EL CONQUISTADOR - Capítulo 163
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163: 162 Marques Mateo Luna 163: 162 Marques Mateo Luna “Heins querido amigo, sabía que vendrías a visitarme”.
Al ingresar a la mansión, el varón Heins fue recibido con un fuerte abrazo.
Quien le dio esta cálida recibida fue el marqués Mateo Luna, el varón Heins ya estaba enseñado a este comportamiento, sabía que no lo hacía con mala voluntad.
Mateo Luna era un hombre alto con brazos largos y espalda ancha, cabello negro y corto, con una sonrisa honesta y algo ingenua.
A pesar de todo esto, tenía unos ojos azul profundo que denotaban inteligencia.
“Mateo querido amigo, es un placer volverte a ver, esta vez traje unos pequeños obsequios para tu esposa a ver si se mejora”.
El marqués Mateo tenía dos hijos gemelos, pero hace dos años una fuerte gripe se los llevó, desde entonces su esposa Rebeca de Luna vive en la tristeza.
Mateo ha hecho de todo tratando de animarle pero nada funciona, entonces el varón Heins por su propia iniciativa decidió traerle un regalo para ganarse más la favorabilidad de Mateo.
Este último tomó el paquete de Heins y lo abrió: “¿Santa Biblia?”.
“Durante uno de mis viajes me encontré con una pequeña organización llamada Iglesia del Dios de la Creación, según ellos su único propósito es adorar al Dios que creó este mundo, uno de ellos me regaló este pequeño libro que es muy interesante, creo que les hará bien a ti y a tu esposa”.
Viendo la duda de Mateo, el varón Heins tomó la Biblia y la abrió, entonces dijo: “Lee a partir del capítulo 18 versículo número 134”.
El marqués Mateo hizo lo que le dijeron y empezó a leer.
Libro de la Creación Capítulo 18 134 Luego de cuarenta días de rayos interminables en el cielo, la maldad de este mundo había sido lavada, los adeptos de la muerte solo podían esconderse en las tabernas de la montaña, debajo del lodo o en los vertederos de basura.
135 Entonces un padre miró la tumba de su pequeña niña, lágrimas de sangre salían de sus ojos, rugiendo hacia el cielo gritándole a Dios por qué pasó esto.
136 Y sucedió en los días de tiniebla y quebranto que el clamor de los justos se levantó desde la tierra.
137 E hicieron eco los hombres en su angustia: ¿Dónde reposan los que murieron sin culpa, aquellos cuya sangre fue derramada sin juicio?
138 Y el clamor ascendió hasta lo alto de los cielos, y fue oído por el Dios de la Creación, formador de lo que es y de lo que será.
139 Entonces habló el Dios de la Creación, y su voz fue como trueno que no se apaga, y podía escucharla todo ser vivo: 140 No he olvidado a los inocentes, ni he apartado mi rostro de los que perecieron sin mancha.
141 Porque toda vida que no conoció maldad me pertenece desde el principio de los tiempos.
142 A ellos los tomo de entre el polvo, y los elevo fuera del velo de la carne.
143 Y los hago luces del firmamento, puestas en lo alto para gobernar la noche.
Capítulo 19 1 Y el cielo fue ensanchado, y nuevas estrellas fueron encendidas por su mano.
2 Cada una guardó un nombre que no puede ser borrado, y su fulgor dio testimonio eterno.
3 Porque aquellas luces son almas preservadas, memoria viva delante del trono del Dios de la Creación.
4 Y habló de nuevo el Dios de la Creación, diciendo: 5 Dichosos los que me temen y guardan mi camino, los que no torcieron su corazón hacia la corrupción.
6 Porque no serán separados para siempre de los que amaron en los días de su carne.
7 Al término de su jornada levantarán los ojos, y en el firmamento hallarán a los suyos.
8 Y conocerán sus rostros, aunque sus cuerpos ya no sean.
9 Y el reencuentro será cumplido en la altura, y no habrá lamento ni oscuridad.
10 Porque la muerte no prevalecerá sobre la palabra del Dios de la Creación.
11 Y el temor será quitado, y la aflicción no tendrá morada.
12 Así fue declarado, y así permanece escrito en los cielos.
De repente el marqués Mateo se echó en llanto, las lágrimas recorrían su rostro sin control.
