginado.
Por lo tanto, estaba un poco triste por eso, pero no se lo tomó a pecho y ajustó sus planes en consecuencia.
—Bien, parece que fue mi error.
Gracias, Rose, por hacerme caer en cuenta —André se disculpó con Rose, haciendo que todos en la sala suspiraran con alivio.
Los plazos que acababa de poner André eran casi imposibles para todos.
—A continuación, apresúrense a comprender lo que les he dicho.
Una vez que lo hayan logrado, me entregarán la lista que les pedí para empezar con este plan de desarrollo del transporte urbano.
Muy pronto los días de André volvieron a estar muy ocupados, con los preparativos iniciales de la iglesia y la actualización de varias tecnologías centrales para el condado.
André echó su mirada primeramente a la producción de hierro y acero.
Con la expansión del territorio había muchos lugares que tenían una alta demanda de estos dos productos, entonces decidió actualizar la tecnología del alto horno.
Se podría decir que era un alto horno de segunda generación, aunque en su vida anterior no hubo una segunda generación específicamente, simplemente fueron teniendo mejoras continuas con el tiempo.
André tuvo en mente tres modelos específicos para la mejora, tales como los altos hornos de Duisburg en Alemania.
Estos existieron entre 1950 y 1970, tenían un volumen de entre 2.500 y 3.000 m³, podían producir entre 4.000 y 6.000 toneladas de arrabio por día.
Su principal innovación fue la introducción de combustibles y gas natural, además de las mejoras en el control del aire caliente.
Cabe decir que tuvieron un papel clave en la reconstrucción de la industria alemana después de la Segunda Guerra Mundial.
Otro modelo fueron los altos hornos de Nippon Steel.
Su volumen era cercano a 3.000 m³, con una producción aproximada de 6.000 toneladas/día.
Su principal innovación fue la introducción parcial de automatización y la recuperación de gases para energía.
Cabe decir que tuvieron una gran influencia en el auge de la industria automotriz japonesa.
El último modelo que André tenía en mente eran los altos hornos de Bethlehem Steel en Estados Unidos.
Su volumen estaba entre 2.000 y 2.500 m³, su producción se situaba entre 3.500 y 5.000 toneladas/día.
Estos tenían un mejor diseño estructural e introdujeron la refrigeración por agua.
Asimismo, se encargaron de abastecer la construcción de puentes, rascacielos y barcos en la época dorada de la industria estadounidense.
—No necesariamente tengo que copiar un modelo específico —mientras se debatía sobre cuál modelo elegir, André tuvo una idea repentina.
Simplemente crear un modelo totalmente nuevo con las fortalezas de los tres modelos.
Por ejemplo, del modelo de Duisburg utilizaría su escala y versatilidad, que permiten una producción mayor y una buena adopción de combustible.
Incluyendo la eficiencia y la calidad del modelo Nippon Steel, aceleraría el proceso, mejoraría la permeabilidad y reduciría el consumo de coque.
Por último, agregaría la confiabilidad y las largas campañas del modelo Bethlehem Steel.
Concentrado en su diseño, André se dio cuenta de lo buena que era su idea.
Cada una de estas características se complementaba entre sí, dando lugar a un alto horno de nivel superior.
Según los cálculos del diseño terminado, este alto horno tendría un volumen de 3.000 m³, una producción diaria de entre 5.000 y 6.000 toneladas de arrabio, y un hot blast de 1.100 °C con mínima humedad.
El consumo de coque se redujo a unos 400–450 kg/tonelada de arrabio, además de garantizar unos 12 a 15 años de operación continua (con la condición del uso de protocolos preventivos y paradas programadas).
Una vez todo terminado, André llamó a Orobio y le ordenó que empezara la creación de los altos hornos.
Este último puso a uno de sus asistentes al frente del proyecto.
Aunque era de gran importancia, en ese momento Orobio se encontraba con las manos llenas.
André también se dio cuenta de que todos sus asistentes en esos momentos se encontraban al frente de diferentes proyectos, por lo que solicitó a Mario una docena de personas competentes para que aprendieran con él.
Así aliviaría un poco la falta de personal que había en el condado.
Una vez estas personas estuvieran capacitadas para liderar proyectos grandes, serían distribuidas a diferentes cargos de alto valor en Solomon City.
A mediados de septiembre, en la oficina de André: —Mario, ¿estás seguro de esto?
—André preguntó al oído con un poco de duda.
El motivo de su duda era por dos razones, o mejor dicho, por dos personas que se encontraban entre los presentes.
Una de estas personas destacaba con una belleza descomunal, casi a la par de Angeline.
Irradiaba un encanto maduro que podía hacer que los hombres se hundieran en ello.
La otra tenía un temperamento muy contrario: a primera vista parecía lleno de frialdad, pero mirándola bien se notaba claramente una ingenuidad.
Estas personas no eran otras que Melisa Kirby y Liss Roman.
—Téngalo por seguro, señor.
Estas personas fueron seleccionadas después de una rigurosa evaluación —Mario asintió hacia André con una sonrisa tranquilizadora.
—Está bien, confío en tu criterio entonces —con estas palabras, André se levantó de su escritorio y miró a las personas que también lo miraban nerviosamente.
—Como todos saben, de ahora en adelante trabajarán aquí conmigo acatando todas mis instrucciones.
Espero que traten de aprender y superarse cada día que estén conmigo.
André hizo una pequeña pausa para mirar más a sus futuros asistentes, entonces continuó con su discurso de presentación.
—Sé que algunos de ustedes sienten algo de aprensión debido a cosas del pasado o a su procedencia, pero déjenme decirles que estoy dispuesto a usar a todo aquel que tenga la habilidad.
Mientras hagan bien su trabajo, prosperarán.
Luego de decir estas palabras, André miró hacia Liss imperceptiblemente.
Esta última tenía la mirada hacia abajo, como perdida en sus pensamientos.
—Bien entonces, comiencen con las presentaciones.
Díganme su nombre, lugar de procedencia, materia y grado de estudio —así André pasó toda la tarde conociendo a sus nuevos subordinados.
POV Varón Heins —Señor, hemos llegado a la casa del marqués —mientras adormitaba dentro de un carruaje, el varón Heins escuchó la voz del conductor y se despertó.
En ese momento el carruaje se encontraba frente a una mansión en el centro de Green City.
El varón Heins bajó del carruaje y le hizo un gesto de esperar al conductor, que también era su guardaespaldas.
Tomando un fuerte respiro, el varón tomó el paquete a su lado e ingresó a la mansión.
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