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EL CONQUISTADOR - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 02 EL VIZCONDE
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2: 02 EL VIZCONDE 2: 02 EL VIZCONDE El Imperio Liberty es el más grande y poderoso de este mundo.

En el salón del palacio real, sentado en el trono con una túnica cosida con hilos de oro, llena de majestad y lujos, y una corona adornada con joyas preciosas, se encontraba el emperador Arthur Liberty XV.

Su rostro irradiaba dignidad.

Debajo del trono, arrodillado, se hallaba una pequeña criatura, más bien un duende.

—Su majestad, eso es todo lo que pude averiguar según la profecía del regreso del tirano.

[“Siete días y siete noches el cielo se vestirá de rojo, anunciando el derramamiento de sangre que habrá con su venida.”] —Tal como decía la profecía, en la región noreste del imperio se ha visto un cielo totalmente rojizo.

Los animales del bosque y las aves huyen en dirección contraria.

Esto ocurrió durante una semana, su majestad.

Por lo tanto, me atrevo a afirmar que el tirano ha regresado.

—¡Eso es mentira, solo son supersticiones!

—exclamó uno de los ministros.

—Su majestad no puede creerle a esta criatura que busca engañarlo —añadió otro.

El emperador Arthur levantó la mano y detuvo al resto de ministros que querían hablar.

—Suficiente.

Está decidido.

Van, te daré tres mil espías para que los envíes a todo el mundo y averigües si lo que dices es verdad.

—Gracias, su majestad, por darme esta misión.

En nombre de la libertad prometo cumplir su mandato —Van expresó con profundo respeto.

Nombró la libertad porque este imperio se había formado tras el derrocamiento de un tirano que gobernó el mundo con crueldad.

—Puedes salir —espetó el emperador.

—Sí, su majestad —Van se levantó y salió.

El emperador, al verlo partir, murmuró para sí mismo: —Espero que solo sea superstición.

André abrió los ojos y lo primero que vio fue a Amanda, que dormía junto a su cama.

—Mamá —murmuró André, despertándola.

Amanda sonrió tan brillante como un sol en primavera.

—Mi bebé André se despertó.

¿Tienes hambre?

Mamá te preparará la cena.

—Ummm —asintió André, esperando a que Amanda saliera para pensar en lo que había pasado.

Se concentró y miró la gran cantidad de información en su mente, lo que le provocó un leve mareo.

—Así que eso era todo —susurró para sí mismo mientras recordaba el mensaje que apareció en su mente: [Conquistador número 7: Andrews Salomón] [El último de los diez conquistadores ha nacido.

Empieza la carrera de conquista.] [El único conquistador de la galaxia n.º 1222334] [Buena suerte en la conquista.

Cuando la galaxia 1222334 haya sido conquistada, empezará la lucha por la hegemonía del universo.] Una serie de mensajes con información relevante sorprendieron a André.

Sin embargo, no se preocupó demasiado: todo parecía muy lejano todavía.

No estaba seguro ni siquiera de su feudo, mucho menos de una galaxia.

Además, el conocimiento de la humanidad no era tan fácil de obtener; era como un juego en el que debía desbloquear el árbol tecnológico desde la base.

No bastaba con tenerlo, también debía comprenderlo.

Aun así, estaba seguro de que su línea de partida sería muy alta.

Afortunadamente, parecía que su cerebro había evolucionado y era mucho más inteligente.

Varios días pasaron y André se recuperó por completo.

Además de Amanda, había una nueva persona que lo acompañaba y seguía en todo momento.

Era Rose, una criada que Amanda había traído de la casa principal del vizcondado para que no volviera a ocurrir lo de la última vez.

Rose era una chica de unos diez años, de cabello rojo y muy hermosa, lo que hacía que André se preguntara si todos en este mundo eran tan bellos.

Hasta ese momento, las únicas personas que había visto eran su madre Amanda y Rose.

Han pasado diez años y André hoy cumple once.

Amanda y Rose prepararon una gran cena con platillos exquisitos, recetas que André había sacado de su mente.

Le costó mucho convencer a Amanda de que las cocinara, pero gracias a ello su vida culinaria mejoró.

—¡Feliz cumpleaños, mi bebé André!

—dijo Amanda.

—Mamá, ya no soy un bebé —replicó André, con la cara roja de vergüenza.

—Feliz cumpleaños, joven maestro —dijo Rose.

—Gracias, Rose —respondió André, mirando el hermoso rostro de la joven y murmurando en su corazón: “Qué hermosa Rose.” —Mañana nos mudaremos a la mansión principal.

Espero que estés preparado —dijo Amanda, llena de felicidad.

—Lo sé, mamá.

No te preocupes.

Después de la cena, en su habitación, André miró un pequeño cuaderno hecho con papel de corteza de árbol, que le había costado mucho crear.

Mañana heredaría oficialmente el vizcondado, ya que su primo aparentemente había muerto de una enfermedad el año pasado.

Como único heredero varón, André debía hacerse cargo.

En el cuaderno tenía sus planes para empezar su mandato.

—Espero que todo me vaya bien —dijo André, cerrando el cuaderno y esperando el día de mañana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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