EL CONQUISTADOR - Capítulo 171
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Capítulo 171: 170 PEQUEÑA ADMIRACION
Aquí tienes el texto corregido ortográficamente y con ajustes de estilo para mayor claridad y coherencia narrativa:
—Me presento formalmente entonces: mi nombre es André Solomon, conde del condado de Solomon. ¿Podría saber con quién tengo el gusto de hablar?
Diciendo eso, André guardó silencio, esperando que la otra parte se presentara, aunque ya tenía una leve sospecha de quién era. Efectivamente, sus sospechas se aclararon en el siguiente momento.
—Mi nombre es Nyra Solen, investigadora junior de la NASA. También soy nieta del duque Varek Solen. Encantada de conocerte, André Solomon.
—¿Entonces puedo saber el motivo de su llamada, señorita Nyra?
—¿Eh? Señor André Solomon, ¿podría decirme cuáles son los términos de su alianza con nuestro ducado de Ardent? —Nyra fue tomada por sorpresa con la pregunta de André, pero se recompuso y fue sincera en lo que quería.
—Lamento decirle, señorita, que hay mucha información confidencial en lo que me está solicitando. Si quiere saber los detalles, puede consultarlo con su abuelo.
—¿Entonces puede usted, señor André Solomon, decirme lo que no sea confidencial?
—Esa es una solicitud que puedo aceptar. Entonces las cosas van así: por mutua protección, nuestros territorios han decidido formar una alianza comercial. Para formalizar dicha alianza, hay una propuesta de matrimonio de la cual se espera una respuesta del ducado de Ardent.
—¿Eso es todo lo que puede decirme?
—Sí, señorita. Debido a la complejidad de nuestros planes, no puedo revelar más información.
Nyra se quedó en silencio, reflexionando sobre las palabras de André, antes de empezar a hablar:
—Estoy dispuesta a aceptar la propuesta de matrimonio, pero ¿puedes responderme algunas preguntas primero?
Luego de reflexionar un poco, André decidió aceptar sus palabras:
—Entonces puede preguntar, señorita Nyra.
—Por favor, señor André, responda seriamente, que esto es muy importante para mí. La primera pregunta es: si la relatividad especial de Einstein establece que la velocidad de la luz es constante para todos los observadores, ¿cómo reconciliamos eso con la intuición clásica de composición de velocidades de Galileo? ¿No implica eso que el tiempo mismo es una variable dependiente del estado de movimiento?
André estaba estupefacto con la pregunta de Nyra, pero escuchó su petición y respondió con seriedad, tomándolo como si estuviera defendiendo una tesis.
—Muy buena pregunta, señorita. Para esto tengo dos formas de responderle: una muy sencilla y otra más compleja. ¿Qué tipo de respuesta prefiere?
—¿Podría, por favor, señor André, responderme de las dos formas?
—Está bien entonces, ahí va la sencilla: en la física clásica, el tiempo es igual para todos. En la relatividad, el tiempo depende de cómo te mueves.
Nyra se quedó reflexionando y muy rápidamente pareció entender algo, pero antes de que hablara André continuó:
—La respuesta más compleja sería de esta forma: en la física clásica de Galileo y Newton, las velocidades simplemente se suman. Si un carruaje avanza a 10 km/h y alguien lanza una pelota hacia adelante a 5 km/h dentro del carruaje, para un observador externo la pelota va a 15 km/h. Eso funciona perfectamente… excepto con la luz.
Los experimentos demostraron que la luz siempre viaja a la misma velocidad, sin importar si la fuente se mueve o no. No importa si la lámpara está quieta o en movimiento: la luz no “suma” velocidades como la pelota. Entonces, si la velocidad de la luz no cambia, algo más tiene que cambiar. Por supuesto, lo que cambia son el tiempo, la longitud y la simultaneidad.
La relatividad especial dice que el tiempo no es absoluto. Dos personas que se mueven a velocidades distintas no miden el mismo tiempo. El reloj de quien se mueve más rápido avanza más lento; este fenómeno es conocido como dilatación temporal.