Este pobre hombre honesto se había estado conteniendo por el bien de su esposa, aunque el sufrimiento que llevaba por dentro no era menor que el de ella.
Al cabo de un largo rato, Mateo volvió en sí.
“Lo siento amigo mío, te he hecho pasar un mal rato, ver a un hombre grande llorar no es una experiencia agradable, en serio que esto me ayudó muchísimo.
Por cierto, ¿sabes más sobre esta organización llamada iglesia?”.
“La verdad es que no sé mucho sobre ellos, solo sé que tienen algunos lugares de reunión.
Cuando pregunté me dijeron que tenían pensado establecer uno en Green City, eso es todo lo que sé”.
“No importa, ya me has hecho un gran favor trayendo esta Biblia, de ahora en adelante serás más que amigo, serás mi familia.
Si alguien se mete contigo se las verá conmigo”.
“Gracias, entonces tomaré tus palabras y te llamaré hermano”.
El varón Heins rápidamente aceptó las palabras de Mateo.
Estaba contento viendo que su estrategia había funcionado mejor de lo que esperaba.
“Muy bien hermano, siento no poder atenderte en este momento, necesito ver a Rebeca cuanto antes”.
“Te entiendo hermano, puedes ir tranquilo y mañana hablaremos”.
Con estas palabras el varón Heins salió de la mansión y se subió a su carruaje, cerró los ojos y una pequeña sonrisa no podía dejar su rostro.
Con esto su nuevo hermano no se negaría de nuevo a organizar una reunión con esa persona.
Por otro lado en casa del marqués Mateo.
“Pum pum, cariño voy a pasar”.
Golpeando ligeramente la puerta de su habitación para anunciarse, Mateo ingresó y miró a la mujer que descansaba en una mecedora cerca de la ventana.
Tenía una tez clara y muy pálida, su cabello dorado cubría la mitad de su rostro.
No era alguien que hubiera abandonado sus propios cuidados, simplemente tenía un estilo muy melancólico.
“Acabo de ver que Heins se estaba yendo, es una lástima, pensaba bajar a saludarlo”.
Antes de que Mateo pudiera decir palabra, Rebeca de Luna habló primero y le mostró un peine que tenía en su mano.
“Heins tenía algo urgente que atender, simplemente vino a traernos un regalo y me dijo que me disculpara en su nombre por no saludarte, mañana nos visitará con más calma”.
Mateo se acercó a su esposa, se agachó y le dio un fuerte abrazo.
Rebeca cerró los ojos sin decir palabra alguna, solo disfrutando del momento.
Estuvieron así por más de media hora.
“Heins te dejó un regalo, esperaba que lo leas, dijo que hará que tu ánimo mejore”.
Luego de decir eso le entregó la Biblia y se sentó a su lado, esperando ver cómo reaccionaría su esposa.
“Como si eso fuera posible”.
Rebeca dijo con una voz muy melancólica, luego con ganas de no desmerecer su esfuerzo, tomó la Biblia y empezó a leer desde el principio.
Esta Biblia solo tenía los tres primeros libros, por lo que no era muy gruesa.
Un par de horas después, de repente Rebeca terminó de leer y con lágrimas en los ojos se lanzó a los brazos de su esposo.
Lloró muy fuerte por otro par de horas hasta calmarse por completo.
De repente habló y le preguntó a Mateo: “¿De dónde sacó Heins este libro?”.
“Me dijo que lo obtuvo de una organización llamada iglesia, son un grupo de personas que dedicaron su creencia al Dios de la Creación.
Según ellos encontraron pergaminos muy antiguos en la antigua Ciudad de la Muerte, ellos están convencidos de que lo que está escrito aquí es cierto”.
“Debes saber dónde están, ¿verdad?
Quiero hablar con ellos en persona”.
Rebeca miró a Mateo con una mirada ansiosa.
“No te preocupes, que estas personas pronto llegarán a Green City”.
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