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EL CONQUISTADOR - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 18 Plan de asesinato
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18: 18 Plan de asesinato 18: 18 Plan de asesinato Todos estaban sentados alrededor de una larga mesa.

El varón Creus se ubicó en la posición central; a su derecha se sentó el varón Heins, un hombre de mediana edad, cabello rubio y rostro sonriente, que parecía una buena persona a simple vista.

A su lado izquierdo estaba el varón Borbón, un joven que acababa de suceder a su padre.

Tenía el cabello negro largo, atado en una cola de caballo hacia atrás.

El resto de la gente presente eran terratenientes, caballeros y personas con puestos altos en la milicia del vizcondado.

En cuanto a los grandes comerciantes, el varón Creus no invitó a ninguno.

Esa gente era muy astuta: sabían que los cambios en el vizcondado solo mejorarían sus ingresos.

El varón Creus creía que, si los invitaba, muy seguramente el plan se filtraría.

Recibiendo las miradas de todos, el varón Creus empezó la conversación: —Como todos ya saben, las nuevas ordenanzas del señor nos están poniendo la soga al cuello.

—Creo que ya le dimos suficientes oportunidades al señor vizconde, y lo único que está claro es que su actitud hacia la nobleza es totalmente hostil.

—Con la redistribución de la tierra y ahora con estas dos nuevas medidas, pronto estaremos al nivel de los plebeyos.

—Nosotros, que dedicamos todo nuestro esfuerzo al servicio de la familia Solomon, ¿y esto es lo que nos pagan?

—Poniendo a un niño en el poder, y lo más probable es que esté siendo manipulado por esos viles siervos a su alrededor.

—Si no, es imposible que alguien en un puesto de gran nobleza estableciera cosas tan ridículas.

Llegando hasta aquí, el varón Creus se detuvo y dejó que hablara el varón Borbón, quien parecía muy ansioso por dar su opinión.

—Creo que debe ser esa mujer pelirroja quien lo está manipulando.

He oído que lo sigue a todas partes.

Ante la intervención del varón Borbón, el varón Creus se burló en su interior, pero no lo demostró en la superficie.

En cambio, lo usó a su favor: —He oído que las brujas en la antigüedad tenían el cabello color rojo.

Esta frase provocó un silencio sepulcral en la sala.

Es de saber común que, en la antigüedad, cuando el emperador tirano gobernaba el mundo, tenía una legión de estas brujas que solo traían muerte a su paso.

Según los libros de historia, esta legión dejaba desolado cada lugar a su paso.

Nunca hubo sobrevivientes en su camino; solo se encontraban lugares desprovistos de vida.

Nadie sabe lo que le pasó a esa legión, solo que no estuvieron presentes en la guerra de la libertad en las afueras de Liberty City.

Muchos piensan que dicha legión era solo una leyenda, pero la mayoría de las familias nobles que lucharon en esa guerra dejaron indicios de su existencia.

Aunque nadie sabe sus características, solo que eran una legión de brujas y hechiceros.

El varón Creus tuvo la suerte de leer un fragmento del diario de un general del imperio tirano de la antigüedad que decía: “Estamos perdiendo la guerra, pero su majestad no tiene pensado enviar a su legión de brujas.

Esta tarde vi cómo llegó una bruja ante su majestad, siempre con su cabello escarlata.

Creo que todos ellos son lo mismo; no he visto un color diferente de cabello entre ellos.

Luego de que se fue, su majestad parecía cansado.

Me atreví a preguntar si al fin los enviaría al frente, pero solo sonrió, sacudió la cabeza y me dijo que tenían una misión mucho más importante.” El varón Creus pudo ver los rostros llenos de pánico y miedo en la mayoría de los presentes, así que tuvo que adelantarse y calmar las cosas: —No se preocupen.

Incluso si es una bruja, no olviden que eso fue hace mucho tiempo.

Debe ser un descendiente con alguna magia sencilla capaz de impresionar al joven vizconde.

Todos en el salón respiraron aliviados y el varón Creus continuó: —Confiando en la bruja, el joven vizconde debe sentirse seguro, por lo que descuidó el ejército.

Frente al varón Creus estaba el varón Chase, un anciano que dijo con una desagradable voz: —Jejejejejeje, debieron haber escuchado las palabras del anciano y eliminarlo en cuanto llegó.

—Ya hablamos sobre eso, varón Chase.

Era muy arriesgado hacerlo en ese entonces —contestó con voz educada el varón Heins.

El varón Chase solo sonrió desagradablemente y no respondió.

—El caballero Robert es el capitán de la guardia de Solomon City y nos avisará en cuanto salga el señor de la ciudad.

Un hombre corpulento, en sus veinte, se puso de pie y dijo en voz alta: —Cuenten conmigo.

Mi familia se encargaba de cobrar impuestos en un pequeño pueblo en la costa, y con la prohibición de cobrar impuestos sufriremos un gran golpe.

—El capitán de la milicia George está a la orden para una movilización.

Todos en la sala se maravillaron de los medios del varón Creus.

—Además, soborné a un siervo en la mansión del señor que me avisará de todos sus movimientos —este fue el varón Heins quien habló.

—Ya tengo a más de la mitad de la guardia de la ciudad de Solomon City, que tomará el control cuando todo esté hecho —el varón Borbón dijo en voz alta su contribución.

—Jejejeje, yo tengo al personal de la mina en las cordilleras bajo mi control —el varón Chase dijo sombríamente.

Entonces el varón Creus procedió a explicar el plan: —Ahora, el plan es este: se hará un llamado urgente desde la mina diciendo que hubo un accidente y que se necesita la presencia del señor para decidir.

—Segundo, esperaremos el aviso del siervo y del capitán de la guardia cuando el señor salga de Solomon City.

—Tercero, movilizaremos a la milicia bajo mi control y nos dirigiremos a las minas.

—Cuarto, el personal de la mina bajo el control del varón Chase lo retendrá lo más posible.

—Quinto, con la milicia asediaremos al séquito del señor y lo eliminaremos.

—Sexto, el varón Borbón tomará Solomon City bajo su control.

—Luego de todo este hecho discutiremos qué medidas tomar.

—Salud, señores.

Espero que todo nos salga bien y volvamos a una era de prosperidad.

Luego del brindis, nadie se quedó para celebrar.

Cada uno volvió a su territorio.

Un día después, en la noche.

André estaba en su estudio.

Había un pequeño candelabro en su escritorio, mientras en la oscuridad frente a él se podían escuchar murmullos.

Si el varón Creus escuchara lo que decían aquellos murmullos, se sorprendería, porque eso era exactamente lo que ocurrió en la reunión un día antes, con lujo de detalles.

—Bien, entonces recordaré tu contribución.

Puedes estar tranquilo, serás bien recompensado.

—Todo por servirle, mi señor —respondió una voz muy baja, apenas perceptible.

—Puedes irte.

—Sí.

Entonces, bajo la oscuridad de la noche, una sombra salió de la mansión del señor sin que nadie supiera qué rumbo tomó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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