Por eso no usamos la suma clásica de velocidades. En su lugar, existe una nueva fórmula relativista donde, aunque sumes velocidades muy grandes, el resultado nunca supera la velocidad de la luz. Así que sí, la teoría implica que el tiempo depende del estado de movimiento del observador.
—¿Qué le pareció mi respuesta, señorita Nyra?
—Entiendo claramente. No sabía que podría ser de esta manera. Parece que aún tengo mucho conocimiento por aprender.
—El conocimiento nunca se deja de obtener, señorita Nyra. Hasta el último día de tu vida siempre conocerás algo nuevo.
—Muy buen dicho. Me ha abierto los ojos, señor André Solomon.
—Entonces, señorita Nyra, ¿tiene alguna otra pregunta que hacer?
—Ciertamente. Entonces ahí va mi siguiente pregunta: en la relatividad general, si la gravedad no es una fuerza sino la curvatura del espacio-tiempo causada por la masa, ¿podría existir una región del universo donde el espacio esté tan curvado que el tiempo se cierre sobre sí mismo?
André ya se había acostumbrado a la agudeza de esta señorita Nyra Solen. Ella era un genio absoluto, capaz de concluir esto con los pocos libros disponibles en la NASA.
—De igual forma, señorita, tengo dos formas de responderle, así que empezaré con la respuesta sencilla: entonces es sí. Las ecuaciones de la relatividad general permiten que el tiempo se cierre sobre sí mismo si la curvatura es suficientemente extrema. Pero no sabemos si eso puede ocurrir realmente en el universo físico.
Antes de que Nyra pudiera decir otra palabra, André continuó con la respuesta más compleja:
—La forma más difícil de decirlo sería así: en la relatividad general, la gravedad no “jala” las cosas como una fuerza tradicional. Lo que ocurre es que la masa y la energía deforman el espacio y el tiempo, como si fueran una tela elástica. Imagina una sábana estirada. Si colocas una bola pesada encima, la sábana se hunde. Las bolitas pequeñas que pasen cerca no son “jaladas” por una fuerza invisible: simplemente siguen las curvas de la tela.
Ahora bien, si la masa es extremadamente grande e infinitamente concentrada, la curvatura puede volverse extrema. En teoría, las ecuaciones de Einstein permiten soluciones donde el espacio-tiempo se curva tanto que el tiempo podría “doblarse” sobre sí mismo. A ese fenómeno se le llama una curva temporal cerrada: un camino que, si lo siguieras, podría llevarte a tu propio pasado.
Pero hay tres puntos importantes a tener en cuenta. El primer punto es que, aunque las ecuaciones lo permitan, eso no significa que la naturaleza lo vaya a permitir. Punto número dos: esas soluciones requieren condiciones extremas, tales como materia exótica, rotaciones gigantescas y densidades inimaginablemente enormes. Y lo más importante, señorita Nyra… nadie ha visto algo así. No sabemos si el universo realmente permite tales estructuras.
—¡Guau! Ya veo. Entonces es nuestra misión encontrar esa evidencia experimental.
—Exactamente, señorita Nyra. Me gusta mucho su espíritu científico, con una gran sed de conocimiento y mucha curiosidad.
—Estoy honrada de que alguien que sabe tanto como usted, señor André Solomon, me reconozca como una científica —el tono de Nyra estaba lleno de admiración hacia André. Con estas preguntas, se había dado cuenta de que André era mucho más inteligente que ella, y su conocimiento también era mucho más vasto.
El poco tiempo que había conocido a André por teléfono ya había dejado su opinión de él mucho más arriba que cualquier hombre que hubiera conocido. Pero había algo que hacía que Nyra admirara a André mucho más: podía notar que este último valoraba mucho su capacidad intelectual. Por la forma seria en la que respondía, no podía ver ningún tipo de descuido en sus respuestas.
Era la primera vez en su vida que se veia superada, de forma tan abrumadora, pero no pensaba rendirse aun.
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